lunes, 13 de julio de 2026

PARÁBOLA DEL SEMBRADOR 12/7/2026

 

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PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de la Libertad (Castel Gandolfo)
Domingo, 12 de julio de 2026

[Multimedia]

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Queridos hermanos y hermanas, buenos días y feliz domingo.

Hoy, en la liturgia, el evangelista Mateo nos presenta la parábola del sembrador (cf. Mt 13,1-23), que describe la generosidad y la confianza con las que Dios esparce su Palabra en nuestro corazón y su poder en nosotros.

Jesús mismo, el Verbo hecho hombre, que dio la vida por nuestra salvación, es la semilla que el Padre sigue esparciendo en el mundo para que, muriendo, dé mucho fruto (cf. Jn 12,24). Es verdad que, a veces, encuentra en nosotros un terreno duro e insensible; otras veces, un terreno distraído, semejante al suelo pisoteado de los caminos, al terreno pedregoso o a los matorrales de espinos. Pero hay momentos en los que encuentra una tierra receptiva y fértil, y entonces se producen milagros de amor capaces de cambiar todo lo demás, como ciertamente también nosotros hemos experimentado en nuestra vida. Por eso el Padre no deja de sembrar, porque sabe que el poder de su amor es más fuerte que nuestra debilidad (cf. 2 Co 12,9-10).

San Juan Crisóstomo, refiriéndose a la «semilla» de la Palabra de Dios, afirma: «¿En qué cabeza cabe —me dirás— sembrar sobre espinas y sobre roca y sobre camino? —Tratándose de semillas que han de sembrarse en la tierra, eso no tendría sentido; mas, tratándose de las almas y de la siembra de la doctrina, la cosa es digna de mucha alabanza». (Homilías sobre el Evangelio de Mateo, 44, 3), porque en las manos de Dios es posible que «la roca se transforme y se convierta en tierra grasa; y que el camino deje de ser pisado y se convierta también en tierra fecunda, y que las espinas desaparezcan y dejen crecer exuberantes las semillas» (ibíd.).

La generosidad de Dios para con nosotros no es ingenua, sino sabia, y sabe descubrir en nosotros la posibilidad de un bien del que, a veces, ni siquiera nosotros mismos somos conscientes. Por eso el Señor, que conoce bien el terreno de nuestro corazón mejor de lo que nosotros mismos lo conocemos, no deja de creer en nosotros, en lo que somos y en lo que podemos llegar a ser, día tras día, si con fe nos abandonamos en Él.

Así, de la gratuidad y la confianza con las que se esparce la semilla, y de la humildad y la disponibilidad con las que es recibida, crecen en nosotros y se difunden los frutos del Espíritu Santo, que son, como enseña san Pablo: «amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí» (Gal 5,22). ¡Cuánto necesita nuestro mundo de estos frutos, de ser colmado y transformado por ellos!

Comprometámonos, entonces, especialmente en estos días de vacaciones, a dar espacio a la escucha, a la lectura y a la meditación de la Palabra de Dios, cultivando, junto con el descanso y la sana diversión, también momentos significativos de silencio y de oración. Volveremos a nuestras ocupaciones habituales renovados en el cuerpo y en el espíritu, dispuestos a anunciar la Buena Noticia del Evangelio y cada vez con más capacidad de colaborar en el crecimiento del Reino de Dios.

Que María, Reina de los Apóstoles y Estrella de la evangelización, nos ayude a todo esto.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Saludo a los habitantes de esta hermosa localidad, Castel Gandolfo, donde estoy pasando algunos días de descanso, y a todos ustedes los recibo con alegría, peregrinos procedentes de todas las partes del mundo.

Por desgracia, vuelven a soplar los vientos de la guerra en Oriente Medio, en Ucrania y en muchas otras partes del mundo, sembrando violencia, terror y muerte y afectando, una vez más, a tantos inocentes. No permitamos que estos vientos apaguen la pequeña llama de la esperanza y de la paz, incluso cuando parece frágil y vacilante.

Renuevo mi deseo de que se recorra con perseverancia el camino del diálogo, del encuentro y de la diplomacia, única vía capaz de conducir a una paz justa y duradera, en la que los pueblos puedan vivir reconciliados, con seguridad recíproca y en el respeto de la dignidad de toda persona.

Hoy se celebra el “Domingo del Mar”. Mi pensamiento se dirige a todos los marinos, pescadores y trabajadores portuarios del mundo, quienes, marcados por la distancia de sus seres queridos y, en ocasiones, por el temor ante los conflictos que atraviesan las rutas marítimas, sostienen con su trabajo paciente y silencioso el comercio y la vida de muchos pueblos.

Finalmente, me uno en la oración a los numerosos fieles polacos reunidos en la peregrinación anual ante el icono de Jasna Góra, para que, como «discípulos misioneros», sean testigos alegres del Evangelio. Feliz domingo para todos.

lunes, 6 de julio de 2026

5/7/2026 La liturgia nos invita a compartir la alabanza que Jesús eleva al Padre,

 

El Papa en el ángelus: Sólo en la cruz de Jesús se redime el mal

Este domingo, 5 de julio, el Papa León XIV dirigió la oración mariana del ángelus desde la ventana del Palacio Apostólico. En su alocución previa, el Pontífice recordó que, “la sabiduría que el Señor nos dona es un anuncio de salvación, y su yugo nos levanta en cada caída”. Luego, el Papa invitó a pedir “la intercesión de María, Reina de la paz, por el bien de la Iglesia y del mundo entero”.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“En la esclavitud, Cristo es liberación. Bajo el azote de la guerra, Cristo es esperanza. En la hora del pecado, Cristo es perdón. Esta es la verdadera sabiduría, es decir, el camino que queremos recorrer juntos, unidos en su nombre como discípulos”, lo dijo el Papa León XIV en su alocución previa a la oración mariana del ángelus de este domingo, 5 de julio.

Compartir la alabanza que Jesús eleva al Padre

Al comentar el Evangelio de este XIV Domingo del Tiempo Ordinario (Mt 11,25-30), el Santo Padre dijo que, hoy la liturgia nos invita a compartir la alabanza que Jesús eleva al Padre, «Señor del cielo y de la tierra».

“El Hijo de Dios, hecho hombre, manifiesta su amor al incluir a todas las criaturas en esta acción de gracias”.

La verdadera sabiduría de Dios se revela en la humildad

La sencillez de un gesto tan espontáneo y alegre, indicó el Pontífice, corresponde al estilo de Dios, que ama revelarse “a los pequeños”, mientras permanece oculto “a los sabios y entendidos”. Estos, en efecto, agregó el Papa, están tan llenos de sus propias ideas que no reconocen la presencia de Cristo, el Mesías que visita a su pueblo.

“La sabiduría humana se convierte entonces en arrogancia y la doctrina degenera en soberbia. La verdadera sabiduría de Dios se revela, en cambio, en la humildad de la carne y su enseñanza se dirige a quienes pasan más dificultad: «Vengan a mí todos los cansados y abrumados por cargas» (v. 28), dice el Señor”.

La entrega de sí mismo por amor es el ‘yugo’ de Jesús

Por ello, el Papa León señaló que, acudir a Jesús significa corresponder a su amor y compartir su vida hasta la cruz, tal y como Él mismo nos explicó: «Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue su cruz y me siga».

“Precisamente la entrega de sí mismo por amor es el ‘yugo’ de Jesús (cf. Mt 11,29), es decir, la síntesis de su enseñanza, el corazón de su sabiduría, ardiente de caridad hacia todos”.

Seguir a Cristo no es una ascética que mortifica

En este sentido, el Santo Padre se preguntó: ¿cómo puede ser “ligero” y “suave” el peso de la cruz? Por una única razón: porque el Señor lo lleva primero y junto con todos nosotros, sin dejarnos nunca solos ante lo que nos abate. Como auténtico maestro, Jesús se hace cargo de la humanidad herida por el mal, para cuidar de ella. La sabiduría que Él nos dona es, pues, un anuncio de salvación, y su yugo nos levanta en cada caída.

“Al seguir a Cristo, nuestro camino no es, por tanto, una ascética que mortifica: es una escuela de libertad, que se toma en serio el drama de la historia y siempre ilumina su sentido, sobre todo en los momentos más oscuros. De hecho, sólo en la cruz de Jesús se redime el mal: sólo en su pasión nuestro cansancio mortal encuentra consuelo y redención”.

Cristo revela a la Iglesia la verdad de Dios y del hombre

Finalmente, el Papa León XIV indicó que la verdadera sabiduría es el camino que queremos recorrer juntos, unidos en su nombre como discípulos porque “en la esclavitud, Cristo es liberación. Bajo el azote de la guerra, Cristo es esperanza. En la hora del pecado, Cristo es perdón”.

“Jesús nos lo enseña como Hijo, haciéndose nuestro hermano: con la fuerza del Espíritu Santo, Él mismo revela a la Iglesia la verdad de Dios y del hombre, porque «nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar»”.

viernes, 3 de julio de 2026

La intención de oración del Papa en julio

 

Por el respeto de la vida humana, la intención de oración del Papa en julio

El Pontífice invita a rezar para que toda persona, desde su concepción hasta su muerte natural, sea acogida, protegida y respetada. En su mensaje, denuncia la cultura del descarte y pide que la Iglesia sea un hogar donde nadie se sienta sobrante.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

"Por el respeto de la vida humana" es la intención de oración que el Papa León XIV confía a toda la Iglesia para el mes de julio. A través de la iniciativa Reza con el Papa, promovida por la Red Mundial de Oración del Papa, el Pontífice invita a los fieles y a las personas de buena voluntad a elevar su plegaria para que cada ser humano sea acogido, protegido y respetado en todas las etapas de su existencia.

La intención prolonga una convicción que el Santo Padre ha expresado en distintas ocasiones durante su ministerio petrino. En su reciente Viaje Apostólico a España, durante su intervención ante el Congreso de los Diputados, afirmó que "toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia", subrayando que la defensa de la vida constituye una auténtica "meta de civilización".

En la oración que acompaña la intención de este mes, León XIV se dirige al "Señor de la vida" y reconoce que cada persona es "un don sagrado que refleja tu rostro". Al mismo tiempo, pide la gracia de reconocer y custodiar "el valor único e irrepetible de cada ser humano", aprendiendo a acoger la vida sin condiciones, sostener con ternura la fragilidad, acompañar con respeto cada etapa de la existencia y defender con valentía a quienes no tienen voz.

La plegaria incluye también una petición de perdón por las ocasiones en que prevalece la indiferencia o la cultura del descarte, cuando se deja de reconocer en el otro a una persona digna de amor. Finalmente, el Obispo de Roma encomienda a Dios el deseo de que la Iglesia sea "un hogar abierto donde toda existencia sea celebrada, donde nadie se sienta sobrante" y donde la dignidad humana sea siempre respetada y protegida.

Una llamada ante los desafíos de nuestro tiempo

La intención de julio adquiere una resonancia particular en un contexto en el que numerosas formas de vulneración de la vida continúan interpelando a la comunidad internacional.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, cada año se producen alrededor de 73 millones de abortos inducidos en el mundo. Al mismo tiempo, diversos países mantienen abiertos debates sobre la eutanasia y el suicidio asistido. A ello se suma el incremento de las ejecuciones por pena de muerte: Amnistía Internacional registró al menos 2.707 ejecuciones durante 2025, la cifra más alta desde 1981. Por otra parte, la OMS señala que una de cada seis personas mayores de 60 años sufre algún tipo de abuso.

Frente a estas realidades, Prevost propone una respuesta que nace de la oración, pero que está llamada a traducirse en un compromiso concreto con los más vulnerables.

Durante su encuentro con los parlamentarios españoles, celebrado el pasado 8 de junio en Madrid, León XIV planteó una pregunta que atraviesa el núcleo de esta intención de oración: "Si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras sociedades?". En ese mismo discurso recordó que una comunidad verdaderamente justa no puede relegar al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende del cuidado de los demás.

Una conversión del corazón

El director internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, el padre Cristóbal Fones SJ, explica que esta intención invita, ante todo, a redescubrir el valor sagrado de toda existencia humana.

"La vida humana es ante todo un regalo de Dios, autor de la vida", afirma el sacerdote jesuita. "Cada uno de nosotros tiene un valor intrínseco más allá de sus méritos o circunstancias. Respetarnos mutuamente y proteger este don es una misión que parte desde una conversión del propio corazón y nos abre al compromiso con los demás en las diversas etapas de la vida".

En este sentido, añade que el Pontífice anima a promover la dignidad y el desarrollo de toda persona, compartiendo la misión de Cristo, que mostró compasión hacia todos y llamó a construir una auténtica cultura de la vida frente a la cultura del descarte.

La Red Mundial de Oración del Papa, Obra Pontificia confiada a la Compañía de Jesús y presente en más de 90 países, reúne a millones de personas que cada mes se unen espiritualmente a las intenciones confiadas por el Santo Padre para responder, desde la oración y la acción, a los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.

miércoles, 1 de julio de 2026

Promoción de la unidad cristiana (30/6/2026)

 

El Papa invita a los cristianos a celebrar juntos los dos mil años de la Redención

  • 30 de junio, 2026
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
A los representantes del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, León XIV afirmó que todos los cristianos están llamados a ser testigos creíbles en este tiempo de guerra y polarización.

"Que el camino hacia la celebración del segundo milenio de la Redención, en 2033, sea emprendido conjuntamente por todas las denominaciones cristianas del mundo, redescubriendo el don y la vocación de ser testigos del Resucitado", expresó el papa León XIV dirigiéndose a la delegación del Patriarcado Ecuménico de visita en Roma, con motivo de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo.

Tras expresar su alegría por recibirlos después de la festividad, el Papa León dijo que su presencia "expresa la cercanía fraterna de nuestra Iglesia hermana en Constantinopla y de su pastor y guía, Su Santidad Bartolomé, patriarca ecuménico".

Deseo común de progresar hacia la plena unidad
El pontífice dijo estar profundamente agradecido al patriarca ecuménico y a todos los miembros del Santo Sínodo por enviar a la delegación a Roma para continuar el tradicional intercambio de visitas en las fiestas de los santos patronos de sus respectivas Iglesias y recordó con alegría haber participado el año pasado en la Fiesta de san Andrés en la Iglesia Patriarcal de san Jorge en el Fanar.

También agradeció sus encuentros con el patriarca ecuménico Bartolomé I, que profundizaron aún más su amistad mutua y permitieron un mayor intercambio de opiniones sobre numerosos temas, "sobre todo nuestro deseo común de avanzar en el camino hacia la plena unidad entre todos los cristianos".

Conmemoración del 1700 aniversario del Primer Concilio de Nicea
En este sentido, el Papa observó que la conmemoración del 1700 aniversario del Primer Concilio de Nicea, celebrada en vísperas de la fiesta de san Andrés en Nicea, ofrecía "un elocuente testimonio de la comunión que ya existe entre quienes comparten la fe en Dios, Padre de todos, y creen en Jesucristo, como Señor e Hijo de Dios, y en el Espíritu Santo, que nos inspira y nos conduce a la plenitud de la verdad y la unidad".

"Ese acto conmemorativo", subrayó el Santo Padre, "dejó claro que el Credo de Nicea debe ser el fundamento y el principio rector de este camino ecuménico, ofreciendo el modelo de la verdadera unidad dentro de la legítima diversidad: Unidad en la Trinidad, Trinidad en la Unidad".

Los cristianos están llamados a ser un signo creíble de paz
"En una época marcada por las guerras y la creciente polarización, así como por las divisiones culturales y sociales", subrayó el Santo Padre, "los cristianos -reconciliados entre sí y unidos en su profesión de la única fe- están llamados a ser un signo creíble de paz, contribuyendo decisivamente a los esfuerzos de todos los hombres y mujeres de buena voluntad por construir la paz".

Además, en la situación actual, afirmó, "no solo está en juego la credibilidad del mensaje cristiano, sino el futuro mismo de la humanidad".

El Papa subrayó que "la necesidad de una mayor cooperación entre los cristianos ante los desafíos actuales -que incluyen la paz, el uso adecuado de las nuevas tecnologías y el cuidado de la creación- proviene del propio Evangelio de Jesucristo".

Responsabilidad de salvaguardar la vida y la dignidad de cada persona
En efecto, señaló, "nuestra responsabilidad por la vida y la dignidad de cada ser humano, empezando por el más joven y el más necesitado, es el criterio que determinará nuestro destino presente y eterno".

Para concluir su intervención, el papa León XIV expresó una vez más su sincero agradecimiento por la visita, así como por el compromiso personal de la delegación y del Patriarcado Ecuménico en la promoción de la unidad cristiana.

"Les aseguro mis oraciones", dijo, y agregó: "Por la intercesión de los santos apóstoles Pedro y Andrés, hermanos en la carne y en la fe, que Dios nuestro Padre nos acompañe siempre con su bendición".

martes, 30 de junio de 2026

Santos Pedro y Pablo (29/6/2026)

 

León XIV: santos Pedro y Pablo, apóstoles y artífices de la unidad

En la misa de los apóstoles “pilares de la Iglesia”, el Papa reflexionó sobre la misión de Pedro y Pablo como “artífices de la unidad, servidores generosos de la verdad en la caridad”. En la ceremonia impuso el palio a 35 arzobispos metropolitanos.

Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano

En la Basílica vaticana el Papa León XIV celebró la misa de la solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo, este lunes 29 de junio. Ceremonia en la que también bendijo e impuso los palios a los nuevos arzobispos. El Santo Padre reflexionó sobre la misión de los patronos de la ciudad y de la diócesis de Roma.

“Elegidos por Jesús, uno como pastor de su rebaño y el otro como apóstol de los gentiles. En ellos veneramos a dos pilares de la Iglesia”

Pedro, la comunión entre los hermanos

Recordando al apóstol Pedro, que como “custodio del Pueblo de Dios, aparece en numerosas ocasiones en el Nuevo Testamento comprometido con la preservación de la comunión entre los hermanos. Es él quien, en el lago de Galilea, tras una noche de trabajo aparentemente inútil, le dice al Maestro: «no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes» (Lc 5,5)”.

Destaca la fidelidad del apóstol en su misión, pero “no significa que Pedro sea perfecto”, dijo el Papa. “Durante la Pasión, niega al Maestro, para luego derramar lágrimas sinceras de arrepentimiento (cf. Lc 22,54-62)”.

“No obstante, sabe reconocer sus propios errores y arrepentirse, sin desanimarse y sin dejar de cumplir con la misión de anunciar el Evangelio y reunir al rebaño de Cristo, hasta el martirio, que sufre precisamente aquí, en Roma, no muy lejos del lugar en el que nos encontramos”, afirma el Santo Padre.

Las llaves de la comunión

El Papa presenta esta fidelidad en el símbolo de las llaves que abren y cierran puertas, no las derriban: “del mismo modo, la comunión, en la Iglesia, no se construye endureciéndose en las propias posiciones, sino buscando, en los corazones de todos, los puntos de encuentro en la Verdad, a cuya única luz todos se convierten en instrumentos de crecimiento para los demás”, dijo.

Así la misión de Pedro la interpreta León XIV, “en beneficio de todo el Pueblo santo de Dios: escuchar, con su ayuda, las voces de cada uno; discernir las inspiraciones; guiar los caminos; corregir los errores; instruir, animar, exhortar y acompañar a los hermanos para que, dóciles a la acción del mismo Espíritu (cf. 1 Co 12,1-11), cooperen en la salvación unos de otros y de toda la humanidad”.

Pablo, anunciador de la Buena Nueva

Luego destaca también la enseñanza del apóstol Pablo, “incansable anunciador de la Buena Nueva. Él también tiene sus símbolos distintivos: el libro y la espada, estrechamente unidos entre sí. El autor de la Epístola a los Hebreos, lo explica bien cuando escribe que, «la palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo», capaz de penetrar «hasta el punto donde se dividen alma y espíritu» y de discernir «los deseos e intenciones del corazón» (Hb 4,12)”.

“El Apóstol de los gentiles se dejó transformar por el poder de la Palabra de Dios, que lo alejó de la violencia para conducirlo por el camino del amor”, dijo.

León XIV cita el comentario de San Agustin sobre la conversión y misión de Pablo: “Hizo predicador de la paz al perseguidor de la Iglesia, perdonó todos sus pecados, lo puso en un puesto tal, que por medio de su persona quedasen perdonados los de los otros”

“Queridos hermanos, hoy es importante fijarnos en estos dos santos —Pedro y Pablo— para comprender cómo podemos ser, también nosotros como ellos, apóstoles y artífices de la unidad, servidores generosos de la verdad en la caridad”


 

El compromiso de todo pastor

Así el Papa refiere que con este espíritu con el que nos disponemos a celebrar el antiguo y evocador rito de la entrega de los palios a los arzobispos metropolitanos: “Esta banda de lana blanca adornada con cruces expresa el compromiso de todo pastor —pero también el de todo cristiano— de llevar sobre sus hombros a los hermanos y hermanas que le han sido confiados”.

También el Papa dirigió un saludo a los miembros de la Delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, “enviada por nuestro muy querido hermano Su Santidad Bartolomé y encabezada por Su Eminencia Emmanuel, metropolitano de Calcedonia”.

Concluyó el Papa pidiendo “a los santos Pedro y Pablo para que nos sostengan en el camino de la comunión, siguiendo las huellas del Salvador. Es el camino que Él nos ha marcado, aquello por lo que oró al Padre en la Última Cena (cf. Jn 17,21-23), la meta que nos ha enseñado a anhelar con esperanza confiada”.

lunes, 29 de junio de 2026

JESÚS NOS PIDE AMOR ( 28/6/2026 )

 

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PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Domingo, 28 de junio de 2026

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Hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

También en el Evangelio de hoy (Mt 10,37-42), escuchamos algunas exhortaciones de Jesús para seguirlo y ser testigos de su Reino. No se trata de actos exteriores, sino de comprometer todo nuestro ser en una relación de amor con Él. Y para dar fruto, el amor requiere al menos tres cosas: el desprendimiento, la pérdida y la hospitalidad.

Ante todo, el desprendimiento. Jesús dice: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí» (v. 37). En el momento en que comienza a enviar en misión a sus apóstoles, el Señor los quiere libres de cualquier atadura. Pero vale para todos el hecho de que también los afectos más importantes encuentran su plenitud gracias al amor que Cristo nos da. Pensemos, por ejemplo, en la vida matrimonial: sólo se la puede vivir plenamente “dejando” la casa de los padres (cf. Mt 19,6) para comprometerse en la relación conyugal. Pensemos también en el crecimiento de los hijos: se les ayuda a realizarse y a ser felices educándolos para valerse por sí mismos y tomar sus decisiones. Dice san Agustín: «Es cosa triste perder lo que amas; pero a veces también el agricultor pierde lo que siembra» (Sermón 330, 2). Sólo “perdiendo” esa semilla, arrojada en la tierra, podrá verla florecer.

En este sentido, el amor es también pérdida. Nos cuesta comprenderlo, especialmente en un mundo en el que perder parece ser una debilidad y se vive obsesionado por tener y poseer. Sin embargo, el amor da fruto sólo en la entrega: cuando estamos dispuestos a perder un poco de nuestro yo para hacer espacio al otro, a perder un poco de tiempo para escuchar a un amigo, a perder un poco de comodidad para compartir una situación de dificultad. Quien retiene la vida sólo para sí mismo —dice el Evangelio— en realidad la pierde (cf. v. 39), porque esta no se abre a la alegría del amor y se vuelve estéril. Por eso Jesús nos invita a abrazar la Cruz: Él se ofreció, se perdió a sí mismo y, precisamente así, nosotros hemos podido recibir su vida en abundancia. Del mismo modo, si vivimos en la lógica del don, también nosotros seremos capaces de engendrar vida nueva en nuestras relaciones.

Y finalmente, la hospitalidad. El amor, en efecto, se expresa en elecciones y acciones concretas, en un compromiso hecho de pequeños gestos cotidianos, como el de ofrecer un vaso de agua a quien tiene sed (cf. v. 42). Jesús, al enviar a sus discípulos delante de Él, les pide que vayan sin provisiones, es decir, necesitados, porque de este modo podrán suscitar hospitalidad en aquellos que encuentren a su paso. Y así, recibiendo a quien viene en nombre de Jesús, lo recibe a Él y al Padre celestial que lo ha enviado. El amor al Señor pasa siempre por la manera fraterna en que acogemos a los demás.

Queridos amigos, recemos a la Virgen María, que amó a su Hijo sabiendo también perderlo; que ella nos ayude a ser testigos humildes y alegres del amor de Cristo.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Deseo expresar mi cercanía a las hermanas y hermanos venezolanos afectados por los recientes terremotos que provocaron numerosas víctimas y heridos, así como ingentes daños materiales. Mientras ruego al Señor por el eterno descanso de los fallecidos, renuevo mi cercanía espiritual a sus familiares, a los lesionados y a quienes han sido golpeados por esta tragedia. Así mismo, manifiesto mi gratitud y aliento a cuantos trabajan con generosidad en las labores de búsqueda y de asistencia.

Doy ahora la bienvenida a todos ustedes, romanos y peregrinos, agradeciéndoles por haber venido incluso con este calor.

Saludo a los fieles de la diócesis de Kumba, en Camerún y a todos aquellos de otros países.

Saludo a los jóvenes religiosos Camilianos; a los grupos parroquiales de Priolo Gargallo, Avola, Regalbuto y Bari; a los scouts de Rovereto y a los chicos de Mestrino, de la diócesis de Padua, que recibieron la Primera Comunión y la Confirmación.

¡Les deseo a todos un feliz domingo! Y nos vemos de nuevo mañana con motivo de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo.