jueves, 23 de abril de 2026

León XIV se despide de África

 

León XIV se despide de África, "tesoro inestimable de fe"

Al término de la misa celebrada en el estadio de Manabo, el Papa expresa su agradecimiento por el viaje realizado a África, una tierra que puede aportar "significativamente a la santidad y al carácter misionero del pueblo cristiano"

Vatican News

El Papa León se despide de Guinea Ecuatorial, última etapa de su tercer viaje apostólico, que Dios le ha permitido realizar. Lo hace al término de la misa, intercalando sus palabras con miradas a la multitud de fieles que en estos días han mostrado un afecto a veces incontenible por el Sucesor de Pedro. Es el momento de despedirse de África y el Pontífice da las gracias al "Sr. Arzobispo, Monseñor Juan, y a los demás obispos, a los sacerdotes y a todos vosotros, pueblo de Dios que peregrina en esta tierra, Cristo es la luz de Guinea Ecuatorial y vosotros sois sal de la tierra y luz del mundo”.

Su gratitud se extiende también “a las autoridades civiles del país y a cuantos, de distintas maneras, han contribuido al éxito de mi visita”.

Me voy de África llevando conmigo un tesoro inestimable de fe, de esperanza y de caridad; es un tesoro grande hecho de historias, de rostros, de testimonios, alegres y sufridos, que enriquecen abundantemente mi vida y mi ministerio como sucesor de Pedro.

“Hoy África está llamada a contribuir significativamente a la santidad y al carácter misionero del pueblo cristiano”, afirma a continuación, destacando el papel del país en los primeros siglos de la Iglesia. 

Confío esta intención a la intercesión de la Virgen María, a quien los encomiendo de corazón, así como a vuestras familias, a vuestras comunidades, a vuestra nación y a todos los pueblos africanos.

miércoles, 22 de abril de 2026

Ser constructores de un futuro de esperanza, de paz y de reconciliación.

 

El Papa en la misa en Mongomo pide un futuro habitado por la esperanza

En su segunda jornada en Guinea Ecuatorial, cuarto país que visita en su viaje a África, el Papa León XIV celebró misa en la basílica de la Inmaculada Concepción de Mongomo. Durante la homilía invitó a los presentes a no tener miedo “de anunciar y dar testimonio del Evangelio” y les invitó a ser “constructores de un futuro de esperanza, de paz y de reconciliación”. Antes de la celebración eucarística, el Papa bendijo la primera piedra de la que será la catedral de Ciudad de la Paz

Rocío Lancho García – Ciudad del Vaticano

“El futuro de Guinea pasa por las decisiones que ustedes toman; está confiado a su sentido de la responsabilidad y al compromiso compartido de custodiar la vida y la dignidad de cada persona”. Fue la exhortación del Papa León XIV a los fieles reunidos en la misa que celebró, este miércoles 22 de abril, en la Basílica de la Inmaculada Concepción de Mongomo, que se trata del edificio religioso más grande de África central. En su segundo día en Guinea Ecuatorial, el Pontífice dirigiéndose en la homilía a los miles de personas allí congregadas, aseguró que “se necesitan cristianos que tomen en sus manos el destino de Guinea Ecuatorial”. Por eso los animó a no tener miedo “de anunciar y dar testimonio del Evangelio” y les invitó a ser “constructores de un futuro de esperanza, de paz y de reconciliación”.

El Papa les invitó a participar “en el desarrollo integral de esta tierra, en su renovación, en su transformación”. Asegurando que son muchas las riquezas naturales de este país, les exhortó a “cooperar para que puedan ser una bendición para todos”. Y pidió que el Señor les ayude a convertirse en una sociedad que “trabaje al servicio del bien común y no de intereses particulares, superando las desigualdades entre privilegiados y desfavorecidos”. Que crezcan los espacios de libertad – clamó el Papa - y que se salvaguarde siempre la dignidad de la persona humana; pienso en los más pobres, en las familias en dificultad; pienso en los reclusos, a menudo obligados a vivir en condiciones preocupantes de higiene y de sanidad.

Alimentar actividades caritativos y responsabilidad hacia el prójimo

También habló de la importancia de la llamada a “continuar hoy el camino trazado por los misioneros, los pastores y los laicos que los han precedido”. A todos y a cada uno - recordó - se les pide un compromiso personal que abarque la vida por completo, para que la fe, celebrada de manera tan festiva en sus comunidades y en sus liturgias, alimente sus actividades caritativas y la responsabilidad hacia el prójimo, para la promoción del bien de todos.  

Asimismo, el Obispo de Roma aseguró que este compromiso “requiere perseverancia, cuesta esfuerzo, a veces sacrificio, pero es el signo de que somos verdaderamente la Iglesia de Cristo”. Haciendo referencia a la primera lectura del día, advirtió que “una Iglesia que anuncia con alegría y sin temor el Evangelio es también una Iglesia que, precisamente por eso, puede ser perseguida”. Pero, por otra parte, el mismo libro de los Hechos de los Apóstoles dice que, “mientras los cristianos se ven obligados a huir y se dispersan, muchísimos se acercan a la Palabra del Señor y pueden ver con sus propios ojos que los enfermos en el cuerpo y en el espíritu son sanados”. Esos – aseveró el Pontífice - son los signos prodigiosos de la presencia de Dios, que generan gran alegría en toda la ciudad.

Gratitud con los misioneros signo del amor de Dios

Por otro lado, el Santo Padre también recordó que la eucaristía contiene verdaderamente todo el bien espiritual de la Iglesia: es Cristo, nuestra Pascua, que se nos entrega; es el Pan vivo que nos sacia; es la presencia que nos revela el amor infinito de Dios por toda la familia humana, que sigue saliendo también hoy al encuentro de cada hombre y mujer.

Durante la homilía, el Papa mencionó la celebración de los 170 años de evangelización de Guinea Ecuatorial y mostró su gratitud a los “misioneros, misioneras, sacerdotes diocesanos, catequistas y fieles laicos que han entregado su vida al servicio del Evangelio”. Ellos, recordó León XIV, han acogido las expectativas, las preguntas y las heridas de su pueblo, iluminándolas con la Palabra del Señor y convirtiéndose en signo del amor de Dios en medio de ustedes. Y aseguró que, con su testimonio de vida, “han colaborado a la venida del Reino de Dios, sin miedo a sufrir por su fidelidad a Cristo”.

Permanecer fieles al Evangelio y dar testimonio con alegría

Una historia que no pueden olvidar ya que “los une a la Iglesia apostólica y universal que los precede” y “los ha acompañado para que ustedes mismos se conviertan en protagonistas del anuncio del Evangelio y del testimonio de la fe”. A propósito, quiso recordar las palabras “proféticas” pronunciadas en Uganda en 1969 por su predecesor Pablo VI: “Vosotros africanos, ya sois misioneros para vosotros mismos. La Iglesia de Cristo está verdaderamente arraigada en esta tierra bendita”.

El Pontífice advirtió que, aunque las situaciones personales, familiares y sociales que vivimos no siempre sean favorables, “podemos confiar en la obra del Señor, que hace brotar la buena semilla de su Reino por caminos que desconocemos, aun cuando parece que todo a nuestro alrededor es estéril, e incluso en los momentos de oscuridad.” Estamos llamados – prosiguió - a permanecer fieles al Evangelio, a anunciarlo, a vivirlo en plenitud y a dar testimonio de él con alegría. Y afirmó que Dios será “el pan de vida” que saciará nuestra hambre.

Llamados a construir un futuro de esperanza

¿De qué tiene hambre hoy este país?, se preguntó el Papa en la homilía. Y haciendo referencia al lema de la visita “Cristo, Luz de Guinea Ecuatorial, hacia un futuro de esperanza”, León observó que “hay hambre de futuro, pero de un futuro habitado por la esperanza, que pueda generar una nueva justicia, que pueda dar frutos de paz y fraternidad”. No un futuro desconocido sino un porvenir “que precisamente nosotros, con la gracia de Dios, estamos llamados a construir”. Y recordó que “todos los bautizados” se deben sentir “implicados en la obra de evangelización” y convertirse “en apóstoles de la caridad y en testigos de una nueva humanidad”.

martes, 21 de abril de 2026

En Guinea Ecuatorial León XIV

 

El Papa a las Autoridades: aplicar políticas contracorriente centradas en el bien común

En su primer encuentro en Guinea Ecuatorial, León XIV se dirige a las autoridades del país y advierte que el destino de la humanidad corre el riesgo de verse trágicamente comprometido “sin un cambio de rumbo en la asunción de la responsabilidad política y sin respeto por las instituciones y los acuerdos internacionales”.

María Cecilia Mutual - Ciudad del Vaticano

En un mundo “herido por la prepotencia”, hay que “valorar a quienes creen en la paz, y atreverse a aplicar políticas que vayan contracorriente, centradas en el bien común”. Fue el llamamiento del Papa León XIV en el encuentro con las autoridades, los representantes de la sociedad civil y el cuerpo diplomático de Malabo, primera cita de su visita apostólica a Guinea Ecuatorial, hoy 21 de abril.

El Papa aterrizó en el aeropuerto internacional de Malabo, procedente de Luanda, entorno a las 12:31 hora local y, tras la ceremonia de bienvenida y una breve reunión privada con el presidente Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, se trasladó al Palacio Presidencial para la visita de cortesía al mandatario guineano. Ya en el salón del palacio presidencial, se encontró con las autoridades y representantes de la sociedad civil.

Lea aquí el texto integral del Papa a las autoridades de Guinea Ecuatorial

“Me alegra estar aquí para visitar al querido pueblo de Guinea Ecuatorial”, expresó el Pontífice iniciando su discurso, precedido por las palabras de bienvenida del presidente Mbasogo a quien agradeció por las palabras que le dirigió, como así también por la acogida recibida.  

Siguiendo los pasos del mandato de San Juan Pablo II, que visitó esta tierra hace 44 años, y del Concilio Vaticano II, el Papa León se presentó ante las autoridades de Guinea Ecuatorial explicando los motivos y los sentimientos que lo han llevado hasta allí  “para confirmar en la fe y consolar al pueblo de este país en rápida transformación. Pues, al igual que en el corazón de Dios – precisó – también en el corazón de la Iglesia resuena el eco de cuanto ocurre aquí en la tierra, entre millones de hombres y mujeres por los cuales nuestro Señor Jesucristo dio su vida”.


lunes, 20 de abril de 2026

Educando en la armonía

 

León XIV: Promover una memoria reconciliada, educando en la armonía

En Luanda, durante su encuentro con obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y agentes pastorales de la Iglesia angoleña, el Papa expresó su esperanza de una participación conjunta en la construcción de una sociedad basada en la libertad y la igualdad, y los animó a seguir denunciando la injusticia. Subrayó el valor del ministerio de los catequistas y reiteró la necesidad de iluminar a los fieles sobre la peligrosa ilusión de la superstición.

Antonella Palermo - Ciudad del Vaticano

«Construir una sociedad angoleña libre, reconciliada, hermosa y grandiosa». Este es el objetivo esencial al que la Iglesia local está llamada a contribuir. Hoy, en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima en Luanda, la Iglesia se reúne con León XIV a través de sus representantes: obispos, sacerdotes, diáconos, personas consagradas, catequistas y otros agentes pastorales.

El Papa llega tras una parada en Saurimo y una visita a la nunciatura. Ayer, en Kimbala, León XIV exhortó a la comunidad eclesial a seguir escuchando «el clamor de sus hijos». Hoy, en su discurso, pronunciado tras escuchar al presidente de la conferencia episcopal y los testimonios de un sacerdote, un catequista y dos monjas, ese aliento resuena y se convierte en una exhortación a denunciar las injusticias, a promover una memoria reconciliada y a educar en armonía.

Una Iglesia misionera, sinodal y dinámica

Construida por frailes capuchinos en la década de 1960, la iglesia que acoge el encuentro conserva en sus cimientos una piedra de la ciudad portuguesa. Dos torres destacan, la más baja, de unos veinte metros de altura, coronada por una efigie de la Virgen. Aquí, el Papa expresa su agradecimiento por la labor evangelizadora realizada por una Iglesia valiente que siembra la paz en un lugar donde la historia ha asolado a este pueblo con violencia.

Valentía que ha buscado practicar asumiendo el mandato (recordándolo en sus palabras de bienvenida del Arzobispo de Saurimo, Monseñor José Manuel Imbamba, presidente de la Conferencia Episcopal) confiado aquí por los Papas anteriores, San Juan Pablo II y Benedicto XVI. Una Iglesia con una fuerte vocación misionera, enfatizó el prelado, que busca ser «fuerte, dinámica y presente en todos los ámbitos de la vida».

Una Iglesia comprometida con un fructífero camino ecuménico y que está iniciando un diálogo interreligioso con la comunidad islámica de Angola. Para satisfacer estas necesidades, explica el prelado, se está creando un instituto misionero masculino dedicado a Mama Muxima.

La importancia de los catequistas

El Papa invita a los jóvenes de hoy a no tener miedo de renovar su «sí» a Cristo,  a modelar su vida completamente según la suya. «No teman al mañana», exhorta, «pertenecen totalmente al Señor. Vale la pena seguirlo en obediencia, pobreza y castidad. ¡Él no quita nada!». Destaca, a la luz del significativo testimonio de Manuel Almeida, coordinador de la comisión diocesana de catequistas regionales y líderes comunitarios, el valor de los laicos que trabajan por la iniciación cristiana de manera generalizada y constante en todo el territorio. 

¡Cuán importante es, en esta misión, el ministerio de los catequistas! Precisamente en África esta es una expresión fundamental de la vida de la Iglesia, que puede ser fuente de inspiración para las comunidades católicas de todo el mundo.

Anunciando la paz

Estar unido a Cristo es garantía de bien: en esto se centra León cuando explica que el apostolado social de la Iglesia debe continuar teniendo siempre presente "la ley de la caridad", característica de los verdaderos discípulos de Jesús. 

¿Qué caminos abre el Señor a la Iglesia en Angola? Seguramente serán muchos. ¡Traten de seguirlos todos! Pero el primer camino es el de la fidelidad a Cristo. Con ese fin, sigan valorando la formación permanente, velen por la coherencia de la vida y, sobre todo en estos tiempos, perseveren en el anuncio de la Buena Nueva de la paz.

Salvemos de la peligrosa ilusión de la superstición

El tema de los elementos mágicos y esotéricos, recurrente en varios discursos del Sucesor de Pedro durante su viaje apostólico a África, vuelve a aparecer en este contexto, fuertemente marcado por la presencia de sectas y mensajes engañosos que corren el riesgo de contaminar el Evangelio y manipular conciencias. Por lo tanto, se requiere mayor atención a la educación, la cual, advierte además el Pontífice, debe nutrirse también del arte, el deporte y la literatura. El Papa agustino, que vive esta práctica en primera persona, es plenamente consciente de ello, dando prioridad a la contemplación. Recordando la observación de Francisco en Evangelii gaudium ,  León XIII atribuye a esta dimensión un valor supremo que «refleja el poder de la Resurrección».

Conocer a Cristo pasa, sin duda, por una buena formación inicial, con el acompañamiento personal de los formadores; pasa por la adhesión a los programas de sus diócesis, congregaciones e institutos; pasa por un estudio personal serio, para iluminar a los fieles que les han sido confiados, salvándolos sobre todo de la ilusión peligrosa de la superstición.

Fomentar la fraternidad, no distanciarse de los pobres

Es la imagen de una Iglesia que sirve a todos la que el Papa transmitió una vez más a esta comunidad, como a la Iglesia universal. Una barca de Pedro  basada en la unidad, en la confianza en la familia como piedra angular de la transmisión de la fe. 

Queridos hermanos y hermanas, alimenten la fraternidad entre ustedes con franqueza y transparencia, no cedan a la prepotencia ni a la autorreferencialidad, no se alejen del pueblo, especialmente de los pobres, huyan de la búsqueda de privilegios.

Promover una memoria reconciliada

«Han demostrado valentía al denunciar el flagelo de la guerra», exclama León, «al apoyar a las poblaciones atormentadas permaneciendo a su lado, al construir y reconstruir, al proponer soluciones para poner fin a los conflictos armados». ¡Pero el compromiso continúa! Sigan actuando con sabiduría y generosidad en todos los ámbitos, desde la educación hasta la sanidad. Denunciar jamás la injusticia es el mandato del Papa León.

Promuevan, pues, una memoria reconciliada, educando a todos en la concordia y valorando, en medio de ustedes, el testimonio sereno de aquellos hermanos y hermanas que, después de haber atravesado dolorosas tribulaciones, lo han perdonado todo. ¡Alégrense con ellos, celebren la paz!

domingo, 19 de abril de 2026

Superar las divisiones

 

El Papa en Luanda: superar las divisiones para construir un futuro de esperanza

En la primera misa presidida en Angola, León XIV recuerda el dolor del país afectado por una larga guerra civil, pide la presencia de “una Iglesia que sepa acompañarlos en el camino” e insta a superar viejas divisiones para construir un futuro de esperanza sobre todo para los numerosos jóvenes que la han perdido.

María Cecilia Mutual - Ciudad del Vaticano

Construir un país en el que se superen para siempre las viejas divisiones y dar un futuro de esperanza a los jóvenes que la han perdido. Fue la invitación del Papa León en la homilía de la primera misa celebrada en Angola, en la explanada de Kilamba, esta mañana 19 de abril.

Hablando en portugués, ante unos 100 mil fieles, el pontífice inició su homilía agradeciendo a los presentes por la cálida bienvenida que le brindaron. Su reflexión se inspiró en el Evangelio de este tercer domingo de Pascua, en el que el Señor nos habla a través del relato de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35).

Lea el texto completo de la homilía del Papa

El Papa repasa la escena de los dos discípulos del Señor, quienes “con el corazón lastimado y triste” salen de Jerusalén para regresar a Emaús. “Decepcionados y derrotados” después de haber visto morir a Jesús, en el camino “hablaban sobre lo que había ocurrido” – dice León XIV - necesitan “compartir lo que han vivido, aunque corran el riesgo de quedarse atrapados en el dolor, cerrados a la esperanza”.

En esta escena inicial del Evangelio el Pontífice ve reflejada la historia de Angola: un “país bellísimo pero lastimado, que tiene hambre y sed de esperanza, de paz y de fraternidad”.

La conversación de los dos discípulos mientras caminan, recordando con tristeza lo que le ha sucedido a su Maestro, nos trae a la memoria el dolor que ha marcado a este país: una larga guerra civil con su secuela de enemistades y divisiones, de recursos malgastados y de pobreza.

El riesgo de perder la esperanza y paralizarse

Ante esta larga situación de dolor, se corre el riesgo, advierte el Papa, de sufrir la misma suerte que los dos discípulos de Emaús: “perder la esperanza y quedarse paralizado por el desánimo”. Pero recuerda que la “Buena Nueva del Señor, también hoy para nosotros, es que “Él está vivo, ha resucitado y va a nuestro lado mientras recorremos el camino del sufrimiento y la amargura”:

El Señor se acerca a los dos discípulos desanimados y sin esperanza y, al hacerse su compañero de camino, los ayuda a recomponer los fragmentos de aquella historia, a mirar más allá del dolor (…) Para nosotros, y también para ustedes, queridos hermanos y hermanas angoleños, queda así trazado el camino para volver a empezar: por un lado, la certeza de que el Señor nos acompaña y tiene compasión de nosotros; por otro, el compromiso que Él nos pide.

Mantener la mirada fija en Jesús

La compañía del Señor la experimentamos en la oración, en la escucha de su Palabra y sobre todo “en la celebración de la Eucaristía”, recuerda el Papa, “donde nos encontramos con Dios”. Y advierte que hay que estar “siempre atentos a aquellas formas de religiosidad tradicional que, sin duda, pertenecen a las raíces de la cultura de ustedes, pero que, al mismo tiempo, suponen el riesgo de confundir y mezclar elementos mágicos y supersticiosos que no ayudan en el camino espiritual”. De ahí su exhortación:

Permanezcan fieles a lo que enseña la Iglesia, confíen en sus Pastores y mantengan la mirada fija en Jesús, que se revela especialmente en la Palabra y en la Eucaristía.

Convertirse en pan partido para transformar la realidad

A esta certeza de no estar solos en el camino se añade también un compromiso generoso capaz de aliviar las heridas y reavivar la esperanza, precisa León XIV, indicando que también nosotros debemos reconocerlo así: no sólo en la Eucaristía, sino en cualquier lugar donde haya una vida que se convierta en pan partido, en cualquier lugar donde alguien se haga don de compasión como Él.

Una Iglesia que reavive la esperanza perdida

Ante los problemas sociales y económicos y las diferentes formas de pobreza que sufre Angola, el Papa León pide la presencia de “una Iglesia que sepa acompañarlos en el camino y escuchar el lamento de sus hijos”, que “sepa reavivar la esperanza perdida”: “obispos, sacerdotes, misioneros, religiosas y religiosos, laicos y laicas que tengan en el corazón el deseo de entregar su propia vida y ofrecérsela unos a otros, de comprometerse en el amor y el perdón mutuos, de construir espacios de fraternidad y de paz, de realizar gestos de compasión y solidaridad hacia quienes más lo necesitan”.

Construir la esperanza del futuro

“Con la gracia de Cristo Resucitado podemos convertirnos en ese pan partido que transforma la realidad” es el aliento del Sucesor de Pedro.

“También nosotros podemos y queremos construir un país en el que se superen para siempre las viejas divisiones, en el que desaparezcan el odio y la violencia, en el que la lacra de la corrupción sea sanada por una nueva cultura de la justicia y el compartir. Sólo así será posible un futuro de esperanza, sobre todo para los numerosos jóvenes que la han perdido”

Concluyendo su homilía, el Santo Padre exhorta a “mirar hacia el futuro con esperanza y construir la esperanza del futuro. ¡No tengan miedo de hacerlo!"

sábado, 18 de abril de 2026

Un llamado concreto a la solidaridad y al compromiso comunitario

 

¿Qué cambia tras la visita del Papa León XIV a Camerún?

Entre fe, diversidad y vida cotidiana, el paso del Pontífice deja un llamado concreto a la solidaridad y al compromiso comunitario. La Iglesia local, joven y vibrante, recibe el desafío de transformar la esperanza en acciones duraderas, constructoras de auténtica paz y reconciliación.

Sebastián Sansón Ferrari, enviado especial a Yaundé

El viaje apostólico del Papa León XIV en Camerún no se cierra simplemente con una misa multitudinaria, sino que deja abiertas preguntas de fondo sobre el presente y el futuro de la Iglesia y de la sociedad camerunesa. ¿Qué permanece después de su paso? ¿Qué semillas han sido sembradas en medio de una realidad marcada por contrastes, tensiones y una profunda vitalidad humana y espiritual?

La escena final en Yaundé ofrece algunas pistas elocuentes. Entre el ruido constante del tráfico, el smog y el incesante movimiento de motos que atraviesan la ciudad, muchas de ellas con hasta tres personas a bordo, emergió una comunidad viva, capaz de transformar un entorno cotidiano en un espacio de celebración. La diversidad lingüística -ewondo en los cantos del Kyrie y del Gloria, junto con intenciones de los fieles en francés, inglés, nnanga y fulfulde- no fue solo un rasgo cultural, sino una manifestación concreta de comunión en la diferencia, una imagen de Iglesia que acoge y armoniza múltiples voces.

La vigilia en la base aérea 101 de Mvan, iniciada la tarde del viernes 17 de abril, condensó el corazón del mensaje papal: una Iglesia que ora, comparte y camina unida. Durante horas, los fieles participaron en cantos de alabanza, invocaciones al Espíritu Santo y una meditación centrada en la paz, la unidad y la esperanza cristiana. A ello se sumaron momentos de convivencia sencilla, con bebidas calientes y espacios de encuentro, así como una celebración penitencial y confesiones individuales que ofrecieron una oportunidad concreta de renovación interior. 

En este contexto, la presencia de la imagen de la Madre de Dios, Reina de los Apóstoles, junto al altar, conectó el presente con la memoria histórica del país. Desde la primera misa celebrada en 1890 en Marienberg por los misioneros palotinos hasta hoy, esta devoción ha acompañado el crecimiento de la Iglesia en Camerún. No se trata solo de un recuerdo, sino de una continuidad viva que refuerza la identidad y la misión de la comunidad cristiana en el país.

Pero más allá de los signos visibles, el núcleo del legado parece estar en la llamada a la responsabilidad compartida. En su homilía, el Papa León XIV insistió en que nadie debe quedar solo frente a las adversidades de la vida. Invitó a construir estructuras de solidaridad y ayuda mutua capaces de sostener a las personas en tiempos de crisis -sociales, políticas, sanitarias o económicas-, proponiendo así una fe que se traduce en acción concreta y organizada.

Así, la pregunta inicial encuentra una respuesta abierta pero exigente: el viaje deja un impulso para fortalecer la unidad en la diversidad y transformar la fe en un compromiso tangible. En definitiva, una invitación a que la Iglesia en Camerún continúe siendo no solo un signo de esperanza, sino también un actor decisivo en la construcción de una sociedad más solidaria y fraterna.

viernes, 17 de abril de 2026

Homilía del Santo Padre

 

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Viaje apostólico de Su Santidad León XIV a Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial (13-23 de abril de 2026) – Santa Misa en el estadio Japoma de Douala, 17.04.2026

A las 08:05 (hora local), el Santo Padre se dirigió en automóvil al Aeropuerto Internacional de Yaundé-Nsimalen, desde donde, tras despedirse de algunas autoridades locales, partió a las 08:55 a bordo del Airbus A330-900neo de ITA Airways, con destino a Douala.

Al llegar al Aeropuerto Internacional de Douala a las 09:24, el Papa fue recibido por algunas autoridades locales. A continuación, se trasladó en automóvil al Japoma Stadium para la Santa Misa del viernes de la segunda semana de Pascua.

A las 11:00, tras dar una vuelta en el papamóvil entre los fieles, el Papa presidió la celebración eucarística.

Tras los ritos de introducción y la liturgia de la palabra, el Santo Padre pronunció la homilía.

Al término de la Santa Misa, el arzobispo de Douala, S.E. Monseñor Samuel Kleda, dirigió al Santo Padre unas palabras de agradecimiento.

El Papa regresa a la sacristía y, posteriormente, a las 13:00 horas, se traslada en automóvil al Hospital Católico Saint Paul de Douala, donde es recibido por la directora del centro.

Al término de la visita privada, el Santo Padre se dirige en automóvil al Aeropuerto Internacional de Douala y, tras despedirse de algunas autoridades locales, parte a las 14:10 con destino a Yaundé.

A su llegada, a las 15:20 hora local, el Papa regresa a la Nunciatura Apostólica.

Publicamos a continuación la homilía que el Papa León XIV pronunció durante la celebración:

Homilía del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas:

El Evangelio que acabamos de escuchar (Jn 6,1-15) es palabra de salvación para toda la humanidad. Hoy se proclama en todas partes esta Buena Noticia, que para la Iglesia en Camerún resuena como un anuncio providencial del amor de Dios y de nuestra comunión.

El testimonio del apóstol Juan describe, en efecto, a una gran multitud (cf. vv. 2-5), como somos nosotros ahora, aquí. Para toda esa gente, sin embargo, había muy poca comida: sólo «cinco panes de cebada y dos pescados» (v. 9). Al observar esta desproporción, Jesús nos pregunta hoy, como entonces preguntó a sus discípulos: ¿cómo resuelven ustedes este problema? Vean cuánta gente hambrienta, oprimida por el cansancio: ¿qué hacen?

Esta pregunta se dirige a cada uno de nosotros: se dirige a los padres y a las madres que cuidan a sus familias; se dirige a los pastores de la Iglesia, que velan por la grey del Señor; se dirige a quienes tienen la responsabilidad social y política de atender al pueblo y mirar por su bien. Cristo dirige esta pregunta a los poderosos y a los débiles, a los ricos y a los pobres, a los jóvenes y a los ancianos, porque todos tenemos hambre por igual. Esta indigencia nos recuerda que somos criaturas. Necesitamos comer para vivir. No somos Dios; pero, precisamente, ¿dónde está Dios ante el hambre de la gente?

Mientras espera nuestras respuestas, Jesús da la suya: «Tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron» (v. 11). Un grave problema se resuelve bendiciendo la poca comida que hay y repartiéndola entre todos los que tienen hambre. La multiplicación de los panes y los peces ocurre en el compartir; ¡he aquí el milagro! Hay pan para todos si se da a todos. Hay pan para todos si se lo toma no con una mano que acapara, sino con una mano que da. Observemos bien el gesto de Jesús: cuando el Hijo de Dios toma el pan y los peces, ante todo da gracias. Agradece al Padre por un bien que se convierte en don y bendición para todo el pueblo.

Al hacerlo así, la comida abunda; no se raciona por emergencia, no se roba por disputa ni se desperdicia por quienes se atiborran ante quienes no tienen nada que comer. Al pasar de las manos de Cristo a las de sus discípulos, la comida aumenta para todos, es más, sobreabunda (cf. vv. 12-13). La gente, admirada por lo que había hecho Jesús, exclamó: «Este es, verdaderamente, el Profeta» (v. 14), es decir, aquel que habla en nombre de Dios, el Verbo del Omnipotente. Y es verdad, pero Jesús no utiliza estas palabras con vistas a un éxito personal; no quiere convertirse en rey (cf. v. 15), porque ha venido a servir con amor, no a dominar.

El milagro que realizó es signo de este amor; no nos hace ver solamente cómo Dios alimenta a la humanidad con el pan de vida, sino también cómo nosotros podemos llevar este alimento a todos los hombres y mujeres que, como nosotros, tienen hambre de paz, de libertad y de justicia. Cada gesto de solidaridad y perdón, cada iniciativa de bien es un bocado de pan para la humanidad necesitada de cuidados. Y, sin embargo, esto no es suficiente. Al alimento que nutre el cuerpo hay que unir, con igual caridad, el alimento del alma, que nutre nuestra conciencia, que nos sostiene en la hora oscura del miedo, en medio de las tinieblas del sufrimiento. Este alimento es Cristo, que siempre nutre en abundancia a su Iglesia y nos fortalece en el camino con su Cuerpo.

Hermanas y hermanos, la Eucaristía que estamos celebrando se convierte, por tanto, en fuente de una fe renovada, porque Jesús está presente entre nosotros. El Sacramento no reaviva un recuerdo lejano en el tiempo, sino que realiza una “compañía” que nos transforma, porque nos santifica. ¡Felices los invitados a la cena del Señor! En torno a la Eucaristía, esta misma mesa se convierte en anuncio de esperanza en las pruebas de la historia y en las injusticias que vemos a nuestro alrededor. Se convierte en signo de la caridad de Dios, que en Cristo nos invita a compartir lo que tenemos, para que se multiplique en la fraternidad eclesial.

El Señor abraza el cielo y la tierra, conoce nuestro corazón y todas las situaciones, alegres o tristes, que vivimos. Al hacerse hombre para salvarnos, quiso compartir las necesidades de la humanidad, empezando por las más sencillas y cotidianas. El hambre revela entonces no sólo nuestra indigencia, sino sobre todo su amor; recordémoslo cada vez que cruzamos la mirada con el hermano y la hermana a quienes les falta lo necesario. Esos ojos, de hecho, nos repiten la pregunta que Jesús hizo a sus discípulos: ¿qué hacen por toda esta gente? Es cierto que ser testigos de Cristo, imitando sus gestos de amor conlleva, a menudo, dificultades y obstáculos, tanto fuera como dentro de nosotros, donde el orgullo puede corromper el corazón. En esos momentos, sin embargo, repitamos con el salmista: «El Señor es mi luz y mi salvación: ¿a quién temeré?» (Sal 27,1). Aunque a veces vacilemos, Dios siempre nos alienta: «Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor» (v. 14).

Queridos jóvenes, les dirijo esta invitación especialmente a ustedes, porque son los hijos amados de la tierra de África. Como hermanos y hermanas de Jesús, multipliquen sus talentos con la fe, la tenacidad y la amistad que los animan. Vayan entre los primeros a ser rostros y manos que llevan al prójimo el pan de la vida; alimento de sabiduría y de liberación de todo aquello que no nos nutre, sino que confunde nuestros buenos deseos y nos roba la dignidad.

Incluso en su país tan fértil, Camerún, muchos sufren la pobreza, tanto material como espiritual. No cedan a la desconfianza y al desánimo; rechacen toda forma de abuso y violencia, que engañan prometiendo ganancias fáciles, pero endurecen el corazón y lo vuelven insensible. No olviden que su pueblo es aún más rico que esta tierra, pues su tesoro son sus valores: la fe, la familia, la hospitalidad, el trabajo. Sean, pues, protagonistas del futuro, siguiendo la vocación que Dios da a cada uno, sin dejarse comprar por tentaciones que malgastan las energías y no contribuyen al progreso de la sociedad.

Para hacer de su espíritu valiente una profecía del mundo nuevo, tomen como ejemplo lo que hemos escuchado en los Hechos de los Apóstoles. Los primeros cristianos daban un audaz testimonio del Señor Jesús ante las dificultades y las amenazas, y perseveraban incluso en medio de los ultrajes (cf. Hch 5,40-41). Estos discípulos «todos los días, tanto en el Templo como en las casas, no cesaban de enseñar y de anunciar la Buena Noticia de Cristo Jesús» (v. 42), es decir, del Mesías, el Liberador del mundo. Sí, el Señor libera del pecado y de la muerte. Anunciar con constancia este Evangelio es la misión de todo cristiano; es la misión que confío especialmente a ustedes, jóvenes, y a toda la Iglesia que vive en Camerún. Conviértanse en buena noticia para su país, como los es, por ejemplo, el beato Floribert Bwana Chui para el pueblo congolés.

Hermanos y hermanas, enseñar significa dejar huella, como hace el labrador con el arado en el campo, para que lo que siembra dé fruto. Así es como el anuncio cristiano cambia nuestra historia, transformando las mentes y los corazones. Anunciar a Jesús Resucitado significa trazar signos de justicia en una tierra que sufre y está oprimida; signos de paz entre rivalidades y corrupciones; signos de fe que nos liberan de la superstición y de la indiferencia. Con este Evangelio en el corazón, dentro de poco compartiremos el Pan eucarístico, que nos sacia para la vida eterna. Con fe gozosa, pidamos al Señor que multiplique entre nosotros su don, por el bien de todos.