El circo Rony Roller Circus de Roma brindará un espectáculo especial al Pontífice y al grupo de necesitados.
El papa Francisco
ha invitado este jueves a dos mil sintecho, que habitualmente viven en
Roma y las inmediaciones de la plaza de San Pedro del Vaticano, a
asistir a un espectáculo circense en la capital. La noticia fue comunicada a través de una nota remitida por
la Limosnería vaticana, guiada por el obispo Konrad Krajewski y
encargada de realizar las obras de caridad del pontífice.
La iniciativa se desarrollará esta tarde en colaboración con el circo Rony Roller Circus de Roma. El espectáculo comenzará con una canción dedicada al papa e
interpretada por un español sin recursos, que vive con su hija y que
utiliza habitualmente la barbería y las duchas que mandó construir hace
meses el papa para los pobres y necesitados.
Los asistentes podrán disfrutar del circo pero además tendrán a su
disposición un servicio de hospital móvil que permitirá a quien lo desee
someterse a un reconocimiento médico.
Los medios locales explican que estas personas sin hogar serán
trasladadas hasta el lugar del espectáculo en coches que el Vaticano
habitualmente facilita a los obispos y cardenales que ofrecen sus
servicios en la Curia romana
SHARE:
13/01/2016 12:26
“Queridos hermanos y hermanas: empezamos hoy un ciclo de catequesis
sobre la misericordia en la Biblia con este pasaje del libro del Éxodo,
en el que el Señor se llama a sí mismo: Dios compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia y lealtad”.
El Señor es compasivo: siempre dispuesto a acoger, a
comprender, a perdonar, como el Padre de la parábola del Hijo pródigo.
Extendiéndose sobre esta parábola, el Santo Padre indicó que es un
padre que “no se cierra en el resentimiento por el abandono de su hijo”, sino que “sigue esperándolo”,
porque lo ha generado. “Va a su encuentro y lo abraza, – dijo - no lo
deja ni siquiera terminar su confesión, como si le cubriera la boca, tan
grande es la alegría por haberlo encontrado”.
Es misericordioso: tiene literalmente entrañas de
misericordia, se conmueve y se enternece como una madre por su hijo, y
está dispuesto a amar, proteger, ayudar, dándolo todo por nosotros. Un
amor, insistió el Papa, que se puede definir en sentido bueno
“visceral”.
Es lento a la ira: cuenta hasta diez, como decíamos
de jóvenes, respirando profundamente, para no perder la calma y
soportar, sin impacientarse. Los tiempos del Padre, dijo Francisco, no
son los tiempos impacientes de los hombres. Él es como el agricultor
sabio que sabe esperar, da tiempo a la buena semilla para que crezca, a
pesar de la cizaña.
Esrico en clemencia: un caudal
inagotable que se manifiesta en su bondad, en su gratuita benevolencia,
que vence el mal y el pecado. El amor de Dios, afirmó el Pontífice, “no
es un amor de telenovela”.
El Señor es fiel: una palabra “que no está muy de
moda”, indicó. Su fidelidad dura por siempre, no duerme ni reposa, está
siempre atento, vigilante y no permitirá que flaqueemos en la prueba”,
porque “el Señor es el Custodio que, como dice el Salmo, no se adormenta sino que vigila continuamente sobre nosotros, para llevarnos a la vida”.
“Llenos de confianza en el Señor - concluyó el Sucesor de Pedro-
acojámonos a Él, para experimentar la alegría de ser amados por un Dios
misericordioso, clemente y compasivo”.
(GM – RV)
(RV).- “El nombre de Dios es misericordia”, el libro-entrevista del
Papa Francisco con el periodista italiano Andrea Tornielli, fue
presentado esta mañana en el Instituto Augustinianum de Roma por el
cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin y por el actor Roberto
Benigni durante un encuentro moderado por el director de la Oficina de
Prensa de la Santa Sede, padre Federico Lombardi, S.J. También
estuvieron presentes monseñor Giuseppe Costa (director de la Libreria
Editrice Vaticana, (LEV) y Zhang Agostino Jianquing, un detenido de la
cárcel italiana de Padua convertido al cristianismo que el pasado año
recibió el bautismo, la eucaristía y la confirmación . El volumen, que lleva la firma del Papa en la cubierta de las
ediciones en italiano, español, francés, inglés y portugués, se articula
en nueve capítulos. Comienza con ''El tiempo de la misericordia'' y
concluye con ''Para vivir bien el Jubileo''. A lo largo de los otros
siete capítulos Francisco dialoga con Andrea Tornielli – con quien habló
durante cuatro horas este verano en la Casa de Santa Marta y que le
planteó cuarenta preguntas – sobre diversas cuestiones cuyo hilo central
es la misericordia, ''carnet de identidad de Dios'', como afirma el
Pontífice. .............
(RM – RV) (from Vatican Radio)
Texto completo Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! En este domingo después de la
Epifanía celebramos el Bautismo de Jesús, y hacemos memoria grata de
nuestro Bautismo. En este contexto, esta mañana bauticé a 26 neonatos:
¡recemos por ellos! El Evangelio nos presenta a Jesús, en
las aguas del río Jordán, al centro de una maravillosa revelación
divina. Escribe San Lucas: “Todo el pueblo se hacía bautizar, y también
fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el
Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se
oyó entonces una voz del cielo: Tú eres mi Hijo muy querido, en quien
tengo puesta toda mi predilección”. (Lc 3,21-22). De este modo Jesús es
consagrado y manifestado por el Padre como Mesías salvador y liberador. En este evento – testificado por los
cuatro Evangelios – tuvo lugar el pasaje del bautismo de Juan Bautista
-basado en el símbolo del agua- al Bautismo de Jesús “en el Espíritu
Santo y en el fuego” (Lc 3,16). De hecho, el Espíritu Santo en el
Bautismo cristiano es el artífice principal: es Él que quema y destruye
el pecado original, restituyendo al bautizado la belleza de la gracia
divina; es Él que nos libera del dominio de las tinieblas, es decir, del
pecado y nos traslada al reino de la luz, es decir, del amor, de la
verdad y de la paz. Esto es el reino de la luz. ¡Pensemos a qué dignidad
nos eleva el Bautismo! “Miren qué amor tan singular nos ha tenido el
Padre que no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos” (1Jn
3,1), y lo somos realmente, exclama el apóstol Juan. Tal estupenda
realidad de ser hijos de Dios comporta la responsabilidad de seguir a
Jesús, el Siervo obediente, y reproducir en nosotros mismos sus rasgos:
mansedumbre, humildad, ternura. Y esto no es fácil, especialmente si
entorno a nosotros hay tanta intolerancia, soberbia, dureza. ¡Pero con
la fuerza que nos llega del Espíritu Santo es posible! El Espíritu Santo, recibido por
primera vez el día de nuestro Bautismo, nos abre el corazón a la Verdad,
a toda la Verdad. El Espíritu empuja nuestra vida hacia el camino
laborioso pero alegre de la caridad y de la solidaridad hacia nuestros
hermanos. El Espíritu nos dona la ternura del perdón divino y nos invade
con la fuerza invencible de la misericordia del Padre. No olvidemos que
el Espíritu Santo es una presencia viva y vivificante en quien lo
recibe, reza con nosotros y nos llena de alegría espiritual. Hoy, fiesta del Bautismo de Jesús,
pensemos en el nuestro, en el día del nuestro Bautismo; todos nosotros
hemos sido bautizados, agradezcamos por este don. Y les hago una
pregunta, ¿quién de ustedes conoce la fecha de su Bautismo? Seguramente
no todos, por eso, les invito a ir a buscar la fecha preguntando por
ejemplo a sus padres, a sus abuelos, a sus padrinos, o yendo a la
parroquia. Es muy importante conocerla porque es una fecha para
festejar: es una fecha de nuestro renacimiento como hijos de Dios, por
esto, tarea para casa para esta semana: ir a buscar la fecha de mi
bautismo. Festejar aquel día significa reafirmar nuestra adhesión a
Jesús, con el compromiso de vivir como cristianos, miembros de la
Iglesia y de una humanidad nueva, en la cual todos somos hermanos. La Virgen María, primera discípula de
su Hijo Jesús, nos ayude a vivir con alegría y fervor apostólico
nuestro Bautismo, recibiendo cada día el don del Espíritu Santo, que nos
hace hijos de Dios. (Traducción del italiano: María Cecilia Mutual - RV)
Foto de archivo: El abrazo de tres religiones - EPA
05/01/2016 13:43
SHARE:
(RV).- El director de la Red Mundial de Oración del Papa, el padre
jesuita Frederic Fornos explica las intenciones de oración del Papa para
enero de 2016. La intención universal se centra en el diálogo
interreligioso “que el diálogo sincero entre hombres y mujeres de
diversas religiones, conlleve frutos de paz y justicia” y la intención para la evangelización
resalta la unidad de los cristianos “para que mediante el diálogo y la
caridad fraterna, con la gracia del Espíritu Santo, se superen las
divisiones entre los cristianos”.
“Dos veces se nos habla del diálogo. La importancia del diálogo,
primero en la intención universal sobre el diálogo interreligioso
recordemos que en este año que acabamos de terminar, 2015, hemos
celebrado el aniversario de la publicación de dos documentos importantes
del Concilio Vaticano II y particularmente de la declaración Nostra Aetate donde la Iglesia ha sido llamada a abrirse al diálogo con las expresiones religiosas no cristianas”.
“En un mundo donde todo empuja hacia la fragmentación, la oposición y
la división, es más que nunca necesario que las religiones y las
personas deseosas de paz, fraternidad y solidaridad en el mundo se
movilicen juntas en proyectos comunes por los grandes desafíos de este
mundo”. “La invitación de este mes es justamente estar en una actitud de apertura,
de acogida, de benevolencia hacia los demás y particularmente con los
que tienen otras creencias... verles no como rivales, enemigos, sino
como hermanos y hermanas. Quien está seguro de sus convicciones no tiene
necesidad de imponerse, sabe que la verdad tiene su propia fuerza de
irradiación… en el fondo todos somos peregrinos en esta tierra y
aspiramos a la verdad”.
“La segunda intención para la evangelización es la unidad de los cristianos…
la unidad entre cristianos también es más que nunca necesaria para dar
testimonio al evangelio de Jesús… pide un camino de humildad, de
acogida, de diálogo, de mucha benevolencia con nuestros hermanos y
hermanas que creen en Jesús. Y es necesario por dos cosas, primero
porque era el deseo de Jesús mismo, les dijo “que todos sean uno… para
que el mundo crea que tú me enviaste” y el segundo es que nuestro
testimonio depende de esta unidad”. “Como decía Francisco: que seamos puentes de diálogo con los demás, no muros de rencor”. (Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).
.A continuación, el texto completo de la homilía del Papa:
Las palabras que el profeta Isaías dirige a la ciudad santa de Jerusalén
nos invitan a salir; a salir de nuestras clausuras, a salir de nosotros
mismos, y a reconocer el esplendor de la luz que ilumina nuestras
vidas: «¡Levántate y resplandece, porque llega tu luz; la gloria del
Señor amanece sobre ti!» (60,1). «Tu luz» es la gloria del Señor. La
Iglesia no puede pretender brillar con luz propia. San Ambrosio nos lo
recuerda con una hermosa expresión, aplicando a la Iglesia la imagen de
la luna: «La Iglesia es verdaderamente como la luna: […] no brilla con
luz propia, sino con la luz de Cristo. Recibe su esplendor del Sol de
justicia, para poder decir luego: “Vivo, pero no soy yo el que vive, es
Cristo quien vive en mí”» (Hexameron, IV, 8, 32). Cristo es la luz
verdadera que brilla; y, en la medida en que la Iglesia está unida a él,
en la medida en que se deja iluminar por él, ilumina también la vida de
las personas y de los pueblos. Por eso, los santos Padres veían a la
Iglesia como el «mysterium lunae».
Necesitamos de esta luz que viene de lo alto para responder con
coherencia a la vocación que hemos recibido. Anunciar el Evangelio de
Cristo no es una opción más entre otras posibles, ni tampoco una
profesión. Para la Iglesia, ser misionera no significa hacer
proselitismo; para la Iglesia, ser misionera equivale a manifestar su
propia naturaleza: dejarse iluminar por Dios y reflejar su luz. No hay
otro camino. La misión es su vocación. Muchas personas esperan de
nosotros este compromiso misionero, porque necesitan a Cristo, necesitan
conocer el rostro del Padre.
Los Magos, que aparecen en el Evangelio de Mateo, son una prueba viva de
que las semillas de verdad están presentes en todas partes, porque son
un don del Creador que llama a todos para que lo reconozcan como Padre
bueno y fiel. Los Magos representan a los hombres de cualquier parte del
mundo que son acogidos en la casa de Dios. Delante de Jesús ya no hay
distinción de raza, lengua y cultura: en ese Niño, toda la humanidad
encuentra su unidad. Y la Iglesia tiene la tarea de que se reconozca y
venga a la luz con más claridad el deseo de Dios que anida en cada uno.
Como los Magos, también hoy muchas personas viven con el «corazón
inquieto», haciéndose preguntas que no encuentran respuestas seguras.
También ellos están en busca de la estrella que muestre el camino hacia
Belén.
¡Cuántas estrellas hay en el cielo!
Y, sin embargo, los Magos han seguido una distinta, nueva, mucho más
brillante para ellos. Durante mucho tiempo, habían escrutado el gran
libro del cielo
buscando una respuesta a sus preguntas y, al final, la luz apareció.
Aquella estrella los cambió. Les hizo olvidar los intereses cotidianos, y
se pusieron de prisa en camino. Prestaron atención a la voz que dentro
de ellos los empujaba a seguir aquella luz; y ella los guió hasta que en
una pobre casa de Belén encontraron al Rey de los Judíos.
Todo esto encierra una enseñanza para nosotros. Hoy será bueno que nos
repitamos la pregunta de los Magos: «¿Dónde está el Rey de los judíos
que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a
adorarlo» (Mt 2,2). Nos sentimos urgidos, sobre todo en un momento como
el actual, a escrutar los signos que Dios nos ofrece, sabiendo que
debemos esforzarnos para descifrarlos y comprender así su voluntad.
Estamos llamados a ir a Belén para encontrar al Niño y a su Madre.
Sigamos la luz que Dios nos da. La luz que proviene del rostro de
Cristo, lleno de misericordia y fidelidad. Y, una vez que estemos ante
él, adorémoslo con todo el corazón, y ofrezcámosle nuestros dones:
nuestra libertad, nuestra inteligencia, nuestro amor. Reconozcamos que
la verdadera sabiduría se esconde en el rostro de este Niño. Y es aquí,
en la sencillez de Belén, donde encuentra su síntesis la vida de la
Iglesia. Aquí está la fuente de esa luz que atrae a sí a todas las
personas y guía a los pueblos por el camino de la paz.
“Estamos llamados a vencer la
indiferencia que impide la solidaridad y a construir un mundo más justo y
fraterno”, invitación del Papa Francisco en su homilía el primer día
del Año 2016. - ANSA
01/01/2016 10:15
SHARE:
(RV).- “Muéstranos
el rostro de tu Hijo Jesús, que derrama sobre todo el mundo su
misericordia y su paz”, es la oración conclusiva del Papa Francisco en
su homilía de la Misa en la Solemnidad de María Santísima, Madre de Dios
y 49° Jornada Mundial de la Paz. «La plenitud de los tiempos» (Gal 4,4)
Comentando el pasaje bíblico de la Carta de San Pablo Apóstol a los
Gálatas, el Santo Padre se preguntó: “¿Qué significa el que Jesús nazca
en la «plenitud de los tiempos»?”. Si nos fijamos únicamente en el
momento histórico, precisó el Pontífice, podemos quedarnos defraudados,
ya que para los contemporáneos de Jesús, ese tiempo no era en modo
alguno el mejor momento. La plenitud de los tiempos – dijo el Papa – no
se define desde una perspectiva geopolítica.
La plenitud de los tiempo es entendida e interpretada desde el punto
de vista de Dios, afirmó el Obispo de Roma, por ello, la plenitud de los
tiempos tiene lugar en el momento en el que Dios establece que ha
llegado la hora de cumplir la promesa que había hecho. Ya que como
escribe el autor de la Carta a los Hebreos: «En muchas ocasiones y de
muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En
esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado
heredero de todo…» (1,1-3).
La dramática experiencia histórica
“Sin embargo, el Sucesor de Pedro evidenció que, este misterio
contrasta siempre con la dramática experiencia histórica. Cada día,
aunque deseamos vernos sostenidos por los signos de la presencia de
Dios, nos encontramos con signos opuestos, negativos, que nos hacen
creer que está ausente. La plenitud de los tiempos parece desmoronarse
ante la multitud de formas de injusticia y de violencia que hieren cada
día a la humanidad”.
Observando la dramática realidad hodierna y el creciente rió de
miseria, alimentado por el pecado, el Papa Francisco se preguntó: ¿Cómo
es posible que perdure la opresión del hombre contra el hombre, que la
arrogancia del más fuerte continúe humillando al más débil,
arrinconándolo en los márgenes más miserables de nuestro mundo? ¿Hasta
cuándo la maldad humana seguirá sembrando la tierra de violencia y odio,
que provocan tantas víctimas inocentes? ¿Cómo puede ser este un tiempo
de plenitud, si ante nuestros ojos muchos hombres, mujeres y niños
siguen huyendo de la guerra, del hambre, de la persecución, dispuestos a
arriesgar su vida con tal de que se respeten sus derechos
fundamentales?
El océano de la Misericordia
“Y, sin embargo, dijo el Santo Padre, este río en crecida nada puede
contra el océano de misericordia que inunda nuestro mundo. Todos estamos
llamados a sumergirnos en este océano, para dejarnos regenerar para
vencer la indiferencia que impide la solidaridad y salir de la falsa
neutralidad que obstaculiza el compartir. La gracia de Cristo, agregó el
Pontífice, que lleva a su cumplimiento la esperanza de la salvación,
nos empuja a cooperar con Él en la construcción de un mundo más justo y
fraterno, en el que todas las personas y todas las criaturas puedan
vivir en paz, en la armonía de la creación originaria de Dios”.
María, Sede de la Sabiduría
“Al comienzo de un nuevo año, la Iglesia nos hace contemplar la
Maternidad de María como icono de la paz. A través de ella, a través de
su «sí», puntualizó el Obispo de Roma, ha llegado la plenitud de los
tiempos. Ella se nos presenta como un vaso siempre rebosante de la
memoria de Jesús, Sede de la Sabiduría, al que podemos acudir para saber
interpretar coherentemente su enseñanza, para captar el sentido de los
acontecimientos que nos afectan a nosotros, a nuestras familias, a
nuestros países y al mundo entero. Donde no puede llegar la razón de los
filósofos ni los acuerdos de la política, dijo el Pontífice, llega la
fuerza de la fe que lleva la gracia del Evangelio de Cristo, y que
siempre es capaz de abrir nuevos caminos a la razón y a los acuerdos”.
Antes de concluir su homilía, el Papa Francisco invocó a la Santísima
Virgen María, la Madre de Dios. “Bienaventurada eres tú, María, dijo el
Papa, porque has dado al mundo al Hijo de Dios; pero todavía más
dichosa por haber creído en él. Derrama sobre nosotros tu bendición en
este día consagrado a ti; muéstranos el rostro de tu Hijo Jesús, que
derrama sobre todo el mundo su misericordia y su paz”.
(Renato Martinez – Radio Vaticano)