martes, 17 de marzo de 2026

Videomensaje a la VI Asamblea General de la Conferencia Eclesial de la Amazonía

 

El Papa a la CEAMA: Custodien la creación y respeten la vida en todas sus formas

En un videomensaje a la VI Asamblea General de la Conferencia Eclesial de la Amazonía, el Santo Padre anima a la Iglesia amazónica a ser refugio seguro que genera y protege la vida. Invita a trabajar con fe arraigada en Cristo, acompañando a los pueblos heridos por el abuso y la explotación.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

La imagen del árbol shihuahuaco, conocido como el “gigante de la selva”, estructura el videomensaje del Papa León XIV difundido este martes 17 de marzo con ocasión de la VI Asamblea General de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), que se celebra en Bogotá hasta el viernes 20. Los obispos, consagrados y fieles laicos congregados en este encuentro están viviendo, según el Sucesor de Pedro, "un tiempo privilegiado de escucha al Espíritu Santo para discernir el camino de las comunidades enraizadas en esa región”.

Se trata de un árbol que crece lentamente, pero que puede vivir más de mil años. Con sus decenas de metros de altura y su copa frondosa, se convierte en hogar y refugio para múltiples especies, transformándose en un ecosistema en sí mismo. A partir de esta imagen, el Pontífice explica lo que la Iglesia está llamada a ser en esa región: “ser un signo de unidad en la diversidad y refugio seguro, que genera y protege la vida”.

El Santo Padre agradece también el camino previo recorrido y la comunicación de los desafíos que atraviesan las poblaciones amazónicas: “Me han hecho partícipe de los sufrimientos y las esperanzas de los habitantes de la región, así como del creciente deterioro de su entorno natural. A todas las personas que padecen esa situación, quisiera expresarles mi cercanía”.

Trabajar con esperanza

El Papa denuncia las amenazas que pesan sobre la Amazonia, marcada por “situaciones de abuso y de explotación”. En este contexto, alude al símbolo elegido para la Asamblea:

“En este contexto, la flor de la pasión, cuya peculiar forma alude impresionantemente a la Pasión de Cristo y que ustedes han elegido como símbolo de la Asamblea, representa el papel profético de la Iglesia y de todos sus miembros, cada uno según su misión: proclamar el kerygma y la vida nueva en Cristo, acompañar a los que sufren, custodiar la creación y el respeto a la vida en todas sus formas, especialmente a la vida humana.”

El Pontífice subraya además que uno de los objetivos del encuentro es la formulación de los Horizontes Pastorales Sinodales, como instrumento para orientar la misión evangelizadora, citando la exhortación apostólica postsinodal Querida Amazonia. Asimismo, recuerda que durante la Asamblea se elegirá la presidencia para el período 2026-2030, llamada a animar la implementación del Sínodo para la Amazonia y a preparar las contribuciones para la Asamblea Eclesial prevista en Roma en 2028.

Inspirados en el texto de Isaías —«Yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?» (Is 43,19)—, los participantes reflexionan sobre los nuevos caminos para la misión en esa “amada tierra”. El Papa retoma también el libro del Apocalipsis, que anuncia que Dios “hace nuevas todas las cosas”, e invita a trabajar con esperanza:

“Los invito, por tanto, a trabajar con la confianza de una fe radicada en Cristo que nos repite: «Yo te he amado» (Ap 3,9), porque es precisamente ese amor divino-humano de Jesús el que nos transforma en hombres y mujeres nuevos. Este amor, contemplado en la oración, nos envía a responder con generosidad y valentía en la misión.”


 

Una Iglesia con rostro amazónico

Consciente de que la inculturación es un camino exigente pero imprescindible, el Papa puntualiza que la Asamblea busca delinear una Iglesia con “rostro amazónico”, en continuidad con el Sínodo de 2019 y el magisterio latinoamericano, como el Documento de Aparecida.

Retomando las palabras de su predecesor, el Papa Francisco, León XIV sostiene que "hace falta aceptar con valentía la novedad del Espíritu capaz de crear siempre algo nuevo con el tesoro inagotable de Jesucristo". Por tal motivo, incentiva a "proseguir juntos, pastores y fieles, en el fortalecimiento de la identidad de los discípulos misioneros en la Amazonia".

“Sigan sembrando en el surco que ha sido regado incluso con la sangre de tantos hombres y mujeres que les han precedido, y que unidos a la pasión de Cristo se han convertido en la raíz de un “árbol gigante” que crece en la Amazonia.”

Encomendando los frutos de la Asamblea Eclesial a la especial intercesión de la Santísima Virgen María, Madre del Creador, Su Santidad les imparte complacido la bendición Apostólica.

 

domingo, 15 de marzo de 2026

León XIV exhorta a no vivir la fe como una renuncia a la razón

 

El Papa: La fe no es un acto ciego, llama a vivir un cristianismo “de ojos abiertos”

Desde la Plaza de San Pedro, en este cuarto domingo de Cuaresma, León XIV exhorta a no vivir la fe como una renuncia a la razón, sino a mirar al mundo “desde el punto de vista de Jesús”, en particular ante las dramáticas situaciones de injusticia, violencia y sufrimiento que marcan nuestro tiempo.

Alina Tufani Díaz- Ciudad del Vaticano

Una fe despierta, atenta y profética, que abra los ojos ante las oscuridades del mundo, para llevar la luz del Evangelio es el llamado del Papa León XIV en su alocución antes del rezo del Ángelus, ante una Plaza de San Pedro repleta de fieles y peregrinos. Desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, su residencia definitiva desde ayer, el Pontífice recordó que Dios envió a su Hijo como luz del mundo, para abrir los ojos de los ciegos e iluminar nuestra vida por medio de un compromiso de paz, de justicia y de solidaridad.

Cuando la humanidad caminaba en las tinieblas..

La curación de un hombre ciego que presenta el Evangelio de este cuarto domingo de Cuaresma ha sido el punto de partida de la reflexión del Santo Padre, pues con este episodio el evangelista Juan nos habla del misterio de la salvación, es decir, “mientras estábamos en la oscuridad, mientras la humanidad caminaba en las tinieblas Dios envió a su Hijo como luz del mundo para abrir los ojos de los ciegos e iluminar nuestra vida”.

Y es de observar, puntualiza León XIV que los profetas habían anunciado que el Mesías abriría los ojos de los ciegos y que Jesús se presenta a sí mismo diciendo: «Yo soy la luz del mundo»

Dios se hizo carne en Jesús, para que el barro de nuestra humanidad, amasado con el aliento de su gracia, pudiera recibir una luz nueva, que nos hace capaces de ver finalmente a Dios, a los demás y a nosotros mismos en la verdad.

Mirar con los ojos de Jesús

Tras recordar que durante siglos y, aún hoy, esta difundida la idea de que la fe es una especie de “salto en la oscuridad”, una renuncia a pensar, un creer “ciegamente”, el Santo Padre reitera que el Evangelio, en cambio, nos dice que en contacto con Cristo los ojos se abren, como los del ciego curado.

Hermanos y hermanas, también nosotros, sanados por el amor de Cristo, estamos llamados a vivir un cristianismo “de ojos abiertos”. La fe no es un acto ciego, un renunciar a la razón, una disposición de cierta convicción religiosa que nos lleva a alejar la mirada del mundo. Por el contrario, la fe nos ayuda a mirar «desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos.

El modo de ver de Jesús

La participación en el modo de ver de Jesús que nos pide que “abramos los ojos”, como hacía Él, explica el Papa, es, sobre todo, ver los sufrimientos de los demás y las heridas del mundo.

Hoy, en particular, frente a las numerosas preguntas del corazón humano y a las dramáticas situaciones de injusticia, violencia y sufrimiento que marcan nuestro tiempo, es necesario una fe despierta, atenta y profética, que abra los ojos ante las oscuridades del mundo y lleve allí la luz del Evangelio por medio de un compromiso de paz, de justicia y de solidaridad.

Al concluir, León XIV pidió a la Virgen María que interceda por nosotros, para que la luz de Cristo abra los ojos de nuestro corazón y podamos dar testimonio de Él con sencillez y valentía.


viernes, 13 de marzo de 2026

Iniciativas sociales surgidas a raíz de la encíclica Rerum novarum de León XIII.

 

El Papa: es necesario fomentar la cohesión social y proteger a los más vulnerables

En la audiencia de este viernes, 13 de marzo, León XIV recordó los orígenes de la "Fundación Católica", movimiento italiano, reconociendo su papel fundamental en el apoyo a las comunidades, las personas y las familias que se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad y marginación social.

Thulio Fonseca - Ciudad del Vaticano

En la mañana de este viernes, 13 de marzo, el Papa León XIV recibió en audiencia a los miembros del Consejo Directivo de la Fundación Católica, junto con representantes de la Sociedad Católica de Seguros, agradeciéndoles su compromiso en favor de una presencia activa de los católicos en la sociedad italiana.

En su breve saludo, el Pontífice destacó la importancia de conocer y valorar la historia del movimiento católico en el país, recordando las iniciativas sociales surgidas a raíz de la encíclica Rerum novarum de León XIII, como cooperativas, cajas rurales y sociedades de ayuda mutua orientadas a la promoción de la justicia social.

León XIV también evocó la fundación, en 1896, de la Sociedad Católica de Seguros, en Verona, y destacó la labor más reciente de la Fundación Católica, especialmente junto a las comunidades y familias en situación de vulnerabilidad.

Formación y coherencia evangélica

El Papa animó a continuar con las iniciativas de formación para los jóvenes a través de itinerarios educativos, culturales y de participación, y mencionó la Academia para el Tercer Sector, organizada en colaboración con la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán, con perspectivas de expansión a Roma.

Al final, el Santo Padre agradeció el apoyo al Festival de la Doctrina Social y a la Muestra sobre los Poetas Sociales, y exhortó a los presentes a mantener siempre el espíritu evangélico, para que haya coherencia entre los objetivos y los medios empleados. Encomendando a todos a la intercesión del Beato Giuseppe Toniolo, impartió su bendición apostólica a los participantes y a sus familias.

Historia

La Fundación Católica es una entidad filantrópica creada en 2006 por iniciativa de la Sociedad Católica de Seguros, fundada en Verona en 1896 como una histórica compañía de seguros italiana de inspiración católica, constituida como cooperativa para promover la solidaridad, la protección económica y el apoyo a las comunidades.

La Fundación tiene como objetivo apoyar proyectos sociales, educativos y culturales, especialmente en el ámbito del tercer sector, prestando especial atención a las personas, las familias y las comunidades en situación de mayor vulnerabilidad social.

miércoles, 11 de marzo de 2026

La Iglesia es un solo pueblo

 

León XIV: en la Iglesia, profecía de paz y unidad, hay lugar para todos

En la audiencia general, el Papa continúa su catequesis sobre el documento conciliar «Lumen gentium», reflexionando sobre el tema de la Iglesia como pueblo de Dios. Subraya que la Iglesia es un solo pueblo, pero incluye a toda la humanidad en su diversidad, y que cada cristiano está llamado a «difundir el Evangelio por todas partes y a todos, para que cada uno pueda entrar en contacto con Cristo».

Sebastián Sansón Ferrari - Ciudad del Vaticano

“Esta será la alianza que haré con ellos después de aquellos días -oráculo del Señor-: Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” (Jer 31,33).

Inspirándose en esta promesa del profeta Jeremías, el Papa León XIV abrió su catequesis en la audiencia general del miércoles 11 de marzo de 2026 en la Plaza de San Pedro continuando el ciclo de reflexiones dedicado a los documentos del Concilio Vaticano II, iniciado el 7 de enero. En esta ocasión, el Santo Padre centró su meditación en el segundo capítulo de la Constitución dogmática Lumen gentium, dedicado a la Iglesia como Pueblo de Dios.

El Pontífice explicó que el designio de salvación de Dios se despliega en la historia a través de la elección de un pueblo concreto. Desde la llamada a Abraham, a quien prometió una descendencia numerosa como las estrellas del cielo, hasta la liberación de la esclavitud y la alianza sellada con Israel, el Señor acompaña, cuida y reúne a su pueblo cada vez que se dispersa. Su identidad no proviene de méritos humanos, sino de la acción gratuita de Dios y de la fe en Él. Está llamado a ser luz para las naciones, un faro que atraiga a todos los pueblos.

El Concilio -recordó el Papa citando Lumen gentium (n. 9)- enseña que todo ello fue preparación de la alianza nueva y perfecta realizada en Cristo, la revelación plena del Verbo hecho carne.

Cristo, cabeza del nuevo Pueblo

"Esta es la Iglesia -explicó el Obispo de Roma-: el pueblo de Dios que toma su propia existencia del cuerpo de Cristo y que es él mismo el cuerpo de Cristo; no un pueblo como los demás, sino el pueblo de Dios, convocado por Él y hecho de mujeres y hombres procedentes de todos los pueblos de la Tierra".

“Su principio unificador no es una lengua, una cultura, una etnia, sino la fe en Cristo: la Iglesia es, por lo tanto, – según una espléndida expresión del Concilio – «una congregación de quienes, creyendo, ven en Jesús al autor de la salvación y el principio de la unidad y de la paz».”

Prevost precisó que se trata de un pueblo mesiánico, cuya cabeza es Cristo. Por eso, quienes forman parte de él "no presumen de méritos ni títulos, sino solo del don de ser, en Cristo o por medio de Él, hijos e hijas de Dios". En tal sentido, el Sucesor de Pedro resaltó la importancia de "estar injertados en Cristo, ser por gracia hijos de Dios" antes de cualquier tarea o función. 

“Este es también el único título honorífico que deberíamos buscar como cristianos. Estamos en la Iglesia para recibir incesantemente la vida del Padre y para vivir como sus hijos y hermanos entre nosotros. En consecuencia, la ley que anima las relaciones en la Iglesia es el amor, así como lo recibimos y lo experimentamos en Jesús; y su meta es el Reino de Dios, hacia el cual camina junto a toda la humanidad.”

Una Iglesia abierta y misionera

Unificada en Cristo, Señor y Salvador de todos, el Papa recordó la Iglesia no puede replegarse sobre sí misma. Si bien pertenecen a ella los creyentes, el Concilio recuerda que todos los hombres y mujeres están llamados a formar parte del nuevo Pueblo de Dios. "Por lo cual -prosiguió Su Santidad-, este pueblo, sin dejar de ser uno y único, debe extenderse a todo el mundo y en todos los tiempos, para así cumplir el designio de la voluntad de Dios, quien en un principio creó una sola naturaleza humana, y a sus hijos, que estaban dispersos"

Asimismo, el Papa acotó que "incluso quienes no han recibido todavía el Evangelio están, de alguna manera, orientados al pueblo de Dios y la Iglesia, cooperando a la misión de Cristo, está llamada a difundir el Evangelio en todas partes y a todos, para que cada uno pueda entrar en contacto con Cristo".

“Esto significa que en la Iglesia hay y debe haber sitio para todos, y que cada cristiano está llamado a anunciar el Evangelio y a dar testimonio en todos los ambientes en los que vive y obra. Así es como este pueblo muestra su catolicidad, acogiendo las riquezas y los recursos de las diversas culturas y, al mismo tiempo, ofreciéndoles la novedad del Evangelio para purificarlas y elevarlas (cf. LG, 13).”

Signo de esperanza en un mundo herido

En la parte final de su catequesis, León XIV evocó la imagen de la Iglesia como “arca única de la salvación”, amplia nave que acoge las diversidades humanas. En tiempos como los nuestros signados por numerosos conflictos y guerras, el Santo Padre consideró como "un gran signo de esperanza" que en su seno convivan mujeres y hombres de distintas nacionalidades, lenguas y culturas, unidos por la fuerza de la fe: 

"Es un signo puesto en el corazón mismo de la humanidad, llamada y profecía de esa unidad y de esa paz a la que Dios Padre llama a todos sus hijos".




domingo, 8 de marzo de 2026

Jesús, es la respuesta de Dios a nuestra sed.

 PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro
Domingo, 8 de marzo de 2026

[Multimedia]

___________________________________

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

El diálogo entre Jesús y la mujer samaritana, la curación del ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro, desde los primeros siglos de la historia de la Iglesia, iluminan el camino de quienes, en Pascua, recibirán el Bautismo e iniciarán una vida nueva. Estas grandes páginas del Evangelio, que comenzamos a leer desde este domingo, se ofrecen a los catecúmenos, pero al mismo tiempo son escuchadas nuevamente por toda la comunidad, porque ayudan a convertirse en cristianos o, si ya lo somos, a serlo con mayor autenticidad y alegría.

Jesús, en efecto, es la respuesta de Dios a nuestra sed. El encuentro con Él, como le sugiere a la Samaritana, activa en lo profundo de cada uno un «manantial que brotará hasta la Vida eterna» ( Jn 4,14). ¡Cuántas personas, en todo el mundo, buscan todavía hoy esta fuente espiritual! «A veces me es accesible —escribía la joven Etty Hillesum en su diario—. Pero a menudo hay piedras y escombros taponando ese pozo y entonces Dios está enterrado. Hay que desenterrarlo de nuevo». [1] Queridos hermanos, no hay energía mejor empleada que la que dedicamos a liberar el corazón. Por eso, la Cuaresma es un don: entramos en la tercera semana y ya podemos intensificar el camino.

En el Evangelio también está escrito que «llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al ver [a Jesús] hablar con una mujer». (Jn 4,27). Les cuesta tanto apropiarse de la misión, que el Maestro tiene que provocarlos: «Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega» (Jn 4,35). El Señor también dice a su Iglesia: “Levanta los ojos y reconoce las sorpresas de Dios”. En los campos, cuatro meses antes de la cosecha, casi no se ve nada. Pero allí donde nosotros no vemos nada, la gracia ya está actuando y los frutos están listos para ser recogidos. La mies es mucha; quizá son pocos los obreros, porque están distraídos con otras actividades. Jesús, en cambio, está atento. Aquella mujer samaritana, según las costumbres, simplemente habría tenido que ser ignorada; sin embargo, Jesús le habla, la escucha, le da confianza sin segundas intenciones y sin desprecio.

¡Cuántas personas buscan en la Iglesia esa misma delicadeza, esa disponibilidad! Y qué hermoso es cuando perdemos la noción del tiempo para prestar atención a quien encontramos, tal como es. Jesús incluso olvidaba comer, porque lo alimentaba la voluntad de Dios de llegar al corazón de todos (cf. Jn 4,34). De ese modo, la Samaritana se convierte en la primera de muchas evangelizadoras. Desde su aldea de despreciados y marginados, muchos, gracias a su testimonio, salen al encuentro de Jesús, y también en ellos la fe brota como agua pura.

Hermanas y hermanos, pidamos hoy a María, Madre de la Iglesia, poder servir, con Jesús y como Jesús, a la humanidad sedienta de verdad y de justicia. No es tiempo de oposiciones entre un templo y otro, entre “nosotros” y “los otros”; los adoradores que Dios busca son hombres y mujeres de paz, que lo adoran en Espíritu y en verdad (cf. Jn 4,23-24).

miércoles, 4 de marzo de 2026

La Iglesia es la unión armoniosa de su dimensión humana y divina.

 

León XIV: La Iglesia es humana y divina, unida en el amor de Cristo

En la Audiencia General, el Papa explica que la “complejidad” de la Iglesia no es confusión, sino la unión armoniosa de su dimensión humana y divina. Solo la caridad -afirma- hace visible hoy la presencia de Cristo en medio de las fragilidades humanas.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

¿Qué significa que la Iglesia sea “una realidad compleja”? A partir de esta pregunta, el Papa León XIV centró su catequesis de este miércoles 4 de marzo durante la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, retomando el primer capítulo de la Constitución dogmática Lumen gentium, donde se aborda la naturaleza profunda de la Iglesia. De este modo, el Santo Padre prosigue sus meditaciones sobre los documentos conciliares en el marco de un ciclo que comenzó el 7 de enero pasado.

"Alguien podría responder, explicó el Pontífice, que la Iglesia es compleja en cuanto que es “complicada” y, por tanto, difícil de explicar; algún otro podría pensar que su complejidad deriva del hecho de que es una institución que cuenta con dos mil años de historia, y con características diversas respecto a cualquier otra agrupación social o religiosa". 

Una unidad de dimensiones diversas

El Santo Padre comentó que el término latino utilizado por el Concilio no alude a confusión, sino a una unión ordenada de dimensiones diversas de una misma realidad. Por eso, Lumen gentium puede afirmar que la Iglesia es un organismo bien compaginado, en el que conviven la dimensión humana y la divina “sin separación y sin confusión”.

“La primera dimensión se percibe inmediatamente, ya que la Iglesia es una comunidad de hombres y mujeres, con sus virtudes y sus defectos, que comparten la alegría y el esfuerzo de ser cristianos que anuncian el Evangelio y se hacen signo de la presencia de Cristo que nos acompaña en el camino de la vida.”

Pero este aspecto, aclaró el Obispo de Roma, "no basta para describir la verdadera naturaleza de la Iglesia" pues ella posee una dimensión divina, y esta no consiste en "una perfección ideal" o en una "superioridad espiritual de sus miembros".

Más bien, en el hecho de que "la Iglesia es fruto del plan de amor de Dios por la humanidad, realizado en Cristo. Por esto, la Iglesia es al mismo tiempo comunidad terrena y cuerpo místico de Cristo, asamblea visible y misterio espiritual, realidad presente en la historia y pueblo que peregrina hacia el cielo".

“La dimensión humana y la divina se integran armoniosamente, sin que la una se superponga a la otra; así, la Iglesia vive en esta paradoja: es una realidad a la vez humana y divina, que acoge al hombre pecador y lo conduce a Dios.”

A la luz de Cristo

Para iluminar esta condición eclesial, la Lumen Gentium -manifestó Prevost- remite a la vida de Cristo: "Efectivamente quien se encontraba con Jesús por los caminos de Palestina experimentaban su humanidad, percibía sus ojos, sus manos, el sonido de su voz. Quien decidía seguirlo se sentía impulsado precisamente por la experiencia de su mirada acogedora, por el toque de sus manos que bendecían, por sus palabras de liberación y sanación".

"Pero al mismo tiempo, aseguró el Sucesor de Pedro, siguiendo a aquel Hombre, los discípulos se abrían al encuentro con Dios. En efecto, la carne de Cristo, su rostro, sus gestos y sus palabras manifiestan de modo visible al Dios invisible"

No una Iglesia ideal, sino encarnada

Citando a Benedicto XVI, León XIV recordó que no existe oposición entre Evangelio e institución: "Las estructuras de la Iglesia sirven precisamente para la realización y concreción del Evangelio en nuestro tiempo", decía Ratzinger en su discurso a los obispos de Suiza el 9 de noviembre de 2006.

“No existe una Iglesia ideal y pura, separada de la tierra, sino solamente la única Iglesia de Cristo, encarnada en la historia.”

La caridad, corazón de la Iglesia

Evocando la exhortación apostólica Evangelii gaudium del Papa Francisco, León XIV recordó la invitación a “quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro”.

"Esto -precisó Su Santidad- nos permite seguir edificando la Iglesia aún hoy en día: no solamente organizando sus formas visibles, sino también construyendo ese edificio espiritual que es el cuerpo de Cristo, mediante la comunión y la caridad entre nosotros".

“La caridad, en efecto, genera constantemente la presencia del Resucitado. «Quiera el cielo -decía san Agustín- que todos piensen solo en la caridad: solamente ella vence todo, y sin ella de nada vale todo lo demás; dondequiera que se halle, atrae todo hacia sí» (Serm. 354,6,6).”

domingo, 1 de marzo de 2026

Respuesta a la desesperación del ateísmo y a la soledad agnóstica

 

El Papa: Cristo transfigura las heridas de la historia e ilumina el corazón del hombre

En el Ángelus del segundo domingo de Cuaresma, León XIV reflexiona sobre la revelación del rostro de Dios, respuesta a la desesperación del ateísmo y a la soledad agnóstica, y anticipo de la luz pascual sobre los cuerpos que sufren violencia, dolor y miseria.

Lorena Leonardi – Ciudad del Vaticano

Sobre todos los cuerpos «flagelados por la violencia», «crucificados por el dolor», «abandonados en la miseria», con la Transfiguración Cristo irradia un anticipo de la luz de la Pascua, «acontecimiento de muerte y resurrección, de tinieblas y luz nueva». Así comentó León XIV en el Ángelus de esta mañana, 1 de marzo, segundo domingo de Cuaresma, el Evangelio de hoy, en el que el evangelista Mateo (17,1-9) narra el episodio de Jesús en el monte Tabor mostrando su gloria divina a los discípulos Pedro, Santiago y Juan.

“Mientras que el mal reduce nuestra carne a mercancía de intercambio o a masa anónima, precisamente esta misma carne resplandece de la gloria de Dios.”

 gloria de Dios.”

El esplendor humano de Dios

Hablando desde la ventana de su estudio privado del Palacio Apostólico a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro en un día de invierno y a quienes lo seguían a través de los medios de comunicación, el Pontífice destacó el corazón del relato evangélico, cuando el Espíritu Santo envuelve a Jesús con una «nube luminosa», con el rostro resplandeciente «como el sol» y las vestiduras «blancas como la luz», permitiendo a los discípulos admirar el «esplendor humano» de Dios.

“Pedro, Santiago y Juan contemplan una gloria humilde, que no se exhibe como un espectáculo para las multitudes, sino como una solemne confidencia.”

Contra la desesperación y la soledad

A partir de este gesto, Jesús transfigura las «llagas de la historia» e «iluminando nuestra mente y nuestro corazón» revela con su revelación «una sorpresa de salvación».

Contra la desesperación y la soledad

A partir de este gesto, Jesús transfigura las «llagas de la historia» e «iluminando nuestra mente y nuestro corazón» revela con su revelación «una sorpresa de salvación».

“¿Nos sentimos fascinados por ello? ¿El verdadero rostro de Dios encuentra en nosotros una mirada de asombro y amor?”

Son las preguntas del obispo de Roma, que reflexiona sobre cómo el Padre responde a la «desesperación del ateísmo» con el don de su hijo, cómo el Espíritu Santo redime la «soledad agnóstica» con la oferta de una «comunión eterna» de vida y gracia, y cómo ante la «fe débil» se encuentra el anuncio de la resurrección futura.

Tiempo de silencio y conversión

Todo esto, señala, lo vieron los discípulos en el resplandor de Cristo, pero «para comprenderlo se necesita tiempo»: «silencio» para escuchar la Palabra y «conversión» para saborear la compañía del Señor.

“Mientras experimentamos todo esto durante la Cuaresma, pidamos a María, Maestra de oración y Estrella de la mañana, que guarde nuestros pasos en la fe.”