jueves, 16 de julio de 2020

Pedirle a la Madre de Dios ayuda para “no mentir ni hablar en detrimento del prójimo”.

El Papa Francisco y la Virgen del Carmen. Créditos: ACI Prensa / Eduardo Berdejo
El Papa Francisco y la Virgen del Carmen. Créditos: ACI Prensa / Eduardo Berdejo
Así lo indicó el Santo Padre en su cuenta oficial de Twitter @Pontifex_

domingo, 12 de julio de 2020

La Palabra de Dios, semilla fecunda y eficaz


2020.07.12 Angelus2020.07.12 Angelus  (Vatican Media)


Ciudad del Vaticano
Es mediodía en la ciudad de Roma y el Papa Francisco da inicio a la oración del Ángelus. Cientos de peregrinos están distribuidos en la Plaza de San Pedro, respetando las medidas sanitarias para evitar la propagación del Covid-19.
El Papa francisco retoma el texto del Evangelio de Mateo 13,1-23, en el que Jesús cuenta a una gran multitud la parábola del sembrador. En este relato, afirma el Obispo de Roma hay “cuatro tipos diferentes de terreno. La Palabra de Dios, representada por las semillas, no es una Palabra abstracta, sino que es Cristo mismo, el Verbo del Padre que se ha encarnado en el vientre de María. Por lo tanto, acoger la Palabra de Dios quiere decir acoger la persona de Cristo”.

Distintas maneras de recibir la Palabra de Dios

El Papa identifica en el texto cuatro maneras de acoger la Palabra de Dios: como un camino, como un pedregal, como un terreno donde crecen arbustos y como el terreno bueno.
Acoger la palabra de Dios como un camino donde vienen los pájaros y se comen las semillas. Aquí, dice Francisco, “Es la distracción, un gran peligro de nuestro tiempo. Acosados por tantos chismorreos, por tantas ideologías, por las continuas posibilidades de distraerse dentro y fuera de casa, se puede perder el gusto del silencio, del recogimiento, del diálogo con el Señor, tanto como para arriesgar perder la fe”.
En el pedregal no abunda la tierra, afirma el Papa, “Allí la semilla brota en seguida, pero también se seca pronto, porque no consigue echar raíces en profundidad. Es la imagen del entusiasmo momentáneo pero que permanece superficial, no asimila la Palabra de Dios. Y así, ante la primera dificultad, un sufrimiento, una turbación de la vida, esa fe todavía débil se disuelve, como se seca la semilla que cae en medio de las piedras”.
En el terreno donde abundan los arbustos espinosos, las espinas se constituyen en “el engaño de la riqueza, del éxito, de las preocupaciones mundanas… Ahí la Palabra se ahoga y no trae fruto”.
Finalmente, el terreno bueno. Aquí enfatiza Francisco, “y solamente aquí la semilla arraiga y da fruto. La semilla que cae en este terreno fértil representa a aquellos que escuchan la Palabra, la acogen, la guardan en el corazón y la ponen en práctica en la vida de cada día”.

La Palabra de Dios, semilla fecunda y eficaz

El Papa Francisco afirma que la parábola del Sembrador “Nos recuerda que la Palabra de Dios es una semilla que en sí misma es fecunda y eficaz; y Dios la esparce por todos lados con generosidad, sin importar el desperdicio. ¡Así es el corazón de Dios! Cada uno de nosotros es un terreno sobre el que cae la semilla de la Palabra, ¡sin excluir a nadie!” Seguidamente, nos invita a cuestionarnos cómo cada uno de nosotros acogemos la Palabra de Dios y a identificar el tipo de terreno que somos.

La misión

Francisco nos invita a hacer madurar la semilla de la Palabra de Dios: “hacerla fructificar depende de nosotros, depende de la acogida que reservamos a esta semilla. A menudo estamos distraídos por demasiados intereses, por demasiados reclamos, y es difícil distinguir, entre tantas voces y tantas palabras, la del Señor, la única que hace libre. El Papa animó a quienes le escuchaban a llevar con ellos un ejemplar de la Palabra de Dios, “una edición de bolsillo del Evangelio, en tu bolsillo, en tu bolso... Y así, lee un trocito cada día, para que te acostumbres a leer la Palabra de Dios y entiendas bien qué semilla te ofrece Dios y pienses con qué tierra la recibo”.
Francisco terminó la reflexión invocando a la Virgen María, “modelo perfecto de tierra buena y fértil, nos ayude, con su oración, a convertirnos en tierra disponible sin espinas ni piedras, para que podamos dar buenos frutos para nosotros y para nuestros hermanos”.

jueves, 9 de julio de 2020

El emotivo mensaje del Papa Francisco a los curas villeros afectados por Coronavirus en Argentina

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El emotivo mensaje del Papa Francisco a los curas villeros afectados por Coronavirus en Argentina
El papa Francisco envió un video donde les habla a los curas que se contagiaron de coronavirus en la república Argentina.  Le habló al padre Bachi de Villa Palito, San Patesburgo y Puerta de Hierro.
“Queridos hermanos y hermanas, quiero estar cerca de ustedes en este momento que sé que la están peleando con oración, con la ayuda de los médicos”, comienza el testimonio del Papa Francisco.
Y continúa “3 de los curas que trabajan entre ustedes están enfermos, pienso principalmente en el padre Bacci, pionero de Villa Palito, que después trabajo en San Petesburgo, puerta de hierro, todos esos barrios a los cuales el dedica su vida. En este momento la está peleando porque no está bien”.
El máximo representante de dios en la tierra sostiene  “Quiero decirles que estoy cerca, que rezo por ustedes, que los acompaño en este momento, todo pueblo de dios junto a sus curas enfermos, es el momento de dar gracias a dios por el testimonio de su cura, pedirle por la salud y seguir adelante”.
El mensaje grabado en la santa sede finaliza con el sello característico y distintivo de Francisco: “Que dios los bendiga y no se olviden de rezar por mí”.

miércoles, 8 de julio de 2020

EN EL 7.º ANIVERSARIO DE LA VISITA A LAMPEDUSA HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

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Miércoles, 8 de julio de 2020




El salmo responsorial de hoy nos invita a una búsqueda constante del rostro del Señor: «Buscad continuamente el rostro del Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro» (Sal 104). Esta búsqueda constituye una actitud fundamental en la vida del creyente, que ha entendido que el objetivo final de la existencia es el encuentro con Dios.
La búsqueda del rostro de Dios es una garantía del éxito de nuestro viaje en este mundo, que es un éxodo hacia la verdadera Tierra prometida, la Patria celestial. El rostro de Dios es nuestra meta y también es nuestra estrella polar, que nos permite no perder el camino.
El pueblo de Israel, descrito por el profeta Oseas en la primera lectura (cf. 10,1-3.7-8.12), en ese momento era un pueblo extraviado, que había perdido de vista la Tierra prometida y deambulaba por el desierto de la iniquidad. La prosperidad y la riqueza abundante habían alejado del Señor el corazón de los israelitas y lo habían llenado de falsedad e injusticia.
Es un pecado del cual nosotros, cristianos de hoy, tampoco estamos exentos. «La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero no son nada, son la ilusión, ilusión de lo fútil, de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los otros, o mejor, lleva a la globalización de la indiferencia» (Homilía en Lampedusa, 8 julio 2013).
La exhortación de Oseas nos llega hoy como una invitación renovada a la conversión, a volver nuestros ojos al Señor para ver su rostro. El profeta dice: «Sembrad con justicia, recoged con amor. Poned al trabajo un terreno virgen. Es tiempo de consultar al Señor, hasta que venga y haga llover sobre vosotros la justicia» (10,12).
La búsqueda del rostro de Dios está motivada por el anhelo de un encuentro con el Señor, encuentro personal, un encuentro con su inmenso amor, con su poder que salva. Los doce apóstoles, de quienes nos habla el Evangelio de hoy (cf. Mt 10,1-7), tuvieron la gracia de encontrarlo físicamente en Jesucristo, Hijo de Dios encarnado. Él los llamó por su nombre, uno a uno —lo hemos escuchado—, mirándolos a los ojos; y ellos contemplaron su rostro, escucharon su voz, vieron sus prodigios. El encuentro personal con el Señor, un tiempo de gracia y salvación, lleva a la misión. Jesús les exhortó: «Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos» (v. 7). Encuentro y misión no se separan.
Este encuentro personal con Jesucristo también es posible para nosotros, que somos los discípulos del tercer milenio. Cuando buscamos el rostro del Señor, podemos reconocerlo en el rostro de los pobres, de los enfermos, de los abandonados y de los extranjeros que Dios pone en nuestro camino. Y este encuentro también se convierte para nosotros en un tiempo de gracia y salvación, confiriéndonos la misma misión encomendada a los apóstoles.
Hoy se cumplen siete años, el séptimo aniversario de mi visita a Lampedusa. A la luz de la Palabra de Dios, quisiera reiterar lo que dije a los participantes en el encuentro “Libres del miedo”, en febrero del año pasado: «El encuentro con el otro es también un encuentro con Cristo. Nos lo dijo Él mismo. Es Él quien llama a nuestra puerta hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo y encarcelado, pidiendo que lo encontremos y ayudemos, pidiendo poder desembarcar. Y si todavía tuviéramos alguna duda, esta es su clara palabra: “En verdad os digo, que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40)».
«Cuanto hicisteis...», para bien o para mal. Esta advertencia es hoy de gran actualidad. Todos deberíamos tenerlo como punto fundamental en nuestro examen de conciencia, el que hacemos todos los días. Pienso en Libia, en los campos de detención, en los abusos y en la violencia que sufren los migrantes, en los viajes de esperanza, en los rescates y en los rechazos. «Cuanto hicisteis…, a mí me lo hicisteis».
Recuerdo ese día, hace siete años, justo en el sur de Europa, en esa isla... Algunos me contaron sus propias historias, cuánto habían sufrido para llegar allí. Y había intérpretes. Uno contaba cosas terribles en su idioma, y ​​el intérprete parecía traducir bien; pero aquel habló mucho y la traducción fue breve. “Bueno —pensé— ese idioma da más vueltas para poder expresarse”. Cuando llegué a casa por la tarde en la recepción, había una señora —descanse en paz, ha fallecido—, que era hija de etíopes. Ella entendía el idioma y había visto el encuentro a través de la televisión. Y me dijo esto: “Perdone, lo que le dijo el traductor etíope ni siquiera es la cuarta parte de la tortura, del sufrimiento que han experimentado”. Me dieron la versión “destilada”. Esto sucede hoy con Libia: nos dan una versión “destilada”. La guerra es mala, lo sabemos, pero no os imagináis el infierno que se vive allí, en esos campos de detención. Y esas personas sólo vinieron con la esperanza de cruzar el mar.
Que la Virgen María, Solacium migrantium (Ayuda de los migrantes), nos haga descubrir el rostro de su Hijo en todos los hermanos y hermanas obligados a huir de su tierra por tantas injusticias que aún afligen a nuestro mundo.



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domingo, 5 de julio de 2020

Jesús habla "hoy" a todos los hombres de buena voluntad


Jesús no es un “un modelo para los resignados ni simplemente una víctima”, sino que es "el modelo de los pobres de espíritu y de todos los otros bienaventurados del Evangelio, que cumplen la voluntad de Dios y testimonian su Reino". A ellos se dirige "hoy" en un mundo que exalta a quien se hace rico y poderoso, llamándolos a ser "constructores de una nueva humanidad". Ángelus de este domingo 5 de julio.

Jesús habla “hoy” a todos los hombres de buena voluntad, y les da la alegría de ser "constructores de la nueva humanidad". Asomándose a la ventana del Palacio Apostólico, el Papa Francisco comentó el pasaje evangélico de este domingo 5 de julio, Mateo, capítulo 11 versículos 25 al 30. Este Evangelio, enseñó el Santo Padre, está dividido en tres partes: primero Jesús alza un himno de bendición y de agradecimiento al Padre, porque ha revelado a los pobres y a los sencillos el misterio del Reino de los cielos; después desvela la relación íntima y singular que hay entre Él y el Padre; y finalmente invita a acudir a Él y a seguirlo para encontrar alivio.

El Padre se revela a quienes se abren con confianza a Él

Hablando de la primera parte, en que Jesús alaba al Padre porque ha ocultado los secretos de su Reino, su Verdad, a los “sabios e inteligentes”, Francisco explicó que los llama de este modo, “con un velo de ironía” porque “presumen" que son sabios, inteligentes, y, por lo tanto, muchas veces “tienen el corazón cerrado”.
La verdadera sabiduría también viene del corazón; no es sólo entender las ideas: la verdadera sabiduría también entra en el corazón. Si sabes muchas cosas y tienes el corazón cerrado, no eres sabio.
Jesús dice, en cambio, que los misterios de su Padre han sido revelados a los “pequeños”, es decir, a los que se abren con confianza a su Palabra de salvación, sienten la necesidad de Él y esperan todo de Él.

Esta comunión única es como una flor que brota, para revelar gratuitamente su belleza y su bondad. Y de aquí la invitación de Jesús: «Vengan a mí…» (v. 28). Él quiere donar lo que toma del Padre.
 Quiere donarnos la Verdad, y la Verdad de Jesús es siempre libre: es un don, es el Espíritu Santo, la Verdad.Luego, cuando Jesús explica que ha recibido todo del Padre, lo llama “mi Padre” para afirmar la unicidad de su relación con Él. Esto porque “solo entre el Hijo y el Padre hay total reciprocidad: el uno conoce al otro, el uno vive en el otro”.

Jesús, como el Padre, tiene preferencia por los pequeños

En esa unicidad del Padre y del Hijo, como el Padre tiene una preferencia por los pequeños, también Jesús, manso y humilde de corazón, se dirige a los “cansados y oprimidos”, y se pone en medio de ellos. Él no es un “un modelo para los resignados ni simplemente una víctima”, indicó el Pontífice, sino que es “el Hombre que vive de corazón” esta condición, en plena trasparencia al amor del Padre, es decir, “al Espíritu Santo”.
Él es el modelo de los «pobres de espíritu» y de todos los otros “bienaventurados” del Evangelio, que cumplen la voluntad de Dios y testimonian su Reino.

Jesús habla “hoy” a todos los hombres de buena voluntad

Por último, el Santo Padre habló del “descanso” que Cristo ofrece a los cansados y oprimidos: este “no es un alivio solamente psicológico o una limosna donada, sino la alegría de los pobres de ser evangelizados y constructores de la nueva humanidad”. Esto es, dijo el Papa, “el alivio y la alegría única que nos da Jesús, su propia alegría”.
Encomendando a María, la más humilde y la más alta entre las criaturas”, que “implore a Dios para nosotros la sabiduría del corazón, para que sepamos discernir sus signos en nuestra vida y ser partícipes de esos misterios que, ocultos a los soberbios, son revelados a los humildes”, el Santo Padre rezó la oración mariana del Ángelus:

jueves, 2 de julio de 2020

La oración del Papa Francisco por Georg Ratzinger

El Papa Francisco escribió una carta a su predecesor, Benedicto XVI, expresando su cercanía espiritual y su oración tras la muerte de su hermano, Monseñor Georg Ratzinger.
Ciudad del Vaticano
Una oración de sufragio para Monseñor Georg Ratzinger, hermano de Benedicto XVI, y una oración para el Papa emérito, "para que sea consolado en este momento de dolor". Esto es lo que el Papa Francisco asegura en una carta enviada a su predecesor por la muerte de su querido hermano, a quien Joseph Ratzinger visitó recientemente el pasado 18 de junio, enfrentándose a la fatiga del viaje a Alemania con el fin de poder verlo por última vez y darle un último adiós.

"Usted - escribe el Papa Francisco a Benedicto - tuvo la delicadeza de informarme en primer lugar de la noticia de la muerte de su querido hermano Monseñor Georg. Deseo renovarle la expresión de mis más sentidas condolencias y cercanía espiritual en este momento de dolor".
"Le aseguro mi oración de sufragio por el difunto - continúa el Papa - para que el Señor de la vida, en su bondad misericordiosa, lo introduzca en la patria del cielo y le conceda el premio preparado para los fieles servidores del Evangelio".
"Y rezo también por usted, Su Santidad -concluye el Pontífice- invocando del Padre, por la intercesión de la Santísima Virgen María, el apoyo de la esperanza cristiana y el tierno consuelo divino. Siempre unidos en la adhesión a Cristo Resucitado, fuente de esperanza y paz".
Francisco se despide en la carta con las significativas palabras "filial y fraternalmente", expresando así el afecto y la devoción que le une a su predecesor.

martes, 30 de junio de 2020

El Papa a Prensa Católica: “protejan la comunicación por el bien de los demás”

El Papa Francisco envía un mensaje a los miembros de Asociación de Prensa Católica que están celebrando la Conferencia de Medios Católicos por primera vez de forma virtual desde hoy 30 de junio hasta el próximo 2 de julio 2020.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano
Por primera vez en su historia, la Asociación de Prensa Católica ha organizado la Conferencia de Medios Católicos de manera virtual, debido a la situación sanitaria por coronavirus. El tema de este año Together While Apart (Juntos mientras estamos separados) expresa elocuentemente el sentido de unión que, paradójicamente, ha surgido de la experiencia de distanciamiento social impuesta por la pandemia” ha dicho el Papa Francisco en su mensaje dirigido a los miembros de dicha Asociación. “De hecho – continúa – la experiencia de estos meses pasados nos ha demostrado que la misión de los medios de comunicación es esencial para acercar a las personas, acortar las distancias, proveer la información necesaria y abrir las mentes y los corazones a la verdad”.

Los medios deben proteger la comunicación, nunca distorsionarla

El Papa ha dado una clara definición de cómo deberían ser y comportarse los medios de comunicación en la actualidad: “Necesitamos medios de comunicación capaces de construir puentes, defender la vida y abatir los muros, visibles e invisibles, que impiden el diálogo sincero y la comunicación verdadera entre personas y comunidades”. Pero también se necesitan medios de comunicación – ha dicho – “que puedan ayudar a las personas, especialmente a los jóvenes, a distinguir el bien del mal; a desarrollar juicios sólidos basados en una presentación clara e imparcial de los hechos; y a comprender la importancia de trabajar por la justicia, la concordia social y el respeto a nuestra casa común”. Y a esto, ha añadido otra necesidad más: “necesitamos hombres y mujeres con sólidos valores que protejan la comunicación de todo lo que puede distorsionarla o desviarla hacia otros propósitos”.
En su mensaje destaca su invitación a “permanecer unidos” y ser “signo de unidad” entre ellos y recuerda que no importa el tamaño de un medio de comunicación, lo que importa es “ser miembros de un mismo cuerpo”: “Como en todo cuerpo, a menudo son los miembros más pequeños los que, al final, son los más necesarios. Lo mismo sucede en el cuerpo de Cristo. Cada uno de nosotros, dondequiera que nos encontremos, está llamado a contribuir, mediante la profesión de la verdad en el amor, al crecimiento de la Iglesia hasta su plena madurez en Cristo”.

Un buen comunicador se dedica al bien de los demás en todos los niveles

Además – dice – “la comunicación no es meramente una cuestión de competencia profesional” y pone en relieve cuales deben ser las características de un buen comunicador: “un verdadero comunicador se dedica completamente al bien de los demás en todos los niveles, desde la vida de cada persona a la vida de toda la familia humana. No podemos comunicar verdaderamente si no nos involucramos personalmente, si no podemos testimoniar personalmente la verdad del mensaje que transmitimos”.
Francisco además ha evocado sobre los trabajadores de la Asociación “la efusión de los dones del Espíritu Santo de sabiduría, entendimiento y consejo” pues tal y como ha explicado: “solamente la mirada del Espíritu nos permite no cerrar los ojos ante los que sufren y buscar el verdadero bien para todos. Solamente con esa mirada podemos trabajar eficazmente para superar las enfermedades del racismo, la injusticia y la indiferencia, que desfiguran el rostro de nuestra común familia”.

Los comunicadores cristianos deben reivindicar la verdad

Al final de su mensaje, destaca su deseo final, para que los miembros de la Asociación de Prensa Católica través de su dedicación y su trabajo diario, “puedan ayudar a los demás a contemplar las situaciones y las personas con los ojos del Espíritu, para cuando nuestro mundo hable apresuradamente con adjetivos y adverbios, los comunicadores cristianos hablen con sustantivos que reconozcan y presenten la silenciosa reivindicación de la verdad y promuevan la dignidad humana y donde el mundo ve conflictos y divisiones, puedan ustedes mirar a los pobres y a quienes sufren, y dar voz a las súplicas de nuestros hermanos y hermanas necesitados de misericordia y comprensión”.