martes, 30 de septiembre de 2025

 

Papa León XIV: «Que las religiones sean fermento de unidad en un mundo fragmentado»

En el 60º aniversario del documento conciliar Nostra Aetate, que se cumple en el mes de octubre, el Papa dedica su intención de oración a la colaboración entre las distintas tradiciones religiosas.
Se estrena hoy la nueva edición de El Video del Papa correspondiente al mes de octubre, con la intención de oración del Papa León XIV: “Oremos para que los creyentes de las distintas tradiciones religiosas trabajen juntos en la defensa y promoción de la paz, la justicia y la fraternidad humana”. Su intención, que el Papa confía este mes a la Red Mundial de Oración del Papa, se propone en un tiempo marcado por los conflictos y la polarización, en el que las religiones a veces se pliegan a la lógica del enfrentamiento. El Papa, en cambio, invita a redescubrir en la religión un puente de fraternidad y una fuerza reconciliadora.

No armas o muros, sino puentes y profecía

El sentido profundo de la oración que lee el Papa León XIV es que la colaboración entre creyentes no se relegue a teólogos y expertos, sino que se nutra de un compromiso concreto y cotidiano que nos involucre a cada uno. De hecho, el Papa reza para que aprendamos a “reconocernos como hermanos, llamados a vivir, rezar, trabajar y soñar juntos”. También invoca al Espíritu para “reconocer lo que nos une” y “colaborar sin destruir”. Las distintas tradiciones religiosas están llamadas a ser “levadura de unidad en un mundo fragmentado”. Y continúa, recordando que a menudo ocurre lo contrario: “en lugar de unirnos, se convierte en causa de enfrentamiento”.

De ahí que su invitación se extienda a todos los creyentes, cristianos y no cristianos. Exhorta: “Que las religiones no sean usadas como armas o muros, sino que se vivan como puentes y profecía”, y luego prosigue, citando “ejemplos concretos de paz, de justicia y de fraternidad” ya existentes.

Desde arriba y desde abajo

El vídeo relata varios ejemplos concretos que se entrelazan con momentos “desde arriba” e iniciativas “desde abajo”. Por un lado, hitos históricos del camino interreligioso: el histórico encuentro organizado por el Papa Juan Pablo II en Asís en 1986 ; la visita del Papa Benedicto XVI a la Sinagoga de Roma en 2010 ; la firma del Documento sobre la Fraternidad Humana en Abu Dabi en 2019, bajo el pontificado del Papa Francisco; hasta los más recientes encuentros ecuménicos del Papa León XIV en el Vaticano.

Por otro lado, la intención de oración de este mes recuerda que el diálogo interreligioso no puede limitarse a los encuentros entre líderes. Por ello, las imágenes del video destacan experiencias organizadas a nivel local o por organizaciones eclesiales: el encuentro interreligioso organizado en Singapur en abril de 2025 por Cáritas y la Arquidiócesis para conmemorar el Día de la Tierra; o el evento “Una Familia Humana” organizado por el Movimiento de los Focolares entre mayo y junio de 2024. Son dos signos recientes y concretos de un diálogo que crea cercanía, confianza y cooperación cotidiana.

Nostra Aetate, 60 años fecundos

Esta intención de oración se enmarca en el 60º aniversario de Nostra Aetate, la Declaración del Concilio Vaticano II que transformó la relación de la Iglesia Católica con las demás religiones, abriendo el camino al diálogo, el respeto y la colaboración. La producción de El Video del Papa marca el inicio de un mes en el que están previstas diversas iniciativas para reflexionar sobre el legado del documento conciliar en la sociedad contemporánea.

Hace diez años, en el 50º aniversario de Nostra Aetate, el Papa Francisco destacó su actualidad, recordando que el camino del diálogo requiere conocimiento, respeto y estima mutuos, y que el mundo pide a los creyentes respuestas eficaces sobre la paz, el hambre, la pobreza, la crisis medioambiental y la violencia, especialmente la cometida en nombre de la religión. En ese contexto, el Papa subrayó también que los creyentes no tienen “recetas” para todos los problemas, pero sí un gran recurso: la oración, nuestro tesoro del que nos servimos según nuestras respectivas tradiciones.

Un compromiso que continúa

“El tema del diálogo interreligioso es significativo, a menudo presente en las intenciones papales”, explica el P. Cristóbal Fones, S.J.Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa. Recuerda que “esto ha ocurrido varias veces a lo largo de los años durante el mes de enero, coincidiendo con la Jornada Mundial de la Paz.” En 2016, por ejemplo, rezó para que "el diálogo sincero entre hombres y mujeres de distintas religiones conlleve frutos de paz y de justicia"; en 2020, "que los cristianos, los que siguen otras religiones y las personas de buena voluntad, promuevan la paz y la justicia en el mundo"; en 2021, "que el Señor nos dé la gracia de vivir en plena fraternidad con los hermanos y hermanas de otras religiones, rezando unos por otros, abriéndonos a todos". La intención de octubre de 2025 se inscribe, por tanto, en este proceso, testimoniando un camino —el del diálogo— que los Papas tienen mucho en el

corazón.”

“Los encuentros entre los líderes de las distintas religiones” —continúa el P. Fones— “son siempre noticia, como es justo que sea, porque dan esperanza en un tiempo en el que la tentación del conflicto amenaza la necesidad de encontrarse. Pero la oración que lee el Papa León XIV este mes nos dice que la colaboración se construye incluso cuando no es noticia, es decir, en la vida cotidiana: conociéndose y respetándose, aprendiendo unos de otros, rezando juntos por la humanidad, defendiendo y promoviendo la paz en los lugares donde vivimos. Son

estilos de vida cotidianos que todos podemos elegir: buscar lo que nos une y trabajar por el bien común junto a nuestros hermanos y hermanas de distintas confesiones. Así, los creyentes se convierten en artesanos de paz y fraternidad. El Video del Papa de octubre indica un camino: reconocer la dignidad de cada persona, defender la justicia, sembrar la paz”.

Finalmente, en el contexto del Año Santo 2025El Video del Papa adquiere especial relevancia ya que, a través de él, conocemos las intenciones de oración que el Papa tiene en su corazón. Para recibir debidamente las gracias de la indulgencia jubilar, es necesario rezar por las intenciones del Papa.

Con información de la Red Mundial de Oración del Papa




domingo, 28 de septiembre de 2025

 

Pueblos explotados y azotados por las guerras y la opulencia

En su homilía de la misa por el Jubileo de los catequistas, el Papa León XIV recordó la necesidad de anunciar que, incluso en medio de las tragedias de quienes mueren «por la codicia» según el Evangelio «la vida de todos puede cambiar». No basta con conocerlo o compartirlo: hay que amarlo. Solo así el testimonio se convierte en semilla de esperanza, capaz de germinar en los corazones y dar fruto

sábado, 27 de septiembre de 2025

La gracia de la “intuición” y “sensus fidei” del pueblo de Dios que puede generar esperanza

 

El Papa: “Dios es sencillo y se revela a los sencillos”

El Santo Padre León XIV reflexionó en la catequesis de la audiencia jubilar sobre la gracia de la “intuición” y “sensus fidei” del pueblo de Dios que puede generar esperanza, citando el llamado vocacional de San Ambrosio.

Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano

“El Jubileo nos hace peregrinos de esperanza, porque intuimos una gran necesidad de renovación que nos concierne a nosotros y a toda la tierra”, expresó el Papa León XIV en la audiencia jubilar de este sábado 27 de septiembre en la plaza San Pedro del Vaticano que congregaba en esta ocasión a los 35.000 peregrinos del Jubileo de los Catequistas.

El Santo Padre inició centrándose en el verbo “intuir” que “describe un movimiento del espíritu, una inteligencia del corazón que Jesús encontró sobre todo en los pequeños, es decir, en las personas de alma humilde”.

“A menudo, en efecto, las personas instruidas intuyen poco, porque presumen de saber. Es bueno, en cambio, tener todavía espacio en la mente y en el corazón para que Dios se revele”, añadió el Papa.

Recordó León XIV que “Jesús se alegra de ello, se llena de gozo, porque se da cuenta de que los pequeños intuyen. Tienen el sensus fidei, que es como un ‘sexto sentido’ de la gente sencilla para las cosas de Dios. Dios es sencillo y se revela a los sencillos”.

La vocación de San Ambrosio

En este sentido, el Pontífice recordó un episodio que vivió la Iglesia en el siglo IV en Milán, Italia, “que muestra cómo la esperanza puede nacer de la capacidad de intuición del pueblo”.

“La Iglesia estaba desgarrada por grandes conflictos y la elección de un nuevo obispo se estaba convirtiendo en un verdadero tumulto. La autoridad civil, el gobernador Ambrosio, intervino y con una gran capacidad de escucha y mediación trajo la calma. Cuenta la historia que entonces se alzó la voz de un niño que gritó: ¡Ambrosio obispo! Y así también todo el pueblo exigió: ¡Ambrosio obispo!”

El Papa meditando sobre el llamado vacacional de este doctor de la Iglesia, menciona que “Ambrosio al principio no quiere, incluso huye. Luego se da cuenta de que es una llamada de Dios, así que se deja bautizar y ordenar obispo. Y se convierte en cristiano siendo obispo”.

El llamado a la vida cristiana

El Santo Padre refiere que hoy también pude ser posible pedir esa gracia: “¡hacerse cristiano viviendo la llamada recibida!”

“¿Eres mamá, eres papá? Hazte cristiano como mamá y papá. ¿Eres empresario, trabajador, profesor, sacerdote, monja? Hazte cristiano en tu camino. La gente tiene este "olfato": entiende si nos estamos haciendo cristianos o no. Y puede corregirnos, puede indicarnos la dirección de Jesús”, dijo León XIV.

“Intuir es una forma de esperar, ¡no lo olvidemos!”, insiste el Papa.

“Dios hace avanzar a su Iglesia, mostrándole nuevos caminos. Intuir es la nariz de los pequeños para el Reino que viene. ¡Que el Jubileo nos ayude a hacernos pequeños según el Evangelio para intuir y servir los sueños de Dios!”, finalizó el Santo Padre.

https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2025-09/el-papa-dios-es-sencillo-y-se-revela-a-los-sencillos.html




miércoles, 24 de septiembre de 2025

El Papa León XIV profundizó en el misterio del Sábado Santo

 

León XIV: Cristo desciende para salvarnos en nuestros infiernos cotidianos

En su catequesis de este miércoles, el Papa León XIV profundizó en el misterio del Sábado Santo, subrayando que Cristo desciende hasta los infiernos no como un signo de derrota, sino como la manifestación más radical del amor de Dios, capaz de alcanzar incluso las tinieblas más profundas del ser humano para llevar la luz de la Resurrección.

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

En la audiencia general de hoy, ante las previsiones del tiempo que amenazaban lluvia, se dispuso que los fieles enfermos estuvieran al resguardo en el Aula Pablo VI. El Papa León XIV, antes de comenzar su catequesis, los saludó con estas palabras: 

“Los bendeciré a cada uno de ustedes que han venido esta mañana. Estoy muy contento de estar con ustedes, ¡gracias por estar aquí! Ahora mismo hace sol fuera, pero dicen que va a llover, por lo que queremos que estén bajo techo. Así que, sin alargar más esto, que Dios los bendiga a todos y que el Señor les dé mucha paz en vuestro corazón. ¡Gracias!”

En su reflexión, en la Plaza de San Pedro,  el Papa León XIV invitó a contemplar el Sábado Santo, ese día de aparente silencio en el que, sin embargo, se despliega una obra invisible de salvación: “Cristo desciende al reino de los infiernos para llevar el anuncio de la Resurrección a quienes estaban en la sombra de la muerte”, afirmó.

Descender a los infiernos:  gesto más radical del amor de Dios

El Pontífice explicó que este gesto, transmitido por la liturgia y la tradición de la Iglesia, revela el amor de Dios en su forma más radical. No se trata solo de creer que Jesús murió por la humanidad, sino de reconocer que en su fidelidad Él quiso buscarnos en los lugares más oscuros de nuestra existencia.

“De hecho, no basta decir ni creer que Jesús ha muerto por nosotros: es necesario reconocer que la fidelidad de su amor ha querido buscarnos allí donde nosotros mismos nos habíamos perdido, allí donde se puede empujar solo la fuerza de una luz capaz de atravesar el dominio de las tinieblas.”

Sábado Santo: Cristo entra en las tinieblas para liberar, no para juzgar

En este sentido, recordó que los infiernos no deben entenderse únicamente como un lugar, sino como una condición existencial marcada por el dolor, la soledad, la culpa y la separación de Dios. “Cristo entra en estas realidades no para juzgar, sino para liberar; no para culpabilizar, sino para salvar”, dijo, comparando su acción con la de quien entra en silencio en una habitación de hospital para ofrecer consuelo.

La muerte nunca es la última palabra

El Papa evocó también la tradición patrística que describe el encuentro de Cristo con Adán en los infiernos, un símbolo de todos los encuentros posibles entre Dios y el hombre. En los iconos orientales, añadió, se representa a Jesús derribando las puertas del reino de la muerte y levantando a Adán y Eva, signo de una salvación que no es individual, sino comunitaria: “El Resucitado no se salva solo, sino que lleva consigo a toda la humanidad”.

“El Hijo de Dios se adentró en las tinieblas más espesas para alcanzar también al último de sus hermanos y hermanas, para llevar también allí abajo su luz. En este gesto está toda la fuerza y la ternura del anuncio pascual: la muerte nunca es la última palabra.”

Finalmente, León XIV destacó que el Sábado Santo es el día en que el cielo toca la tierra en lo más profundo de su historia. No existe pecado, herida o fracaso que quede fuera del alcance de la misericordia de Dios. “Descender no es una derrota para Dios, sino la plenitud de su amor”, concluyó, alentando a los fieles a confiar en que incluso desde el fondo más oscuro de la vida, Cristo puede inaugurar una nueva creación.

domingo, 21 de septiembre de 2025

León XIV señaló que la verdadera riqueza es “la amistad con el Señor y con los hermanos”.

 

El Papa: Usemos los bienes que Dios nos confía para construir un mundo más justo

En el Ángelus del domingo 21 de septiembre, León XIV señaló que la verdadera riqueza es “la amistad con el Señor y con los hermanos”. Todo egoísmo nos aísla de los demás y “esparce el veneno de una competencia que a menudo genera conflictos”. Por ello, instó a administrar los dones recibidos, nuestra propia vida, con cuidado y responsabilidad, sabiendo que no somos sus dueños y que lo más importante no es acumularlos.

Vatican News

En la catequesis del Ángelus del último domingo de septiembre, el Papa León XIV comentó la parábola evangélica del administrador deshonesto (Lc 16,1-13) y, completando lo que ya había ofrecido como meditación en la homilía de la misa celebrada en la parroquia de Santa Ana en el Vaticano, planteó una serie de preguntas sobre cómo administramos nuestra vida y los bienes recibidos. Un día seremos llamados a rendir cuentas de la gestión de los recursos de la tierra, ante Dios y ante los hombres, ante quienes vendrán después de nosotros. El Pontífice, por tanto, puso de relieve un fundamento: “No somos dueños de nuestra vida ni de los bienes de los que disfrutamos; todo nos ha sido dado como don por el Señor y Él ha confiado este patrimonio a nuestro cuidado, a nuestra libertad y responsabilidad”.

Los amigos, verdadera riqueza de este mundo

En su reflexión, el Santo Padre explicó el sentido del comportamiento y las valoraciones del administrador en el relato bíblico:

En esta difícil situación, comprende que la acumulación de bienes materiales no es lo más importante, porque las riquezas de este mundo son pasajeras; y entonces se le ocurre una idea brillante: llama a los deudores y «condona» sus deudas, renunciando así a la parte que le correspondería. De esta manera, pierde la riqueza material, pero gana amigos, que estarán dispuestos a ayudarlo y apoyarlo.

Salir del egoísmo

A continuación, el Papa Prevost evidenció la diligencia con la que el protagonista del pasaje evangélico sale de su soledad, de su egoísmo. Esto, advirtió, es lo que realmente importa:

Debemos usar los bienes del mundo y nuestra propia vida pensando en la verdadera riqueza, que es la amistad con el Señor y con los hermanos.

Construir el bien

Finalmente, el Obispo de Roma subrayó que lo que se necesita es el sentido de la justicia y la responsabilidad:

Podemos seguir el criterio del egoísmo, poniendo la riqueza en primer lugar y pensando solo en nosotros mismos; pero esto nos aísla de los demás y esparce el veneno de una competencia que a menudo genera conflictos. O bien podemos reconocer todo lo que tenemos como un don de Dios que debemos administrar, y utilizarlo como instrumento para compartir, para crear redes de amistad y solidaridad, para construir el bien, para construir un mundo más justo, más equitativo y más fraterno

miércoles, 17 de septiembre de 2025

El misterio del Sábado Santo

 

El Papa en la catequesis: Dios trabaja en el tiempo lento de la confianza

Continuando con las catequesis sobre “Jesús esperanza nuestra”, León XIV reflexionó hoy sobre el misterio del Sábado Santo que “nos invita a descubrir que la vida no depende siempre de aquello que hacemos, sino también de cómo sabemos desistir de cuanto hemos podido hacer

Vatican news

“El Hijo de Dios yace en la tumba. Pero esta su ‘ausencia’ no es un vacío: es espera, plenitud contenida, promesa custodiada en la oscuridad”: lo afirmó el Papa León XIV en la catequesis hoy, 17 de septiembre, día en que la iglesia celebra a San Roberto Belarmino, onomástica del Pontífice nacido como Robert Francis.  Festiva fue la acogida que le dispensaron al Papa las 35.000 personas reunidas en la Plaza de San Pedro para la cita del miércoles. El Papa León intentó saludar a todos con una larga vuelta en el papamóvil antes de iniciar su meditación.

El misterio más profundo de la fe cristiana

Continuando con las catequesis sobre “Jesús esperanza nuestra”, el Obispo de Roma reflexionó hoy sobre el misterio del Sábado Santo. “Es el día del gran silencio – recordó– pero es justamente allí que se cumple el misterio más profundo de la fe cristiana”.

A continuación, el Obispo de Roma explicó que “el Sábado Santo es también un día de descanso”: según la ley judía, el séptimo día no se debe trabajar. También  “el Hijo, luego de haber completado su obra de salvación, descansa”, puntualizó. “No porque está cansado, sino porque ha concluido su trabajo. Este descanso es el sello de la obra cumplida”

Fatigamos en detenernos y descansar. Vivimos como si la vida nunca fuese suficiente. Corremos por producir, por demostrar, por no perder terreno. Pero el Evangelio nos enseña que saber detenerse es un gesto de confianza que tenemos que aprender a cumplir. El Sábado Santo nos invita a descubrir que la vida no depende siempre de aquello que hacemos, sino también de cómo sabemos desistir de cuanto hemos podido hacer.

El tiempo detenido puede convertirse en tiempo de gracia

León XIV observó que en el sepulcro, Jesús, “Palabra viviente del Padre, calla” y en aquel silencio “la vida nueva inicia a fermentar”. “Dios no tiene miedo del tiempo que pasa, porque es Señor también de la espera”.

Así, también nuestro tiempo “no útil”, aquel de las pausas, de los vacíos, de los momentos estériles, puede convertirse en vientre de resurrección. Todo silencio acogido puede ser la premisa de una Palabra nueva. Todo tiempo detenido puede convertirse en tiempo de gracia, si lo ofrecemos a Dios.

En el silencio, Dios hace nuevas todas las cosas

“Nosotros, en ese sábado detenido, aprendemos que no tenemos que tener prisa de resurgir”: sino que “es necesario descansar, acoger el silencio, dejarse abrazar por el límite”, añadió el Papa, evidenciando:

A veces buscamos respuestas rápidas, soluciones inmediatas. Pero Dios trabaja en lo profundo, en el tiempo lento de la confianza. El sábado de la sepultura se convierte así en las entrañas de las que pueden brotar las fuerzas de una luz invencible, aquella de la Pascua.

Antes de terminar su reflexión, el Papa León indicó el ejemplo de la Virgen María que “encarna esta espera, esta esperanza”, que no nace en el ruido o en la euforia sino en el silencio de una espera habitada por el amor. De ahí su consejo alentador:

Cuando nos parezca que todo está detenido, que la vida es un camino interrumpido, acordémonos del Sábado Santo. También en la tumba, Dios está preparando la sorpresa más grande. Y si sabemos acoger con gratitud aquello acontecido, descubriremos que, justamente en la pequeñez, y en el silencio, Dios ama transfigurar la realidad haciendo nuevas todas las cosas con la fidelidad de su amor.

Porque la “verdadera alegría – concluyó el Santo Padre - nace de la espera habitada, de la fe paciente, de la esperanza que cuanto ha vivido en el amor, ciertamente, resurgirá a la vida eterna”. 


domingo, 14 de septiembre de 2025

La Cruz signo de vida

 

Ángelus del Papa: “la Cruz, de instrumento de muerte a signo de vida”

Hoy, en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, el Papa León XIV reflexiona a la hora del Ángelus dominical sobre la Cruz, pero no como signo de derrota, sino como el mayor testimonio del amor de Dios. He hecho, recuerda que en la Cruz se cumple la promesa de salvación: allí donde el sufrimiento parecía tener la última palabra, brota la vida eterna para todo el que cree.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

Hoy la Iglesia celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, en la que se recuerda el hallazgo del leño de la cruz por parte de santa Elena, en Jerusalén, en el siglo IV, y la restitución de la preciosa reliquia a la Ciudad Santa, por obra del Emperador Heraclio. Pero “¿qué quiere decir para nosotros celebrar hoy esta fiesta?” ha interrogado el Papa esta mañana ante miles de fieles que se congregaban en la Plaza de San Pedro este mediodía para escuchar su reflexión dominical antes de rezar a la madre del Cielo.

La Cruz como signo de amor y salvación

El Papa ha recordado que la Cruz – denominada por el Papa como “uno de los instrumentos de muerte más cruel que el hombre haya jamás inventado” – fue transformada por Cristo en el mayor signo del amor de Dios. En ella no hay derrota, sino victoria: la vida surge de la muerte y la salvación del sacrificio.

“Por esto hoy nosotros celebramos su “exaltación”, lo hacemos por el amor inmenso con el que Dios, abrazándola para nuestra salvación, la transformó de medio de muerte a instrumento de vida, enseñándonos que nada puede separarnos de Él y que su caridad es más grande que nuestro mismo pecado”.

El diálogo con Nicodemo

León XIV explica después cómo Jesús anuncia que será “ensalzado” en la Cruz, para dar vida eterna a todo el que crea. Centrándose en el Evangelio del día, describe una escena: “Es de noche, y Nicodemo – uno de los jefes de los judíos – va a encontrar a Jesús. El Señor lo escucha – continúa el Papa – y al final le revela que el Hijo del hombre debe ser ensalzado porque «Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna».

“Nicodemo, que quizás en ese momento no comprende plenamente el sentido de estas palabras, podrá de seguro hacerlo cuando, después de la crucifixión, ayudará a sepultar el cuerpo del Salvador. Comprenderá entonces que Dios, para redimir a los hombres, se hizo hombre y murió en la cruz”.

Al final, el Pontífice hace una invitación al compromiso personal. El Papa pide que, con la ayuda de María, cada creyente pueda acoger este amor y hacerlo vida concreta: “que también nosotros sepamos donarnos los unos a los otros, como Él se ha donado enteramente a todos”.

viernes, 12 de septiembre de 2025

Aprendamos de Jesús el grito de la esperanza

 

El Papa: Aprendamos de Jesús el grito de la esperanza que no se resigna

En su catequesis durante la audiencia general de este miércoles 10 de septiembre en la plaza de San Pedro, el Papa afirmó que Jesús en la cruz nos enseña a no tener miedo del grito, mientras sea sincero, humilde, orientado al Padre. “Gritar se convierte entonces en un gesto espiritual”, aseguró. “Un grito no es nunca inútil si nace del amor”.

Vatican News

Desafiando las difíciles condiciones meteorológicas, con la fuerte lluvia que cayó sobre la capital romana durante la noche y toda la mañana de este segundo miércoles de septiembre, 35 000 peregrinos y fieles se congregaron en la plaza de San Pedro y siguieron con entusiasmo la audiencia general semanal del Papa.

“¡Buenos días y gracias por su presencia! Es un hermoso testimonio», dijo León XIV a los 35 000 peregrinos y fieles congregados en la plaza de San Pedro, antes de continuar su ciclo de catequesis sobre «Jesucristo, nuestra esperanza», deteniéndose, este 10 de septiembre, en los últimos momentos de Jesús en la cruz, narrados en el Evangelio de Marcos. En la cruz, explicó el Pontífice, «Jesús no muere en silencio. No se apaga lentamente, como una luz que se consume, sino que deja la vida con un grito».

«Jesús, dando un fuerte grito, expiró». Ese grito encierra todo: dolor, abandono, fe, ofrenda. No es solo la voz de un cuerpo que cede, sino la última señal de una vida que se entrega.

El grito de Jesús no es desesperación sino sinceridad

El grito de Jesús – recuerda el Papa – va precedido por una pregunta, una de las más lacerantes que se pueden pronunciar: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Es el primer versículo del Salmo 22, pero en los labios de Jesús adquiere un peso único.

El Hijo, que siempre ha vivido en íntima comunión con el Padre, experimenta ahora el silencio, la ausencia, el abismo. No se trata de una crisis de fe, sino de la última etapa de un amor que se entrega hasta el fondo. El grito de Jesús no es desesperación, sino sinceridad, verdad llevada al límite, confianza que resiste incluso cuando todo calla.

Un Dios cercano que atraviesa nuestro dolor

En ese momento, el cielo se oscurece y el velo del templo se rasga, es como si la creación participara de ese dolor y al mismo tiempo revelara algo nuevo, afirma el Pontífice, precisando:

Dios ya no habita detrás de un velo, su rostro es ahora plenamente visible en el Crucifijo. Es allí, en aquel hombre desgarrado, donde se manifiesta el amor más grande. Es allí donde podemos reconocer a un Dios que no permanece distante, sino que atraviesa hasta el fondo nuestro dolor.

Un profundo acto de humanidad

«El centurión, un pagano, lo entiende», observa el Santo Padre y no porque haya escuchado un discurso, sino porque vio morir a Jesús en ese modo: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios» (Mc 15,39).

Es la primera profesión de fe después de la muerte de Jesús. Es el fruto de un grito que no se dispersó en el viento, sino que tocó un corazón. A veces, lo que no somos capaces de decir con palabras lo expresamos con la voz. Cuando el corazón está lleno grita. Y esto no siempre es una señal de debilidad, puede ser un profundo acto de humanidad.

La esperanza que no se resigna

El Papa observa a continuación que el Evangelio confiere a nuestro grito un valor inmenso, recordándonos que puede ser una invocación, una protesta, un deseo, una entrega. “Es más, puede ser la forma extrema de la oración, cuando ya no nos quedan palabras en ese grito, Jesús puso todo lo que le quedaba: todo su amor, toda su esperanza”.

En este grito – señala – «hay una esperanza que no se resigna. Se grita cuando se cree que alguien todavía puede escuchar. Se grita no por desesperación, sino por deseo. Jesús no gritó contra el Padre, sino hacia Él».

Incluso en el silencio, estaba convencido de que el Padre estaba allí. Y así nos mostró que nuestra esperanza puede gritar, incluso cuando todo parece perdido. Gritar se convierte entonces en un gesto espiritual.

No tener miedo, Dios nos escucha

El Papa León afirma además que «se grita cuando se sufre, pero también cuando se ama, se llama, se invoca” y es una forma para que estamos, que no queremos apagarnos en silencio, que tenemos todavía algo que ofrecer» porque en el viaje de la vida, «hay momentos en los que guardar todo dentro puede consumirnos lentamente».

Jesús nos enseña a no tener miedo del grito, mientras sea sincero, humilde, orientado al Padre. Un grito no es nunca inútil si nace del amor. Y nunca es ignorado si se entrega a Dios. Es una vía para no ceder al cinismo, para continuar creyendo que otro mundo es posible.

Una fuente de esperanza

Antes de concluir su reflexión, la invitación del Santo Padre a aprender de Jesús:

Aprendamos el grito de la esperanza cuando llega la hora de la prueba extrema. No para herir, sino para encomendarnos. No para gritar contra alguien, sino para abrir el corazón. Si nuestro grito es verdadero, podrá ser el umbral de una nueva luz, de un nuevo nacimiento. Como para Jesús: cuando todo parece acabado, en realidad, la salvación estaba a punto de iniciar. Si se manifiesta con la confianza y la libertad de los hijos de Dios, la voz sufriente de nuestra humanidad, unida a la voz de Cristo, se puede convertir en fuente de esperanza para nosotros y para quien está a nuestro lado.






domingo, 7 de septiembre de 2025

 SANTA MISA Y CANONIZACIÓN DE LOS BEATOS:

- PIER GIORGIO FRASSATI
- CARLO ACUTIS

CAPILLA PAPAL

HOMILÍA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV

Plaza de San Pedro
XXIII Domingo del Tiempo Ordinario, 7 de septiembre de 2025

[Multimedia]

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Palabras improvisadas antes de la Santa Misa con el Rito de Canonización

¡Buenos días a todos! ¡Feliz domingo y bienvenidos! ¡Gracias!

Hermanos y hermanas, hoy es un día de gran alegría para toda Italia, para toda la Iglesia y para todo el mundo. Antes de comenzar la solemne celebración de la Canonización, quería saludarlos y decirles unas palabras a todos ustedes, porque, si bien la celebración es muy solemne, también es un día de gran alegría. Quería saludar especialmente a tantos jóvenes, chicos y chicas, que han venido a esta Santa Misa. Es verdaderamente una bendición del Señor encontrarnos ya que han venido de diferentes países. Es realmente un don de la fe que queremos compartir.

Después de la Santa Misa, les pido que tengan un poco de paciencia, espero poder ir a saludarlos a la plaza, ya que ahora están un poco lejos. Espero al menos poder saludarlos.

Saludo a los familiares de los dos Beatos, casi Santos, a las delegaciones oficiales, a los numerosos obispos y sacerdotes que han venido. Un aplauso para todos ellos, ¡gracias también a ustedes por estar aquí! ¡Religiosos y religiosas, y a la Acción Católica!

Nos preparamos para esta celebración litúrgica con la oración, con el corazón abierto, deseando recibir verdaderamente esta gracia del Señor. Y así sentir en el corazón lo mismo que vivieron Pier Giorgio y Carlo: este amor por Jesucristo, sobre todo en la Eucaristía, pero también en los pobres, en los hermanos y hermanas. También ustedes, todos nosotros, estamos llamados a ser santos. ¡Que Dios los bendiga! ¡Feliz celebración! ¡Gracias por estar aquí!

* * *

Queridos hermanos y hermanas:

En la primera lectura hemos escuchado una pregunta: «[Señor,] ¿y quién habría conocido tu voluntad si tú mismo no hubieras dado la Sabiduría y enviado desde lo alto tu santo espíritu?» (Sab 9,17). La hemos oído después de que dos jóvenes beatos, Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis, fueran proclamados santos, y eso es providencial. En el libro de la Sabiduría, esta pregunta está atribuida precisamente a un joven como ellos: el rey Salomón. Cuando murió David, su padre, él se dio cuenta de que disponía de muchas cosas: el poder, la riqueza, la salud, la juventud, la belleza, el reino. Pero esta gran abundancia de medios le había hecho surgir una pregunta en su corazón: “¿Qué debo hacer para que nada se pierda?”. Y había entendido que el único camino para encontrar una respuesta era pedir a Dios un don aún mayor: su Sabiduría, para poder conocer sus proyectos y adherir a ellos fielmente. Se dio cuenta, en efecto, que de ese modo todas las cosas encontrarían su lugar en el gran designio del Señor. Sí, porque el riesgo más grande de la vida es desaprovecharla fuera del proyecto de Dios.

También Jesús, en el Evangelio, nos habla de un proyecto al que adherir hasta el final. Dice: «El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo» (Lc 14,27); y agrega: «cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo» (v. 33). Es decir, nos llama a lanzarnos sin vacilar a la aventura que Él nos propone, con la inteligencia y la fuerza que vienen de su Espíritu y que podemos acoger en la medida en que nos despojamos de nosotros mismos, de las cosas y de las ideas a las que estamos apegados, para ponernos a la escucha de su palabra.

Muchos jóvenes, a lo largo de los siglos, tuvieron que afrontar este momento decisivo de la vida. Pensemos en san Francisco de Asís: como Salomón, también él era joven y rico, y estaba sediento de gloria y de fama. Por eso partió a la guerra, esperando ser nombrado “caballero” y revestirse de honores. Pero Jesús se le apareció en el camino y le hizo reflexionar sobre lo que estaba haciendo. Vuelto en sí, dirigió a Dios una pregunta sencilla: «Señor, ¿qué quieres que haga?». [1] Y a partir de allí, volviendo sobre sus pasos, comenzó a escribir una historia diferente: la maravillosa historia de santidad que todos conocemos, despojándose de todo para seguir al Señor (cf. Lc 14,33), viviendo en pobreza y prefiriendo el amor a los hermanos, especialmente a los más débiles y pequeños, al oro, a la plata y a las telas preciosas de su padre.

¡Y cuántos otros santos y santas podríamos recordar! A veces nosotros los representamos como grandes personajes, olvidando que para ellos todo comenzó cuando, aún jóvenes, respondieron “sí” a Dios y se entregaron a Él plenamente, sin guardar nada para sí. A este respecto, san Agustín cuenta que, en el «nudo tortuosísimo y enredadísimo» de su vida, una voz, en lo profundo, le decía: «Sólo a ti quiero». [2] Y, de esa manera, Dios le dio una nueva dirección, un nuevo camino, una nueva lógica, donde nada de su existencia estuvo perdido.

En este marco, contemplamos hoy a san Pier Giorgio Frassati y a san Carlo Acutis: un joven de principios del siglo XX y un adolescente de nuestros días, ambos enamorados de Jesús y dispuestos a dar todo por Él.

Pier Giorgio encontró al Señor por medio de la escuela y los grupos eclesiales —la Acción Católica, las Conferencias de San Vicente de Paúl, la F.U.C.I. (Federación Universitaria Católica Italiana), la Orden Tercera de Santo Domingo— y dio testimonio de ello a través de su alegría de vivir y de ser cristiano en la oración, en la amistad y en la caridad. Hasta el punto de que, a fuerza de verlo recorrer las calles de Turín con carritos repletos de ayuda para los pobres, sus amigos lo llamaban “Empresa de Transportes Frassati”. También hoy, la vida de Pier Giorgio representa una luz para la espiritualidad laical. Para él la fe no fue una devoción privada; impulsado por la fuerza del Evangelio y la pertenencia a asociaciones eclesiales, se comprometió generosamente en la sociedad, dio su contribución en la vida política, se desgastó con ardor al servicio de los pobres.

Carlo, por su parte, encontró a Jesús en su familia, gracias a sus padres, Andrés y Antonia —presentes hoy aquí con sus dos hermanos, Francesca y Michele— y después en la escuela, también él, y sobre todo en los sacramentos, celebrados en la comunidad parroquial. De ese modo, creció integrando naturalmente en sus jornadas de niño y de adolescente la oración, el deporte, el estudio y la caridad.

Ambos, Pier Giorgio y Carlo, cultivaron el amor a Dios y a los hermanos a través de medios sencillos, al alcance de todos: la Santa Misa diaria, la oración, y especialmente la adoración eucarística. Carlo decía: «Cuando nos ponemos frente al sol, nos bronceamos. Cuando nos ponemos ante Jesús en la Eucaristía, nos convertimos en santos», y también: «La tristeza es dirigir la mirada hacia uno mismo, la felicidad es dirigir la mirada hacia Dios. La conversión no es otra cosa que desviar la mirada desde abajo hacia lo alto. Basta un simple movimiento de ojos». Otra cosa esencial para ellos era la confesión frecuente. Carlo escribió: «A lo único que debemos temer realmente es al pecado»; y se maravillaba porque —son palabras suyas— «los hombres se preocupan mucho por la belleza del propio cuerpo y no se preocupan, en cambio, por la belleza de su propia alma». Ambos, además, tenían una gran devoción por los santos y por la Virgen María, y practicaban generosamente la caridad. Pier Giorgio decía: «Alrededor de los pobres y los enfermos veo una luz que nosotros no tenemos». [3] Llamaba a la caridad “el fundamento de nuestra religión” y, como Carlo, la ejercitaba sobre todo por medio de pequeños gestos concretos, a menudo escondidos, viviendo lo que el Papa Francisco ha llamado «la santidad “de la puerta de al lado”» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 7).

Incluso cuando los aquejó la enfermedad y esta fue deteriorando sus jóvenes vidas, ni siquiera eso los detuvo ni les impidió amar, ofrecerse a Dios, bendecirlo y pedirle por ellos y por todos. Un día Pier Giorgio dijo: «El día de mi muerte será el día más bello de mi vida»; [4] y en su última foto, que lo retrata mientras escalaba una montaña de Val di Lanzo, con el rostro dirigido a la meta, había escrito: «Hacia lo alto». [5] Por otra parte, a Carlo, siendo aún más joven, le gustaba decir que el cielo nos espera desde siempre, y  que amar el mañana es dar hoy nuestro mejor fruto.

Queridos amigos, los santos Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis son una invitación para todos nosotros, sobre todo para los jóvenes, a no malgastar la vida, sino a orientarla hacia lo alto y hacer de ella una obra maestra. Nos animan con sus palabras: “No yo, sino Dios”, decía Carlo. Y Pier Giorgio: “Si tienes a Dios como centro de todas tus acciones, entonces llegarás hasta el final”. Esta es la fórmula, sencilla pero segura, de su santidad. Y es también el testimonio que estamos llamados a imitar para disfrutar la vida al máximo e ir al encuentro del Señor en la fiesta del cielo

sábado, 6 de septiembre de 2025

La esperanza

 

El Papa: La esperanza cambia el mundo, hay que cultivarlo en el corazón

Ante los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro para la Audiencia Jubilar, el Papa León XIV reflexiona sobre la parábola del tesoro escondido en el campo, tomada del Evangelio de Mateo, y nos anima a mirar más allá de la superficie para encontrar el Reino de Dios: buscando nos acercamos cada vez más al Señor que se despojó de sí mismo para hacerse semejante a nosotros

Isabella H. de Carvalho - Ciudad del Vaticano

"La esperanza se reaviva cuando cavamos y rompemos la costra de la realidad, vamos más allá de la superficie" y "así es como se encuentra el Reino de Dios". León XIV exhortó a buscar a Cristo profundizando en los hechos de la vida con la curiosidad de los niños, en la catequesis que pronunció en la audiencia jubilar celebrada esta mañana, 6 de septiembre. Dirigiéndose a la multitud de fieles de todo el mundo congregados en la Plaza de San Pedro, a los que saludó con un recorrido en papamóvil, el Papa dio la bienvenida subrayando cómo en Roma, "ciudad rica en historia", podemos "ser confirmados en la fe, en la caridad y en la esperanza". El Pontífice utilizó este último elemento, que es también el tema del Año Santo, como punto de partida para su reflexión sobre la parábola de Jesús sobre el tesoro escondido en el campo, tomada del Evangelio de Mateo. León XIV explicaba cómo de niños "meter las manos en la tierra tenía un encanto especial" y este juego permitía "atravesar la dura corteza del mundo y ver lo que hay debajo". En la parábola "ya no es un juego de niños, pero la alegría de la sorpresa es la misma".

“El tesoro que ilumina la esperanza es, en efecto, la vida de Jesús: debemos ponernos en camino tras sus huellas.”

No nos conformemos con nuestras posiciones y riquezas

El Pontífice destaca como modelo a seguir a "Flavia Julia Helena, madre del emperador Constantino", quien, como los demás primeros cristianos después de haber tenido la libertad de vivir la fe, comenzó a "excavar" en los lugares de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. "¡Cuántas otras cosas podría haber hecho una emperatriz! Cuántos lugares nobles podría haber preferido a Jerusalén suburbana. Cuántos placeres y honores cortesanos', reflexionó León XIV. Pero en lugar de eso se convierte en 'una mujer que busca' y 'que cava' para seguir a Jesús. "También nosotros, hermanas y hermanos, podemos quedar atrapados en las posiciones que hemos alcanzado y en las riquezas, más o menos grandes, que nos dan seguridad -advierte el Papa-.

“Así perdemos la alegría que teníamos de niños, ese deseo de cavar e inventar que hace que cada día sea nuevo. 'Inventar' -ya saben- en latín significa 'encontrar'. El gran "invento" de Elena fue el hallazgo de la Santa Cruz. ¡He aquí el tesoro escondido por el que venderlo todo! La Cruz de Jesús es el mayor descubrimiento de la vida, el valor que cambia todos los valores.”

Nos volvemos como niños

El Pontífice aclaró que quizá Helena había comprendido la importancia de la cruz precisamente "porque había llevado la suya durante mucho tiempo". "No había nacido en la corte: se dice que era una posadera de origen humilde, de la que se enamoró el futuro emperador Constancio", luego se casó con ella pero la repudió, distanciándola de su hijo Constantino, que también "le causó no poco dolor y decepción", relata León XIV. Sin embargo, nunca dejó de ser ella misma, "decidió hacerse cristiana y practicó siempre la caridad, sin olvidar nunca a los humildes", y por ello es un ejemplo.

“Esa dignidad y esa fidelidad a la conciencia, queridos hermanos y hermanas, cambian el mundo también hoy: nos acercan al tesoro, como el trabajo del campesino. Cultivar el corazón requiere esfuerzo. Es el trabajo más grande. Pero escarbando se encuentra, abajándose uno se acerca cada vez más a ese Señor que se despojó de sí mismo para hacerse semejante a nosotros. Su Cruz está bajo la corteza de nuestra tierra.”

Y el Papa sugiere volverse "como niños" para conocer "otro Reino, otra fuerza", en lugar de "caminar orgullosos, pisoteando distraídamente el tesoro que está bajo nuestros pies". Y concluye reiterando que "Dios está siempre debajo de nosotros, para levantarnos".