Encuentro interreligioso por la paz en Dhaka, Bangladesh © L'Osservatore Romano
(ZENIT – 1 Dic. 2017).- “La apertura del corazón es un
camino que conduce a la búsqueda de la bondad, la justicia y la
solidaridad”, ha anunciado el Papa Francisco.
Discurso del Papa Francisco en el Encuentro interreligioso y
ecuménico por la paz, junto a los líderes religiosos de las comunidades
musulmana, budista, hinduista, anglicana, y de la sociedad civil de
Bangladesh, celebrado en el jardín del Arzobispado de Dhaka, a las 17
hora local (12 h. en Roma).
“¡Cuánta capacidad de apertura se necesita para acoger a las personas
de nuestro mundo, especialmente a los jóvenes, que a veces se sienten
solos y desconcertados en la búsqueda del sentido de la vida!” ha
expresado Francisco.

El
Papa Francisco ha descrito como un “signo particularmente reconfortante
de nuestros tiempos” que los creyentes y las personas de buena voluntad
se sientan cada vez más llamados a cooperar en la formación de una
“cultura del encuentro, del diálogo y de la colaboración al servicio de
la familia humana”.
Y ha observado que esto “requiere más que una simple tolerancia”:
“Nos estimula a tender la mano al otro en actitud de comprensión y
confianza recíproca, para construir una unidad que considere la
diversidad no como amenaza, sino como fuente de enriquecimiento y
crecimiento”. Nos exhorta a tener “apertura de corazón”, para ver en los
otros “un camino, no un obstáculo”, ha señalado el Pontífice.
Corazón palpitante
La “solicitud religiosa por el bien de nuestro prójimo” –ha exhortado
el Santo Padre– “que emana de un corazón abierto, corre como un gran
río”, irrigando las tierras áridas y desiertas del odio, la corrupción,
la pobreza y la violencia, que dañan las vidas humanas, dividen a las
familias y desfiguran el don de la creación.

El
Papa ha hablado de la necesidad de un “corazón palpitante”, que “late
con fuerza”, para combatir el virus de la corrupción política, las
ideologías religiosas destructivas, la tentación de cerrar los ojos a
las necesidades de los pobres, de los refugiados, de las minorías
perseguidas y de los más vulnerables!
El Papa ha concluido su discurso agradeciendo los “esfuerzos”
realizados “para promover la cultura del encuentro”, y rogando que un
“compromiso común de los seguidores de las religiones por discernir el
bien y ponerlo en práctica”.
RD
Sigue la traducción oficial del discurso del Papa Francisco en el Encuentro interreligioso por la paz:
Discurso del Papa Francisco
Distinguidos invitados, queridos amigos:
Este encuentro, que reúne a los representantes de las diversas
comunidades religiosas de este país, constituye un momento muy
significativo de mi visita a Bangladesh. Nos hemos reunido para
profundizar nuestra amistad y para expresar el deseo unánime del don de
una paz genuina y duradera.
Mi agradecimiento al Cardenal D’Rozario por sus gentiles palabras de
bienvenida y a cuantos me han acogido con afecto en nombre de las
comunidades musulmanas, hindúes y budistas, y también de las autoridades
civiles. Agradezco la presencia del Obispo anglicano de Dhaka, de las
diversas comunidades cristianas y de todos los que han contribuido para
hacer posible esta reunión.
Las palabras que hemos escuchado, y también los cantos y las danzas
que han animado nuestra asamblea, nos han hablado de modo elocuente del
deseo de armonía, fraternidad y paz encarnado en las enseñanzas de las
religiones del mundo. Que nuestro encuentro de esta tarde pueda ser un
signo claro del esfuerzo de los líderes y de los seguidores de las
religiones presentes en este país por vivir juntos con respeto recíproco
y buena voluntad. Que este compromiso, aquí en Bangladesh, donde el
derecho a la libertad religiosa es un principio fundamental, sea una
llamada de atención respetuosa pero firme hacia quien busque fomentar la
división, el odio y la violencia en nombre de la religión.
Es un signo particularmente reconfortante de nuestros tiempos que los
creyentes y las personas de buena voluntad se sientan cada vez más
llamados a cooperar en la formación de una cultura del encuentro, del
diálogo y de la colaboración al servicio de la familia humana. Esto
requiere más que una simple tolerancia. Nos estimula a tender la mano al
otro en actitud de comprensión y confianza recíproca, para construir
una unidad que considere la diversidad no como amenaza, sino como fuente
de enriquecimiento y crecimiento. Nos exhorta a tener apertura de
corazón, para ver en los otros un camino, no un obstáculo.
Permitidme explorar brevemente algunas características esenciales de
esta «apertura del corazón», que es la condición para una cultura del
encuentro.
En primer lugar, es una puerta. No es una teoría abstracta, sino una
experiencia vivida. Nos permite entablar un diálogo de vida, no un
simple intercambio de ideas. Requiere buena voluntad y capacidad de
acogida, pero no debe ser confundida con la indiferencia o la reticencia
al expresar nuestras convicciones más profundas. Implicarse
fructuosamente con el otro significa compartir nuestra identidad
religiosa y cultural, pero siempre con humildad, honestidad y respeto.
La apertura del corazón es también similar a una escalera que se
eleva hacia el Absoluto. Recordando esta dimensión trascendente de
nuestra actividad, nos damos cuenta de la necesidad de purificar
nuestros corazones, para poder ver las cosas en su justa perspectiva. A
cada paso nuestra visión se hará más clara y recibiremos la fuerza para
perseverar en el compromiso de comprender y valorizar a los demás, con
sus puntos de vista. De este modo, encontraremos la sabiduría y la
fuerza necesarias para tender a todos una mano amiga.
La apertura del corazón es además un camino que conduce a la búsqueda
de la bondad, la justicia y la solidaridad. Nos impulsa a buscar el
bien de nuestros vecinos. En su carta a los cristianos de Roma, san
Pablo exhorta: «No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal
con el bien» (Rm 12,21). Este es un sentimiento que todos nosotros
podemos imitar. La solicitud religiosa por el bien de nuestro prójimo,
que emana de un corazón abierto, corre como un gran río, irrigando las
tierras áridas y desiertas del odio, la corrupción, la pobreza y la
violencia, que dañan las vidas humanas, dividen a las familias y
desfiguran el don de la creación.
Las diversas comunidades religiosas de Bangladesh han abrazado este
camino mediante el compromiso por el cuidado de la tierra, nuestra casa
común, y la respuesta a los desastres naturales que han asolado la
nación en los últimos años. Pienso también en la manifestación común de
dolor, oración y solidaridad que ha acompañado el trágico derrumbe del
Rana Plaza, que sigue impreso en la mente de todos. En estas diversas
expresiones vemos cómo el camino de la bondad conduce a la cooperación
para servir a los demás.
Un espíritu de apertura, aceptación y cooperación entre los creyentes
no contribuye simplemente a una cultura de armonía y paz, sino que es
su corazón palpitante. ¡Cuánto necesita el mundo de este corazón que
late con fuerza, para combatir el virus de la corrupción política, las
ideologías religiosas destructivas, la tentación de cerrar los ojos a
las necesidades de los pobres, de los refugiados, de las minorías
perseguidas y de los más vulnerables! ¡Cuánta capacidad de apertura se
necesita para acoger a las personas de nuestro mundo, especialmente a
los jóvenes, que a veces se sienten solos y desconcertados en la
búsqueda del sentido de la vida!
Queridos amigos, os agradezco los esfuerzos que realizáis para
promover la cultura del encuentro, y os ruego que, demostrando el
compromiso común de los seguidores de las religiones por discernir el
bien y ponerlo en práctica, ayudemos a todos los creyentes a crecer en
la sabiduría y en la santidad, y a cooperar para construir un mundo cada
vez más humano, unido y pacífico.
Abro mi corazón a todos vosotros y os reitero mi agradecimiento por
vuestra acogida. Recordémonos unos a otros en nuestras oraciones.
© Librería Editorial Vaticano
*Primer fotografía en el cuerpo de texto: Antonio Spadaro (Twitter)