lunes, 19 de agosto de 2019

No se puede ser cristiano y atentar contra vida del prójimo

2019.08.18 Angelus2019.08.18 Angelus  (Vatican Media)
El Papa Francisco en la oración del Ángelus nos recuerda que la llegada de Jesús al mundo, coincide con el momento de las decisiones importantes: la opción por el Evangelio no puede posponerse
Ciudad del Vaticano
El Papa Francisco en la reflexión durante la oración del Ángelus retoma dos elementos presentes en la lectura de Lucas 12: 49-53. El primero: " He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! (v. 49) y el segundo: "¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división. "(Lc 12,51).
El Papa explica que, para comprender mejor el llamado, Jesús usa la imagen del fuego que él mismo vino a traer a la tierra: " He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!” (Lucas 12:49). Y continúa: “Estas palabras tienen el propósito de ayudar a los discípulos a abandonar toda actitud de pereza, apatía, indiferencia y cerrarse a recibir el fuego del amor de Dios; ese amor que, como nos recuerda San Pablo, "ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo" (Rom 5: 5).

El deseo más ardiente de Jesús

Francisco nos anima a ver lo que Jesús revela a sus amigos: “Su deseo más ardiente: traer a la tierra el fuego del amor del Padre, que ilumina la vida y a través del cual el hombre se salva. Él nos llama a difundir este fuego en el mundo, gracias al cual seremos reconocidos como sus verdaderos discípulos”.
El fuego del amor, encendido por Cristo en el mundo a través del Espíritu Santo, es ilimitado, universal, afirma el Papa, por eso: “El testimonio del evangelio quema toda forma de particularismo y mantiene la caridad abierta a todos, con una sola preferencia: la de los más pobres y los excluidos”. Y añade: “La adhesión al fuego de amor que Jesús trajo a la tierra envuelve toda nuestra existencia y requiere la adoración de Dios y también la voluntad de servir a nuestro prójimo. Adoración a Dios y voluntad de servir al prójimo”.

Adoración a Dios y servicio al prójimo

Él servicio al prójimo es el resultado de la adhesión al fuego del amor que Jesús trajo a la tierra. En este momento, el Papa expresa: “Pienso con admiración en tantas comunidades y grupos de jóvenes que, incluso durante el verano, se dedican a este servicio en favor de los enfermos, los pobres y las personas con discapacidad”. Y añade: “Así, el Evangelio se manifiesta verdaderamente como el fuego que salva, que cambia el mundo a partir del cambio del corazón de cada uno”.
En la segunda afirmación, el Papa afirma: “Él vino a "separar con fuego" lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto”.

No se puede ser cristiano y atentar contra el prójimo

Luego explica: “En este sentido, llegó a "dividir", a poner en "crisis", pero de manera saludable, la vida de sus discípulos, rompiendo las ilusiones fáciles de aquellos que creen que pueden combinar la vida cristiana y compromisos de todo tipo, prácticas y actitudes religiosas contra el prójimo”.
El Papa puso el ejemplo: “¡cuántos, cuántos cristianos autodenominados van al adivino o la adivina para que les lean la mano! Y esto es superstición, no de Dios.  Se trata de no vivir hipócritamente, sino de estar dispuesto a pagar el precio por elecciones consistentes con el Evangelio”.
Para el Papa Francisco, el hecho de llamarnos cristianos tiene unas implicaciones concretas: “Es bueno llamarnos cristianos, pero sobre todo debemos ser cristianos en situaciones concretas, dando testimonio del Evangelio, que es esencialmente amor por Dios y por nuestros hermanos”. Finalizó su alocución pidiendo que María nos ayude a propagar el fuego que trajo Jesús “con nuestra vida, a través de decisiones decisivas y valientes”.
18 agosto 2019, 12:43

domingo, 11 de agosto de 2019

Dejémonos llevar por la mano de la Virgen

15/8/2019
Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano
El Papa en la Solemnidad de la Asunción de María, dijo que esta fiesta es una llamada para todos, especialmente para cuantos están afligidos por dudas y tristezas, y viven con la mirada dirigida hacia abajo.
“Miremos hacia arriba, el cielo está abierto; no despierta temor, ya no está distante, porque en el umbral del cielo hay una madre que nos espera”.

Ante mezquindades en la vida, una invitación de María

Ante los afligidos que viven con la mirada dirigida hacia abajo, “persiguiendo cosas de poca importancia: prejuicios, rencores, rivalidades, envidias, bienes materiales superfluos....”. Ante tantas mezquindades en la vida, el Papa recuerda que María invita a levantar la mirada a las "grandes cosas" que el Señor ha realizado en ella.
Y Francisco nos invita a dejarnos llevar por la mano de la Virgen. “Cada vez que tomamos el Rosario en nuestras manos y le rezamos, damos un paso adelante, dijo, hacia la gran meta de la vida”. “Dejémonos atraer por la verdadera belleza, no nos dejemos absorber por las pequeñas cosas de la vida, sino escojamos la grandeza del cielo. Que la Santa Virgen, Puerta al cielo, nos ayude a mirar cada día con confianza y alegría allá, donde está nuestra verdadera casa”.

María exulta a causa de Dios

Al reflexionar el Evangelio de hoy en el que se lee que la Santa Virgen reza diciendo: "Mi alma magnifica al Señor y mi espíritu se regocija en Dios, mi Salvador", Francisco menciona los verbos de esta oración: magnifica y exulta, y al respecto recuerda que se exulta cuando sucede algo tan bello que no basta con regocijarse dentro, en el alma, sino que se quiere expresar la felicidad con todo el cuerpo: entonces se regocija. “María exulta a causa de Dios. Quién sabe si a nosotros también nos ha sucedido de exultar por el Señor: exultamos por un resultado obtenido, por una bella noticia recibida, pero hoy María nos enseña a exultar en Dios, porque Él hace "grandes cosas" (cf. v. 49)”.
A las grandes cosas se alude con el otro verbo: magnificar. En efecto, magnificar significa exaltar una realidad por su grandeza, por su belleza... “María exalta la grandeza del Señor, lo alaba diciendo que Él es verdaderamente grande”. Al respecto, el Santo Padre, dice que en la vida es importante buscar cosas grandes, de lo contrario uno se pierde detrás de tantas cosas pequeñas. María nos demuestra que, si queremos que nuestra vida sea feliz, en primer lugar, hay que poner a Dios, porque sólo Él es grande. Dios es alegría no aburrimiento, afirmó.

Son las "grandes cosas" que festejamos hoy

“María es asunta al cielo: pequeña y humilde, es la primera en recibir la más alta gloria. Ella, que es una criatura humana, una de nosotros, alcanza la eternidad en alma y cuerpo”. Y allí nos espera, dijo por último Francisco, allí nos espera como una madre espera que sus hijos vuelvan a casa. En efecto el pueblo de Dios la invoca como la "puerta al cielo".
“Nosotros estamos en camino, peregrinos a la casa de allá arriba. Hoy miramos a María y vemos la meta. Vemos que una criatura ha sido asumida a la gloria de Jesucristo resucitado, y esa criatura sólo podía ser ella, la Madre del Redentor”. En el paraíso, junto a Cristo, el nuevo Adán, está también ella, María, la nueva Eva, y esto, dijo, nos da consuelo y esperanza en nuestra peregrinación acá abajo.
La Virgen María, es la Reina del cielo, y es nuestra madre. Nos ama, nos sonríe y nos socorre con cuidado. Como toda madre, quiere lo mejor para sus hijos y nos dice: "Ustedes son preciosos a los ojos de Dios; no están hechos para las pequeñas satisfacciones del mundo, sino para las grandes alegrías del cielo". Sí, porque Dios es alegría, no aburrimiento.
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Allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón (11/8/2019)



Ángelus 11 agosto 2019 © Vatican Media
Ángelus 11 Agosto 2019 © Vatican Media 
Palabras del Papa antes de la oración mariana

(ZENIT 11 agosto 2019).- En este  XIX domingo del tiempo ordinario y festividad de Santa Clara de Asís, virgen y fundadora de las clarisas, el santo Padre se dirije a los peregrinos y visitantes reunidos en la Plaza De San Pedro en el rezo del Ángelus.
Palabras del Papa antes del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En la página del Evangelio de hoy (cf. Lc 12, 32-48), Jesús llama a sus discípulos a la contínua vigilancia para captar el paso de Dios en su propia vida. E indica las formas de vivir bien esta vigilancia: “Estén preparados, con la cintura ceñida y las lámparas encendidas” (ver 35). En primer lugar “ceñida la cintura” una imagen que recuerda la actitud del peregrino, listo para emprender el camino. Se trata de no echar raíces en moradas confortables y tranquilizadoras, sino de abandonarse, estar abiertos con sencillez y confianza al paso de Dios en nuestra vida, a la voluntad de Dios, que nos guía hacia la próxima meta. Muchas veces el Señor nos acompaña de la mano para guiarnos, porque nosotros nos equivocamos en este camino tan difícil. En efecto, quien confía en Dios sabe bien que la vida de fe no es algo estático, sino dinámico. La vida de fe es una meta continua para dirigirse hacia etapas siempre nuevas, que el Señor mismo indica día tras día. Porque Él es el Señor de las sorpresas, el Señor de la novedad, de las verdaderas novedades.
Primero era “la cintura ceñida” y luego se nos pide que mantengamos “las lámparas encendidas”, para poder iluminar la oscuridad de la noche. Estamos invitados, es decir, a vivir una fe auténtica y madura, capaz de iluminar las muchas “noches” de la vida. Reconocemos que todos hemos tenido días que eran verdaderas noches espirituales. La lámpara de la fe requiere ser alimentada continuamente, con el encuentro de corazón a corazón con Jesús en la oración y en la escucha de su Palabra. Retomo algo que les he dicho muchas veces: lleven siempre un pequeño evangelio de bolsillo para leerlo, es un encuentro con Jesús, con la Palabra de Jesús. Esta lámpara nos ha sido confiada para el encuentro con Jesús con la oración y la Palabra, por lo tanto hace que nadie pueda retirarse íntimamente en la certeza de su propia salvación, desinteresándose de los demás. Es una fantasía creer que uno puede iluminarse dentro, no, es una fantasía. La verdadera fe abre el corazón al prójimo y lo estimula a la comunión concreta con sus hermanos, sobretodo con los mas necesitados.
Y Jesús, para hacerse comprender, para hacer comprender esta actitud, relata la parábola de los siervos que esperan el regreso del señor cuando vuelve de la boda (vv. 36-40), presentando así otro aspecto de la vigilancia: estar preparados para el encuentro final y definitivo con el Señor. Cada uno de nosotros se encontrará ese día en el día del encuentro, cada uno de nosotros tiene su propia fecha del encuentro definitivo. Dice el Señor:”Bienaventurados aquellos siervos a quienes el amo encontrará aún despiertos a su regreso; Y si, “viniendo en medio de la noche o antes del amanecer, los encuentra así, benditos son”. (vv. 37-38). Con estas palabras, el Señor nos recuerda que la vida es un camino hacia la eternidad; por lo tanto, somos llamado a hacer fructificar todos nuestros talentos, sin olvidar nunca que “no tenemos una ciudad estable aquí, sino que vamos en busca de la ciudad futura” (Heb 13, 14). En esta perspectiva, cada momento se vuelve precioso, por lo que es necesario vivir y actuar en esta tierra teniendo en tu corazón la nostalgia del cielo, los pies en la tierra, caminar sobre la tierra, trabajar en la tierra, hacer el bien en la tierra y con el corazón nostálgico del cielo.
Nosotros no podemos entender realmente en qué consiste esta alegría suprema, sin embargo Jesús hace que lo intuyamos con la similitud del Señor que encontrando todavía despiertos a los siervos a su regreso, dice Jesús: “se ceñirá sus vestiduras, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo”. (v. 37). La felicidad eterna del paraíso se manifiesta de la siguiente manera: la situación se invertirá, y ya no serán más los siervos, es decir, nosotros, los que sirvamos a Dios, sino que Dios mismo se pondrá a nuestro servicio y esto lo hace Jesús desde ahora. Jesús reza por nosotros, Jesús nos mira y ora al Padre por nosotros, Jesús nos sirve ahora, es nuestro servidor y esta será la felicidad eterna. El pensamiento del encuentro final con el Padre, rico en misericordia, nos llena de esperanza, y nos estimula a comprometernos constante en nuestra santificación y en la construcción de un mundo más justo y fraterno.
Que la Virgen María, por su intercesión maternal, sostenga este compromiso nuestro.

About Raquel Anillo

viernes, 9 de agosto de 2019

Día Internacional de los Pueblos Indígenas: Todos somos responsables de la creación


Palabras del Papa Francisco
(ZENIT – 9 agosto 2019).- “Los pueblos indígenas, con su variedad de lenguas, culturas, tradiciones y conocimientos ancestrales, nos recuerdan que todos somos responsables del cuidado de la creación que Dios nos ha confiado”. Es el tweet del Papa Francisco para el Día Internacional de los Pueblos Indígenas del Mundo, el 9 de agosto de 2019.
Según cifras de las Naciones Unidas, los pueblos indígenas suponen unos 370 millones de personas y viven en 90 países. Aunque solo representan el 5% de la población mundial, constituyen actualmente el 15% de los individuos más marginados del planeta. Cuentan con no menos de 5.000 culturas diferentes y hablan la gran mayoría de los aproximadamente 7.000 idiomas del mundo.
El Papa suele alzar su voz a favor de los pueblos indígenas. El 13 de febrero, recibió a los participantes en la 4ª Reunión Mundial del Foro de los Pueblos Indígenas, convocada por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola. “Nuestro planeta es rico en recursos naturales”, declaró. “Y los pueblos indígenas, con su gran diversidad de lenguas, culturas, tradiciones, conocimientos y métodos ancestrales, se están convirtiendo en una alarma para todos que pone en evidencia el hecho de que el hombre no es el propietario de la naturaleza, sino solo el que la maneja, el que tiene la vocación de velar por ella con cuidado, para que no se pierda su biodiversidad y para que el agua pueda seguir siendo sana y cristalina, el aire puro, los bosques densos y el suelo fértil”.
“Los pueblos indígenas son un grito vivo de esperanza”, continuó el Papa. Nos recuerdan que nosotros, los seres humanos, tenemos la responsabilidad común de cuidar de nuestra ‘casa común'”. Y si algunas de las decisiones tomadas hasta ahora lo han arruinado, nunca es demasiado tarde para aprender la lección y adquirir un nuevo estilo de vida. Se trata de adoptar una forma de proceder que, abandonando los planteamientos superficiales y los hábitos nocivos o explotadores, vaya más allá del individualismo atroz, del consumismo convulsivo y del frío egoísmo”.

About Anne Kurian

miércoles, 7 de agosto de 2019

La mano extendida para ayudar al otro a levantarse

Audiencia General, 7 Agosto 2019 © Vatican Media

El Nombre de Jesús que libera

(ZENIT – 7 agosto 2019).- “No olvidemos: la mano siempre extendida para ayudar al otro a levantarse; es la mano de Jesús la que a través de nuestra mano ayuda a los demás a levantarse”, ha pedido el Papa Francisco.
Hoy, 7 de agosto de 2019, Santo Padre, ha retomado el ciclo de catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles, centrando su reflexión en el tema: “¡En el nombre de Jesucristo, el Nazareno, levántate y camina! (Hechos 3:6). La invocación del Nombre que libera una presencia viva y activa” (Pasaje Bíblico: de Hechos 3:3-6).
Se trata del fragmento en el que Pedro y Juan se encuentran a un paralítico en la puerta del Templo y, en el nombre de Cristo y tomándole de la mano, le hacen levantarse, produciéndose así el primer relato de sanación en los Hechos de los Apóstoles.
A continuación, reproducimos la catequesis completa del Papa Francisco.
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Catequesis del Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En los Hechos de los Apóstoles, la predicación del Evangelio no se basa solo en palabras, sino también en acciones concretas que dan testimonio de la verdad del anuncio. Se trata de “maravillas y señales” (Hch 2,43) que se realizan por obra de los apóstoles, confirmando su palabra y mostrando que actúan en nombre de Cristo. Así sucede que los Apóstoles interceden y Cristo obra, actuando “junto con ellos” y confirmando la Palabra con los signos que la acompañan (Mc 16,20). Tantas señales, tantos milagros que los Apóstoles han hecho fueron precisamente una manifestación de la divinidad de Jesús.
Hoy nos encontramos ante la primera historia de sanación, ante un milagro, que es el primer relato de sanación del Libro de los Hechos. Tiene un claro propósito misionero, que apunta a despertar la fe. Pedro y Juan van a orar al Templo, el centro de la experiencia de fe de Israel, a la que los primeros cristianos están todavía muy apegados. Los primeros cristianos oraban en el Templo de Jerusalén. Lucas registra el tiempo: es la hora novena, es decir, las tres de la tarde, cuando el sacrificio fue ofrecido en holocausto como signo de la comunión del pueblo con su Dios; y también la hora en que Cristo murió ofreciéndose a sí mismo “de una vez por todas” (Eb 9,12; 10,10). Y a la puerta del Templo llamada “Hermosa”  -la puerta hermosa- ven a un mendigo, un paralítico de nacimiento. ¿Por qué estaba ese hombre en la puerta? Porque la Ley mosaica (cf. Lv 21,18) impedía ofrecer sacrificios a los que tenían impedimentos físicos, considerados consecuencia de alguna culpa. Recordemos que ante un hombre ciego de nacimiento, la gente le preguntaba a Jesús: “¿Quién ha pecado, él o sus padres, por qué ha nacido ciego? (Jn 9,2). Según aquella mentalidad, siempre hay una falta en el origen de una malformación. Y después les era negado incluso el acceso al Templo. El paralítico, paradigma de los muchos excluidos y descartados de la sociedad, está ahí para pedir lismona como todos los días. No podía entrar, pero estaba en la puerta. Cuando algo inesperado sucede: Pedro y Juan llegan y se desencadena un juego de miradas. El tullido mira a los dos para pedir limosna, los apóstoles en cambio lo miran fijamente, invitándolo a mirarlos de una manera diferente, a recibir otro regalo. El lisiado los mira y Pedro le dice: “No tengo ni plata ni oro, pero lo que tengo te lo doy: en el nombre de Jesucristo, el Nazareno, ¡levántate y camina!” (Hechos 3:6). Los apóstoles han establecido una relación, porque así es el modo en el que a Dios le gusta manifestarse, en la relación, siempre en el diálogo, siempre en las apariciones, siempre con la inspiración del corazón: son las relaciones de Dios con nosotros; a través de un encuentro real entre las personas que sólo puede darse en el amor.
El Templo, además de ser centro religioso, era también un lugar de intercambio económico y financiero: contra esta reducción los profetas e incluso Jesús mismo arremetiron varias veces (cf. Lc 19, 45-46). ¡Pero cuántas veces pienso en esto cuando veo una parroquia donde se piensa que el dinero es más importante que los sacramentos! ¡Por favor! Iglesia pobre: pidamos esto al Señor. Aquel mendigo, al encontrarse con  los apóstoles, no encuentra dinero sino el Nombre que salva al hombre: Jesucristo el Nazareno. Pedro invoca el nombre de Jesús, ordena al paralítico que se ponga en pie, en la posición de los vivos: de pie, y toca a este enfermo, es decir, lo toma de la mano y lo levanta, gesto en el que san Juan Crisóstomo ve “una imagen de la resurrección” (Homilías sobre los Hechos de los Apóstoles, 8). Y aquí aparece el retrato de la Iglesia, que ve a quien está en dificultad, no cierra los ojos, sabe mirar a la humanidad a la cara para crear relaciones significativas, puentes de amistad y solidaridad en lugar de barreras. Aparece el rostro de “una Iglesia sin fronteras que se siente madre de todos” (Evangelii gaudium, 210), que sabe tomar de la mano y acompañar para levantar, no para condenar. Jesús siempre tiende la mano, siempre trata de levantar, de hacer que la gente sane, que sea feliz, que conozca a Dios. Es el “arte del acompañamiento” que se caracteriza por la delicadeza con la que uno se acerca a la “tierra sagrada del otro”, dando al camino “el ritmo sano de la proximidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión, pero que al mismo tiempo sana, libera y estimula a madurar en la vida cristiana” (ibid., 169). Y esto es lo que estos dos apóstoles hacen con el paralítico: lo miran, dicen “míranos”, se acercan a él, lo levantan y lo curan. Lo mismo hace Jesús con todos nosotros. Pensamos en esto cuando estamos en malos momentos, en momentos de pecado, en momentos de tristeza. Ahí está Jesús que nos dice: “Mirame: ¡estoy aquí!” Tomemos la mano de Jesús y dejémonos levantar.
Pedro y Juan nos enseñan a no confiar en los medios, que también son útiles, sino en la verdadera riqueza que es la relación con el Resucitado. En efecto, somos -como diría san Pablo- “pobres, pero capaces de enriquecer a muchos, como los que no tienen nada y lo poseen todo” (2 Cor. 6,10). Nuestro todo es el Evangelio, que manifiesta el poder del nombre de Jesús que hace prodigios.
Y nosotros -cada uno de nosotros- ¿qué poseemos? ¿Cuál es nuestra riqueza, cuál es nuestro tesoro? ¿Qué podemos hacer para enriquecer a los demás? Pidamos al Padre el don de una memoria agradecida al recordar los beneficios de su amor en nuestras vidas, para dar a todos el testimonio de la alabanza y de la gratitud. No olvidemos: la mano siempre extendida para ayudar al otro a levantarse; es la mano de Jesús la que a través de nuestra mano ayuda a los demás a levantarse.
Traducción de zenit

martes, 6 de agosto de 2019

“Un vistazo al cielo en la tierra”

El Papa Francisco, en la audiencia general © Vatican Media
El Papa Francisco, En La Audiencia General © Vatican Media

 Palabras del Papa en la fiesta de la Transfiguración

Celebrada hoy, 6 de agosto
(ZENIT – 6 agosto 2019).- “En la Transfiguración Jesús nos muestra la gloria de la Resurrección: un vistazo al cielo en la tierra”, estas son las palabras del Papa Francisco expresadas hoy, 6 de agosto de 2019, a través de un tweet.
El 6 de agosto la Iglesia celebra la festividad de la Transfiguración del Señor, que rememora el momento en el que Jesús mostró su gloria a tres de sus apóstoles en el monte Tabor.
El relato del Evangelio
Efectivamente, según narra el Evangelio (Lc. 9, Mc. 6, Mt. 10), unas semanas antes de su pasión y muerte, Jesús subió a un monte a orar, llevando consigo a sus tres discípulos predilectos, Pedro, Santiago y Juan.
Mientras rezaba, su cuerpo se transfiguró: Sus vestidos se volvieron más blancos que la nieve,y su rostro más resplandeciente que el sol. Asimismo, se aparecieron Moisés y Elías y hablaron con Él acerca de lo que le iba a suceder próximamente en Jerusalén.
Entonces, Pedro exclamó: “Señor, si te parece, hacemos aquí tres campamentos, uno para Ti, otro para Moisés y otro para Elías”.
Pero enseguida les envolvió una nube y se oyó una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo muy amado, escuchadlo”.
En esta fiesta se conmemora, por tanto, un pasaje muy especial de la vida de Jesús en el que nos dejó un ejemplo sensible de la gloria que nos espera en el cielo.
La Transfiguración, mensaje de esperanza
Sobre este acontecimiento de la Transfiguración del Señor, Francisco resaltó en el Ángelus del 6 de agosto de 2017 que Dios “nos ofrece un mensaje de esperanza: estaremos también con él. Él nos invita a encontrar a Jesús, para estar al servicio de nuestros hermanos”.
Y añadió que “al término de la experiencia admirable de la Transfiguración, los discípulos descendieron de la montaña con los ojos y el corazón transfigurado por el encuentro con el Señor. Es el recorrido que podemos hacer nosotros también”. El descubrimiento de Jesús no es un fin en sí mismo, sino que induce a “descender de la montaña” con un vigor nuevo generado por la fuerza del Espíritu Santo, para decidir avanzar en la conversión personal auténtica y para dar testimonio constante de la caridad.
Con el fin de lograr esto último, el Santo Padre indicó el camino del desapego de las cosas del mundo y la oración: “Se trata de disponernos a la escucha atenta y orante de Cristo, Hijo bien amado del Padre, buscando los momentos íntimos de oración que permiten la acogida dócil y gozosa de la Palabra de Dios”.

About Larissa I. López

domingo, 4 de agosto de 2019

El Papa: buscar las cosas que tienen un verdadero valor

Ángelus Papa Francisco El Papa Francisco a la hora del Ángelus dominical   (Vatican Media )
Cecilia Mutual - Ciudad del Vaticano
“Los bienes materiales son necesarios para la vida, son un medio para vivir honestamente y compartir con los más necesitados”: fue la afirmación del Papa Francisco a la hora del Ángelus dominical. Ante los fieles romanos y peregrinos congregados en la soleada Plaza de San Pedro, el Pontífice reflexionó sobre el pasaje del evangelista Lucas, que relata la actitud de un rico insensato que le pide a Jesús que resuelva una cuestión de herencia familiar.
Cristo, subraya el Papa, "exhorta a estar alejados de la codicia, es decir, de la avidez del poseer", y relata la parábola del rico "que se cree feliz porque ha tenido la fortuna de un año excepcional y se siente seguro de los bienes acumulados". Pero pronto sus proyectos de tranquilidad y bienestar durante muchos años entran en contraposición con los de Dios.
En lugar de "muchos años", explica Francisco, Dios señala al rico la inmediatez de "esta noche: esta noche morirás"; en lugar del "goce de la vida" les presenta la "entrega de la vida", con el consiguiente juicio. La conclusión de la parábola, formulada por el evangelista, es de singular eficacia: "Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios". "Es una advertencia que revela el horizonte hacia el que todos estamos llamados a mirar".
El Pontífice recuerda  que el Señor “nos invita a considerar que las riquezas pueden encadenar el corazón y distraerlo del verdadero tesoro que está en el cielo”, como dice también San Pablo en la segunda lectura de hoy, invitando a buscar “las cosas de allí arriba, no a las de la tierra”:
“ Esto no quiere decir alejarse de la realidad sino buscar las cosas que tienen un verdadero valor: la justicia, la solidaridad, la acogida, la fraternidad, la paz, todo lo que constituye la verdadera dignidad del hombre ”
El Papa invita a “buscar una vida realizada no según el estilo mundano, sino según el estilo evangélico: amar a Dios con todo nuestro ser, y amar al prójimo como Jesús lo amó, es decir, en el servicio y en el don de sí mismo”, porque – explica –  “el amor así comprendido y vivido es la fuente de la verdadera felicidad, mientras que la búsqueda desmesurada de los bienes materiales y de las riquezas es a menudo fuente de inquietud, adversidad, prevaricación y guerra”.
Que la Virgen María, expresa finalmente Francisco, nos ayude a no dejarnos fascinar por las seguridades que pasan, sino a ser cada día testigos creíbles de los valores eternos del Evangelio.

jueves, 1 de agosto de 2019

Video del Papa: Rezar para que las familias se conviertan en “laboratorios de humanización”

Intención de oración en agosto

(ZENIT – 1 agosto 2019).- “Recemos para que las familias, gracias a una vida de oración y a una vida de amor, se vuelvan cada vez más ‘laboratorios de humanización’”, pide el Papa en su nuevo video de agosto de 2019.
La intención del Santo Padre para este mes, presentada en este “Video del Papa”, va dirigida a las familias. En él, Francisco cuestiona “¿Qué mundo queremos dejar para el futuro?” y llama a dejar “un mundo con familias”.
En su mensaje, el Pontífice continúa expresando: “Cuidemos las familias porque son verdaderas escuelas del mañana, son espacios de libertad, son centros de humanidad”. Y añade, “reservemos un lugar destacado en ellas para la oración, personal y comunitaria”.
A modo de introducción, el video del Papa incluye un texto que describe que “en las familias se aprenden las cosas que nos acompañarán toda la vida”, en ellas “se forman nuestros valores” y, sobre todo, constituyen el lugar “donde primero descubrimos el amor a través de nuestros padres y nuestros hermanos, reflejo del amor de Dios”.
“Amar y ser amados nos humaniza, nos ayuda a reconocer el amor de Dios. Jesús nos ha revelado este camino. Vivamos este amor en nuestras familias uniéndonos en la oración”, concluye el preámbulo.
El “Video del Papa” es una iniciativa oficial de alcance global que tiene como objetivo difundir las intenciones de oración mensuales del Santo Padre. Es desarrollada por la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración).

About Larissa I. López