miércoles, 8 de abril de 2026

Practicar las virtudes imitando a Cristo.


León XIV: 'La santidad no es un privilegio de unos pocos'

  • 8 de abril, 2026
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
Continuando con su ciclo de catequesis sobre la constitución Lumen Gentium, el Papa aseguró que la santidad compromete a todo bautizado a practicar las virtudes imitando a Cristo.

"La santidad no es un privilegio para unos pocos, sino un don que compromete a todo bautizado a esforzarse por alcanzar la perfección de la caridad, es decir, la plenitud del amor hacia Dios y hacia el prójimo", expresó el papa León XIV durante su audiencia general semanal, celebrada en la Plaza de San Pedro, al continuar su serie de catequesis sobre el Concilio Vaticano II y sus documentos.

Esta semana, el Papa reflexionó acerca la constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium y recordó que el documento dedica un capítulo entero, el quinto, a la vocación universal a la santidad, insistiendo en que "cada uno de nosotros está llamado a vivir en la gracia de Dios, practicando las virtudes e imitando a Cristo".

Señaló que el nivel más alto de santidad, como en los primeros tiempos de la Iglesia, es el martirio, el "testimonio supremo de fe y caridad". Por esta razón, el texto conciliar enseña que todo creyente debe estar dispuesto a confesar a Cristo incluso hasta derramar su sangre, "como siempre ha sido así y sigue siéndolo hoy".

Esta disposición a dar testimonio, dijo el Papa, se manifiesta cada vez que los cristianos "dejan signos de fe y amor en la sociedad".

Fomentar una vida santa
El Papa León recordó que todos los sacramentos, y de manera especial la Eucaristía, "son alimento que fomenta una vida santa, asimilando a cada persona a Cristo, modelo y medida de santidad".

El Santo Padre afirmó que Jesús santifica a la Iglesia, y añadió: "Desde este punto de vista, la santidad es un don suyo que se manifiesta en nuestra vida cotidiana cada vez que lo recibimos con alegría y respondemos a él con compromiso".

Recordó que san Pablo VI, en su audiencia general del 20 de octubre de 1965, enseñó que la Iglesia, para ser auténtica, requiere que todos los bautizados sean "santos, es decir, verdaderamente dignos, fuertes y fieles hijos suyos".

Esto, señaló el Papa León, se realiza "como una transformación interior, mediante la cual la vida de cada persona se conforma a Cristo en virtud del Espíritu Santo".

Llamado a un cambio de vida importante
La Lumen gentium, explicó el pontífice, describe la santidad de la Iglesia católica como una de sus características constitutivas. "Esto, aclaró, no significa que ella lo sea en un sentido pleno y perfecto, sino que está llamada a confirmar este don divino durante su peregrinación hacia el destino eterno, caminando "en medio de las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios".

"La triste realidad del pecado en la Iglesia, es decir, en todos nosotros -dijo el Papa- invita a cada persona a emprender un cambio profundo de vida, encomendándonos al Señor, que nos renueva en la caridad" y añadió: "Es precisamente esta gracia infinita, que santifica a la Iglesia, la que nos encomienda una misión que debemos cumplir día tras día: la de nuestra conversión".

"Por lo tanto, la santidad no solo tiene un carácter práctico, como si pudiera reducirse a un compromiso ético, por grande que sea, sino que atañe a la esencia misma de la vida cristiana, tanto personal como comunitaria", añadió.

No son grilletes, sino regalos liberadores
En este sentido, el pontífice destacó de manera especial a aquellos hombres y mujeres que consagran sus vidas a Dios mediante los consejos evangélicos: pobreza, castidad y obediencia, que expresan "su plena confianza en la providencia divina". 

"Estas tres virtudes -insistió- no son reglas que coartan la libertad, sino dones liberadores del Espíritu Santo, mediante los cuales algunos fieles se consagran completamente a Dios".

Según explicó, "la pobreza expresa una confianza plena en la Providencia, liberando de cálculos y del interés propio; la obediencia toma como modelo la entrega que Cristo ofreció al Padre, liberando de sospechas y dominación; la castidad es el don de un corazón íntegro y puro en el amor, al servicio de Dios y de la Iglesia".

"Al conformarse a este estilo de vida", exclamó el Santo Padre con asombro, "las personas consagradas dan testimonio de la vocación universal de santidad de toda la Iglesia, en forma de discipulado radical".

Y así, dijo, "los consejos evangélicos manifiestan una plena participación en la vida de Cristo, hasta la Cruz: es precisamente por el sacrificio del Crucificado que todos somos redimidos y santificados".

Ninguna experiencia humana que Dios no redima
Al reflexionar sobre este acontecimiento, León XIV insistió: "No hay experiencia humana que Dios no redima: incluso el sufrimiento, vivido en unión con la pasión del Señor, se convierte en camino de santidad".

"Así pues la gracia que convierte y transforma la vida nos fortalece en cada prueba, señalándonos no hacia un ideal lejano, sino hacia el encuentro con Dios, que se hizo hombre por amor".

El Santo Padre concluyó implorando a la Santísima Virgen, la Madre del Verbo Encarnado, que siempre sostenga y proteja nuestro camino.+

El Papa celebra la noticia del alto el fuego en Oriente Medio

 

León XIV: El anuncio de una tregua inmediata es un signo de gran esperanza

El Papa celebra la noticia del alto el fuego en Oriente Medio y pide a todas las partes que entablen un diálogo prolongado para poner fin al conflicto.

Vatican News

Al término de su audiencia general del miércoles 8 de abril, el Papa León se refirió a las semanas de tensión que se han ido intensificando en Oriente Medio. A la luz del anuncio de un alto el fuego de dos semanas realizado en la tarde del 7 de abril, el Papa dijo que acogía la noticia «con satisfacción y como un signo de profunda esperanza».

Dirigiéndose a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, el Papa subrayó que «solo volviendo a la mesa de negociaciones podremos poner fin a la guerra». A continuación, instó a los allí reunidos a acompañar este momento de delicado trabajo diplomático con la oración, «con la esperanza de que la voluntad de entablar el diálogo se convierta en el medio para resolver otras situaciones de conflicto en todo el mundo».

Por último, el Papa recordó a los fieles que el 11 de abril se celebrará una Vigilia de Oración por la Paz en la Basílica de San Pedro, y que todos, tanto en persona como desde casa, están invitados a participar.

Irán, Estados Unidos e Israel anunciaron que habían alcanzado un acuerdo para un alto el fuego de dos semanas en la guerra que está asolando Oriente Medio. El martes por la noche, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se retractó de sus amenazas de destruir la «civilización» iraní.

En un comunicado publicado el miércoles por la mañana, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó que, aunque apoya la decisión de Trump de suspender los ataques contra Irán durante dos semanas, el alto el fuego no incluirá al Líbano, donde han muerto más de 1 500 personas.

domingo, 5 de abril de 2026

Jesús ha resucitado

 

León XIV: Jesús ha resucitado, demos vida a un mundo nuevo, de paz y unidad

En la basílica vaticana, el Papa preside la Misa de la Noche Santa e invita a no tener miedo de apartar las piedras que nos encierran en nuestros sepulcros y que parecen inamovibles: la desconfianza, el miedo, el egoísmo, el rencor, la guerra, la injusticia, el aislamiento entre pueblos y naciones. «¡No dejemos que nos paralicen!», es la exhortación del Pontífice, que imparte el Bautismo y la Confirmación a diez catecúmenos

Antonella Palermo - Ciudad del Vaticano

Es la «madre de todas las vigilias», llena de luz, la más antigua de la tradición cristiana. Es la noche que recuerda aquella piedra que rodó del sepulcro del que resucitó Jesús. Es la noche que libera, la noche que salva, que «disipa el odio, doblega la dureza de los poderosos, promueve la concordia y la paz», como reza el preconio. La luz se irradia progresivamente desde la oscuridad, en una basílica repleta de 6000 personas (4000 la siguen desde las pantallas de la plaza de San Pedro), la luz «que nos une en la Iglesia como lámparas para el mundo», dice el Papa en la homilía.

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA

En el pórtico de la basílica arde el fuego en el brasero; el Papa lo bendice para que se encienda en el corazón de los fieles el deseo de unirse a Cristo, vencedor del pecado y de la muerte. Una costumbre, ya presente en culturas precristianas, que se convierte en ocasión para alabar a Dios y alimentar la fraternidad y la alegría. Según lo previsto en el rito del «lucernario», León XIV graba en el cirio una cruz, la primera y la última letra del alfabeto griego, el Alfa y el Omega, y las cifras del año en curso. A continuación, clava en el cirio, en forma de cruz, cinco granos de incienso. Que la luz de Cristo resucitado en gloria disipe las tinieblas del corazón y del espíritu: es la invocación que se entrelaza, en lo más íntimo de los fieles, con los ecos de los conflictos y la violencia que abrasan el mundo. Junto al Pontífice, cardenales, obispos y sacerdotes se dirigen en silencio hacia el altar de la Confesión, cada uno con una vela en la mano; el templo cristiano se ilumina como de día al tercer aclamación, por parte del diácono, de Lumen Christi. Resuena en latín el largo pregón pascual, el Exultet, el himno de gloria que saluda el triunfo de Cristo resucitado. «¡O felix culpa, quae talem ac tantum meruit habere Redemptorem!»: también en este Sábado Santo resuena ese admirable paradoja, ese cortocircuito providencial de la historia que no ha dado a la muerte la última palabra.

El Señor no abandona

¿Hay una caridad más grande? ¿Una gratuidad más total? El Resucitado es el mismo Creador del universo que, como en los albores de la historia nos dio la existencia de la nada, así también en la cruz, para mostrarnos su amor sin límites, nos ha donado la vida.

En el canto del Gloria se celebra la fiesta del pueblo de Dios. Se encienden las lámparas a los pies del altar, adornado con cientos de flores de todas las variedades y con los colores pastel de la primavera. Es el honor, la solemnidad, el signo exterior de un renacimiento que la Iglesia celebra e implora para el mundo entero. En la homilía, el Papa recapitula los pasajes de la historia de la salvación destacados en la articulada Liturgia de la Palabra. Es la peculiaridad de la larga noche de Pascua cuando se recuerda la obra de la creación divina: del caos nace el cosmos, del desorden la armonía. A la humanidad se le confía la tarea de ser sus custodios. «Y aunque, con el pecado, el hombre no haya correspondido a ese proyecto, el Señor no lo ha abandonado, sino que le ha revelado de manera aún más sorprendente, en el perdón, su rostro misericordioso».

Dios no quiere nuestra muerte

Repasar los textos sagrados esta noche (siete lecturas del Antiguo Testamento con otros tantos salmos, la Carta de San Pablo a los Romanos, el Evangelio de Mateo, capítulo 28) significa recordar que Dios «no quiere nuestra muerte», sino que somos «miembros vivos de una descendencia de salvados». Un mensaje que emerge claro desde el primer libro de las Escrituras, en el que se encuentra todo el beneplácito de Dios por su creación; en la narración de la liberación de los israelitas de la esclavitud de Egipto, cuando el mar, «lugar de muerte y obstáculo insuperable», se convirtió en «la puerta de entrada para el comienzo de una vida nueva y libre», recuerda el Papa. Isaías, Baruc y Ezequiel hablan del Señor como un esposo que llama y reúne, una fuente que sacia, agua que fecunda, luz que muestra el camino de la paz, Espíritu que transforma y renueva el corazón. Entre los Salmos, resuena el contrapunto sobre Dios que «ama la justicia y el derecho», que no abandona a sus hijos en el Hades.

El «santo misterio de esta noche», pues, hunde sus raíces también allí donde se consumó el primer fracaso de la humanidad, y se extiende a lo largo de los siglos como camino de reconciliación y de gracia.

Ningún sepulcro puede aprisionar al Dios del amor

León se detiene en la consistencia del pecado: «una barrera muy pesada que nos encierra y nos separa de Dios, tratando de hacer morir en nosotros sus Palabras de esperanza». Pero es de las mujeres que se dirigen al sepulcro, María de Magdala y la otra María, de donde surge el valor para superar todo temor, ese valor de las primeras testigos de la Resurrección al que volver hoy a mirar. Precisamente ellas, dice el Papa, no se dejaron intimidar por lo que pensaban encontrar, solo una piedra que sellaba la entrada. «Dios, ante la dureza del pecado que divide y mata, responde con el poder del amor que une y devuelve la vida», subraya el Sucesor de Pedro, e insiste: «El hombre puede matar el cuerpo, pero la vida del Dios del amor es vida eterna, que va más allá de la muerte y que ningún sepulcro puede aprisionar».

¡No nos dejemos paralizar!

Y he aquí la invitación a la misión, a llevar el anuncio de la «buena nueva de que Jesús ha resucitado y que, con su fuerza, resucitados con Él, también nosotros podemos dar vida a un mundo nuevo, de paz y de unidad».

Luego, la referencia al presente: «También en nuestros días no faltan sepulcros que abrir, y a menudo las piedras que los cierran son tan pesadas y están tan bien vigiladas que parecen inamovibles. Algunas oprimen el corazón del hombre, como la desconfianza, el miedo, el egoísmo, el rencor; otras, consecuencia de las interiores, rompen los lazos entre nosotros, como la guerra, la injusticia, el aislamiento entre pueblos y naciones. ¡No dejemos que nos paralicen!»

Bautismo y Confirmación para diez catecúmenos

A la luz del cirio pascual, las madrinas y los padrinos lo utilizan para encender las velas que se entregarán a los diez catecúmenos que han recibido el Bautismo en esta noche santa, hombres y mujeres, cinco de ellos procedentes de la diócesis de Roma, y otros de Corea, Gran Bretaña y Portugal. El agua derramada sobre la cabeza de cada uno de ellos, luego la túnica blanca que se visten antes de recibir el signo del óleo santo, sello del Espíritu Santo. «Caminad siempre como hijos de la luz», las palabras del Obispo de Roma a estos neófitos de la Iglesia que celebran también el sacramento de la Confirmación. Son ellos quienes participan en el Ofertorio de la Eucaristía a la que acceden por primera vez.

En la oración universal, resulta especialmente conmovedora la intención por los gobernantes, sobre los que se pide al Padre que derrame «el deseo de una paz desarmada y justa». A continuación, la invocación para que se alimente en la humanidad el amor por los pobres y los marginados. La piedra que desecharon los constructores se ha convertido en piedra angular, reza el Salmo 117. El pueblo está de fiesta.

viernes, 3 de abril de 2026

Un gesto que interpela a la humanidad

 

León XIV carga la Cruz en el Coliseo, un gesto que interpela a la humanidad

En su primer Viernes Santo como Pontífice, Prevost recorre las catorce estaciones del Vía Crucis en el Coliseo llevando personalmente la Cruz, en un gesto de profunda fuerza espiritual que evoca el sufrimiento del mundo contemporáneo y la esperanza cristiana.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

“Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios, danos a nosotros, miserables, hacer por ti mismo lo que sabemos que tú quieres, y siempre querer lo que te place, para que, interiormente purificados, interiormente iluminados y abrasados por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y por sola tu gracia llegar a ti, Altísimo, que, en Trinidad perfecta y en Simple Unidad, vives y reinas y eres glorificado, Dios omnipotente, por todos los siglos de los siglos. Amén”

Con esta oración, que resume abandono, confianza y esperanza, se cerró una de las imágenes más intensas de este Viernes Santo, 3 de abril de 2026, en el Coliseo de Roma: el Pontífice recorriendo, paso a paso, las catorce estaciones del Vía Crucis, cargando personalmente la Cruz en el primer Vía Crucis de su pontificado. Inspirado en la plegaria de San Francisco de Asís, el Papa invitó a “vivir nuestra existencia como un camino de participación progresiva en la relación de amor que une al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”.

Le acompañaron el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, monseñor Diego Ravelli; el cardenal vicario de la Diócesis de Roma, Baldo Reina; y los obispos auxiliares de la diócesis.

jueves, 2 de abril de 2026

El amor de Cristo

 

León XIV: El amor de Cristo es gesto y alimento, purifica de las idolatrías y blasfemias


Alina Tufani Díaz- Ciudad del Vaticano
Como Jesús a sus Apóstoles, en este Jueves Santo, León XIV en un gesto de humildad y misericordia ha lavado los pies a 12 sacerdotes de su diócesis, en la Misa in Coena Domini celebrada, esta tarde, en la Basílica de San Juan de Letrán, Catedral de Roma. Cumpliendo la voluntad del Señor de dar un ejemplo de entrega, de servicio y de amor lavándonos los pies los unos a los otros, el Papa recuerda que al lavar nuestra carne, Cristo purifica nuestra alma, nos libera y nos da la vida.

El significado de la misión cristiana

 

León XIV, primera Misa Crismal: se evangeliza con humildad sin imponer

León XIV preside por primera vez la Misa Crismal y reflexiona sobre el significado de la misión cristiana y los tres secretos que brotan de ella. También propone una forma de evangelizar basada en la humildad y el respeto, alejándose de cualquier idea de imposición: “cuando se nos envía a un lugar debemos honrar la dimensión sagrada que cada persona y cada comunidad lleva consigo”.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

Hoy ha dado inicio el Triduo Pascual, donde un año más “el Señor nos llevará a la cumbre de su misión, para que su pasión, muerte y resurrección se conviertan en el corazón de nuestra misión”. Ante una Basílica de San Pedro repleta de fieles, el Papa León XIV ha presidido esta mañana su primera Misa Crismal como Obispo de Roma en la que ha reflexionado sobre la misión a la que Dios nos consagra como su pueblo: “Es la misión cristiana, la misma de Jesús, no otra. En ella participa cada uno según su propia vocación y en una obediencia muy personal a la voz del Espíritu, ¡pero nunca sin los demás, nunca descuidando o rompiendo la comunión!”

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA

Con esta descripción tan clara el Papa iniciaba su homilía en la que ha recordado a obispos y presbíteros que al renovar sus promesas “están llamados al servicio de un pueblo misionero”. Después, ha enumerado los tres secretos de la misión cristiana: desprendimiento, encuentro y rechazo.

Primer secreto de la misión cristiana

En primer lugar, el Papa explica que tener una misión en la vida implica salir de la zona de confort y aquí da a conocer el primer secreto de la misión cristiana: el desprendimiento. Para ilustrarlo, pone el ejemplo de Jesús. Después de recibir la fuerza del Espíritu tras su bautismo, Él vuelve a Nazaret, el lugar donde creció y que le resulta familiar. Sin embargo, ese mismo lugar, que representa seguridad y estabilidad, es el que debe abandonar para comenzar su misión.

La enseñanza principal es que “toda misión comienza con ese tipo de vaciamiento en el que todo renace. Nuestra dignidad de hijos e hijas de Dios no nos puede ser quitada, ni se puede perder, pero tampoco pueden borrarse los afectos, los lugares y las experiencias que están en el origen de nuestra vida. Somos herederos de tanto bien y, al mismo tiempo, de los límites de una historia en la que el Evangelio debe llevar luz y salvación, perdón y sanación” asegura el Papa.

El Pontífice insiste: “la misión comienza por la reconciliación con nuestros orígenes” porque “no hay paz sin el valor de partir, no hay conciencia sin la audacia del desprendimiento y no hay alegría sin arriesgar”. León XIV nos recuerda hoy que somos el Cuerpo de Cristo si nos ponemos en movimiento, saliendo de nosotros mismos, haciendo las paces con el pasado sin quedarnos prisioneros de él: “todo se recupera y se multiplica si primero se deja ir, sin miedo. Es un primer secreto de la misión. Y no se experimenta una sola vez, sino en cada nuevo comienzo”.

Segundo secreto de la misión cristiana

Tras el desprendimiento está la ley del encuentro. El Papa explica ahora que a lo largo de la historia “la misión ha sido no pocas veces trastocada por lógicas de dominio, totalmente ajenas al camino de Jesucristo”. Por eso recuerda que “ni en el ámbito pastoral, ni en el ámbito social y político, el bien puede provenir de la prepotencia”.

“Los grandes misioneros son testigos de acercamientos cuidadosos, cuyo método consiste en compartir la vida, el servicio desinteresado, la renuncia a cualquier estrategia calculadora, el diálogo y el respeto”.

Se evangeliza con respeto no con prepotencia

Después, detalla las pautas sobre cómo evangelizar, pero no en el sentido de “convencer” o “conquistar”, sino con humildad y respeto hacia las comunidades:

“Es necesario llegar con sencillez al lugar al que se nos envía, honrando el misterio que cada persona y cada comunidad lleva consigo: una sacralidad que nos trasciende por todas partes y que se vulnera cuando nos comportamos como dueños de los lugares y de la vida ajena”.

El Papa redefine también el papel de quienes evangelizan, afirmando con claridad: “Somos huéspedes” y especificando que lo son los obispos, los sacerdotes, las religiosas y religiosos, y todos los cristianos. De hecho, el segundo secreto de la misión el Papa lo define de manera muy sencilla: “para acoger debemos aprender a dejarnos acoger. Incluso los lugares donde la secularización parece más avanzada no son tierra de conquista, ni de reconquista, la misión no es una aventura heroica de alguien, sino el testimonio vivo de un Cuerpo con muchos miembros”.

Tercer secreto de la misión cristiana

La tercera dimensión de la misión cristiana es quizá “la más radical” asegura el Pontífice en su homilía. Se trata de la dramática posibilidad de la incomprensión y del rechazo: “lo que nos disponemos a celebrar a partir de esta tarde nos compromete a no huir, sino a “pasar en medio” de la prueba, como Jesús, quien, arrastrado por la gente hasta el borde del precipicio, «pasando en medio de ellos, continuó su camino»” explica el Papa.

Por último, el Papa León XIV habla de esperanza y de fortaleza en la misión cristiana, incluso frente al fracaso: Podemos atravesar en nuestra vida situaciones en las que parece que todo ha terminado. Entonces nos preguntamos si la misión ha sido inútil”. Pero frente a esta sensación, el Papa propone un ejemplo de quien confia plenamente en Dios hasta el final; así, cita a Óscar Arnulfo Romero, quien confiaba en que Dios acompañaba su vida y su muerte.

“En esta hora oscura de la historia, Dios ha querido enviarnos a difundir el perfume de Cristo donde reina el olor de la muerte. Renovemos nuestro “sí” a esta misión que nos pide unidad y que trae la paz. ¡Sí, aquí estamos! ¡Superemos el sentimiento de impotencia y de miedo! Nosotros anunciamos tu muerte, Señor, proclamamos tu resurrección, en la espera de tu venida” ha concluido el Santo Padre.

miércoles, 1 de abril de 2026

El papel de los laicos en la Iglesia

 

Catequesis del Papa: Que los laicos den testimonio de la fe en la sociedad

El Miércoles Santo, 1° de abril, el Papa continuó su ciclo de catequesis dedicado a la Constitución conciliar Lumen Gentium, centrando su reflexión en el cuarto capítulo sobre el papel de los laicos: “La Iglesia, está presente en todos los lugares donde sus hijos profesan y testimonian el Evangelio: en los ambientes de trabajo, en la sociedad civil y en todas las relaciones humanas, allá donde ellos, con sus elecciones, muestran la belleza de la vida cristiana”.

Vatican News

"Los laicos son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios. A su servicio está la minoría de los ministros ordenados". Citando el pasaje de la Exhortación apostólica Evangelii gaudium del Papa Francisco,  el Papa León XIV introdujo la reflexión de su catequesis del Miércoles Santo, 1° de abril, centrada en el cuarto capítulo de la Constitución dogmática Lumen Gentium, dedicado a los laicos. Ante unos 15 mil fieles, romanos y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro para escuchar su reflexión y recibir su bendición apostólica, el Pontífice se detuvo en esta sección del Documento conciliar que se preocupa de explicar “en positivo la naturaleza y la misión de los laicos, después de siglos en los que habían sido definidos simplemente como aquellos que no forman parte de los clérigos o de los consagrados”. A continuación, el Papa Prevost,  quiso releer “un pasaje muy hermoso, que habla de la grandeza de la condición cristiana”:

«Por tanto, el Pueblo de Dios, por Él elegido, es uno: ‘un Señor, una fe, un bautismo’ (Ef 4,5). Es común la dignidad de los miembros, que deriva de su regeneración en Cristo; común la gracia de la filiación; común la llamada a la perfección: una sola salvación, única la esperanza e indivisa la caridad» (LG, 32).

La dignidad y la libertad de los hijos de Dios

El Santo Padre evidenció que “antes que cualquier diferencia de ministerio o de estado de vida, el Concilio afirma la igualdad de todos los bautizados”. La Constitución – añadió –  no quiere que se olvide lo que ya había afirmado en el capítulo sobre el pueblo de Dios, es decir que la condición del pueblo mesiánico es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios (cfr LG, 9).

“Cuanto más grande es el don, más grande también es el compromiso”, puntualizó el Papa León y por esto el Concilio, junto con la dignidad, subraya también la misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo. Con el nombre de “laicos” - precisó - el Concilio designa “a todos los fieles cristianos que, en cuanto incorporados al Pueblo de Dios por el bautismo, son partícipes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, ejerciendo en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde”.

La misión de los laicos en la iglesia y el mundo

Junto con la dignidad, siguió explicando León, el Concilio subrayó también la “misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo”, que “son partícipes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, ejerciendo en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde”.

El pueblo santo de Dios, por tanto, nunca es una masa informe, sino el cuerpo de Cristo o, como decía Agustín, el Christus totus: es la comunidad orgánicamente estructurada, en virtud de la relación fecunda entre sus formas de participación al sacerdocio de Cristo: sacerdocio común de los fieles y sacerdocio ministerial (cfr LG, 10). En virtud del Bautismo, los fieles laicos participan al mismo sacerdocio de Cristo. De hecho, «Cristo Jesús, supremo y eterno Sacerdote, quiere continuar su testimonio y su servicio por medio de los laicos, los vivifica con su Espíritu y los impulsa sin cesar a toda obra buena y perfecta» (LG, 34).

En este sentido, León XIV recordó a su predecesor, Juan Pablo II y su exhortación apostólica Christifideles laici, en la subrayaba que el Concilio dedicó páginas espléndidas “sobre la naturaleza, dignidad, espiritualidad, misión y responsabilidad de los fieles laicos”.

los Padres conciliares, haciendo eco al llamamiento de Cristo, han convocado a todos los fieles laicos, hombres y mujeres, a trabajar en la viña.

Y explicó que de este modo, su "venerado predecesor relanzaba el apostolado de los laicos, a quienes el Concilio había dedicado un Documento específico, del que hablaremos más adelante”.

El apostolado laical

“El amplio campo del apostolado laical no se limita al espacio de la Iglesia, sino que se amplía al mundo”, dijo el Obispo de Roma, detallando que "la Iglesia, está presente en todos los lugares donde sus hijos profesan y testimonian el Evangelio: en los ambientes de trabajo, en la sociedad civil y en todas las relaciones humanas, allá donde ellos, con sus elecciones, muestran la belleza de la vida cristiana, que anticipa aquí y ahora la justicia y la paz que serán plenas en el Reino de Dios". Y citando nuevamente la Constitución Apostólica Lumen Gentium, afirmó:

El mundo necesita que «se impregne del espíritu de Cristo y alcance su fin con mayor eficacia en la justicia, en la caridad y en la paz». ¡Y esto es posible solamente con la contribución, el servicio y el testimonio de los laicos!

Una Iglesia “en salida” abierta a la misión

Es la invitación a ser esa Iglesia “en salida” de la que nos ha hablado el Papa Francisco, subrayó León XIV:

Una Iglesia encarnada en la historia, siempre abierta a la misión, en la que todos estamos llamados a ser discípulos-misioneros, apóstoles del Evangelio, testigos del Reino de Dios, ¡portadores de la alegría del Cristo que hemos encontrado!