domingo, 8 de marzo de 2026

Jesús, es la respuesta de Dios a nuestra sed.

 PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro
Domingo, 8 de marzo de 2026

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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

El diálogo entre Jesús y la mujer samaritana, la curación del ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro, desde los primeros siglos de la historia de la Iglesia, iluminan el camino de quienes, en Pascua, recibirán el Bautismo e iniciarán una vida nueva. Estas grandes páginas del Evangelio, que comenzamos a leer desde este domingo, se ofrecen a los catecúmenos, pero al mismo tiempo son escuchadas nuevamente por toda la comunidad, porque ayudan a convertirse en cristianos o, si ya lo somos, a serlo con mayor autenticidad y alegría.

Jesús, en efecto, es la respuesta de Dios a nuestra sed. El encuentro con Él, como le sugiere a la Samaritana, activa en lo profundo de cada uno un «manantial que brotará hasta la Vida eterna» ( Jn 4,14). ¡Cuántas personas, en todo el mundo, buscan todavía hoy esta fuente espiritual! «A veces me es accesible —escribía la joven Etty Hillesum en su diario—. Pero a menudo hay piedras y escombros taponando ese pozo y entonces Dios está enterrado. Hay que desenterrarlo de nuevo». [1] Queridos hermanos, no hay energía mejor empleada que la que dedicamos a liberar el corazón. Por eso, la Cuaresma es un don: entramos en la tercera semana y ya podemos intensificar el camino.

En el Evangelio también está escrito que «llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al ver [a Jesús] hablar con una mujer». (Jn 4,27). Les cuesta tanto apropiarse de la misión, que el Maestro tiene que provocarlos: «Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega» (Jn 4,35). El Señor también dice a su Iglesia: “Levanta los ojos y reconoce las sorpresas de Dios”. En los campos, cuatro meses antes de la cosecha, casi no se ve nada. Pero allí donde nosotros no vemos nada, la gracia ya está actuando y los frutos están listos para ser recogidos. La mies es mucha; quizá son pocos los obreros, porque están distraídos con otras actividades. Jesús, en cambio, está atento. Aquella mujer samaritana, según las costumbres, simplemente habría tenido que ser ignorada; sin embargo, Jesús le habla, la escucha, le da confianza sin segundas intenciones y sin desprecio.

¡Cuántas personas buscan en la Iglesia esa misma delicadeza, esa disponibilidad! Y qué hermoso es cuando perdemos la noción del tiempo para prestar atención a quien encontramos, tal como es. Jesús incluso olvidaba comer, porque lo alimentaba la voluntad de Dios de llegar al corazón de todos (cf. Jn 4,34). De ese modo, la Samaritana se convierte en la primera de muchas evangelizadoras. Desde su aldea de despreciados y marginados, muchos, gracias a su testimonio, salen al encuentro de Jesús, y también en ellos la fe brota como agua pura.

Hermanas y hermanos, pidamos hoy a María, Madre de la Iglesia, poder servir, con Jesús y como Jesús, a la humanidad sedienta de verdad y de justicia. No es tiempo de oposiciones entre un templo y otro, entre “nosotros” y “los otros”; los adoradores que Dios busca son hombres y mujeres de paz, que lo adoran en Espíritu y en verdad (cf. Jn 4,23-24).

miércoles, 4 de marzo de 2026

La Iglesia es la unión armoniosa de su dimensión humana y divina.

 

León XIV: La Iglesia es humana y divina, unida en el amor de Cristo

En la Audiencia General, el Papa explica que la “complejidad” de la Iglesia no es confusión, sino la unión armoniosa de su dimensión humana y divina. Solo la caridad -afirma- hace visible hoy la presencia de Cristo en medio de las fragilidades humanas.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

¿Qué significa que la Iglesia sea “una realidad compleja”? A partir de esta pregunta, el Papa León XIV centró su catequesis de este miércoles 4 de marzo durante la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, retomando el primer capítulo de la Constitución dogmática Lumen gentium, donde se aborda la naturaleza profunda de la Iglesia. De este modo, el Santo Padre prosigue sus meditaciones sobre los documentos conciliares en el marco de un ciclo que comenzó el 7 de enero pasado.

"Alguien podría responder, explicó el Pontífice, que la Iglesia es compleja en cuanto que es “complicada” y, por tanto, difícil de explicar; algún otro podría pensar que su complejidad deriva del hecho de que es una institución que cuenta con dos mil años de historia, y con características diversas respecto a cualquier otra agrupación social o religiosa". 

Una unidad de dimensiones diversas

El Santo Padre comentó que el término latino utilizado por el Concilio no alude a confusión, sino a una unión ordenada de dimensiones diversas de una misma realidad. Por eso, Lumen gentium puede afirmar que la Iglesia es un organismo bien compaginado, en el que conviven la dimensión humana y la divina “sin separación y sin confusión”.

“La primera dimensión se percibe inmediatamente, ya que la Iglesia es una comunidad de hombres y mujeres, con sus virtudes y sus defectos, que comparten la alegría y el esfuerzo de ser cristianos que anuncian el Evangelio y se hacen signo de la presencia de Cristo que nos acompaña en el camino de la vida.”

Pero este aspecto, aclaró el Obispo de Roma, "no basta para describir la verdadera naturaleza de la Iglesia" pues ella posee una dimensión divina, y esta no consiste en "una perfección ideal" o en una "superioridad espiritual de sus miembros".

Más bien, en el hecho de que "la Iglesia es fruto del plan de amor de Dios por la humanidad, realizado en Cristo. Por esto, la Iglesia es al mismo tiempo comunidad terrena y cuerpo místico de Cristo, asamblea visible y misterio espiritual, realidad presente en la historia y pueblo que peregrina hacia el cielo".

“La dimensión humana y la divina se integran armoniosamente, sin que la una se superponga a la otra; así, la Iglesia vive en esta paradoja: es una realidad a la vez humana y divina, que acoge al hombre pecador y lo conduce a Dios.”

A la luz de Cristo

Para iluminar esta condición eclesial, la Lumen Gentium -manifestó Prevost- remite a la vida de Cristo: "Efectivamente quien se encontraba con Jesús por los caminos de Palestina experimentaban su humanidad, percibía sus ojos, sus manos, el sonido de su voz. Quien decidía seguirlo se sentía impulsado precisamente por la experiencia de su mirada acogedora, por el toque de sus manos que bendecían, por sus palabras de liberación y sanación".

"Pero al mismo tiempo, aseguró el Sucesor de Pedro, siguiendo a aquel Hombre, los discípulos se abrían al encuentro con Dios. En efecto, la carne de Cristo, su rostro, sus gestos y sus palabras manifiestan de modo visible al Dios invisible"

No una Iglesia ideal, sino encarnada

Citando a Benedicto XVI, León XIV recordó que no existe oposición entre Evangelio e institución: "Las estructuras de la Iglesia sirven precisamente para la realización y concreción del Evangelio en nuestro tiempo", decía Ratzinger en su discurso a los obispos de Suiza el 9 de noviembre de 2006.

“No existe una Iglesia ideal y pura, separada de la tierra, sino solamente la única Iglesia de Cristo, encarnada en la historia.”

La caridad, corazón de la Iglesia

Evocando la exhortación apostólica Evangelii gaudium del Papa Francisco, León XIV recordó la invitación a “quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro”.

"Esto -precisó Su Santidad- nos permite seguir edificando la Iglesia aún hoy en día: no solamente organizando sus formas visibles, sino también construyendo ese edificio espiritual que es el cuerpo de Cristo, mediante la comunión y la caridad entre nosotros".

“La caridad, en efecto, genera constantemente la presencia del Resucitado. «Quiera el cielo -decía san Agustín- que todos piensen solo en la caridad: solamente ella vence todo, y sin ella de nada vale todo lo demás; dondequiera que se halle, atrae todo hacia sí» (Serm. 354,6,6).”

domingo, 1 de marzo de 2026

Respuesta a la desesperación del ateísmo y a la soledad agnóstica

 

El Papa: Cristo transfigura las heridas de la historia e ilumina el corazón del hombre

En el Ángelus del segundo domingo de Cuaresma, León XIV reflexiona sobre la revelación del rostro de Dios, respuesta a la desesperación del ateísmo y a la soledad agnóstica, y anticipo de la luz pascual sobre los cuerpos que sufren violencia, dolor y miseria.

Lorena Leonardi – Ciudad del Vaticano

Sobre todos los cuerpos «flagelados por la violencia», «crucificados por el dolor», «abandonados en la miseria», con la Transfiguración Cristo irradia un anticipo de la luz de la Pascua, «acontecimiento de muerte y resurrección, de tinieblas y luz nueva». Así comentó León XIV en el Ángelus de esta mañana, 1 de marzo, segundo domingo de Cuaresma, el Evangelio de hoy, en el que el evangelista Mateo (17,1-9) narra el episodio de Jesús en el monte Tabor mostrando su gloria divina a los discípulos Pedro, Santiago y Juan.

“Mientras que el mal reduce nuestra carne a mercancía de intercambio o a masa anónima, precisamente esta misma carne resplandece de la gloria de Dios.”

 gloria de Dios.”

El esplendor humano de Dios

Hablando desde la ventana de su estudio privado del Palacio Apostólico a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro en un día de invierno y a quienes lo seguían a través de los medios de comunicación, el Pontífice destacó el corazón del relato evangélico, cuando el Espíritu Santo envuelve a Jesús con una «nube luminosa», con el rostro resplandeciente «como el sol» y las vestiduras «blancas como la luz», permitiendo a los discípulos admirar el «esplendor humano» de Dios.

“Pedro, Santiago y Juan contemplan una gloria humilde, que no se exhibe como un espectáculo para las multitudes, sino como una solemne confidencia.”

Contra la desesperación y la soledad

A partir de este gesto, Jesús transfigura las «llagas de la historia» e «iluminando nuestra mente y nuestro corazón» revela con su revelación «una sorpresa de salvación».

Contra la desesperación y la soledad

A partir de este gesto, Jesús transfigura las «llagas de la historia» e «iluminando nuestra mente y nuestro corazón» revela con su revelación «una sorpresa de salvación».

“¿Nos sentimos fascinados por ello? ¿El verdadero rostro de Dios encuentra en nosotros una mirada de asombro y amor?”

Son las preguntas del obispo de Roma, que reflexiona sobre cómo el Padre responde a la «desesperación del ateísmo» con el don de su hijo, cómo el Espíritu Santo redime la «soledad agnóstica» con la oferta de una «comunión eterna» de vida y gracia, y cómo ante la «fe débil» se encuentra el anuncio de la resurrección futura.

Tiempo de silencio y conversión

Todo esto, señala, lo vieron los discípulos en el resplandor de Cristo, pero «para comprenderlo se necesita tiempo»: «silencio» para escuchar la Palabra y «conversión» para saborear la compañía del Señor.

“Mientras experimentamos todo esto durante la Cuaresma, pidamos a María, Maestra de oración y Estrella de la mañana, que guarde nuestros pasos en la fe.”


sábado, 28 de febrero de 2026

León XIV a seminaristas

 

León XIV a seminaristas: Tengan una mirada sobrenatural de la realidad

Durante la audiencia concedida a seminaristas de diversas diócesis españolas, el Santo Padre subraya que la raíz de toda vocación sacerdotal es la relación concreta con Dios y los exhorta a vivir cada jornada desde esa presencia.

Sebastián Sansón Ferrari - Ciudad del Vaticano

En un clima de cercanía y profundidad espiritual, el Papa León XIV recibió este sábado 28 de febrero a las comunidades de cuatro seminarios españoles -Alcalá de Henares, Toledo, el Interdiocesano de Cataluña y Cartagena- en el Palacio Apostólico Vaticano. Ante obispos, formadores, seminaristas y familiares, el Pontífice centró su reflexión en un eje decisivo para la vida cristiana y, de modo particular, para la vocación sacerdotal: la necesidad de cultivar una “mirada sobrenatural de la realidad”.

Tras un saludo cordial, el Santo Padre subrayó que el seminario es “siempre un signo de esperanza para la Iglesia”. Su encuentro con quienes se forman para el sacerdocio y con quienes los acompañan constituye, afirmó, “un motivo de verdadera alegría”.

“Quitar lo sobrenatural es perder lo natural”

León XIV evocó una frase del escritor inglés G.K. Chesterton -“Quitad lo sobrenatural y no encontraréis lo natural, sino lo antinatural”- para advertir sobre el riesgo de una vida que prescinde de Dios en lo cotidiano. No se trata únicamente, explicó, de evitar lo escandaloso, sino de no relegar al Señor al plano de las palabras mientras se le excluye de los criterios concretos que orientan la existencia.

“¿Qué podría haber más antinatural que un seminarista o un sacerdote que habla de Dios con familiaridad, pero vive interiormente como si su presencia existiera sólo en el plano de las palabras, y no en el espesor de la vida? Nada sería más peligroso que acostumbrarse a las cosas de Dios sin vivir de Dios. Por eso, en el fondo, todo comienza -y vuelve siempre- a la relación viva y concreta con Aquel que nos ha elegido sin mérito nuestro.”

Prevost insistió en que la formación sacerdotal no puede reducirse a prácticas externas, por valiosas que sean. El estudio, la oración o la vida comunitaria pueden vaciarse si no están animados por una relación viva con Cristo. “Todo comienza -y vuelve siempre- a la relación concreta con Aquel que nos ha elegido sin mérito nuestro”, afirmó.

Raíces profundas para dar fruto

Para ilustrar esta enseñanza, León XIV recurrió a la imagen del salmo primero: el justo es como “un árbol plantado al borde de las aguas”. La fecundidad, explicó, no depende de la ausencia de dificultades, sino de la profundidad de las raíces. El viento, la sequía o la poda forman parte del crecimiento, pero no destruyen a quien está firmemente arraigado en Dios.

Y añadió otra imagen: la de los árboles que “mueren de pie”. Conservan la apariencia exterior, pero están secos por dentro. Algo semejante -advirtió- puede ocurrir en el seminario y en la vida sacerdotal cuando se confunde la fecundidad con la intensidad de las actividades o el cuidado de las formas externas.

“La vida espiritual no da fruto por lo que se ve, sino por lo que está profundamente arraigado en Dios.”

“Estar con Él”, fundamento de todo

El núcleo de la vocación, recordó el Sucesor de Pedro citando el Evangelio de san Marcos, es que Jesús llamó a los que quiso “para que estuvieran con Él”. Permanecer con el Maestro constituye el fundamento de toda formación. Si bien los medios humanos y psicológicos son necesarios, no pueden sustituir la acción del Espíritu Santo, verdadero protagonista del camino vocacional.

“El verdadero protagonista de este camino es el Espíritu Santo, que configura el corazón, enseña a corresponder a la gracia y prepara una vida fecunda al servicio de la Iglesia. Todo comienza ahora, en lo ordinario de cada día, allí donde cada uno decide si permanece con el Señor o intenta sostenerse sólo en sus propias fuerzas.”

Gratitud a las familias

En la parte final de su discurso, el Obispo de Roma expresó su agradecimiento a los jóvenes por la generosidad de haber respondido a la llamada del Señor. Les aseguró que no caminan solos: “Cristo os precede, María Santísima os acompaña y la Iglesia entera os sostiene con su oración”.

También tuvo palabras de reconocimiento para las familias presentes, invitando a todos a dedicarles un aplauso. Ese gesto espontáneo puso de manifiesto la dimensión comunitaria de la vocación sacerdotal y el apoyo indispensable del entorno familiar.

Tras rezar el Padre Nuestro y conceder la Bendición Apostólica, el Santo Padre despidió a los presentes con un deseo sencillo y esperanzador, quienes correspondieron a su amabilidad con efusivos aplausos y vítores de "Viva el Papa": “Felicidades y feliz camino”. Un camino que, según recordó en su alocución, sólo dará fruto si está sostenido por esa mirada sobrenatural que permite descubrir a Dios actuando en lo concreto de cada día.


miércoles, 25 de febrero de 2026

Inculturación auténtica del Evangelio

 

León XIV llama a una inculturación auténtica del Evangelio desde Guadalupe

En su mensaje al Congreso Teológico Pastoral sobre el acontecimiento guadalupano, que se efectúa en Ciudad de México del 24 al 26 de febrero, el Pontífice subraya que evangelizar implica entrar con respeto y amor en la historia y cultura de los pueblos.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

“Santa María de Guadalupe es una lección de la pedagogía divina sobre la inculturación de la verdad salvífica”, afirma el Papa León XIV en su mensaje al Congreso Teológico Pastoral sobre el Acontecimiento Guadalupano, que se celebra en Ciudad de México del 24 al 26 de febrero de 2026.

El encuentro, convocado por la Pontificia Comisión para América Latina, la Conferencia del Episcopado Mexicano, los Caballeros de Colón y la Pontificia Academia Mariana Internacional, busca, entre otros objetivos, reflexionar sobre el acontecimiento guadalupano con vistas a fortalecer los procesos pastorales de todo el continente americano y de los demás países involucrados y animar a todas las Iglesias de las Américas y otros países implicados en el novenario guadalupano hacia el Jubileo del 2031, cuando se cumplirán 500 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego en el cerro del Tepeyac

Guadalupe: modelo de encuentro con Cristo

En el texto, firmado el 5 de febrero, en la memoria de san Felipe de Jesús, protomártir mexicano, el Sucesor de Pedro introduce su reflexión reconociendo el modo mediante el cual Dios mismo se ha manifestado y nos ha ofrecido la salvación. En tal sentido, plantea que Él no ha querido revelarse como un ente abstracto ni como una verdad impuesta desde fuera, sino entrando progresivamente en la historia y dialogando con la libertad del hombre.

León XIV sostiene que evangelizar consiste, ante todo, en hacer presente y accesible a Jesucristo, y que toda acción de la Iglesia debe buscar introducir al ser humano en una relación viva con Él, "que ilumina la existencia, interpela la libertad y abre a un camino de conversión, disponiendo a acoger el don de la fe como respuesta al Amor que da sentido y sostiene la vida en todas sus dimensiones”.

El Santo Padre acota que en la Virgen de Guadalupe “no se canoniza una cultura ni se absolutizan sus categorías, pero tampoco se las ignora o se las desprecia: son asumidas, purificadas y transfiguradas para convertirse en un lugar de encuentro con Cristo”.

Añade:

“La Morenita manifiesta el modo de Dios para acercarse a su pueblo; respetuoso en su punto de partida, inteligible en su lenguaje y firme y delicado en su conducción hacia el encuentro con la Verdad plena, con el Fruto bendito de su vientre. En la tilma, entre rosas pintadas, la Buena Noticia entra en el mundo simbólico de un pueblo y hace visible su cercanía, ofreciendo su novedad sin violencia ni coacción. Así, lo sucedido en el Tepeyac no se presenta como una teoría ni como una táctica, sino como un criterio permanente para el discernimiento de la misión evangelizadora de la Iglesia, llamada a anunciar al Verdadero Dios por quien se vive sin imponerlo, pero también sin diluir la radical novedad de su presencia salvadora.”

Inculturación, un proceso exigente

León XIV aclara que inculturar el Evangelio sigue el camino de Dios, que consiste en “entrar con respeto y amor en la historia concreta de los pueblos para que Cristo pueda ser verdaderamente conocido, amado y acogido desde dentro de su propia vivencia humana y cultural”.

Subraya:

“Esto implica asumir las lenguas, los símbolos, las formas de pensar, de sentir y de expresarse de cada pueblo, no sólo como vehículos externos del anuncio, sino como lugares reales en los que la gracia desea habitar y actuar”.

A su vez, alerta que la inculturación no equivale a sacrificar la verdad cristiana ni a adoptar la cultura local como criterio de fe:

“La inculturación no equivale a una sacralización de las culturas ni a su adopción como marco interpretativo decisivo del mensaje evangélico, ni puede reducirse a una acomodación relativista o a una adaptación superficial del mensaje cristiano, pues ninguna cultura, por valiosa que sea, puede identificarse sin más con la Revelación ni convertirse en criterio último de la fe”

Advierte además que "legitimar todo lo culturalmente dado o justificar prácticas, visiones del mundo o estructuras que contradicen el Evangelio y la dignidad de la persona sería desconocer que toda cultura —como toda realidad humana— debe ser iluminada y transformada por la gracia que brota del misterio pascual de Cristo”.

La inculturación, insiste, es “un proceso exigente y purificador, mediante el cual el Evangelio, permaneciendo íntegro en su verdad, reconoce, discierne y asume las semina Verbi presentes en las culturas, y al mismo tiempo purifica y eleva sus valores auténticos, liberándolos de aquello que los oscurece o los desfigura. Estas semillas del Verbo, como huellas de la acción previa del Espíritu, encuentran en Jesucristo su criterio de autenticidad y su plenitud”.

Evangelizar desde la realidad concreta

El Papa observa que hoy la transmisión de la fe ya no puede darse por supuesta, especialmente en grandes centros urbanos y sociedades plurales donde Dios es relegado a lo privado o se prescinde de él.

Por ello, el Obispo de Roma resalta que la transmisión de la fe "no puede concebirse como una repetición fragmentaria de contenidos ni como una preparación meramente funcional para los sacramentos, sino como un verdadero camino de discipulado, en el que la relación viva con Cristo forme creyentes capaces de discernir, de dar razón de su esperanza y de vivir el Evangelio con libertad y coherencia”.

Catequesis: prioridad de los pastores

León XIV recuerda la “prioridad irrenunciable para todos los pastores”: la catequesis, en consonancia con las recomendaciones del Documento de Aparecida de 2007:

“Está llamada a ocupar un lugar central en la acción de la Iglesia, a acompañar de forma continua y profunda el proceso de maduración que conduce a una fe realmente comprendida, asumida y vivida de manera personal y consciente, incluso cuando ello suponga ir a contracorriente de los discursos culturales dominantes.”

Durante el Congreso, Prevost, quien fuera presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, anima a los participantes a inspirarse en santos evangelizadores del continente: Toribio de Mogrovejo, Junípero Serra, Sebastián de Aparicio, Mamá Antula, José de Anchieta, Juan de Palafox, Pedro de San José de Betancur, Roque González, Mariana de Jesús y Francisco Solano, entre otros.

Concluye confiando la labor de evangelización a la intercesión de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización, y deseando que acompañe e inspire cada iniciativa rumbo a los 500 años de su aparición.

domingo, 22 de febrero de 2026

Cuaresma

 

Ángelus del Papa: En Cuaresma demos espacio al silencio y la escucha

En el Ángelus del primer domingo de Cuaresma, León XIV recuerda cómo Jesús venció los engaños del diablo y habla de la penitencia como un camino que no empobrece nuestra humanidad, sino que la enriquece, la purifica y la fortalece. Nos insta a silenciar la televisión, la radio y los teléfonos inteligentes por un rato. La riqueza, la fama y el poder, añade, «no son más que pobres sucedáneos" que, al final, "nos dejan inevitable y eternamente insatisfechos, inquietos y vacíos

Antonella Palermo - Ciudad del Vaticano

El desierto, las tentaciones del diablo, el arraigo en el Espíritu Santo que no nos ahorra las dificultades de la condición humana, sino que nos ofrece el camino para resistir el engaño y las trampas. Este es el contexto de los cuarenta días de duras pruebas que experimentó Jesús, narrados en la liturgia del primer domingo de Cuaresma, que ofrece al Papa el inicio de una catequesis basada en el significado de un camino, el que precede a la Pascua, descrito como «luminoso».

Penitencia para hacer florecer la vida

Es la "vida" lo que León enfatiza, tanto al comentar las dificultades que enfrentó Jesús como al relacionarlas con el cristiano de hoy. La penitencia que enseña el Evangelio no es, por lo tanto, un fin en sí misma, sino un camino hacia la alegría plena; no es simplemente una herramienta para afrontar las propias limitaciones, sino una oportunidad para "superarlas y vivir".

La liturgia, con esta Palabra de vida, nos invita a considerar la Cuaresma como un itinerario resplandeciente en el que, con la oración, el ayuno y la limosna, podemos renovar nuestra colaboración con el Señor para hacer de nuestra vida una obra maestra irrepetible. Se trata de permitirle eliminar las manchas y curar las heridas que el pecado haya podido causar en ella, y de comprometernos a hacerla florecer con toda su belleza hasta alcanzar la plenitud del amor, que es la única fuente de felicidad verdadera.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Convertirnos y reconstruir

 

El Papa: No quedarnos entre las cenizas del mundo, sino convertirnos y reconstruir

León XIV en la Misa en la Basílica de Santa Sabina en Roma para el inicio del camino cuaresmal: la Iglesia es profecía de comunidad que reconoce sus pecados. A través de este tiempo de penitencia, en el Triduo Pascual, celebraremos la transición de la impotencia, incluso ante las cenizas del derecho internacional y la justicia entre los pueblos, a las posibilidades de Dios.

Alessandro Di Bussolo – Ciudad del Vaticano

“Reconocer nuestros pecados para convertirnos es ya una premonición y un testimonio de resurrección: significa no permanecer entre las cenizas, sino levantarnos y reconstruir. Entonces, el Triduo Pascual, que celebraremos en la culminación del camino cuaresmal, revelará toda su belleza y significado”.

Para el Papa León XIV, esto es lo que la historia y la conciencia de los cristianos nos exigen: llamar a la muerte por su nombre, llevar sus huellas como cenizas, pero dar testimonio de la resurrección. León enfatizó esto en la homilía de su primera Misa con el rito de la Ceniza como Papa, esta tarde, 18 de febrero, en la Basílica de Santa Sabina, en la colina del Aventino en Roma.

El Papa inaugura la estación cuaresmal en la iglesia de Sant'Anselmo en el Aventino   (@Vatican Media)

La Profecía de San Pablo VI y la Ceniza

Así inicia el Papa León el camino cuaresmal de la Iglesia. Y recuerda la poderosa profecía de San Pablo VI, en un rito de la Ceniza celebrado durante una audiencia general en la Basílica el 23 de febrero de 1996, sobre la autosugestión del hombre moderno y su "apología de la ceniza", en una cultura dominada por la "metafísica del absurdo y de la nada".

“Hoy podemos reconocer la profecía contenida en estas palabras y sentir en las cenizas que nos imponen el peso de un mundo en llamas, de ciudades enteras desintegradas por la guerra: las cenizas del derecho internacional y la justicia entre los pueblos, las cenizas de ecosistemas enteros y la armonía entre los pueblos, las cenizas del pensamiento crítico y la sabiduría local ancestral, las cenizas de ese sentido de lo sagrado que habita en cada criatura”.

El inicio en San Anselmo y la procesión

La Liturgia Estacional se inauguró en la Iglesia de San Anselmo, en el Aventino, con la oración de León XIV: «Acompaña con tu benevolencia, Padre misericordioso, los primeros pasos de nuestro camino penitencial, para que la observancia externa vaya acompañada de una profunda renovación del espíritu». A continuación, tuvo lugar la procesión penitencial hacia la Basílica de Santa Sabina, acentuada por las Letanías de los Santos. Cruzaron el umbral los monjes benedictinos de San Anselmo, los Padres Dominicos de Santa Sabina, obispos y cardenales, junto con los fieles

El Papa en procesión desde la Iglesia de Sant'Anselmo a la Basílica de Santa Sabina   (@Vatican Media)

El pueblo de Dios reconoce sus pecados

En su homilía, basándose en la Primera Lectura y en la llamada del profeta Joel: «Reúnan al pueblo, convoquen una asamblea solemne», el Papa recordó que incluso hoy, la Cuaresma «es un tiempo poderoso de comunidad».

“Sabemos lo difícil que es cada vez más reunir a la gente y sentirse pueblo, sin caer en el nacionalismo y la agresividad. En comunión, donde cada uno encuentra su lugar. De hecho, aquí se está formando un pueblo que reconoce sus propios pecados, es decir, que el mal no proviene de supuestos enemigos, sino que ha tocado corazones, está en la propia vida y debe afrontarse con una valiente asunción de responsabilidad”.

Después del pecado, reconocer el error y cambiar

León XIV enfatiza entonces que «el pecado es personal», pero se configura «en los entornos reales y virtuales que frecuentamos», a menudo «dentro de estructuras de pecado reales de naturaleza económica, cultural, política e incluso religiosa».

“Oponer al Dios vivo a la idolatría —nos enseña la Escritura— significa atreverse a abrazar la libertad y redescubrirla a través de un éxodo, un camino. Ya no paralizados, rígidos, seguros en nuestras posiciones, sino reunidos para avanzar y cambiar. ¡Qué raro es encontrar adultos arrepentidos, personas, empresas e instituciones que admitan sus errores!”.

Jóvenes, Cuaresma y una forma de vida más justa

Más que en el pasado, continúa el Pontífice, los jóvenes sienten la llamada del Miércoles de Ceniza, incluso en contextos secularizados.

“De hecho, son los jóvenes quienes comprenden claramente que es posible una vida más justa y que hay responsabilidades por lo que está mal en la Iglesia y en el mundo. Por lo tanto, debemos empezar por donde podamos y con quienes estén dispuestos”.

El Papa durante la homilía   (@Vatican Media)

La importancia misionera de la Cuaresma

La invitación del Papa León XIV es, por tanto, a percibir la importancia misionera de la Cuaresma, a abrir nuestro trabajo sobre nosotros mismos a tantas personas inquietas de buena voluntad que buscan maneras de renovar auténticamente sus vidas, en el horizonte del Reino de Dios y su justicia. El profeta Joel nos insta así: "¿Por qué han de decir entre los pueblos: '¿Dónde está su Dios?'?". Y este tiempo de Cuaresma, para el Papa, nos insta a esas conversiones, a esos "cambios de rumbo", que "hacen más creíble nuestro mensaje". A través de esta penitencia, explica, en el Triduo Pascual nos involucraremos en el paso de la muerte a la vida, de la impotencia a las posibilidades de Dios.

La "Statio" Cuaresmal y el testimonio de los mártires

Los pioneros de nuestro camino hacia la Pascua, concluye León XIV, son los mártires antiguos y contemporáneos. La antigua tradición romana de las estaciones cuaresmales, de las cuales la de Santa Sabina es la primera, es educativa: se refiere tanto al movimiento, como peregrinos, como a una pausa —statio— en la memoria de los mártires, sobre la que se alzan las basílicas de Roma. Son una miríada de semillas que han preparado la abundante cosecha que nos corresponde recoger. La Cuaresma, como sugiere el Evangelio de Mateo, al liberarnos de querer ser vistos a toda costa, nos enseña a ver, en cambio, lo que nace, lo que crece y nos impulsa a servirlo. Así, quienes ayunan, rezan y aman en secreto, por el Pontífice, están en sintonía con el Dios de la vida: «Hacia Él reorientamos, con sobriedad y alegría, todo nuestro ser, todo nuestro corazón».

Tras la homilía, la bendición e imposición de la ceniza. El cardenal Angelo De Donatis, Penitenciario Mayor, la colocó la ceniza sobre la cabeza del Papa León, quien a su vez lo impuso a los fieles.