sábado, 1 de agosto de 2026

El Papa León XIV ha dedicado su intención de oración para el mes de agosto a la evangelización en la ciudad

 

El Papa León XIV invita a construir ciudades donde nadie se sienta invisible

La intención de oración del Papa para agosto pone el foco en las ciudades como uno de los grandes campos de misión de nuestro tiempo y anima a construir comunidades abiertas donde nadie quede excluido.

Patricia Ynestroza - Ciudad del Vaticano

En un mundo donde las grandes ciudades concentran cada vez más población, pero también más soledad y anonimato, el Papa León XIV ha dedicado su intención de oración para el mes de agosto a la evangelización en la ciudad, haciendo un llamado a transformar los espacios urbanos en comunidades acogedoras "donde nadie se sienta invisible".

A través de la campaña Reza con el Papa, impulsada por la Red Mundial de Oración del Papa, el Santo Padre invita a los fieles y a todas las personas de buena voluntad a unirse en oración por una Iglesia capaz de acercarse a quienes viven en las periferias humanas y existenciales de las grandes urbes.

En la oración de este mes, León XIV se dirige al "Buen Pastor", que camina por calles y plazas, entra tanto en los edificios más altos como en los barrios más humildes y acompaña silenciosamente a millones de personas que buscan sentido "en medio del ruido y la prisa". El Pontífice reconoce que las ciudades, llamadas a ser espacios de libertad y oportunidades, pueden convertirse también en lugares marcados por el aislamiento y el anonimato.

Frente a esta realidad, el Papa propone una mirada renovada que descubra en la vida urbana un terreno fértil para anunciar el Evangelio mediante gestos concretos de cercanía y fraternidad. Su oración concluye con una petición para que la fe no permanezca solo en las palabras, sino que se traduzca en acciones sencillas que hagan de la Iglesia una comunidad "en salida", capaz de tender la mano allí donde reina la indiferencia.

La soledad, uno de los grandes desafíos urbanos

Actualmente, cerca del 45 % de la población mundial vive en áreas urbanas, lo que convierte a las ciudades en uno de los principales campos de misión de nuestro tiempo. El acelerado crecimiento demográfico ha dado lugar a grandes concentraciones de población, pero también a escenarios donde muchas personas experimentan una profunda sensación de soledad.

Según las proyecciones de World Urbanization Prospects 2025 de Naciones Unidas, entre las ciudades más pobladas del planeta se encuentran Yakarta, con 42 millones de habitantes; Daca, con 37 millones; Tokio, con 33 millones; Delhi, con 30 millones, y Shanghái, también con 30 millones.

La vida en estos entornos suele estar marcada por relaciones superficiales, escasa interacción con vecinos, falta de espacios de encuentro y una creciente sensación de no pertenecer a ninguna comunidad. Esta realidad afecta especialmente a los jóvenes: un 35 % reconoce que la soledad impacta su vida cotidiana, incluso cuando permanece constantemente conectado a través de medios digitales.

Ante este panorama, León XIV recuerda que el futuro de la sociedad dependerá del tipo de amor sobre el que se construya. Como expresó durante el encuentro anual de la International Catholic Legislators Network en agosto de 2025, "el futuro del florecimiento humano depende de qué 'amor' elijamos para organizar nuestra sociedad: un amor egoísta, amor a sí mismo, o el amor a Dios y al prójimo".

Evangelizar desde la cercanía

Para el director internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, el padre Cristóbal Fones, SJ, esta intención de oración representa una invitación a revisar la forma en que cada persona vive la misión en su entorno cotidiano.

"¿Cuántas veces hemos visto el rostro herido de un hermano y hemos pasado de largo?", plantea el sacerdote jesuita, quien señala que la auténtica oración apostólica debe conducir a una transformación interior que permita construir ciudades más justas, humanas y acogedoras.

No es la primera vez que un Pontífice dedica una intención mensual a este desafío. En 2022, el Papa Francisco invitó a rezar "por una Iglesia abierta a todos", alentando a vivir una Iglesia de la cercanía, reflejo del estilo de Dios.

Desde la Red Mundial de Oración del Papa destacan que la intención de agosto busca hacer visible el Evangelio precisamente allí donde muchas personas pasan desapercibidas. En medio del ritmo acelerado de la vida urbana, la propuesta consiste en sembrar presencia, compasión y vínculos auténticos, recordando que, aunque todo parezca avanzar con rapidez, el corazón humano continúa buscando a Dios.

Con esta nueva intención de oración, el Papa León XIV vuelve a poner el acento en una Iglesia cercana, capaz de salir al encuentro de quienes viven solos, olvidados o invisibilizados, convencido de que la evangelización comienza con pequeños gestos de acogida que devuelven dignidad y esperanza.

jueves, 30 de julio de 2026

El concierto Cántico de paz en Castel Gandolfo

 

León XIV llama a construir la paz y anima a los migrantes a no perder la esperanza

Tras el concierto Cántico de paz en Castel Gandolfo, el Pontífice exhortó a reconocer la dignidad de toda persona y expresó su deseo de visitar Estados Unidos. Preguntado sobre aquello que más ama de su país natal, destacó el sentido de la libertad, las oportunidades ofrecidas a generaciones de inmigrantes y la capacidad de acoger a personas procedentes de distintas partes del mundo.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

La música, la oración y las voces de niños provenientes de distintos países sirvieron de marco para un mensaje que el Papa León XIV quiso prolongar más allá del escenario. Al término del concierto Cántico de paz, celebrado este miércoles 29 de julio en el Borgo Laudato si' de Castel Gandolfo, el Santo Padre respondió brevemente a las preguntas de Noticias Telemundo y NBC News, abordando temas como la migración, la paz, su identidad como primer Pontífice nacido en Estados Unidos y la posibilidad de realizar una visita a ese país.

Consultado por el periodista Julio Vaqueiro, de Noticias Telemundo, sobre el temor que viven millones de migrantes en Estados Unidos y los desafíos de la política migratoria, León XIV evocó la experiencia vivida durante el concierto.

El Papa destacó la imagen de niños de diversas nacionalidades, culturas y religiones cantando juntos como un signo elocuente de la belleza que surge cuando se dejan de lado las divisiones y se reconoce la dignidad de toda persona, creada a imagen de Dios.

Asimismo, recordó las oraciones pronunciadas por algunos de los niños durante la velada, quienes preguntaban a los adultos por qué existen la guerra y el odio en lugar de la paz y el amor. Para el Pontífice, esas voces infantiles constituyen una llamada a redescubrir "el tesoro que hay en el ser humano" y a reconocer que todos somos hermanos y hermanas, capaces de construir una sociedad reconciliada.

"Si todos trabajamos buscando la paz, podemos superar tantas situaciones que causan conflicto y odio", afirmó.

Un mensaje de esperanza para los migrantes

Ante la pregunta sobre si desearía llevar personalmente ese mensaje a Estados Unidos durante su pontificado, León XIV respondió afirmativamente y expresó su gratitud a los medios de comunicación por difundir sus llamados a la paz, al amor y a la armonía entre los pueblos.

"Espero llegar, claro que sí", dijo.

Antes de concluir la entrevista, dirigió unas palabras a los migrantes que seguían la transmisión. Los invitó a mantener viva la esperanza y a buscar caminos ordenados para construir su vida, subrayando al mismo tiempo que una sociedad no puede edificarse sobre el delito o la violencia.

"Hay que aprender a vivir en paz, pero hay que tener también la valentía, la esperanza que nos ayude a todos siempre", expresó.

"Me considero más el Papa que resulta ser estadounidense"

En una segunda entrevista, concedida a Tom Llamas, de NBC News, León XIV reflexionó sobre el significado de ser el primer Papa nacido en Estados Unidos.

"Me considero más el Papa que resulta ser estadounidense", respondió, precisando que esa afirmación no disminuye el cariño que siente por su país natal.

Recordó que nació en Estados Unidos, donde aún reside su familia, y manifestó su profundo afecto por esa nación. Sin embargo, explicó que su misión principal consiste en ser Pastor de la Iglesia universal y, por ende, pastorea a miles de hombres y mujeres de todo el mundo.

Al mismo tiempo, reconoció el valor histórico de su elección como primer Pontífice estadounidense, tanto para él como para millones de personas que han seguido con entusiasmo el inicio de su ministerio petrino.

Los valores que aprecia de Estados Unidos

Preguntado sobre aquello que más ama de Estados Unidos, el Santo Padre destacó los principios que, a su juicio, han caracterizado históricamente al país: el sentido de la libertad, las oportunidades ofrecidas a generaciones de inmigrantes y la capacidad de acoger a personas procedentes de distintas partes del mundo.

El Papa evocó también su propia historia familiar. Recordó que sus abuelos fueron inmigrantes y compartió que, por la rama materna, su familia incluye tanto personas esclavizadas como propietarios de esclavos, una herencia que, precisó, le ha permitido comprender la complejidad de la historia estadounidense y valorar aún más la diversidad como una de sus mayores riquezas.

"Y sigo defendiendo los principios que, durante tantos años, han formado parte de lo que significa ser estadounidense, y así seguirá siendo".

El deseo de regresar

Al finalizar la conversación, Llamas preguntó al Pontífice si los estadounidenses podrían verlo pronto en su país.

León XIV reveló que precisamente ese mismo día había revisado el calendario de los próximos años. Aunque aclaró que todavía no existe nada definido, manifestó su esperanza de poder viajar a Estados Unidos.

miércoles, 29 de julio de 2026

León XIV finaliza el periodo de descanso (27/7/2026 )

 

  Castel Gandolfo. León XIV en el Vaticano: finaliza el periodo de descanso

El Papa ha dejado la noche del 27 de julio, el Palacio Apostólico en la localidad de los Castelli Romani para regresar al Vaticano. Al salir en un automóvil a las 20:34, bendijo a varios niños que, junto con sus padres, esperaban para saludarle. El Pontífice había llegado el 5 de julio. Durante su estancia, almorzó con 200 personas en situación de vulnerabilidad social de la diócesis de Roma y asistió a un concierto

Tiziana Campisi - Ciudad del Vaticano

León XIV partió el 27 de julio a las 20:34 h de Castel Gandolfo, donde se encontraba desde el 5 de julio para un período de descanso estival, con el fin de regresar al Vaticano. Un aplauso acompañó su salida de la residencia pontificia a bordo de un vehículo, mientras alguien gritaba: «¡Viva el Papa!». El Pontífice saludó a quienes se habían reunido para esperarle y, desde la ventanilla del coche en el que viajaba, que se detuvo brevemente, bendijo a algunos niños. Regresará a Castel Gandolfo el miércoles 29 de julio para participar en el encuentro de oración y fraternidad «Cántico de Paz». Promovido por el Centro de Alta Formación Laudato si’ y por la Fundación Andrea Bocelli, el acto —vinculado a las celebraciones del octavo centenario del fallecimiento de San Francisco de Asís— tendrá lugar a partir de las 19:00 horas en los jardines de las Villas Pontificias.

Los días en Castel Gandolfo

Durante los 23 días que ha permanecido en Castel Gandolfo, el Papa también se ha dedicado a la oración, a la lectura y a practicar algo de deporte. Durante su estancia en la pequeña localidad que domina el lago de Albano, a las afueras de Roma, considerada uno de los pueblos más bellos de Italia, además de las tres citas dominicales con los fieles —los días 12, 19 y 26 de julio— para la oración del Ángelus presidida desde la puerta principal del Palacio Apostólico, otros dos actos han ocupado públicamente a León XIV. El almuerzo en los jardines pontificios de Castel Gandolfo con 200 personas, entre ellas 35 niños en situación de vulnerabilidad social, procedentes de la diócesis de Roma, el 11 de julio, y el concierto ofrecido por la diócesis de Albano en el patio del Palacio Apostólico, el 18 de julio. Además, el Sumo Pontífice realizó dos salidas para llevar a cabo tres visitas privadas la semana pasada: el 20 de julio a la abadía benedictina de Montecassino y el 22 de julio al Santuario de la Santísima Trinidad de Vallepietra y a los monasterios de San Benito y Santa Escolástica de Subiaco.

lunes, 27 de julio de 2026

El tesoro de la relación con Dios (26/7/2026)

 

El Papa: Lo que realmente importa, el tesoro de la relación con Dios

En el rezo del Ángelus, León XIV recordó que en la Iglesia todas las personas están «llamadas a reconocerse como "uno" en Jesucristo: Él es el tesoro escondido, la perla preciosa, la red que recoge al que está disperso».

Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano

«En el centro de la enseñanza de Jesús se encuentra el misterio del Reino de Dios, que el Evangelio de hoy compara con una perla y un tesoro (cf. Mt 13, 44-52)», dijo el Papa León XIV en su reflexión previa al rezo del Ángelus, desde la Plaza de la Libertad en Castel Gandolfo, este domingo 26 de julio.

El Santo Padre reflexionó sobre el Evangelio del XVII domingo del Tiempo Ordinario, señalando que «las parábolas dan a entender la sorpresa de quien encuentra lo que ni siquiera podía esperar, hasta el punto de que vender o dejar todo ya no parece una renuncia, sino una ganancia».

Aseguró el Pontífice que, «de hecho, desde las primeras páginas, los evangelistas describen el llamado de Jesús a seguirlo como algo irresistible: libre, sin duda, pero urgente y capaz de suscitar una respuesta inmediata, movida por el deseo».

El encuentro con el Reino de Dios

El Papa lo definió como «un primer aspecto importante de la forma en que Dios está cerca y se deja encontrar: el encuentro con su Reino es un punto de inflexión que no limita, sino que amplía la vida. Si algo debe cambiar ahora, es para tener más posibilidades, no menos».

Señaló también «un segundo aspecto al que Jesús parece darle mucha importancia: quien encuentra el tesoro escondido en el campo es probablemente un campesino; la perla, en cambio, es reconocida por su gran valor por un comerciante, tal vez un viajero».

El Reino de Dios, un llamado a todos

De igual modo, hizo referencia a otras parábolas «en las que el Reino se deja vislumbrar en una mujer que amasa la harina, en otra que ordena la casa, en un rey que planea la guerra, en un hombre que diseña una torre, en administradores que gestionan pagos o inversiones, en pastores y agricultores».

El Papa las resumió afirmando que «el Reino de Dios revela su inestimable belleza de diversas maneras, pero llama a todos —hombres y mujeres, jóvenes y adultos mayores, pobres y ricos— a una profunda renovación. Todos pueden comprenderlo y se sienten atraídos por él».

Recordó que «incluso hoy, la Iglesia es una comunión de personas diferentes en cuanto a origen, cultura, habilidades y nivel de responsabilidad, pero todas llamadas a reconocerse como "uno" en Jesucristo: Él es el tesoro escondido, la perla preciosa, la red que recoge al que está disperso».

Dios no hace distinción de personas

«Desde el principio, de hecho, Jesús llamó y reunió a su alrededor a personas que, de otra manera, nunca se habrían conocido. Así fue precisamente como demostró que Dios no hace distinción de personas y que su elección es una predilección preferencial por los pequeños y los descartados», expresó el Pontífice.

Finalmente, el Papa invitó a pedir «el don de identificar la perla de gran valor, de saber reconocer el tesoro por el que vale la pena venderlo todo».

La industria del consumo envenena el corazón

Alerta que, «mientras la industria del consumo nos altera el gusto, creando siempre nuevas necesidades para luego vendernos respuestas que no sacian y, a veces, envenenan el corazón, debemos aprender a captar lo que realmente importa: el tesoro de la relación con Dios, que nos abre a la alegría y nos ayuda a vivir mejor las relaciones entre nosotros».

«Que la intercesión de María, Sede de la Sabiduría, oriente hacia Jesús nuestro deseo de vida, para que se realice en plenitud», concluyó León XIV

martes, 21 de julio de 2026

Un nuevo libro de León XIV titulado "Desarmada y desarmante. La paz es un don" ( 21/7/2026)

 

León XIV: No son las armas atómicas las que generan la paz, sino el desarme

La Editorial Vaticana publica un nuevo libro de León XIV titulado "Desarmada y desarmante. La paz es un don". Este volumen, editado por Alessandro Banfi, es la primera antología que recopila diversas intervenciones del Papa Prevost sobre el tema de la paz desde su elección el 8 de mayo de 2025, y que incluye un texto inédito como introducción.

LEÓN XIV

«¡La paz esté con vosotros!»: este fue el primer saludo que Jesús Resucitado dirigió a sus apóstoles (Jn 20,19). Este es también el primer don que Cristo resucitado ofreció a sus amigos y al mundo entero: la paz. Sin embargo, ese don no se concedía «a la ligera»: el cuerpo glorioso del Maestro de Nazaret mostraba las llagas de la Pasión. Él atravesó el odio, la violencia, la crucifixión del mundo. Jesucristo sufrió la injusticia, desarmado y desarmante, y resucitó. El anuncio evangélico se inscribía y se inscribe en la historia. Hoy, al igual que hace dos mil años.

La paz es el gran anhelo que agita muchos corazones, pero también se ve a menudo amenazada, pisoteada, ridiculizada. Hoy en día, nada menos que 103 Estados están involucrados de alguna manera en una guerra en la Tierra (1). Las armas retumban y matan en Ucrania, en Oriente Medio, en Sudán, en Myanmar, en Yemen, en el Congo y en muchas otras situaciones.

Mi querido predecesor, el Papa Francisco, acuñó en su momento la expresión «Tercera Guerra Mundial a pedazos» para describir una situación de conflicto generalizado, sin precedentes desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Al repasar mis intervenciones sobre este tema, ahora recopiladas en esta antología, quiero destacar algunos aspectos que me preocupan especialmente.

En primer lugar, la paz es una responsabilidad. Si nuestro primer instinto ante un problema con el que nos topamos, ante una tensión que vivimos, ante una ofensa que sufrimos es juzgar a los demás, acusarlos e incluso condenarlos, será inevitable que primero la indiferencia y luego el odio se desarrollen a nuestro alrededor. Existe una forma de ver la realidad que destruye y no construye. En cambio, la paz empieza por mí. Empieza por nosotros.

San Agustín decía: «Son tiempos difíciles, son tiempos duros, tiempos de desgracias. Vivid bien y, con una vida buena, cambiad los tiempos: cambiad los tiempos y no tendréis de qué quejaros» (2). No podemos pedir paz a los poderosos del mundo si no empezamos a vivirla nosotros mismos, a partir de nuestras relaciones cotidianas: en nuestras familias, en nuestros hogares, en nuestras ciudades, en los lugares donde trabajamos. La paz se construye con pequeños gestos cotidianos: una sonrisa regalada, una ofensa perdonada, una palabra amable.

Además, la paz se edifica con la verdad. Incluso quienes hacen la guerra afirman actuar «en nombre» de la paz. Nadie tiene la desfachatez de declarar que quiere la guerra por la guerra: incluso los poderosos de la Tierra saben que toda persona aspira a la justicia y desea vivir en paz. Sobre todo, tras las terribles consecuencias de los sucesos de Hiroshima y Nagasaki, recurrir a la guerra es cada vez más una «aventura sin retorno», como señaló san Juan Pablo II (3).

He recordado en varias ocasiones el sentido llamamiento que san Pablo VI dirigió a la Asamblea de las Naciones Unidas. Lo que une a los hombres —señalaba mi venerado predecesor— es un pacto sellado «con un juramento que debe cambiar la historia futura del mundo: ¡nunca más la guerra, nunca más la guerra! ¡La paz, la paz debe guiar el destino de los pueblos y de toda la humanidad!» (4).

Sobre todo, en la era atómica, la verdad debe abrirse paso: no son las armas atómicas las que generan la paz, sino el desarme. Esa verdad, que parecía indiscutible en las últimas décadas —durante las cuales hemos sido testigos de una desescalada nuclear—, se ha visto empañada por una carrera armamentística que hoy asusta y aterroriza. Como escribió el cantautor y poeta Bob Dylan, dirigiéndose en sentido figurado a la bomba atómica, en uno de sus poemas: «Te odio porque te ha creado el hombre, y el hombre te posee y te maneja» (5).

La Iglesia plantea, hoy, humildemente a todos una pregunta: ¿debe la especie humana seguir habitando la Tierra? La combinación del dominio cibernético con el rearme global nos lleva a plantearnos seriamente esta cuestión.

La paz busca testigos. Esta antología nos lo recuerda con la fuerza de tantos rostros. Las figuras de las que aquí se habla, entre ellas, el beato Floribert Bwana Chui, los siervos de Dios Giorgio La Pira y Dorothy Day, son emblemáticas de tantos hombres y mujeres que, en primera persona, han promovido la paz, venciendo la tentación de la corrupción, socorriendo a los pobres y fomentando la diplomacia.

Junto a hombres y mujeres conocidos, la paz se encarna en «protagonistas desconocidos» que han seguido su propia conciencia. Ya ha ocurrido en la historia que se ha estado a punto de llegar a una catástrofe nuclear. Las crónicas relatan que la decisión de un solo hombre, el oficial soviético Stanislav Petrov, contribuyó a evitar una posible guerra atómica mundial: fue el 26 de septiembre de 1983. Los radares del búnker cercano de Moscú, donde Petrov estaba de guardia, detectaron el lanzamiento de varios misiles balísticos intercontinentales desde Estados Unidos dirigidos hacia la Unión Soviética. Sin embargo, se trataba de un error del sistema de localización por satélite soviético. Petrov, desobedeciendo las órdenes, decidió no informar del supuesto ataque: una decisión tomada con la conciencia de quien sabía que ese simple gesto podría haber causado millones de muertos.

Un mundo en el que fueran las máquinas, por muy sofisticadas y rápidas que fueran, las que decidieran bombardear a personas indefensas sería realmente aterrador. La conciencia de un solo hombre puede valer tanto como el mundo entero.

La paz, en definitiva, necesita esperanza. La Iglesia seguirá predicando la caridad hacia todos los hombres y mujeres. Si hay algo que el mundo busca hoy en día, creo que es un mensaje de esperanza para el futuro. Miremos hacia el mañana con esperanza, habiendo encontrado en el mensaje de Jesús la única fuente. Porque la esencia de la enseñanza de Cristo es esta: la caridad, el amor, dar la vida por los demás vencen a la muerte, al aislamiento y a la violencia: «He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10).

A quienes corren el riesgo de caer en la tentación de la desesperación ante las numerosas guerras que se libran en el mundo, les dirijo la invitación que ya el Papa Pío XI extendió a toda la Iglesia: «Demos gracias a Dios porque nos hace vivir en tiempos difíciles. Ahora, a nadie le está permitido ser mediocre». Que Dios nos guíe por los caminos de la no violencia. Que los creyentes y las personas de buena voluntad no dejen nunca de actuar como artífices de la paz. Que cada uno haga de la paz la causa de su vida.

Desde el Vaticano, 19 de junio de 2026

 

1 Cf. Global Peace Index 2026, Sídney 2026.

2 San Agustín de Hipona, Discursos, 311, 8.8.

3 San Juan Pablo II, Oración por la paz, 2 de febrero de 1991.

4 San Pablo VI, Discurso ante las Naciones Unidas, 4 de octubre de 1965.

5 Bob Dylan, Go Away You Bomb, 1963.


domingo, 19 de julio de 2026

El Reino de Dios brota incluso en la oscuridad del mal

 

El Papa invita a vivir un estilo evangélico con humildad y confianza en Dios

En el Ángelus en Castel Gandolfo, León XIV reflexionó sobre la sobre la forma en que Dios actúa en nuestra vida y en la historia. El Pontífice instó a someternos a vivir la “lógica de la semilla”, que no es la del éxito ni de la grandeza y a hacernos pequeños para servir a la vida de las personas.

Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

"El Reino de Dios se extiende aún en medio de la cizaña y nos pide una mirada capaz de percibir el bien que brota incluso en la oscuridad del mal". Fue la afirmación del Papa León XIV en su alocución previa a la oración del Ángelus de hoy, 19 de julio, XVI domingo del tiempo ordinario, desde la Plaza de la Libertad de Castel Gandolfo, donde está transcurriendo un período estival de descanso y oración.

Ante los numerosos fieles residentes y turistas reunidos frente al Palacio Apostólico de la localidad de Albano, el Pontífice reflexionó sobre tres pequeñas parábolas que propone la liturgia del día: el trigo bueno y la cizaña, el grano de mostaza y la levadura en la harina (cf. Mt 13,24-43).

“Se trata de tres pequeñas parábolas que pretenden evocar la entrada del Reino de Dios en la historia, su acción en la vida de los hombres, la forma en que crece, se expande y transforma el mundo desde dentro”, puntualiza León.

El amor discreto de Dios

El Papa explica que con estos relatos Jesús nos advierte contra la tentación de pensar en Dios como una figura poderosa, que se impone por la fuerza, que ocupa el espacio para dominar, que llega de forma triunfal.

Por el contrario, Dios prefiere la pequeñez, signo de su amor discreto, que nos deja libres para acogerlo o rechazarlo, que busca abrirse camino incluso en medio de la cizaña, que actúa de forma escondida e invisible como la semilla más pequeña de todas y fermenta dentro de la masa sin hacer ruido.

A continuación, León subraya que con estas parábolas “Jesús nos dice algo importante sobre la forma en que Dios actúa en nuestra vida y en la historia”.  Nota que a veces esperamos “algo espectacular,  deseamos un Dios que intervenga desde lo alto arrancando de inmediato la cizaña del mal. Nos imaginamos a un Dios fuerte y poderoso y, por desgracia, adaptamos también a esta imagen nuestra forma de ser cristianos y de ser Iglesia”.

Reconocer a Dios en la pequeñez de lo cotidiano

Pero en cambio, el “Reino de Dios se extiende aún en medio de la cizaña y nos pide una mirada capaz de percibir el bien que brota incluso en la oscuridad del mal, sin juzgarlo todo de inmediato”, explica el Papa.

Viene como la más pequeña de las semillas y, por eso, exige la paciencia de saber acompañar los procesos, reconociéndolo en la pequeñez de lo cotidiano y en la sencillez de la vida ordinaria; crece de manera invisible, como la levadura en la harina, y así nos libera del desánimo y nos invita a tener confianza incluso cuando nos parece que Dios está ausente. Porque, en realidad, Él siempre nos acompaña y su amor siempre está actuando en nuestro favor.

Adoptar un estilo evangélico

El Santo Padre indica que este estilo de Dios “debe convertirse también en la forma en que, ya sea como individuos que como Iglesia, vivamos la realidad que nos rodea”.

Estamos llamados a adoptar un estilo evangélico, sin oponernos precipitadamente con juicios arrogantes, sin imponernos con el poder y la fuerza, sin perder la confianza en la obra de Dios.

La lógica de la semilla

A continuación, recuerda las palabras del entonces cardenal Ratzinger quien en el Discurso en el Jubileo de los catequistas y de los profesores de religión de diciembre 2000, indicaba que debíamos “someternos a la lógica de la semilla, que no es la del éxito ni de la grandeza, sino que nos pide que nos hagamos pequeños y que sirvamos a la vida de las personas”.

De este modo, nosotros mismos nos convertiremos en una pequeña semilla del Evangelio que germina y en una levadura de amor que transforma la masa del mundo.

El Papa León concluye su reflexión invocando a María Santísima, “que supo acoger la semilla de la Palabra en su humildad, para que nos sostenga en nuestro camino e interceda por nosotros”.

miércoles, 15 de julio de 2026

El Papa convocó a construir una Iglesia abierta a todos

 

León XIV compartió un almuerzo con personas vulnerables 

11 de julio, 2026
  • Castel Gandolfo (Italia) (AICA)
El Papa convocó a construir una Iglesia abierta a todos y una sociedad más justa. Participaron unas 200 personas asistidas por la diócesis de Roma, entre ellas 35 niños.

Antes de bendecir la mesa, el Santo Padre sorprendió con una expresión espontánea: "Vine sin discurso, pero con hambre", para luego señalar que existe un hambre mucho más profunda: la de experimentar una auténtica caridad y una comunidad cristiana capaz de abrir sus puertas a todos.