sábado, 15 de abril de 2017

La oración del Papa en el Via Crucis: “Oh Cristo, te pedimos que nos enseñes a no avergonzarnos jamás de tu cruz”

“Oh Cristo, nuestro único Salvador, volvemos otra vez a ti este año con los ojos bajados de vergüenza y con el corazón lleno de esperanza. Qué vergüenza por todas las imágenes de devastación y de destrucción, de naufragios, que se han convertido en ordinarias para nosotros. Vergüenza por la sangre inocente que cotidianamente se derrama de mujeres, de niños, de emigrantes, de personas perseguidas por el color de su piel, o por su pertenencia étnica, social o por su fe en ti”
Video completo de la oración-meditación del Papa Francisco al final del Via Crucis
14 de abril de 2017.- (13 TV / Radio Vaticano Camino Católico)  Este Viernes Santo por la noche el Santo Padre Francisco presidió el tradicional viacrucis en el Coliseo romano, lugar significativo que recuerda a tantos mártires de la Antigua Roma, y en el que miles de fieles se reunieron para conmemorar junto al Papa Francisco la Pasión del Señor; el calvario de Jesús antes de la crucifixión en una solemne ceremonia. 
Este año 2017 el Papa encomendó a una mujer la escritura de los textos de las meditaciones de viacrucis. Se trata de la biblista francesa Anne-Marie Pelletier, de 71 años de edad y profesora de Sagrada Escritura y Hermenéutica bíblica, quien en 2014 recibió el Premio Ratzinger.
Durante las catorce estaciones del viacrucis, mientras que fieles de diferentes nacionalidades cargaban la cruz, se rezó por las mujeres crucificadas, tal como Francisco invitó a los fieles presentes durante su Catequesis del pasado miércoles 12 de abril. De esta manera, el Obispo de Roma buscó sensibilizar a la sociedad actual sobre el drama de las mujeres víctimas de la trata y la esclavitud de la prostitución.
Después, al final del Via Crucis , el Papa Francisco se dirigió a los presentes y rezó una extensa y sentida oración de desagravio por las ofensas de la humanidad a Cristo en la cruz, que se visualiza y escucha en el video traducida al español y cuyo texto completo es el siguiente:
Oh Cristo, dejado solo y traicionado también por los tuyos. Oh Cristo, juzgado por los pecadores y condenado por los jefes. Oh Cristo, golpeado en tu carne, coronado de espinas, vestido de púrpura. Oh Cristo, atrozmente clavado. Oh Cristo, atravesado por la lanza que ha partido tu corazón. Oh Cristo, muerto y sepultado. Tú que eres el Dios de la vida y de la existencia. Oh Cristo, nuestro único Salvador, volvemos otra vez a ti este año con los ojos bajados de vergüenza y con el corazón lleno de esperanza.
Qué vergüenza por todas las imágenes de devastación y de destrucción, de naufragios, que se han convertido en ordinarias para nosotros. Vergüenza por la sangre inocente que cotidianamente se derrama de mujeres, de niños, de emigrantes, de personas perseguidas por el color de su piel, o por su pertenencia étnica, social o por su fe en ti.
Vergüenza por las demasiadas veces que, como Judas y como Pedro, te hemos vendido y traicionado, y abandonado, para morir por nuestros pecados, escapando como cobardes de nuestras responsabilidades.
Vergüenza por nuestro silencio frente a la injusticia, por nuestras manos vagas para dar y ávidas para quitar y confiscar, por nuestra voz que defiende nuestros intereses y tímida para hablar de los intereses de los otros, por nuestros pies veloces sobre el camino del mal y paralizados sobre el del bien.
Vergüenza por todas las veces que nosotros, obispos, sacerdotes, consagrados y consagradas, hemos escandalizado y herido tu cuerpo, la Iglesia, y hemos olvidado nuestro primer amor, nuestro primer entusiasmo, nuestra total disponibilidad, dejando arruinado nuestro corazón y nuestra vocación.
Tanta vergüenza, Señor… Pero nuestro corazón también está nostálgico de la esperanza confiada en que tú nos tratas no según nuestros méritos, sino según la abundancia de tu misericordia; que nuestras traiciones no hacen venir a menos la inmensidad de tu amor; que tu corazón materno y paterno no nos olvida por la dureza de nuestras vísceras.
La esperanza segura de que nuestros nombres están escritos en tu corazón y que estamos colocados en la pupila de tus ojos. La esperanza de que tu cruz transforma nuestros corazones endurecidos en corazones de carne capaces de soñar, de perdonar y de amar; que transforma esta tenebrosa noche de tu cruz en alba fulgurante de tu resurrección.
La esperanza de que tu fidelidad no se basa en la nuestra, la esperanza de que la lista de hombres y mujeres fieles a la cruz continua y continuará a vivir fiel como la levadura que da sabor, y como la luz que abre nuevos horizontes en el cuerpo de nuestra humanidad herida.
La esperanza de que tu Iglesia buscará ser la voz que grita en el desierto de la humanidad para preparar el camino de tu regreso triunfal cuando vengas a juzgar a los vivos y a los muertos. La esperanza de que el bien vencerá a pesar de su aparente fracaso.
Señor Jesús, hijo de Dios, víctima inocente de nuestro rescate, delante de tu misterio de muerte y de gloria, ante tu patíbulo nos arrodillamos avergonzados y esperanzados, y te pedimos que nos laves en el lavatorio de la sangre y del agua que brotaron de tu corazón abierto.
Perdona nuestros pecados y nuestras culpas. Te pedimos que te acuerdes de nuestros hermanos arrancados por la indiferencia de la guerra y de la violencia.
Te pedimos romper las cadenas que nos tienen prisioneros en nuestro egoísmo, en nuestra ceguera voluntaria y en la vanidad de nuestros cálculos mundanos.
Oh Cristo, te pedimos que nos enseñes a no avergonzarnos jamás de tu cruz, a no instrumentalizarla, sino que la honremos y la adoremos porque en ella tú nos has manifestado la monstruosidad de nuestros pecados, la grandeza de tu amor, la injusticia de nuestros juicios y la potencia de tu misericordia.
Francisco

jueves, 13 de abril de 2017

Papa Francisco: La Buena Noticia es la perla preciosa, no es un objeto sino una misión









El Papa en la Misa Crismal. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
El Papa en la Misa Crismal. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
VATICANO, 13 Abr. 17 / 03:58 am (ACI).- En la Misa Crismal que presidió en la mañana del Jueves Santo, el Papa Francisco aseguró que “la Buena Noticia es la perla preciosa del Evangelio. No es un objeto, es una misión”.
En la homilía, el Santo Padre se dirigió en especial a los sacerdotes, quienes hoy también celebran su día, y les dio algunos consejos.
“Todo lo que Jesús anuncia, y también nosotros, sacerdotes, es Buena Noticia. Alegre con la alegría evangélica: de quien ha sido ungido en sus pecados con el aceite del perdón y ungido en su carisma con el aceite de la misión, para ungir a los demás”.
El Papa aseguró que “al igual que Jesús, el sacerdote hace alegre al anuncio con toda su persona. Cuando predica la homilía, –breve en lo posible– lo hace con la alegría que traspasa el corazón de su gente con la Palabra con la que el Señor lo traspasó a él en su oración. Como todo discípulo misionero, el sacerdote hace alegre el anuncio con todo su ser”.
Durante la celebración, los sacerdotes renovaron las promesas hechas en el momento de la Sagrada Ordenación y después se procedió a la bendición de los santos oledos: para los enfermos,  los catecúmenos y el crisma.
“La Buena Noticia puede parecer una expresión más, entre otras, para decir ‘Evangelio’: como buena nueva o feliz anuncio. Sin embargo, contiene algo que cohesiona en sí todo lo demás: la alegría del Evangelio. Cohesiona todo porque es alegre en sí mismo”.
Francisco pidió no separar 3 “gracias” que contiene el Evangelio: “su Verdad –no negociable–, su Misericordia –incondicional con todos los pecadores– y su Alegría –íntima e inclusiva–".
“Nunca la verdad de la Buena Noticia podrá ser sólo una verdad abstracta, de esas que no terminan de encarnarse en la vida de las personas porque se sienten más cómodas en la letra impresa de los libros”.
Sobre la misericordia destacó que “nunca la misericordia de la Buena Noticia podrá ser una falsa conmiseración, que deja al pecador en su miseria porque no le da la mano para ponerse en pie y no lo acompaña a dar un paso adelante en su compromiso”.
Y sobre la alegría dijo que “nunca podrá ser triste o neutro el Anuncio, porque es expresión de una alegría enteramente personal”.
“Las alegrías del Evangelio –lo digo ahora en plural, porque son muchas y variadas, según el Espíritu tiene a bien comunicar en cada época, a cada persona en cada cultura particular– son alegrías especiales. Vienen en odres nuevos, esos de los que habla el Señor para expresar la novedad de su mensaje”.
Por último, señaló a los sacerdotes 3 “odres nuevos” en los que “la Buena Noticia cabe bien, no se avinagra y se vierte abundantemente”.
El primero, el de las bodas de Caná, en el que “María es el odre nuevo de la plenitud contagiosa”. “Su plenitud contagiosa nos permite superar la tentación del miedo: ese no animarnos a ser llenados hasta el borde, esa pusilanimidad de no salir a contagiar de gozo a los demás”.
El segundo “es aquella vasija que –con su cucharón de madera–, al pleno sol del mediodía, portaba sobre su cabeza la Samaritana. Refleja bien una cuestión esencial: la de la concreción”.
El tercero “es el Odre inmenso del Corazón traspasado del Señor: integridad mansa, humilde y pobre que atrae a todos hacia sí”. “De él tenemos que aprender que anunciar una gran alegría a los muy pobres no puede hacerse sino de modo respetuoso y humilde hasta la humillación. No puede ser presuntuosa la evangelización. No puede ser rígida la integridad de la verdad”, señaló el Papa.

Jueves Santo: El Papa lava los pies de 12 reclusos e invita a pensar en el amor de Dios








Imagen referencial. Foto: L'Osservatore Romano
Imagen referencial. Foto: L'Osservatore Romano
VATICANO, 13 Abr. 17 / 10:34 am (ACI).- El Papa Francisco celebró la “Messa in Coena Domini” con el rito del lavatorio de los pies en la prisión de Paliano, en la provincia de Frosinone y diócesis de Palestrina, a unos 70 kilómetros de Roma.
“Jesús sabía que iba a ser traicionado por Judas. Habiendo amado a los suyos, Dios ama así, hasta el final. Y da la vida por cada uno de nosotros y se orgullece de esto y quiere esto porque Él es amor, amar hasta el final, que no es fácil porque todos nosotros somos pecadores tenemos defectos límites… todos sabemos amar, pero no somos como Dios nos ama. Sin mirar las consecuencias, hasta el fin”, dijo el Papa en la breve homilía que pronunció de forma improvisada.
Como ya informó el Vaticano en su día, la visita del Pontífice tuvo un carácter estrictamente privado y no hubo imágenes para proteger la intimidad de los detenidos.
A las 15 horas de Roma, el Papa Francisco dejó su residencia, la Casa Santa Marta, para acudir a esta prisión. A su llegada, una hora más tarde, fue acogido por la directora y por el capellán, el P. Luigi Paoletti y luego se desplazó hasta la Plaza de Armas donde saludó al personal que trabaja en la prisión.
Tras el breve encuentro, el Pontífice se trasladó hasta la sala llamada “Unidad de Italia”, donde se encontró con 58 detenidos “colaboradores de la justicia”, es decir, que en su mayoría han participado en actividades de crimen organizado y han ayudado a esclarecer delitos vinculados usualmente a las mafias. La figura de colaborador de la justicia en Italia no exime a la persona de una pena de cárcel, como sí ocurre en otros países.
Otros 2 detenidos, un hombre y una mujer, le contraron de manera separada ya que se encuentran en régimen de aislamiento, al igual que otras 8 personas enfermas de tuberculosis a los que saludó a continuación.
Después celebró la Misa y lavó los pies a 12 detenidos, entre ellos 3 mujeres y un musulmán que será bautizado el próximo mes de junio, convirtiéndose así al catolicismo. También fueron bautizados un argentino y un albanés, siendo el resto de nacionalidad italiana.
Entre ellos, 2 están condenados a cadena perpetua y los demás deberán concluir su pena entre los años 2019 y 2073.
Francisco destacó cómo Jesús, siendo “el jefe”, siendo “Dios” lava los pies a sus discípulos. “Eso de lavar los pies era una tradición que se hacía en la época antes de los almuerzos y las comidas, porque era gente que venia del camino y estaba sucia, con polvo del camino. Uno de los gestos para recibir una persona en casa era lavarle los pies, pero esto lo hacían los esclavos”.
“Jesús lo hizo así. Simón Pedro no quería hacerlo, pero Jesús le explicó que era así, que Él había venido al mundo para servir, para servirnos, para hacerse esclavo para nosotros, para dar la vida por nosotros y amar hasta el final”.
“Cuando venía de camino a esta prisión, había gente que saludaba porque venía el Papa. Pero el jefe de la Iglesia es Jesús. El Papa es la figura de Jesús. Yo quisiera hacer lo mismo que Él ha hecho. En esta ceremonia el párroco lava los pies a los fieles. Siempre el más grande debe hacer el trabajo de esclavo”, dijo a los reclusos.
El Papa comentó también que “para sembrar amor entre nosotros, no os digo que hoy vayáis los unos a los otros a lavaros los pies, pero el símbolo, la figura sí. Pido que si podéis realizar alguna ayuda, un servicio a tu compañero aquí en cárcel, lo hagáis porque esto es amor, esto es como lavar los pies, ser siervo de los otros”.
“Una vez los discípulos discutieron entre ellos sobre quién era el más grande, el más importante. Y Jesús dijo: ‘el que quiera ser más importante debe hacerse el más pequeño y el servidor de todos’. Así hace Él con nosotros. Todos nosotros somos pobres, pero Él es grande, es bueno y nos ama así como somos”.
Al concluir, Francisco pidió pensar “en Dios, en Jesús”. “Esta no es una ceremonia folclórica, es un gesto para recordar lo que ha dado Jesús. Después de esto tomó el pan y nos dio su cuerpo, tomó el vino y nos dio su sangre. Así es el amor de Dios con nosotros.

miércoles, 12 de abril de 2017

Catequesis del Papa Francisco: "Jesús ha traído al mundo una esperanza nueva" Miercoles 12 Abr 2017


Ciudad el Vaticano (AICA): Durante la audiencia general celebrada en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, el Santo Padre contrapuso la esperanza terrena a la esperanza de la cruz. Continuando su ciclo de catequesis sobre “la esperanza”, invitó a que, “en estos días, días de amor, dejémonos envolver por el misterio de Jesús que, como un grano de trigo, muriendo nos dona la vida”.



Texto completo de la catequesis

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El domingo pasado hemos hecho memoria del ingreso de Jesús en Jerusalén, entre las aclamaciones festivas de los discípulos y de mucha gente. Esa gente ponía en Jesús muchas esperanzas: muchos esperaban de Él milagros y grandes signos, manifestaciones de poder e incluso la liberación de los enemigos dominantes. ¿Quién de ellos habría imaginado que dentro de poco Jesús habría sido en cambio humillado, condenado y asesinado en la cruz? Las esperanzas terrenas de esa gente se derrumbaron delante de la cruz. Pero nosotros creemos que justamente en el Crucificado nuestra esperanza ha renacido. Las esperanzas terrenas caen ante la cruz, pero renacen esperanzas nuevas, aquellas esperanzas que duran por siempre. Es una esperanza diversa esta que nace de la cruz. Es una esperanza diversa de aquellas que se derrumban, de aquellas del mundo. Pero ¿De qué esperanza se trata, esta esperanza que nace de la cruz?

Nos puede ayudar a entenderlo lo que dice Jesús justamente después de haber entrado a Jerusalén: «Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24). Tratemos de pensar en un grano o en una pequeña semilla, que cae en el terreno. Si permanece cerrado en sí mismo, no sucede nada; si en cambio se fracciona, se abre, entonces da vida a una espiga, a un retoño, y después a una planta y una planta que dará fruto.

Jesús ha traído al mundo una esperanza nueva y lo ha hecho a la manera de la semilla: se ha hecho pequeño, pequeño, pequeño como un grano de trigo; ha dejado su gloria celestial para venir entre nosotros: ha “caído en la tierra”. Pero todavía no era suficiente. Para dar fruto, Jesús ha vivido el amor hasta el extremo, dejándose fragmentar por la muerte como una semilla se deja fragmentar bajo la tierra. Justamente ahí, en el punto extremo de su anonadamiento – que es también el punto más alto del amor – ha germinado la esperanza. Si alguno de ustedes me pregunta: ¿Cómo nace la esperanza? Yo respondo: “De la cruz. Mira la cruz, mira al Cristo Crucificado y de ahí te llegará la esperanza que no desaparece jamás, aquella que dura hasta la vida eterna. Y esta esperanza ha germinado justamente por la fuerza del amor: porque el amor que «todo lo espera, todo lo soporta» (1 Cor 13,7), el amor que es la vida de Dios ha renovado todo lo que ha alcanzado. Así, en la Pascua, Jesús ha transformado, tomándolo en sí, nuestro pecado en perdón. Pero escuchen bien cómo es la transformación que hace la Pascua: Jesús ha transformado nuestro pecado en perdón, nuestra muerte en resurrección, nuestro miedo en confianza. Es por esto, que en la cruz, ha nacido y renace siempre nuestra esperanza; es por esto que con Jesús toda nuestra oscuridad puede ser transformada en luz, toda derrota en victoria, toda desilusión en esperanza. Toda: sí, toda. La esperanza supera todo, porque nace del amor de Jesús que se ha hecho como el grano de trigo caído en la tierra y ha muerto para dar vida y de esa vida llena de amor viene la esperanza.

Cuando elegimos la esperanza de Jesús, poco a poco descubrimos que el modo de vivir vencedor es el de la semilla, el del amor humilde. No hay otra vía para vencer el mal y dar esperanza al mundo. Pero ustedes pueden decirme: “No, es una lógica equivocada”. Parecería así, que es una lógica frustrada, porque quien ama pierde poder. ¿Han pensado en esto? Quien ama pierde poder, quien dona, se despoja de algo y amar es un don. En realidad la lógica de la semilla que muere, del amor humilde, es la vía de Dios, y sólo esta da fruto. Lo vemos también en nosotros: poseer impulsa siempre a querer algo más: he obtenido una cosa para mí y enseguida quiero otra más grande, y así, no estoy jamás satisfecho. Es una sed terrible. Cuanto más tengo, más quiero. Es feo. Quien es ávido no se sacia jamás. Y Jesús lo dice de modo claro: «El que ama su vida, la perderá» (Jn 12,25). Tú eres codicioso, amas tener tantas cosas, pero perderás todo, también la vida, es decir: quien ama lo propio y vive por sus intereses se hincha sólo de sí y pierde. En cambio, quien acepta, es disponible y sirve, vive según el modo de Dios: entonces es vencedor, se salva a sí mismo y a los demás; se convierte en semilla de esperanza para el mundo. Pero es bello ayudar a los demás, servir a los demás. Tal vez, nos cansaremos. La vida es así, pero el corazón se llena de alegría y de esperanza. Y esto es el amor y la esperanza juntos: servir, dar.

Claro, este amor verdadero pasa a través de la cruz, el sacrificio, como para Jesús. La cruz es el paso obligatorio, pero no es la meta, es un paso: la meta es la gloria, como nos muestra la Pascua. Y aquí nos ayuda otra imagen bellísima, que Jesús ha dejado a los discípulos durante la Última Cena. Dice: «La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo» (Jn 16,21). Es esto: donar la vida, no poseerla. Y esto es aquello que hacen las mamás: dan otra vida, sufren, pero luego son felices, gozosas porque han dado otra vida. Da alegría; el amor da a luz la vida y da incluso sentido al dolor. El amor es el motor que hace ir adelante nuestra esperanza. Lo repito: el amor es el motor que hace ir adelante nuestra esperanza. Y cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Amo? ¿He aprendido a amar? ¿Aprendo todos los días a amar más?, porque el amor es el motor que hace ir adelante nuestra esperanza.

Queridos hermanos y hermanas, en estos días, días de amor, dejémonos envolver por el misterio de Jesús que, como un grano de trigo, muriendo nos dona la vida. Es Él la semilla de nuestra esperanza. Contemplemos al Crucificado, fuente de esperanza. Poco a poco entenderemos que esperar con Jesús es aprender a ver ya desde ahora la planta en la semilla, la Pascua en la cruz, la vida en la muerte. Pero yo quisiera darles una tarea para la casa. A todos nos hará bien detenernos ante el Crucificado – todos ustedes tienen uno en casa – mirarlo y decirle: “Contigo nada está perdido. Contigo puedo siempre esperar. Tú eres mi esperanza”. Imaginando ahora al Crucificado y todos juntos decimos a Jesús Crucificado, tres veces: “Tú eres mi esperanza”. Todos: “Tú eres mi esperanza”. Más fuerte: “Tú eres mi esperanza”. Más fuerte: “Tú eres mi esperanza”. Gracias.+

lunes, 10 de abril de 2017

Papa: Atención al uso distorsionado de las biotecnologías



El Papa Francisco recibe a los miembros del Comité Nacional para la Bioseguridad, las Biotecnologías y las Ciencias de la Vida.
10/04/2017 12:58
 
(RV).- Al recibir – el segundo lunes de abril – a los miembros del Comité Nacional para la Bioseguridad, las Biotecnologías y las Ciencias de la Vida, el Papa Francisco les manifestó su aprecio por el trabajo que vienen realizando a 25 años de su institución en la Presidencia del Consejo de Ministros de Italia. Tras saludar y agradecer las palabras de su Presidente, el Profesor Andrea Lenzi, el Obispo de Roma afirmó que los temas y las cuestiones que afrontan “son de gran importancia para el hombre contemporáneo”, como individuo y en su dimensión social, a partir de la familia, pasando por las comunidades locales y nacionales y hasta llegar a la internacional y a la atención de la creación.
Apoyándose en el libro del Génesis, el Santo Padre afirmó que la cultura de la que son autorizados representantes en el ámbito de las ciencias de las tecnologías de la vida, lleva en sí la idea del “cultivo”, que expresa bien esa tensión existente entre hacer crecer, florecer y fructificar, a través del ingenio humano, lo que Dios ha puesto en el mundo.
Sin embargo, el Papa Bergoglio recordó que no podemos olvidar que el texto bíblico también nos invita a “custodiar” el jardín del mundo. Por esta razón, inspirándose en su Encíclica Laudato si’, sobre el cuidado de la creación, les dijo:
“Su tarea no es sólo promover el desarrollo armónico e integrado de la investigación científica y tecnológica, relacionada con los procesos biológicos de la vida vegetal, animal y humana. A ustedes también se les pide prever y prevenir las consecuencias negativas que pueden provocar un uso distorsionado de los conocimientos y de las capacidades de manipulación de la vida”.
Francisco destacó asimismo que el científico, al igual que el tecnólogo, está llamado a “saber” y “saber hacer” cada vez con mayor precisión y creatividad en el ámbito de su competencia y, al mismo tiempo, a tomar decisiones responsables acerca de los pasos que hay que dar o ante los cuales detenerse y embocar un camino diverso. Porque el principio de responsabilidad es un fundamento imprescindible del obrar del hombre, que debe responder de sus propios actos y omisiones frente a sí mismo, a los demás y a Dios. A lo que añadió textualmente:
“Las tecnologías, incluso más que las ciencias, ponen en las manos del hombre un poder enorme y creciente. El riesgo grave es el que los ciudadanos, y a veces también los que los representan y los gobiernan, no adviertan plenamente la seriedad de los desafíos que se presentan, la complejidad de los problemas que hay que resolver, y el peligro de hacer un mal uso del poder que las ciencias y las tecnologías de la vida ponen en nuestras manos”.
Aludiendo al entramado entre poder tecnológico y poder económico, el Obispo de Roma afirmó que se hace cada vez más estrecho, con la consecuencia de que los intereses pueden condicionar los estilos de vida y las orientaciones sociales para que se beneficien algunos grupos industriales y comerciales, en detrimento de las poblaciones y de las naciones más pobres. Y agregó:
“No es fácil llegar a una composición armónica de las diversas instancias científicas, productivas, éticas, sociales, económicas y políticas, promoviendo un desarrollo sostenible que respete la “casa común”.
Sí, porque como dijo el Papa, semejante composición armoniosa requiere humildad, coraje y apertura a la confrontación entre las diversas posiciones, con la certeza de que el testimonio de los hombres de ciencia a la verdad y al bien común contribuye a la madurez de la conciencia civil.
El Santo Padre concluyó su reflexión recordando que “las ciencias y las tecnologías están hechas para el hombre y para el mundo, y no el hombre y el mundo para las ciencias y las tecnologías”. De ahí su invitación a que estén al servicio de una vida digna y sana para todos, en el presente y en el futuro, y que hagan que nuestra casa común sea más habitable y solidaria, más atendida y custodiada.
“En fin, animo el empeño de su Comité para poner en marcha y sostener procesos de consenso entre los científicos, los tecnólogos, los empresarios y los representantes de las Instituciones, y para individuar estrategias de sensibilización de la opinión pública sobre las cuestiones planteadas por el desarrollo de las ciencias de la vida y las biotecnologías”.
El Pontífice se despidió de los miembros del Comité Nacional italiano para la Bioseguridad, las Biotecnologías y las Ciencias de la Vida pidiendo al Señor que los bendiga, junto a sus familias y asegurándoles un recuerdo en la oración confiando, al mismo tiempo, en que también ellos lo harán por él.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

domingo, 9 de abril de 2017

‘Todos los jóvenes tienen algo que decirle a los otros, a los ancianos a los obispos y al Papa’

El Papa improvisa sus palabras ante los jóvenes reunidos en Santa María la Mayor en vigilia por la JMJ
(ZENIT – Roma, 8 Abr. 2017).- En un ambiente de gran entusiasmo, el santo padre Francisco llegó este sábado por la tarde a la basílica de Santa María Mayor en Roma, donde cientos de jóvenes le esperaban para iniciar una vigila de la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebra mañana a nivel diocesano. Todo teniendo en vista el sínodo de los obispos de 2018 sobre los jóvenes y la JMJ de Panamá en 2019.
No faltaron momentos de reflexión, lectura del Evangelio, música, oración, ni danzas de unas religiosas africanas. Así como el ingreso de la cruz de la JMJ que de Cracovia pasa a los jóvenes panameños.
Antes de las palabras del Pontífice dieron su testimonio una joven religiosa, sor Marialisa, franciscana alcantarina, que expresó su “alegría por ser una mujer consagrada y de esta época”. “Nunca hubiera pensado de volverme monja”, dijo, porque “después de la confirmación dejé de ir a la Iglesia”. Hasta que en un cierto momento “entendí que la vocación no es otra cosa que una llamada a amar de manera radical”.
El otro testimonio lo dio Pompeo Barbieri, único sobreviviente de una escuela que el 31 de octubre de 2002 fue arrasada por un terremoto. “No tengo más miedo –dijo al concluir su narración– de lo que la vida me reserva”.
“Gracias jóvenes por estar aquí”, dijo el Papa que dejó de lado el discurso que había preparado e improvisó unas palabras. Recordó que se está en camino hacia”un sínodo del cual ningún joven tiene que sentirse excluido”, un sínodo “de y para todos los jóvenes”, ninguno excluido.  “Cada joven tiene algo que decirle a los otros, algo que decir a los adultos, a los sacerdotes, a las monjas a los obispos y al Papa. Todos tenemos necesidad de escucharles” y el sínodo programado para el 2018 les escuchará, aseguró.
Recordando la parte del Evangelio que narra cuando la Virgen María fue de prisa para ayudar a su prima santa Isabel, señaló que “el mundo de hoy necesita jóvenes que vayan rápido”, sabiendo que “la vida a ellos les ofrece una misión”. O sea ser “jóvenes en Camino”.
“El mundo solamente puede cambiar si los jóvenes están en camino” aseguró el Papa. Entretanto indicó que “el drama del mundo de hoy” es que “los jóvenes muchas veces son descartados”, sin trabajo, sin un ideal, sin educación ni integración y muchos tienen que mirar a otros países. “Hoy es duro decirlo pero muchas veces hoy los jóvenes son material de descarte”. Y “en el sínodo queremos decir que no son materiales de descarte”.
Citando al joven Pompeo señaló que “por dos veces estuvo al límite de ser material de descarte y logró salir adelante”, porque “la vida cuando miramos el horizonte, siempre nos sorprende”.
Francisco reconoció que en el camino hacia el sínodo y hacia Panamá, hay un riesgo, pero si un joven no arriesga se ha envejecido, dijo y los exhortó así a “arriesgar en la vida para preparar el futuro que está en vuestras manos”. Señaló también que la Iglesia necesita más primavera y la primavera es la estación de los jóvenes. Quiero invitarles también a hacer este camino hacia el sínodo y Panamá con alegría, sin miedo, sin vergüenza, con coraje. “Porque se necesita coraje”, dijo.
Les invitó además a agradecer a Dios “así cómo somos”. Porque si bien debemos preguntarnos quienes somos, sobre todo debemos preguntarnos ‘para quien soy yo’, como hizo María antes de ir a lo de su prima Isabel.
El Papa les aseguró en sus palabras que “el sínodo no será un lugar solo para hablar”, porque “la vida para ustedes pide ser concretos”. Y si bien dijo “a mi edad uno está por irse,” en cambio “vuestra edad tiene el futuro delante” y señaló que “a los jóvenes la Iglesia les pide hoy una misión: volver hacia atrás y hablar con los abuelos”.
El Santo Padre aseguró que “tenemos necesidad de este puente de diálogo entre los jóvenes y los ancianos” Y les exhortó: “Les doy esta tarea en nombre de la Iglesia: hablen con los ancianos, pregúntenle cosas y háganles soñar y ustedes lleven ese sueño hacia adelante, profetizando”.
Recordó también a los jóvenes esa canción alpina que dice: “En el arte de subir lo importante no es no caer, sino no quedarse caído”.
“Gracias por vuestro coraje y hacia Panamá. No sé si estaré yo, pero el Papa les preguntará: ¿cumplieron la tarea de hablar con los ancianos?”, concluyó.

miércoles, 5 de abril de 2017

Texto completo de la catequesis del papa Francisco en la audiencia del 5 de abril de 2017

El Santo Padre prosiguió sobre el tema de la esperanza cristiana, no un concepto abstracto. Nuestra esperanza es el Señor Jesús porque Cristo ha resucitado
Audiencia del 5 de abril de 2017 (Osservatore © Romano)
Audiencia del 5 de abril de 2017 (Osservatore © Romano)
(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 5 abr. 2017).- El papa Francisco en la audiencia de este miércoles 5 de abril ha proseguido las catequesis sobre el tema de la esperanza, indicando que no se trata de una teoría sino nuestra esperanza no es un concepto, ni un teléfono móvil, ni es un montón de riquezas.  Nuestra esperanza es una Persona, es el Señor Jesús, y debemos testimonio con  nuestra vida, permitiéndole a Cristo que habite en nuestro corazón y se vuelva visible.
A continuación el texto completo
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
¡La Primera Carta del Apóstol Pedro lleva en sí una carga extraordinaria! Es necesario leerla una, dos, tres veces para entender, esta carga extraordinaria: logra infundir gran consolación y paz, haciendo percibir como el Señor está siempre junto a nosotros y no nos abandona jamás, sobre todo en los momentos más delicados y difíciles de nuestra vida. Pero, ¿cuál es el secreto de esta Carta, y en modo particular del pasaje que hemos apenas escuchado (Cfr. 1 Pt 3,8-17)? Esta es la pregunta. Yo sé que ustedes hoy tomarán el Nuevo Testamento, buscarán la Primera Carta de Pedro y la leerán con calma, para entender el secreto y la fuerza de esta Carta. ¿Cuál es el secreto de esta Carta?
El secreto está en el hecho de que este escrito tiene sus raíces directamente en la Pascua, en el corazón del misterio que estamos por celebrar, haciéndonos así percibir toda la luz y la alegría que surgen de la muerte y resurrección de Cristo. Cristo ha resucitado verdaderamente, y este es un bonito saludo para darnos los días de Pascua: “¡Cristo ha resucitado! ¡Cristo ha resucitado!”, como muchos pueblos hacen.
Recordándonos que Cristo ha resucitado, está vivo entre nosotros, está vivo y habita en cada uno de nosotros. Es por esto que San Pedro nos invita con fuerza a adorarlo en nuestros corazones (Cfr. v. 16). Allí el Señor ha establecido su morada en el momento de nuestro Bautismo, y desde allí continúa renovándonos y renovando nuestra vida, llenándonos de su amor y de la plenitud del Espíritu.
Es por esto que el Apóstol nos exhorta a dar razones de la esperanza que habita en nosotros (Cfr. v. 15): nuestra esperanza no es un concepto, no es un sentimiento, no es un teléfono celular, no es un montón de riquezas: ¡no! Nuestra esperanza es una Persona, es el Señor Jesús que lo reconocemos vivo y presente en nosotros y en nuestros hermanos, porque Cristo ha resucitado.
Los pueblos eslavos se saludan, en vez de decir “buenos días”, “buenas tardes”, en los días de Pascua se saludan con esto “¡Cristo ha resucitado!”, ‘¡Christos voskrese!’, lo dicen entre ellos; y son felices al decirlo. Y este es el “buenos días” y las “buenas tardes” que nos dan: “¡Cristo ha resucitado!”.
Entonces, comprendemos que de esta esperanza no se debe dar tantas razones a nivel teórico, con palabras, sino sobre todo con el testimonio de vida, y esto sea dentro de la comunidad cristiana, sea fuera de ella. Si Cristo está vivo y habita en nosotros, en nuestro corazón, entonces debemos también dejar que se haga visible, no esconderlo, y que actúe en nosotros.
Esto significa que el Señor Jesús debe ser cada vez más nuestro modelo: modelo de vida y que nosotros debemos aprender a comportarnos como Él se ha comportado. Hacer lo mismo que hacia Jesús.
La esperanza que habita en nosotros, por tanto, no puede permanecer escondida dentro de nosotros, en nuestro corazón: sino, sería una esperanza débil, que no tiene la valentía de salir fuera y hacerse ver; sino nuestra esperanza, como se ve en el Salmo 33 citado por Pedro, debe necesariamente difundirse fuera, tomando la forma exquisita e inconfundible de la dulzura, del respeto, de la benevolencia hacia el prójimo, llegando incluso a perdonar a quien nos hace el mal.
Una persona que no tiene esperanza no logra perdonar, no logra dar la consolación del perdón y tener la consolación de perdonar. Sí, porque así ha hecho Jesús, y así continúa haciendo por medio de quienes le hacen espacio en sus corazones y en sus vidas, con la conciencia de que el mal no se vence con el mal, sino con la humildad, la misericordia y la mansedumbre.
Los mafiosos piensan que el mal se puede vencer con el mal, y así realizan la venganza y hacen muchas cosas que todos nosotros sabemos. Pero no conocen que cosa es la humildad, la misericordia y la mansedumbre. ¿Y por qué? Porque los mafiosos no tienen esperanza. ¡Eh! Piensen en esto.
Es por esto que San Pedro afirma que  «es preferible sufrir haciendo el bien, si esta es la voluntad de Dios, que haciendo el mal» (v. 17): no quiere decir que es bueno sufrir, sino que, cuando sufrimos por el bien, estamos en comunión con el Señor, quien ha aceptado sufrir y ser crucificado por nuestra salvación. Entonces cuando también nosotros, en las situaciones más pequeñas o más grandes de nuestra vida, aceptamos sufrir por el bien, es como si difundiéramos a nuestro alrededor las semillas de la resurrección, las semillas de vida e hiciéramos resplandecer en la oscuridad la luz de la Pascua.
Es por esto que el Apóstol nos exhorta a responder siempre «deseando el bien» (v. 9): la bendición no es una formalidad, no es sólo un signo de cortesía, sino es un gran don que nosotros en primer lugar hemos recibido y que tenemos la posibilidad de compartirlo con los hermanos. Es el anuncio del amor de Dios, un amor infinito, que no se termina, que no disminuye jamás y que constituye el verdadero fundamento de nuestra esperanza.
Queridos amigos, comprendemos también porque el Apóstol Pedro nos llama «dichosos», cuando tengamos que sufrir por la justicia (Cfr. v. 13). No es sólo por una razón moral o ascética, sino es porque cada vez que nosotros tomamos parte a favor de los últimos y de los marginados o que no respondemos al mal con el mal, sino perdonando, sin venganza, perdonando y bendiciendo, cada vez que hacemos esto nosotros resplandecemos como signos vivos y luminosos de esperanza, convirtiéndonos así en instrumentos de consolación y de paz, según el corazón de Dios.
Así, adelante con la dulzura, la mansedumbre, siendo amables y haciendo el bien incluso a aquellos que no nos quieren, o nos hacen del mal. ¡Adelante!

lunes, 3 de abril de 2017

El Papa en Sta. Marta: Seamos misericordiosos como Jesús, no juzguemos según nuestros vicios

Francisco invita seguir a “Jesús que es la plenitud de la ley y juzga con misericordia”
Misa en Sta. Marta. 4 de abril de 2017. (Foto Osservatore © Romano)
Misa en Sta. Marta. 4 de abril de 2017. (Foto Osservatore © Romano)
ZENIT – Ciudad del Vaticano, 3 Abr. 2017).-  “Frente a los pecados y a la corrupción, Jesús es la única ‘plenitud de la ley”. Este fue el tema central de la homilía del papa Francisco durante la misa que ha celebrado este lunes en la capilla de la Casa Santa Marta.
El Papa comenta dos hechos: el pasaje del Evangelio de Jesús ante la mujer sorprendida en adulterio, cuando dice a sus acusadores: “¡Quién de vosotros esté sin pecado, tire la primera piedra”; y la narración del profeta Daniel, donde se indica que dos ancianos jueces del pueblo habían armado “un falso adulterio” contra Susana.
Así Susana “fue obligada a elegir entre la fidelidad a Dios y a la ley” y “salvar la vida”: por lo tanto era fiel al marido, si bien era una mujer que quizás tenía otros pecados, “porque todos somos pecadores” y “la única mujer que no pecó es la Virgen”.
“Siempre existieron en el mundo jueces corruptos. También hoy en todas partes del mundo los hay. ¿Por qué llega la corrupción a una persona? Una cosa es el pecado: ‘Yo he pecado, resbalo, soy infiel a Dios, pero luego busco no hacerlo más o trato de arreglarme con el Señor pero  sé que no está bien’. La corrupción en cambio es cuando el pecado entra, entra, entra en tu conciencia y no deja lugar ni siquiera lugar para el aire”.
Los corruptos creen impunemente que hacen bien, señaló Francisco, quien recordó que en el caso de Susana, los jueces ancianos “eran corruptos por los vicios de la lujuria” y la amenazaron con dar “falso testimonio” contra ella. Y no es el primer caso en el se registran falsos testimonios en las Escrituras, agregó el Papa, quien recordó precisamente a Jesús, “condenado a muerte con falsos testimonios”.
El Pontífice señala que en el caso de la verdadera adúltera, encontramos que era acusada por “otros jueces que “había perdido la cabeza”, haciendo crecer en ellos una interpretación de la ley tan rígida que no daba espacio al Espíritu Santo: o sea “corrupción de legalidad, de legalismo, contra la gracia”.
Y luego vemos a Jesús, verdadero Maestro de la ley frente a los falsos jueces, que habían “pervertido el corazón” o que realizaban sentencias injustas “oprimiendo a los inocentes y absolviendo a los malvados”. Jesús dice pocas cosas: ‘¡Quién de vosotros esté sin pecado, tire la primera piedra contra ella!’. Y a la pecadora: ‘Yo no te condeno, no peques más’. Y esta es la plenitud de la ley, no la de los escribas y los fariseos, que habían corrompido sus mentes haciendo tantas leyes, tantas leyes, sin dejarle espacio a la misericordia.
El Papa advierte así sobre la “maldad” con la cual nuestros vicios juzgan a la gente” e invita seguir a “Jesús es la plenitud de la ley y Jesús juzga con misericordia”.