miércoles, 4 de noviembre de 2026

LO SOCIAL , ECONÓMICO Y POLÍTICO DESDE LA VISIÓN CRISTIANA.

 

Papa León XIV: La dimensión social, económica y política desde la visión cristiana

El Papa León XIV dedicó la catequesis de este 4 de noviembre a la dimensión social y el desarrollo económico, como parte fundamental e inalienable de la naturaleza humana y la fe cristiana, ante miles de fieles congregados en la Plaza de San Pedro.

Ariana Pernía Paolini – Ciudad del Vaticano

Frente a más de 15 mil feligreses presentes en la Plaza de San Pedro, este 4 de noviembre, el Santo Padre dirigió la Audiencia General, centrada, en esta ocasión,  en una reflexión basada en los capítulos III y IV de la segunda parte de la Constitución Apostólica Gaudium et spes -GS-, enfocados en la vida económica, social y en la comunidad política; tres campos de estudio que, a partir de la fe cristiana, pueden ser discernidos.

Como parte fundamental e íntimamente ligada a la naturaleza humana y a la fe cristiana, fue descrita por el Papa León XIV la dimensión social, la cual consideró como «valiosa herencia que recibimos de la encarnación del Hijo de Dios»; por ello, recordó que la Constitución dedica parte de sus textos «a la vida económica y social y a la de la comunidad política».

El trabajo: Fundamento del desarrollo económico

«Los Padres conciliares evidencian sobre todo el peligro para la paz mundial que deriva de los desequilibrios vinculados a un desarrollo económico que no es equitativo y que no respeta la creación», expresó el Pontífice al hacer referencia a la vida económica, por tanto, advirtió que el desarrollo técnico no es suficiente para «corregir la ruta», sino que, «“son necesarias muchas reformas en la vida económico-social y un cambio de mentalidad y de costumbres en todos”».

Bajo este contexto, el Santo Padre hizo énfasis en el valor del trabajo, un derecho fundamental y núcleo de la economía:

«El corazón de la economía es el trabajo. A través de él, el hombre se desarrolla como persona, satisface las necesidades de su familia, expresa su propio talento, participa en la vida social y construye un mundo mejor colaborando en la obra creadora de Dios. El trabajo nunca puede ser tergiversado en detrimento de las personas, del bien común o de la creación».

Es así, que León XIV reconoció que el «verdadero desafío» de todas la naciones está en «ofrecer a todos oportunidades para poner en práctica sus capacidades: no son aceptables la desocupación, la explotación y las condiciones de trabajo que ponen en peligro la salud y la propia vida»; por lo tanto, admitió que es menester que los trabajadores sean partícipes de «las decisiones que afectan a su actividad [...] afrontando los conflictos con diálogo y acciones no violentas».

El destino universal de los bienes de la tierra

Así mismo, el Papa destacó que la visión cristiana del desarrollo económico, presentada por el Concilio, «debe estar siempre al servicio del hombre y bajo el control del hombre», con el objetivo de crear un compromiso social que permita «eliminar las discriminaciones contra los grupos sociales más débiles y contra los migrantes».

Por tal motivo, el Santo Padre retomó de la Constitución «uno de los principios fundamentales del magisterio social [...] el destino universal de los bienes de la tierra», que, aplicado al campo financiero, expone que «los responsables de las inversiones y de la organización de la vida económica, tanto los particulares como los grupos o las autoridades públicas, deben […] vigilar, por una parte, a fin de que se provea de lo necesario para una vida decente tanto a los individuos como a toda la comunidad, y, por otra parte, de prever el futuro y establecer un justo equilibrio entre las necesidades actuales del consumo individual y colectivo y las exigencias de inversión para la generación futura».

La comunidad política

En este marco, el Sucesor de Pedro reconoció que existen «distintas señales positivas de la época contemporánea», como, de acuerdo a la Constitución Apostólica, «el hecho de que “la conciencia más viva de la dignidad humana ha hecho que en diversas regiones del mundo surja el propósito de establecer un orden político-jurídico que proteja mejor en la vida pública los derechos de la persona”».

Por lo tanto, el Papa reiteró que la comunidad política existe con el objetivo esencial de abogar e impulsar el bien común:

«Siempre hacia el bien común debe mirar el ejercicio de la autoridad política, que se estructura y obra según las circunstancias locales e históricas, pero siempre teniendo presente el bien de toda la familia humana».

Ante esta premisa, el Santo Padre prosiguió con una distinción particular del tema, descrita en Gaudium et spes: «la comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno. Ambas, sin embargo, aunque por diverso título, están al servicio de la vocación personal y social del hombre. Este servicio lo realizarán con tanta mayor eficacia, para bien de todos, cuanto más sana y mejor sea la cooperación entre ellas».

Comprometerse para construir la paz

Finalmente, el Papa León XIV exhortó a los fieles a «comprometerse en la economía y en la política», bajo los cristerios expresados en su reflexión, con el propósito de construir la paz, y animó a los jóvenes a seguir el ejemplo de «de aquellos hombres y de aquellas mujeres que en estos ámbitos dieron buen testimonio».

«Como recordaba el Papa Francisco, “la guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal”. (Carta enc. Fratelli tutti, 261)».

RECEMOS POR EL VIAJE APOSTÓLICO DEL PAPA LEÓN 14 A URUGUAY, ARGENTINA Y PERÚ

 

Acompañen con oraciones la misión en Sudamérica, esos países que tanto quiero

En sus saludos durante la audiencia general, el Papa León XIV confía en las oraciones de los fieles para que el viaje apostólico a Uruguay, Argentina y Perú «fortalezca la fe, renueve la esperanza, reavive el fuego de la caridad y sea un impulso para seguir anunciando el Evangelio con alegría».

Vatican News

A dos días del inicio de su sexto viaje apostólico, que lo llevará a Uruguay, Argentina y Perú, del 6 al 17 de noviembre, el Papa León XIV, en su saludo en español durante la audiencia general de esta mañana, se encomienda a las oraciones del pueblo de Dios, para que «este viaje fortalezca la fe, renueve la esperanza, reavive el fuego de la caridad y sea un impulso para seguir anunciando el Evangelio con alegría». También al dirigirse a los fieles en italiano, el Papa hace referencia a la partida del viernes hacia la primera etapa en Montevideo, capital de Uruguay.

«Les pido que me acompañen con sus oraciones, para que el Señor bendiga esta misión en esos países que tanto quiero».

domingo, 1 de noviembre de 2026

LA SANTIDAD

 

El Papa: la santidad no es un privilegio para unos pocos

En su reflexión del Ángelus en la Solemnidad de Todos los Santos, el Papa León XIV destacó la santidad como «una vocación universal» que nos compromete a «construir la paz».

Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano

«Celebramos a todos los santos: a aquellos que la Iglesia ha reconocido como tales y también a tantos que no lo han sido, pero que Dios conoce», expresó el Papa León XIV en su meditación previa al rezo del Ángelus de este domingo, 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos.

«La solemnidad de Todos los Santos, que hoy celebramos, nos invita a probar la alegría de esa innumerable familia de hombres y mujeres que, siguiendo al Señor Jesús, hicieron de su vida un don a Dios y al prójimo», dijo el Papa.

Meditando sobre la liturgia de la Palabra de este día, que describe esta fiesta como una «muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas» (Ap 7, 9), recordó que se celebra a los santos reconocidos por la Iglesia «y también a tantos que no lo han sido, pero que Dios conoce».

Las bienaventuranzas

«Como nos recuerda el Evangelio de hoy (Mt 5, 1-12), se trata de pobres de espíritu, pero ricos en el amor de Dios. Tienen rostros surcados por las lágrimas, pero consolados en la oración. Son mansos frente a la violencia y recompensados por el Padre; hambrientos de justicia y saciados en lo más profundo de su conciencia; dispuestos al perdón y abrazados por la misericordia; desarmados en el corazón, pero protegidos por Dios; constructores de paz, a quienes Dios llama por su nombre; perseguidos y ofendidos, pero fuertes en la fe y en la caridad», así los describió León XIV en su reflexión.

Ante la certeza de lo imposible que resultaría contar «la multitud de estos hermanos y hermanas» que alcanzaron la vida de santidad, el Pontífice reconoció que «la santidad, de hecho, no se puede reducir a ningún cálculo, porque así es el bien que todos los santos han difundido a su alrededor en el mundo».

Los santos, ¿qué hicieron?

«Al contemplarlos con admiración, nos preguntamos: estas personas, con la gracia de Dios, ¿qué hicieron? Esencialmente, gestos y decisiones de amor que superan los cálculos de la codicia y la prepotencia del mal, que a veces parece prevalecer», señaló el Papa.

Refiriéndose a los santos y santas, los definió como «el signo más hermoso y más fuerte del Reino de Dios que viene; es más —como enseña Jesús—, que ya está entre nosotros (cf. Lc 17, 20-21)».

Del mismo modo, consideró que «la santidad no es un privilegio para unos pocos, sino una vocación universal que nos interpela a cada uno de nosotros allí donde vivimos».

Dios ve el bien

El Papa reiteró que el mensaje de esperanza en la fiesta de Todos los Santos es que «Dios ve el bien que nosotros no vemos, conoce historias que nosotros no conocemos, llega a corazones a los que nosotros no tenemos acceso».

Antes de rezar el Ángelus desde el balcón del Palacio Apostólico, pidió a la Virgen María que «acompañe nuestros pasos en el camino de la santidad, para que no nos cansemos de construir la paz, tanto en los hechos más importantes como en los más sencillos de la vida cotidiana».

miércoles, 28 de octubre de 2026

LA FE Y LA CULTURA

 

El Papa: La fe es una realidad encarnada, entretejida con la cultura

En la Audiencia General de este miércoles, 28 de octubre, el Papa León XIV dedicó su catequesis al segundo capítulo de la segunda parte de la Constitución pastoral Gaudium et spes (GS), en el cual el Concilio afronta el tema de la cultura y de sus relaciones con la fe cristiana. El Pontífice señaló que, “alcanzar una síntesis madura y responsable entre la fe y la cultura es, en efecto, una condición necesaria para perseverar en la vocación cristiana”.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“La Constitución Gaudium et spes nos recomienda no vivir la fe con un espíritu de contraposición u hostilidad hacia el mundo, la cultura y sus expresiones humanas. Al contrario, nos exhorta con estas palabras: «Vivan los fieles en muy estrecha unión con los demás hombres de su tiempo y esfuércense por comprender su manera de pensar y de sentir, cuya expresión es la cultura» (GS, 62)”, lo dijo el Papa León XIV en la Audiencia General de este miércoles, 28 de octubre, continuando con su ciclo de catequesis dedicados a reflexionar sobre los documentos del Concilio Vaticano II.

Ante miles de fieles y peregrinos que se congregaron en la Plaza de San Pedro, el Santo Padre dedicó su catequesis al segundo capítulo de la segunda parte de la Constitución pastoral Gaudium et spes (GS), en el cual el Concilio Vaticano II afronta el tema de la cultura y de sus relaciones con la fe cristiana.

La cultura y sus relaciones con la fe cristiana

En este sentido, el Pontífice recordó que, la Iglesia católica siempre se ha preocupado por acompañar la predicación del Evangelio con la creación de escuelas de todo tipo, destinadas a promover la formación humana, cultural y espiritual de hombres y mujeres de los cinco continentes.

“Al mismo tiempo, el progreso de la cultura y de los conocimientos plantea interrogantes siempre nuevos y más profundos, que estimulan a los creyentes a dar razón de su fe (cf. 1 Pe 3,15-17). Por último, en cuanto expresiones de la dimensión espiritual del ser humano, las diversas manifestaciones de la cultura contribuyen a abrir las mentes a las preguntas permanentes sobre el sentido del mundo y de la existencia humana, preparando así el camino para acoger el Evangelio de Jesucristo”.

La fe está llamada a hacerse cultura

Por ello, el Obispo de Roma precisó que, la relación entre la fe y la cultura encuentra su fundamento principal en la Encarnación. Si la Palabra divina se hizo carne y habitó entre nosotros, afirmó el Papa, también la fe es una realidad encarnada, entretejida con la cultura en la que está inmersa.

“La fe está llamada, asimismo, a hacerse cultura, es decir, a llegar a la persona en su entorno vital, constituido por palabras humanas, tradiciones, sentido religioso, arte y poesía, pensamiento y ciencia. Como solía repetir san Juan Pablo II: «Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no enteramente pensada, no fielmente vivida»”.

La fe no se identifica con ninguna cultura

Asimismo, el Papa León indicó que, la fe puede encarnarse en cualquier cultura, porque no se identifica de manera específica con ninguna de ellas. Habita en ellas y las configura desde dentro según la «forma» de Jesucristo, es decir, mediante la caridad, el servicio y el reconocimiento filial de la paternidad de Dios.

“Así, la Iglesia descubre en las diversas culturas todo lo que hay en ellas de bueno, bello y verdadero, para encarnar y transmitir el mensaje del Evangelio. Al mismo tiempo, puesto que ha sido «enviada a todos los pueblos de cualquier tiempo y lugar, no está ligada de manera exclusiva e indisoluble a ninguna raza o nación, a ningún modo particular de vivir, a ninguna costumbre antigua o reciente. Fiel a su propia tradición y consciente, al mismo tiempo, de la universalidad de su misión, puede entrar en comunión con las diversas formas de cultura; comunión que enriquece tanto a la propia Iglesia como a las diferentes culturas»”.

Acceso a los bienes culturales fundamentales

Es por ello, que, la Iglesia promueve la cultura porque esta es un bien en sí misma y un servicio al ser humano y al cumplimiento de su vocación en la tierra. Por esta razón, subrayó el Pontífice, Gaudium et spes exhorta a la comunidad internacional a procurar que todos puedan acceder a los bienes culturales fundamentales, superando el analfabetismo y la falta de instrucción.

“Todos aquellos que tienen capacidad para acceder a los estudios superiores —afirma con valentía el Concilio— deben contar con las condiciones necesarias para poder hacerlo efectivamente. Además, es «deber de todos procurar que se reconozca y promueva la participación propia y necesaria de la mujer en la vida cultural» (GS, 60)”.

Los conocimientos humanos deben avanzar junto a la fe

Además, el Santo Padre recordó que, la Gaudium et spes sostiene la necesidad de orientar la enseñanza hacia cierta unidad del saber, aunque las condiciones de vida, al haber cambiado, puedan hacer más difícil esta tarea (cf. GS, 61).

“Los cristianos son los primeros que deben esforzarse por realizar esta unidad sapiencial, ante todo en sí mismos. Aunque hayan recibido de la Revelación las respuestas a las grandes preguntas de la existencia, esto no los dispensa de una paciente formación intelectual y cultural. Por el contrario, sus conocimientos humanos y científicos deben avanzar al mismo paso que los contenidos de su fe, que han de profundizar continuamente a medida que avanza su edad y según el nivel de sus estudios”.

La investigación teológica no debe prescindir de la cultura

En este sentido, el Papa recordó que, el Concilio dirige una exhortación particular a los teólogos: «Quienes se dedican a las ciencias teológicas [...] empéñense en colaborar con los hombres versados en las otras materias, poniendo en común sus energías y sus puntos de vista.

“La investigación teológica, mientras profundiza en la verdad revelada, sin perder contacto con su tiempo, a fin de facilitar a los hombres cultos en los diversos ramos del saber un más pleno conocimiento de la fe» (GS, 62)”.

Alcanzar una síntesis madura y responsable entre la fe y la cultura

Finalmente, el Papa León XIV señaló que, la Constitución Gaudium et spes nos recomienda no vivir la fe con un espíritu de contraposición u hostilidad hacia el mundo, la cultura y sus expresiones humanas.

“Alcanzar una síntesis madura y responsable entre la fe y la cultura es, en efecto, una condición necesaria para perseverar en la vocación cristiana, pero también un requisito indispensable para dar testimonio de la fe ante el mundo y comunicarla a los demás de manera creíble”.

domingo, 25 de octubre de 2026

Amar a Dios y amar al prójimo

 

El Papa: Amamos a Dios al amar a nuestros hermanos

Amar a Dios y amar al prójimo, no como una imposición, sino como un deseo que nace de la comunión con Cristo; fue el mensaje prominente que dirigió el Papa León XIV a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro, antes de recitar el Ángelus este domingo 25 de octubre.

Ariana Pernía Paolini – Ciudad del Vaticano

El primer precepto de la Iglesia no se trata de un mandato superfluo, sino de una auténtica necesidad de responder al amor que Dios entrega a sus hijos, fue la reflexión que el Santo Padre dedicó esta mañana a los feligreses congregados en la Plaza de San Pedro, previo al inicio de la oración mariana del Ángelus.

La exhortación del Papa León partió del Evangelio según San Mateo, en él, detalló el Pontífice, «un doctor de la Ley, para poner a prueba a Jesús, le pregunta: “¿Cuál es el mandamiento más grande de la Ley?” (v. 36). El Maestro responde citando un pasaje del Deuteronomio: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”».

En consecuencia, rememoró el Sucesor de Pedro, «Cristo indica como elemento central de la relación con Dios la dimensión del amor. No es suficiente saber que Dios existe, que es único o que es omnipotente; el Señor nos pide una relación personal: el único y verdadero Dios quiere ser nuestro Dios».

«En el encuentro con Él, el mandamiento del amor no es una obligación ni una imposición. No se puede amar “por mandato”. El amor a Dios es la exigencia propia del deseo del hombre, que halla su cumplimiento en la comunión con Él»

 

Segundo mandamiento: Una regla que surge de la misma fuente

A partir de esta premisa, el Romano Pontífice continuó su meditación al compartir a los presentes que el primer mandamiento no se halla aislado, sino que «El Señor une un segundo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”»; por lo tanto, resulta en una regla sagrada que, según León XIV, proviene de «la misma fuente».

«Por eso, dice Jesús, es semejante a la primera. De la relación íntima con Dios somos capaces de mirarnos a nosotros mismos y al prójimo con la misma mirada de Cristo».

Es así, que el Santo Padre manifestó que poner al poner en práctica ambos mandamientos «se vence el egoísmo y también el amor por uno mismo se hace caridad; nuestra existencia se dirige hacia el otro y se hace don para quien está a nuestro lado».

Sin amor, la esperanza es vana

Antes de finalizar su discurso, el Papa León retomó las palabras de Santa Teresa del Niño Jesús, quien, consideró él, comprendió la trascendencia de las dos reglas divinas que encabezan los mandamientos de la Iglesia, al afirmar que «solo el amor puede hacer actuar a los miembros de la Iglesia; si este amor llegara a apagarse, ya no se anunciaría más el Evangelio».

Por tal motivo, el Vicario de Cristo afirmó con vehemencia a los fieles que, «sin él -amor-, en efecto, nuestra fe se vería privada de su contenido, nuestras buenas obras se reducirían a moralismo, nuestra esperanza sería vana».

Tras animar a la Iglesia a amar, el Santo Padre pidió a Dios la gracia «de un corazón nuevo, capaz de acoger y de vivir el gran mandamiento. Que interceda por nosotros la Virgen María, en cuyo corazón inmaculado no hay más que amor».

«Queridos amigos, no podemos amar verdaderamente a Dios sin que ese amor se desborde hacia los hermanos y las hermanas. Y no podemos amar realmente a nuestro prójimo sino como hijos de un mismo Padre que nos amó primero en su Hijo Jesús».

 

jueves, 22 de octubre de 2026

El Papa: El matrimonio (21/10/2026)

 

El Papa: El matrimonio, donación que exige plena fidelidad y unidad indisoluble

Este miércoles, 21 de octubre, el Papa León XIV dirigió la Audiencia General en la plaza de san Pedro y continuó con su ciclo de catequesis dedicados a reflexionar sobre los documentos del Concilio Vaticano II. Al retomar su reflexión sobre la Constitución pastoral Gaudium et spes, el Pontífice se centró en la familia y el matrimonio.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“La enseñanza de la Gaudium et spes sobre la comunidad conyugal y familiar llega así a subrayar la función social de la familia, que define como «escuela del más rico humanismo» y «fundamento de la sociedad»”, lo dijo el Papa León XIV en la Audiencia General de este miércoles, 21 de octubre, al continuar con su ciclo de catequesis dedicados a reflexionar sobre los documentos del Concilio Vaticano II.

Renovemos nuestra confianza en la misericordia de Dios

Tras cuatro días de haber salido de alta del Policlínico A. Gemelli de Roma, donde fue sometido el martes 13 de octubre a la extirpación del lóbulo inferior del pulmón derecho, debido a un adenocarcinoma, el Papa León XIV retomó su reflexión sobre la Constitución pastoral Gaudium et spes (GS) y lo hizo agradeciendo a todas las personas que en estos días han rezado por su recuperación.

“Lo primero que quiero decirles es ¡gracias! Gracias por el apoyo de sus oraciones. Demos gracias a Dios por su generosidad. Renovemos todos nuestra confianza en la bondad y la misericordia de Dios”.

Algunos problemas contemporáneos más urgentes

Después de haber explicado, en la primera parte, la dignidad de la persona y su vocación en el mundo, el Pontífice se centró en la segunda parte del documento en la que aborda, «a la luz del Evangelio y de la experiencia humana», algunos de los problemas contemporáneos más urgentes, entre ellos la familia y el matrimonio.

“En primer lugar, la atención se centra en el matrimonio y la familia, con la convicción de que «el bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar» (GS, 47)”.

El matrimonio como «íntima comunidad conyugal de vida y amor»

Con este fin, la constitución no se limita simplemente a reiterar los valores y los fines del matrimonio, afirmó el Santo Padre, sino que plantea una concepción renovada del mismo como «íntima comunidad conyugal de vida y amor» (GS, 48). Integrando la dimensión jurídica del matrimonio como contrato, se reconoce el fundamento de esta unión en el «pacto conyugal», entendido como el «acto humano por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente».

“La donación recíproca del hombre y de la mujer, «de modo que ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19,6), motiva la exigencia de la «plena fidelidad» y de la «indisoluble unidad» de los cónyuges; y encuentra una expresión viva en la procreación y en la educación de los hijos (cfr. GS, 48). Reflejo de la Trinidad divina, el amor conyugal y parental, a través del Sacramento del matrimonio, «se rige y enriquece por la virtud redentora de Cristo», para que los cónyuges puedan amarse el uno a la otra «como Él mismo amó a la Iglesia y se entregó por ella» (ibid.)”.

El amor conyugal y la fecundidad matrimonial

Asimismo, el Obispo de Roma dijo que, después de haber iluminado la realidad del matrimonio con la luz del amor de Cristo, que es la verdad del amor humano y divino, la Gaudium et spes dirige la atención al amor conyugal y la fecundidad matrimonial.

“El amor conyugal no se limita al atractivo erótico —que también forma parte de él—, sino que abarca toda la voluntad de los esposos, reavivando su afecto y expresándose mediante sentimientos y gestos de ternura (cfr GS, 49). Este amor abarca el bien de toda la persona del hombre y de la mujer, iguales en dignidad; impregna toda la vida de los cónyuges y encuentra expresión en los actos exclusivamente propios del matrimonio (cfr ibid.). La especial intimidad de los esposos significa el amor integral de persona a persona, favorece el don recíproco y enriquece su mutua alegría”.

La fecundidad del amor se expresa en la procreación de los hijos

Asimismo, el Papa León indicó que, la fecundidad del amor conyugal, además, se expresa en la procreación de los hijos, «el don más excelente del matrimonio» (GS, 50). Transmitiendo y educando la vida humana, que nunca debe ser descartada, los esposos se convierten en «cooperadores del amor de Dios Creador y como sus intérpretes» (ibid.).

“Llamados a esta responsabilidad humana y cristiana, deben regirse por un juicio recto por lo que se refiere a su propio bien y al de sus hijos, ya nacidos o todavía por venir. Este juicio que, en último término, los esposos deben formar personalmente ante Dios, exige que su conciencia se ajuste a la ley divina, interpretada por el Magisterio de la Iglesia a la luz del Evangelio”.

Tutelar la vida desde su concepción

El Papa también dijo que, la valorización de la comunión amorosa y de la fecundidad procreativa en el matrimonio lleva al Concilio a excluir que pueda haber «contradicción verdadera entre las leyes divinas de la transmisión obligatoria de la vida y del fomento del genuino amor conyugal (GS, 51); y a afirmar, en cambio, que «cuando se trata de conjugar el amor conyugal con la responsable transmisión de la vida» se debe mantener en un contexto de verdadero amor «el sentido de la mutua entrega y de la humana procreación».

“De ello se sigue que «la vida desde su concepción ha de ser salvaguardada con el máximo cuidado», rechazando «el aborto y el infanticidio»; y que «los mismos actos propios de la vida conyugal, ordenados según la genuina dignidad humana, deben ser respetados con gran reverencia»”.

Este compromiso es más urgente que nunca

Antes de concluir su catequesis, el Papa León XIV señaló que, este compromiso es más urgente que nunca. La Iglesia lo sabe bien, como demuestra la solicitud pastoral de los Papas que se han sucedido después del último Concilio, hasta la doble Asamblea sinodal querida por el Papa Francisco, sobre la que han tratado, los pasados días, los Jefes de las Iglesias Orientales Católicas y los Presidentes de las Conferencias Episcopales.

“Que la Sagrada Familia de Nazaret nos ilumine en el camino y proteja a las familias de todo el mundo”.

domingo, 18 de octubre de 2026

León XIV exhortó a «vivir sin concesiones»

 

El Papa: Vivamos libres de malas ambiciones e intereses injustos

En el Ángelus pronunciado desde el Palacio Apostólico, tras haber salido ayer del hospital Gemelli, León XIV exhortó a «vivir sin concesiones», «anteponiendo ante todo el Reino de Dios y su justicia». En la Plaza de San Pedro, los numerosos aplausos de los fieles manifiestaron el gran cariño y cercanía al Papa.

Vatican News

Devolver «al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» significa «ser sinceros, sin temor ni hipocresía, libres para el bien». Fue la afirmación del Papa en el Ángelus de este domingo 18 de octubre, desarrollando su catequesis a partir del Evangelio de Mateo proclamado por la liturgia de hoy.


Jesús desenmascara la hipocresía

El Evangelio de Mateo —recordó el Papa— «nos presenta una de las enseñanzas más famosas de Jesús: “Devuelvan al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”».  

Por eso es importante situarla en el contexto en el que fue pronunciada originalmente. El evangelista describe «una situación hostil hacia Jesús»: los fariseos se pusieron de acuerdo para ver cómo Jesús caía en una trampa con alguna de sus afirmaciones y deciden enviar a algunas personas a interrogarlo sobre un tema polémico, si es lícito o no pagar el tributo al César.

Dios no le teme a la historia sino que viene a vivir en ella

“La respuesta del Maestro es astuta —señaló el Pontífice— porque lo mantiene fuera de la trampa y desenmascara la hipocresía de quienes quieren hacerlo caer”. Jesús les pide la moneda del tributo, un denario. Ellos se la dan, y el Señor pregunta: «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?». Le responden: «Del César». Entonces afirma: «¡Devuelvan al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios!»

En Jesús contemplamos a un Dios que no teme a la historia, sino que, por el contrario, viene a vivir en ella. Su Reino no elimina los cargos ni las responsabilidades humanas. Sin embargo, nos pide que vivamos sin concesiones, libres de malas ambiciones e intereses injustos, anteponiendo ante todo el Reino de Dios y su justicia.

Libres para el bien

En este sentido - evidenció León XIV - llama la atención el elogio que esas mismas personas le dirigen a Jesús, aunque movidas por malas intenciones: «Maestro, sabemos que eres sincero, que enseñas con fidelidad el camino de Dios y no te dejas influir por nadie, porque no te fijas en la apariencia de la gente».

Queridos hermanos, este es precisamente el perfil de quien “devuelve al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”: ser sinceros, sin temor ni hipocresía, libres para hacer el bien. Oremos al Señor para que nos ayude a ser así. Y confiémonos a la intercesión de la Virgen María.