lunes, 17 de diciembre de 2018

Niños del dispensario de Santa Marta ayudan al Papa a soplar las velas, en su 82 cumpleaños © Vatican Media ¡Feliz 82 cumpleaños, Papa Francisco!” Resuena hoy en todos los idiomas



Niños del dispensario de Santa Marta ayudan al Papa a soplar las velas, en su 82 cumpleaños © Vatican Media


Niños Del Dispensario De Santa Marta Ayudan Al Papa A Soplar Las Velas, En Su 82 Cumpleaños © Vatican Media

DICIEMBRE 17, 2018 15:54PAPA Y SANTA SEDE


(ZENIT – 17 dic. 2018).- Felicitaciones de todos los rincones del mundo llegan al Papa Francisco en su 82 cumpleaños, este lunes, 17 de diciembre de 2018: Un “feliz aniversario” que resuenan en todos los idiomas.
En este día tan especial para el Santo Padre, disfrutará de un pastel de cumpleaños de mango, hecho por la heladería Hedera, a pocos metros del Vaticano en la calle Borgo Pio, quienes tradicionalmente elaboran el pastel de cumpleaños del Pontífice.
Ya el año pasado, en el 81º aniversario de su nacimiento, el Papa argentino lo festejó tomando un pastel de Hedera, y celebró comiendo pizza con niños del Dispensario de Pediatría de Santa Marta, el mismo grupo que estuvo presente ayer, domingo 16 de diciembre de 2018, en el Aula Pablo VI del Vaticano ayer, antes de rezar el Angelus.
Los medios de comunicación del Vaticano emiten un video que alterna imágenes del Papa, desde su juventud hasta hoy, y algunos testimonios expresados por los empleados del Vaticano, en francés, inglés, español, portugués, alemán, árabe, chino…
Los institutos del Vaticano, como la Biblioteca Vaticano, extienden sus deseos a través de las redes sociales. Varias embajadas ante la Santa Sede también le desearon al Pontífice un feliz cumpleaños en Twitter.
El presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, envió un mensaje al Papa dándole la bienvenida a su invitación a “enfrentar con coraje y justicia, los desafíos de hoy, llamando al diálogo y la comprensión para curar las heridas sociales y llevar a las personas a la reconciliación”.
Hijo de emigrantes piamonteses
Tal día como hoy, hace 82 años, nació Jorge Mario Bergoglio en Buenos Aires, Argentina. Hijo de emigrantes piamonteses, cuando era niño “decía que de grande le gustaría ser carnicero”, recoge Vatican News en español. Lo recuerda respondiendo a la pregunta de un niño el 31 de diciembre de 2015.
También le apasiona el canto, nacido de la costumbre de escuchar cada semana en la radio, con sus hermanos y su madre, una emisión de música lírica. Su padre le enseñó, desde muy joven, la importancia del trabajo. Trabajó en varias profesiones y se graduó como técnico químico.
Su abuela Rosa
Fue su abuela Rosa Margherita Vassallo, quien le ayudó a forjar más profundamente la fe. En 1958 entró en el seminario y decide hacer el noviciado entre los Padres Jesuitas.
Durante ese período, la enfermera Cornelia Caraglio, salvó su vida al convencer a un médico para que le administrara la dosis correcta de antibiótico para tratar la neumonía. El Papa agradece a esta “buena mujer, lo suficientemente valiente como para discutir con los médicos”, así lo narró a una delegación de enfermeras el pasado 3 de marzo, en expresión de su agradecimiento.
Ordenación sacerdotal
El día que recibió la Ordenación sacerdotal, en 1969, recibió una carta de su abuela Rosa, dirigida a todos sus nietos, que el joven Jorge Mario guarda en su breviario: “Que tengan una vida larga y feliz. Pero si algún día el dolor, la enfermedad o la pérdida de un ser querido les llenan de tristeza, recuerden que un suspiro frente al Tabernáculo, donde está el mayor y más augusto mártir, y una mirada a María, que está al pie de la cruz, puede dejar caer una gota de bálsamo sobre las heridas más profundas y dolorosas”.

About Rosa Die Alcolea

El Papa habla a los niños y bendice los “Bambinelli”


(ZENIT – 16 dic. 2018).- “Y ahora, en particular, me dirijo a ustedes, queridos niños de Roma, que vinieron para la bendición de los Bambinelli ” , dijo el Papa Francisco después del Ángelus del domingo 16 de diciembre de 2018, el tercer domingo de Adviento, dicho: “de Gaudete”, marcado por la alegría litúrgica y las vestiduras sacerdotales rosas.
El Papa saludó al obispo auxiliar del Centro de Roma, el obispo Gianrico Ruzza, quien acompañó a las familias y representantes de la escuela, y agradeció al Centro Romano del Patronato y a los voluntarios.
Es una tradición en Roma que los niños, sus familias, escuelas, comunidades, parroquias vienen a bendecir a los santones del “Niño Jesús” de sus pesebres por su obispo, el tercer domingo de Adviento, en la plaza San Pedro.
El Papa les explicó a los niños que iban a sentir “estupor” mientras contemplaban al Niño del pesebre: “Queridos hijos, cuando, en casa, se reúnan para orar frente al pesebre, fijando sus ojos en el Niño Jesús, sentirán estupor … ”
Un estupor que el Papa explica de la siguiente manera: “Usted me va a preguntar: ¿qué significa” estupor?” Es un sentimiento más fuerte y más que una emoción ordinaria. Es ver a Dios: el asombro ante el gran misterio de Dios hecho hombre”.
El Papa también insistió en  la humildad, la ternura y la bondad que proviene del pesebre y de Jesús: “Y es el Espíritu Santo quien pondrá en vuestro corazón la humildad, la ternura y la bondad de Jesús. Jesús es bueno, Jesús es tierno, Jesús es humilde. ¡Esa es la verdadera navidad! Que sea así para vosotros y los miembros de vuestra familia. Os bendigo a todos los “bambinelli “.
© Traducción de Zenit, Raquel Anillo

jueves, 13 de diciembre de 2018

“Que Jesús nos dé la gracia de una total confianza en Dios”

“La oración del Padrenuestro nos hace pedir lo que es esencial para nosotros”, tema de la catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 12 de diciembre de 2018.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano
“Continuamos con nuestra reflexión sobre el Padrenuestro. Jesús enseña esta oración a sus discípulos, es una oración breve, con siete peticiones, número que en la Biblia significa plenitud. Es también una oración audaz, porque Jesús invita a sus discípulos a dejar atrás el miedo y a acercarse a Dios con confianza filial, llamándolo familiarmente «Padre»”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General del segundo miércoles de diciembre de 2018, continuando con su ciclo de catequesis dedicadas a la oración del Padre Nuestro.

La palabra ‘Padre’, expresa confianza filial

El Santo Padre dijo que, Jesús invita a sus discípulos a acercarse a Dios y a dirigirle con confianza algunas peticiones: sobre todo en relación a Él y luego en relación a nosotros. “No hay preámbulos en el Padre Nuestro. Miren esto – subrayó el Pontífice – no hay preámbulos. Jesús no enseña fórmulas para congraciarse con el Señor; al contrario, nos invita a orar a Él, derribando las barreras de la dependencia y del miedo. No dice que se dirijan a Dios llamándolo ‘Todopoderoso’, o ‘Altísimo’, Tú que estas tan lejos de nosotros, yo soy un miserable. No, no. No dice así, sino simplemente «Padre», con toda simplicidad, como los niños se dirigen al papá. Y esta palabra ‘Padre, expresa confidencia y confianza filial”.

El Padre Nuestro nos hace pedir lo que es esencial

“El Padrenuestro – señaló el Papa Francisco – hunde sus raíces en la realidad concreta del hombre. Nos hace pedir lo que es esencial, como el ‘pan de cada día’, porque como nos enseña Jesús, la oración no es algo separado de la vida, sino que comienza con el primer llanto de nuestra existencia humana. Está presente donde quiera que haya un hombre que tiene hambre, que llora, que lucha, que sufre y anhela una respuesta que le explique su destino”. Jesús, en la oración, afirmó el Pontífice, no quiere apagar al ser humano, no quiere anestesiarlo. No quiere que nos deshagamos de preguntas y demandas aprendiendo a soportar todo. En cambio, quiere que todo sufrimiento, toda inquietud, se eleve al cielo y se convierta en diálogo.
“Tener fe, decía una persona, es un hábito de gritar”

¡Tu fe te ha salvado!

Recordando el pasaje del Evangelio que habla sobre el ciego Bartimeo, el Papa Francisco dijo que, todos debemos ser como él, como este hombre ciego que mendigaba en las puertas de Jericó. “A su alrededor había mucha gente buena que le decía que se callara: ¡quédate callado! Pasa el Señor. Cállate. No molestes. El Maestro tiene muchas cosas que hacer; no lo molestes. Tú eres fastidioso con tus gritos. No molestes. Pero él – precisó el Papa – no escuchaba esos consejos: con santa insistencia, pretendía que su condición miserable pudiera finalmente encontrar a Jesús”. Este ciego, subrayó el Santo Padre, gritaba fuerte, quería ser curado, quería ver. “Y Jesús le devuelve la vista y le dice: Tu fe te ha salvado, como para explicar que lo decisivo para su sanación fue esa oración, esa invocación gritada con fe, más fuerte que el sentido común de tanta gente que quería callarlo”.
“La oración no sólo precede a la salvación, sino que de alguna manera ya la contiene, porque libera de la desesperación de aquellos que no creen en una vía de salida de muchas situaciones insoportables”

La oración de petición, un acto de fe en Dios Padre

Finalmente el Papa Francisco dijo que, ninguno de nosotros está obligado a abrazar la teoría que alguien en el pasado ha hecho, que la oración de petición es una forma débil de la fe, mientras que la oración más auténtica sería la de alabanza pura, la que busca a Dios sin el peso de ninguna petición. “No, esto no es verdad. La oración de petición es auténtica, es espontanea, es un acto de fe en Dios que es Padre, que es bueno, que es omnipotente. Es un acto de fe en mí, que soy pequeño, pecador, necesitado. Y por esto la oración, para pedir algo, es muy noble. Dios es el Padre que tiene una inmensa compasión por nosotros, y quiere que sus hijos le hablen sin temor”.

Total confianza en Dios que es Padre

Antes de concluir su catequesis, el Papa Francisco saludó cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica. “El Señor Jesús nos dé la gracia de una total confianza en Dios, Padre compasivo que nos ama y permanece siempre a nuestro lado. Que Nuestra Señora de Guadalupe, cuya fiesta celebramos hoy, nos ayude a entregarnos al amor providente de Dios y a poner en Él toda nuestra esperanza”.

martes, 11 de diciembre de 2018

Dejémonos consolar por el Señor

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11/12/2018 – El Señor nos consuela con la ternura, como hacen las mamás que acarician a sus niños cuando lloran. Lo subrayó el Santo Padre esta mañana en su homilía de la Misa celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, en que exhortó a dejarnos consolar por Dios sin oponer resistencia

No oponerse al consuelo

La Primera Lectura tomada del Libro del profeta Isaías (Is 40,1-11), en efecto, es precisamente una invitación al consuelo: “Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice su Dios”, porque “su culpa está descontada”. Se trata, por lo tanto, del “consuelo de la salvación” – evidenció el Papa – de la buena noticia que “hemos sido salvados”. Cristo Resucitado, en aquellos cuarenta días, con sus discípulos hace precisamente esto: consolar. Pero “nosotros no queremos correr el riesgo” y “oponemos resistencia al consuelo” como si “estuviéramos más seguros en las aguas turbulentas de los problemas”: “Hagamos la apuesta sobre la desolación, sobre los problemas, sobre la derrota” mientras el Señor trabaja con tanta fuerza pero encuentra resistencia. También se ve esto con los discípulos la mañana de la Pascua: “Pero yo quiero tocar y asegurarme bien”. Esto sucede porque se teme otra derrota.

La ternura: una palabra que el mundo de hoy borra del diccionario

“Nosotros estamos apegados a este pesimismo espiritual”, dijo el Papa. Y después fue con su pensamiento a cuando en las audiencias públicas algunos padres les acercan a sus niños para que los bendiga y “algunos niños – dijo Francisco – me ven y gritan, comienzan a llorar”, porque viéndolo vestido de blanco, piensan en el médico o en la enfermera, que les ha dado las vacunas y piensan: “¡No, otra no!”. También nosotros somos un poco así, pero el Señor dice: “Consuelen, consuelen a mi pueblo”.
¿Y cómo consuela el Señor? Con la ternura. Es un lenguaje que no conocen los profetas de desventura: la ternura. Es una palabra borrada de todos los vicios que nos alejan del Señor: vicios clericales, vicios de los cristianos un poco que no quieren moverse, tibios… La ternura causa temor. “He aquí, que Él, el Señor tiene consigo el premio, su recompensa lo precede”: Así termina el pasaje de Isaías. “Como un pastor Él apacienta a la grey y con su brazo la reúne. Lleva a los corderitos sobre su pecho y conduce dulcemente a las ovejas madres”. Éste es el modo de consolar del Señor: con la ternura. La ternura consuela. Las mamás, cuando el niño llora, lo acarician y lo tranquilizan con la ternura: una palabra que el mundo de hoy, de hecho, borra del diccionario. Ternura.

El consuelo en el momento del martirio

El Señor nos invita a dejarnos consolar por Él y esto ayuda también en la preparación a la Navidad. Y hoy, en la oración colecta  – recordó el Sano Padre  – hemos pedido la gracia de una sincera exultación, de esta alegría sencilla pero sincera: Es más, yo diría que el estado habitual  del cristiano debe ser el consuelo. También en los momentos feos: los mártires entraban en el Coliseo cantando; los mártires de hoy – pienso en los buenos trabajadores coptos en las playas de Libia, degollados – morían diciendo “¡Jesús, Jesús!”: Hay un consuelo dentro; también una alegría en el momento del martirio. El estado habitual del cristiano debe ser el consuelo, que no es el optimismo, no: el optimismo es otra cosa. Pero el consuelo, esa base positiva… Se habla de personas luminosas, positivas: la positividad, la luminosidad del cristiano es el consuelo.

El Señor llama a la puerta con las caricias

En los momentos en que se sufre, no se siente el consuelo, pero un cristiano no puede perder la paz “porque es un don del Señor” que la ofrece a todos, también en los momentos peores. La invitación del Papa ha sido, por lo tanto, la de pedir al Señor en esta semana de preparación a la Navidad no tener miedo y dejarnos consolar por Él, haciendo referencia también al Evangelio propuesto por la liturgia del día (Mt 18,12-14): Que también yo me prepare a la Navidad al menos con la paz: la paz del corazón, la paz de Tu presencia, la paz que dan Tus caricias. “Pero soy tan pecador…” – sí, ¿pero qué nos dice el Evangelio hoy? Que el Señor que consuela como el pastor, si pierde a uno de los suyos va a buscarlo, como aquel hombre que tiene cien ovejas y una de ellas se ha perdido: va a buscarla. Así hace el Señor con cada uno de nosotros. Yo no quiero la paz, yo me resisto a la paz, yo me resisto al consuelo… pero él está en la puerta. Él llama para que nosotros abramos el corazón para dejarnos consolar y para estar en paz. Y lo hace con suavidad: llama con las caricias”.

Fuente: News.va

domingo, 9 de diciembre de 2018

Es necesario tomar un camino de conversión en actitud vigilante y de oración

Palabras del Papa antes del Ángelus (Traducción completa)
DICIEMBRE 09, 2018 13:18ANGELUS Y REGINA CAELI
(ZENIT- 9 dic.2018)

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El domingo pasado, la liturgia nos invitó a vivir el tiempo de Adviento y la espera del Señor con la actitud de vigilancia, y es esta la oración, vigilad y orad. Hoy, el segundo domingo de Adviento, se nos muestra cómo dar sustancia a esta espera: emprendiendo un camino de conversión.
¿Cómo hacer concreta esta espera?, como guía para este viaje, el Evangelio nos presenta la figura de Juan el Bautista, quien “viajó por toda la región del Jordán, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados” (Lc 3, 3). Para describir la misión del Bautista, el evangelista Lucas recoge la antigua profecía de Isaías: “Voz del que clama en el desierto: ¡Preparad el camino del Señor, endereza sus caminos! Cada barranco será rellenado, cada montaña y cada colina serán bajadas “(versículos 4-5).
Para preparar el camino para el Señor que viene, es necesario tener en cuenta las exigencias de conversión a las que el Bautista nos invita. En primer lugar, estamos llamados a rellenar las depresiones producidas por la frialdad y la indiferencia, abriéndonos a los demás con los mismos sentimientos de Jesús, es decir, con esa cordialidad y atención fraterna que asume la responsabilidad de las necesidades de nuestro prójimo, osea hay que ir aplanando y todo lo que consiste la frialdad.
No se puede tener una relación de caridad, de fraternidad con el prójimo si hay huecos, espacios, como tampoco se puede ir sobre una carretera con tantos baches, hay que aplanar calles, hay que cambiar una actitud. Y todo esto con un cuidado especial para los más necesitados. Entonces debemos reducir tanta dureza causada por el orgullo y la soberbia, cuanta gente sin darse cuenta tal vez, es soberbia, áspera, no tiene esa relación de cordialidad, hay que superar esto con gestos concretos de reconciliación con nuestros hermanos, pidiendo el perdón de nuestras faltas, no es fácil reconciliarse, siempre se piensa quien va a dar el primer paso. El Señor nos ayuda si tenemos buena voluntad. De hecho, la conversión está completa si lleva a reconocer con humildad nuestros errores, nuestras infidelidades y nuestros incumplimientos.
El creyente es el que, al estar cerca de su hermano, como Juan el Bautista abre caminos en el desierto, es decir, indica perspectivas de esperanza incluso en esos contextos existenciales difíciles, marcados por el fracaso y la derrota. No podemos ceder ante situaciones negativas de cierre y rechazo; No debemos permitirnos ser sometidos a la mentalidad del mundo, porque el centro de nuestra vida es Jesús y su palabra de luz, de amor, de consuelo, es Él. El Bautista invitó a la gente de su tiempo a la conversión con fuerza, vigor y severidad. Sin embargo, sabía cómo escuchar, sabía cómo hacer gestos de ternura y perdón hacia la multitud de hombres y mujeres que acudían a él para confesar sus pecados y ser bautizados con el bautismo de penitencia.
Su testimonio de vida, nos ayuda a ir adelante en nuestro testimonio de vida, la pureza de su proclamación, su coraje para proclamar la verdad lograron despertar las expectativas y esperanzas del Mesías que había estado inactivo durante mucho tiempo. Incluso hoy, los discípulos de Jesús están llamados a ser sus testigos humildes pero valientes para reavivar la esperanza, para hacer entender que, a pesar de todo, el Reino de Dios continúa siendo construido día a día con el poder del Espíritu Santo. Pensemos cada uno de nosotros como puedo yo cambiar algo de mi actitud para preparar el camino hacia el Señor
Que la Virgen María nos ayude a preparar el camino del Señor día tras día, comenzando con nosotros mismos; y a sembrar nuestro alrededor, con tenaz paciencia, semillas de paz, justicia y fraternidad.

About Raquel Anillo

sábado, 8 de diciembre de 2018

DIOS BUSCA AL HOMBRE

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y feliz fiesta!
La Palabra de Dios nos presenta hoy una alternativa. En la primera lectura está el hombre que en los orígenes dice ‘no’ a Dios. En el Evangelio está María que en la Anunciación dice ‘sí’ a Dios. En ambas lecturas es Dios quien busca al hombre. Pero en el primer caso se dirige a Adán, después del pecado, y le pregunta: ‘¿Dónde estás?’ (Gn 3,9), y él responde: ‘Me he escondido’ (v. 10). En el segundo caso, en cambio, se dirige a María, sin pecado, que le responde: ‘He aquí la esclava del Señor’ (Lc 1,38). “Heme aquí” es lo opuesto de “me escondí’. “Heme aquí” abre a Dios, mientras el pecado cierra, aísla, hace permanecer solo con uno mismo.
Heme aquí, es la palabra clave de la vida. Marca el pasaje de una vida horizontal, centrada en uno mismo y en las propias necesidades, a una vida vertical, elevada hacia Dios. Heme aquí, es estar disponible para el Señor, es la cura para el egoísmo, el antídoto para una vida insatisfecha, que siempre carece de algo. Heme aquí es el remedio contra el envejecimiento del pecado, es la terapia para permanecer jóvenes dentro. Heme aquí, es creer que Dios cuenta más que mi yo. Es elegir apostar por el Señor, dócil a sus sorpresas. Por ello decirle heme aquí es la mayor alabanza que podemos ofrecerle. ¿Por qué no empezar los días así? Sería bueno decir todas las mañanas: ‘Heme aquí, Señor, hoy se cumpla en mí tu voluntad’. Lo diremos en la oración del Ángelus, pero podemos repetirlo ya ahora, juntos: ¡Heme aquí, Señor, hoy se haga en mí tu voluntad!
María añade: ‘que se cumpla en mí conforme a tu palabra’. No dice ‘conforme a mi’, dice ‘conforme a Ti’. No pone límites a Dios. No piensa: ‘me dedico un poco a Él, me doy prisa y luego hago lo que quiero’. No, María no ama al Señor cuando tiene ganas, de modo intermitente. Vive confiándose en Dios en todo y para todo. Ese es el secreto de la vida. Todo lo puede quien se confía en Dios. El Señor, sin embargo, queridos hermanos y hermanas, sufre cuando le respondemos como Adán: ‘tengo miedo y me he escondido’. Dios es Padre, el más tierno de los padres, y desea la confianza de sus hijos. Cuántas veces sospechamos de Él, ¡sospechamos de Dios! Pensamos que puede enviarnos alguna prueba, privarnos de nuestra libertad, puede abandonarnos. Pero esto es un gran engaño, es la tentación de los orígenes, la tentación del diablo: insinuar la desconfianza en Dios. María vence esta primera tentación con su ‘heme aquí’. Y hoy miramos la belleza de la Virgen, nacida y vivida sin pecado, siempre dócil y transparente a Dios.
Eso no significa que la vida fuera fácil para ella. No. Estar con Dios no resuelve mágicamente los problemas. Lo recuerda la conclusión del Evangelio de hoy: ‘Y el Ángel se alejó de ella (v. 38)’. Se alejó: es un verbo fuerte. El ángel deja sola a la Virgen en una situación difícil. Ella sabía en qué modo particular se convertiría en la Madre de Dios, se lo había dicho el ángel, pero el ángel no se lo había explicado a los demás, sólo a ella. Y los problemas comenzaron inmediatamente: pensemos en la situación irregular según la ley, en el tormento de San José, en los planes de vida saltados, en lo que la gente habría dicho…Pero María pone su confianza en Dios ante los problemas. Ella es dejada por el ángel, pero cree que con ella, en ella, ha permanecido Dios, y se confía: confía en Dios. Está segura de que con el Señor, aunque de modo inesperado, todo irá bien. He aquí la actitud sabia: no vivir dependiendo de los problemas – terminado uno, ¡se presentará otro! – sino fiándose de Dios y confiándose cada día en Él: ¡heme aquí! ¡Heme aquí es la palabra, heme aquí es la oración! Pidamos a la Inmaculada Concepción la gracia de vivir así.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Nuevo ciclo de catequesis centradas en el “Padre nuestro”.

PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Aula Pablo VI
Miércoles, 5 de diciembre de 2018


Queridos hermanos y hermanas:
Iniciamos hoy un nuevo ciclo de catequesis centradas en el “Padre nuestro”. Los evangelios nos presentan a Jesús como un hombre que rezaba. Si bien experimentaba la urgencia de predicar y de salir al encuentro de la multitud, buscaba momentos de soledad para rezar.
El Evangelio de san Marcos nos narra una jornada de Jesús, en la que pasó todo el día predicando y curando enfermos, sin embargo, la noche la dedicó a la oración. Para él, la oración era entrar en la intimidad con el Padre, que lo sostenía en su misión, como sucedió en Getsemaní, donde recibió la fuerza para emprender el camino de la cruz. Toda su vida estaba marcada por la oración, tanto privada como litúrgica de su pueblo. Esa actitud se ve también en sus últimas palabras en la cruz, que eran frases tomadas de los salmos.

Jesús rezaba como cualquier hombre, pero su modo de hacerlo estaba envuelto en el misterio. Esto impactó a sus discípulos y por eso le pidieron: «Señor, enséñanos a rezar». Jesús se convirtió así en maestro de oración para ellos, como quiere serlo también para nosotros.