domingo, 4 de octubre de 2026

 

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PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro
Domingo, 4 de octubre de 2026

[Multimedia]

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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Las palabras del Evangelio que se proclaman en la liturgia de este domingo nos hablan de la vida de Jesús e iluminan el sentido de su misión (cf. Mt 21,33-43). Él es el Hijo de Dios enviado al mundo, pero es rechazado precisamente por aquellos que deberían haberlo acogido con los brazos abiertos. El que ha venido a traer la salvación recibe una condena; el que quiere dar la vida es condenado a muerte. Mientras nos hace reflexionar sobre las numerosas crueldades que devastan al mundo y a la historia de los pueblos, la enseñanza de Cristo nos revela la infinita misericordia de su Padre.

Ese rechazo violento, en efecto, no fragmenta la voluntad de Dios, que en su infinita justicia transforma el mal en rescate: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular» (Mt 21,42; cf. Sal 118,22). El propio Jesús recuerda estas palabras del salmo, que celebra la obra maravillosa realizada por el Señor: precisamente lo descartado se convierte en el fundamento que lo sostiene todo. Este es el modo en que el Todopoderoso guía la historia, socorriéndonos en todas nuestras caídas: ¡Dios nunca desecha nuestra vida!

Según la imagen utilizada en la parábola, la viña que hay que cultivar con justicia es la Iglesia, que construimos o dañamos con nuestras decisiones. A este respecto, precisamente hoy, en el octavo centenario de su muerte, deseo recordar a un trabajador que se dedicó con gran fruto en la viña del Señor: San Francisco de Asís, a quien el propio Jesús pidió que reparara su Iglesia. Inspirado por el Crucificado, Francisco edificó ante todo su propia vida sobre el fundamento de Cristo, compartiendo su pobreza, su alegría y sus sufrimientos, hasta recibir el signo místico de los estigmas. Hombre de ardiente oración, lleno de caridad hacia todos, fue un ejemplo para los primeros frailes que compartieron su ascetismo como condición auténtica para la reforma de la Iglesia. San Francisco la reparó en virtud de la fe en el Señor Jesús, sanando las grietas de la discordia con el testimonio del amor fraterno.

Queridos amigos: el carisma de san Francisco aún hoy, después de ocho siglos, da fruto; de ello dan testimonio no sólo la gran y dinámica familia franciscana, sino también los numerosos dones que su legado espiritual difunde entre el Pueblo de Dios. Por eso, mientras celebramos el Año Jubilar Franciscano, pidamos con perseverancia el don de la paz y comprometámonos sinceramente a construir la concordia entre los pueblos.

Que en esta obra nos acompañe siempre la intercesión de María Santísima, nuestra Madre, a quien ahora nos dirigimos, unidos espiritualmente a los fieles reunidos en el Santuario de Pompeya para elevar la Súplica a la Virgen del Santo Rosario.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

El domingo pasado, en Lourdes, he hecho la invitación a rezar el santo rosario, durante este mes de octubre, ofreciéndolo por la intención particular de que cesen las guerras y se construya la paz. De los primeros en comenzar fueron los niños, y lo están llevando a cabo. Del 1 al 7 de octubre, la Fundación “Ayuda a la Iglesia Necesitada”, está promoviendo la iniciativa “Un millón de niños rezan el rosario”, por la paz y la unidad en el mundo. Agradezco de todo corazón a todos los niños y niñas que, en tantas partes del mundo, se unen a esta oración; y sigamos todos su ejemplo, invocando la intercesión de la Virgen María para que los pueblos sean liberados del flagelo de la guerra. En particular, recemos por Tierra Santa y por las víctimas inocentes de la violencia.

En los próximos días, con motivo del décimo aniversario de la Exhortación apostólica Amoris laetitia, tendrá lugar un encuentro en el Vaticano al cual he convocado a los jerarcas de las Iglesias Orientales Católicas y a los presidentes de las Conferencias episcopales de todo el mundo. Será un momento de discernimiento sinodal, para identificar los pasos que hay que dar al anunciar el Evangelio hoy en día a las familias y a las generaciones jóvenes. Encomiendo esta tarea a la oración de ustedes, principalmente por las familias que, con la ayuda de Dios, son signo de esperanza y riqueza inestimable para la Iglesia y la sociedad.

Me da alegría ver las numerosas iniciativas con las que se celebra el octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís. Recuerdo, en particular, las que se llevaron a cabo en Asís, con la presencia de las más altas autoridades del Estado italiano. Saludo también a los radioaficionados de Asís y Foligno que difunden el mensaje de paz de san Francisco.

Ahora les dirijo mi saludo a todos ustedes, aquí presentes hoy en la Plaza de San Pedro.

Doy la bienvenida a los participantes de la International Week of Sacred Music, organizada por el Pontificio Instituto de Música Sacra; así como a los fieles de Puente Alto de Santiago de Chile; y a los profesores y alumnos del Gymnasium Sankt Bonaventura de Dilinga, Alemania.

Saludo a los confirmandos de Pinerolo; a los fieles de Fasana Polesine; a los jóvenes del Valle Brembana que caminaron sobre la Vía Francígena desde Viterbo hasta Roma; a la Asociación FIABA, que promueve campañas para mejorar la accesibilidad de los lugares públicos; al grupo Mamme che regalano un sorriso de Tarento; y a la asociación Studenti con le Stellette, de Lurago d’Erba.

Bendigo de corazón a los fieles que hoy, desde esta Plaza, peregrinarán hacia el Santuario de la Virgen de la Revelación en Via Laurentina, siguiendo con la tradición que comenzó el Papa Pío XII.

 Les deseo a todos un feliz domingo.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

El Papa: El viaje a Francia

 

El Papa: El viaje a Francia, un gran don para mí y para el pueblo de Dios

En su catequesis durante la Audiencia general de esta mañana en la Plaza de San Pedro, León XIV habló de su reciente viaje a Francia, destacando la Vigilia con los jóvenes como un gran signo de esperanza y el creciente número de jóvenes y adultos que piden el Bautismo como una señal de renacimiento de la Iglesia

Alvaro Vargas Martino - Ciudad del Vaticano

“Hoy quiero hablarles del Viaje apostólico a Francia que he realizado en los días pasados. Ha sido un gran don para mí y para el pueblo de  Dios en ese país, y doy gracias al Señor. Expreso de nuevo mi gratitud a todos los que me han acogido, Autoridades civiles y pastorales de la Iglesia y a todos aquellos, que han sido muchos, que quisieron encontrar al Papa o simplemente saludarlo por las calles, como apóstol de Cristo y mensajero de paz. ¡Gracias a todos!”, dijo el Papa León XIV al inicio de su catequesis durante la Audiencia general que presidió en la mañana de este miércoles, 30 de septiembre, en la Plaza de San Pedro.

“Quisiera recoger los pensamientos y las impresiones -todavía muy vivas- de esta Visita pastoral en torno a un único gran símbolo: la Catedral de Notre-Dame de París”, resaltó el Papa, recordando que, allí, en la tarde del primer día, presidió la celebración de las Vísperas de la Santísima Virgen María, “una liturgia solemne y al mismo tiempo festiva, en la que la música, el canto y la belleza del templo” hicieron “vibrar a los corazones unidos en la oración”.

Sinergia por el bien común basada en la dignidad de la persona humana

“Precisamente Notre-Dame, con el drama que ha vivido, puede iluminar simbólicamente todo este Viaje apostólico, ofreciendo una clave de lectura que resumiría en una palabra: renacimiento”, destacó León XIV, quien subrayó que la Catedral de París, que hace apenas siete años parecía haber sufrido un daño irreparable a causa de un enorme incendio, “ahora está reconstruida y luce más esplendorosa que nunca”, y que ese “desastre provocó una reacción positiva a todos los niveles, algunos más visibles y prácticos y otros más escondidos, de orden espiritual”.

Tras observar que su restauración ha sido una prueba de que es posible la “colaboración entre Iglesia, Estado, instituciones públicas y sociedad civil”, el Pontífice agregó que “esta dinámica ha permitido aprovechar al máximo tanto la generosidad de los benefactores como las competencias de los profesionales y los artesanos”, e indicó que “la sinergia en pro del bien común debería ser el estilo normal de las instituciones, de las fuerzas políticas y sociales, de cuantos tienen responsabilidades civiles y económicas”.

“Es el mensaje que he querido transmitir a las autoridades francesas, así como a los miembros de la UNESCO”, indicando que “el criterio fundamental sobre el que basar esa colaboración” es “la dignidad de la persona humana”, reiteró el Papa.

La Vigilia con los jóvenes, un gran signo de esperanza

“Pero sobre todo, Notre-Dame es imagen de la Iglesia de piedras vivas, del pueblo santo de Dios”, remarcó León XIV, quien observó que “es interesante” poner en paralelo la celebración de las Vísperas en la Catedral y la Vigilia con los jóvenes, que tuvo lugar esa misma noche en el Estadio de Francia, en París, “dos lugares completamente diversos y, sin embargo, dos eventos complementarios, casi unidos espiritualmente”.

“¿Qué los unía? La Iglesia, que no está hecha de piedras o de cemento, sino de personas que aman a Jesucristo porque han sido amadas por Él”, recalcó el Pontífice, recordando que en Notre-Dame estaban los sacerdotes y los díaconos, las personas consagradas y los colaboradores pastorales, mientras que en el estadio estaba la nueva generación francesa: “Nueva -diría- no solo por la edad, sino más aún por su espíritu, por la libertad de corazón y de fe. Jóvenes que cantaron, gritaron, pero que también se quedaron en silencio, en escucha. Rostros atentos y conmovidos, que manifestaban corazones deseosos de verdad y de amor”.

“A ellos les dije con alegría: ‘¡Ustedes son los santos de Francia!’. Esa Vigilia fue un gran signo de esperanza”, resaltó el Papa, quien agregó que también lo fue, “en la pequeñez que Dios prefiere”, el encuentro en la Maison Bakhita, una casa de acogida para personas en situación de dificultad, “uno de los muchos lugares, frutos del Evangelio, en los que se trabaja a diario para servir con amor a la dignidad de la persona humana”.

Señales de renacimiento de la Iglesia en Francia

“Sin embargo, en la Iglesia en Francia hay una señal de renacimiento que perdura desde algunos años, es decir, el notable y creciente número de jóvenes y adultos que piden el Bautismo”, destacó León XIV, quien recordó que, ante esta “hermosa sorpresa de Dios”, se está celebrando en París una Asamblea sinodal provincial, en la que intervino, “animando el camino de los catecúmenos y de los neófitos, junto a las comunidades a las que pertenecen”.

“El evento culminante de mi visita a la capital fue la Misa en la Place de la Concorde. Allí, la señal del renacimiento apareció de modo sorprendente: la asamblea litúrgica, que reunía a sacerdotes, el coro y una notable multitud en la vasta plaza, se extendía por toda la Avenue des Champs Élysées hasta el Arco del Triunfo y más allá. En el momento de la Comunión todos pudieron acercarse a la Eucaristía, que se distribuía por todas partes. He aquí la verdadera reconstrucción, la restauración de la Iglesia que solo Dios puede hacer, por intercesión de la Virgen María”, remarcó el Pontífice.

“Y por eso, era natural y correcto que después de París me dirigiera como peregrino a Lourdes, a venerar a la Madre de la Iglesia, María, aquella que en la hora de la pasión y de la muerte mantiene encendida la lámpara de la fe y de la esperanza”, dijo el Papa, quien subrayó que, en Lourdes, “el Señor, a través del cuidado maternal de la Virgen María, comunica a todos, peregrinos y especialmente a enfermos en el cuerpo y en el espíritu, un mensaje de esperanza y de renacimiento”.

Reconocer el dolor causado a las víctimas de abusos y trabajar por la prevención

“Un mensaje que he querido relanzar abiertamente: toda vida humana, de qualquier condición, también en la fragilidad más grave, conserva la propia dignidad inviolable y merece ser cuidada, acompañada, aliviada del sufrimiento con la compasión humana y con el auxilio de los medios que ofrece la ciencia”, insistió León XIV, quien indicó que, por eso, “Lourdes representa para todo el mundo un santuario de la civilización del amor”.

“En este contexto, encontré a algunas personas víctimas de abusos y les pedí que me ayudaran a expresar también a otras víctimas mi voluntad y la de toda la Iglesia de escuchar y caminar con ellos mientras buscan la sanación, reconociendo el dolor causado en sus vidas y trabajando por la prevención de los abusos”, recordó el Pontífice, quien luego habló de la tercera y última etapa del Viaje apostólico, la ciudad de Metz, en una región de Francia y de Europa “martirizada por la Segunda Guerra Mundial”, donde operó Robert Schumann, “uno de los principales inspiradores del proceso de unificación europea”.

Europa, proyecto de paz

“La Europa contemporánea nació precisamente como proyecto de paz después de la destrucción de la guerra. Podemos decir que lo que sucedió en Notre-Dame de París con el incendio sucedió en Europa con la Segunda Guerra Mundial. Y Europa renació, sobre la base de aquellos principios de democracia, solidaridad y fraternidad entre los pueblos que deben mucho a sus raíces cristianas”, resaltó el Papa, quien indicó que, también hoy, “sobre esos cimientos y con esa fuerza vital, el proyecto europeo puede renovarse, de un modo mucho más globalizado, donde el diálogo interreligioso desempeña un papel de importancia primaria”.

“Por eso, en Metz encontré a los representantes de las diferentes tradiciones religiosas, quienes leyeron y firmaron en mi presencia el llamamiento de Metz por el diálogo y la paz”, recordó León XIV.

“Queridos hermanos, el tema de mi Visita pastoral a Francia ha sido Pour que le monde ait la vie, Para que el mundo tenga vida. Son palabras de Jesús, que resumen toda su misión de salvación y que, durante el Viaje, expresaban en plenitud el sentido evangélico de cada encuentro. Ahora, estas expresan nuestra oración, al pedir a DIos que este evento de gracia dé frutos abundantes y duraderos”, concluyó el Pontífice.

lunes, 28 de septiembre de 2026

León XIV regresó a Roma desde Francia

 

León XIV regresó a Roma desde Francia, Concluye así su quinto viaje apostólico

El Airbus A321 de Air France que transportaba al Papa, su séquito y representantes de los medios de comunicación aterrizó a las 20:53 en el aeropuerto de Fiumicino, en Roma. Tras la despedida del presidente Macron en el aeropuerto de Metz-Nancy-Lorena, León XIV partió a las 19:33. Durante el vuelo, ofreció la tradicional rueda de prensa, respondiendo a las preguntas de algunos de los 80 periodistas que viajaban con él. Regresó al Vaticano, no al Castillo Gandolfo.

Vatican News

León XIV regresó a Roma desde Francia al finalizar su quinto viaje apostólico. A las 20:53, el Airbus A321 de Air France que transportaba al Papa, su séquito y representantes de los medios de comunicación aterrizó en el Aeropuerto Internacional Leonardo da Vinci-Fiumicino de Roma. El vuelo papal había partido de Francia desde el Aeropuerto de Metz-Nancy-Lorena a las 19:33. Se celebró la tradicional rueda de prensa a bordo para hacer un balance del viaje. Tras aterrizar en la capital, el Pontífice regresó al Palacio Apostólico del Vaticano, en lugar de dirigirse al Castillo Gandolfo, como suele hacer los lunes por la noche.

La ceremonia de despedida junto a Macron

En el aeropuerto de Metz, el Papa fue despedido por el presidente francés Emmanuel Macron. Tras intercambiar palabras sobre la belleza de la catedral gótica de la ciudad, el Papa y el presidente mantuvieron una conversación privada de aproximadamente 30 minutos, sin previo aviso, dentro del aeropuerto. Juntos participaron en la breve ceremonia de despedida, que incluyó himnos, honores militares y saludos de sus respectivas delegaciones oficiales. Posteriormente, Macron acompañó, junto a la Primera Dama, a León  hasta la escalinata para una despedida final y cordial.

El cuarto y último día del viaje del Papa

El cuarto y último día del Papa León XIV en Francia, tras su llegada desde Lourdes, estuvo marcado por tres citas oficiales en Metz, una ciudad fronteriza situada a 55 kilómetros de la frontera con Luxemburgo, cuyo pasado fue objeto de disputa entre Francia y Alemania, y que no pasó definitivamente a estar bajo control francés hasta 1945, al final de la Segunda Guerra Mundial.

Primera parada: el encuentro interreligioso

En primer lugar, el encuentro interreligioso en el Centro de Congresos Robert Schuman de Metz, en el que León XIV recordó que es una profanación invocar el nombre de Dios para legitimar la violencia, y recordó que "la grandeza de una civilización no se mide por sus éxitos materiales, sino por la forma en que rodea, protege y enaltece a la persona humana".

El evento en memoria de Schuman

Posteriormente, en el mismo Centro de Congresos dedicado a uno de los padres fundadores de la Unión Europea, el Papa presidió el acto "En las raíces de Europa por la paz y la unidad" y denunció la "matanza sin sentido" que cobra innumerables víctimas cada día, haciendo un llamamiento a la "valentía en la negociación" y exhortando a realizar "esfuerzos creativos por la paz mundial".

Misa en la Catedral de San Esteban 

Finalmente, por la tarde, tuvo lugar la Misa en la espléndida Catedral gótica de San Esteban en Metz, el último acto de su viaje. En su homilía, León XIV recordó la contribución del monacato y la Regla de los Canónigos de San Crodegango de Metz a la construcción de los fundamentos morales del mundo en que vivimos, como el carácter sagrado e inviolable de la vida humana, la atención a los pobres y la acogida a los extranjeros. Subrayó que el futuro de Europa no reside en la uniformidad, sino en la armonía de la diversidad. En su improvisada acción de gracias al final de la celebración, el Pontífice nos exhortó a seguir caminando juntos, unidos en la Santa Madre Iglesia, para la gloria de Dios y al servicio de su Reino de amor, justicia y paz.

Por el fin de las guerras en el mundo (27 / 9 / 2026)

 

El Papa pide rezar el Rosario por el fin de las guerras en el mundo

Ante la imagen de la Virgen de Lourdes en Francia, el Papa León XIV convoca a las comunidades cristianas a rezar el rosario en octubre por la paz y la reconciliación.

Vatican News

Desde el Santuario de Lourdes en Francia, el Papa invita a todas las comunidades cristianas a rezar el Rosario durante el mes de octubre, teniendo como intención: «Que cesen las guerras y se restablezca la paz entre los pueblos en conflicto».

Al final de la misa que celebró este domingo 27 de septiembre, antes de recitar la oración mariana del Ángelus, el Papa agradeció la participación en dicha ceremonia: «¡Gracias por su presencia! Hago extensivo mi saludo a cuantos se han unido a nosotros a través de los medios de comunicación, de manera especial a los enfermos».

Invitó a todos a rezar el Ángelus, «oración sencilla y magnífica, que nos ayuda a vivir cada día en conformidad con la voluntad de Dios, siguiendo el modelo de la Virgen María», dijo.

Luego expresó su petición «que me viene del alma al estar en este lugar»:

«Aquí la Inmaculada se apareció a Santa Bernardita con el rosario y guio su oración. Por eso, invito hoy a todos los fieles y a todas las comunidades cristianas a rezar el santo rosario durante el próximo mes de octubre, con la intención particular de que cesen las guerras y se restablezca la paz entre los pueblos en conflicto».

También pidió acompañar la oración «con actos concretos de penitencia y de misericordia, y con el compromiso de favorecer siempre el diálogo y la reconciliación».

miércoles, 23 de septiembre de 2026

El auténtico progreso

 

El Papa: El auténtico progreso está orientado a la caridad y la defensa de la dignidad

En la Audiencia General de este miércoles, León XIV se refiere al valor de “la actividad humana en el mundo” planteado por el Concilio Vaticano II, poniendo en contraste los prejuicios, aún vigentes, que consideran necesaria la "emancipación de Dios" para que el hombre pueda afirmar sus conocimientos, libertad y progreso, mientras, por el contrario, las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios.

Alina Tufani Díaz – Ciudad del Vaticano

¿Cuál es el valor de la actividad humana en el mundo, y, por lo tanto, del progreso técnico, social y científico? Desde esta pregunta planteada por los Padres conciliares, en la Constitución pastoral Gaudium et Spes, el Papa León XIV dedicó su catequesis a la trascendencia y voluntad de Dios en los esfuerzos del hombre para lograr el progreso y mejores condiciones de vida.

El Pontífice, en la audiencia general de este miércoles, 23 de septiembre, ante miles de fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, continuó el ciclo dedicado los documentos del Concilio Vaticano II, en particular, con el tercer capítulo de la primera parte de la Gaudium et Spes dedicado a “la actividad humana en el mundo”.

El progreso del hombre no se debe a “fuerzas superiores”

“Creado a imagen y semejanza de Dios – sostiene la Constitución -, el ser humano es agente del progreso”, pues mediante la libertad y la inteligencia aumenta sus propios conocimientos, haciendo que toda la sociedad progrese. Además, el Santo Padre resalta que en este documento conciliar se llega a afirmar que “gran número de los bienes que antes el hombre esperaba alcanzar sobre todo de las ‘fuerzas superiores’, hoy los obtiene por sí mismo”.

Un planteamiento que, para muchos, en su momento, explica el Papa, más bien era contraproducente, pues el progreso técnico-científico era visto “como algo que debilita la relación del hombre con Dios hasta el punto de hacerla parecer superflua o, incluso, como algo contrario a la fe cristiana”. Un “prejuicio” – subraya León XIV - que prevalece, sobre todo, “en esa parte de la cultura occidental” que ha perdido su vínculo con la fe cristiana:

“En los humanismos post cristianos, el ser humano y Dios son presentados erróneamente como rivales: para afirmar sus conocimientos, su libertad y su progreso, el hombre debería emanciparse de Dios. Sin embargo, al negar la relación con Dios, al final se pierde también la posibilidad de afirmar el valor trascendente de la persona humana”.

Las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios

El Concilio, explica el Pontífice, al querer ofrecer una respuesta clara a estas lecturas, asegura que, para los creyentes, “el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, responde a la voluntad de Dios”.

Es más, el Papa recuerda que la Constitución aclara - para aquellos que creen que “las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios” -, que los cristianos, por el contrario, están “persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio”

La creación sigue en camino con el trabajo

Más adelante, el Santo Padre indica que Dios ha puesto en las manos del hombre y de la mujer una creación todavía in statu viae -es decir, en camino, en crecimiento- para que la lleven a término por medio de su trabajo:

“La humanidad -y, con ella, el trabajo, el progreso y la autonomía de las realidades creadas- no queda absorbida o anulada por el encuentro con Dios, sino más bien asumida en su totalidad; y sigue siendo, en Cristo, libre y operosa: efectivamente, en Él encuentra la verdad y la libertad plenas”.

El pan y el vino eucarísticos, frutos del trabajo humano

Además, agrega el Pontífice en la mesa eucarística, el fruto del trabajo humano, representado por el pan y el vino, se coloca sobre el altar para ser transformado en el Cuerpo y la Sangre de Cristo:

“Desde esta perspectiva surge una verdad importante: para encontrar a Dios, el ser humano no debe abandonar las ocupaciones terrenas, sino que puede vivir plenamente su propia vocación haciendo bien su trabajo cotidiano y santificándolo.

El trabajo animado por la caridad dignifica

León XIV recuerda que un progreso técnico y científico auténtico -es decir, de todo el hombre y de todos los hombres- debe estar animado y orientado por la caridad. “Solo así – asegura - podrá utilizarse siempre para defender la dignidad del hombre y promover las condiciones de vida de todos, especialmente de los más desfavorecidos”. De allí, la exhortación del Papa:

El Concilio Vaticano II nos invita a compartir el pan del saber y del saber-hacer, para que todos los hombres y todos los pueblos puedan desarrollar sus potencialidades, de forma que podamos construir juntos, con la ayuda de Dios, un futuro mejor.

martes, 22 de septiembre de 2026

LA BONDAD DE DIOS ES PARA TODOS (20/9/2026)

 

El Papa: La revelación de la bondad de Dios es para todos, no sólo para unos cuantos

Este domingo 20 de septiembre, el Papa León XIV dirigió la oración mariana del ángelus ante los miles de fieles y peregrinos que se congregaron en la Plaza de san Pedro. En su comentario al Evangelio de este domingo, el Pontífice dijo que, “las parábolas de Jesús describen la novedad de lo que Dios tiene reservado para nosotros, pero por lo general también revelan la resistencia que estamos inclinados a objetar a una justicia más generosa y a un amor más grande”.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Dios tiene caminos diferentes y pensamientos nuevos incluso para aquellos que se consideran los primeros y creen haberse ganado lo que son, haber merecido los resultados que han alcanzado”, lo dijo el Papa León XIV en su alocución previa al rezo de la oración mariana del ángelus de este domingo 20 de septiembre, ante miles de fieles y peregrinos que se congregaron en la Plaza de san Pedro.

“Sus pensamientos no son nuestros pensamientos”

En su comentario a las lecturas de este XXV Domingo del Tiempo Ordinario, el Santo Padre señaló que, en la liturgia de hoy, el Señor, por boca del profeta Isaías, nos da un gran motivo de esperanza, diciéndonos que sus pensamientos no son nuestros pensamientos y que sus caminos no son nuestros caminos (cf. Is 55,8).

“Sí, los designios de Dios son infinitamente más grandes y, digamos, más ‘humanos’ que aquellos que nosotros, hombres y mujeres marcados por el pecado, podemos concebir y llevar a cabo. Por eso, he aquí el llamado más actual que nunca del profeta: abandonar nuestros caminos torcidos y volver al Señor, que es misericordia y perdón”.

Las parábolas describen la novedad de Dios para nosotros

Y centrando su reflexión en el Evangelio de este domingo, el Pontífice recordó que, las parábolas de Jesús describen la novedad de lo que Dios tiene reservado para nosotros, pero por lo general también revelan la resistencia que estamos inclinados a objetar a una justicia más generosa y a un amor más grande.

“Hoy, en particular, escuchamos la historia de los trabajadores llamados a trabajar en la viña (cf. Mt 20,1-16), unos trabajaron todo el día, otros sólo unas horas, y otros desde el atardecer. Pero el punto central de la parábola está en el momento de la retribución, cuando el propietario, cumpliendo con su palabra, les paga según lo acordado a los trabajadores de la primera hora, pero quiere que vean su generosidad y, ante sus ojos, trata a los últimos de la misma manera”.

La revelación de la bondad de Dios es para todos

En su reflexión, el Papa León indicó un detalle que no debemos dejar que pase desapercibido. El propietario le da al administrador una orden precisa que debe seguir: hay que pagar a los trabajadores «empezando por los últimos y acabando por los primeros». Pero, la reacción negativa de quienes habían trabajado todo el día se habría podido evitar fácilmente; precisó el Papa, sin embargo, es intencional, porque la revelación de la bondad de Dios es para todos, no sólo para unos cuantos.

“Dios tiene caminos diferentes y pensamientos nuevos incluso para aquellos que se consideran los primeros y creen haberse ganado lo que son, haber merecido los resultados que han alcanzado. Todos, por el contrario, ganamos alegría, inteligencia y futuro cuando la ley del amor interrumpe la del cálculo, la experiencia de la misericordia extiende la del mérito, el don de la paz detiene las rivalidades y nos hace cercanos en la gratitud”.

Es una gracia ser colaboradores de Dios

En este sentido, el Pontífice subrayó que, es una gracia ser colaboradores de Dios, trabajar en su viña, servir a su Reino de justicia y de paz, como nos lo indica el profeta Isaias (cf. 55,6-7).

“No hay lugar para la envidia y la división allí donde irrumpe la novedad de Dios. Busquemos, pues, al Señor mientras se deja encontrar; invoquémoslo mientras está cerca; abandonemos los caminos torcidos y los pensamientos inicuos”.

Tener esperanza en Dios y a confiar en su misericordia

Antes de concluir con su reflexión, el Papa León XIV invitó a dirigir nuestra mirada a la Virgen María y pedir su materna protección para que nos ayude a tener esperanza en Dios y a confiar en su misericordia.

“Miremos a nuestra Santísima Madre: es una criatura como nosotros, pero está libre de toda mancha; por eso nos ayuda a tener esperanza en Dios y a confiar en su misericordia, para que sus caminos se conviertan en nuestros caminos y sus pensamientos se conviertan en nuestros pensamientos”.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

LA COMUNIDAD HUMANA

 

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LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles, 16 de septiembre de 2026

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Catequesis - Los documentos del Concilio Vaticano II. IV. Constitución pastoral Gaudium et spes (GS 12-22) 3. La comunidad humana (GS, 23-32)

Hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Dedicando el segundo capítulo a la “comunidad humana”, la Constitución Gaudium et spes (GS) invita a considerar la «multiplicación de las relaciones mutuas entre los hombres» como uno de «los principales aspectos del mundo actual» (n. 23). Pero esta realidad necesita encontrar su realización «más hondamente en la comunidad que entre las personas», para la cual es indispensable «el mutuo respeto de su plena dignidad espiritual» (ibid.).

Son afirmaciones que, en nuestros días, ven aumentar su urgencia. Por un lado, de hecho, el desarrollo tecnológico, la difusión de los medios de comunicación y de las redes sociales, el siempre creciente recurso a la inteligencia artificial, abren nuevas posibilidades, derribando barreras y distancias; por el otro lado, las relaciones tienden a convertirse en cada vez menos personales, más virtuales, y se corre el riesgo de acostumbrar a delegar en los algoritmos decisiones que corresponden solo a la conciencia humana. Hacer que las relaciones sociales tengan sustancia real y profundidad personal es, en este sentido, la contribución que la comunidad cristiana se propone ofrecer.

El Concilio invita a extraer criterio y fuerza del proyecto creador de Dios, el cual ha querido que «los hombres constituyan una sola familia y se traten entre sí con espíritu de hermanos»; por esto «el amor de Dios y del prójimo es el primero y el mayor mandamiento», que en Cristo ha tenido su plena revelación y su completa implementación (cfr GS, 24).

El perfeccionamiento de la persona humana y el desarrollo de la sociedad deben ser considerados entre ellos como estrechamente interdependientes: oponerlos o separarlos supondría anularlos. La historia, también la más reciente, confirma esta verdad de forma clara y, por eso, no hay que cansarse de reiterar con los Padres del Vaticano II que «el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social» (GS, 25).

En esta perspectiva, Gaudium et spes afirma que la diversidad de las personas y de los pueblos en el mundo no debe ser considerada como un peligro o una amenaza, sino como potencialidad de enriquecimiento y de crecimiento. La oposición, que a veces degenera en violencia, es un fruto del poder del pecado y de cómo esto condiciona la mentalidad y las acciones, a todos los niveles, causando destrucción y muerte. Es necesario abrirse cada vez más a la lógica de la reciprocidad, del compartir y del cuidado, como sucede también entre los diferentes miembros del cuerpo humano (cfr 1Cor 12,21-25).

En este punto, la Constitución pastoral ofrece también una definición sintética de “bien común”, recordando que este consiste en el «conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección» (GS, 26).  Al mismo tiempo, reconociendo la interdependencia entre los pueblos, afirma que «todo grupo social debe tener en cuenta las necesidades y las legítimas aspiraciones de los demás grupos; más aún, debe tener muy en cuenta el bien común de toda la familia humana» (GS, 26).

Partiendo de este planteamiento, los Padres conciliares indican después algunas «consecuencias prácticas de máxima urgencia» (GS, 27). En primer lugar, el respeto de la persona humana. Dice Gaudium et spes: «cuanto atenta contra la vida -homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado-; cuanto viola la integridad de la persona humana, como, por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o físicas, los conatos sistemáticos para dominar la mente ajena; cuanto ofende a la dignidad humana, como son las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; o las condiciones laborales degradantes, que reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona humana: todas estas prácticas y otras parecidas son en sí mismas infamantes» (ibid.).

Segunda consecuencia: el respeto y el amor también por los adversarios o por los que tienen formas de pensar y de actuar diferentes de los propios (cfr GS, 28).

En tercer lugar: la igualdad fundamental de todos los hombres que exige justicia social. Dice el Documento: «Toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan divino» (GS, 29).

Finalmente, los padres conciliares exhortan a superar la mentalidad individualista y a asumir una actitud de responsabilidad y participación (cfr GS, 30-31).

Queridos hermanos y hermanas, esta visión de la humanidad como “comunidad de personas” es un legado valioso que nos ha dejado el Concilio Vaticano II. Nos ayuda a todos nosotros a realizar un discernimiento personal y comunitario, para valorar con responsabilidad los proyectos sociales y políticos de hoy, en base a los criterios de la dignidad de la persona humana, de la justicia social y de la libre participación en la construcción del bien común. Porque el futuro de la humanidad depende del compromiso de cada uno para colaborar con Dios y con los hermanos a construir un mundo más humano (cfr GS, 30).
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Resumen leído en español por el Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas:

En esta catequesis, para continuar reflexionando sobre la Constitución pastoral Gaudium et spes, quiero proponer el tema de la comunidad humana. El Concilio nos recuerda que Dios «ha querido que los hombres constituyan una sola familia y se traten entre sí con espíritu de hermanos» (GS 24). Hoy, que vivimos en una sociedad permeada por el desarrollo tecnológico, el cual por una parte acorta distancias y derriba barreras, y por otra pone en riesgo las relaciones personales —las cuales pueden volverse cada vez más virtuales—, es preciso reubicar el lugar de la persona humana.

Para alcanzar la perfección a la que nos llama el Señor, tanto de cada comunidad como de cada individuo, es necesario el bien común. Esto exige tener en cuenta el respeto de toda persona, promoviendo la vida y rehuyendo a toda forma que atente contra ella; respetar, incluso a los enemigos o a quienes piensan diferente a nosotros; y respetar la dignidad que cada uno posee, sin discriminar a nadie, lo que se concretiza en la justicia social.
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Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. En estos días, muchos países latinoamericanos celebran su fiesta nacional. Pidamos al Señor que, valorando la identidad de nuestra patria, el Evangelio nos abra la mente y el corazón para reconocer que somos parte de un proyecto divino más grande, que somos parte de la familia humana creada por Dios. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias.