sábado, 4 de octubre de 2025
«Te he amado»
miércoles, 1 de octubre de 2025
Ser testigos de una paz “más fuerte que toda derrota”:
El Papa: No tengan miedo de mostrar sus heridas sanadas por la misericordia
Vatican News
“El centro de la misión de la Iglesia no consiste en administrar un poder sobre los demás, sino en comunicar la alegría de quien ha sido amado justamente cuando no se lo merecía”. Fueron palabras del Papa León XIV en la catequesis de la audiencia general del primer miércoles de octubre.
En una plaza de San Pedro repleta de fieles procedentes de todo el mundo, el Obispo de Roma subraya que ésta “es la fuerza que ha hecho nacer y crecer la comunidad cristiana: hombres y mujeres que han descubierto la belleza de volver a la vida para poder donarla a los demás”.
El Pontífice centra su meditación en el tema jubilar “Jesucristo, nuestra esperanza”. En particular, se detiene en la Pascua de Jesús, tal y como se describe en el Evangelio de Juan, y en la visita del Resucitado a los discípulos, “sus amigos”, encerrados en el cenáculo y “paralizados por el miedo”. Cristo, en cambio, les lleva “un don que ninguno hubiera osado esperar: la paz”.
Dios no renuncia a nosotros
En la catequesis el Papa subraya como Cristo aparece a los discípulos y les muestra las manos y el costado con los signos de la pasión, “un gesto tan bello que resulta casi inapropiado” y pregunta: “¿Por qué exhibir sus heridas precisamente ante quienes, en aquellas horas dramáticas, lo renegaron y lo abandonaron? ¿Por qué no esconder aquellos signos de dolor y evitar que se reabra la herida de la vergüenza?” Y aclara que con este gesto Jesús muestra “que está ya plenamente reconciliado con todo lo que ha sufrido. No guarda ningún rencor”. Jesús no siente “la necesidad de reiterar o afirmar su propia superioridad. Él se aparece a sus amigos -los discípulos-, y lo hace con extrema discreción, sin forzar los tiempos de su capacidad de acoger. Su único deseo es volver a estar en comunión con ellos, ayudándolos a superar el sentimiento de culpa”.
Las heridas no sirven para reprender, sino para confirmar un amor más fuerte que cualquier infidelidad. Son la prueba de que, precisamente en el momento en que hemos fallado, Dios no se ha echado atrás. No ha renunciado a nosotros.
Nuestras debilidades humanas
El Santo Padre afirma a continuación que también nosotros, como los discípulos, “a menudo ocultamos nuestras heridas por orgullo o por el temor de parecer débiles. Decimos “no importa”, “ya ha pasado todo”, pero no estamos realmente en paz con las traiciones que nos han herido. Y a veces preferimos esconder nuestro esfuerzo por perdonar para no parecer vulnerables y no correr el riesgo de sufrir de nuevo, al contrario de Jesús.
Él ofrece sus llagas como garantía de perdón. Y muestra que la resurrección no es la cancelación del pasado, sino su transfiguración en una esperanza de misericordia.
La resurrección, centro de nuestra fe y esperanza
De hecho, el Pontífice reitera que el “centro de nuestra fe y el corazón de nuestra esperanza se encuentran profundamente enraizados en la resurrección de Cristo”, que no fue “un triunfo estruendoso” ni “una venganza o revancha contra sus enemigos”. Sino más bien un “testimonio maravilloso de cómo el amor es capaz de levantarse después de una gran derrota para proseguir su imparable camino”.
Así, el Señor se muestra nudo y desarmado. No exige, no chantajea. Su amor no humilla; es la paz de quien ha sufrido por amor y ahora finalmente puede afirmar que ha valido la pena.
Donar el amor a los demás
Una vez que Cristo ha mostrado a los discípulos su amor y su perdón, les confía también una tarea importante, la de llevar este mensaje a los demás, afirma el Papa. En el Evangelio, Jesús dice "la paz sea con ustedes" y añade “como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes”, encargando a los apóstoles “una tarea que no es tanto un poder como una responsabilidad”, es decir, “ser instrumentos de reconciliación en el mundo”, explica León XIV. Para él, es como si Cristo dijera: “¿Quién podrá anunciar el rostro misericordioso del Padre, si no ustedes, que han experimentado el fracaso y el perdón?”. Y, de hecho, Jesús sopla sobre ellos el Espíritu Santo, el mismo que lo “sostuvo en la obediencia” a Dios al morir en la cruz, y “desde ese momento, los apóstoles ya no podrán callar lo que han visto y oído: que Dios perdona, levanta, restaura la confianza”. El Pontífice insiste en que Cristo confía esta misma misión a la Iglesia y a todos sus fieles:
Queridos hermanos y hermanas, también nosotros somos enviados. El Señor también nos muestra sus heridas y dice: Paz a vosotros. No tengan miedo de mostrar sus heridas sanadas por la misericordia. No teman aproximarse a quien está encerrado en el miedo o en el sentimiento de culpa. Que el soplo del Espíritu nos haga también a nosotros testigos de esta paz y de este amor más fuerte que toda derrota.
martes, 30 de septiembre de 2025
Papa León XIV: «Que las religiones sean fermento de unidad en un mundo fragmentado»
No armas o muros, sino puentes y profecía
El sentido profundo de la oración que lee el Papa León XIV es que la colaboración entre creyentes no se relegue a teólogos y expertos, sino que se nutra de un compromiso concreto y cotidiano que nos involucre a cada uno. De hecho, el Papa reza para que aprendamos a “reconocernos como hermanos, llamados a vivir, rezar, trabajar y soñar juntos”. También invoca al Espíritu para “reconocer lo que nos une” y “colaborar sin destruir”. Las distintas tradiciones religiosas están llamadas a ser “levadura de unidad en un mundo fragmentado”. Y continúa, recordando que a menudo ocurre lo contrario: “en lugar de unirnos, se convierte en causa de enfrentamiento”.
De ahí que su invitación se extienda a todos los creyentes, cristianos y no cristianos. Exhorta: “Que las religiones no sean usadas como armas o muros, sino que se vivan como puentes y profecía”, y luego prosigue, citando “ejemplos concretos de paz, de justicia y de fraternidad” ya existentes.
Desde arriba y desde abajo
El vídeo relata varios ejemplos concretos que se entrelazan con momentos “desde arriba” e iniciativas “desde abajo”. Por un lado, hitos históricos del camino interreligioso: el histórico encuentro organizado por el Papa Juan Pablo II en Asís en 1986 ; la visita del Papa Benedicto XVI a la Sinagoga de Roma en 2010 ; la firma del Documento sobre la Fraternidad Humana en Abu Dabi en 2019, bajo el pontificado del Papa Francisco; hasta los más recientes encuentros ecuménicos del Papa León XIV en el Vaticano.
Por otro lado, la intención de oración de este mes recuerda que el diálogo interreligioso no puede limitarse a los encuentros entre líderes. Por ello, las imágenes del video destacan experiencias organizadas a nivel local o por organizaciones eclesiales: el encuentro interreligioso organizado en Singapur en abril de 2025 por Cáritas y la Arquidiócesis para conmemorar el Día de la Tierra; o el evento “Una Familia Humana” organizado por el Movimiento de los Focolares entre mayo y junio de 2024. Son dos signos recientes y concretos de un diálogo que crea cercanía, confianza y cooperación cotidiana.
Nostra Aetate, 60 años fecundos
Esta intención de oración se enmarca en el 60º aniversario de Nostra Aetate, la Declaración del Concilio Vaticano II que transformó la relación de la Iglesia Católica con las demás religiones, abriendo el camino al diálogo, el respeto y la colaboración. La producción de El Video del Papa marca el inicio de un mes en el que están previstas diversas iniciativas para reflexionar sobre el legado del documento conciliar en la sociedad contemporánea.
Hace diez años, en el 50º aniversario de Nostra Aetate, el Papa Francisco destacó su actualidad, recordando que el camino del diálogo requiere conocimiento, respeto y estima mutuos, y que el mundo pide a los creyentes respuestas eficaces sobre la paz, el hambre, la pobreza, la crisis medioambiental y la violencia, especialmente la cometida en nombre de la religión. En ese contexto, el Papa subrayó también que los creyentes no tienen “recetas” para todos los problemas, pero sí un gran recurso: la oración, nuestro tesoro del que nos servimos según nuestras respectivas tradiciones.
Un compromiso que continúa
corazón.”
“Los encuentros entre los líderes de las distintas religiones” —continúa el P. Fones— “son siempre noticia, como es justo que sea, porque dan esperanza en un tiempo en el que la tentación del conflicto amenaza la necesidad de encontrarse. Pero la oración que lee el Papa León XIV este mes nos dice que la colaboración se construye incluso cuando no es noticia, es decir, en la vida cotidiana: conociéndose y respetándose, aprendiendo unos de otros, rezando juntos por la humanidad, defendiendo y promoviendo la paz en los lugares donde vivimos. Son
estilos de vida cotidianos que todos podemos elegir: buscar lo que nos une y trabajar por el bien común junto a nuestros hermanos y hermanas de distintas confesiones. Así, los creyentes se convierten en artesanos de paz y fraternidad. El Video del Papa de octubre indica un camino: reconocer la dignidad de cada persona, defender la justicia, sembrar la paz”.
Finalmente, en el contexto del Año Santo 2025, El Video del Papa adquiere especial relevancia ya que, a través de él, conocemos las intenciones de oración que el Papa tiene en su corazón. Para recibir debidamente las gracias de la indulgencia jubilar, es necesario rezar por las intenciones del Papa.
Con información de la Red Mundial de Oración del Papa
domingo, 28 de septiembre de 2025
Pueblos explotados y azotados por las guerras y la opulencia
sábado, 27 de septiembre de 2025
La gracia de la “intuición” y “sensus fidei” del pueblo de Dios que puede generar esperanza
El Papa: “Dios es sencillo y se revela a los sencillos”
Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano
“El Jubileo nos hace peregrinos de esperanza, porque intuimos una gran necesidad de renovación que nos concierne a nosotros y a toda la tierra”, expresó el Papa León XIV en la audiencia jubilar de este sábado 27 de septiembre en la plaza San Pedro del Vaticano que congregaba en esta ocasión a los 35.000 peregrinos del Jubileo de los Catequistas.
El Santo Padre inició centrándose en el verbo “intuir” que “describe un movimiento del espíritu, una inteligencia del corazón que Jesús encontró sobre todo en los pequeños, es decir, en las personas de alma humilde”.
“A menudo, en efecto, las personas instruidas intuyen poco, porque presumen de saber. Es bueno, en cambio, tener todavía espacio en la mente y en el corazón para que Dios se revele”, añadió el Papa.
Recordó León XIV que “Jesús se alegra de ello, se llena de gozo, porque se da cuenta de que los pequeños intuyen. Tienen el sensus fidei, que es como un ‘sexto sentido’ de la gente sencilla para las cosas de Dios. Dios es sencillo y se revela a los sencillos”.
La vocación de San Ambrosio
En este sentido, el Pontífice recordó un episodio que vivió la Iglesia en el siglo IV en Milán, Italia, “que muestra cómo la esperanza puede nacer de la capacidad de intuición del pueblo”.
“La Iglesia estaba desgarrada por grandes conflictos y la elección de un nuevo obispo se estaba convirtiendo en un verdadero tumulto. La autoridad civil, el gobernador Ambrosio, intervino y con una gran capacidad de escucha y mediación trajo la calma. Cuenta la historia que entonces se alzó la voz de un niño que gritó: ¡Ambrosio obispo! Y así también todo el pueblo exigió: ¡Ambrosio obispo!”
El Papa meditando sobre el llamado vacacional de este doctor de la Iglesia, menciona que “Ambrosio al principio no quiere, incluso huye. Luego se da cuenta de que es una llamada de Dios, así que se deja bautizar y ordenar obispo. Y se convierte en cristiano siendo obispo”.
El llamado a la vida cristiana
El Santo Padre refiere que hoy también pude ser posible pedir esa gracia: “¡hacerse cristiano viviendo la llamada recibida!”
“¿Eres mamá, eres papá? Hazte cristiano como mamá y papá. ¿Eres empresario, trabajador, profesor, sacerdote, monja? Hazte cristiano en tu camino. La gente tiene este "olfato": entiende si nos estamos haciendo cristianos o no. Y puede corregirnos, puede indicarnos la dirección de Jesús”, dijo León XIV.
“Intuir es una forma de esperar, ¡no lo olvidemos!”, insiste el Papa.
“Dios hace avanzar a su Iglesia, mostrándole nuevos caminos. Intuir es la nariz de los pequeños para el Reino que viene. ¡Que el Jubileo nos ayude a hacernos pequeños según el Evangelio para intuir y servir los sueños de Dios!”, finalizó el Santo Padre.
https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2025-09/el-papa-dios-es-sencillo-y-se-revela-a-los-sencillos.html
miércoles, 24 de septiembre de 2025
El Papa León XIV profundizó en el misterio del Sábado Santo
León XIV: Cristo desciende para salvarnos en nuestros infiernos cotidianos
Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano
En la audiencia general de hoy, ante las previsiones del tiempo que amenazaban lluvia, se dispuso que los fieles enfermos estuvieran al resguardo en el Aula Pablo VI. El Papa León XIV, antes de comenzar su catequesis, los saludó con estas palabras:
“Los bendeciré a cada uno de ustedes que han venido esta mañana. Estoy muy contento de estar con ustedes, ¡gracias por estar aquí! Ahora mismo hace sol fuera, pero dicen que va a llover, por lo que queremos que estén bajo techo. Así que, sin alargar más esto, que Dios los bendiga a todos y que el Señor les dé mucha paz en vuestro corazón. ¡Gracias!”
En su reflexión, en la Plaza de San Pedro, el Papa León XIV invitó a contemplar el Sábado Santo, ese día de aparente silencio en el que, sin embargo, se despliega una obra invisible de salvación: “Cristo desciende al reino de los infiernos para llevar el anuncio de la Resurrección a quienes estaban en la sombra de la muerte”, afirmó.
Descender a los infiernos: gesto más radical del amor de Dios
El Pontífice explicó que este gesto, transmitido por la liturgia y la tradición de la Iglesia, revela el amor de Dios en su forma más radical. No se trata solo de creer que Jesús murió por la humanidad, sino de reconocer que en su fidelidad Él quiso buscarnos en los lugares más oscuros de nuestra existencia.
“De hecho, no basta decir ni creer que Jesús ha muerto por nosotros: es necesario reconocer que la fidelidad de su amor ha querido buscarnos allí donde nosotros mismos nos habíamos perdido, allí donde se puede empujar solo la fuerza de una luz capaz de atravesar el dominio de las tinieblas.”
Sábado Santo: Cristo entra en las tinieblas para liberar, no para juzgar
En este sentido, recordó que los infiernos no deben entenderse únicamente como un lugar, sino como una condición existencial marcada por el dolor, la soledad, la culpa y la separación de Dios. “Cristo entra en estas realidades no para juzgar, sino para liberar; no para culpabilizar, sino para salvar”, dijo, comparando su acción con la de quien entra en silencio en una habitación de hospital para ofrecer consuelo.
La muerte nunca es la última palabra
El Papa evocó también la tradición patrística que describe el encuentro de Cristo con Adán en los infiernos, un símbolo de todos los encuentros posibles entre Dios y el hombre. En los iconos orientales, añadió, se representa a Jesús derribando las puertas del reino de la muerte y levantando a Adán y Eva, signo de una salvación que no es individual, sino comunitaria: “El Resucitado no se salva solo, sino que lleva consigo a toda la humanidad”.
“El Hijo de Dios se adentró en las tinieblas más espesas para alcanzar también al último de sus hermanos y hermanas, para llevar también allí abajo su luz. En este gesto está toda la fuerza y la ternura del anuncio pascual: la muerte nunca es la última palabra.”
Finalmente, León XIV destacó que el Sábado Santo es el día en que el cielo toca la tierra en lo más profundo de su historia. No existe pecado, herida o fracaso que quede fuera del alcance de la misericordia de Dios. “Descender no es una derrota para Dios, sino la plenitud de su amor”, concluyó, alentando a los fieles a confiar en que incluso desde el fondo más oscuro de la vida, Cristo puede inaugurar una nueva creación.
domingo, 21 de septiembre de 2025
León XIV señaló que la verdadera riqueza es “la amistad con el Señor y con los hermanos”.
El Papa: Usemos los bienes que Dios nos confía para construir un mundo más justo
Vatican News
En la catequesis del Ángelus del último domingo de septiembre, el Papa León XIV comentó la parábola evangélica del administrador deshonesto (Lc 16,1-13) y, completando lo que ya había ofrecido como meditación en la homilía de la misa celebrada en la parroquia de Santa Ana en el Vaticano, planteó una serie de preguntas sobre cómo administramos nuestra vida y los bienes recibidos. Un día seremos llamados a rendir cuentas de la gestión de los recursos de la tierra, ante Dios y ante los hombres, ante quienes vendrán después de nosotros. El Pontífice, por tanto, puso de relieve un fundamento: “No somos dueños de nuestra vida ni de los bienes de los que disfrutamos; todo nos ha sido dado como don por el Señor y Él ha confiado este patrimonio a nuestro cuidado, a nuestra libertad y responsabilidad”.
Los amigos, verdadera riqueza de este mundo
En su reflexión, el Santo Padre explicó el sentido del comportamiento y las valoraciones del administrador en el relato bíblico:
En esta difícil situación, comprende que la acumulación de bienes materiales no es lo más importante, porque las riquezas de este mundo son pasajeras; y entonces se le ocurre una idea brillante: llama a los deudores y «condona» sus deudas, renunciando así a la parte que le correspondería. De esta manera, pierde la riqueza material, pero gana amigos, que estarán dispuestos a ayudarlo y apoyarlo.
Salir del egoísmo
A continuación, el Papa Prevost evidenció la diligencia con la que el protagonista del pasaje evangélico sale de su soledad, de su egoísmo. Esto, advirtió, es lo que realmente importa:
Debemos usar los bienes del mundo y nuestra propia vida pensando en la verdadera riqueza, que es la amistad con el Señor y con los hermanos.
Construir el bien
Finalmente, el Obispo de Roma subrayó que lo que se necesita es el sentido de la justicia y la responsabilidad:
Podemos seguir el criterio del egoísmo, poniendo la riqueza en primer lugar y pensando solo en nosotros mismos; pero esto nos aísla de los demás y esparce el veneno de una competencia que a menudo genera conflictos. O bien podemos reconocer todo lo que tenemos como un don de Dios que debemos administrar, y utilizarlo como instrumento para compartir, para crear redes de amistad y solidaridad, para construir el bien, para construir un mundo más justo, más equitativo y más fraterno