viernes, 3 de abril de 2026

Un gesto que interpela a la humanidad

 

León XIV carga la Cruz en el Coliseo, un gesto que interpela a la humanidad

En su primer Viernes Santo como Pontífice, Prevost recorre las catorce estaciones del Vía Crucis en el Coliseo llevando personalmente la Cruz, en un gesto de profunda fuerza espiritual que evoca el sufrimiento del mundo contemporáneo y la esperanza cristiana.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

“Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios, danos a nosotros, miserables, hacer por ti mismo lo que sabemos que tú quieres, y siempre querer lo que te place, para que, interiormente purificados, interiormente iluminados y abrasados por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y por sola tu gracia llegar a ti, Altísimo, que, en Trinidad perfecta y en Simple Unidad, vives y reinas y eres glorificado, Dios omnipotente, por todos los siglos de los siglos. Amén”

Con esta oración, que resume abandono, confianza y esperanza, se cerró una de las imágenes más intensas de este Viernes Santo, 3 de abril de 2026, en el Coliseo de Roma: el Pontífice recorriendo, paso a paso, las catorce estaciones del Vía Crucis, cargando personalmente la Cruz en el primer Vía Crucis de su pontificado. Inspirado en la plegaria de San Francisco de Asís, el Papa invitó a “vivir nuestra existencia como un camino de participación progresiva en la relación de amor que une al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”.

Le acompañaron el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, monseñor Diego Ravelli; el cardenal vicario de la Diócesis de Roma, Baldo Reina; y los obispos auxiliares de la diócesis.

jueves, 2 de abril de 2026

El amor de Cristo

 

León XIV: El amor de Cristo es gesto y alimento, purifica de las idolatrías y blasfemias


Alina Tufani Díaz- Ciudad del Vaticano
Como Jesús a sus Apóstoles, en este Jueves Santo, León XIV en un gesto de humildad y misericordia ha lavado los pies a 12 sacerdotes de su diócesis, en la Misa in Coena Domini celebrada, esta tarde, en la Basílica de San Juan de Letrán, Catedral de Roma. Cumpliendo la voluntad del Señor de dar un ejemplo de entrega, de servicio y de amor lavándonos los pies los unos a los otros, el Papa recuerda que al lavar nuestra carne, Cristo purifica nuestra alma, nos libera y nos da la vida.

El significado de la misión cristiana

 

León XIV, primera Misa Crismal: se evangeliza con humildad sin imponer

León XIV preside por primera vez la Misa Crismal y reflexiona sobre el significado de la misión cristiana y los tres secretos que brotan de ella. También propone una forma de evangelizar basada en la humildad y el respeto, alejándose de cualquier idea de imposición: “cuando se nos envía a un lugar debemos honrar la dimensión sagrada que cada persona y cada comunidad lleva consigo”.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

Hoy ha dado inicio el Triduo Pascual, donde un año más “el Señor nos llevará a la cumbre de su misión, para que su pasión, muerte y resurrección se conviertan en el corazón de nuestra misión”. Ante una Basílica de San Pedro repleta de fieles, el Papa León XIV ha presidido esta mañana su primera Misa Crismal como Obispo de Roma en la que ha reflexionado sobre la misión a la que Dios nos consagra como su pueblo: “Es la misión cristiana, la misma de Jesús, no otra. En ella participa cada uno según su propia vocación y en una obediencia muy personal a la voz del Espíritu, ¡pero nunca sin los demás, nunca descuidando o rompiendo la comunión!”

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA

Con esta descripción tan clara el Papa iniciaba su homilía en la que ha recordado a obispos y presbíteros que al renovar sus promesas “están llamados al servicio de un pueblo misionero”. Después, ha enumerado los tres secretos de la misión cristiana: desprendimiento, encuentro y rechazo.

Primer secreto de la misión cristiana

En primer lugar, el Papa explica que tener una misión en la vida implica salir de la zona de confort y aquí da a conocer el primer secreto de la misión cristiana: el desprendimiento. Para ilustrarlo, pone el ejemplo de Jesús. Después de recibir la fuerza del Espíritu tras su bautismo, Él vuelve a Nazaret, el lugar donde creció y que le resulta familiar. Sin embargo, ese mismo lugar, que representa seguridad y estabilidad, es el que debe abandonar para comenzar su misión.

La enseñanza principal es que “toda misión comienza con ese tipo de vaciamiento en el que todo renace. Nuestra dignidad de hijos e hijas de Dios no nos puede ser quitada, ni se puede perder, pero tampoco pueden borrarse los afectos, los lugares y las experiencias que están en el origen de nuestra vida. Somos herederos de tanto bien y, al mismo tiempo, de los límites de una historia en la que el Evangelio debe llevar luz y salvación, perdón y sanación” asegura el Papa.

El Pontífice insiste: “la misión comienza por la reconciliación con nuestros orígenes” porque “no hay paz sin el valor de partir, no hay conciencia sin la audacia del desprendimiento y no hay alegría sin arriesgar”. León XIV nos recuerda hoy que somos el Cuerpo de Cristo si nos ponemos en movimiento, saliendo de nosotros mismos, haciendo las paces con el pasado sin quedarnos prisioneros de él: “todo se recupera y se multiplica si primero se deja ir, sin miedo. Es un primer secreto de la misión. Y no se experimenta una sola vez, sino en cada nuevo comienzo”.

Segundo secreto de la misión cristiana

Tras el desprendimiento está la ley del encuentro. El Papa explica ahora que a lo largo de la historia “la misión ha sido no pocas veces trastocada por lógicas de dominio, totalmente ajenas al camino de Jesucristo”. Por eso recuerda que “ni en el ámbito pastoral, ni en el ámbito social y político, el bien puede provenir de la prepotencia”.

“Los grandes misioneros son testigos de acercamientos cuidadosos, cuyo método consiste en compartir la vida, el servicio desinteresado, la renuncia a cualquier estrategia calculadora, el diálogo y el respeto”.

Se evangeliza con respeto no con prepotencia

Después, detalla las pautas sobre cómo evangelizar, pero no en el sentido de “convencer” o “conquistar”, sino con humildad y respeto hacia las comunidades:

“Es necesario llegar con sencillez al lugar al que se nos envía, honrando el misterio que cada persona y cada comunidad lleva consigo: una sacralidad que nos trasciende por todas partes y que se vulnera cuando nos comportamos como dueños de los lugares y de la vida ajena”.

El Papa redefine también el papel de quienes evangelizan, afirmando con claridad: “Somos huéspedes” y especificando que lo son los obispos, los sacerdotes, las religiosas y religiosos, y todos los cristianos. De hecho, el segundo secreto de la misión el Papa lo define de manera muy sencilla: “para acoger debemos aprender a dejarnos acoger. Incluso los lugares donde la secularización parece más avanzada no son tierra de conquista, ni de reconquista, la misión no es una aventura heroica de alguien, sino el testimonio vivo de un Cuerpo con muchos miembros”.

Tercer secreto de la misión cristiana

La tercera dimensión de la misión cristiana es quizá “la más radical” asegura el Pontífice en su homilía. Se trata de la dramática posibilidad de la incomprensión y del rechazo: “lo que nos disponemos a celebrar a partir de esta tarde nos compromete a no huir, sino a “pasar en medio” de la prueba, como Jesús, quien, arrastrado por la gente hasta el borde del precipicio, «pasando en medio de ellos, continuó su camino»” explica el Papa.

Por último, el Papa León XIV habla de esperanza y de fortaleza en la misión cristiana, incluso frente al fracaso: Podemos atravesar en nuestra vida situaciones en las que parece que todo ha terminado. Entonces nos preguntamos si la misión ha sido inútil”. Pero frente a esta sensación, el Papa propone un ejemplo de quien confia plenamente en Dios hasta el final; así, cita a Óscar Arnulfo Romero, quien confiaba en que Dios acompañaba su vida y su muerte.

“En esta hora oscura de la historia, Dios ha querido enviarnos a difundir el perfume de Cristo donde reina el olor de la muerte. Renovemos nuestro “sí” a esta misión que nos pide unidad y que trae la paz. ¡Sí, aquí estamos! ¡Superemos el sentimiento de impotencia y de miedo! Nosotros anunciamos tu muerte, Señor, proclamamos tu resurrección, en la espera de tu venida” ha concluido el Santo Padre.

miércoles, 1 de abril de 2026

El papel de los laicos en la Iglesia

 

Catequesis del Papa: Que los laicos den testimonio de la fe en la sociedad

El Miércoles Santo, 1° de abril, el Papa continuó su ciclo de catequesis dedicado a la Constitución conciliar Lumen Gentium, centrando su reflexión en el cuarto capítulo sobre el papel de los laicos: “La Iglesia, está presente en todos los lugares donde sus hijos profesan y testimonian el Evangelio: en los ambientes de trabajo, en la sociedad civil y en todas las relaciones humanas, allá donde ellos, con sus elecciones, muestran la belleza de la vida cristiana”.

Vatican News

"Los laicos son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios. A su servicio está la minoría de los ministros ordenados". Citando el pasaje de la Exhortación apostólica Evangelii gaudium del Papa Francisco,  el Papa León XIV introdujo la reflexión de su catequesis del Miércoles Santo, 1° de abril, centrada en el cuarto capítulo de la Constitución dogmática Lumen Gentium, dedicado a los laicos. Ante unos 15 mil fieles, romanos y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro para escuchar su reflexión y recibir su bendición apostólica, el Pontífice se detuvo en esta sección del Documento conciliar que se preocupa de explicar “en positivo la naturaleza y la misión de los laicos, después de siglos en los que habían sido definidos simplemente como aquellos que no forman parte de los clérigos o de los consagrados”. A continuación, el Papa Prevost,  quiso releer “un pasaje muy hermoso, que habla de la grandeza de la condición cristiana”:

«Por tanto, el Pueblo de Dios, por Él elegido, es uno: ‘un Señor, una fe, un bautismo’ (Ef 4,5). Es común la dignidad de los miembros, que deriva de su regeneración en Cristo; común la gracia de la filiación; común la llamada a la perfección: una sola salvación, única la esperanza e indivisa la caridad» (LG, 32).

La dignidad y la libertad de los hijos de Dios

El Santo Padre evidenció que “antes que cualquier diferencia de ministerio o de estado de vida, el Concilio afirma la igualdad de todos los bautizados”. La Constitución – añadió –  no quiere que se olvide lo que ya había afirmado en el capítulo sobre el pueblo de Dios, es decir que la condición del pueblo mesiánico es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios (cfr LG, 9).

“Cuanto más grande es el don, más grande también es el compromiso”, puntualizó el Papa León y por esto el Concilio, junto con la dignidad, subraya también la misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo. Con el nombre de “laicos” - precisó - el Concilio designa “a todos los fieles cristianos que, en cuanto incorporados al Pueblo de Dios por el bautismo, son partícipes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, ejerciendo en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde”.

La misión de los laicos en la iglesia y el mundo

Junto con la dignidad, siguió explicando León, el Concilio subrayó también la “misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo”, que “son partícipes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, ejerciendo en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde”.

El pueblo santo de Dios, por tanto, nunca es una masa informe, sino el cuerpo de Cristo o, como decía Agustín, el Christus totus: es la comunidad orgánicamente estructurada, en virtud de la relación fecunda entre sus formas de participación al sacerdocio de Cristo: sacerdocio común de los fieles y sacerdocio ministerial (cfr LG, 10). En virtud del Bautismo, los fieles laicos participan al mismo sacerdocio de Cristo. De hecho, «Cristo Jesús, supremo y eterno Sacerdote, quiere continuar su testimonio y su servicio por medio de los laicos, los vivifica con su Espíritu y los impulsa sin cesar a toda obra buena y perfecta» (LG, 34).

En este sentido, León XIV recordó a su predecesor, Juan Pablo II y su exhortación apostólica Christifideles laici, en la subrayaba que el Concilio dedicó páginas espléndidas “sobre la naturaleza, dignidad, espiritualidad, misión y responsabilidad de los fieles laicos”.

los Padres conciliares, haciendo eco al llamamiento de Cristo, han convocado a todos los fieles laicos, hombres y mujeres, a trabajar en la viña.

Y explicó que de este modo, su "venerado predecesor relanzaba el apostolado de los laicos, a quienes el Concilio había dedicado un Documento específico, del que hablaremos más adelante”.

El apostolado laical

“El amplio campo del apostolado laical no se limita al espacio de la Iglesia, sino que se amplía al mundo”, dijo el Obispo de Roma, detallando que "la Iglesia, está presente en todos los lugares donde sus hijos profesan y testimonian el Evangelio: en los ambientes de trabajo, en la sociedad civil y en todas las relaciones humanas, allá donde ellos, con sus elecciones, muestran la belleza de la vida cristiana, que anticipa aquí y ahora la justicia y la paz que serán plenas en el Reino de Dios". Y citando nuevamente la Constitución Apostólica Lumen Gentium, afirmó:

El mundo necesita que «se impregne del espíritu de Cristo y alcance su fin con mayor eficacia en la justicia, en la caridad y en la paz». ¡Y esto es posible solamente con la contribución, el servicio y el testimonio de los laicos!

Una Iglesia “en salida” abierta a la misión

Es la invitación a ser esa Iglesia “en salida” de la que nos ha hablado el Papa Francisco, subrayó León XIV:

Una Iglesia encarnada en la historia, siempre abierta a la misión, en la que todos estamos llamados a ser discípulos-misioneros, apóstoles del Evangelio, testigos del Reino de Dios, ¡portadores de la alegría del Cristo que hemos encontrado!

lunes, 30 de marzo de 2026

El Papa León XIV presentó a Jesucristo como el “Rey de la paz” (29/3/2026)

 

Llamado del Papa León XIV contra la violencia y la guerra en Domingo de Ramos

En su homilía durante la Misa del Domingo de Ramos, el Papa León XIV presentó a Jesucristo como el “Rey de la paz” y lanzó un firme llamado a detener la violencia y las guerras, afirmando que Dios no puede ser usado para justificar el enfrentamiento y recordando que las heridas de Cristo reflejan hoy el sufrimiento de las víctimas del conflicto, la pobreza y la desesperanza.

Patricia Ynestroza - Ciudad del Vaticano

En la misa del Domingo de Ramos, el Papa León XIV pronunció una homilía marcada por un fuerte mensaje de paz y una denuncia directa de la violencia, presentando a Jesús como el “Rey de la paz” que rechaza toda forma de guerra y división entre los pueblos. 

El Papa León XIV recordó que la paz no es un ideal abstracto, sino el corazón del Evangelio, y el cristiano está llamado a rechazar la violencia y a construir reconciliación en un mundo herido.

La Pasión de Cristo: Un acto de entrega total de su amor

El Pontífice invitó a los fieles a acompañar a Cristo en su camino hacia la cruz, describiendo su pasión como un acto de entrega total por amor a la humanidad. En su reflexión, subrayó que Jesús no enfrenta la persecución con fuerza ni venganza, sino con mansedumbre y misericordia, transformando el sufrimiento en un regalo de amor para todos.

Uno de los ejes centrales del mensaje fue el contraste entre la figura de Cristo y el clima de violencia que lo rodeaba. Mientras “se prepara la guerra”, Jesús se mantiene firme como luz en medio de las tinieblas.

“Él, que permanece firme en la mansedumbre, mientras los demás se agitan en la violencia. Él, que se ofrece como una caricia para la humanidad, mientras los otros empuñan espadas y palos. Él, que es la luz del mundo, mientras las tinieblas están a punto de cubrir la tierra. Él, que vino a traer vida, mientras se lleva a cabo el plan para condenarlo a muerte.”

 “Como Rey de la paz, mientras cargaba con nuestros sufrimientos y era traspasado por nuestras culpas, Él «se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su boca» (Is 53,7). No se armó, no se defendió, no libró ninguna guerra.”

Dios no escucha a quienes manchan sus manos con sangre

El Papa insistió en que Dios no puede ser utilizado para justificar conflictos armados ni enfrentamientos. Con palabras contundentes, recordó que el Señor rechaza las plegarias de quienes tienen “las manos llenas de sangre”, en una clara advertencia contra cualquier intento de usar la religión como instrumento para la guerra.

“Un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento, que no escucha la oración de quienes hacen la guerra y la rechaza diciendo: «Por más que multipliquen las plegarias, yo no escucho: ¡las manos de ustedes están llenas de sangre!» (Is 1,15).”

 

Cristo sigue clamando desde la cruz

En la parte final de la homilía, León XIV conectó el sufrimiento de Cristo con las heridas del mundo actual. Señaló que en las llagas de Jesús se reflejan las víctimas de hoy: los enfermos, los pobres, los abandonados y, especialmente, quienes padecen la guerra y la opresión. “Cristo sigue clamando desde la cruz”, afirmó, pidiendo misericordia y exhortando a la humanidad a deponer las armas y recordar la fraternidad.

“En su último grito dirigido al Padre escuchamos el llanto de quienes están abatidos, de quienes carecen de esperanza, de quienes están enfermos, de quienes están solos. ... Escuchamos el gemido de dolor de cada uno de los que están oprimidos por la violencia y de cada víctima de la guerra. Cristo, Rey de la paz, sigue clamando desde su cruz: ¡Dios es amor! ¡Tengan piedad! ¡Depongan las armas, recuerden que son hermanos!”

miércoles, 25 de marzo de 2026

La estructura jerárquica de la Iglesia

 

León XIV: la jerarquía eclesiástica es una 'institución divina'

  • 25 de marzo, 2026
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
La estructura jerárquica de la Iglesia Católica no es obra del hombre, sino que proviene de Dios, subrayó el Papa reflexionando sobre la constitución dogmática Lumen Gentium.

El papa León XIV reflexionó hoy sobre la dimensión jerárquica de la Iglesia, y subrayó que, más que una organización funcional, una "institución divina".

"El Concilio enseña que la estructura jerárquica no es una construcción humana, funcional a la organización interna de la Iglesia como cuerpo social, sino una institución divina destinada a perpetuar la misión encomendada por Cristo", dijo León XIV durante la audiencia general de este miércoles, que tuvo lugar en la Plaza de San Pedro.

La catequesis se centró en el capítulo III de la constitución dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, dedicado a la estructura jerárquica de la Iglesia.

La Iglesia Católica encuentra su fundamento en los apóstoles, elegidos por Cristo como pilares vivos de su Cuerpo Místico, y posee una dimensión jerárquica que opera al servicio de la unidad, la misión y la santificación de todos sus miembros.

El pontífice explicó que la misión apostólica se transmite a través de los siglos para asegurar la continuidad de las enseñanzas de Jesús y la guía del pueblo de Dios.

"Dado que los Apóstoles están llamados a custodiar fielmente la enseñanza salvífica del Maestro, transmiten su ministerio a hombres que, hasta el regreso de Cristo, continúan santificando, guiando e instruyendo a la Iglesia", indicó.

La intervención aclaró aún más la distinción teológica entre las diferentes formas de participación en el sacerdocio de Cristo, y rechazó la idea de que la jerarquía sea un elemento añadido posteriormente a la esencia de la Iglesia.

"El documento se centra, en cambio, en el sacerdocio ministerial o jerárquico, que difiere esencialmente, y no solo en grado, del sacerdocio común de los fieles".

Aunque todos los cristianos bautizados participan del único sacerdocio de Cristo, dijo el Papa, aquellos hombres a quienes se les ha confiado el sacerdocio ministerial fueron investidos de sacra potestas, o "poder sagrado", para el servicio de la Iglesia.

Obispos, sacerdotes y diáconos tienen cada uno una tarea -munera en latín- para servir al Pueblo de Dios de una manera única, de modo que todos puedan alcanzar la salvación.

El papa León XIV afirmó que la jerarquía de la Iglesia es, a la vez, una realidad interna y una expresión externa de la misión apostólica de servicio.

"Por lo tanto, podemos comprender -dijo- por qué san Pablo VI presentó la jerarquía como una realidad 'nacida de la caridad de Cristo, para cumplir, difundir y asegurar la transmisión íntegra y fructífera de la riqueza de la fe, los ejemplos, los preceptos y los carismas legados por Cristo a su Iglesia'".

El Santo Padre concluyó con una oración para que Dios "envíe a su Iglesia ministros fervientes de la caridad evangélica, dedicados al bien de todos los bautizados, y misioneros valientes en todas partes del mundo".+

domingo, 22 de marzo de 2026

Que se renueve cada día la experiencia luminosa del encuentro con su Hijo resucitado

 

El Papa en el Ángelus: Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior

Este 22 de marzo, V Domingo de Cuaresma, y a pocos días de iniciar la Semana Santa, el Pontífice invitó en su reflexión previa a la oración del Ángelus a encomendarnos a la Virgen María para que nos ayude a vivir estos días santos: “con su fe, con su confianza, con su fidelidad, para que también en nosotros se renueve cada día la experiencia luminosa del encuentro con su Hijo resucitado”.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“El relato de la resurrección de Lázaro nos invita, a ponernos a la escucha de esa profunda necesidad y, con la fuerza del Espíritu Santo, liberar nuestros corazones de hábitos, condicionamientos y formas de pensar que, como grandes piedras, nos encierran en los sepulcros del egoísmo, el materialismo, la violencia y la superficialidad”, lo dijo el Papa León XIV en su alocución previa a la oración mariana del Ángelus de este domingo 22 de marzo, ante los miles de fieles y peregrinos que se dieron cita en la Plaza de san Pedro.

Un signo de la victoria de Cristo sobre la muerte

Al comentar el Evangelio de este V Domingo de Cuaresma, el Santo Padre señaló que, en la liturgia se proclama el Evangelio de la Resurrección de Lázaro (cf. Jn 11,1-45). Y dijo que, en el itinerario cuaresmal, este es un signo que habla de la victoria de Cristo sobre la muerte y del don de la vida eterna que recibimos en el Bautismo.

“Hoy, Jesús nos dice también a nosotros, al igual que a Marta, la hermana de Lázaro: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn 11,25-26)”.

Abrirnos al don de la gracia durante la Semana Santa

En este sentido, el Pontífice indicó que, la liturgia nos invita a revivir, a la luz de la inminente celebración de la Semana Santa, los acontecimientos de la Pasión del Señor —la entrada en Jerusalén, la última cena, el juicio, la crucifixión, el entierro— para percibir su sentido más auténtico y abrirnos al don de la gracia que contienen.

“De hecho, es en Cristo Resucitado, que vence a la muerte y que vive en nosotros por la gracia del Bautismo, en quien estos acontecimientos encuentran su culmen, para nuestra salvación y plenitud de vida”.

Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior

Y dirigiendo su mirada a nuestro tiempo, el Papa dijo que la gracia de Cristo ilumina este mundo, que parece estar en una búsqueda constante de novedades y cambios, incluso a expensas de sacrificar cosas importantes —tiempo, energías, valores, afectos— como si la fama, los bienes materiales, el entretenimiento o las relaciones pasajeras pudieran satisfacer nuestro corazón o hacernos inmortales.

“Es el síntoma de una necesidad de infinito que cada uno de nosotros lleva dentro, pero cuya respuesta no puede depositarse en lo efímero. Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior, porque estamos hechos para Dios, y no encontramos paz hasta que descansamos en Él (cf. Las Confesiones, I,1.1)”.

Liberar nuestros corazones del egoísmo

Es en este contexto, precisó el Santo Padre que, el relato de la resurrección de Lázaro nos invita, a ponernos a la escucha de esa profunda necesidad y, con la fuerza del Espíritu Santo, liberar nuestros corazones de hábitos, condicionamientos y formas de pensar que, como grandes piedras, nos encierran en los sepulcros del egoísmo, el materialismo, la violencia y la superficialidad.

“En estos lugares no hay vida, sino sólo desorientación, insatisfacción y soledad”.

Jesús también a nosotros nos grita: «¡Ven afuera!» (Jn 11,43)

Antes de invocar la materna intercesión de la Virgen María para que nos ayude a vivir la Semana Santa “con su fe, con su confianza, con su fidelidad, para que también en nosotros se renueve cada día la experiencia luminosa del encuentro con su Hijo resucitado”, el Papa León XIV dijo que, Jesús nos invita a amar sin límites.

“Jesús también a nosotros nos grita: «¡Ven afuera!» (Jn 11,43), animándonos a salir, renovados por su gracia, de esos espacios angostos, para caminar en la luz del amor, como mujeres y hombres nuevos, capaces de esperar y amar según el modelo de su caridad infinita, sin cálculos y sin límites”.