viernes, 22 de noviembre de 2019

Tailandia: “Miembros de la familia humana”, constructores de una cultura de “valores compartidos”

Encuentro Con Los Líderes Religiosos, Bangkok, 22 Nov. 2019 © Vatican Media

Francisco a los líderes religiosos

(ZENIT – 21 nov. 2019).- “Todos somos miembros de la familia humana y cada uno, desde el lugar que ocupa, está invitado a ser actor y gestor directo en la construcción de una cultura basada en valores compartidos, que conduzcan a la unidad, al respeto mutuo y a la convivencia armoniosa”, indicó el Papa Francisco.
A continuación sigue el discurso completo del Papa Francisco.
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Discurso del Santo Padre
Señor Cardenal,
Hermanos en el episcopado,
Distinguidos Representantes de las diferentes confesiones religiosas,
Representantes de la Comunidad Universitaria,
Queridos amigos:
Gracias por vuestra cordial bienvenida. Agradezco al Obispo Sirisut y al Dr. Bundit Eua-arporn sus amables palabras. Agradezco también la invitación a visitar esta famosa Universidad, a los estudiantes, a los docentes y personal que dan vida a esta casa de estudios, así como la oportunidad que me brindan de encontrarme con representantes de las diferentes Comunidades cristianas, y con los líderes de otras religiones que nos honran con su presencia. Les manifiesto mi agradecimiento por vuestra presencia aquí, y mi especial estima y reconocimiento por la valiosa herencia cultural y las tradiciones espirituales de las que son hijos y testigos.
Hace ciento veintidós años, en 1897, el rey Chulalongkorn, de quien toma el nombre esta primera universidad, visitó Roma y tuvo una audiencia con el Papa León XIII: era la primera vez que un Jefe de Estado no cristiano fue recibido en el Vaticano. El recuerdo de ese importante encuentro, así como el reinado llevado adelante por él, caracterizado entre tantas virtudes por la abolición de la esclavitud, nos cuestiona y nos anima a asumir un protagonismo tenaz en el camino del diálogo y del entendimiento mutuo. Y esto habría que hacerlo en un espíritu de compromiso fraterno que ayude a poner fin a tantas esclavitudes que persisten en nuestros días, pienso especialmente en el flagelo del tráfico y de la trata de personas.
La necesidad de reconocimiento y valoración mutua, así como la cooperación entre las religiones, es aún más apremiante para la humanidad actual; el mundo de hoy se enfrenta a problemáticas complejas, como la globalización económico-financiera y sus graves consecuencias en el desarrollo de las sociedades locales; los rápidos avances —promotores aparentemente de un mundo mejor— conviven con la trágica persistencia de conflictos civiles: sean conflictos migratorios, refugiados, hambrunas y conflictos bélicos; y conviven también con la degradación y destrucción de nuestra casa común. Todas estas situaciones nos alertan y recuerdan que ninguna región ni sector de nuestra familia humana puede pensarse o construirse ajena o inmune a las demás. Son todas situaciones que, a su vez, nos exigen aventurarnos a tejer nuevas formas de construir la historia presente sin necesidad de denigrar o denostar a nadie. Se acabaron las épocas donde la lógica de la insularidad podía predominar en la concepción del tiempo y del espacio, e imponerse como mecanismo válido para la resolución de conflictos. Hoy es tiempo de atreverse a imaginar la lógica del encuentro y del diálogo mutuo como camino, la colaboración común como conducta y el conocimiento recíproco como método y criterio. Y, de este modo, ofrecer un nuevo paradigma para la resolución de conflictos, contribuir al entendimiento entre las personas y salvaguardar la creación. Creo que, en este campo, las religiones, así como las universidades, sin necesidad de renunciar a las propias notas esenciales y dones particulares, tenemos mucho para aportar y ofrecer; todo lo que hagamos en este sentido es un paso significativo para garantizar a las generaciones más jóvenes su derecho al futuro, y será también un servicio a la justicia y un servicio a la paz. Sólo así les proporcionaremos las herramientas necesarias para que sean ellos los principales protagonistas en la forma de generar estilos de vida sustentables e inclusivos.
Estos tiempos nos exigen construir bases sólidas, ancladas en el respeto y reconocimiento de la dignidad de las personas, en la promoción de un humanismo integral capaz de reconocer y reclamar la defensa de nuestra casa común; en una administración responsable, que conserve la belleza y la exuberancia de la naturaleza como un derecho fundamental para la existencia. Las grandes tradiciones religiosas de nuestro mundo dan testimonio de un patrimonio espiritual, trascendente y ampliamente compartido, que puede ofrecer sólidos aportes en este sentido, si somos capaces de aventurarnos a no tener miedo de encontrarnos.
Todos nosotros estamos llamados, no sólo a prestar atención a la voz de los pobres en nuestro entorno: los marginados, los oprimidos, los pueblos indígenas y las minorías religiosas, sino también a no tener miedo de generar instancias, como ya tímidamente se vienen desarrollando, donde poder unirnos y trabajar mancomunadamente. A su vez, se nos pide abrazar el imperativo de defender la dignidad humana y respetar los derechos de conciencia y libertad religiosa, y crear espacios donde ofrecer un poco de aire fresco en la certeza de que «no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan» (Carta enc. Laudato si’, 205).
Aquí en Tailandia, país de gran belleza natural, quisiera subrayar una nota distintiva que considero crucial, y en cierta medida parte de las riquezas a “exportar” y compartir con otras regiones de nuestra familia humana. Ustedes valoran y cuidan a sus ancianos —es una gran riqueza—, los respetan y les dan un lugar reverencial, que les garantizan a ustedes las raíces necesarias, para que vuestro pueblo no se marchite detrás de determinados slogans que terminan por vaciar e hipotecar el alma de las nuevas generaciones. Junto a la tendencia creciente de desacreditar los valores y las culturas locales, por imposición de un modelo único, también «vemos una tendencia a “homogeneizar” a los jóvenes, a disolver las diferencias propias de su lugar de origen, a convertirlos en seres manipulables hechos en serie. Así se produce una destrucción cultural, que es tan grave como la desaparición de especies» (Exhort. ap. postsin. Christus vivit, 186). Continúen haciéndoles conocer a los más jóvenes el bagaje cultural de la sociedad en la que viven. Ayudar a los jóvenes a descubrir la riqueza viva del pasado, a encontrarse con sus raíces haciendo memoria, a encontrarse con sus ancianos, es un verdadero acto de amor hacia ellos, en vista de su crecimiento y de las decisiones que deberán tomar (cf. ibíd., 187).
Toda esta perspectiva implica necesariamente el papel de instituciones educativas como esta Universidad. La investigación, el conocimiento, ayudan a abrir nuevos caminos para reducir la desigualdad entre las personas, fortalecer la justicia social, defender la dignidad humana, buscar las formas de resolución pacífica de conflictos y preservar los recursos que dan vida a nuestra tierra. Mi agradecimiento se dirige, de modo particular, a los educadores y académicos de este país que trabajan para proporcionar a las generaciones presentes y futuras las habilidades y, sobre todo, la sabiduría de raíz ancestral, que les permitirá participar en la promoción del bien común de la sociedad.
Queridos hermanos: Todos somos miembros de la familia humana y cada uno, desde el lugar que ocupa, está invitado a ser actor y gestor directo en la construcción de una cultura basada en valores compartidos, que conduzcan a la unidad, al respeto mutuo, a la convivencia armoniosa.
Una vez más, les agradezco su invitación y su atención. Ofrezco mi oración y mis mejores deseos por sus esfuerzo, que están orientados a servir el desarrollo de Tailandia en prosperidad y paz. Sobre ustedes aquí presentes, sobre sus familias y sobre aquellos a quienes sirven, invoco la bendición divina. Y les pido que, por favor, lo hagan por mí.
Muchas gracias.
© Librería Editorial Vaticana

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jueves, 21 de noviembre de 2019

Francisco: Salir al “camino” para encontrar a madres y hermanos, regalo de Dios


Misa En El Estadio Nacional De Supachalasai, Bangkok, 21 Nov. 2019 © Vatican Media

Homilía de la primera Misa en Bangkok


(ZENIT – 21 nov. 2019).- El Santo Padre ha animado a seguir “en camino, tras las huellas de los primeros misioneros, para encontrar, descubrir y reconocer alegremente todos esos rostros de madres, padres y hermanos, que el Señor nos quiere regalar y le faltan a nuestro banquete dominical”.
A continuación sigue la homilía completa del Papa Francisco
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Homilía del Santo Padre
«¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» (Mt 12,48).
Con esta pregunta, Jesús desafió a toda aquella multitud que lo escuchaba a preguntarse por algo que puede parecer tan obvio como seguro: ¿quiénes son los miembros de nuestra familia, aquellos que nos pertenecen y a quienes pertenecemos? Dejando que la pregunta hiciera eco en ellos de forma clara y novedosa responde: «Todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mt 12,50). De esta manera rompe no sólo los determinismos religiosos y legales de la época, sino también todas las pretensiones excesivas de quienes podrían creerse con derechos o preferencias sobre Él. El Evangelio es una invitación y un derecho gratuito para todos aquellos que quieran escuchar.
Es sorprendente notar cómo el Evangelio está tejido de preguntas que buscan inquietar, despertar e invitar a los discípulos a ponerse en camino, para que descubran esa verdad capaz de dar y generar vida; preguntas que buscan abrir el corazón y el horizonte al encuentro de una novedad mucho más hermosa de lo que pueden imaginar. Las preguntas del Maestro siempre quieren renovar nuestra vida y la de nuestra comunidad con una alegría sin igual (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 11).
Así les pasó a los primeros misioneros que se pusieron en camino y llegaron a estas tierras; escuchando la palabra del Señor, buscando responder a sus preguntas, pudieron ver que pertenecían a una familia mucho más grande que aquella que se genera por los lazos de sangre, de cultura, de región o de pertenencia a un determinado grupo. Impulsados por la fuerza del Espíritu, y cargados sus bolsos con la esperanza que nace de la buena noticia del Evangelio, se pusieron en camino para encontrar a los miembros de esa familia suya que todavía no conocían. Salieron a buscar sus rostros. Era necesario abrir el corazón a una nueva medida, capaz de superar todos los adjetivos que siempre dividen, para descubrir a tantas madres y hermanos thai que faltaban en su mesa dominical. No sólo por todo lo que podían ofrecerles sino también por todo lo que necesitaban de ellos para crecer en la fe y en la comprensión de las Escrituras (cf. CONC. VAT. II, Const. dogm. Dei Verbum, 8).
Sin ese encuentro, al cristianismo le hubiese faltado vuestro rostro; le hubiesen faltado los cantos, los bailes, que configuran la sonrisa thai tan particular de estas tierras. Así vislumbraron mejor el designio amoroso del Padre, que es mucho más grande que todos nuestros cálculos y previsiones, y que no puede reducirse a un puñado de personas o a un determinado contexto cultural. El discípulo misionero no es un mercenario de la fe ni un generador de prosélitos, sino un mendicante que reconoce que le faltan sus hermanos, hermanas y madres, con quienes celebrar y festejar el don irrevocable de la reconciliación que Jesús nos regala a todos: el banquete está preparado, salgan a buscar a todos los que encuentren por el camino (cf. Mt 22,4.9). Este envío es fuente de alegría, gratitud y felicidad plena, porque «le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero. Allí está el manantial de la acción evangelizadora» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 8).
Han pasado 350 años de la creación del Vicariato Apostólico de Siam (1669-2019), signo del abrazo familiar producido en estas tierras. Tan sólo dos misioneros fueron capaces de animarse a sembrar las semillas que, desde hace tanto tiempo, vienen creciendo y floreciendo en una variedad de iniciativas apostólicas, que han contribuido a la vida de la nación. Este aniversario no significa nostalgia del pasado sino fuego esperanzador para que, en el presente, también nosotros podamos responder con la misma determinación, fortaleza y confianza. Es memoria festiva y agradecida que nos ayuda a salir alegremente a compartir la vida nueva, que viene del Evangelio, con todos los miembros de nuestra familia que aún no conocemos.
Todos somos discípulos misioneros cuando nos animamos a ser parte viva de la familia del Señor y lo hacemos compartiendo como Él lo hizo: no tuvo miedo de sentarse a la mesa con los pecadores, para asegurarles que en la mesa del Padre y de la creación había también un lugar reservado para ellos; tocó a los que se consideraban impuros y, dejándose tocar por ellos, les ayudó a comprender la cercanía de Dios, es más, a comprender que ellos eran los bienaventurados (cf. S. JUAN PABLO II, Exhort. ap. postsin. Ecclesia in Asia, 11).
Pienso especialmente en esos niños, niñas y mujeres, expuestos a la prostitución y a la trata, desfigurados en su dignidad más auténtica; pienso en esos jóvenes esclavos de la droga y el sin sentido que termina por nublar su mirada y cauterizar sus sueños; pienso en los migrantes despojados de su hogar y familias, así como tantos otros que, como ellos, pueden sentirse olvidados, huérfanos, abandonados, «sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 49). Pienso en pescadores explotados, en mendigos ignorados.
Ellos son parte de nuestra familia, son nuestras madres y nuestros hermanos, no le privemos a nuestras comunidades de sus rostros, de sus llagas, de sus sonrisas y de sus vidas; y no le privemos a sus llagas y a sus heridas de la unción misericordiosa del amor de Dios. El discípulo misionero sabe que la evangelización no es sumar membresías ni aparecer poderosos, sino abrir puertas para vivir y compartir el abrazo misericordioso y sanador de Dios Padre que nos hace familia.
Querida comunidad tailandesa: Sigamos en camino, tras las huellas de los primeros misioneros, para encontrar, descubrir y reconocer alegremente todos esos rostros de madres, padres y hermanos, que el Señor nos quiere regalar y le faltan a nuestro banquete dominical.

About Larissa I. López

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Tailandia: El Papa exhorta a las autoridades a garantizar a los niños un “futuro en dignidad”



El Papa Se Encuentra Con Las Autoridades De Tailandia © Vatican Media

Discurso en la Casa de Gobierno

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Discurso del Papa Francisco
Señor Primer Ministro,
Miembros del Gobierno y del Cuerpo Diplomático,
Distinguidos líderes políticos, civiles y religiosos,
Señoras y señores:
Agradezco la oportunidad de estar entre ustedes y poder visitar esta tierra rica de tantas maravillas naturales, y espléndidamente custodia de tradiciones espirituales y culturales ancestrales, como la de la hospitalidad, que hoy vivo en primera persona y de la cual quisiera hacerme cargo para propagar y acrecentar lazos de mayor amistad entre los pueblos.
Muchas gracias, señor Primer Ministro, por su acogida y por las palabras de bienvenida y por su gesto de humildad responsable. Gracias porque. Esta tarde tendré la oportunidad de realizar una visita de cortesía a Su Majestad el Rey Rama X y a la familia real. Reitero mi agradecimiento a Su Majestad por su amable invitación a visitar Tailandia y renuevo mis mejores deseos por su reinado, acompañándolos con un sincero homenaje a la memoria de su difunto padre.
Me complace poder saludarlos y encontrarme con ustedes, líderes del gobierno, religiosos y de la sociedad civil en los que saludo especialmente a todo el pueblo tailandés. Mis respetos también al Cuerpo Diplomático. En esta ocasión, no puedo dejar de manifestar mis mejores augurios después de las recientes elecciones, que han significado un retorno al normal proceso democrático.
Gracias a todos los que han trabajado para la realización de esta visita.
Sabemos que hoy los problemas que nuestro mundo enfrenta son, de hecho, problemas globales; abarcan a toda la familia humana y exigen desarrollar un firme compromiso con la justicia internacional y la solidaridad entre los pueblos. Creo relevante subrayar que, en estos días, Tailandia terminará la presidencia de la ASEAN, signo de su compromiso histórico con los problemas más amplios que enfrentan los pueblos de toda la región del sudeste asiático y también de su continuo interés en favorecer la cooperación política, económica y cultural en la región.
Como nación multicultural y caracterizada por la diversidad, Tailandia reconoce, desde hace tiempo, la importancia de construir la armonía y la coexistencia pacífica entre sus numerosos grupos étnicos, mostrando respeto y aprecio por las diferentes culturas, grupos religiosos, pensamientos e ideas. La época actual está marcada por la globalización, considerada con demasiada frecuencia en términos estrictamente económicos-financieros y proclive a cancelar las notas esenciales que configuran y gestan la belleza y el alma de nuestros pueblos; en cambio, la experiencia concreta de una unidad que respete y albergue las diferencias sirve de inspiración y estímulo a todos aquellos que se preocupan por el tipo de mundo que deseamos legar a las generaciones futuras.
Celebro la iniciativa de crear una “Comisión Ético-Social”, en la que invitaron a participar a las religiones tradicionales del país, a fin de recibir sus aportes y mantener viva la memoria espiritual de vuestro pueblo. En este sentido, tendré la oportunidad de encontrarme con el Supremo Patriarca Budista, como signo de la importancia y la urgencia de promover la amistad y el diálogo interreligioso, y como servicio además a la armonía social en la construcción de sociedades justas, sensibles e incluyentes. Quiero comprometer personalmente todos los esfuerzos de la pequeña pero viva comunidad católica, para mantener y promover esas características tan especiales de los Thai, presentes en vuestro himno nacional: pacíficos y cariñosos, pero no cobardes; y con el propósito firme de enfrentar todo aquello que ignore el grito de tantos hermanos y hermanas nuestros que anhelan ser liberados del yugo de la pobreza, la violencia y la injusticia. Esta tierra tiene como nombre “libertad”. Sabemos que esta sólo es posible si somos capaces de sentirnos corresponsables unos de otros y superar cualquier forma de desigualdad. Es necesario entonces trabajar para que las personas y las comunidades puedan tener acceso a la educación, a un trabajo digno, a la asistencia sanitaria, y de este modo alcanzar los mínimos indispensables de sustentabilidad que posibiliten un desarrollo humano integral.
A este respecto, quiero detenerme brevemente en los movimientos de migración, que son uno de los signos característicos de nuestro tiempo. No tanto por la movilidad en sí, sino por las condiciones en que esta se desarrolla, lo que representa uno de los principales problemas morales que enfrenta nuestra generación. La crisis migratoria mundial no puede ser ignorada. La propia Tailandia, conocida por la acogida que ha brindado a los migrantes y refugiados, ha enfrentado esta crisis debido a la trágica fuga de refugiados de países vecinos. Hago votos, una vez más, para que la comunidad internacional actúe con responsabilidad y previsión, pueda resolver los problemas que llevan a este éxodo trágico, y promueva una migración segura, ordenada y regulada. Ojalá que cada nación elabore mecanismos efectivos a fin de proteger la dignidad y los derechos de los migrantes y refugiados que enfrentan peligros, incertidumbres y explotación en la búsqueda de libertad y una vida digna para sus familias. No se trata sólo de migrantes, se trata también del rostro que queremos plasmar en nuestras sociedades.
Y, en este sentido, pienso en todas aquellas mujeres y niños de nuestro tiempo que son particularmente vulnerados, violentados y expuestos a toda forma de explotación, esclavitud, violencia y abuso. Manifiesto mi reconocimiento al gobierno tailandés por sus esfuerzos para extirpar este flagelo, así como a todas aquellas personas y organizaciones que trabajan incansablemente para erradicar este mal y ofrecer un camino de dignidad. Este año, en el que se celebra el trigésimo aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, se nos invita a reflexionar y a trabajar con decisión, constancia y celeridad en la necesidad de proteger el bienestar de nuestros niños, su desarrollo social e intelectual, el acceso a la educación, así como su crecimiento físico, psicológico y espiritual (cf. Discurso al Cuerpo Diplomático, 7 enero 2019). El futuro de nuestros pueblos está unido, en gran medida, al modo como le garanticemos a nuestros niños un futuro en dignidad.
Señoras y señores: Hoy más que nunca nuestras sociedades necesitan “artesanos de la hospitalidad”, hombres y mujeres comprometidos con el desarrollo integral de todos los pueblos dentro de una familia humana que se comprometa a vivir en la justicia, la solidaridad y la armonía fraterna. Ustedes, cada uno desde su lugar, dedican sus vidas a ayudar para que el servicio al bien común pueda alcanzar todos los rincones de esta nación; esta es una de las tareas más excelsas de una persona. Con estos sentimientos y deseando que puedan llevar adelante la misión encomendada invoco la abundancia de las bendiciones divinas sobre esta nación, sobre sus líderes y sus habitantes. Y pido al Señor que guíe a cada uno de ustedes y a sus familias por los caminos de la sabiduría, la justicia y de la paz. Muchas gracias.
© Librería Editorial Vaticano

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miércoles, 20 de noviembre de 2019

Francisco a los jóvenes de Tailandia: “Sigue siempre adelante en el camino. Comprométete”

Ceremonia De Bienvenida Al Papa En Bangkok © Vatican Media

NOVIEMBRE 20, 2019 17:36VIAJES PONTIFICIOS

(ZENIT – 20 nov. 2019).- “En el arte de ascender, lo que importa no es no caer, sino no permanecer caído”, con estas palabras, el Papa Francisco ha dirigido a través de un video un saludo a los jóvenes tailandeses reunidos hoy en vigilia de oración.
En Pontífice ha grabado el mensaje al llegar a la nunciatura apostólica, en Bangkok, capital del país, este miércoles, 20 de noviembre de 2019.

Publicamos a continuación las palabras del Santo Padre:
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Mensaje del Papa 
Queridos jóvenes, 
Sé que esta noche ustedes están haciendo una vigilia de oración, están rezando. Y sé que otros están caminando, viniendo para aquí. ¡Lindas las dos cosas: rezar y caminar! 
En la vida hay que hacer estas dos cosas: tener el corazón abierto a Dios, porque de Él recibimos la fuerza; y caminar, porque no se puede estar quieto en la vida. ¡Un joven no se puede jubilar a los 20 años, tiene que estar caminando! Siempre más allá, siempre subiendo. 
Alguno de ustedes me puede decir: “Sí, padre, pero a veces yo soy débil y caigo”. ¡No importa! Hay una canción alpina que dice: “En el arte de ascender, lo que importa no es no caer, sino no permanecer caído”. 
Te aconsejo estas dos cosas: Nunca permanezcas caído, levántate enseguida, que otro te ayude a levantar, primera cosa. Segunda cosa, no pases la vida sentado en el diván, haz la vida, fabrica la vida, haz, anda adelante. Sigue siempre adelante en el camino. Comprométete. Y vas a tener una felicidad impresionante, te lo aseguro.
Que Dios te bendiga. Rezo por ti, hazlo por mí. 

About Rosa Die Alcolea

martes, 19 de noviembre de 2019

Viaje apostólico del Papa Francisco a Tailandia y Japón

 Papa Francisco en Tailandia y Japón (19-26 de noviembre de 2019). El objetivo del viaje es triple: por un lado, mostrar cercanía a las minorías cristianas de la zona; por otro, fomentar el diálogo entre religiones; y por último, hablar de paz mundial.

OPUS DEI
DE LA IGLESIA Y DEL PAPA



domingo, 17 de noviembre de 2019

“Rezar con amor por la persona que nos odia”


Ángelus 17 Noviembre 2019 Captura Vatican Media

Palabras del Papa antes de rezar el Ángelus


(ZENIT – 17 noviembre 2019).- “Cuando nos sentimos odiados, (debemos) orar con amor por la persona que nos odia”, dijo el Papa Francisco en el Ángelus este domingo, 17 de noviembre de 2019.
Desde una ventana del Palacio Apostólico del Vaticano que da a la Plaza de San Pedro, el Papa introdujo la oración mariana al meditar sobre “la actitud del cristiano”: “la esperanza en Dios, que permite no dejarse abatir por los acontecimientos trágicos”.
Los cristianos “no pueden seguir siendo esclavos de temores y ansiedades; por el contrario, están llamados a habitar la historia, para detener la fuerza destructiva del mal “, dijo. “Nuestra vida no se puede perder porque está en sus manos”, aseguró.
“El tesoro más preciado” es responder “al odio con el amor, al odio con el perdón”, dijo el Papa a la gente refugiada bajo un bosque de paraguas.
AK
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Palabras del Papa antes del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de este penúltimo domingo del año litúrgico (cf. Lc 21,5-19) nos presenta el discurso de Jesús sobre el fin de los tiempos, en la versión propuesta por San Lucas. Jesús lo pronuncia delante del templo de Jerusalén, un edificio admirado por el pueblo por su grandeza y esplendor. Pero Él profetiza que de toda esa belleza y grandeza “no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida” (v. 6). La destrucción del templo anunciada por Jesús es una figura no tanto del final de la historia como del fin de la historia, del objetivo de la historia. En efecto, frente a los oyentes que quieren saber cómo y cuándo ocurrirán estas señales, Jesús responde con el típico lenguaje apocalíptico de la Biblia.
Utiliza dos imágenes aparentemente contrastantes: la primera es una serie de eventos que dan miedo: catástrofes, guerras, hambrunas, disturbios y persecuciones (vv. 9-12); la otra es tranquilizadora: “Ni siquiera un solo cabello se perderá….”. (v. 18). En la primera, hay una mirada realista de la historia, marcada por calamidades y también por la violencia, por traumas que dañan la creación, nuestro hogar común, y también la familia humana que vive allí, y la propia comunidad cristiana. Pensamos en tantas guerras de hoy, en tantas calamidades de hoy.
La segunda imagen – adjunta en la seguridad de Jesús – nos dice la actitud que debe tomar el cristiano al vivir esta historia, caracterizada por la violencia y la adversidad. Y, ¿cuál es la actitud del cristiano?. Es la actitud de esperanza en Dios, que nos permite no dejarnos abrumar por los acontecimientos trágicos. Más bien, son “una oportunidad para dar testimonio” (v. 13). Los discípulos de Cristo no pueden seguir siendo esclavos de los miedos y las ansiedades; en cambio, están llamados a vivir en la historia, a frenar la fuerza destructiva del mal, con la certeza de que para acompañar su buena acción siempre está la ternura providente y tranquilizadora del Señor. Esta es la señal elocuente de que el Reino de Dios viene a nosotros, es decir, que la realización del mundo se acerca como Dios lo quiere. Es Él quien dirige nuestra existencia y conoce el propósito último de las cosas y los eventos. El Señor nos llama a colaborar en la construcción de la historia, convirtiéndonos junto con Él, en agentes de paz y testimonios de la esperanza en un futuro de salvación y resurrección.
La fe nos hace caminar con Jesús por los caminos sinuosos de este mundo, con la certeza de que la fuerza de su Espíritu doblegará a las fuerzas del mal, sometiéndolas al poder del amor de Dios. El amor es superior, es más allá de  la misma potencia, porque es Dios, porque Dios es amor. Hay ejemplos de mártires cristianos, mártires cristianos de nuestro tiempo, que son más que los mártires del principio, que a pesar de la persecución, son hombres y mujeres de paz, nos dan un legado para ser preservado e imitado: el Evangelio del amor y de la misericordia. Este es el tesoro más precioso que se nos ha dado y el testimonio más efectivo que podemos dar a nuestros contemporáneos, respondiendo al odio con amor, a la ofensa con perdón, porque en la vida cotidiana cuando nos sentimos ofendidos, sentimos dolor, pero cuesta perdonar. Hay que perdonar con el corazón, cuando nos sentimos odiados, rezar con amor por la persona que nos odia.
Que la Virgen María sostenga con su intercesión materna nuestro camino de fe diaria, para seguir al Señor que guía la historia.

About Raquel Anillo

“Siempre hay alguien más necesitado que nosotros”

                        
Almuerzo Con 1500 Pobres, 17 De Noviembre De 2019 © Vatican Media

Jornada de los Pobres

Almuerzo en el Aula Pablo VI
(ZENIT – 17 noviembre 2019).- El Papa Francisco almorzó con unas 1.500 personas indigentes, refugiados, romaníes, enfermos, ancianos y discapacitados, en la Sala Pablo VI del Vaticano, en honor a la III Jornada Mundial de los Pobres celebrado el 17 de noviembre de 2019.
Antes de sentarse a almorzar, el Papa les dio la bienvenida: “Gracias por estar aquí”, dijo. Deseo que el Señor nos bendiga a todos hoy: que Dios nos bendiga a todos en esta reunión de amigos, en este almuerzo, así como a sus familias”.
Servido por unos cincuenta voluntarios, los invitados del Papa almorzaron lasaña, pollo con champiñones. Antes de irse al final de la comida, el Papa les dio su bendición, invitándonos a recordar que a nuestro lado, “siempre hay alguien más necesitado que nosotros”.

About Anne Kurian



                              

viernes, 15 de noviembre de 2019

Mensaje del Papa Francisco a los peregrinos de Lourdes

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RADIO MARÍA
15/11/2019 – El Papa Francisco envió un videomensaje a los peregrinos de la Asociación Fratello que viajaron a Lourdes en ocasión de la III Jornada Mundial de los pobres.
“Ustedes, que están al pie de la cruz, quizá solos, aislados, abandonados, sin casa, expulsados de sus familia o de su país, víctimas del alcohol, de la prostitución, de la enfermedad, sed conscientes de que Dios los ama”. Con estas palabras, el Papa Francisco animó a los peregrinos de la Asociación Fratello que estos días se encuentran en Lourdes con ocasión de la III Jornada Mundial de los pobres, a estar al servicio “de una Iglesia pobre para los pobres” y les asegura que Dios “escucha especialmente su oración”.
Se trata de un videomensaje en el que el Papa también les manifestó que necesita “de cada uno de ellos” y que están “en el corazón del Papa” pero también “en el corazón de María” y “en el corazón de Dios”: “Cada vez que sus vidas han sido pisoteadas, maltratadas, ofendidas, es Jesús quien ha sido pisoteado, maltratado, ofendido” explicó el Santo Padre quien les aseguró que ante el sufrimiento del mundo, la oración que realiza cada uno de ellos “conmueve al Señor”.
Por último, se destaca la invitación del Papa de “regresar de la peregrinación con esperanza” y de ser conscientes de que “el amor salva el mundo” por eso “Dios quiere pasar por nosotros para salvar al mundo”. En este sentido, Francisco les exhortó a regresar de la peregrinación “siendo testigos del amor de Dios en el entorno” y contar a su entorno su tesoro, que no es otro que “Jesús”.