miércoles, 25 de marzo de 2020

Biblioteca del Palacio Apostólico Miércoles, 25 de marzo de 2020

PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Biblioteca del Palacio Apostólico
Miércoles, 25 de marzo de 2020


Queridos hermanos y hermanas:
Hoy celebramos la solemnidad de la Anunciación del Señor.  Hace 25 años, san Juan Pablo II promulgó la Encíclica Evangelium vitae, sobre el valor y la inviolabilidad de la vida humana. Este santo pontífice presentaba el ejemplo de la Virgen María que acogió a Dios en el momento del anuncio del Ángel Gabriel, y desde entonces se comprometió a hacerse cargo de esa nueva vida que nacía en sus entrañas.
Hoy, ante esta pandemia que estamos viviendo y que amenaza la vida humana, recordamos a tantas personas que se prodigan en el servicio de los enfermos, de los ancianos y de los que están solos. Nuestras sociedades necesitan que difundamos más allá de las emergencias, como la de ahora, esa cultura de la solidaridad, del cuidado y de la acogida, contribuyendo a crear un mundo cada vez más humano, con coraje en la palabra y valentía en las acciones.
Esto significa responsabilizarnos del que sufre, del marginado, del que no es capaz de avanzar por sus propios medios, porque todos ellos tienen derecho a gozar de la plenitud de la vida, y para todos ellos la Iglesia debe tener entrañas de madre.

Saludos:
Saludo a los fieles de lengua española que siguen esta catequesis a través de los medios de comunicación. En estos momentos en que toda la humanidad está sufriendo a causa de la pandemia, los exhorto a implorar la protección de María y la intercesión del Papa san Juan Pablo II, para que toda vida humana sea valorada, respetada, defendida y amada; así se hallará justicia, paz y felicidad. Que Dios los bendiga.



© Copyright - Libreria Editrice Vaticana

martes, 24 de marzo de 2020

“Oremos por el fin de la pandemia”

El Papa Invoca A La "Salus Populi Romani" © Vatican Media

Red Mundial de Oración del Papa

(zenit – 24 marzo 2020).- En una edición especial de ‘El Video del Papa’, el Santo Padre pide rezar por los enfermos y los que sufren, al tiempo que agradece a quienes, todos unidos y sin importar su tradición religiosa o convicciones, oran por los afectados.
La Red Mundial de Oración del Papa ha lanzado esta edición especial de ‘El Video del Papa’ el 24 de marzo de 2020, además de la Intención de Oración para marzo dedicada a los católicos chinos.
Las imágenes del video muestran al Papa Francisco rezando ante María Santísima, a quien dirigió una oración especial ante la emergencia de la pandemia, el pasado 11 de marzo, a través de un video mensaje: “Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies las súplicas de los que estamos sometidos a pruebas y líbranos de todo peligro, oh gloriosa y bendita Virgen”.
Gestos del Papa 
Esta no es la primera vez que el Papa reza por el fin de la pandemia. El pasado domingo, 15 de marzo, encomendó a afectados por el virus a la Virgen, ante el ícono de la Salus Populi Romani, imagen muy venerada en Roma, y después, se dirigió en peregrinación hacia la iglesia de San Marcello al Corso, donde se halla el crucifijo que en 1522 fue llevado en procesión para acabar con la peste en Roma, pidió por el fin de la pandemia.
Asimismo, el día de san José se unió a los obispos italianos para rezar el Rosario al patrono de la Iglesia Universal, y dirigió un video mensaje a todas las personas que oraron unidos.
El Santo Padre celebra cada mañana la Misa en la capilla de su residencia, la Casa Santa Marta, a las 7 horas. De manera extraordinaria, desde el 17 de marzo, al terminar la Eucaristía, Francisco bendice y expone al Santísimo Sacramento, para adorarlo durante un rato de silencio y oración.
Desde el 11 de marzo, además, se reza el Ángelus en la basílica de San Pedro, por iniciativa del cardenal Angelo Comastri, vicario general de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano, “para invocar la intercesión de María en este difícil momento” de epidemia del coronavirus.
Bendición Urbi et Orbi
Además, el Santo Padre ha convocado a todos los fieles a rezar unidos a él la oración del Padre Nuestro, el próximo miércoles 25 de marzo, día de la Anunciación a la Virgen, y exhorta a “todos los Jefes de las Iglesias y a los líderes de todas las comunidades cristianas, junto con todos los cristianos de las distintas confesiones, a invocar al Altísimo y Dios Omnipotente” y “a rezar el Padre Nuestro al mediodía”.
El viernes 27 de marzo, en cambio, el Pontífice ha anunciado que será un tiempo de oración y adoración del Santísimo Sacramento, al final del cual dará “la bendición Urbi et Orbi” con la “posibilidad de recibir la indulgencia plenaria”.

domingo, 22 de marzo de 2020

Cuaresma tiempo de misericordia

Ángelus, 22 Marzo 2020 © Vatican Media

Palabras del Papa antes del Ángelus

(zenit – 22 marzo 2020).- A las 12 del mediodía de este domingo, 22 de marzo de 2020, el Papa Francisco ha dirigido el rezo del Ángelus desde la Biblioteca del Palacio Apostólico Vaticano.
Palabras del Papa antes del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el centro de la liturgia de este cuarto domingo de Cuaresma está el tema de la luz. El Evangelio (cf. Jn 9,1-41) relata el episodio del ciego de nacimiento, al que Jesús da la vista.
Este signo milagroso es la confirmación de la afirmación de Jesús que dice de sí mismo: “Yo soy la luz del mundo” (v. 5), la luz que ilumina nuestra oscuridad. Él opera la iluminación en dos niveles: uno física y otro espiritual: el ciego primero recibe la vista de los ojos y luego es llevado a la fe en el “Hijo del Hombre” (v. 35), es decir, en Jesús.
Hoy sería bueno que todos tomen el Evangelio de San Juan, capítulo nueve, y que lean este pasaje: es tan hermoso, y nos hará bien leerlo más de una vez. Los prodigios que Jesús realiza no son gestos espectaculares, sino que están destinados a conducir a la fe a través de un camino de transformación interior.
Los fariseos y los doctores de la ley se obstinan en no admitir el milagro, y dirigen al hombre sanado preguntas insidiosas. Pero Él los desconcierta con la fuerza de la realidad: “Una cosa sí sé: estaba ciego y ahora veo” (v. 25). Entre la desconfianza y la hostilidad de los que le rodean y le interrogan con incredulidad, hace un itinerario que lo lleva gradualmente a descubrir la identidad de aquel que le abrió los ojos y a confesar  su fe en Él. Al principio lo considera un profeta (cf. v. 17); luego lo reconoce como alguien que viene de Dios (cf. v. 33); finalmente lo acoge como el Mesías y se postra ante Él (cf. vv. 36-38). Comprendió que al darle la vista, Jesús “manifestó las obras de Dios” (cf. v. 3).
¡Que nosotros también podamos tener esta experiencia! Con la luz de la fe, el ciego descubre su nueva identidad. Ahora es una “nueva criatura”, capaz de ver su vida y el mundo que le rodea, bajo una nueva luz… porque ha entrado en comunión con Cristo, ha entrado en otra dimensión. Ya no es un mendigo marginado por la comunidad; ya no es esclavo de la ceguera y del prejuicio. Su camino de iluminación es una metáfora del camino de la liberación del pecado al que estamos llamados. El pecado es como un velo oscuro que cubre nuestro rostro y nos impide vernos claramente  a nosotros mismos y al mundo; el perdón del Señor nos quita este manto de sombra y oscuridad y nos da nueva luz.
La Cuaresma que estamos viviendo que sea un tiempo oportuno y precioso para acercarnos al Señor, pidiendo su misericordia, en las diferentes formas que la Madre Iglesia nos propone. El ciego curado, que ahora ve con los ojos del cuerpo y con los del alma, es imagen de cada bautizado, que inmerso en la gracia ha sido arrancado de las tinieblas y colocado en luz de la fe. Pero no basta con recibir la luz, hay que convertirse en luz. Cada uno de nosotros está llamado a acoger la luz divina para manifestarla con toda nuestra vida.
Los primeros cristianos, teólogos de los primeros siglos, decían que la comunidad de los cristianos, es decir, la Iglesia, es el “misterio de la luna”, porque daba luz pero no era luz propia, era la luz que recibía de Cristo. Nosotros también debemos ser “misterio de la luna”: dar la luz recibida del sol, que es Cristo, el Señor. San Pablo nos lo recuerda hoy:
“Compórtense, pues, como hijos de la luz; el fruto de la luz consiste en todo bien, justicia y… verdad” (Ef 5:8-9). La semilla de la nueva vida puesta en nosotros en el Bautismo es como la chispa de un fuego, que nos purifica en primer lugar, quemando el mal en nuestros corazones, y nos permite brillar e iluminar con la luz de Jesús.
Que María Santísima nos ayude a imitar al ciego del Evangelio, para que seamos inundados con la luz de Cristo y emprender con él el camino de la salvación.

About Raquel Anillo

viernes, 20 de marzo de 2020

Papa Francisco: “Solo podemos salir de esta situación juntos”

Declaraciones en el diario ‘La Stampa’

(zenit – 20 marzo 2020).- “Aquí se llora y se sufre. Todos. Solo podemos salir de esta situación juntos, como humanidad entera”, señala el Papa Francisco. Por ello, debemos “mirar al otro con un espíritu de solidaridad” y comportarnos de modo consecuente.
Estas declaraciones fueron realizadas por el Santo Padre en una conversación con el vaticanista del diario italiano La Stampa, Domenico Agasso, y recogidas por Vatican News.
Penitencia, compasión y esperanza
Francisco indica que este momento debe ser vivido “con penitencia, compasión y esperanza”. “Y con humildad, ya que en muchas ocasiones olvidamos que en la vida hay “zonas oscuras”, momentos sombríos.
“Creemos que solo pueden ocurrirle a alguien más. En cambio, este tiempo es oscuro para todos, nadie está excluido. Está marcado por el dolor y las sombras que han entrado en nuestra casa. Es una situación diferente a las que hemos vivido. También porque nadie puede permitirse el lujo de estar tranquilo, todos comparten estos días difíciles”, apunta.
Cuaresma
La Cuaresma, prosigue el Papa, “con la oración y el ayuno, nos adiestra para mirar con solidaridad a los demás, especialmente a los que sufren. Esperando el resplandor de esa luz que de nuevo iluminará todo y a todos”
En cuanto a la oración, expresa: “Me recuerda a los Apóstoles en la tormenta que invocan a Jesús: ‘Maestro, nos estamos ahogando’. La oración nos hace entender nuestra vulnerabilidad. Es el grito de los pobres, de los que se hunden, que se sienten en peligro, solos. Y en una situación difícil y desesperada, es importante saber que hay un Señor al que aferrarse”. Y Dios “nos apoya de muchas maneras. Nos transmite fortaleza y cercanía, como lo hizo con los discípulos que pedían ayuda en la tormenta. O cuando le dio la mano a Pedro que se estaba ahogando”.
Todos estamos en el mismo barco
Del mismo modo, el Pontífice no desea distinguir “entre creyentes y no creyentes”. “Todos somos humanos y como hombres estamos todos en el mismo barco. Y ninguna cosa humana debe ser ajena a un cristiano. Aquí lloramos porque sufrimos. Todos. Tenemos en común la humanidad y el sufrimiento”.
“Nos ayuda la sinergia, la colaboración recíproca, el sentido de la responsabilidad y el espíritu de sacrificio que se genera en tantos lugares. No debemos hacer una diferencia entre creyentes y no creyentes, vayamos a la raíz: la humanidad. Ante Dios todos somos hijos”, agrega.
La soledad y el trabajo de los sanitarios
Después, el Obispo de Roma se refirió a la soledad de aquellos que mueren sin el consuelo de sus familiares: “En estos días me han contado una historia que me ha impactado y dolido, también porque representa lo que sucede en los hospitales. Una anciana comprendió que se estaba muriendo y quiso despedirse de sus seres queridos: la enfermera le tomó el teléfono móvil y llamó a su nieta por vídeo, así que la anciana vio la cara de su nieta y pudo irse con este consuelo. Es la necesidad final de tener una mano para sostener tu mano. De un gesto final de acompañamiento”.
Y continúa subrayando cómo “muchas enfermeras y enfermeros acompañan este deseo extremo con sus oídos, escuchando el dolor de la soledad, tomando la mano. El dolor de los que se fueron sin despedirse se convierte en una herida en el corazón de los que se quedan”.
“Agradezco a todas estas enfermeras y enfermeros, médicos y voluntarios que, a pesar del extraordinario cansancio, se disponen con paciencia y bondad de corazón para suplir la ausencia obligada de los familiares”, dijo el Santo Padre.
Raíces, memoria, hermandad y esperanza
En cuanto a las consecuencias que esta situación tendrá para nuestro futuro, el Papa Francisco considera que dijo lo que está sucediendo servirá “para recordar a los hombres de una vez por todas que la humanidad es una sola comunidad. Y cuán importante y decisiva es la fraternidad universal. Debemos pensar que será un poco como una posguerra. Ya no habrá ‘el otro’, sino que será ‘nosotros’. Porque solo podemos salir de esta situación todos juntos”.
“Tendremos que mirar aun más a las raíces: los abuelos, los ancianos. Construir una verdadera hermandad entre nosotros. Hacer memoria de esta difícil experiencia que todos vivimos juntos. Y seguir adelante con esperanza, que jamás defrauda. Estas serán las palabras clave para empezar de nuevo: raíces, memoria, hermandad y esperanza”, concluye.

About Larissa I. López

jueves, 19 de marzo de 2020

Francisco invoca a san José para liberar al mundo de la pandemia

El Papa reza el Vía Crucis escrito por los jóvenes, 30/03/2018 © Vatican Media
El Papa Reza El Vía Crucis Escrito Por Los Jóvenes, 30/03/2018 © Vatican Media

Unión espiritual con el rezo del Rosario a las 21

(zenit – 19 marzo 2020)- “Con la Virgen Madre, suplica al Señor que libere al mundo de cualquier forma de pandemia”, pide el Papa Francisco a san José.
Mediante un videomensaje, el Santo Padre invoca a san José para que proteja al mundo y exhorta a todos a la esperanza y al ejercicio de la proximidad en familia, a través de la caridad, la comprensión, la paciencia y el perdón.
Unión del Papa
Esta noche a las 21 horas, el Santo Padre se unirá desde Santa Marta al Rosario promovido por los obispos italianos, tal y como se anunció ayer durante la audiencia general.
El Papa introducirá la oración con un mensaje en el que invita a cada familia, a cada creyente, a cada comunidad religiosa a dirigirse al Señor para que guarde de manera especial a cada familia, especialmente a los enfermos y a las personas que los cuidan”, informa en un comunicado Matteo Bruni, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede.
El rezo del Rosario de los obispos italianos será transmitido por TV2000, así como el mensaje de video del Papa Francisco. También se distribuirán a través de los canales de Vatican Media: satélite Hispasat para las Américas; Ses satélite para el África subsahariana; y satélite Hot Bird para Europa y Oriente Medio. Además, la agencia zenit compartirá la emisión en directo a través de su página de Facebook.
Iniciativa de los obispos italianos
Este gesto surge, efectivamente, después de que la que Conferencia Episcopal Italiana (CEI) promoviera hoy en todo el país, el rezo del Rosario, los Misterios Luminosos, desde casa, en un acto de unión simbólica.
Así lo explica el Papa en el video: “Queridos hermanos y hermanas, me uno a la oración que la Conferencia Episcopal ha querido promover, como un signo de unidad para todo el país”.
Disponibilidad y acogida
“En esta situación sin precedentes, en la que todo parece fallar, ayudémonos a mantenernos firmes en lo que realmente importa. Es una indicación del camino que encuentro en muchas cartas de sus pastores que, al compartir un momento tan dramático, intentan sostener son su palabra vuestra esperanza y vuestra fe”, continúa.
El Pontífice resalta que el Rosario “es la oración de los humildes y de los santos” y recuerda que debemos hacer que esta experiencia que estamos viviendo a causa del coronavirus nos acerque más a nuestros allegados: ”La verdad de esta experiencia se mide en la relación con los otros, que en este momento coinciden con los familiares más cercanos: acerquémonos unos a otros, ejerciendo ante todo caridad, comprensión, paciencia, perdón”.
Asimismo, añade: “Por necesidad, nuestros espacios pueden haberse reducido a las paredes de la casa, pero tengan un corazón más grande, donde el otro pueda encontrar siempre disponibilidad y acogida”.
Rezar unidos
A continuación, el Obispo de Roma solicita que esta noche: “Recemos unidos, encomendándonos a la intercesión de San José, Custodio de la Sagrada Familia, Custodio de cada una de nuestras familias. También el carpintero de Nazaret experimentó la precariedad y la amargura, la preocupación por el mañana; pero ha sabido caminar en la oscuridad de ciertos momentos, dejándose guiar siempre sin reservas por la voluntad de Dios.”
Finalmente, el Obispo de Roma expone a san José la siguiente súplica.
Súplica del Santo Padre
Protege, Santo Custodio, este país nuestro.
Ilumina a los responsables del bien común, para que ellos sepan – como tú – cuidar a las personas a quienes se les confía su responsabilidad.
Da la inteligencia de la ciencia a quienes buscan los medios adecuados para la salud y el bienestar físico de los hermanos.
Apoya a quienes se sacrifican por los necesitados: los voluntarios, enfermeros, médicos, que están a la vanguardia del tratamiento de los enfermos, incluso a costa de su propia seguridad.
Bendice, San José, la Iglesia: a partir de sus ministros, conviértela en un signo e instrumento de tu luz y tu bondad.
Acompaña, San José, a las familias: con tu silencio de oración, construye armonía entre padres e hijos, especialmente en los más pequeños.
Preserva a los ancianos de la soledad: asegura que ninguno sea dejado en la desesperación por el abandono y el desánimo.
Consuela a los más frágiles, alienta a los que flaquean, intercede por los pobres.
Con la Virgen Madre, suplica al Señor que libere al mundo de cualquier forma de pandemia.
Amén.

miércoles, 18 de marzo de 2020

La misericordia, “centro del cristianismo”

Audiencia General 18 Marzo 2020, Vía Streaming © Vatican Media

Palabras en español

(zenit – 18 marzo 2020).- “Del Señor aprendemos a ser misericordiosos, pues Él nos precede y nos perdona antes; y al experimentar su perdón en nosotros, somos capaces de perdonar. La misericordia está al centro del cristianismo, y es la meta de todo camino espiritual; es uno de los frutos más bellos de la caridad, que nos hace libres y felices”.
Estas palabras han sido pronunciadas por el Papa Francisco hoy, 18 de marzo de 2020, en la audiencia general celebrada en la biblioteca del Palacio Apostólico y transmitida en streaming, como medida de medida adoptada por el Vaticano para evitar aglomeraciones en la plaza de San Pedro y frenar los contagios del Covid-19.
Durante la misma, el Santo Padre retomó la serie de catequesis sobre las bienaventuranzas. En concreto sobre la quinta beatitud: “Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt 5,7).
Reciprocidad de la misericordia
En esta bienaventuranza, explicó Francisco, “coinciden la causa y el fruto de la misma. Aquellos que ejercitan la misericordia serán ‘misericordiados’”. Y resaltó que este tema del perdón recíproco “está presente en toda la enseñanza del Señor, de modo particular, en la oración del padrenuestro en la que pedimos: ‘Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden’”.
Del mismo modo, el Papa subrayó que existen dos elementos inseparables, el perdón recibido y el perdón que se ofrece: “El hecho de la reciprocidad de la misericordia indica que tenemos que cambiar de perspectiva; no podemos denegar el perdón a quien nos ha ofendido, por muy difícil que sea, porque necesitamos recordar que sólo “perdonando a los demás, somos perdonados por Dios”.

About Larissa I. López

El Papa en Santa Marta ora por los que murieron a causa del coronavirus


Este 18 de marzo, en la Misa en Santa Marta, el Santo Padre elevó una oración especial por los trabajadores de salud que murieron ayudando a los pacientes con coronavirus. En su homilía, recordó que Dios está siempre cerca de nosotros y en este difícil momento nos pide que estemos cerca unos de otros.

Vatican News
En la Misa matutina celebrada y transmitida en vivo desde la Capilla de la Casa Santa Marta, el Papa Francisco manifestó su cercanía a todas las personas que están sufriendo esta pandemia del coronavirus. Hoy, el Pontífice la intención de oración la ha querido dedicar a todos aquellos que han perdido la vida a causa de esta enfermedad:
“Recemos hoy por los difuntos, aquellos que a causa del virus han perdido la vida; de manera especial, me gustaría que rezáramos por los trabajadores de salud que han muerto en estos días. Han donado sus vidas al servicio de los enfermos”.
En su homilía, comentando las lecturas que presenta la liturgia este miércoles de la III Semana de Cuaresma, el Papa Francisco recordó que, nuestro Dios, es un Dios cercano a su pueblo y en este momento difícil nos pide que estemos cerca unos de otros.
A continuación el texto de la homilía según nuestra transcripción y al mismo tiempo te invitamos a seguir la Santa Misa (video integral) desde nuestro canal de Youtube:
El tema de ambas lecturas de hoy es la Ley. La Ley que Dios da a su pueblo. La Ley que el Señor quiso darnos y que Jesús quiso llevar a la más alta perfección. Pero hay una cosa que llama la atención: la forma en que Dios da la Ley. Moisés dice: "Porque ¿qué gran nación tiene a sus dioses tan cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros cada vez que lo invocamos? El Señor da la Ley a su pueblo con una actitud de cercanía. No se trata de prescripciones de un gobernante, que puede estar lejos, o de un dictador... No: es la cercanía; y nosotros sabemos por revelación que es una cercanía paternal, de un padre, que acompaña a su pueblo dándole el don de la Ley. El Dios cercano. "De hecho, ¿qué gran nación tiene a sus dioses tan cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros cada vez que lo invocamos?".
Nuestro Dios es el Dios de la cercanía, es un Dios cercano, que camina con su pueblo. Esa imagen en el desierto, en el Éxodo, la nube, la columna de fuego para proteger al pueblo: Él camina con su pueblo. No es un Dios que deja las prescripciones escritas, "y sigue adelante". Hace las prescripciones, las escribe con sus propias manos en la piedra, se las da a Moisés, pero no deja las prescripciones y se va: camina, está cerca. "¿Qué nación tiene un Dios tan cercano?" Es la cercanía. El nuestro es un Dios de la cercanía.
Y la primera respuesta del hombre, en las primeras páginas de la Biblia, son dos actitudes de no proximidad. Nuestra respuesta siempre es alejarnos, nos alejamos de Dios. Él se acerca y nosotros nos distanciamos. En esas dos primeras páginas, la primera actitud de Adán con su esposa, es esconderse: se esconden de la cercanía de Dios, se avergüenzan, porque han pecado, y el pecado nos lleva a escondernos, a no querer la cercanía. Y muchas veces, se hace una teología sólo pensada "en el juez", y por eso me escondo: tengo miedo.
La segunda actitud, humana, a la propuesta de esta cercanía de Dios es matar. Mata al hermano. "No soy el guardián de mi hermano". Dos actitudes que borran toda proximidad. El hombre rechaza la cercanía de Dios, él quiere ser amo de las relaciones y la cercanía siempre trae consigo alguna debilidad. El "Dios cercano" se vuelve débil, y cuanto más cercano se hace, más débil parece. Cuando viene a nosotros, a habitar con nosotros, se hace hombre, uno de nosotros: se hace débil y trae la debilidad hasta la muerte y la muerte más cruel, la muerte de los asesinos, la muerte de los más grandes pecadores. La proximidad humilla a Dios. Se humilla para estar con nosotros, para caminar con nosotros, para ayudarnos.
El "Dios cercano" nos habla de humildad. No es un "gran Dios", no... No. Está cerca. Está en casa. Y lo vemos en Jesús, Dios hecho hombre, cercano hasta la muerte, con sus discípulos: los acompaña, les enseña, los corrige con amor... Pensemos, por ejemplo, en la cercanía de Jesús a los angustiados discípulos de Emaús: estaban angustiados, fueron derrotados y Él se acerca a ellos lentamente, para hacerles comprender el mensaje de vida, de la resurrección.
Nuestro Dios es cercano y nos pide que estemos cerca unos de otros, no que nos alejemos unos de otros. Y en este momento de crisis por la pandemia que estamos viviendo, esta cercanía nos pide que la manifestemos más, que la mostremos más. No podemos, quizás, acercarnos físicamente por miedo al contagio, pero sí, podemos despertar en nosotros una actitud de cercanía entre nosotros: con la oración, con la ayuda, muchas formas de cercanía. ¿Y por qué deberíamos estar cerca el uno del otro? Porque nuestro Dios está cerca, quiso acompañarnos en la vida. Es el Dios de la cercanía. Por eso no somos personas aisladas: estamos cerca, porque la herencia que hemos recibido del Señor es la cercanía, es decir, el gesto de cercanía.
Pidamos al Señor la gracia de estar cerca unos de otros; no nos escondamos unos de otros; no nos lavemos las manos de los problemas de los demás, como hizo Caín: no. Juntos. Proximidad. Cercanía. "Porque ¿qué gran nación tiene a sus dioses tan cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros cada vez que lo invocamos?".