La súplica del Papa a la Virgen: "Mira con bondad a tus hijos heridos por la guerra"
Benedetta Capelli – Castel Gandolfo
Las suaves luces del atardecer acompañan las palabras del Papa León XIV en la orilla del lago de Castel Gandolfo. La arena oscura contrasta con los últimos rayos de sol que descienden entre las cumbres del complejo volcánico de los Montes Albanos, un escenario que sirve de fondo a la súplica, recitada al término de la procesión que llevó al Pontífice desde la iglesia de María Santísima del Lago hasta Giorgio’s Beach.
Una súplica que es invocación, oración, petición de una Iglesia que sufre por los males del mundo. Una Iglesia reunida a orillas del lago que hace pensar en aquella multitud que acudió al lago de Tiberíades y esperaba a Jesús. Hoy se necesita esa palabra que salva, y a María, la madre, «mujer de la escucha y del servicio», el Papa se dirige «con corazón filial», para encomendarle una Iglesia «valiente en el anuncio, humilde en el servicio y perseverante en la caridad».
«A tu amorosa protección, encomendamos a todos los pueblos de la tierra: mira con bondad a tus hijos heridos por la guerra y alienta en todos el deseo de la paz».
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