miércoles, 20 de junio de 2018

“Pasemos de la mentalidad de esclavos, a la de hijos”

  “Los mandamientos son parte de una relación, aquella de la Alianza entre Dios y su Pueblo”, tema de la catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 20 de junio de 2018.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano
“Así, desde el principio, el Tentador, quiso engañar al hombre y a la mujer, haciéndoles creer que Dios no los amaba y que era un déspota que les imponía leyes y normas para someterlos. Lo mismo quiere hacernos creer también hoy a nosotros. Pero sabemos que Dios es un padre, que nos quiere y sale a nuestro encuentro”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General del tercer miércoles de junio de 2018, continuando con su ciclo de catequesis dedicadas a los Mandamientos.
El pasado miércoles iniciamos la catequesis sobre los diez mandamientos, señaló el Pontífice. Los mandamientos son parte de una relación, aquella de la Alianza entre Dios y su Pueblo. Hemos visto que el Señor Jesús, agregó el Papa, no ha venido a abolir la Ley, sino a darle cumplimiento. Tendríamos que entender mejor esta perspectiva, alentó el Pontífice.

Diferencia entre palabras y mandamientos

La Sagrada Escritura los llama también «las diez Palabras». ¿Qué diferencia hay entre un mandamiento y una palabra? El mandamiento es un precepto, una orden. En cambio, precisó el Papa Francisco, la palabra es el medio esencial de la relación como diálogo fundamentado en el amor. Dos personas que no se aman, no logran comunicar. Sin embargo, cuando alguien habla a nuestro corazón, termina nuestra soledad y comienza una comunicación que da vida.
En la Sagrada Escritura, señaló el Pontífice, los mandamientos no viven por sí mismos, sino son parte de una relación, como se puede ver al inicio del capítulo 20 del Libro del Éxodo, donde el texto habla de “palabras” y no de “mandamientos”. “La tradición judía las llamará siempre como el Decálogo, las diez Palabras. Y el término decálogo – afirmó el Papa – quiere decir justamente esto, relación”.
Es diverso cuando uno recibe una orden, dijo el Papa explicando la diferencia entre palabra y precepto, es diferente cuando uno trata de hablar con nosotros. “Un diálogo es mucho más que la comunicación de una verdad – puntualizó el Santo Padre – se realiza por el placer de hablar y por el bien concreto que se comunica entre quienes se quieren bien por medio de las palabras. Es un bien que no consiste en las cosas, sino en las mismas personas que recíprocamente se donan en el diálogo”.
“Con los mandamientos, que contienen sus palabras, Él nos cuida y protege de la autodestrucción, porque somos sus hijos, no sus súbditos”

Con los mandamientos, Dios nos cuida y protege

Así, desde el principio, el Tentador, quiso engañar al hombre y a la mujer, haciéndoles creer que Dios no los amaba y que era un déspota que les imponía leyes y normas para someterlos. Lo mismo quiere hacernos creer también hoy a nosotros. Pero sabemos que Dios es un padre, que nos quiere y sale a nuestro encuentro. Con los mandamientos, que contienen sus palabras, Él nos cuida y protege de la autodestrucción, porque somos sus hijos, no sus súbditos. Vivir como cristianos es pasar de la mentalidad de esclavos a la mentalidad de hijos.
El desafío, afirmó el Papa Francisco, es justamente entender los mandamientos no como una imposición de un déspota que obliga, sino como una palabra que nos cuida y protege de la autodestrucción. “El hombre está ante esta incertidumbre: ¿Dios me impone las cosas o cuida de mí? ¿Los mandamientos son sólo una ley o contienen una palabra? ¿Dios es amo o Padre? ¿Somos súbditos o hijos? Este combate, dentro y fuera de nosotros, se presenta continuamente: mil veces debemos escoger entre una mentalidad de esclavos y una mentalidad de hijos”.

Vivir como hijos y no como esclavos

Ya que un cristiano con un espíritu de esclavo, señaló el Papa Francisco, sólo puede acoger la Ley de modo opresivo, y puede producir dos resultados opuestos: una vida hecha de deberes y obligaciones, o una reacción violenta de rechazo. Todo el cristianismo es el paso de la letra de la Ley al Espíritu que da vida. “Se ve cuando un hombre o una mujer han vivido este pasaje o aun no – afirmó el Pontífice – la gente se da cuenta si un cristiano razona como hijo o como esclavo. Y nosotros mismos recordamos si nuestros educadores han cuidado de nosotros como padres y madres, o si nos han solamente impuesto reglas”.

Nuestro mundo no tiene necesidad de legalismo

En sus saludos a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica, el Papa Francisco los animó a vivir los mandamientos con espíritu filial y no como un legalismo, a vivir como cristianos con un corazón de hijos. “Nuestro mundo no tiene necesidad de legalismo, sino de sentirse amado y cuidado. Pidámosle con confianza al Señor el don de su Espíritu Santo, para que nos conceda acoger sus mandamientos con espíritu filial, y vivir como hermanos en la libertad de los hijos de Dios”.

martes, 19 de junio de 2018

EL CRISTIANO REZA POR SUS ENEMIGOS Y LO AMA

 “Amen a sus enemigos y recen por sus persecutores”: es el “misterio” ante el que los cristianos deben conformarse para ser perfectos como el Padre. Es cuanto destacó el Pontífice en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, el tercer martes de junio

Gabriella Ceraso - Ciudad del Vaticano
El perdón, la oración, el amor por quien nos “quiere destruir”, por nuestro enemigo: Sólo la Palabra de Jesús puede tanto. Al reflexionar sobre el capítulo V, versículo 43, del Evangelio de Mateo propuesto por la liturgia del día, el Pontífice admitió la dificultad humana de seguir el modelo de nuestro Padre celestial que tiene un amor “universal”. De ahí que haya destacado el desafío del cristiano de pedir al Señor la “gracia” de saber “bendecir a nuestros enemigos” y comprometernos a amarlos.

Perdonamos para ser perdonados

En  su reflexión Francisco afirmó que comprendemos que “debemos perdonar a los enemigos”, “lo decimos todos los días en el Padrenuestro; pedimos perdón como nosotros perdonamos: es una condición…, si bien no fácil”. De este modo también “rezar por los demás”, por “aquellos que nos causan dificultades”, “que nos ponen a prueba: también esto es difícil, pero lo hacemos. O, al menos, tantas veces hemos logrado hacerlo”:
“Pero rezar por aquellos que quieren destruirme, por los enemigos, para que Dios los bendiga: es algo verdaderamente difícil de entender. Pensemos en el siglo pasado, en los pobres cristianos rusos que por el sólo hecho de ser cristianos eran enviados a Siberia a morir de frío: ¿Y ellos debían rezar por el gobernante verdugo que los mandaba allá? Pero, ¿cómo? Y tantos lo han hecho: han rezado. Pensemos en Auschwitz y en otros campos de concentración: ellos debían rezar por este dictador que quería la raza pura y mataba sin escrúpulos, ¡y rezar para que Dios lo bendijera! Y tantos lo han hecho”.

Aprender de la lógica de Jesús y de los mártires

Es la “lógica difícil” de Jesús que, en el Evangelio, está contenida en la oración y en la justificación de aquellos que “lo  mataban” en la Cruz: “Perdónalos, Padre, no saben lo que hacen”. Jesús pide perdón por ellos, como también lo hace en el momento del martirio, Santo Esteban:
“Pero cuánta distancia, una infinita distancia entre nosotros que tantas veces no perdonamos pequeñas cositas, y esto que nos pide el Señor y de lo que nos ha dado ejemplo: perdonar a los que tratan de destruirnos. En las familias es tan difícil, a veces, para los esposos, perdonarse después de alguna disputa, o perdonar a la suegra: no es fácil. Para el hijo, pedir perdón al papá, es difícil. Pero perdonar a aquellos que te están matando, que quieren destruirte… No sólo perdonar: rezar por ellos, ¡para que Dios los custodie! Es más, amarlos. Sólo la palabra de Jesús puede explicar esto. Yo no logro ir más allá”.

Pedir la gracia de ser perfectos como el Padre

De manera que el Papa Bergoglio subrayó que es “una gracia” que hay que pedir, esa de “comprender algo de este misterio cristiano y ser perfectos como el Padre que da todos sus bienes a los buenos y a los malos”. Nos hará bien – concluyó diciendo Francisco – pensar en nuestros enemigos. “Creo – añadió – que todos nosotros tengamos alguno”:
“Nos hará bien, hoy, pensar en un enemigo – creo que todos nosotros tengamos alguno – en uno que nos ha hecho el mal o que nos quiere hacer el mal o que trata de hacer el mal: en éste. La oración mafiosa es: “Me la pagarás”. La oración cristiana es: “Señor, dale tu bendición y enséñame a amarlo”. Pensemos en uno: todos nosotros tenemos uno. Pensemos en él. Recemos por él. Pidamos al Señor que nos dé la gracia de amarlo”.

domingo, 17 de junio de 2018

El Reino de Dios crece de manera misteriosa y sorprendente

Ángelus del 17 junio 2018-©-Vatican-News

Una actitud de fe que sobrepasa nuestros proyectos, nuestros cálculos y nuestras previsiones
Palabras del Papa antes del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!
En el fragmento del Evangelio de hoy (Mc 4.26-34), Jesús habló a la multitud del Reino de Dios y del dinamismo de su crecimiento, y lo hace contando dos parábolas breves.
En la primera parábola (v. 26-29), el Reino de Dios se compara con el misterioso crecimiento de la semilla, que se siembra y el germen crece y produce la especie, independientemente de los cuidados del agricultor, que al final de la maduración hace lo necesario para recolectarlo. El mensaje que nos da esta parábola es éste: por la predicación y la acción de Jesús el Reino de Dios es anunciado, irrumpe en el campo del mundo y como el grano crece y se desarrolla, por su propia fuerza y ​​de acuerdo con sus criterios, humanamente no descifrables. Al crecer y germinar en la historia, no depende tanto del trabajo del hombre, sino que es sobre todo la expresión del poder y la bondad de Dios. Y de la fuerza del Espíritu Santo, quien hace avanzar la vida cristiana en el seno del Pueblo de Dios.
A veces la historia, como  sus acontecimientos y sus protagonistas, parece ir en sentido contrario de los designios del Padre celestial, que quiere para todos sus hijos la justicia, la fraternidad, la paz. Pero estamos llamados a vivir estos tiempos como temporadas de prueba, de esperanza y atenta espera de la cosecha. En efecto, ayer, como hoy, el Reino de Dios está creciendo en el mundo de una manera misteriosa y sorprendente, al revelar el poder oculto de la pequeña semilla, su victoriosa vitalidad. En los pliegues de los acontecimientos personales y sociales que a veces parecen marcar el hundimiento de la esperanza, uno debe permanecer confiado en la acción sofocada pero poderosa de Dios. Por eso, en tiempos de tinieblas y dificultades, no debemos permitir dejarnos abatir, sino permanecer anclados en la fidelidad de Dios, en su presencia que siempre salva. Acordaos de esto: Dios salva siempre, Él es salvador.
En la segunda parábola (v. 30-32), Jesús compara el Reino de Dios con un pequeño grano de mostaza. Es un grano muy pequeño, pero crece hasta convertirse en la más grande de todas las plantas del jardín: un crecimiento impredecible, sorprendente. No es fácil para nosotros entrar en esta lógica de la naturaleza impredecible de Dios y aceptarla en nuestra vida. Pero hoy el Señor nos exhorta a una actitud de fe que va más allá de nuestros proyectos, nuestros cálculos y nuestras predicciones.
 Dios es siempre el Dios de las sorpresas, el Señor siempre nos sorprende. Es una invitación a abrirnos más generosamente a los planes de Dios, tanto a nivel personal como a nivel comunitario. En nuestras comunidades debemos prestar atención a las pequeñas y grandes oportunidades de bien que nos ofrece el Señor, permitiéndonos involucrarnos en su dinámica de amor acogedor y de misericordia hacia todos.
La autenticidad de la misión de la Iglesia no está dada por el éxito y la satisfacción de los resultados, sino por el hecho de avanzar con el coraje de la confianza y la humildad de rendirse a Dios. Avanzar en la confesión de Jesús y con la fuerza del Espíritu Santo. Es la consciencia de ser pequeños y débiles instrumentos, que en las manos de Dios y por su gracia pueden realizar grandes obras, avanzando en su Reino que es “justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rom 14,17). Que la Virgen María nos ayude a ser simples y atentos, a colaborar con nuestra fe y nuestro trabajo en el desarrollo del Reino de Dios en los corazones y en la historia.
© Traducción ZENIT, Raquel Anillo

viernes, 15 de junio de 2018

La doctrina de Jesús sobre la mujer cambia la historia


     
Homilía del Papa en casa Santa Marta: viernes 15 de junio, 2018

Reflexionando sobre el Evangelio del día, el Santo Padre pone en guardia sobre el grave pecado de explotar a las mujeres y explica que sin ellas, "el hombre no puede ser imagen y semejanza de Dios”.

“Una oración para las mujeres descartadas, para las mujeres usadas, para las niñas que tienen que vender su dignidad por un trabajo", es la exhortación del Papa Francisco en su homilía de la misa matutina celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta, reflexionando sobre el Evangelio del día según San Mateo en el que resuenan las palabras de Cristo: "El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio" y "el que repudia a su propia mujer la expone a caer en adulterio”.

La doctrina de Jesús sobre la mujer cambia la historia
El Santo Padre subraya cómo las mujeres son precisamente "aquello que falta a todos los hombres para ser imagen y semejanza de Dios”.

“Jesús dice palabras fuertes, radicales, que cambian la historia, ya que hasta entonces la mujer ‘era considerada de segunda clase’, para decirlo con un eufemismo: era una esclava, ni siquiera gozaba de plena libertad", observa el Papa.

Por tanto, la doctrina de Jesús sobre la mujer cambia la historia: “Una cosa es la mujer antes de Jesús y otra cosa es la mujer después de Jesús".

«Jesús dignifica a la mujer y la pone al mismo nivel que el hombre, ya que toma aquella primera palabra del Creador, “ambos son imagen y semejanza de Dios", ambos; no el hombre primero y luego la mujer un poco más abajo, no... ambos. Y el hombre sin la mujer al lado - tanto como madre, como hermana, como esposa, como socia de trabajo, como amiga - ese hombre solo no es imagen de Dios», afirma Francisco.

La imagen de la mujer usada como “objeto”

Por otra parte, el Obispo de Roma reflexiona en particular sobre ese “desear a la mujer”, que evoca el pasaje del Evangelio.

«En los programas de televisión, revistas, periódicos, vemos a las mujeres como un objeto de deseo, de uso; como en un supermercado», explica el Papa señalando que en muchas ocasiones, con el fin de vender productos de una “cierta calidad”, la mujer es convertida en “producto”, expuesta de manera humillante, a veces sin ropa, tirando así por tierra esa enseñanza de Jesús que la “dignificó”.

Igualmente, el Sucesor de Pedro recuerda que descartar a la mujer es un pecado contra Dios Creador, porque sin ellas, “los hombres no podemos ser imagen y semejanza de Dios”.

“Hay una rabia contra la mujer, una rabia fea. Incluso sin decirlo ... ¿Cuántas veces las chicas necesitan venderse como un objeto desechable para tener un puesto de trabajo? ¿Cuántas veces?”, se pregunta Francisco señalando que esta situación también se vive en Roma y que no hace falta irse muy lejos para ser testigos de esta lacra social.


Mirar a nuestro alrededor para ver la explotación

Asimismo, el Santo Padre se plantea qué cosas veríamos si hiciéramos un “peregrinaje nocturno” en ciertos lugares de la ciudad, en los cuales tantas mujeres, migrantes y no migrantes, "son explotadas como en un mercado”, ya que a estas mujeres, los hombres se les acercan, no para decirles “buenas tardes”; sino para preguntarles “¿cuánto cuestas?”.

Y para aquellos que lavan sus conciencias llamándolas “prostitutas”, el Papa cita las palabras de Jesús: "Tú la has hecho prostituta, como dice Jesús, quien repudia a su mujer la expone al adulterio porque cuando no se trata bien a la mujer y se la abandona, aumenta el riesgo de que termine, en muchas ocasiones, siendo explotada, humillada y esclavizada".

"Nos hará bien, mirar a estas mujeres y pensar que, frente a nuestra libertad, ellas son esclavas del pensamiento del descarte”, concluye Francisco.

jueves, 14 de junio de 2018

El Santo Padre, ha iniciado un nuevo ciclo de catequesis sobre los Mandamientos



  Zenit 13/6/2018
Dedica su atención al deseo de una vida plena. (Fragmento bíblico: Evangelio según san Marcos 10, 17-21).
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“En estas catequesis tomaremos las dos tablas de Moisés como cristianos, de la mano de Jesús” –ha concluido Francisco– y “escubriremos, en cada una de esas leyes, antiguas y sabias, la puerta abierta por el Padre que está en los cielos para que el Señor Jesús, que la ha cruzado, nos lleve a la vida verdadera.
A continuación, sigue el texto de la catequesis del Papa Francisco, pronunciada hoy en la audiencia general:
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Catequesis del Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy es la fiesta de San Antonio de Padua. ¿Quién  de vosotros se llama Antonio? Un aplauso para todos los “Antonios”.
Hoy comenzamos un nuevo itinerario catequético. Será sobre el tema de los mandamientos. Los mandamientos de la ley de Dios. Nos sirve de introducción el pasaje que acabamos de escuchar: el encuentro entre Jesús y un hombre –es un joven-  que, de rodillas, le pregunta cómo puede alcanzar la vida eterna (cf. Mc 10.17 a 21). Y en esa pregunta está el desafío de cada existencia, también de la nuestra: el deseo de una vida plena e infinita. Pero ¿cómo llegar? ¿Qué camino tomar? Vivir de verdad, vivir una existencia noble… Cuántos jóvenes intentan “vivir” y en cambio se destruyen  persiguiendo cosas efímeras.
Algunos piensan que sea mejor apagar este impulso, -el impulso de vivir- porque es peligroso. Quisiera decir, sobre todo a los jóvenes: nuestro peor enemigo no son los problemas concretos, por muy  graves y dramáticos que sean: El mayor peligro en la vida es un mal espíritu de adaptación que no es la mansedumbre ni la humildad, sino la mediocridad, la pusilanimidad [1]. Un joven mediocre ¿es un joven con futuro o no? ¡No! Se queda ahí; no crece, no tendrá éxito. La mediocridad o la pusilanimidad. Esos jóvenes que tienen miedo de todo. “No, yo soy así…” Esos jóvenes no saldrán adelante. Mansedumbre, fuerza y nada de pusilanimidad, nada de mediocridad. El beato Pier Giorgio Frassati decía que debemos vivir, no ir tirando. [2] Los mediocres van tirando. Vivir con la fuerza de la vida. Hay que pedir a nuestro Padre Celestial para los jóvenes de hoy el don de la inquietud saludable. Pero, en vuestras casas, en cada familia, cuando hay  un joven que está todo el día sentado, a veces la madre y el padre piensan: “Está enfermo, tiene algo” y lo llevan al médico. La vida del joven es ir adelante, estar inquieto, la inquietud saludable,  la capacidad de no estar satisfechos con una vida sin belleza, sin color. Si los jóvenes no tienen hambre de una vida auténtica,  me pregunto ¿Dónde irá la humanidad? ¿Dónde irá la humanidad con jóvenes quietos y no inquietos?
La pregunta de aquel hombre del Evangelio que hemos escuchado está dentro de cada uno de nosotros: ¿Cómo se encuentra la vida, la vida en abundancia, la felicidad? .Jesús responde: “Ya sabes los mandamientos” (v. 19), y cita una parte del Decálogo. Es un proceso pedagógico, con el cual Jesús quiere conducir a un lugar preciso. De hecho, ya está claro, por su pregunta que aquel hombre no tiene una vida plena busca algo más, está inquieto. Por lo tanto ¿qué debe entender? Él dice: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud» (v. 20).
¿Cómo se pasa de la juventud a la madurez? Cuando se empiezan a aceptar las propias limitaciones. Nos volvemos adultos cuando nos relativizamos y tomamos conciencia de “lo que falta” (cfr. v. 21). Este hombre se ve obligado a reconocer que todo lo que puede “hacer” no supera un “techo”, no va más allá de un margen.
¡Qué hermoso es ser hombres y mujeres! ¡Qué preciosa es nuestra existencia! Y sin embargo, hay una verdad que en la historia de los últimos siglos el hombre ha rechazado a menudo, con trágicas consecuencias: la verdad de sus limitaciones.
Jesús, en el Evangelio, dice algo que puede ayudarnos: “No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento “(Mt 5, 17). El Señor Jesús regala el cumplimiento, por eso vino. Aquel hombre tenía dar un salto para llegar al umbral, donde se abre la posibilidad de dejar de vivir de uno mismo, de las propias obras, de los propios bienes y – precisamente porque falta la vida plena -dejarlo todo para seguir al Señor [3]. Mirándolo bien, en la invitación final de Jesús – inmenso, maravilloso – no está la propuesta de la pobreza sino la de la riqueza, la verdadera, “Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven ¡Sígueme!”(V. 21).
¿Quién, pudiendo elegir entre un original y una copia, elegiría la copia? Este es el desafío: encontrar el original de la vida, no la copia. Jesús no ofrece sustitutos, ¡sino vida verdadera, amor verdadero, riqueza verdadera! ¿Cómo pueden los jóvenes seguirnos en la fe si no nos ven elegir el original, si nos ven adictos a las medias tintas? Es feo encontrar cristianos de medias tintas, cristianos –me permito la palabra- “enanos”; crecen hasta una determinada estatura y luego no; cristianos con el corazón encogido, cerrado. Es feo encontrarse con esto. Hace falta el ejemplo de alguien que me invita a un “más allá”, a “algo más“, a crecer algo más. San Ignacio lo llamaba el “magis”, “el fuego, el fervor de la acción, que sacude al soñoliento”. [4]
El camino de lo que falta pasa por lo que hay. Jesús no vino a abolir la Ley o los Profetas sino a cumplirlos. Tenemos que partir de la realidad para dar el salto a “lo que falta”. Debemos escudriñar lo ordinario para abrirnos a lo extraordinario.
En estas catequesis tomaremos las dos tablas de Moisés como cristianos, de la mano de Jesús, para pasar de las ilusiones de la juventud al tesoro que está en el cielo, caminando detrás de Él. Descubriremos, en cada una de esas leyes, antiguas y sabias, la puerta abierta por el Padre que está en los cielos para que el Señor Jesús, que la ha cruzado, nos lleve a la vida verdadera. Su vida. La vida de los hijos de Dios.
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1] Los Padres hablan de pusilanimidad (oligopsychìa). San Juan Damasceno la define como “el temor de llevar a cabo una acción” (Exposición exacta de la Fe Ortodoxa, II, 15) y San Juan Clímaco agrega que “la pusilanimidad es una disposición pueril, en un alma que ya no es más joven “(La Scala, XX, 1, 2).
[2] Ver Carta a Isidoro Bonini, 27 de febrero de 1925.
[3] “El ojo fue creado para la luz, el oído para los sonidos, todo para su propósito y el deseo del alma para  apresurarse hacia el Cristo” (Nicola Cabasilas, La vida en Cristo,II, 90).
[4] Discurso a la XXXVI Congregación General de la Compañía de Jesús, 24 de octubre de 2016: “Se trata de magis, de aquel plus que lleva a Ignacio a iniciar procesos, a acompañarlos y evaluar su impacto real en la vida de las personas, en materia de fe, o de justicia, o de misericordia y caridad”.
© Librería Editorial Vaticano

martes, 12 de junio de 2018

“El cristiano debe ser sal y luz para los otros”

"Ser La Luz y la sal" exhorta el Papa © Vatican Media
"Ser La Luz Y La Sal" Exhorta El Papa © Vatican Media

Esa es la “santidad de todos los días”

(ZENIT – 12 junio 2018).- “Ser sal y luz para los otros, sin atribuirse méritos” es el “simple testimonio habitual”, la “santidad de todos los días”, a la que está llamado el cristiano, ha anunciado el Papa Francisco en la Misa celebrada esta mañana, en la Capilla de la Casa de Santa Marta.
Es un testimonio –ha aclarado el Santo Padre– de “todos los días, que inicia por la mañana, cuando nos despertamos, y termina por la noche, cuando nos vamos a dormir”.
“Parece poca cosa”, advierte Francisco, pero el Señor “con pocas cosas nuestras hace milagros, hace maravillas”. Por lo tanto, es necesario tener esta actitud de “humildad” que consiste en buscar solamente ser sal y luz.
Siempre al servicio
“Sal para los otros, luz para los otros, porque la sal no se sazona a sí misma, siempre al servicio. La luz no se ilumina a sí misma, siempre al servicio. Sal para los otros, pequeña sal que ayuda en las comidas, pero pequeña. ¿En el supermercado la sal se vende por toneladas? No… En pequeñas bolsitas, es suficiente”.
“Y después –ha continuado– la sal no se vanagloria de sí misma, porque no se sirve a sí misma. Siempre está allí para ayudar a los demás: ayudar a conservar las cosas, a condimentar las cosas. Siempre está el testimonio”.
Santidad de cada día
El Pontífice ha señalado que el Señor nos dice: “Tú eres sal, tu eres luz”, y ha exhortamos a que renunciemos a tener ningún mérito. Pues, nosotros cuando comemos –ha expresado– no decimos: “¡Ah, qué rica la sal! ¡No!: “Rica la pasta, rica la carne, rica…”. No decimos: “Qué rica la sal”. De noche cuando vamos para casa, no decimos: “Qué buena la luz”, no. Ignoramos la luz, pero vivimos con aquella luz que ilumina. Ésta es una dimensión que hace que nosotros cristianos seamos como anónimos en la vida.
“No somos protagonistas de nuestros méritos”, ha subrayado nuevamente el Papa al concluir. Por lo tanto, no se debe hacer como el fariseo que agradece al Señor pensando que es santo.
Además, el Santo Padre ha propuesto que al final día, hagamos una “linda oración” y nos preguntemos: “¿He sido sal hoy?” “¿He sido luz hoy?”, y ha concluido diciendo: “Ésta es la santidad de todos los días”.

About Rosa Die Alcolea

domingo, 10 de junio de 2018

“Confesarse de inmediato si sentimos envidia o malicia"

El Papa advierte de no caer en la terrible tentación de querer destruir la buena reputación del otro, acusando falsamente y asegura que "acoger la palabra de Jesús nos hace hermanos entre nosotros y nos hace ser la familia de Jesús". Por el contrario, hablar de los demás y destruir su fama, "nos hace la familia del diablo".
Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano
Durante el Ángelus del segundo domingo de junio, el Santo Padre expuso el Evangelio del día, en el que Jesús tuvo que enfrentar dos tipos de malentendidos - el de los Escribas y el de sus propios familiares - para advertir de la malicia con la que, de forma premeditada, uno quiere destruir la buena reputación del otro.

Comentando el Evangelio del día, en el que se narra que algunos Escribas  fueron enviados desde Jerusalén a Galilea, donde la fama de Jesús comenzó a extenderse, para desacreditarlo a los ojos de la gente. Escribas que llegan con una acusación precisa y terrible: “Este hombre está poseído por Belcebú, príncipe de los demonios, y por eso los echa fuera” -  narra el Papa Francisco y continúa – de hecho, Jesús sanó a muchas personas enfermas, y quieren hacer creer que él no lo hace con el Espíritu de Dios, sino con el del Maligno.
“Jesús reacciona con palabras fuertes y claras” asegura el Papa, porque esos escribas, quizás sin darse cuenta, “están cayendo en el pecado más grave: negar y blasfemar el Amor de Dios que está presente y obra en Jesús”. Y la blasfemia - señaló - el pecado contra el Espíritu Santo: es el único pecado imperdonable, dice Jesús, "porque comienza desde el cierre del corazón a la misericordia de Dios que actúa en Jesús”.

Estar atentos del “veneno mortal” de la envidia 

Se trata de un episodio – afirmó el Santo Padre – que contiene una advertencia que nos sirve a todos: “puede suceder que una envidia fuerte por la bondad y por las buenas obras de una persona pueda llevar a acusarlo falsamente” y aquí hay un verdadero “veneno mortal”: “la malicia con la que, de forma premeditada, uno quiere destruir la buena reputación del otro” aseguró Francisco, pidiendo entre exclamaciones que Dios nos libre de esta terrible tentación y que nos confesemos inmediatamente en el sacramento de la Penitencia “si al examinar nuestra conciencia, nos damos cuenta de que esta hierba maligna está brotando dentro de nosotros”, antes de que se desarrolle y produzca sus efectos malvados, los cuales son - dijo Francisco - "incurables". "Tenga cuidado, porque esta actitud destruye familias, amistades, comunidades e incluso la sociedad" puntualizó.
Aunque el Evangelio de hoy también habla de otro malentendido - dijo el Papa - el de los propios miembros de su familia, quienes estaban preocupados porque su nueva vida itinerante les parecía una locura.

Acoger la palabra de Jesús nos hace hermanos

Jesús se mostró tan disponible para las personas, especialmente para los enfermos y pecadores, hasta el punto de que ya ni siquiera tuvo tiempo para comer. Tras ver esto, su familia decide traerlo de regreso a Nazaret. Llegan al lugar donde Jesús está predicando y lo envían a llamar. Le dicen: "Mira, tu madre, tus hermanos y hermanas están afuera y te buscan" y él responde: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?", y mirando a las personas que le rodeaban para escucharlo, agrega: "¡He aquí mi madre y mis hermanos! Porque el que hace la voluntad de Dios, él es hermano, hermana y madre para mí.
Jesús – agrega el Papa – “ha formado una nueva familia, que ya no se basa en vínculos naturales, sino en la fe en él, en su amor que nos acoge y nos une entre nosotros, en el Espíritu Santo” y la respuesta de Jesús “no es una falta de respeto por su madre y su familia” dice Francisco, de hecho, “para María es el mayor reconocimiento, porque ella es la discípula perfecta que ha obedecido la voluntad de Dios en todo”.
Es por ello, explica, que acoger la palabra de Jesús "nos hace hermanos entre nosotros y nos hace ser la familia de Jesús". Por el contrario, "hablar de los demás  y destruir su fama, nos hace la familia del diablo".