domingo, 9 de noviembre de 2025

Jesús nos llama a trabajar en la gran obra de Dios

 

Misa en Letrán: El Papa recuerda que Jesús nos llama a trabajar en la gran obra de Dios

En la Solemnidad de la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán de Roma, el Papa León XIV preside la Santa Misa y en su homilía da un consejo a todos los católicos: “no se apresuren ni sean superficiales cuando trabajen al servicio del Reino de Dios, en cambio, excaven profundamente, libres de los criterios del mundo, que exigen resultados inmediatos; solo así se puede construir una verdadera comunidad de fe”.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

En la Solemnidad de la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, la Catedral de Roma, el Papa León XIV acude para presidir la Santa Misa y recordar en su homilía el sentido espiritual de este templo, construido en el siglo IV, por voluntad del emperador Constantino, después de que, en el año 313, concediera a los cristianos la libertad de profesar su fe y practicar el culto:

“Esta Basílica ―Madre de todas las Iglesias―, es mucho más que un monumento y una memoria histórica, es «signo de la Iglesia viva, edificada con piedras escogidas y preciosas en Cristo Jesús, piedra angular y como tal nos recuerda que también nosotros «en este mundo servimos, cual piedras vivas, para edificarla”.

Necesitamos cimientos firmes para edificar sobre la roca que es Cristo

El Papa después reflexiona sobre nuestro “ser Iglesia” y para ello hace una comparación metafórica de los cimientos físicos de San Juan de Letrán con los cimientos espirituales o comunitarios de la Iglesia como comunidad de fe, recordando que ambos deben ser sólidos:

Si quienes la construyeron no hubieran excavado en profundidad hasta encontrar una base lo suficientemente sólida sobre la que erigir todo lo demás, toda la construcción se habría derrumbado hace tiempo o correría el riesgo de derrumbarse en cualquier momento. […] También nosotros, obreros de la Iglesia viva, antes de poder erigir estructuras imponentes, debemos excavar en nosotros mismos y a nuestro alrededor para eliminar todo material inestable que pueda impedirnos llegar a la roca desnuda de Cristo”.

Por ello, el consejo del Santo Padre es “no apresurarnos ni ser superficiales cuando trabajemos al servicio del Reino de Dios”, en cambio, debemos “excavar profundamente, libres de los criterios del mundo, que con demasiada frecuencia exige resultados inmediatos porque no conoce la sabiduría de la espera”. Solo así – ha dicho - “se puede construir, con la ayuda de Dios, una verdadera comunidad de fe, capaz de difundir la caridad, de favorecer la misión, de anunciar, celebrar y servir a ese Magisterio apostólico del que este templo es la primera sede”.

Trabajemos juntos en la gran obra de construcción de Dios

León XIV también recuerda que “Jesús nos transforma, y nos llama a trabajar en la gran obra de construcción de Dios, modelándonos sabiamente según sus designios de salvación” y señala que la Iglesia misma “es una obra en construcción”, un proceso que requiere esfuerzo, paciencia y confianza. En este sentido, León XIV habla de la “caridad”, recordando que también da forma a nuestro rostro como Iglesia “para que resulte cada vez más evidente para todos que ella es “madre”, “madre de todas las Iglesias””.

La liturgia: la fuente de donde mana toda la fuerza de la Iglesia

Finalmente, el Santo Padre destacó un aspecto esencial de la misión de toda catedral: la liturgia.
“Es la «cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y […] la fuente de donde mana toda su fuerza»”.
El Papa ha pedido que, en la Sede de Pedro, el culto sea ejemplo para todos: “respetando las normas, prestando atención a las diferentes sensibilidades de quienes participan, según el principio de una sabia inculturación y al mismo tiempo en la fidelidad a ese estilo de solemne sobriedad típico de la tradición romana” y concluyó su homilía con un deseo, el de que “quien se acerque al altar de la catedral de Roma pueda salir lleno de esa gracia con la que el Señor desea inundar el mundo”.


sábado, 8 de noviembre de 2025

Seis meses con León XIV

 

Seis meses con León XIV: Una Iglesia unida y abierta, signo de paz para un mundo herido por el odio

Hay un hilo conductor en las enseñanzas del nuevo Papa, quien propuso un modelo de comunidad cristiana donde se vive la comunión, misionera y, por lo tanto, capaz de servir a todos, comenzando por los más necesitados, comprometida con fomentar el diálogo y la paz. Una Iglesia que no se apoya en los poderosos ni confunde la misión con el marketing religioso, sino que sabe ser fermento porque refleja la luz del Otro.

Andrea Tornielli

Han transcurrido seis meses desde aquella tarde del 8 de mayo en que el nuevo Obispo de Roma, el primer Papa estadounidense y agustino, apareció en la logia central de la Basílica de San Pedro. Un hilo conductor recorre su enseñanza: una Iglesia como signo de unidad y comunión, fuente de inspiración para un mundo reconciliado frente a la guerra, el odio y la violencia. Más allá de los análisis de los puntos de continuidad y discontinuidad con su predecesor (naturales en todo pontificado), conviene repasar algunos de los hitos de esta enseñanza, que ponen de relieve cómo la proclamación de la esencia de la fe nunca se separa del testimonio de caridad, del compromiso concreto con los pobres y de la construcción de una sociedad más justa. Desde sus primeras palabras, pronunciadas en su saludo inmediatamente después de su elección: «¡La paz esté con todos ustedes! (…) Esta es la paz de Cristo Resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Viene de Dios, un Dios que nos ama a todos incondicionalmente. (…) Debemos buscar juntos cómo ser una Iglesia misionera, una Iglesia que construya puentes, que dialogue, siempre abierta a la acogida». 

 , «unida, signo de unidad y comunión, que se convierte en fermento para un mundo reconciliado. En nuestro tiempo, todavía vemos demasiada discordia, demasiadas heridas causadas por el odio, la violencia, los prejuicios, el miedo a quienes son diferentes, por un paradigma económico que explota los recursos de la Tierra y margina a los más pobres. Y queremos ser, en medio de esta masa, un pequeño fermento de unidad, comunión y fraternidad»

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Acontecimiento que es el fundamento de la fe

 

León XIV: La Resurrección de Cristo sacia nuestra sed de sentido

  • 5 de noviembre, 2025
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
En la audiencia general, el Papa reflexionó en su catequesis sobre la Resurrección de Cristo como "no una idea, no una teoría, sino el Acontecimiento que es el fundamento de la fe".

"Incluso nuestro tiempo, marcado por tantas cruces, evoca el amanecer de la esperanza pascual", dijo el papa León XIV durante la audiencia general semanal de este miércoles 5 de noviembre, celebrada en la Plaza de San Pedro ante una multitud de fieles de todo el mundo.

En su catequesis, el Papa reflexionó sobre la Resurrección de Cristo, afirmando que no se trata de una idea ni de una teoría, sino de 'el Acontecimiento' que es el fundamento de la fe".

Hizo hincapié en que creer verdaderamente en la Resurrección en nuestra vida diaria implica revolucionar nuestra forma de vivir. Esta transformación puede entonces ayudar a cambiar "el mundo con el poder suave y valiente de la esperanza cristiana".

"Podemos ser sus testigos incluso donde la historia humana no vislumbra la luz en el horizonte", exhortó el Papa. "La esperanza pascual no defrauda".

Estrella polar en nuestras vidas caóticas
El Papa destacó cómo en la Resurrección de Cristo "encontramos una respuesta a nuestra sed de sentido", especialmente cuando nos enfrentamos a situaciones que parecen ininteligibles.  

"En Él tenemos la seguridad de poder encontrar siempre la estrella polar hacia la cual podemos dirigir nuestras vidas aparentemente caóticas, marcadas por acontecimientos que a menudo parecen confusos, inaceptables e incomprensibles: el mal en sus múltiples formas, el sufrimiento, la muerte y los acontecimientos que nos afectan a todos y cada uno de nosotros", dijo.


"Ante nuestra frágil humanidad -continuó León XIV- la Resurrección de Cristo se convierte en cuidado y sanación, alimentando la esperanza frente a los aterradores desafíos que la vida nos presenta cada día a nivel personal y global".

Explicó cómo, "desde la perspectiva de la Pascua, el viacrucis se convierte en el Camino de la Luz". Instó a los fieles a "saborear y meditar en la alegría que sigue al dolor, a recorrer, bajo la nueva luz, todas las etapas que precedieron a la Resurrección".

El Papa subrayó cómo Jesús se presenta a sí mismo en el Libro del Apocalipsis como "el Viviente", para mostrar que su Resurrección es un hecho actual, visible en la vida diaria de cada persona.

La resurrección no es un acontecimiento lejano del pasado
La Pascua de Cristo "es un acontecimiento que no pertenece a un pasado lejano, ahora convertido en tradición como tantos otros episodios de la historia humana", insistió el Santo Padre y señaló que la Iglesia enseña la necesidad de mantener viva la memoria de la Resurrección celebrando la Pascua cada año y la Eucaristía cada día.

"El Misterio Pascual es la piedra angular de la vida cristiana, en torno a la cual giran todos los demás acontecimientos", afirmó, y añadió: "Podemos decir, pues, sin ningún tipo de pacifismo ni sentimentalismo, que cada día es Pascua".

"Hora tras hora, tenemos tantas experiencias diferentes: dolor, sufrimiento y tristeza entrelazados con alegría, asombro y serenidad. Pero a través de cada situación, el corazón humano anhela la plenitud, una felicidad profunda", explicó el Papa.

Para aclarar este concepto, citó a Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Santa Edith Stein), quien "profundizó en el misterio de la persona humana", señalando que el "dinamismo" proviene de "la búsqueda constante de la plenitud".

Ella escribió que el ser humano "siempre anhela que se nos dé algo nuevo, para poder aprovechar lo que el momento nos da y al mismo tiempo nos quita".

"Estamos inmersos en la limitación, pero también nos esforzamos por superarla", dijo el Papa.

La resurrección es la noticia más hermosa
Ante esta realidad de la naturaleza humana, "la proclamación pascual es la noticia más hermosa, gozosa e impactante que jamás haya resonado en toda la historia", continuó el Papa.

"Es el 'Evangelio' por excelencia, que da testimonio de la victoria del amor sobre el pecado y de la vida sobre la muerte, y por eso es lo único capaz de satisfacer la necesidad de significado que inquieta nuestras mentes y nuestros corazones."

Los seres humanos están constantemente "en busca de un más allá que los atrae continuamente", destacó el Pontífice. "Ninguna realidad contingente nos satisface. Tendemos hacia lo infinito y lo eterno".

Sin embargo, subrayó: "Esto contrasta con la experiencia de la muerte, anticipada por el sufrimiento, la pérdida y el fracaso", citando a San Francisco, quien dijo en el Cántico del Sol que "ningún hombre vivo puede escapar" de ella.

En conclusión, el Papa enfatizó que la Resurrección cambió el curso de la historia humana. Cuando las mujeres fueron "al sepulcro para ungir el cuerpo del Señor", después de su crucifixión, y lo encontraron vacío, dijo, se encontraron en su lugar con "un misterioso joven vestido de blanco", quien les dijo: "Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el que fue crucificado. Ha resucitado; no está aquí".+

domingo, 2 de noviembre de 2025

El amor de Dios alcanza a todos

 

El Papa León XIV: Nadie se perderá, porque el amor de Dios alcanza a todos

En el Ángelus de este domingo, conmemoración de todos los fieles difuntos, el Papa León XIV invitó a los fieles a contemplar la resurrección de Cristo como la gran esperanza que ilumina la vida y la muerte de cada persona.

Patricia Ynestroza - Ciudad del Vaticano

En el marco de la Conmemoración de todos los fieles difuntos, el Papa León XIV subrayó que el corazón del Evangelio es la certeza de que “nadie se pierde para siempre, porque la voluntad de Dios es que todos tengan vida”. “La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me dio, sino que lo resucite en el último día” (Jn 6,39), recordó el Papa citando el Evangelio de san Juan. Estas palabras, explicó, revelan la preocupación profunda de Dios por cada ser humano: que todos encuentren su lugar en la plenitud del amor divino.

“Por lo tanto, el núcleo de la preocupación de Dios está claro: que nadie se pierda para siempre, que cada uno tenga su lugar y resplandezca en su unicidad.”

Una comunión que abarca todas las diferencias

León XIV relacionó la Fiesta de Todos los Santos, celebrada el día anterior, con la Conmemoración de los Difuntos, presentándolas como dos dimensiones de una misma realidad: la comunión universal del amor de Dios.

La Solemnidad de Todos los Santos, dijo, es la fiesta que celebra la comunión entre todos los hijos e hijas de Dios. El deseo de participar en la vida divina está inscrito en el corazón humano y se manifiesta como búsqueda de reconocimiento, atención y alegría. Y luego citó al Papa Benedicto XVI cuando escribió al respecto:

“la expresión “vida eterna” trata de dar un nombre a esta espera irreprimible: no es un continuo sucederse de días sin fin, sino el sumergirse en el océano infinito del amor, en el que el tiempo, el antes y el después ya no existen más. Una plenitud de vida y de felicidad: es esto lo que esperamos y aguardamos de nuestro estar con Cristo”

Memoria y esperanza ante la muerte

El Pontífice señaló que el recuerdo de los difuntos no es un ejercicio de nostalgia, sino un acto de fe y esperanza. “Sin la memoria viva de Jesús —advirtió—, cada vida corre el riesgo del olvido; pero en Él, incluso quien no tiene quien lo recuerde conserva su infinita dignidad”, y añadió:

“Jesús, la piedra que los constructores ha rechazado, es ahora la piedra angular (cf. Hch 4,11). Este es el anuncio pascual. Por esta razón, los cristianos recuerdan desde siempre a los difuntos en cada Eucaristía, y hasta la fecha piden que sus seres queridos sean mencionados en la plegaria eucarística. Desde aquel anuncio surge la esperanza de que nadie se perderá.”

La voz que viene del futuro

Al final del Ángelus, León XIV invitó a los fieles a que la visita a los cementerios no sea solo un momento de silencio o nostalgia, sino una afirmación de fe en la resurrección. “Cuando profesamos: ‘Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro’, conmemoramos el futuro —dijo—. No vivimos encerrados en el pasado ni en el presente, sino abiertos a la vida nueva que Cristo promete”. Con un tono esperanzador, el Papa aseguró que la voz de Jesús nos llama por nuestro nombre y nos prepara un lugar donde el amor vence a la muerte. “Que María, mujer del Sábado Santo, nos enseñe a seguir esperando incluso cuando todo parece perdido”, concluyó.


sábado, 1 de noviembre de 2025

En la solemnidad de Todos los Santos

 

El Papa: Newman, Doctor de la Iglesia, luz para las nuevas generaciones

En la solemnidad de Todos los Santos, hoy 1 de noviembre, el Papa León XIV presidió la Santa Misa en la plaza de San Pedro con motivo del Jubileo del Mundo Educativo y proclamó a San John Henry Newman como Doctor de la Iglesia. El Pontífice subrayó que en el centro de los itinerarios educativos deben estar personas de carne y hueso, especialmente aquellas que parecen no producir, según los parámetros de una economía que excluye y mata.

Vatican news

“Brillen hoy como haces de luz en el mundo”: fue la invitación del Papa León XIV a los educadores y a las instituciones educativas, en la homilía de la misa con motivo del Jubileo del Mundo Educativo, celebrada en la plaza de San Pedro, en la Solemnidad de Todos los Santos, durante la cual el Pontífice proclamó a san John Henry Newman "Doctor de la Iglesia".

En esta solemnidad de Todos los Santos, es una gran alegría inscribir a san John Henry Newman entre los doctores de la Iglesia y, al mismo tiempo, con motivo del Jubileo del Mundo Educativo, nombrarlo copatrono, junto con santo Tomás de Aquino, de todas las personas que forman parte del proceso educativo

Dirigiéndose a los miles de fieles, romanos y peregrinos llegados de distintas partes del mundo y ante la presencia de la delegación oficial de la Iglesia de Inglaterra, encabezada por el arzobispo de York Stephen Cottrell, el Pontífice evidenció la “imponente estatura cultural y espiritual” del teólogo y cardenal inglés hoy 38º Doctor de la Iglesia, “fuente de inspiración para las nuevas generaciones “con un corazón sediento de infinito”.

Escuelas y universidades, "laboratorios de profecía"

El Pontífice se refirió a la vida de los santos que demuestra que es posible vivir con pasión y esperanza en medio de la complejidad del presente, sin dejar de lado el mandato apostólico de “brillar como haces de luz en el mundo” porque “el amor cristiano es profético, hace milagros” (cf. Exhort. ap. Dilexi te, 120). Recordando que el Jubileo “es una peregrinación en la esperanza”, destacó como en el campo educativo “la esperanza sea una semilla indispensable”. Y añadió:

Cuando pienso en las escuelas y en las universidades, las considero como laboratorios de profecía, en donde la esperanza se vive, se manifiesta y se propone continuamente.

Reflexionando sobre Evangelio de las Bienaventuranzas proclamado hoy, destacó como éstas traen consigo una nueva interpretación de la realidad y son “el camino y el mensaje de Jesús educador”. A primera vista – añadió - parece imposible declarar bienaventurados a los pobres, a aquellos que tienen hambre y sed de justicia, a los perseguidos o a los trabajan por la paz. Pero, aquello que parece inconcebible en la gramática del mundo, se llena de sentido y de luz en la cercanía del Reino de Dios.

Las Bienaventuranzas, sin embargo, no son una enseñanza más, son la enseñanza por excelencia. Del mismo modo, el Señor Jesús no es uno entre tantos maestros, sino el Maestro por excelencia. Más aún, es el Educador por excelencia.

La educación luz que guía

Inspirado en el conocido himno de Newman Lead, kindly light (Guíame, Luz amable), el Santo Padre señaló que la educación debe ofrecer esa luz que guía a quienes se encuentran atrapados en las sombras del pesimismo y el miedo. “Desarmemos las falsas razones de la resignación –pidió– y difundamos las grandes razones de la esperanza”.

El Pontífice animó a hacer de las escuelas, universidades y espacios educativos “umbrales de una civilización del diálogo y la paz”, reflejo de la enorme muchedumbre  “de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas” de la que habla el libro del Apocalipsis.

Cada persona tiene una misión

León XIV recordó uno de los pensamientos más célebres de Newman: “Dios me ha creado para realizar un servicio definido. Me ha encomendado alguna obra que no ha dado a otro. Tengo mi misión”. En estas palabras –dijo– encontramos expresado de manera espléndida “el misterio de la dignidad de cada persona humana y también el de la variedad de los dones distribuidos por Dios”.

“La vida no se ilumina no porque seamos ricos, bellos o poderosos. Se ilumina cuando uno descubre en su interior esta verdad: Dios me ha llamado, tengo una vocación, tengo una misión, mi vida sirve para algo más grande que yo mismo. Cada criatura tiene un papel que desempeñar”.

La educación, camino de santidad

En la parte final de su homilía, el Papa destacó que la educación, desde la perspectiva cristiana, “ayuda a todos a ser santos”. Recordó que el Papa Benedicto XVI, al beatificar a Newman en 2010, invitó a los jóvenes a la santidad, porque “Lo que Dios desea más que nada para cada uno de vosotros es que os convirtáis en santos”.

“El llamado a la santidad –añadió León XIV– es universal, y las Bienaventuranzas trazan ese camino personal y comunitario hacia la plenitud”. Y finalmente, concluyó su mensaje evocando a San Agustín, tan querido por Newman: “Somos compañeros de escuela con un solo Maestro, cuya escuela y cátedra están en la tierra y en el cielo respectivamente”.

miércoles, 29 de octubre de 2025

El diálogo interreligioso y el mensaje del documento conciliar Nostra Aetate

 

El Papa: La Iglesia no tolera el antisemitismo y lo combate por el Evangelio

León XIV dedica la catequesis de la audiencia general en la plaza de San Pedro al diálogo interreligioso y al mensaje del documento conciliar Nostra Aetate. Recuerda las raíces judías del cristianismo y sugiere una serie de temas en los que todas las religiones pueden colaborar: la ecología, la lucha contra el extremismo religioso, la inteligencia artificial. Por último, hace un llamamiento para que "nada nos separe".

Daniele Piccini - Ciudad del Vaticano

“Todos mis predecesores han condenado el antisemitismo con palabras claras. Y así también yo confirmo que la Iglesia no tolera el antisemitismo y lo combate, por el mismo Evangelio”. Son palabras claras y directas las que pronuncia el Papa León XIV en la catequesis de la audiencia general de hoy, miércoles 29 de octubre, en la Plaza de San Pedro, reiterando la total incompatibilidad entre el Evangelio, el Magisterio de la Iglesia y el antisemitismo.

La audiencia, precedida de un largo paseo en papamóvil durante el cual León XIV saludó a varios niños, matrimonios y a la multitud de fieles que llegaba hasta la plaza de Pío XII, está dedicada -como él mismo anunció- al "diálogo interreligioso". La ocasión es la celebración del 60 aniversario de la Declaración Nostra Aetate, aprobada por el Concilio Vaticano II el 28 de octubre de 1965.

Como compañeros de viaje

Recordando el diálogo entre Jesús y la Samaritana, nacido de la sed de Dios y superando las barreras de la cultura, el género y la religión, el Papa recuerda que este momento capta el núcleo mismo del diálogo interreligioso. En esta estela, recuerda que el documento conciliar redefinió las relaciones entre la Iglesia católica y las religiones no cristianas, en particular el judaísmo, y "abrió -subraya el Pontífice- un nuevo horizonte de encuentro, respeto y hospitalidad espiritual". Miró a los seguidores de otras religiones de un modo enriquecedor.
“Como compañeros de viaje en el camino de la verdad; para honrar las diferencias afirmando nuestra común humanidad; y para discernir, en toda búsqueda religiosa sincera, un reflejo del único Misterio divino que abarca toda la creación”

La Iglesia deplora el odio, la persecución y el antisemitismo

Con este documento, continúa explicando el Pontífice, el Papa Juan XXIII pretendía restablecer la relación original con el mundo judío, dando forma, "por primera vez en la historia de la Iglesia", al tratado doctrinal sobre las raíces judías del cristianismo y que a nivel bíblico y teológico representaba "un punto de no retorno". Un reconocimiento, pues, del vínculo entre "el pueblo del Nuevo Testamento" y "el linaje de Abraham".

“La Iglesia, consciente de la herencia que tiene en común con los judíos, e impulsada no por motivos políticos sino por la caridad religiosa evangélica, deplora los odios, las persecuciones y todas las manifestaciones de antisemitismo dirigidas contra los judíos en todo tiempo y por cualquiera”

Una amistad sólida

"Hoy -añadió el Papa- podemos mirar con gratitud todo lo que se ha logrado en el diálogo judeo-católico en estas seis décadas. Esto se debe no sólo al esfuerzo humano, sino a la asistencia de nuestro Dios que, según la convicción cristiana, está en sí mismo diálogo".

“No podemos negar que durante este período también ha habido malentendidos, dificultades y conflictos, pero éstos nunca han impedido la continuación del diálogo. Incluso hoy, no debemos permitir que las circunstancias políticas y las injusticias de algunos nos distraigan de la amistad, sobre todo teniendo en cuenta lo mucho que hemos conseguido hasta ahora”

Arraigados en el amor

León XIV recuerda que el espíritu de Nostra Aetate sigue iluminando el camino de la Iglesia, reconociendo que todas las religiones pueden reflejar "un rayo de esa verdad que ilumina a todos los hombres", buscando respuestas a los misterios de la vida llevando el diálogo también al plano espiritual. De ahí la invitación a "comprometerse" reconociendo todo lo que hay de bueno, verdadero y santo en las distintas tradiciones, especialmente en el mundo de hoy "donde, a causa de la movilidad humana, nuestras diversidades y pertenencias espirituales están llamadas a encontrarse y convivir fraternalmente".

“Nostra Aetate recuerda que el verdadero diálogo tiene sus raíces en el amor, único fundamento de la paz, la justicia y la reconciliación, al tiempo que rechaza firmemente toda forma de discriminación o persecución, afirmando la igual dignidad de todo ser humano”

Actuar juntos contra el fanatismo religioso y el extremismo

La implicación de la que habla el Papa se convierte, según sus instrucciones, en actuar juntos en un mundo que "necesita nuestra unidad, nuestra amistad y nuestra colaboración". León XIV señala los ámbitos en los que podemos trabajar juntos para aliviar el sufrimiento humano y cuidar, por ejemplo, de la casa común y más allá.

“Nuestras respectivas tradiciones enseñan la verdad, la compasión, la reconciliación, la justicia y la paz. Debemos reafirmar el servicio a la humanidad, en todo momento. Juntos, debemos estar vigilantes contra el abuso del nombre de Dios, de la religión y del propio diálogo, y contra los peligros que plantean el fundamentalismo religioso y el extremismo”

Esperanza en el mundo de mañana

Las religiones, prosigue el Papa, enseñan que "la paz comienza en el corazón humano" y, por tanto, pueden aportar una importante contribución para hacer posible "un mundo nuevo". "Debemos restaurar la esperanza en nuestras vidas personales, en nuestras familias, en nuestros barrios, en nuestras escuelas, en nuestros pueblos, en nuestros países y en nuestro mundo". El Pontífice recordó que Nostra Aetate, hace sesenta años, trajo esperanza al mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial.

“Hoy estamos llamados a refundar esa esperanza en nuestro mundo devastado por la guerra y en nuestro entorno natural degradado. Trabajemos juntos, porque si estamos unidos todo es posible. Procuremos que nada nos divida”

La base del diálogo y la oración

Es en la amistad y la cooperación donde las generaciones futuras pueden mirar para continuar el diálogo.

“Y ahora, detengámonos un momento en oración silenciosa: la oración tiene el poder de transformar nuestras actitudes, nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones”

lunes, 27 de octubre de 2025

Una Iglesia “totalmente sinodal, totalmente ministerial, totalmente atraída por Cristo y dedicada al servicio del mundo”.

 

El Papa: Construyamos una Iglesia humilde y acogedora al servicio del mundo

León XIV presidió la Misa con motivo del Jubileo de los Equipos Sinodales y Organismos de participación e instó a construir una Iglesia que no juzga como hace el fariseo con el publicano, sino que se convierte en un lugar acogedor para todos, una Iglesia “totalmente sinodal, totalmente ministerial, totalmente atraída por Cristo y dedicada al servicio del mundo”.

Vatican News

“Redescubrir el misterio de la Iglesia, que no es una simple institución religiosa ni se identifica con las jerarquías o con sus estructuras”. Esta fue la invitación del Papa León XIV en la homilía de la misa que presidió en la Basílica de San Pedro, el domingo 26 de octubre, con motivo del Jubileo de los Equipos Sinodales y Organismos de participación.

“Estas estructuras expresan lo que ocurre en la Iglesia, donde las relaciones no responden a las lógicas del poder sino a las del amor”, señaló. Y citando a su predecesor, el Papa Francisco, que las definía como “lógicas mundanas”,  destacó que en la comunidad cristiana “el primado atañe a la vida espiritual”.

La regla suprema del amor

El Pontífice instó a los participantes en la celebración eucarística a recordar que en la Iglesia la regla suprema es el “amor” y que todos estamos llamados a servir y a buscar la verdad juntos:

Nadie está llamado a mandar, todos lo son a servir; nadie debe imponer las propias ideas, todos deben escucharse recíprocamente; sin excluir a nadie, todos estamos llamados a participar; ninguno posee la verdad toda entera, todos la debemos buscar con humildad, y juntos.

Caminar juntos para ser artesanos de unidad

Precisamente la palabra “juntos” expresa la llamada a la comunión en la Iglesia, recalcó el Papa. Y citando nuevamente al Papa Francisco en su último Mensaje de Cuaresma, recordó que “caminar juntos significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios”.


Basándose en el Evangelio del día, el Papa León meditó sobre la parábola del fariseo y el publicano. Aunque suben los dos al templo a orar, observó, “están divididos y entre ellos no hay ninguna comunicación”. “Ambos recorren el mismo camino, pero su caminar no es un caminar juntos; ambos rezan al Padre, pero sin ser hermanos y sin compartir nada”. León XIV explicó que esto depende sobre todo de la actitud del fariseo, que sintiéndose mejor que el otro, lo juzga con desprecio y lo mira con desdén.

Hermanos y hermanas, esto puede suceder también en la comunidad cristiana. Sucede cuando el yo prevalece sobre el nosotros, generando personalismos que impiden relaciones auténticas y fraternas; cuando la pretensión de ser mejor que los demás, como hace el fariseo con el publicano, crea división y transforma la comunidad en un lugar crítico y excluyente; cuando se aprovecha del propio cargo para ejercitar el poder y ocupar espacios.

Por el contrario, el publicano, enseña humildad y necesidad de Dios. “Con su misma humildad, también en la Iglesia nos debemos reconocer todos necesitados de Dios y necesitados los unos de los otros, ejercitándonos en el amor mutuo, en la escucha recíproca, en la alegría de caminar juntos”, exhortó León XIV, y citando a San Clemente de Roma, añadió: “Cristo está con los que son humildes de corazón y no con los que se exaltan a sí mismos por encima de la grey”.

Una Iglesia colegial y acogedora

Los equipos sinodales y los organismos de participación son imagen de esa Iglesia que vive en la comunión”, indicó el Papa. De ahí su invitación a que “nos ayuden a comprender que, en la Iglesia, antes de cualquier diferencia estamos llamados a caminar juntos en busca de Dios, para revestirnos de los sentimientos de Cristo; ayúdennos a ensanchar el espacio eclesial para que este sea colegial y acogedor”.

Esto – precisó el Papa – nos ayudará a afrontar con confianza y con espíritu renovado las tensiones que atraviesan la vida de la Iglesia - entre unidad y diversidad, tradición y novedad, autoridad y participación - dejando que el Espíritu las transforme, para que no se conviertan en contraposiciones ideológicas y polarizaciones dañinas. Y añadió:

Ser Iglesia sinodal significa reconocer que la verdad no se posee, sino que se busca juntos, dejándonos guiar por un corazón inquieto y enamorado del Amor.

Construir una Iglesia humilde y sinodal

León XIV concluyó su homilía con un apremiante llamamiento:

Queridos hermanos y hermanas, debemos soñar y construir una Iglesia humilde. Un Iglesia que no se mantiene erguida como el fariseo, triunfante y llena de sí misma, sino que se abaja para lavar los pies de la humanidad; una Iglesia que no juzga como hace el fariseo con el publicano, sino que se convierte en un lugar acogedor para todos y para cada uno; una Iglesia que no se cierra en sí misma, sino que permanece a la escucha de Dios para poder, al mismo tiempo, escuchar a todos. Comprometámonos a construir una Iglesia totalmente sinodal, totalmente ministerial, totalmente atraída por Cristo y por lo tanto dedicada al servicio del mundo.

Y citando las palabras del siervo de Dios don Tonino Bello (obispo de Molfetta, fallecido en 1993) el Santo Padre invocó sobre toda la Iglesia la intercesión de la Virgen María para que la ayude “a superar las divisiones internas” y a reconciliar “las disputas mutuas”.

Que el Señor nos conceda la gracia de permanecer enraizados en el amor de Dios para vivir en comunión entre nosotros. De ser, como Iglesia, testigos de unidad y de amor.