sábado, 13 de diciembre de 2025

El pesebre nos invita a seguir a Cristo

 

El Papa: El pesebre con su “desarmante pobreza” nos invita a seguir a Cristo

La mañana de este sábado, 13 de diciembre, el Santo Padre recibió en audiencia en el Aula de las Bendiciones del Vaticano a los participantes y a los artistas que realizan el "Pesebre Viviente" en la Basílica papal de Santa María la Mayor. A ellos, el Pontífice los alentó a difundir este mensaje y mantener viva esta tradición. "Son un don de luz para nuestro mundo, que necesita desesperadamente seguir teniendo esperanza”.

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“El belén es un signo importante: nos recuerda que formamos parte de una maravillosa aventura de salvación en la que nunca estamos solos”, con estas palabras el Papa León XIV alentó a los participantes y a los artistas que realizan el "Pesebre Viviente" de la Basílica papal de Santa María la Mayor, a quienes recibió en audiencia la mañana de este sábado, 13 de diciembre, en el Aula de las Bendiciones del Vaticano.

La representación del Misterio de la Encarnación

En sus saludos a los artistas que, esta tarde darán vida al “Pesebre Viviente”, el Santo Padre, destacó la peregrinación que están realizando para cruzar la Puerta Santa y celebrar la Eucaristía en la Basílica Liberiana, conocida como el "Belén de Occidente", donde se venera la “Sagrada Cuna”.

“Han venido de diversos lugares para traer a la Tumba de Pedro el testimonio de los mil rostros con los que, durante siglos, generaciones de cristianos han representado el Misterio de la Encarnación, a menudo con los rasgos de su propia cultura y con los paisajes de su tierra natal”.

El inicio de la tradición del Belén

Asimismo, el Pontífice recordó que, fue precisamente la “Sagrada Cuna”, esa antigua reliquia la que, junto con el viaje a Tierra Santa, inspiró a san Francisco, en 1223, a celebrar por primera vez la «Navidad de Greccio».

“Desde entonces, en diferentes partes del mundo se ha difundido la costumbre de representar de diversas maneras la Natividad del Señor, del Dios que «viene sin armas, sin fuerza, [...] para vencer el orgullo, la violencia y la avaricia del hombre [...] y guiarnos a nuestra verdadera identidad» (Benedicto XVI, Catequesis, 23 de diciembre de 2009)”.

Dar testimonio en las calles de la ciudad

Y al recordar la Carta Apostólica Admirabile Signum de su predecesor, el Papa Francisco, el Obispo de Roma dijo que, ante el Belén, «al contemplar la escena navideña, estamos invitados a ponernos en camino espiritualmente, atraídos por la humildad de Aquel que se hizo hombre para ir al encuentro de todo hombre».

“Es justamente así: desde la gruta de Belén, donde María, José y el Niño se encuentran en su desarmante pobreza, partimos de nuevo para comenzar una nueva vida siguiendo los pasos de Cristo. Ustedes darán testimonio de ello esta tarde, con la procesión que recorrerá las calles de la ciudad. Esta, con su coreografía, vestuario y música, será un signo gozoso de lo hermoso que es ser discípulos de Jesús, Dios hecho hombre, el sol que nace «para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, y para guiar nuestros pasos por el camino de la paz» (Lc 1,79)”.

Portadores de consuelo e inspiración

En este sentido, el Pontífice señaló que, esto los convierte —hoy, pero siempre, como misión para su vida diaria— en peregrinos de esperanza, portadores de consuelo e inspiración para todos los que encuentren.

“Para los pequeños y los mayores, para las familias, los jóvenes y los ancianos que encontrarán en su camino; por los que se alegran y por los que sufren, por los que están solos, por los que sienten un profundo deseo de amar y ser amados, y por quienes, a pesar de sus dificultades, siguen trabajando con compromiso y perseverancia para construir un mundo mejor”

El pesebre es un signo importante

Finalmente, citando el Sermón 371, 1 de san Agustín, el Papa León indicó que, el pesebre es un signo importante: nos recuerda que formamos parte de una maravillosa aventura de salvación en la que nunca estamos solos y que, como dijo san Agustín, «Dios se hizo hombre para que el hombre se convirtiera en Dios, [...] para que el hombre, habitante de la tierra, encontrara un hogar en el cielo».

“Difundan este mensaje y mantengan viva esta tradición. Son un don de luz para nuestro mundo, que necesita desesperadamente seguir teniendo esperanza. ¡Gracias, gracias de verdad a todos ustedes por su compromiso! Los bendigo cordialmente a ustedes y a sus familias. ¡Feliz Navidad!”.

viernes, 12 de diciembre de 2025

«¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu madre?».

 

El Papa a la Virgen de Guadalupe: Madre, queremos ser auténticos hijos tuyos

En su homilía durante la Santa Misa con ocasión de la Fiesta de la Bienaventurada Virgen María de Guadalupe, que presidió esta tarde en la Basílica de San Pedro, el Pontífice elevó una súplica a la Virgen, encomendándole las naciones, los gobernantes, los jóvenes, los que se han alejado de la Iglesia y las familias.

Alvaro Vargas Martino - Ciudad del Vaticano

“En medio de conflictos que no cesan, injusticias y dolores que buscan alivio, María de Guadalupe proclama el núcleo de su mensaje: «¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu madre?». Es la voz que hace resonar la promesa de la fidelidad divina, la presencia que sostiene cuando la vida se vuelve insoportable”, recalcó el Papa León XIV en su homilía durante la Santa Misa con ocasión de la Fiesta de la Bienaventurada Virgen María de Guadalupe, que presidió esta tarde en la Basílica de San Pedro.

El Papa subrayó que la maternidad que María declara nos hace descubrirnos hijos, pues quien escucha “yo soy tu madre” recuerda que, desde la cruz, al «aquí tienes a tu madre» corresponde el «aquí tienes a tu hijo». “Y como hijos, nos dirigiremos a ella para preguntarle: ‘Madre, ¿qué debemos hacer para ser los hijos que tu corazón desea?’”, dijo el Santo Padre, recordando que ella, fiel a su misión, con ternura nos dirá: «Hagan lo que Él les diga».

“Sí, Madre, queremos ser auténticos hijos tuyos: dinos cómo avanzar en la fe cuando las fuerzas decaen y crecen las sombras. Haznos comprender que contigo, incluso el invierno se convierte en tiempo de rosas”, pidió el Pontífice, quien elevó una súplica a la Virgen, encomendándole las naciones, los gobernantes, los jóvenes, los que se han alejado de la Iglesia y las familias.

“Como hijo te pido: Madre, enseña a las naciones que quieren ser hijas tuyas a no dividir el mundo en bandos irreconciliables, a no permitir que el odio marque su historia ni que la mentira escriba su memoria”, dijo el Papa, pidiéndole que les muestre que la autoridad “ha de ser ejercida como servicio y no como dominio”, que instruya a sus gobernantes en su “deber de custodiar la dignidad de cada persona en todas las fases de su vida” y que haga de esos pueblos “lugares donde cada persona pueda sentirse bienvenida”.

El Santo Padre también le pidió a María que acompañe a los más jóvenes, para que obtengan de Cristo la fuerza para elegir el bien y el valor para mantenerse firmes en la fe, “aunque el mundo los empuje en otra dirección”, mostrándoles que su Hijo camina a su lado, para que nada aflija su corazón y “puedan acoger sin miedo los planes de Dios”, y le rogó que aparte de ellos “las amenazas del crimen, de las adicciones y del peligro de una vida sin sentido”.

Elevando oraciones por los que se han alejado de la Iglesia, el Pontífice le pidió a la Virgen que su mirada “los alcance donde no llega la nuestra”, que derribe “los muros que nos separan” y los traiga “de vuelta a casa” con la fuerza de su amor. Y también le suplicó que incline el corazón de “quienes siembran discordia” hacia el deseo de su Hijo de que «todos sean uno» y los restaure en la caridad que hace posible la comunión: “Dentro de la Iglesia, Madre, tus hijos no podemos estar divididos”.

El Papa le rogó a María que fortalezca a las familias para que, siguiendo su ejemplo, los padres “eduquen con ternura y firmeza, de modo que cada hogar sea escuela de fe”, que inspire a quienes forman mentes y corazones para que “transmitan la verdad con la dulzura, precisión, y claridad que nace del Evangelio”, y que aliente a los que su Hijo “ha llamado a seguirlo más de cerca: “Sostén al clero y a la vida consagrada en la fidelidad diaria y renueva su amor primero. Guarda su interioridad en la oración, protégelos en la tentación, anímalos en el cansancio y socorre a los abatidos”.

“Virgen Santa, que, como tú, conservemos el Evangelio en nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que, aunque destinatarios, no somos dueños de este mensaje, sino que, como san Juan Diego, somos sus simples servidores”, le pidió León XIV, quien concluyó su homilía encomendándole su ministerio,  para que “confirme en el único camino que conduce al Fruto bendito” de su vientre, a cuantos le fueron confiados: “Recuerda a este hijo tuyo, «a quien Cristo confió las llaves del Reino de los cielos para el bien de todos», que esas llaves sirvan «para atar y desatar y para redimir toda miseria humana»”.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

LA MUERTE NO ES EL FINAL

 

El Papa sobre la muerte: no es el final, sino parte del viaje hacia la eternidad

En una catequesis marcada por profundidad espiritual y un tono casi contemplativo, el Papa León XIV invitó hoy al mundo a mirar de frente aquello que más teme: la muerte. Lejos de ser un final oscuro —afirmó—, es el umbral luminoso que Cristo abrió con su Resurrección, el paso que revela lo que el corazón humano siempre ha deseado: la vida plena y eterna.

Patricia Ynestroza - Ciudad del Vaticano

En la audiencia general de hoy, el Papa León XIV dedicó su catequesis a uno de los temas más universales y, a la vez, más evitados en la sociedad contemporánea: la muerte. En esta catequesis, el Papa ofreció una profunda meditación que busca devolver a la muerte su sentido espiritual y abrir al mundo a una visión más humana y más esperanzada del final de la vida.

Un acontecimiento natural y antinatural 

El Pontífice comenzó señalando la paradoja que este misterio representa para el ser humano: un acontecimiento natural, pero percibido como profundamente antinatural debido al deseo de eternidad presente en todo corazón humano.

“Es natural porque todo ser vivo, en la tierra, muere. Es antinatural porque el deseo de vida y de eternidad que sentimos por nosotros mismos y por las personas que amamos nos hace ver la muerte como una condena, como un “contrasentido”.”

La muerte no es un tabú 

León XIV se refirió a la tendencia actual a convertir la muerte en un tabú y a evitar los cementerios, lugares que —recordó— guardan viva la memoria de la esperanza cristiana de la resurrección.

“Una especie de tabú, un acontecimiento que debe mantenerse lejos; algo de lo que hablar en voz baja para no perturbar nuestra sensibilidad y tranquilidad.”

 

Mirar la muerte sin temor

Apoyándose en san Alfonso María de Ligorio, León XIV recordó que la muerte es una “gran maestra

 de vida” y que meditar sobre ella ayuda a discernir qué merece la pena y qué es efímero. “El paso por la tierra nos prepara para la eternidad”, afirmó, invitando a los fieles a no huir de esta reflexión.

“¿Qué es entonces la muerte? ¿Es realmente la última palabra sobre nuestra vida? Solo el ser humano se plantea esta pregunta, porque solo él sabe que debe morir. Pero ser consciente de ello no lo salva de la muerte, es más, en cierto sentido lo “carga” más que a cualquier otra criatura viviente.”

Cristo ha transformado la muerte para siempre 

El Papa abordó también los debates actuales sobre el transhumanismo, que promueven la idea de una posible inmortalidad tecnológica. Ante ello preguntó: “¿Puede la ciencia vencer la muerte? Y si pudiera, ¿garantizaría una vida feliz?”. Subrayó que la respuesta cristiana va más allá de cualquier promesa tecnológica.

El centro de su mensaje llegó con la referencia a la Resurrección de Cristo, que —según explicó— transforma totalmente la comprensión de la muerte. “No se opone a la vida, sino que es su paso definitivo hacia la vida eterna”, dijo. Citando al evangelista san Lucas, evocó la luz que anticipa la mañana de Pascua como símbolo de la victoria de Cristo sobre las tinieblas de la muerte.

“la luz nueva de la Resurrección. Solo este acontecimiento puede iluminar plenamente el misterio de la muerte. A esta luz, y solo a ella, se hace verdadera la esperanza profunda del corazón humano: que la muerte no sea el final, sino el paso hacia la luz plena, hacia una eternidad feliz.”

Finalmente, León XIV invitó a los fieles a mirar la muerte con la confianza que brota de la Pascua: “Gracias al Resucitado, podemos llamarla ‘hermana’, como san Francisco. La esperanza de la resurrección nos libera del miedo a desaparecer y nos prepara para la alegría de la vida sin fin”.

Llamamiento del Papa 

El Papa ha expresado su profundo pesar por el renovado conflicto en la frontera entre Tailandia y Camboya: 

"Estoy profundamente entristecido por la noticia del renovado conflicto a lo largo de la frontera entre Tailandia y Camboya; también ha habido víctimas entre los civiles y miles de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares. Expreso mi cercanía en la oración a estas queridas poblaciones y pido a las partes que cesen inmediatamente el fuego y retomen el diálogo."

martes, 9 de diciembre de 2025

María, concebida sin pecado, es el primer destello de la salvación ofrecida por Dios a la humanidad.8/12/25

 

León XIV: María, primer destello de la salvación, faro de esperanza y modelo de fe

El Papa, en su alocución previa al rezo mariano del Angelus en la Plaza de San Pedro, recordó la figura de la Virgen María, pura, como signo de esperanza, modelo de fe y recordatorio del poder transformador de la gracia.

Patricia Ynestroza - Ciudad del Vaticano

En la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, los fieles volvieron a escuchar un mensaje del Papa León XIV que resuena con fuerza en un mundo sediento de sentido: María, concebida sin pecado, es el primer destello de la salvación ofrecida por Dios a la humanidad.

La Virgen María, libre de toda mancha

El Papa en su alocución previa al rezo mariano recordó que la Virgen fue «inmune enteramente de la mancha del pecado original», según la definición proclamada por el beato Pío IX en 1854. Pero más allá del aspecto doctrinal, la celebración subrayó el significado vital y profundamente humano del dogma: María recibió un corazón totalmente puro para acoger el mayor de los milagros, la llegada de Cristo como luz para un mundo herido.

“Expresamos nuestra alegría porque el Padre del Cielo la quiso «inmune enteramente de la mancha del pecado original» (cf. B. PÍO IX, Const. ap. Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854), llena de inocencia y de santidad para poder confiarle, para nuestra salvación, «a su Hijo unigénito […] amado como a sí mismo».”

domingo, 7 de diciembre de 2025

Llamados a una conversión auténtica

 

El Papa llama a la conversión y a preparar el corazón para la llegada del Reino de Dios

En el segundo domingo de Adviento, León XIV recuerda que, ante la inminencia del Reino de Dios, los fieles son llamados a una conversión auténtica y a prepararse para una novedad divina.

Patricia Ynestroza - Ciudad del Vaticano

"Cada uno de nosotros puede ser una pequeña luz, si acoge a Jesús, brote de un mundo nuevo. Aprendamos a hacerlo como María, nuestra Madre, mujer que aguarda con confianza y esperanza".

El Papa León XIV, ante los fieles y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro, en este segundo domingo de Adviento, ofreció un mensaje profundamente esperanzador y a la vez desafiante para los creyentes. Inspirado en el Evangelio de Mateo (3,1-12), el llamado central fue claro: la llegada del Reino de Dios está cerca, y su inminencia exige preparación interior, conversión y apertura al cambio.


Conviértanse porque el Reino de Dios está cerca

Antes del inicio de la misión pública de Jesús, dijo el Papa, Juan el Bautista irrumpe como su precursor. Su voz resonó en el desierto de Judea con un anuncio contundente: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. Su tono severo, lejos de repeler, atrajo multitudes porque evocaba la urgencia de tomar la vida en serio, de asumir el presente como una oportunidad de encuentro con un Dios que juzga desde las intenciones profundas y no desde las apariencias.

La oración del Padre nuestro

León XIV recordó que, cada vez que se reza el “Padre nuestro”, los cristianos imploran: “Venga tu Reino”. Una petición que, más allá de la fórmula —agregó—, orienta la existencia hacia la novedad que Dios promete. En ella se reconoce que la historia no pertenece definitivamente a los poderosos del mundo, sino a un Dios que no reina para dominar, sino para liberar. Esta visión invita a poner pensamientos y esfuerzos al servicio de ese Reino que se aproxima.

“En la oración del “Padre nuestro”, pedimos cada día: «Venga tu reino». Jesús mismo nos lo enseñó. Y con esta invocación nos orientamos hacia lo nuevo que Dios tiene reservado para nosotros, reconocemos que el curso de la historia no está ya escrito por los poderosos de este mundo. Ponemos nuestros pensamientos y energías al servicio de un Dios que viene a reinar no para dominarnos, sino para liberarnos. Es un “evangelio”, una auténtica buena noticia, que nos motiva y nos involucra.”

Recordó, además, la imagen del profeta Isaías: un brote que surge de un tronco aparentemente muerto, símbolo de un comienzo nuevo impulsado por el Espíritu. Así obra Dios —explicó el Santo Padre—: hace florecer lo que parecía perdido y sorprende incluso a quienes esperan su llegada, como ocurrió con el propio Juan el Bautista.

Caminar hacia el Reino de Dios

En esa misma línea, el Pontífice situó la experiencia del Concilio Vaticano II, como un momento en el que la Iglesia se dejó sorprender por el Espíritu y se abrió a un renovado camino común. Cuando la comunidad camina unida hacia el Reino, añadió, lo débil florece y lo imposible se vuelve posible, como en la visión bíblica donde “el lobo habitará con el cordero”.

“El mundo necesita esta esperanza”, afirmó el Papa, invitando a acoger sin miedo el Reino que ya comienza a despuntar. Jesús, presentado como el “más pequeño”, guía a la humanidad con la luz de un nuevo amanecer que inició en la humildad de Belén y brilló definitivamente en la cruz.

El Adviento, explicó por último, es una espiritualidad “luminosa y concreta”. Las luces que adornan las ciudades son un recordatorio de que cada persona puede convertirse en una pequeña luz para los demás si deja espacio a Cristo en su vida. Y como modelo de espera confiada, señaló a María, la mujer que supo acoger con fe paciente la novedad de Dios.

martes, 2 de diciembre de 2025

El Papa a líderes políticos

 

El Papa a líderes políticos: ¡Escuchen el clamor de sus pueblos que invocan la paz!

Al término de la misa celebrada en el Beirut Waterfront, León XIV dirigió un apremiante llamamiento a quien gobierna los países marcados por la guerra y la violencia para que elijan el camino de la pacificación en Oriente Medio, como en Guinea Bissau. El Pontífice dedicó también un pensamiento a las víctimas del incendio de Hong Kong. “Necesitamos cambiar de camino, necesitamos educar el corazón para la paz”.

Vatican News

Con mi primer viaje apostólico, realizado durante el Año jubilar, he deseado hacerme peregrino de esperanza en Medio Oriente, implorando a Dios el don de la paz para esta amada tierra, marcada por la inestabilidad, las guerras y el dolor.

Al término de la misa celebrada en el Waterfront de Beirut en su penúltima cita en el Líbano, el Papa León dirigió un fuerte llamamiento a la paz, palabra clave de su pontificado. Una palabra que en esta tierra es el deseo de todos y que el Pontífice invita a buscar en el Señor, sobre todo en los momentos de desánimo y desesperación. « Contemplémoslo con esperanza y valentía —afirma en inglés— invitando a todos a recorrer el camino de la convivencia, la fraternidad y la paz».

¡Sean constructores de paz, anunciadores de paz, testigos de paz!

Educar el corazón para la paz

León XIV invoca un cambio de rumbo para Oriente Medio, adoptando “actitudes nuevas para rechazar la lógica de la venganza y la violencia, para superar las divisiones políticas, sociales y religiosas, para abrir capítulos nuevos bajo el signo de la reconciliación y la paz”.

La vía de la hostilidad mutua y de la destrucción en el horror de la guerra ha ido demasiado lejos, con los deplorables resultados que están a la vista de todos. Necesitamos cambiar de camino, necesitamos educar el corazón para la paz.

Ante unas 150 mil personas, el Pontífice asegura su oración para Oriente Medio y por “todos los pueblos que sufren a causa de la guerra”

Rezo también por Guinea-Bisáu, deseando una solución pacífica de las controversias políticas. Y no olvido a las víctimas del incendio en Hong Kong, así como a sus queridas familias

En escucha del dolor y la petición de paz

En el corazón del Papa León, tras estos días de afecto y calidez que ha sentido en múltiples ocasiones, está “el amado Líbano”, por lo que pide nuevamente a la comunidad internacional “que no se escatimen esfuerzos para promover procesos de diálogo y reconciliación”. El Obispo de Roma invita a todos a ponerse “al servicio de la vida, del bien común y del desarrollo integral de las personas”.

Dirijo un apremiante llamamiento a cuantos están investidos de autoridad política y social, aquí y en todos los países marcados por guerras y violencia: ¡escuchen el clamor de sus pueblos que invocan la paz! Pongámonos todos al servicio de la vida, del bien común y del desarrollo integral de las personas.

¡Coraje!

“A ustedes, cristianos del Levante, ciudadanos de estas tierras por derecho propio, les repito: ¡ánimo!. Toda la Iglesia los mira con afecto y admiración. Que la Bienaventurada Virgen María, Nuestra Señora de Harissa, los proteja siempre”, concluye el Papa.

lunes, 1 de diciembre de 2025

León XIV en Líbano

 

León XIV en Líbano: La unidad, la reconciliación y la paz son posibles

En el Encuentro ecuménico e interreligioso en Beirut, el Papa recordó a su predecesor Benedicto XVI cuando enfatizaba que el diálogo entre religiones no obedece a consideraciones de orden político o social, sino «profundas verdades teológicas arraigadas en la fe» . Y Oriente Medio, cuna de las religiones abrahámicas, debe seguir el arduo camino y la incesante búsqueda del preciado don de la paz.

Alina Tufani Díaz- Ciudad del Vaticano

La imagen como la de una postal donde “se yerguen uno junto al otro minaretes y campanarios de iglesias” para León XIV, es el testimonio de la fe inquebrantable del Líbano y de la firme devoción de su pueblo al único Dios. Así lo describió en su discurso durante el Encuentro ecuménico e interreligioso que reunió en la Plaza de los Mártires, en Beirut, a los líderes de las diversas Iglesias cristianas y de otras religiones que desde siempre han convivido en la Tierra de los Cedros.

Que en esta amada tierra, cada repique de campana, cada adhān, cada llamada a la oración se armonice en un único y grandioso himno, no sólo para glorificar al misericordioso Creador del cielo y de la tierra, sino también para elevar una sincera oración por el don divino de la paz

Bajo una carpa de vidrio el diálogo y la paz

El escenario de encuentro de líderes religiosos cristianos y musulmanes ha sido una gran carpa instalada en la Plaza de los Mártires de Beirut, símbolo de la resistencia libanesa durante el levantamiento contra los turcos durante la Primera Guerra Mundial y uno de los principales focos de las protestas antigubernamentales de 2019. Allí el Patriarca siro-católico, Ignacio Youssif III Younan, dio la bienvenida al Pontífice, manifestando su deseo de que su visita contribuya a establecer la paz y la estabilidad en el Líbano y otros países de Oriente Medio. El saludo del Patriarca fue seguido por la proyección de un video con el testimonio de la convivencia pacificadora y la coexistencia de religiones en Líbano. Y luego,  tras cánticos del Evangelio y el Corán, seis líderes religiosos tomaron la palabra por turnos, para manifestar su deseo de diálogo y reconciliación por la salvación del mundo

Tierra exaltada por los profetas del Antiguo Testamento

Al abrir su discurso, el Pontífice manifestó su agradecimiento por estar en una “tierra bendita, una tierra exaltada por los profetas del Antiguo Testamento”, una tierra donde el eco del Logos, el Verbo encarnado, nunca ha enmudecido, sino que continúa llamando, “a aquellos que desean abrir sus corazones al Dios vivo”.

Pero también, el Líbano y, en particular, Beirut, recordó León XIV, fue el lugar donde Benedicto XVI quiso firmar en 2012 su Exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Medio Oriente, para enfatizar, como él mismo escribió, “que la naturaleza y vocación universal de la Iglesia exigen ella dialogue con los miembros de otras religiones” y que en Oriente Medio, este diálogo no está dictado principalmente por consideraciones pragmáticas, políticas o sociales, guiado no por intereses políticos o sociales, sino por preocupaciones teológicas subyacentes que tienen que ver con la fe y «profundas verdades teológicas arraigadas en la fe»

Oriente medio, cuna de las religiones abrahámicas

El Santo Padre destacó que el mundo siempre a fijado su mirada en Oriente Medio, cuna de las religiones abrahámicas, observando, a veces con aprehensión, el arduo camino y la incesante búsqueda del preciado don de la paz, ante conflictos complejos y prolongados. Sin embargo, aseguró el Papa, en medio de estas luchas, se puede encontrar esperanza y aliento cuando “nos centramos en lo que nos une”, es decir, la creencia en un Dios de amor y misericordia.

En una época en la que la coexistencia puede parecer un sueño lejano, el pueblo libanés, aun abrazando diferentes religiones, se erige como un poderoso recordatorio de que el miedo, la desconfianza y los prejuicios no tienen la última palabra, y que la unidad, la reconciliación y la paz son posibles.

Una misión, que el pueblo libanés ha cumplido a los largo de su historia dando testimonio de “la verdad imperecedera de que cristianos, musulmanes, drusos y muchos otros pueden vivir juntos y construir un país unido por el respeto y el diálogo”.

Un diálogo enraizado en el amor divino

León XIV se refirió también a la Declaración Nostra aetate, con la que hace 60 años, el Concilio Vaticano II, abrió un nuevo horizonte para el encuentro y el respeto mutuo entre católicos y personas de diferentes religiones, enfatizando que el verdadero diálogo y la colaboración están enraizados en el amor, único fundamento para la paz, la justicia y la reconciliación.

Este diálogo, inspirado por el amor divino, debe abrazar a todas las personas de buena voluntad, rechazar los prejuicios, la discriminación y la persecución, y afirmar la igual dignidad de todo ser humano.

La presencia de Dios más allá de todas las fronteras

Más adelante, el Pontífice destacó que en su ministerio público Jesús más allá de Galilea y Judea, visitó otras regiones de Oriente Medio, como la Decápolis o los alrededores de Tiro y Sidón, ahora en territorio libanés, que convierte a esta tierra en un sitio donde la humildad, la confianza y la perseverancia superan todas las barreras y se encuentran con el amor infinito de Dios.

Este es «el núcleo mismo del diálogo interreligioso: el descubrimiento de la presencia de Dios más allá de todas las fronteras y la invitación a buscarlo juntos con reverencia y humildad

Tierra de cedros y olivos: resistencia y esperanza

Otra imagen que resaltó el Papa de la tierra libanesa fue la abundancia, más allá de los cedros, de los olivos “una piedra angular de su patrimonio, “venerado en los textos sagrados del cristianismo, el judaísmo y el islam”, que han servido como símbolo de reconciliación y paz, pues su longevidad y capacidad de sobrevivir a en entornos hostiles, son muestra de resistencia y esperanza.

De este árbol fluye aceite que sana, un bálsamo para las heridas físicas y espirituales, manifestando la infinita compasión de Dios por todos los que sufren. Su aceite también proporciona luz, recordándonos la llamada a iluminar nuestros corazones mediante la fe, la caridad y la humildad.

Constructores de paz llamados a enfrentar la intolerancia

Así como las raíces de los cedros y los olivos se hunden profundamente y se extienden por toda la tierra, continuó el Pontífice, así también el pueblo libanés se encuentra disperso por el mundo, pero unido por la fuerza perdurable y la herencia eterna de su patria.

En un mundo cada vez más interconectado, ustedes están llamados a ser constructores de paz: a enfrentarse a la intolerancia, a superar la violencia y a desterrar la exclusión; iluminando el camino hacia la justicia y la concordia para todos, a través del testimonio de su fe.

El Papa concluyó su discurso invocando el abrazo amoroso de Nuestra Señora del Líbano, honrada en su Santuario de Harissa, para que en todo Oriente Medio y en el mundo entero, el don de la reconciliación y la convivencia pacífica brote como «manantial de agua viva, que fluye desde el Líbano» llevando esperanza y unidad a todos.