lunes, 13 de junio de 2016

El Papa agradece el trabajo “escondido” de todos los que luchan contra el hambre

13/06/2016 - 04:42 am .- Durante su visita a la sede del Programa Mundial de Alimentos en la mañana del lunes en Roma, el Papa Francisco mantuvo también un breve encuentro con los trabajadores del mismo, a quienes animó a continuar trabajando para erradicar el hambre en el mundo  .ACIPRENSA

Homilía del Papa Francisco en el Jubileo de los Enfermos y discapacitados









Foto referencial. Crédito: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
Foto referencial. Crédito: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
VATICANO, 12 Jun. 16 / 04:11 am (ACI).-
«Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mi» (Ga 2,19). El apóstol Pablo usa palabras muy fuertes para expresar el misterio de la vida cristiana: todo se resume en el dinamismo pascual de muerte y resurrección, que se nos da en el bautismo. En efecto, con la inmersión en el agua es como si cada uno hubiese sido muerto y sepultado con Cristo (cf. Rm 6,3-4), mientras que, el salir de ella manifiesta la vida nueva en el Espíritu Santo. Esta condición de volver a nacer implica a toda la existencia y en todos sus aspectos: también la enfermedad, el sufrimiento y la muerte esta contenidas en Cristo, y encuentran en él su sentido definitivo.


 Hoy, en el día jubilar dedicado a todos los que llevan en sí las señales de la enfermedad y de la discapacidad, esta Palabra de vida encuentra una particular resonancia en nuestra asamblea. En realidad, todos, tarde o temprano, estamos llamados a enfrentarnos, y a veces a combatir, con la fragilidad y la enfermedad nuestra y la de los demás.
Y esta experiencia tan típica y dramáticamente humana asume una gran variedad de rostros. En cualquier caso, ella nos plantea de manera aguda y urgente la pregunta por el sentido de la existencia. En nuestro animo se puede dar incluso una actitud cínica, como si todo se pudiera resolver soportando o contando sólo con las propias fuerzas. Otras veces, por el contrario, se pone toda la confianza en los descubrimientos de la ciencia, pensando que ciertamente en alguna parte del mundo existe una medicina capaz de curar la enfermedad. Lamentablemente no es así, e incluso aunque esta medicina se encontrase no sería accesible a todos.


La naturaleza humana, herida por el pecado, lleva inscrita en sí la realidad del limite. Conocemos la objeción que, sobre todo en estos tiempos, se plantea ante una existencia marcada por grandes limitaciones físicas. Se considera que una persona enferma o discapacitada no puede ser feliz, porque es incapaz de realizar el estilo de vida impuesto por la cultura del placer y de la diversión. En esta época en la que el cuidado del cuerpo se ha convertido en un mito de masas y por tanto en un negocio, lo que es imperfecto debe ser ocultado, porque va en contra de la felicidad y de la tranquilidad de los privilegiados y pone en crisis el modelo imperante. Es mejor tener a estas personas separadas, en algún «recinto» -tal ves dorado- o en las «reservas» del pietismo y del asistencialismo, para que no obstaculicen el ritmo de un falso bienestar.


 En algunos casos, incluso, se considera que es mejor deshacerse cuanto antes, porque son una carga económica insostenible en tiempos de crisis. Pero, en realidad, con qué falsedad vive el hombre de hoy al cerrar los ojos ante la enfermedad y la discapacidad. No comprende el verdadero sentido de la vida, que incluye también la aceptación del sufrimiento y de la limitación. El mundo no será mejor cuando este compuesto solamente por personas aparentemente «perfectas», sino cuando crezca la solidaridad entre los seres humanos, la aceptación y el respeto mutuo. Qué ciertas son las palabras del apóstol: «Lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios» (1 Co 1,27).


También el Evangelio de este domingo (Lc 7,36-8,3) nos presenta una situación de debilidad particular. La mujer pecadora es juzgada y marginada, mientras Jesús la acoge y la defiende: «Porque tiene mucho amor» (v. 47). Es esta la conclusión de Jesús, atento al sufrimiento y al llanto de aquella persona. Su ternura es signo del amor que Dios reserva para los que sufren y son excluidos. No existe sólo el sufrimiento físico; hoy, una de las patologías más frecuentes son las que afectan al espíritu. Es un sufrimiento que afecta al animo y hace que esté triste porque está privado de amor. Cuando se experimenta la desilusión o la traición en las relaciones importantes, entonces descubrimos nuestra vulnerabilidad, debilidad y desprotección. La tentación de replegarse sobre sí mismo llega a ser muy fuerte, y se puede hasta perder la oportunidad de la vida: amar a pesar de todo.
La felicidad que cada uno desea, por otra parte, puede tener muchos rostros, pero sólo puede alcanzarse si somos capaces de amar. Es siempre una cuestión de amor, no hay otro camino. El verdadero desafío es el de amar más. Cuantas personas discapacitadas y que sufren se abren de nuevo a la vida apenas sienten que son amadas.


Y cuanto amor puede brotar de un corazón aunque sea sólo a causa de una sonrisa. En tal caso la fragilidad misma puede convertirse en alivio y apoyo en nuestra soledad. Jesús, en su pasión, nos ha amado hasta el final (cf. Jn 13,1); en la cruz ha revelado el Amor que se da sin limites. ¿Qué podemos reprochar a Dios por nuestras enfermedades y sufrimiento que no este ya impreso en el rostro de su Hijo crucificado? A su dolor físico se agrega la afrenta, la marginación y la compasión, mientras él responde con la misericordia que a todos acoge y perdona: «Por sus heridas fuimos sanados» (Is 53,5; 1 P 2,24). Jesús es el médico que cura con la medicina del amor, porque toma sobre sí nuestro sufrimiento y lo redime. Nosotros sabemos que Dios comprende nuestra enfermedad, porque él mismo la ha experimentado en primera persona (cf. Hb 4,5).


El modo en que vivimos la enfermedad y la discapacidad es signo del amor que estamos dispuestos a ofrecer. El modo en que afrontamos el sufrimiento y la limitación es el criterio de nuestra libertad de dar sentido a las experiencias de la vida, aun cuando nos parezcan absurdas e inmerecidas. No nos dejemos turbar, por tanto, de estás tribulaciones (cf. 1 Tm 3,3). Sepamos que en la debilidad podemos ser fuertes (cf. 2 o 12,10), y recibiremos la gracia de completar lo que falta en nosotros al sufrimiento de Cristo, en favor de la Iglesia, su cuerpo (cf. Col 1,24); un cuerpo que, a imagen de aquel del Señor resucitado, conserva las heridas, signo del duro combate, pero son heridas transfiguradas para siempre por el amor.

sábado, 11 de junio de 2016

“Investiguen con humildad y fraternidad, el agua es esencial”, el Papa a los estudiantes del Observatorio Vaticano

11/06/2016 11:37

Discurso del Papa Francisco a los participantes en la 15° Escuela de verano de Astronomía organizado por el Observatorio Vaticano. - AFP
Texto y audio completo del discurso del Papa Francisco

¡Queridos amigos!
Estoy contento de recibirlos a ustedes, profesores y alumnos del Curso de verano organizado por los Padres jesuitas del Observatorio Vaticano. La cualificada participación de personas provenientes de diversos países y de diferentes culturas es un signo de cómo la diversidad puede enriquecer también el trabajo de investigación en ámbito científico. Agradezco al padre Paul Mueller, Vice Director del Observatorio, como también a los profesores que están disponibles para acompañarlos a ustedes, jóvenes astrónomos, en la compleja y maravillosa actividad de indagar el universo, don incomparable del Creador.


 Mi reconocimiento va también a cuantos, con su generosidad, han contribuido a hacer posible esta escuela internacional.
El Papa León XIII fundó el Observatorio Vaticano en 1891, exactamente hace 125 años, también para confirmar cuánto la Iglesia fuera amiga de la «verdadera y sólida ciencia, sea humana que divina» (Motu propio Ut mysticam, 14 marzo 1891). En todos estos años, ésta  Institución científica se ha esforzado por realizar las finalidades por las cuales ha sido querida, avalándose de nuevos instrumentos, como también del diálogo y de la confrontación con los demás centros de investigación.


El hecho de que se han reunido para ésta escuela de verano muestra que el deseo de comprender el universo, creado por Dios, y nuestro lugar en él, es común a hombres y mujeres que viven en contextos culturales y religiosos diferentes. Todos nosotros vivimos bajo el mismo cielo; y todos somos movidos por la belleza que se revela en el cosmos y se refleja también en nuestros estudios sobre los cuerpos y las sustancias celestes. Estamos así unidos por el deseo de descubrir la verdad de cómo actúa este maravilloso universo, acercándonos siempre más a su Creador.


Por esto, es verdaderamente bueno y providencial que ésta décimo quinta escuela de verano se ocupe del estudio del agua en el sistema solar y más allá. Todos sabemos cuánto sea esencial el agua aquí en la tierra: para la vida, para nosotros los seres humanos, para el trabajo… Desde los pequeños copos de nieve a las grandes cascadas, desde los lagos y los ríos a los inmensos océanos, el agua nos fascina con su potencia y al mismo tiempo con su humildad. Las grandes civilizaciones tuvieron inicio a lo largo de los ríos, y también hoy el acceso al agua pura es un problema de justicia para el género humano, ricos y pobres.


Queridos hermanos y hermanas, el trabajo del científico requiere gran empeño, que puede ser extenso y fatigoso. Todavía esto puede y debería ser una fuente de alegría. Les deseo saber cultivar en ustedes esta alegría, que anima su trabajo científico, y que es la razón por el cual no pueden dejar de lado el compartirla con sus amigos, sus familias, sus naciones, como también con la comunidad internacional de los científicos con los cuales trabajan. Les deseo experimentar siempre la alegría de la investigación y del compartir los frutos, con humildad y fraternidad. Con este deseo, invoco sobre ustedes y sobre su actividad la bendición del Señor. Y les pido por favor de rezar por mí.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

viernes, 10 de junio de 2016

Homilía del Papa: Jesús enseña un sano realismo





El Santo Padre Francisco celebra la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta - OSS_ROM

(RV).- Querer “esto o nada” no es católico, es “herético”. Fue la admonición de Francisco en su homilía de la Misa de la mañana celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, que estuvo centrada en el “sano realismo” que el Señor ha enseñado a sus discípulos. El Papa se refirió al mal que los hombres de Iglesia causan al pueblo de Dios cuando hacen lo contrario de lo que dicen. Y exhortó a liberarse de un idealismo rígido que no nos permite reconciliaros entre nosotros.
“Su justicia debe superar a la de los escribas y fariseos”. El Papa Francisco se inspiró en esta exhortación de Jesús, según el Evangelio del día, para detenerse en la importancia del realismo cristiano. El Pontífice afirmó que el pueblo estaba “un poco disperso” porque “los que enseñaban la ley no eran coherentes” en su “testimonio de vida”. Por tanto, Jesús pide que se supere esto de “ir hacia arriba”.
Insultar al hermano es como dar una bofetada a su alma
“Esto – dijo el Papa – hace bien oírlo en este tiempo, en el que estamos tan acostumbrados a calificativos y tenemos un vocabulario tan creativo para insultar a los demás”. Y esto “es pecado” – dijo el Santo Padre –, “es matar, porque es dar una bofetada al alma del hermano”, a su “dignidad”. Y con amarga ironía – añadió – frecuentemente decimos tantas malas palabas, “con mucha caridad, pero se las decimos a los demás”.
El Obispo de Roma reafirmó que un hombre de Iglesia que hace lo contrario de lo que dice Jesús escandaliza, y añadió que a “este pueblo desorientado” le pide que mire “hacia arriba” y vaya “adelante”. Si bien no dejó de destacar cuánto mal hace al pueblo el contra-testimonio de los cristianos:
“Cuántas veces nosotros en la Iglesia escuchamos estas cosas: ¡cuántas veces! ‘Pero, aquel sacerdote, aquel hombre, aquella mujer de la Acción Católica, aquel obispo, aquel Papa, nos dicen: ‘¡Deben hacer así!’, y él hace lo contrario. Ese es el escándalo que hiere al pueblo y no deja que el pueblo de Dios crezca, que vaya adelante. No libera. También este pueblo había visto la rigidez de estos escribas y fariseos e incluso cuando venía un profeta que les daba a ellos un poco de alegría lo perseguían y hasta lo amenazaban: no había lugar para los profetas allí. Y Jesús dice a los fariseos: ‘Ustedes han matado a los profetas, han perseguido a los profetas: aquellos que traían el aire nuevo’”.
Seguir el sano realismo de la Iglesia, no a idealismos ni rigidez
“La generosidad, la santidad”, que nos pide Jesús, “es salir pero siempre, siempre hacia arriba. Salir hacia arriba”. Esta – dijo el Santo Padre – es la “liberación” de la “rigidez de la ley y también de los idealismos que no nos hacen bien”. Jesús – comentó el Papa – “nos conoce bien”, “conoce nuestra naturaleza”. Nos exhorta, por tanto, a ponernos de acuerdo cuando tenemos un contraste con el otro. “Jesús  – prosiguió – nos enseña también un sano realismo”. “Tantas veces  – añadió – no se puede llevar a la perfección, pero al menos hagan lo que puedan, pónganse de acuerdo”:
“Este sano realismo de la Iglesia católica: la Iglesia católica jamás enseña ‘o esto, o esto’. Eso no es católico. La Iglesia dice: ‘Esto y esto’. ‘Haz lo perfecto: reconcíliate con tu hermano. No insultarlo. Ámalo. Pero si hay algún problema, al menos ponte de acuerdo, para que no estalle la guerra’. Este sano realismo del catolicismo. No es católico ‘o esto, o nada’: eso no es católico. Eso es herético. Jesús siempre sabe caminar con nosotros, nos da el ideal, nos acompaña hacia el ideal, nos libera de este enjaularse de la rigidez de la ley y nos dice: ‘Pero, hagan hasta el punto que puedan hacer’. Y él nos entiende bien. Este es nuestro Señor, esto es lo que nos enseña a nosotros”.
Reconciliarse entre nosotros, es la “santidad pequeñita” del negociado
El Señor también nos pide que no seamos hipócritas, que no vayamos a alabar a Dios con la misma lengua con la que se insulta al hermano. “Hagan lo que puedan”, añadió, “es la exhortación de Jesús”, “al menos eviten la guerra entre ustedes, pónganse de acuerdo”:
“Y me permito decirles esta palabra que parece un poco extraña: es la santidad pequeñita de la negociación. ‘Pero, no puedo todo, pero quiero hacer todo, me pongo de acuerdo contigo, al menos no nos insultamos, no hacemos la guerra y vivamos todos en paz’. ¡Jesús es grande! Nos libera de todas nuestras miserias. Incluso de aquel idealismo que no es católico. Pidamos al Señor que nos enseñe, primero, a salir de toda rigidez, pero salir hacia arriba, para poder adorar y alabar a Dios; que nos enseñe a reconciliarnos entre nosotros; y también que nos enseñe a ponernos de acuerdo hasta el punto de que nosotros podamos hacerlo”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

El Papa Francisco eleva a «Fiesta» la celebración de Santa María Magdalena

El Papa Francisco eleva a «Fiesta» la celebración de Santa María Magdalena.
10/06/2016 14:27

(RV).- Por expreso deseo del Papa Francisco, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha publicado un nuevo decreto, con fecha 3 de junio de 2016, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, por medio del cual, la actual memoria de Santa María Magdalena, es elevada al grado de fiesta en el Calendario Romano General.
En dicho Decreto se indica que el día de la celebración seguirá siendo el 22 de julio, excepto en los lugares en los que, por concesión particular, ya se celebra otro día o con otro grado. Además, se presenta la versión latina del Prefacio, de cuya traducción se ocuparán las Conferencias Episcopales.
En un Artículo publicado en L’Osservatore Romano, titulado «Apostolorum Apostola», Mons. Arthur Roche, Arzobispo Secretario de la Congregación para el Culto Divino, señala que la decisión se inscribe en el actual contexto eclesial que pide reflexionar más profundamente sobre la dignidad de la mujer, la nueva evangelización y la grandeza de la misericordia divina.
El Papa Francisco, resalta Mons. Roche, ha tomado esta decisión en el Jubileo de la Misericordia para resaltar la relevancia de esta mujer que mostró un gran amor por Cristo y Cristo por ella. María de Magdala es la primera en ver el sepulcro abierto y la primera en escuchar la verdad de la Resurrección del Señor.
Finalmente, señala el Arzobispo Secretario, «es justo que la celebración litúrgica de esta mujer tenga el mismo grado de fiesta dado a la celebración de los apóstoles en el Calendario Romano General y que resalte la especial misión de esta mujer, que es ejemplo y modelo para toda mujer en la Iglesia».

miércoles, 8 de junio de 2016

Catequesis del Papa: Caná; el primer signo de la Misericordia


El Papa Francisco celebra la audiencia general del segundo miércoles de junio en la Plaza de San Pedro. - AFP
08/06/2016 10:10

(RV).- También el segundo miércoles de junio miles de fieles y peregrinos de numerosos países se dieron cita en la Plaza de San Pedro para participar en la tradicional audiencia semanal del Papa Francisco, durante la cual el Obispo de Roma prosiguió con su serie de catequesis sobre la Misericordia en el Nuevo Testamento.
En esta ocasión, el Santo Padre se refirió al primero de los milagros de Jesús,  es decir el que realizó durante las Bodas de Caná en Galilea.  Y al destacar que el Evangelista Juan llama a estos milagros “signos”, el Pontífice explicó que el Señor no los hizo para suscitar maravilla, sino para revelar el amor del Padre.


Hablando en italiano el Obispo de Roma explicó que el Evangelista relata el primero de estos signos prodigiosos que representan una especie de “portal de ingreso”, en el que están esculpidas las palabras y las expresiones que iluminan el entero misterio de Cristo y abren el corazón de los discípulos a la fe.
De las palabras de María a los siervos, “hagan lo que Él les diga”, Francisco afirmó que son las últimas que mencionan los Evangelios porque representan la herencia que nos ha dejado a todos nosotros.  Verdaderamente en estas Bodas – dijo el Santo Padre – se estipula una Nueva Alianza con toda la Iglesia a la que se le encomienda una nueva misión, a saber, hacer todo lo que nos diga el Señor.


Porque servir al Señor – prosiguió diciendo el Papa – significa escuchar y poner en práctica su Palabra. Es como la recomendación, sencilla pero esencial, de la Madre de Jesús y es el programa de vida del cristiano. En efecto, para cada uno de nosotros, tomar del ánfora equivale a confiar en la Palabra de Dios para experimentar su eficacia en nuestra vida.
Por último, el Papa Francisco explicó que la conclusión de este relato evangélico suena como una sentencia: “Este, en Caná de Galilea, fue el inicio de los signos que Jesús realizó; Él manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en Él” (v. 11).


De modo que las Bodas de Caná son mucho más que el simple relato del primer milagro de Jesús.
Aquí el Maestro custodia el secreto de su persona y la finalidad de su venida: el esperado Esposo da inicio así a las bodas que se cumplen en el Misterio pascual, mientras los discípulos se convierten en su familia y nace la fe de la Iglesia.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

martes, 7 de junio de 2016

Homilía del Papa: Que el cristiano sea luz para todos

El Santo Padre Francisco celebra la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta - OSS_ROM
07/06/2016 12:34

(RV).- La batería del cristiano para iluminar es la oración. Es cuanto afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa de la mañana celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice puso en guardia a los cristianos para que no se conviertan en sal insípido, y añadió que es necesario vencer la tentación de la “espiritualidad del espejo” según la cual uno se empeña más en iluminarse a sí mismo que en llevar la luz de la fe a los demás.

lunes, 6 de junio de 2016

El Papa avisa de 3 pasos que llevan a la perdición y contra las Bienaventuranzas









06/06/2016 - 04:36 am .- En la homilía que pronunció en la Misa matutina en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco habló de las bienaventuranzas y aseguró que son el centro y el navegador de la vida cristiana pero pueden ser puestas en peligro por 3 pasos que llevan a la perdición: el apego a las riquezas, la vanidad y el orgullo.
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