domingo, 19 de abril de 2026

Superar las divisiones

 

El Papa en Luanda: superar las divisiones para construir un futuro de esperanza

En la primera misa presidida en Angola, León XIV recuerda el dolor del país afectado por una larga guerra civil, pide la presencia de “una Iglesia que sepa acompañarlos en el camino” e insta a superar viejas divisiones para construir un futuro de esperanza sobre todo para los numerosos jóvenes que la han perdido.

María Cecilia Mutual - Ciudad del Vaticano

Construir un país en el que se superen para siempre las viejas divisiones y dar un futuro de esperanza a los jóvenes que la han perdido. Fue la invitación del Papa León en la homilía de la primera misa celebrada en Angola, en la explanada de Kilamba, esta mañana 19 de abril.

Hablando en portugués, ante unos 100 mil fieles, el pontífice inició su homilía agradeciendo a los presentes por la cálida bienvenida que le brindaron. Su reflexión se inspiró en el Evangelio de este tercer domingo de Pascua, en el que el Señor nos habla a través del relato de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35).

Lea el texto completo de la homilía del Papa

El Papa repasa la escena de los dos discípulos del Señor, quienes “con el corazón lastimado y triste” salen de Jerusalén para regresar a Emaús. “Decepcionados y derrotados” después de haber visto morir a Jesús, en el camino “hablaban sobre lo que había ocurrido” – dice León XIV - necesitan “compartir lo que han vivido, aunque corran el riesgo de quedarse atrapados en el dolor, cerrados a la esperanza”.

En esta escena inicial del Evangelio el Pontífice ve reflejada la historia de Angola: un “país bellísimo pero lastimado, que tiene hambre y sed de esperanza, de paz y de fraternidad”.

La conversación de los dos discípulos mientras caminan, recordando con tristeza lo que le ha sucedido a su Maestro, nos trae a la memoria el dolor que ha marcado a este país: una larga guerra civil con su secuela de enemistades y divisiones, de recursos malgastados y de pobreza.

El riesgo de perder la esperanza y paralizarse

Ante esta larga situación de dolor, se corre el riesgo, advierte el Papa, de sufrir la misma suerte que los dos discípulos de Emaús: “perder la esperanza y quedarse paralizado por el desánimo”. Pero recuerda que la “Buena Nueva del Señor, también hoy para nosotros, es que “Él está vivo, ha resucitado y va a nuestro lado mientras recorremos el camino del sufrimiento y la amargura”:

El Señor se acerca a los dos discípulos desanimados y sin esperanza y, al hacerse su compañero de camino, los ayuda a recomponer los fragmentos de aquella historia, a mirar más allá del dolor (…) Para nosotros, y también para ustedes, queridos hermanos y hermanas angoleños, queda así trazado el camino para volver a empezar: por un lado, la certeza de que el Señor nos acompaña y tiene compasión de nosotros; por otro, el compromiso que Él nos pide.

Mantener la mirada fija en Jesús

La compañía del Señor la experimentamos en la oración, en la escucha de su Palabra y sobre todo “en la celebración de la Eucaristía”, recuerda el Papa, “donde nos encontramos con Dios”. Y advierte que hay que estar “siempre atentos a aquellas formas de religiosidad tradicional que, sin duda, pertenecen a las raíces de la cultura de ustedes, pero que, al mismo tiempo, suponen el riesgo de confundir y mezclar elementos mágicos y supersticiosos que no ayudan en el camino espiritual”. De ahí su exhortación:

Permanezcan fieles a lo que enseña la Iglesia, confíen en sus Pastores y mantengan la mirada fija en Jesús, que se revela especialmente en la Palabra y en la Eucaristía.

Convertirse en pan partido para transformar la realidad

A esta certeza de no estar solos en el camino se añade también un compromiso generoso capaz de aliviar las heridas y reavivar la esperanza, precisa León XIV, indicando que también nosotros debemos reconocerlo así: no sólo en la Eucaristía, sino en cualquier lugar donde haya una vida que se convierta en pan partido, en cualquier lugar donde alguien se haga don de compasión como Él.

Una Iglesia que reavive la esperanza perdida

Ante los problemas sociales y económicos y las diferentes formas de pobreza que sufre Angola, el Papa León pide la presencia de “una Iglesia que sepa acompañarlos en el camino y escuchar el lamento de sus hijos”, que “sepa reavivar la esperanza perdida”: “obispos, sacerdotes, misioneros, religiosas y religiosos, laicos y laicas que tengan en el corazón el deseo de entregar su propia vida y ofrecérsela unos a otros, de comprometerse en el amor y el perdón mutuos, de construir espacios de fraternidad y de paz, de realizar gestos de compasión y solidaridad hacia quienes más lo necesitan”.

Construir la esperanza del futuro

“Con la gracia de Cristo Resucitado podemos convertirnos en ese pan partido que transforma la realidad” es el aliento del Sucesor de Pedro.

“También nosotros podemos y queremos construir un país en el que se superen para siempre las viejas divisiones, en el que desaparezcan el odio y la violencia, en el que la lacra de la corrupción sea sanada por una nueva cultura de la justicia y el compartir. Sólo así será posible un futuro de esperanza, sobre todo para los numerosos jóvenes que la han perdido”

Concluyendo su homilía, el Santo Padre exhorta a “mirar hacia el futuro con esperanza y construir la esperanza del futuro. ¡No tengan miedo de hacerlo!"

sábado, 18 de abril de 2026

Un llamado concreto a la solidaridad y al compromiso comunitario

 

¿Qué cambia tras la visita del Papa León XIV a Camerún?

Entre fe, diversidad y vida cotidiana, el paso del Pontífice deja un llamado concreto a la solidaridad y al compromiso comunitario. La Iglesia local, joven y vibrante, recibe el desafío de transformar la esperanza en acciones duraderas, constructoras de auténtica paz y reconciliación.

Sebastián Sansón Ferrari, enviado especial a Yaundé

El viaje apostólico del Papa León XIV en Camerún no se cierra simplemente con una misa multitudinaria, sino que deja abiertas preguntas de fondo sobre el presente y el futuro de la Iglesia y de la sociedad camerunesa. ¿Qué permanece después de su paso? ¿Qué semillas han sido sembradas en medio de una realidad marcada por contrastes, tensiones y una profunda vitalidad humana y espiritual?

La escena final en Yaundé ofrece algunas pistas elocuentes. Entre el ruido constante del tráfico, el smog y el incesante movimiento de motos que atraviesan la ciudad, muchas de ellas con hasta tres personas a bordo, emergió una comunidad viva, capaz de transformar un entorno cotidiano en un espacio de celebración. La diversidad lingüística -ewondo en los cantos del Kyrie y del Gloria, junto con intenciones de los fieles en francés, inglés, nnanga y fulfulde- no fue solo un rasgo cultural, sino una manifestación concreta de comunión en la diferencia, una imagen de Iglesia que acoge y armoniza múltiples voces.

La vigilia en la base aérea 101 de Mvan, iniciada la tarde del viernes 17 de abril, condensó el corazón del mensaje papal: una Iglesia que ora, comparte y camina unida. Durante horas, los fieles participaron en cantos de alabanza, invocaciones al Espíritu Santo y una meditación centrada en la paz, la unidad y la esperanza cristiana. A ello se sumaron momentos de convivencia sencilla, con bebidas calientes y espacios de encuentro, así como una celebración penitencial y confesiones individuales que ofrecieron una oportunidad concreta de renovación interior. 

En este contexto, la presencia de la imagen de la Madre de Dios, Reina de los Apóstoles, junto al altar, conectó el presente con la memoria histórica del país. Desde la primera misa celebrada en 1890 en Marienberg por los misioneros palotinos hasta hoy, esta devoción ha acompañado el crecimiento de la Iglesia en Camerún. No se trata solo de un recuerdo, sino de una continuidad viva que refuerza la identidad y la misión de la comunidad cristiana en el país.

Pero más allá de los signos visibles, el núcleo del legado parece estar en la llamada a la responsabilidad compartida. En su homilía, el Papa León XIV insistió en que nadie debe quedar solo frente a las adversidades de la vida. Invitó a construir estructuras de solidaridad y ayuda mutua capaces de sostener a las personas en tiempos de crisis -sociales, políticas, sanitarias o económicas-, proponiendo así una fe que se traduce en acción concreta y organizada.

Así, la pregunta inicial encuentra una respuesta abierta pero exigente: el viaje deja un impulso para fortalecer la unidad en la diversidad y transformar la fe en un compromiso tangible. En definitiva, una invitación a que la Iglesia en Camerún continúe siendo no solo un signo de esperanza, sino también un actor decisivo en la construcción de una sociedad más solidaria y fraterna.

viernes, 17 de abril de 2026

Homilía del Santo Padre

 

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Viaje apostólico de Su Santidad León XIV a Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial (13-23 de abril de 2026) – Santa Misa en el estadio Japoma de Douala, 17.04.2026

A las 08:05 (hora local), el Santo Padre se dirigió en automóvil al Aeropuerto Internacional de Yaundé-Nsimalen, desde donde, tras despedirse de algunas autoridades locales, partió a las 08:55 a bordo del Airbus A330-900neo de ITA Airways, con destino a Douala.

Al llegar al Aeropuerto Internacional de Douala a las 09:24, el Papa fue recibido por algunas autoridades locales. A continuación, se trasladó en automóvil al Japoma Stadium para la Santa Misa del viernes de la segunda semana de Pascua.

A las 11:00, tras dar una vuelta en el papamóvil entre los fieles, el Papa presidió la celebración eucarística.

Tras los ritos de introducción y la liturgia de la palabra, el Santo Padre pronunció la homilía.

Al término de la Santa Misa, el arzobispo de Douala, S.E. Monseñor Samuel Kleda, dirigió al Santo Padre unas palabras de agradecimiento.

El Papa regresa a la sacristía y, posteriormente, a las 13:00 horas, se traslada en automóvil al Hospital Católico Saint Paul de Douala, donde es recibido por la directora del centro.

Al término de la visita privada, el Santo Padre se dirige en automóvil al Aeropuerto Internacional de Douala y, tras despedirse de algunas autoridades locales, parte a las 14:10 con destino a Yaundé.

A su llegada, a las 15:20 hora local, el Papa regresa a la Nunciatura Apostólica.

Publicamos a continuación la homilía que el Papa León XIV pronunció durante la celebración:

Homilía del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas:

El Evangelio que acabamos de escuchar (Jn 6,1-15) es palabra de salvación para toda la humanidad. Hoy se proclama en todas partes esta Buena Noticia, que para la Iglesia en Camerún resuena como un anuncio providencial del amor de Dios y de nuestra comunión.

El testimonio del apóstol Juan describe, en efecto, a una gran multitud (cf. vv. 2-5), como somos nosotros ahora, aquí. Para toda esa gente, sin embargo, había muy poca comida: sólo «cinco panes de cebada y dos pescados» (v. 9). Al observar esta desproporción, Jesús nos pregunta hoy, como entonces preguntó a sus discípulos: ¿cómo resuelven ustedes este problema? Vean cuánta gente hambrienta, oprimida por el cansancio: ¿qué hacen?

Esta pregunta se dirige a cada uno de nosotros: se dirige a los padres y a las madres que cuidan a sus familias; se dirige a los pastores de la Iglesia, que velan por la grey del Señor; se dirige a quienes tienen la responsabilidad social y política de atender al pueblo y mirar por su bien. Cristo dirige esta pregunta a los poderosos y a los débiles, a los ricos y a los pobres, a los jóvenes y a los ancianos, porque todos tenemos hambre por igual. Esta indigencia nos recuerda que somos criaturas. Necesitamos comer para vivir. No somos Dios; pero, precisamente, ¿dónde está Dios ante el hambre de la gente?

Mientras espera nuestras respuestas, Jesús da la suya: «Tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron» (v. 11). Un grave problema se resuelve bendiciendo la poca comida que hay y repartiéndola entre todos los que tienen hambre. La multiplicación de los panes y los peces ocurre en el compartir; ¡he aquí el milagro! Hay pan para todos si se da a todos. Hay pan para todos si se lo toma no con una mano que acapara, sino con una mano que da. Observemos bien el gesto de Jesús: cuando el Hijo de Dios toma el pan y los peces, ante todo da gracias. Agradece al Padre por un bien que se convierte en don y bendición para todo el pueblo.

Al hacerlo así, la comida abunda; no se raciona por emergencia, no se roba por disputa ni se desperdicia por quienes se atiborran ante quienes no tienen nada que comer. Al pasar de las manos de Cristo a las de sus discípulos, la comida aumenta para todos, es más, sobreabunda (cf. vv. 12-13). La gente, admirada por lo que había hecho Jesús, exclamó: «Este es, verdaderamente, el Profeta» (v. 14), es decir, aquel que habla en nombre de Dios, el Verbo del Omnipotente. Y es verdad, pero Jesús no utiliza estas palabras con vistas a un éxito personal; no quiere convertirse en rey (cf. v. 15), porque ha venido a servir con amor, no a dominar.

El milagro que realizó es signo de este amor; no nos hace ver solamente cómo Dios alimenta a la humanidad con el pan de vida, sino también cómo nosotros podemos llevar este alimento a todos los hombres y mujeres que, como nosotros, tienen hambre de paz, de libertad y de justicia. Cada gesto de solidaridad y perdón, cada iniciativa de bien es un bocado de pan para la humanidad necesitada de cuidados. Y, sin embargo, esto no es suficiente. Al alimento que nutre el cuerpo hay que unir, con igual caridad, el alimento del alma, que nutre nuestra conciencia, que nos sostiene en la hora oscura del miedo, en medio de las tinieblas del sufrimiento. Este alimento es Cristo, que siempre nutre en abundancia a su Iglesia y nos fortalece en el camino con su Cuerpo.

Hermanas y hermanos, la Eucaristía que estamos celebrando se convierte, por tanto, en fuente de una fe renovada, porque Jesús está presente entre nosotros. El Sacramento no reaviva un recuerdo lejano en el tiempo, sino que realiza una “compañía” que nos transforma, porque nos santifica. ¡Felices los invitados a la cena del Señor! En torno a la Eucaristía, esta misma mesa se convierte en anuncio de esperanza en las pruebas de la historia y en las injusticias que vemos a nuestro alrededor. Se convierte en signo de la caridad de Dios, que en Cristo nos invita a compartir lo que tenemos, para que se multiplique en la fraternidad eclesial.

El Señor abraza el cielo y la tierra, conoce nuestro corazón y todas las situaciones, alegres o tristes, que vivimos. Al hacerse hombre para salvarnos, quiso compartir las necesidades de la humanidad, empezando por las más sencillas y cotidianas. El hambre revela entonces no sólo nuestra indigencia, sino sobre todo su amor; recordémoslo cada vez que cruzamos la mirada con el hermano y la hermana a quienes les falta lo necesario. Esos ojos, de hecho, nos repiten la pregunta que Jesús hizo a sus discípulos: ¿qué hacen por toda esta gente? Es cierto que ser testigos de Cristo, imitando sus gestos de amor conlleva, a menudo, dificultades y obstáculos, tanto fuera como dentro de nosotros, donde el orgullo puede corromper el corazón. En esos momentos, sin embargo, repitamos con el salmista: «El Señor es mi luz y mi salvación: ¿a quién temeré?» (Sal 27,1). Aunque a veces vacilemos, Dios siempre nos alienta: «Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor» (v. 14).

Queridos jóvenes, les dirijo esta invitación especialmente a ustedes, porque son los hijos amados de la tierra de África. Como hermanos y hermanas de Jesús, multipliquen sus talentos con la fe, la tenacidad y la amistad que los animan. Vayan entre los primeros a ser rostros y manos que llevan al prójimo el pan de la vida; alimento de sabiduría y de liberación de todo aquello que no nos nutre, sino que confunde nuestros buenos deseos y nos roba la dignidad.

Incluso en su país tan fértil, Camerún, muchos sufren la pobreza, tanto material como espiritual. No cedan a la desconfianza y al desánimo; rechacen toda forma de abuso y violencia, que engañan prometiendo ganancias fáciles, pero endurecen el corazón y lo vuelven insensible. No olviden que su pueblo es aún más rico que esta tierra, pues su tesoro son sus valores: la fe, la familia, la hospitalidad, el trabajo. Sean, pues, protagonistas del futuro, siguiendo la vocación que Dios da a cada uno, sin dejarse comprar por tentaciones que malgastan las energías y no contribuyen al progreso de la sociedad.

Para hacer de su espíritu valiente una profecía del mundo nuevo, tomen como ejemplo lo que hemos escuchado en los Hechos de los Apóstoles. Los primeros cristianos daban un audaz testimonio del Señor Jesús ante las dificultades y las amenazas, y perseveraban incluso en medio de los ultrajes (cf. Hch 5,40-41). Estos discípulos «todos los días, tanto en el Templo como en las casas, no cesaban de enseñar y de anunciar la Buena Noticia de Cristo Jesús» (v. 42), es decir, del Mesías, el Liberador del mundo. Sí, el Señor libera del pecado y de la muerte. Anunciar con constancia este Evangelio es la misión de todo cristiano; es la misión que confío especialmente a ustedes, jóvenes, y a toda la Iglesia que vive en Camerún. Conviértanse en buena noticia para su país, como los es, por ejemplo, el beato Floribert Bwana Chui para el pueblo congolés.

Hermanos y hermanas, enseñar significa dejar huella, como hace el labrador con el arado en el campo, para que lo que siembra dé fruto. Así es como el anuncio cristiano cambia nuestra historia, transformando las mentes y los corazones. Anunciar a Jesús Resucitado significa trazar signos de justicia en una tierra que sufre y está oprimida; signos de paz entre rivalidades y corrupciones; signos de fe que nos liberan de la superstición y de la indiferencia. Con este Evangelio en el corazón, dentro de poco compartiremos el Pan eucarístico, que nos sacia para la vida eterna. Con fe gozosa, pidamos al Señor que multiplique entre nosotros su don, por el bien de todos.

jueves, 16 de abril de 2026

León XIV en Camerún

 

León XIV lleva un mensaje de reconciliación al corazón herido de Camerún

En Bamenda, una de las zonas más afectadas por el conflicto anglófono, el Pontífice preside un encuentro por la paz y la santa misa; también refuerza su llamado a la paz, el diálogo y la unidad en medio de una crisis que sigue marcando la vida del país.

Sebastián Sansón Ferrari, enviado especial a Yaundé

Tras la apoteósica explosión de alegría al llegar a Camerún, el Papa León XIV comienza una intensa jornada marcada por encuentros y gestos cargados de significado. Entre danzas, cantos y una multitud volcada en las calles, el Pontífice es recibido como un mensajero de paz y esperanza.

En este clima de entusiasmo, se reúne con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático, donde subraya la importancia del diálogo y la responsabilidad común en la construcción de la paz.

Pero es en el orfanato Ngul Zamba donde su visita adquiere un tono más íntimo. Allí, entre niños marcados por historias difíciles, deja un mensaje claro: Dios no abandona, especialmente en medio del sufrimiento, y en su familia nadie queda excluido.

La jornada lo conduce luego hacia Bamenda, en el norte del país, una región profundamente herida por la violencia desatada durante la denominada crisis anglófona. En este contexto, su presencia se convierte en un llamado concreto a la reconciliación, en un país que busca caminos para reencontrarse, sanar y seguir adelante.

Entre los momentos más destacados del día figuran también la celebración de la santa misa en el aeropuerto de Bamenda y su regreso a Yaundé, donde continúa su intensa agenda de actividades.

miércoles, 15 de abril de 2026

Es un don de Dios la paz

 

El Papa: La paz no se decreta, se acoge y se vive. Es un don de Dios

Este 15 de abril, en el marco de su 3º Viaje Apostólico a África, en su primer discurso en Camerún, ante las autoridades, los representantes de la sociedad civil y el Cuerpo diplomático, el Papa León XIV recordó los desafíos que aun afectan al país e hizo un nuevo llamamiento en favor de la paz. «El mundo tiene sed de paz […]. ¡Basta ya de guerras, con sus dolorosos cúmulos de muertos, destrucciones y exiliados!».

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Que Dios bendiga a Camerún, sostenga a sus dirigentes, inspire a la sociedad civil, ilumine la labor del Cuerpo diplomático y conceda a todo el pueblo camerunés —cristianos y no cristianos, responsables políticos y ciudadanos— acoger el Reino de Dios, construyendo juntos un futuro de justicia y de paz”, este es el deseo que manifestó el Papa León XIV a las autoridades, a los representantes de la sociedad civil y al Cuerpo diplomático de Camerún, este 15 de abril, en el Palacio Presidencial de Yaundé, en su primer discurso de la segunda etapa de su Viaje Apostólico Internacional a África.

La variedad no es una fragilidad, es un tesoro

Al iniciar su discurso, en la Sala de Reuniones del Palacio de la Unidad, el Santo Padre agradeció la cálida acogida que le brindaron y señaló que es una alegría encontrarse en la denominada “África en miniatura”, nombre con el cual se conoce a Camerún por la riqueza de sus territorios, sus culturas, sus lenguas y sus tradiciones.

“Esta variedad no es una fragilidad; es un tesoro. Constituye una promesa de fraternidad y un sólido fundamento para construir una paz duradera”.

El afecto del Sucesor de Pedro por todos los cameruneses

A los cameruneses, el Pontífice les dijo que llegaba “como pastor y como servidor del diálogo, de la fraternidad y de la paz”; y que su visita expresa el afecto del Sucesor de Pedro por todos los cameruneses, así como el deseo de animar a cada uno a proseguir, con entusiasmo y perseverancia, en la construcción del bien común.

“¡Cuánta hambre y sed de justicia! ¡Cuánta sed de participación, de horizontes, de decisiones valientes y de paz! Es mi gran deseo llegar al corazón de todos, en particular de los jóvenes, llamados a dar forma, también política, a un mundo más justo. Deseo además manifestar la voluntad de reforzar los lazos de cooperación entre la Santa Sede y la República de Camerún, fundados en el respeto mutuo, en la dignidad de cada persona humana y en la libertad religiosa”.

Trabajar por la unidad y la justicia

Y al recordar la visita de sus predecesores a Camerún, el Papa León XIV señaló que, “esos momentos marcaron su historia nacional, como exhortaciones exigentes al espíritu de servicio, a la unidad y a la justicia”. Y entonces, el Papa invitó a preguntarse:

“¿En qué punto nos encontramos? ¿De qué manera ha dado fruto la Palabra que se nos ha anunciado? ¿Y qué queda por hacer?”.

Conciencia íntegra al bien común de todo el pueblo

Citando a San Agustín, el Pontífice subrayó la responsabilidad que tienen los gobernantes de un país, que deben de estar a “un servicio lleno de bondad”.

“Desde esta perspectiva, servir a la propia patria significa dedicarse con mente lúcida y conciencia íntegra al bien común de todo el pueblo: de la mayoría, de las minorías y de su armonía recíproca”.

Las tensiones y la violencia que afectan a varios países

Y al señalar que, hoy, Camerún como muchas otras naciones, está atravesando pruebas complejas. Las tensiones y la violencia que han afectado a algunas regiones del noroeste, del suroeste y del extremo norte han provocado un profundo sufrimiento: vidas perdidas, familias desplazadas, niños privados de la escuela, jóvenes que no ven un futuro.

“Detrás de las estadísticas hay rostros, historias y esperanzas heridas. Ante situaciones tan dramáticas, a principios de este año invité a la humanidad a rechazar la lógica de la violencia y de la guerra, para abrazar una paz fundada en el amor y la justicia”.

La paz no puede reducirse a un eslogan

Luego, explicando la frase que está marcando su pontificado, el Papa León explicó que la paz tiene que ser “desarmada y desarmante”. “Una paz que sea desarmada, es decir, no basada en el miedo, la amenaza o el armamento; y desarmante, porque es capaz de resolver los conflictos, de abrir los corazones y de generar confianza, empatía y esperanza”.

“La paz no puede reducirse a un eslogan: debe encarnarse en un estilo, personal e institucional, que repudie toda forma de violencia. Por eso reitero con fuerza: «El mundo tiene sed de paz […]. ¡Basta ya de guerras, con sus dolorosos cúmulos de muertos, destrucciones y exiliados!». Este grito quiere ser un llamamiento a la voluntad de contribuir a una paz auténtica, anteponiéndola a cualquier interés particular”.

La sociedad civil y la paz social

La mirada del Papa se extiende al papel de los políticos, a la capacidad de gobernar, que «significa amar a la propia patria y a los países vecinos», «escuchar verdaderamente a los ciudadanos, valorar su inteligencia y su capacidad para contribuir a la construcción de soluciones duraderas a los problemas». Desde esta perspectiva, «la sociedad civil debe considerarse una fuerza vital para la cohesión nacional», porque es capaz de apoyar, intervenir y aliviar tensiones, pero, sobre todo, es capaz de formar conciencias, promover una cultura de diálogo y respeto por las diferencias.

“¡Camerún también está preparado para esta transición! Asociaciones, organizaciones de mujeres y jóvenes, sindicatos, ONG humanitarias, líderes tradicionales y religiosos: todos desempeñan un papel insustituible en la construcción de la paz social”.

Mujeres artífices de paz

«Quisiera destacar con gratitud el papel de las mujeres», afirma el Pontífice, consciente de la discriminación que sufren, pero a pesar de ser víctimas de prejuicios y violencia, «siguen siendo incansables constructoras de paz». Pide que se les reconozca plenamente.

“Su compromiso con la educación, la mediación y la reconstrucción del tejido social es incomparable y representa un freno a la corrupción y al abuso de poder. Por ello, su voz debe ser plenamente reconocida en los procesos de toma de decisiones”.

Respeto a los Derechos Humanos

Otro punto clave del discurso del Obispo de Roma es la «transparencia en la gestión de los recursos públicos y el respeto al Estado de derecho». Por esta razón, hace un llamado a «un examen de conciencia y un valiente paso adelante», recordando que la estabilidad surge de instituciones justas y creíbles que jamás deben ser motivo de división.

“La seguridad es una prioridad, pero siempre debe ejercerse con respeto a los derechos humanos, combinando rigor y generosidad, con especial atención a los más vulnerables. La paz auténtica nace cuando todos se sienten protegidos, escuchados y respetados, cuando la ley constituye una barrera segura frente a la arbitrariedad de los más ricos y poderosos”.

Romper las cadenas de la corrupción

Para el Papa, el testimonio y la vida de quienes gobiernan son fundamentales y están intrínsecamente ligados a la colaboración entre los distintos órganos y niveles administrativos del Estado al servicio del pueblo, especialmente de los más pobres, y a una vida de integridad.

“Para que florezcan la paz y la justicia, es necesario romper las cadenas de la corrupción, que desfiguran la autoridad y la despojan de su autoridad. Debemos liberar nuestros corazones de esa sed de ganancia que es idolatría: la verdadera ganancia es el desarrollo humano integral, es decir, el crecimiento equilibrado de todos los aspectos que hacen de la vida en esta tierra una bendición”.

Según León XIV, Camerún cuenta con los recursos humanos, culturales y espirituales necesarios para superar las dificultades y los conflictos y avanzar hacia un futuro de estabilidad y prosperidad compartida. «El compromiso común con el diálogo, la justicia y el desarrollo integral», explica, «debe transformar las heridas del pasado en fuentes de renovación»

Profetas de paz

Respecto a los jóvenes, «la esperanza del país y de la Iglesia», el Papa hace un llamado a invertir en su educación, formación y emprendimiento, pues «es la única manera de frenar la fuga de talentos maravillosos hacia otras regiones del planeta». Es también el camino para combatir las plagas de las drogas, la prostitución y la apatía, «que devastan demasiadas vidas jóvenes, de una manera cada vez más dramática». La espiritualidad de los jóvenes, afirma, es una energía «que hace preciosos sus sueños, arraigados en las profecías que nutren sus oraciones y sus corazones».

“Las tradiciones religiosas, cuando no están distorsionadas por el veneno del fundamentalismo, inspiran profetas de paz, justicia, perdón y solidaridad. Al fomentar el diálogo interreligioso e involucrar a los líderes religiosos en iniciativas de mediación y reconciliación, la política y la diplomacia pueden recurrir a fuerzas morales capaces de apaciguar tensiones, prevenir la radicalización y promover una cultura de estima y respeto mutuos”.

Finalmente, el Pontífice recordó el compromiso de la Iglesia Católica en Camerún con la educación, la sanidad y las causas benéficas, que pretende continuar "sin distinción", colaborando con todas "las fuerzas vitales de la nación para promover la dignidad humana y la reconciliación"

El Papa pronunció su homilía.14/4/2026

 

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Viaje apostólico de Su Santidad León XIV a Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial (13-23 de abril de 2026) – Santa Misa en la Basílica de San Agustín, 14.04.2026

A las 15:30, el Santo Padre León XIV presidió la celebración eucarística en la Basílica de San Agustín.

Tras los ritos de introducción y la liturgia de la Palabra, el Papa pronunció su homilía.

Al término de la Santa Misa, el obispo de Constantina, monseñor Michel Guillaud, dirigió unas palabras de agradecimiento al Santo Padre.

Publicamos a continuación la homilía que el papa León XIV pronunció durante la Santa Misa, tras la proclamación del Evangelio:

Homilía del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas:

La Palabra divina atraviesa la historia y la renueva con la voz humana del Salvador. Hoy escuchamos el Evangelio, buena noticia para todos los tiempos, en esta basílica de Annaba dedicada a san Agustín, obispo de la antigua Hipona. A lo largo de los siglos, los lugares que nos acogen han cambiado de nombre, pero los santos han permanecido como nuestros patronos y testigos fieles de un vínculo con la tierra, que viene del cielo. Esta es precisamente la dinámica que el Señor enciende en la noche de Nicodemo: esta es la fuerza que Cristo infunde a la debilidad de su fe y a la tenacidad de su búsqueda.

Enviado por el Espíritu de Dios, que «no sabes de dónde viene ni a dónde va» (Jn 3,8), Jesús es para Nicodemo un huésped especial. Lo llama a una vida nueva, dando a su interlocutor y también a nosotros una tarea sorprendente: «ustedes tienen que renacer de lo alto» (v. 7). ¡He aquí la invitación para todo hombre y toda mujer que busca la salvación! Del llamado de Jesús brota la misión para toda la Iglesia y, por tanto, para la comunidad cristiana de Argelia: nacer nuevamente de lo alto, es decir, de Dios. En esta perspectiva, la fe vence las dificultades terrenas y la gracia del Señor hace florecer el desierto. Sin embargo, la belleza de esta exhortación lleva consigo una prueba que el Evangelio nos llama a afrontar juntos.

Las palabras de Cristo, en efecto, tienen toda la firmeza de un deber: ¡deben renacer de lo alto! Tal imperativo resuena en nuestros oídos como un mandato imposible. Escuchando con atención a Aquel que lo da, comprendemos, sin embargo, que no se trata de una dura imposición, ni de una coacción o, menos aún, de una condena al fracaso. Al contrario, el deber expresado por Jesús es para nosotros un don de libertad, porque nos revela una insospechada posibilidad: podemos renacer de lo alto, gracias a Dios. Pero debemos hacerlo según su voluntad de amor, que desea renovar a la humanidad llamándola a una comunión de vida, que comienza con la fe. Mientras Cristo nos pide renovar totalmente toda nuestra existencia, también nos da la fuerza para hacerlo. Lo atestigua bien san Agustín, que le dice al Señor: «Dame lo que mandas y manda lo que quieras» (Confesiones, X, 29, 40).

Entonces, cuando nos preguntamos cómo es posible un futuro de justicia y de paz, de concordia y de salvación, recordemos que estamos haciendo a Dios la misma pregunta que Nicodemo: ¿de verdad puede cambiar nuestra historia? ¡Estamos tan cargados de problemas, acechanzas y tribulaciones! ¿De verdad nuestra vida puede recomenzar desde cero? ¡Sí! La afirmación del Señor, tan llena de amor, colma nuestros corazones de esperanza. No importa cuán oprimidos estemos por el dolor o por el pecado; el Crucificado lleva todos esos pesos con nosotros y por nosotros. No importa cuánto nos desanimen nuestras debilidades; porque es precisamente entonces cuando se manifiesta la fuerza de Dios, que ha resucitado a Cristo de entre los muertos para dar vida al mundo (cf. Rm 8,1). Cada uno de nosotros puede experimentar la libertad de la vida nueva que viene de la fe en el Redentor. De nuevo, san Agustín nos ofrece un ejemplo: antes que por su sabiduría, lo contemplamos por su conversión. En este renacer, providencialmente acompañado por las lágrimas de su madre, santa Mónica, llegó a ser él mismo exclamando: «Nada sería yo, Dios mío, nada sería yo en absoluto si tú no estuvieses en mí; pero, ¿no sería mejor decir que yo no sería en modo alguno si no estuviese en ti?» (Confesiones, I, 2).

Así es; los cristianos nacen de lo alto, regenerados por Dios como hermanos y hermanas de Jesús, y la Iglesia que los nutre con los sacramentos es un seno materno para todos los pueblos de la tierra. Como hemos escuchado hace poco, los Hechos de los Apóstoles dan testimonio de ello al narrar el estilo que distingue a la humanidad renovada por el Espíritu Santo (cf. Hch 4,32-37). También hoy es necesario acoger y realizar este canon apostólico, meditándolo como auténtico criterio de reforma eclesial; una reforma que comienza en el corazón, para ser verdadera, y concierne a todos, para hacerse eficaz.

En primer lugar, «la multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma» (v. 32). Esta unidad espiritual es la concordia, palabra que expresa bien la comunión de corazones que laten juntos, porque están unidos al de Cristo. La Iglesia naciente no se basa, por tanto, en un contrato social, sino en una armonía en la fe, en los afectos, en las ideas y en las opciones de vida, pues tiene el centro en el amor de Dios, hecho hombre para salvar a todos los pueblos de la tierra.

En segundo lugar, contemplamos el efecto material de esta unidad espiritual de los creyentes: «todo era común entre ellos» (v. 32). Todos lo comparten todo, participando en los bienes de cada uno como miembros de un solo cuerpo. Nadie se ve privado de algo, porque cada uno pone en común lo que le es propio. Transformando la posesión en don, esta entrega fraterna no representa una utopía más que para los corazones rivales entre sí y las almas ávidas de sí mismas. Al contrario, la fe en el único Dios, Señor del cielo y de la tierra, une a los hombres según una justicia perfecta, que invita a todos a la caridad, es decir, a amar a toda criatura con el amor que Dios nos da en Cristo. Por eso, sobre todo ante la indigencia y la opresión, los cristianos tienen como código fundamental la caridad: hagamos al prójimo lo que quisiéramos que hicieran por nosotros (cf. Mt 7,12). La Iglesia, animada por esta ley que Dios escribe en los corazones, está siempre dando vida, porque donde hay desesperación, enciende esperanza; donde hay miseria, lleva dignidad; donde hay conflicto, lleva reconciliación.

En tercer lugar, en el texto de los Hechos encontramos el fundamento de esta vida nueva, que involucra a pueblos de toda lengua y cultura: «Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima» (Hch 4,33). La caridad que los anima, antes que compromiso moral, es signo de salvación; los Apóstoles proclaman que nuestra vida puede cambiar porque Cristo ha resucitado de entre los muertos. La primera tarea de los pastores, ministros del Evangelio es, por tanto, dar testimonio de Dios al mundo con un sólo corazón y una sola alma, sin que las preocupaciones nos corrompan con el miedo ni las modas nos debiliten mediante las componendas. Junto con ustedes, hermanos en el episcopado, y con ustedes, presbíteros, renovemos constantemente esta misión para el bien de cuantos nos han sido confiados, a fin de que la Iglesia entera sea, en su servicio, mensaje de vida nueva para aquellos que encontramos.

Queridísimos cristianos de Argelia: permanezcan en esta tierra como signo humilde y fiel del amor de Cristo. Den testimonio del Evangelio con gestos sencillos, relaciones verdaderas y un diálogo vivido día a día; así darán sabor y serán luz allí donde viven. La presencia de ustedes en el país trae a la mente el incienso: un grano incandescente, que esparce perfume porque da gloria al Señor y alegría y consuelo a tantos hermanos y hermanas. Ese incienso es un elemento pequeño y precioso, que no está en el centro de la atención, sino que invita a dirigir nuestros corazones a Dios, animándonos unos a otros a perseverar en las dificultades del tiempo presente. Del incensario de nuestro corazón se elevan, en efecto, la alabanza, la bendición y la súplica, difundiendo el suave olor (cf. Ef 5,1) de la misericordia, de la limosna y del perdón. Su historia está hecha de acogida generosa y de tenacidad en la prueba; aquí han orado los mártires, aquí san Agustín amó a su grey buscando la verdad con pasión y sirviendo a Cristo con fe ardiente. Sean herederos de esta tradición, dando testimonio en la caridad fraterna de la libertad de quien nace de lo alto como esperanza de salvación para el mundo.

lunes, 13 de abril de 2026

El Papa visitará 4 países africanos.

 

El Papa León XIV inicia su 3º Viaje Apostólico, primera etapa en Argelia

La mañana de este lunes, 13 de abril, el Papa León XIV inició su 3º Viaje Internacional, en esta ocasión visitará 4 países africanos. El vuelo papal partió del aeropuerto internacional de Roma-Fiumicino a las 9.06 hora local con destino a Argelia, la primera etapa de este Viaje Apostólico.

Renato Martinez - Ciudad del Vaticano

Esta mañana, a las 9.06 hora de Roma, partió el vuelo papal, con el Papa León XIV y el séquito a bordo, desde el aeropuerto internacional de Roma-Fiumicino con destino a Argelia, la primera etapa de su 3º Viaje Apostólico Internacional, en el cual visitará 4 países de África, del 13 al 23 de abril de 2026.

El avión papal, de la línea aérea ITA A330-900neo, recorrerá un total de 1.029 km a lo largo de dos horas de vuelo y sobrevolará Italia, Francia y Argelia. Durante el vuelo está previsto el saludo del Santo Padre a los periodistas, la foto con la tripulación, y el desayuno a bordo.

Programa del día

Tras la ceremonia de bienvenida, el Papa León XIV rendirá homenaje al Monumento a los Mártires de aqam Echahid inaugurado en 1982 para conmemorar el vigésimo aniversario de la independencia. El programa de hoy, 13 de abril, incluye también una visita de cortesía al Presidente de la República y una reunión con autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático. Por la tarde, visitará la Gran Mezquita de Argel y el Centro de Acogida y Amistad de las Hermanas Misioneras Agustinas de Bab El Oued. Esta visita rinde homenaje a la memoria de dos religiosas Agustinas Recoletas asesinadas el 23 de octubre de 1994 durante la guerra civil argelina. La jornada concluye con un encuentro con la comunidad argelina.

Telegramas a los presidentes de los países sobrevolados

En el telegrama enviado al presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, el Papa extiende sus saludos y asegura sus oraciones «por el bien y la prosperidad de todo el pueblo italiano». A continuación, recuerda su viaje a los cuatro países que visitará, emprendido con un «profundo deseo de encontrarme con sus hermanos en la fe y los habitantes de esas amadas naciones».

Ceremonia de bienvenida

A su llegada al Aeropuerto Internacional de Argel «Houari Boumédiène», el Papa fue recibido por el presidente de la República. Y una niña le obsequió unas flores al Santo Padre.

Tras los himnos, el homenaje a las banderas, la guardia de honor y la presentación de las respectivas delegaciones, el Papa fue acompañado al Salón de Honor para una breve reunión privada con el presidente de la República. Al término, el Santo Padre se trasladó en coche al Monumento a los Mártires Maqam Echahid.