miércoles, 13 de mayo de 2026

María modelo de la Iglesia

 

El Papa en la catequesis: “María, modelo de la Iglesia, la mujer icono del Misterio”

Tras haber dedicado su última catequesis a “La Iglesia peregrina en la historia hacia la patria celestial”, este miércoles, 13 de mayo, memoria de la beata Virgen María de Fátima, el Santo Padre reflexionó sobre el capítulo VIII de la Constitución dogmática Lumen Gentium, dedicado a “La Virgen María, modelo de la Iglesia”. El Papa: “Pidamos a la Virgen que nos conceda este don: que crezca en todos nosotros el amor por la Santa Madre Iglesia”.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Las reflexiones sobre la Virgen María recogidas en la Lumen gentium, nos enseñan a amar a la Iglesia y a servir en ella al cumplimiento del Reino de Dios que está por venir y que se realizará plenamente en la gloria”, lo dijo el Papa León XIV en la Audiencia General de este miércoles, 13 de mayo, continuando con su ciclo de catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II, en esta ocasión reflexionando sobre el capítulo VIII de la Constitución dogmática Lumen Gentium, dedicado a la Virgen María, modelo de la Iglesia.

María modelo, miembro y madre de la comunidad eclesial

Al iniciar su catequesis, el Pontífice señaló que, el Concilio Vaticano II quiso dedicar el último capítulo de la Lumen gentium a la Virgen María (Cfr. 52-69). En el numeral 53 se dice de Ella: «proclamada como miembro excelentísimo y enteramente singular de la Iglesia y como tipo y ejemplar acabadísimo de la misma en la fe y en la caridad».

“Estas palabras nos invitan a comprender cómo en María, que bajo la acción del Espíritu Santo ha acogido y generado al Hijo de Dios hecho carne, se puedan reconocer tanto el modelo, como el miembro excelente y la madre de toda la comunidad eclesial”

María es el modelo perfecto de lo que la Iglesia está llamada a ser

En este sentido, el Papa dijo que, María al dejarse moldear por la obra de la Gracia, y al acoger el don del Altísimo con su fe y su amor virginal, es el modelo perfecto de lo que toda la Iglesia está llamada a ser: criatura de la Palabra del Señor y madre de los hijos de Dios, generados en la docilidad a la acción del Espíritu Santo.

“Además, es la creyente por antonomasia, donde se nos ofrece la forma perfecta de la apertura incondicional al misterio divino en la comunión del pueblo santo de Dios, María es miembro excelente de la comunidad eclesial. En cuanto que, finalmente, genera hijos en el Hijo, amados en el eterno Amado venido entre nosotros, María es madre de toda la Iglesia, que a Ella puede dirigirse con filial confianza, en la certeza de ser escuchada, custodiada y amada”.

María la mujer icono del Misterio

Por ello, el Obispo de Roma indicó que, se podría expresar el conjunto de estas características de la Virgen María hablando de Ella como de la mujer icono del Misterio.

“Con el término mujer se evidencia la concreción histórica de esta joven hija de Israel, a quien se le ha dado la extraordinaria experiencia de convertirse en madre del Mesías. Con la expresión icono se subraya que en Ella se cumple el doble movimiento de descenso y ascenso: en Ella resplandecen tanto la elección gratuita por parte de Dios, como el libre consentimiento de la fe en Él”.

María es por tanto la mujer icono del Misterio, es decir del diseño divino de salvación, en una época oculto y revelado en plenitud en Jesucristo.

El lugar reservado a la Virgen María en la obra de la Redención

Por otro lado, el Papa León señaló que, el Concilio nos ha dejado una clara enseñanza sobre el lugar reservado a la Virgen María en la obra de la Redención (cfr Lumen gentium, 60-62).

“Ha recordado que el único Mediador de salvación es Jesucristo y que su Madre Santísima «no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder» (LG, 60). Al mismo tiempo, «la Santísima Virgen, predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios juntamente con la encarnación del Verbo, […] cooperó en forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra madre en el orden de la gracia» (ibid., 61)”.

En la Virgen María se refleja el misterio de la Iglesia

De ahí que, en la Virgen María, afirmó el Santo Padre, se refleja también el misterio de la Iglesia: en Ella el pueblo de Dios encuentra representado su origen, su modelo y su patria.

“En la Madre del Señor la Iglesia contempla el propio misterio, no solo porque se reencuentra el modelo de la fe virginal, de la caridad materna y de la alianza esponsal, a la que está llamada, sino también y sobre todo porque reconoce en ella el propio arquetipo, la figura ideal de lo que está llamada a ser”.

María nos ayude a responder a cuanto se nos pide

Finalmente, el Papa León XIV invitó a dejarnos interpelar por tal modelo sublime que es María, Virgen y Madre, y pedirle a Ella que nos ayude con su intercesión a responder a cuanto se nos pide a través de su ejemplo. Para ello, propuso las siguientes preguntas:

“¿Vivo con fe humilde y activa mi pertenencia a la Iglesia? ¿Reconozco la comunidad de la alianza que Dios me ha donado para corresponder a su amor infinito? ¿Miro a María como modelo, miembro excelente y madre de la Iglesia, y le pido a Ella que me ayude a ser discípulo fiel de su Hijo?”.

Que crezca en todos nosotros el amor por la Iglesia

Antes de concluir su catequesis, el Pontífice invitó a invocar con humildad y confianza al Espíritu Santo, que descendió sobre María, para que nos done vivir plenamente estas realidades maravillosas.

“Y, después de haber profundizado en la Constitución Lumen gentium, pidamos a la Virgen que nos conceda este don: que crezca en todos nosotros el amor por la Santa Madre Iglesia”.

lunes, 11 de mayo de 2026

El amor de Dios no es idea humana 10/5/2026

 

Regina Caeli: el Papa recuerda que el amor de Dios no es idea humana, sino «vida divina»

Durante el rezo del Regina Caeli, el Papa reflexiona sobre el mandamiento del amor pronunciado por Jesús en la Última Cena y aclara que la vida cristiana no nace del esfuerzo por ganarse el amor de Dios, sino del reconocimiento de sabernos amados por Él: “es el amor de Jesús el que hace nacer el amor en nosotros”.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

En el VI domingo de Pascua, el Papa ha vuelto la mirada hacia la Última Cena de Jesús, precisamente a ese momento en el que transforma el pan y el vino en el signo vivo de su amor y dice: «si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos».

A partir de esta afirmación, el Pontífice advierte de no caer en una tergiversación entre el verdadero sentido de la relación entre el amor de Dios y la respuesta del creyente: “Esta afirmación nos libra de un malentendido, es decir, de la idea de que somos amados si guardamos los mandamientos: nuestra justicia sería entonces un condicionante para el amor de Dios”.

En cambio, el Papa explica que no debemos cumplir los mandamientos para ganarnos el amor de Dios, sino porque ya nos sabemos amados por Él: “Por el contrario, el amor de Dios es la condición para nuestra justicia. Miramos verdaderamente los mandamientos, según la voluntad de Dios, si reconocemos su amor por nosotros, tal como Cristo lo revela al mundo”.

Un amor sin “peros” ni “quizás”

El Papa insiste en que “las palabras de Jesús son una invitación a la relación, no un chantaje”. Por ello, el Señor nos manda amarnos unos a otros como Él nos ha amado: “es el amor de Jesús el que hace nacer el amor en nosotros. Cristo mismo es el criterio, la regla del amor verdadero; aquel que es fiel para siempre, puro e incondicional”, asegura el Papa.

Y añade que se trata de un amor que no conoce reservas ni condiciones: “aquel que no conoce el “pero” ni el “quizá”, que se entrega sin pretender poseer, y que da vida sin pedir nada a cambio”.

Cuando amamos a Dios, nos amamos unos a otros

Después, el Papa recuerda que, dado que “Dios nos ama primero, también nosotros podemos amar” y que “cuando amamos verdaderamente a Dios, nos amamos verdaderamente unos a otros”. Para explicarlo, añade una imagen sencilla y profunda: “sucede como con la vida, que solo quien la ha recibido puede vivir; del mismo modo, solo quien ha sido amado puede amar”.

Un camino de vida nacido del amor de Dios

El Santo Padre además subraya que los mandamientos del Señor no son una imposición externa, sino el camino hacia la salvación: “Los mandamientos del Señor son, por tanto, una forma de vida que nos sana de los amores falsos”. Y precisamente porque Dios ama al ser humano – continúa – el Señor no lo deja solo en las pruebas de la vida, sino que le promete el don del Paráclito, es decir, el Abogado defensor, el «Espíritu de la Verdad»: “Es un don que el mundo no puede recibir, mientras se obstine en el mal que oprime al pobre, excluye al débil y mata al inocente. Mientras que, quien corresponde al amor que Jesús tiene hacia todos, encuentra en el Espíritu Santo un aliado que nunca falla”.  

Para concluir, el Papa recuerda que el cristiano está llamado a ser testimonio constante del amor de Dios en todo momento y lugar: “Esta palabra no significa una idea de la mente humana, sino la realidad de la vida divina, por la cual todas las cosas han sido creadas de la nada y redimidas de la muerte”. 

viernes, 8 de mayo de 2026

Un lugar donde la fe y la caridad se sostienen mutuamente

 

León XIV en Pompeya: el amor realiza milagros

Durante su visita pastoral a Pompeya y Nápoles el 8 de mayo, día de la Virgen del Santo Rosario de Pompeya, el Pontífice se reunió con las personas acogidas en las obras de caridad del santuario de Pompeya. En su discurso pronunciado en la sala Trapani, el Santo Padre elogió el legado espiritual de San Bartolo Longo y exhortó a los fieles a convertirse en «hombres y mujeres de oración», capaces de dar testimonio del amor de Cristo al servicio de los más vulnerables.

Sebastián Sansón Ferrari - Ciudad del Vaticano

“Permítanse ser inspirados y movidos por la alegría que nace de las palabras de Jesús y de su ejemplo, y anúncienla a todos”. Con esta exhortación, el Papa León XIV abrió su visita al llamado “Templo de la Caridad” del Santuario de Pompeya el 8 de mayo, en el primer aniversario de su elección como Sucesor de Pedro.

El Santo Padre partió en helicóptero a las 8:00 de la mañana desde el Vaticano y aterrizó en Pompeya a las 8:52, dando inicio a una intensa jornada pastoral que lo llevará también a Nápoles antes de su regreso a Roma, previsto para las 19:30.

El primer encuentro de la visita tuvo lugar con quienes colaboran en las obras caritativas del Santuario, en un clima de cercanía y gratitud. Allí, el Pontífice agradeció la entrega de voluntarios y responsables, y expresó su alegría por iniciar este recorrido “siguiendo las huellas de San Bartolo Longo, a quien tuve la alegría de canonizar el pasado 19 de octubre”.

Un lugar donde la fe y la caridad se sostienen mutuamente

León XIV definió el Santuario como “un lugar de gracia”, donde la Virgen del Rosario y San Bartolo Longo reúnen a personas de toda condición “para conducirlas a la única fuente de ese amor universal que solo puede dar al mundo serenidad y armonía: para conducirlas a Dios”.

Recordó además cómo el santo llamaba a este valle “lugar del amor que calienta el corazón” y “triunfo de fe y caridad”, expresiones que, afirmó, siguen siendo plenamente visibles en la actualidad.

“En las obras caritativas del Santuario se experimenta cada día la fuerza de la Resurrección de Cristo que, en el amor, regenera los corazones para la vida buena del Evangelio”, subrayó el Pontífice. Añadió que el “Templo de la Caridad” y el “Templo de la Fe” se sostienen recíprocamente, haciendo posible una dinámica en la que la oración alimenta el servicio, la acogida y la generosidad

miércoles, 6 de mayo de 2026

Rechazar lo que mortifica la vida

 

León XIV: La Iglesia debe ser clara al rechazar lo que mortifica la vida, la guerra y la violencia

En su catequesis en la audiencia general, el Papa recordó que la Iglesia, no se anuncia a sí misma, sino el camino de salvación en Cristo, y no obstante las dinámicas visibles y concretas de la vida de los cristianos, no hay que minimizar que su dimensión esencial está orientada hacia la meta final, que es el Reino de Dios.

Alina Tufani Díaz- Ciudad del Vaticano

El Papa, en su catequesis de este miércoles en la Plaza de San Pedro, reiteró, como lo hicieron los Padres conciliares en la Lumen Gentium, que la Iglesia custodia la esperanza que ilumina el camino hacia la “meta final”el anuncio del Reino, de amor, de justicia y de paz, la patria celeste y, para ello, está llamada a una conversión y renovación constantes, acompañando al pueblo peregrino de Dios, denunciando el mal en todas sus formas y anunciando, con palabras y obras, la salvación que Cristo quiere realizar para toda la humanidad

El Reino de Dios es el horizonte final

Siguiendo su serie de catequesis dedicada a la Constitución del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia, León XIV se detiene en el capítulo VII para destacar su dimensión escatológica, para aclarar que, a pesar de ser un aspecto muchas veces descuidado o minimizado, la dimensión esencial del camino de la Iglesia en el plano terrenal está siempre orientado hacia la meta final, que es la patria celeste.

La Iglesia es el pueblo de Dios en camino en la historia; el fin de todo su obrar es el Reino de Dios. Jesús dio comienzo a la Iglesia precisamente anunciando este Reino de amor, de justicia y de paz. Por ello, estamos llamados a considerar la dimensión comunitaria y cósmica de la salvación en Cristo, y a dirigir la mirada a ese horizonte final, para medir y evaluar todo desde esa perspectiva.

“La Iglesia vive en la historia al servicio de la llegada del Reino de Dios al mundo”

Una promesa de plenitud de vida y paz

Una Iglesia al servicio de la llegada de Reino de Dios al mundo, explica el Pontífice, anuncia esa promesa y la anticipa en la celebración de los Sacramentos, especialmente, de la Eucaristía, que es lugar y medio donde la unión con Cristo se realiza “más estrechamente”, así como la salvación es donada por Dios en el Espíritu Santo. De allí, la afirmación de la Lumen Gentium: la Iglesia es “sacramento universal de salvación”, es decir, signo e instrumento, germen e inicio, de esa plenitud de vida y de paz prometida por Dios.

Por eso, los creyentes en Cristo caminan por esta historia terrena, marcada por la maduración del bien, pero también por injusticias y sufrimientos, sin caer en ilusiones ni en la desesperanza: viven orientados por la promesa recibida de «Aquel que hace nuevas todas las cosas»

La esperanza entre el “ya y el “aún no” de la promesa

En esta perspectiva, León XVI insiste en que la Iglesia realiza su misión entre el “ya” del inicio del Reino de Dios en Jesús, y el “aún no” del cumplimiento prometido y esperado, su mensaje de esperanza, su proximidad al sufrimiento humano

 La Iglesia custodia una esperanza que ilumina el camino, y tiene también la misión de pronunciar palabras claras para rechazar todo lo que mortifica la vida e impide su desarrollo, y para tomar posición a favor de los pobres, los explotados, las víctimas de la violencia y de la guerra y de todos los que sufren en el cuerpo y en el espíritu.

domingo, 3 de mayo de 2026

Si el cielo es fraternidad, nuestras relaciones deben reflejar esa realidad.

 

Papa León XIV en el Regina Caeli: en Dios existe un lugar reservado para cada persona

En el Regina Coeli, León XIV hace una meditación sobre el Evangelio de Juan (14,1-12), invitando a los fieles a redescubrir la promesa que Jesús pronunció en la Última Cena: “Voy a prepararles un lugar. El Santo Padre concluyó invitando a las comunidades cristianas a convertirse ya desde ahora en signo visible de esa casa del Padre. Si el cielo es acogida, nuestras parroquias y comunidades deben ser espacios abiertos. Si el cielo es fraternidad, nuestras relaciones deben reflejar esa realidad.

Patricia Ynestroza - Ciudad del Vaticano

El Papa León XIV en su alocución previa al rezo mariano del Regina Caeli, recordando el Evangelio de hoy, en el que se narra que Jesús, en la Última Cena dialogando con sus discípulos, les ofrece una promesa que atraviesa el dolor y abre el horizonte de la vida eterna: 

«Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes.» (Jn 14,3).

En Dios existe un lugar reservado para cada uno

Los apóstoles descubren que en Dios existe un lugar reservado para cada persona. Nadie está de más, nadie queda fuera. Desde el primer encuentro junto al río Jordán, algunos de ellos ya habían experimentado esa acogida cuando Jesús los invitó a quedarse con Él (cf. Jn 1,39). Ahora, afirmó el Papa, ante la muerte, Jesús vuelve a hablar de una casa, pero esta vez no es una vivienda sencilla: es la casa del Padre, inmensa, abierta, capaz de recibir a todos.

Jesús se presenta como aquel que prepara las habitaciones, como un servidor amoroso que deja todo listo para que cada hermano y hermana, al llegar, encuentre su lugar preparado y sienta que siempre fue esperado.

Lo más valioso al alcance de todos

Seguidamente el Pontífice recordó que en el mundo en que vivimos, todavía marcado por la lógica antigua, muchas veces lo que más atrae son los lugares exclusivos, los privilegios reservados a unos pocos, el deseo de pertenecer a un grupo selecto. Se valora el acceso restringido, lo que pocos pueden alcanzar. Pero en el mundo nuevo que Cristo resucitado inaugura, dijo, ocurre lo contrario: lo más valioso está al alcance de todos.

Y esto no lo vuelve menos atractivo. Al contrario, lo hace verdaderamente hermoso. Donde antes había competencia, nace la gratitud. Donde antes existía exclusión, aparece la acogida. Donde antes la abundancia generaba desigualdad, ahora se convierte en plenitud compartida. Y, sobre todo, nadie se pierde en el anonimato: cada persona es reconocida en su identidad única.

No se inquieten. Crean en Dios y en mí

La muerte amenaza con borrar nombres, historias y recuerdos. Pero en Dios, señaló el Papa, cada uno es finalmente él mismo. Allí nadie es confundido, ignorado ni olvidado. Ese es el lugar que el ser humano busca durante toda su vida, a veces incluso desesperadamente: un lugar donde ser visto, amado y reconocido. Por eso Jesús nos dice con firmeza:

 «No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí.» (Jn 14,1).

La fe, añadió León XIV, libera el corazón de la ansiedad por poseer, por sobresalir, por ganar prestigio para sentir que uno vale. En Dios, cada persona ya tiene un valor infinito. Esa es la verdadera realidad, aunque el mundo muchas veces nos haga creer lo contrario.

Una casa donde nadie se pierde

Y cuando los cristianos se aman como Jesús los amó, se transmiten mutuamente esa certeza: que nadie necesita demostrar su valor, porque ya lo tiene por el simple hecho de ser amado por Dios. Este es el mandamiento nuevo, dijo por último, que anticipa el cielo en la tierra y revela al mundo que la fraternidad y la paz no son un sueño ingenuo, sino nuestro destino. En el amor auténtico, incluso en medio de una multitud, cada uno descubre que es único.

Pidamos entonces a la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, que cada comunidad cristiana sea verdaderamente una casa abierta, rogó por último, que sea acogedora para todos y atenta a cada persona, donde nadie se sienta extraño y todos puedan experimentar la alegría de ser esperados.

miércoles, 29 de abril de 2026

León XIV relee su viaje apostólico al continente africano

 

El Papa en la catequesis: El viaje a África fue un mensaje de paz en tiempos de guerra

En la Audiencia General del 29 de abril, León XIV relee su viaje apostólico al continente africano como un itinerario espiritual que une raíces, pueblos y futuro, en un tiempo marcado por conflictos y desafíos globales.

Sebastián Sansón Ferrari - Ciudad del Vaticano

El Papa León XIV dedicó su catequesis de la Audiencia General de este miércoles 29 de abril a reflexionar sobre el reciente viaje apostólico que lo llevó del 13 al 23 de este mes a cuatro naciones africanas: Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. No se trató solo de una visita largamente deseada desde el inicio de su pontificado, sino de una auténtica peregrinación pastoral vivida -como él mismo subrayó- “como mensaje de paz” en un tiempo herido por guerras y por reiteradas violaciones del derecho internacional.

Al regresar a Roma, el Pontífice elevó su acción de gracias al Señor por haberle concedido “realizar este viaje como Pastor”, encontrando comunidades vivas y testigos de esperanza. Su reconocimiento se extendió también a los obispos, a las autoridades civiles y a todos aquellos que hicieron posible cada etapa del itinerario.

No es casual -observó- que la primera parada haya sido Argelia, tierra ligada a la figura de san Agustín. Allí, el Papa volvió a las raíces de su propia identidad espiritual -cabe recordar su presentación como “hijo de san Agustín” en la primera bendición Urbi et Orbi del 8 de mayo de 2025- y, al mismo tiempo, tendió tres puentes fundamentales: hacia la riqueza de los Padres de la Iglesia, hacia el mundo islámico y hacia el continente africano en su conjunto.

En suelo argelino, León XIV experimentó una acogida “no solo respetuosa, sino cordial”, que se convirtió en signo elocuente de convivencia posible entre creyentes de distintas religiones. “Hemos podido mostrar al mundo -dijo- que es posible vivir como hermanos y hermanas cuando nos reconocemos hijos del mismo Padre misericordioso”. Una experiencia que se entrelazó con la herencia espiritual de san Agustín, maestro universal en la búsqueda de Dios y de la verdad.

El viaje continuó en contextos de mayoría cristiana, donde el Papa se encontró inmerso en una verdadera “fiesta de la fe”. En Camerún, país marcado por tensiones y heridas abiertas, resonó con fuerza su llamamiento a la reconciliación y a la paz. La visita a Bamenda, en la región anglófona, fue un gesto concreto en esta dirección: una invitación a reconstruir la unidad desde el diálogo. Definido como “África en miniatura”, Camerún refleja -según el Pontífice- tanto la riqueza del continente como sus desafíos más urgentes: la necesidad de una distribución equitativa de las riquezas; de dar espacio a los jóvenes, superando la corrupción endémica; de promover el desarrollo integral y sostenible, oponiendo a las varias formas de neocolonialismo una cooperación internacional con visión de futuro".

“Doy las gracias a la Iglesia en Camerún y a todo el pueblo camerunés, que me ha acogido con tanto amor; y rezo para que el espíritu de unidad que se ha manifestado durante mi visita se mantenga vivo y guíe las acciones futuras.”

En Angola, el Papa contempló una Iglesia purificada en la prueba y comprometida con el Evangelio. La visita al santuario mariano de Mamã Muxima -“Madre del corazón”- se convirtió en un momento particularmente intenso: allí percibió “latir el corazón del pueblo angoleño”. Religiosos, catequistas, ancianos y jóvenes dieron testimonio de una fe viva que se expresa en la alegría, incluso en medio de las dificultades. "Esta esperanza -observó el Sucesor de Pedro- exige un compromiso concreto, y la Iglesia tiene la responsabilidad, con el testimonio y el anuncio valiente de la Palabra de Dios, de reconocer los derechos depodido a todos y de promover su respeto efectivo".

“He segurar a las autoridades civiles angoleñas, y también a las de los otros países, la voluntad de la Iglesia Católica de seguir ofreciendo esta contribución, especialmente en los campos sanitario y educativo.”

 La última etapa, Guinea Ecuatorial, coincidió con el 170º aniversario de la primera evangelización del país. Allí, León XIV fue testigo de una fe vibrante y profundamente encarnada en la historia del pueblo. Entre los momentos más conmovedores, evocó su visita a la cárcel de Bata

“Nunca había visto nada semejante. Y luego han rezado conmigo el Padre Nuestro, bajo una lluvia torrencial. ¡Un signo auténtico del Reino de Dios! Y, siempre bajo la lluvia, comenzó el gran encuentro con la juventud en el estadio de Bata. Una fiesta de alegría cristiana, con testimonios conmovedores de jóvenes que han encontrado en el Evangelio el camino para un crecimiento libre y responsable. Esta fiesta culminó con la celebración eucarística del día siguiente, que coronó dignamente la visita a Guinea Ecuatorial y todo el viaje apostólico.”

Al concluir su catequesis, León XIV destacó que la visita del Papa representa, para los pueblos africanos, una oportunidad para hacer oír su voz y manifestar la alegría de pertenecer al pueblo de Dios. Pero, al mismo tiempo, confesó haber recibido mucho más de lo que dio: “Una riqueza inestimable para mi corazón y mi ministerio”.

 

domingo, 26 de abril de 2026

El Papa a nuevos sacerdotes

 

El Papa a nuevos sacerdotes: Salgan y encuéntrense con la cultura, con la vida

Este 26 de abril, Domingo del Buen Pastor, con ocasión de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, el Santo Padre ha ordenado diez nuevos presbíteros para la diócesis de Roma. En su homilía el Papa alentó a los neo-presbíteros a ¡mantener la puerta abierta! “Dejen entrar y estén listos para salir. Es otro secreto para sus vidas: ustedes son un canal, no un filtro”.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Aquellos para quienes serán sacerdotes —fieles laicos y familias, jóvenes y ancianos, niños y enfermos— habitan praderas que ustedes deben conocer. A veces les parecerá que no tienen los mapas; pero los posee el Buen Pastor, del que tienen que escuchar su voz, tan familiar”, lo dijo el Papa León XIV en su homilía en la Santa Misa que presidió en la Basílica de San Pedro, este 26 de abril, Domingo del Buen Pastor y Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, en el cual ordenó a diez nuevos presbíteros para la diócesis de Roma.

¡Este es un domingo lleno de vida!

Al iniciar su homilía, el Santo Padre dijo que, en la disponibilidad de los jóvenes que la Iglesia hoy pide que sean ordenados presbíteros constatamos mucha generosidad y entusiasmo. Y que este es un domingo lleno de vida porque al reunirnos, tan numerosos y diferentes, en torno al único Maestro, advertimos una fuerza que nos renueva.

“Es el Espíritu Santo, que une personas y vocaciones en la libertad, de modo que ninguno viva más para sí mismo. El domingo —cada domingo— nos llama a salir del “sepulcro” del aislamiento y de la cerrazón para encontrarnos en el jardín de la comunión, del que el Resucitado es el guardián”.

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA

El sacerdocio es un ministerio de comunión

Y dirigiéndose a los candidatos al sacerdocio el Pontífice les reveló un primer secreto en la vida del sacerdote, es decir, “cuanto más profunda es su unión con Cristo, más radical es su pertenencia a la común humanidad”. Por ello, el servicio del sacerdote, al que la llamada de estos hermanos nos invita a reflexionar, es un ministerio de comunión.

“Este misterio vivo y dinámico compromete el corazón a un amor indisoluble; lo compromete y lo llena. Ciertamente, como el amor de los esposos, también el amor que inspira el celibato por el Reino de Dios debe cuidarse y renovarse siempre, porque todo afecto verdadero madura y se vuelve fecundo con el tiempo. Están llamados a un modo de amar específico, delicado y difícil y, aún más, a un modo de dejarse amar en la libertad. Un modo que podrá hacer de ustedes, no sólo buenos sacerdotes, sino también ciudadanos honestos, disponibles, constructores de paz y de amistad social”.