miércoles, 25 de septiembre de 2024

El Espíritu Santo guía al Pueblo de Dios al encuentro con Jesús, nuestra esperanza

 

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[ AR  - DE  - EN  - ES  - FR  - HR  - IT  - PL  - PT ]

PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles, 25 de septiembre de 2024

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[El siguiente texto también incorpora partes no leídas que se consideran pronunciadas]


Catequesis. El Espíritu y la Esposa. El Espíritu Santo guía al Pueblo de Dios al encuentro con Jesús, nuestra esperanza 7. «Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto. El Espíritu Santo nuestro aliado en la lucha contra el espíritu del mal»

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Inmediatamente después de su bautismo en el Jordán, Jesús, «fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo» (Mt 4,1) – así dice el Evangelio de Mateo. La iniciativa no es de Satanás, sino de Dios. Al ir al desierto, Jesús obedece a una inspiración del Espíritu Santo, no cae en una trampa del enemigo, ¡no! Una vez superada la prueba, Él – está escrito – regresó a Galilea «lleno del poder del Espíritu Santo» (Lc 4,14).

Jesús, en el desierto, se libró de Satanás, y ahora puede liberar de Satanás. Esto es lo que destacan los evangelistas con los numerosos relatos de liberación de endemoniados. Dice Jesús a sus oponentes: «Si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado a ustedes» (Mt 12,27).

Hoy asistimos a un extraño fenómeno relacionado con el diablo. En un cierto nivel cultural, se cree que sencillamente no existe. Sería un símbolo del inconsciente colectivo, o de la alienación; en definitiva, una metáfora. Pero «el mayor ardid del diablo es hacer creer que no existe», como escribió alguien (Charles Baudelaire). Es astuto: nos hace creer que no existe y así lo domina todo. Es astuto. Sin embargo, nuestro mundo tecnológico y secularizado está repleto de magos, ocultismo, espiritismo, astrólogos, vendedores de amuletos y hechizos y, por desgracia, de verdaderas sectas satánicas. Expulsado por la puerta, el diablo ha vuelto a entrar, podría decirse, por la ventana. Expulsado con la fe, vuelve a entrar con la superstición. Y si eres supersticioso, inconscientemente estás dialogando con el diablo. Con el diablo no se dialoga.

La prueba más fuerte de la existencia de Satanás no se encuentra en los pecadores ni en los posesos, sino en los santos. «¿Y cómo es esto, Padre?» Sí, es cierto que el diablo está presente y activo en ciertas formas extremas e «inhumanas» de mal y de maldad que vemos a nuestro alrededor. Sin embargo, por esta vía es prácticamente imposible llegar, en cada caso particular, a la certeza de que se trata efectivamente de él, ya que no podemos saber con precisión dónde termina su acción y dónde comienza nuestra propia maldad. Por eso, la Iglesia es muy prudente y rigurosa en el ejercicio del exorcismo, ¡a diferencia de lo que ocurre, lamentablemente, en ciertas películas!

Es en la vida de los santos, precisamente ahí, donde el demonio se ve obligado a salir al descubierto, a ponerse «a contraluz». Unos más, otros menos, todos los santos y todos los grandes creyentes dan testimonio de su lucha contra esta oscura realidad, y no se puede suponer honestamente que todos ellos fueran unos ilusos o meras víctimas de los prejuicios de su época.

La batalla contra el espíritu del mal se gana como la ganó Jesús en el desierto: a golpes de la palabra de Dios: Ya ven que Jesús no dialoga con el diablo, nunca lo hizo. Lo expulsa o lo condena, pero nunca dialoga. Y en el desierto no responde con sus palabras, sino con la Palabra de Dios. Hermanos, hermanas, ¡nunca dialoguen con el diablo! Cuando venga con tentaciones: “pero estaría bien esto, estaría bien lo otro…”, ¡detente!  Eleva tu corazón al Señor, reza a la Virgen y expúlsalo como Jesús nos enseñó a expulsarlo. San Pedro sugiere también otro medio, que Jesús no necesitaba, pero nosotros sí, la vigilancia: «Sean sobrios, vigilen. Su enemigo, el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar» (1 Pe 5,8). Y San Pablo nos dice: «No den ocasión al diablo» (Ef 4,27).

Después de que Cristo, en la cruz, derrotara para siempre el poder del «príncipe de este mundo» (Jn 12,31), el diablo -decía un Padre de la Iglesia- «está atado, como un perro a una cadena; no puede morder a nadie, salvo a los que, desafiando el peligro, se acercan a él... Puede ladrar, puede apremiar, pero no puede morder, salvo quien lo desee»[1]. Si eres tonto y vas donde el diablo y le dices: «¿Qué tal?», él te arruinará. ¿El diablo? ¡A distancia! Con el diablo no se dialoga. Se le expulsa. A distancia. Y nosotros, todos nosotros, tenemos experiencia de cómo el diablo se acerca con alguna tentación, sobre los Diez Mandamientos. Cuando oigamos esto, ¡alto, distancia! No se acerquen al perro encadenado.

La tecnología moderna, por ejemplo, además de muchos recursos positivos que hay que apreciar, también ofrece innumerables medios para «dar oportunidades al diablo», y muchos caen en su trampa. Pensemos en la pornografía en Internet, detrás de la cual hay un mercado muy floreciente, todos lo sabemos. Ahí trabaja el diablo. Se trata de un fenómeno fuertemente extendido del que los cristianos deben precaverse y que deben rechazar enérgicamente. Porque cualquier teléfono móvil tiene acceso a esta brutalidad, a este lenguaje del diablo: la pornografía en línea.

El ser conscientes de la acción del diablo en la historia no debe desanimarnos. El pensamiento final debe ser, también aquí, de confianza y seguridad: “Estoy con el Señor, vete”. Cristo ha vencido al diablo y nos ha dado el Espíritu Santo para hacer nuestra su victoria. La misma acción del enemigo puede volverse a nuestro favor si, con la ayuda de Dios, la ponemos al servicio de nuestra purificación. Pidamos, pues, al Espíritu Santo, con las palabras del himno Veni Creator:

«Aleja de nosotros al enemigo

danos pronto la paz.

Se nuestro guía

para que evitemos todo mal».

Tengan cuidado, porque el diablo es astuto. Pero nosotros los cristianos, con la gracia de Dios, somos más astutos que él. Gracias.

 

[1] San César de Arlés, Discursos 121, 6: CC 103, p. 507.

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Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Mañana partiré hacia Luxemburgo y Bélgica, les pido que recen por mí y por los frutos de este viaje al corazón de Europa occidental. Que Jesús los bendiga y la Virgen, Madre de la esperanza, los cuide. Muchas gracias.

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Resumen leído por el Santo Padre en español 

Queridos hermanos y hermanas:

En esta catequesis reflexionamos sobre el Espíritu Santo que es nuestro aliado en la lucha contra el espíritu del mal. El Evangelio nos muestra cómo Jesús, con el poder del Espíritu de Dios, venció las insidias del enemigo y además liberó a muchas personas que estaban oprimidas por él. También los santos tuvieron que luchar contra las acechanzas del demonio y, gracias a la fuerza del Espíritu Santo, pudieron dar testimonio fiel de Cristo y del Evangelio.

Hermanos y hermanas, estemos atentos. Sabemos que el demonio existe, pero su acción no debe desanimarnos, pues Cristo lo venció y nos dio el Espíritu Santo para que participemos de su victoria. Para no caer en los engaños del diablo es necesario vigilar, examinar, discernir cada día. Para ello, los invito a rezar con frecuencia el himno Veni Creator Spiritus, que dice: «Aleja de nosotros al enemigo, danos pronto la paz, sé nuestro director y nuestro guía, para que evitemos todo mal».

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Llamamiento

Me entristecen las noticias procedentes del Líbano, donde intensos bombardeos han causado muchas víctimas mortales y destrucciones en los últimos días. Espero que la comunidad internacional haga todo lo posible para detener esta terrible escalada. ¡Es inaceptable! Expreso mis condolencias al pueblo libanés, que ya ha sufrido demasiado durante los últimos tiempos. Y recemos por todos los pueblos que sufren a causa de la guerra: no olvidemos a la atormentada Ucrania, Myanmar, Palestina, Israel, Sudán, todos los pueblos atormentados. Recemos por la paz.



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domingo, 22 de septiembre de 2024

¿Sé reconocer el rostro de Jesús en los más pequeños? ¿Cuido del prójimo, sirviendo con generosidad? ¿Y agradezco a los que cuidan de mí?

 

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PAPA FRANCISCO

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro
Domingo, 22 de septiembre de 2024

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Queridos hermanos y hermanos, ¡feliz domingo!

Hoy el Evangelio de la liturgia (Mc 9,30-37) nos habla de Jesús, que anuncia lo que ocurrirá al final de su vida: «El Hijo del hombre – dice Jesús – va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará» (v. 31). Pero los discípulos, mientras siguen al Maestro, tienen otra cosa en la cabeza y también en los labios. Cuando Jesús les pregunta de qué estaban hablando, no responden.

Prestemos atención a este silencio: los discípulos callan porque discutían sobre quién era el más grande (cf. v. 34). Callan por vergüenza. ¡Qué contraste con las palabras del Señor! Mientras Jesús les confiaba a ellos el sentido de su vida, estos hablaban de poder. Y así ahora la vergüenza les cierra la boca, como antes el orgullo había cerrado su corazón. Y, sin embargo, Jesús responde abiertamente a sus discursos susurrados a lo largo del camino: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (cf. v. 35). ¿Quieres ser grande? Hazte pequeño, ponte al servicio de todos.

Con una palabra tan sencilla como decisiva, Jesús renueva nuestro modo de vivir. Nos enseña que el verdadero poder no está en el dominio de los más fuertes, sino en el cuidado de los más débiles. El verdadero poder es cuidar a los más débiles, ¡esto te hace grande!

He aquí por qué el Maestro llama a un niño, lo coloca entre los discípulos y lo abraza diciendo: «El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí» (v. 37). El niño no tiene poder: el niño tiene necesidad. Cuando cuidamos al hombre, reconocemos que el hombre siempre necesita vida.

Nosotros, todos nosotros, estamos vivos porque hemos sido acogidos, pero el poder nos hace olvidar esta verdad. ¡Tú estás vivo porque has sido acogido! Entonces nos convertimos en dominadores, no servidores, y los primeros que sufren son precisamente los últimos: los pequeños, los débiles, los pobres.

Hermanos y hermanas, ¡cuántas personas, cuántas, sufren y mueren por las luchas de poder! Son vidas que el mundo rechaza, como rechazó a Jesús, los que son excluidos y mueren… Cuando fue entregado en manos de los hombres, Él no encontró un abrazo, sino una cruz. Sin embargo, el Evangelio sigue siendo palabra viva y llena de esperanza: Aquel que fue rechazado resucitó, ¡es el Señor!

Ahora, en este hermoso domingo, podemos preguntarnos: ¿Sé reconocer el rostro de Jesús en los más pequeños? ¿Cuido del prójimo, sirviendo con generosidad? ¿Y agradezco a los que cuidan de mí?

Recemos juntos a María, para estar como ella libres de la vanagloria y preparados para servir.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Me he enterado con dolor de que en Honduras ha sido asesinado Juan Antonio López, delegado de la Palabra de Dios, coordinador de la pastoral social de la Diócesis de Trujillo y miembro fundador de la pastoral de ecología integral de Honduras. Me uno al luto de esa Iglesia y a la condena de toda forma de violencia. Estoy cerca de quienes ven pisoteados sus derechos elementares y de quienes trabajan por el bien común en respuesta al grito de los pobres y de la tierra.

Os saludo a todos vosotros, fieles de Roma y peregrinos de Italia y de tantos países. En particular, saludo a los ecuatorianos residentes en Roma que celebran Nuestra Señora del Cisne. Saludo a la Coral “Teresa Enríquez de Torrijos” de Toledo, al grupo de familias y niños de Eslovaquia, y a los fieles mexicanos.

Saludo a los participantes de la marcha de sensibilización sobre las condiciones de los detenidos. Debemos trabajar para que los detenidos estén en condiciones dignas. Todo el mundo puede cometer errores. Estar detenido es para retomar una vida honesta después. Saludo a la delegación que ha venido con ocasión del Día de los enfermos de ataxia, y a la Asociación “La Palma” de Castagnola di Massa.

Hermanos y hermanas, sigamos rezando por la paz. Lamentablemente en los frentes de guerra la tensión es muy elevada. Que se escuche la voz de los pueblos, que piden paz. No olvidemos a la martirizada Ucrania, a Palestina, Israel, Myanmar, tantos países que están en guerra. Recemos por la paz.

Os deseo a todos un feliz domingo. Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

 



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miércoles, 18 de septiembre de 2024

Catequesis. El viaje apostólico a Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Timor Oriental y Singapur

 

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PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles, 18 de septiembre de 2024

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[El siguiente texto también incorpora partes no leídas que se consideran pronunciadas]

Catequesis. El viaje apostólico a Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Timor Oriental y Singapur

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy les hablaré del viaje apostólico que realicé a Asia y Oceanía.

Se llama “viaje apostólico” porque no es un viaje de turismo, es un viaje para llevar la Palabra del Señor, para dar a conocer al Señor, y también para conocer las almas de los pueblos. Y esto es muy hermoso.

Fue Pablo VI, en 1970, el primer Papa que voló al encuentro del sol naciente, visitando largamente Filipinas y Australia, pero también haciendo escala en varios países asiáticos y en las islas Samoa. ¡Y fue un viaje memorable! Porque el primero en salir del Vaticano fue San Juan XXIII, que se fue en tren a Asís; posteriormente, San Pablo VI hizo este: ¡un viaje memorable! También en esto, intenté seguir su ejemplo; pero como tengo algunos años más que él, me limité a cuatro países: Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Timor Oriental y Singapur. ¡Doy gracias al Señor, que me permitió hacer como Papa anciano lo que me hubiera gustado hacer como joven jesuita, ¡porque quería ir en misión allí!

Una primera reflexión que surge espontáneamente tras este viaje es que, al pensar en la Iglesia, todavía seguimos siendo demasiado eurocéntricos o, como se suele decir, «occidentales». Pero en realidad, la Iglesia es mucho más grande, mucho más grande que Roma y Europa, mucho más grande, y – permítanme decirlo - mucho más viva en esos países. Lo experimenté con emoción cuando conocí esas comunidades, escuchando los testimonios de sacerdotes, monjas, laicos, especialmente catequistas – los catequistas son los que llevan adelante la evangelización - Iglesias que no hacen proselitismo, sino que crecen por «atracción», como decía sabiamente Benedicto XVI.

En Indonesia, los cristianos son aproximadamente el 10%, y los católicos el 3%, una minoría. Pero lo que encontré fue una Iglesia viva, dinámica, capaz de vivir y transmitir el Evangelio en un país que tiene una cultura muy noble, proclive a armonizar la diversidad, y que al mismo tiempo cuenta con la mayor presencia de musulmanes del mundo. En ese contexto, tuve la confirmación de cómo la compasión es el camino por el que los cristianos pueden y deben caminar para dar testimonio de Cristo Salvador y encontrarse al mismo tiempo con las grandes tradiciones religiosas y culturales. En cuanto a la compasión, no olvidemos las tres características del Señor: cercanía, misericordia y compasión. Dios es cercano, Dios es misericordioso y Dios es compasivo. Si un cristiano no tiene compasión, no sirve para nada. «Fe, fraternidad, compasión» fue el lema de la visita a Indonesia: con estas palabras el Evangelio entra cada día, concretamente, en la vida de ese pueblo, acogiéndola y dándole la gracia de Jesús muerto y resucitado. Estas palabras son como un puente, como el paso subterráneo que une la catedral de Yakarta con la mezquita más grande de Asia. Allí vi que la fraternidad es el futuro, es la respuesta a la anti-civilidad, a las tramas diabólicas del odio y de la guerra, también del sectarismo. Existe la hermandad, la fraternidad.

Encontré la belleza de una Iglesia misionera, “en salida”, en Papúa Nueva Guinea, un archipiélago que se extiende hacia la inmensidad del océano Pacífico. Allí, las diferentes etnias hablan más de ochocientas lenguas: un entorno ideal para el Espíritu Santo, al que le gusta hacer resonar el mensaje del Amor en la sinfonía de los lenguajes. No es uniformidad lo que hace el Espíritu Santo, es sinfonía, es armonía, Él es el “patrón”, Él es el jefe de la armonía. Allí, de manera especial, los protagonistas fueron y siguen siendo los misioneros y los catequistas. Me alegró el corazón poder pasar algún tiempo con los misioneros y catequistas de hoy; y me conmovió escuchar las canciones y la música de los jóvenes: en ellos vi un futuro nuevo, sin violencia tribal, sin dependencias, sin colonialismo ideológico y económico; un futuro de fraternidad y de cuidado del maravilloso ambiente natural. Papúa Nueva Guinea puede ser un «laboratorio» de este modelo de desarrollo integral, animado por la “levadura” del Evangelio. Porque no hay humanidad nueva sin hombres y mujeres nuevos, y éstos sólo los hace el Señor. Y también me gustaría mencionar mi visita a Vanimo, donde los misioneros se encuentran entre la selva y el mar. Entran en la selva para buscar a las tribus más escondidas…Un recuerdo precioso, éste.

La fuerza de promoción humana y social del mensaje cristiano destaca de forma particular en la historia de Timor Oriental. Allí, la Iglesia ha compartido el proceso de independencia con todo el pueblo, orientándolo siempre hacia la paz y la reconciliación. No se trata de una ideologización de la fe, no, es la fe la que se hace cultura y al mismo tiempo la ilumina, la purifica y la eleva. Por eso relancé la fructífera relación entre fe y cultura, en la que ya se había centrado San Juan Pablo II en su visita. Hay que inculturar la fe y evangelizar las culturas. Fe y cultura. Pero, sobre todo, me impresionó la belleza de ese pueblo: un pueblo probado pero alegre, un pueblo sabio en el sufrimiento. Un pueblo que no sólo genera muchos niños - ¡había un mar de niños, tantos! – sino que les enseña a sonreír. Nunca olvidaré la sonrisa de los niños de esa patria, de esa región. Los niños de allí siempre sonríen, y son muchos. Ese pueblo les enseña a sonreír, y esto es una garantía de futuro. En resumen, en Timor Oriental vi la juventud de la Iglesia: familias, niños, jóvenes, muchos seminaristas y aspirantes a la vida consagrada. Quisiera decir, sin exagerar, que ¡respiré «aire de primavera»!

La última etapa de este viaje fue Singapur. Un país muy diferente de los otros tres: una ciudad-estado, muy moderna, el polo económico y financiero de Asia y no solo. Los cristianos allí son una minoría, pero siguen formando una Iglesia viva, comprometida a generar armonía y fraternidad entre las diferentes etnias, culturas y religiones. Incluso en la rica Singapur existen los «pequeños», que siguen el Evangelio y se convierten en sal y luz, testigos de una esperanza más grande de aquella que los beneficios económicos pueden garantizar.

Quisiera dar las gracias a estos pueblos que me han acogido con tanto calor, con tanto amor. Quiero dar las gracias a sus Gobiernos, que tanto han ayudado en esta visita, para que pudiera realizarse de forma ordenada, sin problemas. Doy las gracias a todos los que han colaborado en ello. ¡Agradezco a Dios el don de este viaje! Y renuevo mi gratitud a todos, a todos ellos. ¡Que Dios bendiga a los pueblos que he encontrado y los guíe por el camino de la paz y de la fraternidad!

¡Saludos a todos!
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Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Agradezco al Señor por el don de la visita a Asia y Oceanía, así como a todas las personas que me han acompañado con sus oraciones. También renuevo mi gratitud a las autoridades y a las Iglesias locales que me han acogido con tanto entusiasmo. Que Jesús los bendiga, los guíe por caminos de paz y fraternidad, y la Virgen Santa los cuide. Muchas gracias.
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Resumen leído en español por el Santo Padre Francisco

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy quiero compartir con ustedes algunas vivencias del viaje apostólico que realicé en Asia y Oceanía. Allí me encontré con comunidades que dan testimonio de una Iglesia en salida, una Iglesia viva y alegre. En Indonesia pude ver cómo la fe, la fraternidad y la compasión son el camino para anunciar a Cristo y establecer puentes con las grandes tradiciones religiosas y culturales. En Papúa Nueva Guinea fui testigo de la gran labor de los misioneros y catequistas que, con la fuerza del Espíritu Santo, transmiten la alegría del Evangelio a grupos étnicos que hablan más de ochocientas lenguas.

Quiero recordar de alguna manera a los misioneros de Vanimo, que están entre el mar y la selva, y que continuamente entran en la selva para llegar a las tribus mas lejanas.

En Timor Oriental la Iglesia es un instrumento de paz y reconciliación, llamada a promover la relación entre fe y cultura. Es un pueblo joven que, aun probado por el sufrimiento, no deja de sonreír. Fue muy hermoso ver la sonrisa de los niños. La última etapa del viaje fue Singapur, un país moderno y próspero, donde los cristianos constituyen una minoría, pero que son sal y luz, testimoniando que hay una esperanza mucho más grande de aquella que los beneficios económicos pueden ofrecer.
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Llamamientos

En los últimos días, fuertes lluvias torrenciales han azotado Europa Central y Oriental, causando muertos, desaparecidos y cuantiosos daños. Austria, Rumanía, la República Checa y Polonia, en particular, tienen que hacer frente a los trágicos inconvenientes causados por las inundaciones. Aseguro a todos mi cercanía, rezando especialmente por los que han perdido la vida y por sus familias. Agradezco y animo a las comunidades católicas locales y a otras organizaciones de voluntarios por la ayuda y el socorro que están aportando.

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El próximo sábado, 21 de septiembre, es el Día Mundial del Alzheimer. Recemos para que la ciencia médica pueda ofrecer pronto perspectivas de cura para esta enfermedad, y para que se realicen más y más acciones adecuadas para apoyar a los enfermos y a sus familias.



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domingo, 15 de septiembre de 2024

" Tu eres el Mesias " (Mc 8, 30)

 

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PAPA FRANCISCO

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro
Domingo, 15 de septiembre de 2024

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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

El Evangelio de la Liturgia del día nos relata que Jesús, después de haber preguntado a los discípulos qué pensaba la gente de Él, les pregunta directamente a ellos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?» (Mc 8,29). Pedro responde en nombre de todo el grupo diciendo: «Tú eres el Mesías» (v. 30). Sin embargo, cuando Jesús empieza a hablar del sufrimiento y de la muerte que le esperan, el mismo Pedro se opone, y Jesús le increpa duramente: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! – le dice Satanás – ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!» (v. 33).

Fijándonos en la actitud del apóstol Pedro, también nosotros podemos preguntarnos qué significa realmente conocer a Jesús. Qué significa conocer a Jesús.

De hecho, por un lado, Pedro responde de manera perfecta, diciendo a Jesús que Él es el Mesías. Sin embargo, detrás de estas palabras correctas sigue habiendo un modo de pensar “según los hombres”, una mentalidad que imagina un Mesías fuerte, un Mesías victorioso, que no puede sufrir o morir. Por lo tanto, las palabras con las que Pedro responden son “correctas”, pero su modo de pensar no ha cambiado. Él tiene todavía que cambiar de mentalidad, él todavía tiene que convertirse.

Y este es un mensaje importante también para nosotros. En efecto, también nosotros hemos aprendido algo sobre Dios, conocemos la doctrina, rezamos las oraciones de manera correcta y, tal vez, a la pregunta de “¿quién es Jesús para ti?” respondemos bien, con alguna fórmula que hemos aprendido del catecismo. Pero, ¿estamos seguros de que esto significa conocer realmente a Jesús? En realidad, para conocer al Señor no basta con saber algo de Él, sino que es necesario seguirlo, dejarse tocar y cambiar por su Evangelio. Se trata de tener con Él una relación, un encuentro. Yo puedo conocer muchas cosas de Jesús, pero si no lo he encontrado, entonces yo no sé quién es Jesús. Es necesario este encuentro que cambia la vida: cambia el modo de ser, cambia el modo de pensar, cambia las relaciones que tienes con los hermanos, la disposición a acoger y a perdonar, cambia las elecciones que haces en la vida. ¡Todo cambia si realmente has conocido a Jesús! Todo cambia.

Hermanos y hermanas el teólogo y pastor luterano Bonhoeffer, víctima del nazismo, escribió así: «El problema que no me deja nunca tranquilo es el de saber qué es realmente para nosotros hoy el cristianismo o quién es Cristo» (Resistenza e Resa. Lettere e scritti dal carcere, Cinisello Balsamo 1996, 348) (Resistencia y sumisión: cartas y apuntes desde el cautiverio). Desafortunadamente, muchos ya no se hacen esta pregunta y se quedan “tranquilos”, adormecidos, incluso lejos de Dios. Es importante, en cambio, que nos preguntemos: ¿Yo me dejo inquietar, me pregunto quién es Jesús para mí y qué lugar ocupa en mi vida?

Que con esta pregunta nos ayude nuestra madre María, que conocía bien a Jesús.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Expreso mi cercanía a las poblaciones de Vietnam y de Myanmar, que sufren a causa de las inundaciones provocadas por un violento tifón. Rezo por los difuntos y por los heridos y los desplazados. Que Dios sostenga a quienes han perdido a sus seres queridos y su casa y bendiga a quienes están llevando ayuda.

Ayer, en la Ciudad de México, fue beatificado Moisés Lira Serafín, sacerdote, fundador de la Congregación de las Misioneras de la Caridad de María Inmaculada, fallecido en 1950, después de una vida dedicada a ayudar a las personas a progresar en la fe y en el amor al Señor. Que su celo apostólico estimule a los sacerdotes a entregarse sin reservas por el bien espiritual del pueblo santo de Dios. ¡Un aplauso para el nuevo Beato! Veo allí las banderas mexicanas…

Hoy en Italia se celebra la Jornada de los enfermos de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Aseguro un recuerdo en la oración para ellos y para sus familiares; animo el trabajo de investigación sobre esta patología y las asociaciones de voluntariado.

Y no olvidemos las guerras que ensangrientan el mundo. Pienso en la martirizada Ucrania, en Myanmar, pienso en Oriente Medio. ¡Cuántas víctimas inocentes! Pienso en las madres que han perdido hijos en las guerras. ¡Cuántas jóvenes vidas truncadas! Pienso en Hersh Goldberg-Polin, hallado muerto en septiembre, junto a otros cinco rehenes, en Gaza. En noviembre del año pasado conocí a la madre, Rachel, que me conmovió con su humanidad. La acompaño en este momento. Rezo por las víctimas y sigo estando cerca de todas las familias de los rehenes. ¡Que cese el conflicto en Palestina e Israel! ¡Que cesen las violencias, que cese el odio! Que se libere a los rehenes, continúen las negociaciones y se encuentren soluciones de paz.

Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos de Italia y de tantos países. En particular, a los fieles de la parroquia de Santa Edwige Reina en Radom (Polonia); al grupo de sacerdotes jesuitas que han llegado a Roma por sus estudios; a los estudiantes de Stade (Alemania); y a los participantes del relevo a pie de Roma a Asís. Y saludo a los muchachos de la Inmaculada, que han tenido tres ordenaciones en estos días, ¡enhorabuena!

Os deseo a todos un feliz domingo. Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!



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viernes, 13 de septiembre de 2024

Encuentro interreligioso con los jóvenes

 

VIAJE APOSTÓLICO - El Papa en Singapur: pasajes clave del discurso pronunciado en el encuentro interreligioso con los jóvenes

viernes, 13 septiembre 2024

Vatican Media

Singapur (Agencia Fides) - Más de una hora de diálogo sincero, entre preguntas y respuestas, intercambio de bromas y sonrisas. Así ha concluido el largo Viaje Apostólico del Papa Francisco a Asia y Oceanía, abrazando a los jóvenes de Singapur comprometidos cotidianamente en el diálogo interreligioso. Como ha sucedido en otras ocasiones, el discurso preparado ha sido dejado de lado por el Pontífice, que ha hablado a los jóvenes completamente sobre la marcha tras escuchar los testimonios de cada uno de ellos.
A continuación, los pasajes clave:

Me han llamado la atención tres palabras que habéis dicho: críticos de salón, zona de confort y tecnología: tener que usarla y el riesgo de usarla.

La juventud es valiente, a los jóvenes les gusta ir hacia la verdad, caminar, ser creativos. Pero los jóvenes deben tener cuidado de no caer en las críticas de salón que dicen bla bla bla.

Un joven debe ser crítico, un joven que no critica es triste. Pero debe ser constructivo en la crítica porque hay críticas destructivas que no crean nuevos caminos.

Los jóvenes deben tener el valor de construir, de salir de su zona de confort. Un joven que se queda en su zona de confort es un joven que engorda, pero no la barriga, engorda la mente. Por eso les digo a los jóvenes: arriesgaos, salid.

No tengan miedo. El miedo es una actitud que te paraliza. Es cierto, muchas veces los jóvenes cometen errores. Es normal, pero lo importante es darse cuenta.

Os hago la pregunta: ¿qué es peor, equivocarse porque estoy en un camino o no equivocarse porque estoy encerrado en casa? Un joven que no se arriesga y tiene miedo de equivocarse es un viejo. ¿entendido?

Habéis hablado de los medios de comunicación, hoy en día hay tantas posibilidades de utilizarlos: teléfonos móviles, televisión... Os pregunto. ¿Es bueno utilizar los medios de comunicación o no lo es? ¿Cómo es un joven que no usa los medios? Cerrado. Un joven que vive totalmente esclavizado a los medios ¿cómo es? Disperso.

Todos, incluidos los jóvenes, debemos utilizar los medios de comunicación pero para ayudarnos a avanzar y no para esclavizarnos. ¿ Estáis de acuerdo o no?

Me ha impresionado vuestro diálogo, y eso es muy importante. Porque si empiezas a discutir 'mi religión es más importante, la mía es verdadera, la tuya no', ¿a dónde nos lleva eso? A la destrucción.

Todas las religiones son un camino, como diferentes idiomas para llegar a Dios. Dios es Dios para todos y por eso todos somos hijos de Dios. Ser musulmán, cristiano, hindú, son caminos diferentes para llegar a Él.

Una de las cosas que ayuda mucho es el respeto. Entre los jóvenes hay una cosa muy fea, los que hacen bullying. Tanto verbal como físicamente, lo suyo son siempre agresiones. Lo hacen con los más débiles, por ejemplo con un niño o una niña discapacitados. Pero cada uno de nosotros tenemos nuestras capacidades y discapacidades. También el Papa. Y como tenemos las nuestras debemos respetar las discapacidades de los demás.

Digo esto porque su superación ayuda en el diálogo interreligioso. Porque el diálogo interreligioso se construye con el respeto a los demás. Y si dialogáis como jóvenes dialogaréis aún más como adultos, como ciudadanos y políticos.

Os diré algo histórico: toda dictadura lo primero que hace es cortar el diálogo.

Os deseo que vayáis siempre hacia delante y no hacia atrás. Asumid riesgos; porque por el contrario, os crece la barriga. Y cuando crezcáis y os convirtáis en abuelos, enseñad todas estas cosas a los niños.
(F.B.) (Agencia Fides 13/9/2024)


jueves, 12 de septiembre de 2024

Cultivar la comunión en la caridad.

 

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VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD FRANCISCO
A INDONESIA, PAPÚA NUEVA GUINEA,
TIMOR ORIENTAL, SINGAPUR
(2-13 de septiembre de 2024)

SANTA MISA

HOMILÍA DEL SANTO PADRE

Estadio Nacional en el “Singapore Sports Hub” 
Jueves, 12 de septiembre de 2024

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«El conocimiento llena de orgullo, mientras que el amor edifica» (1 Co 8,1). San Pablo dirige estas palabras a los hermanos y hermanas de la comunidad cristiana de Corinto —que era una comunidad rica de múltiples carismas (cf. 1 Co 1,4-5)— a la cual el mismo Apóstol, en sus cartas, con frecuencia recomienda cultivar la comunión en la caridad.

Escuchamos estas mismas palabras mientras agradecemos juntos al Señor por la Iglesia de Singapur, que también es rica de dones, está viva, en crecimiento y en diálogo constructivo con las distintas confesiones y religiones con las que comparte esta maravillosa tierra.

Precisamente por esto, quisiera comentar las mismas palabras, inspirándome en la belleza de esta ciudad y en las grandes y osadas arquitecturas que contribuyen a hacerla tan famosa y fascinante, comenzando por el impresionante complejo del Estadio Nacional en el que nos encontramos. Y quisiera hacerlo recordando que, en última instancia, incluso en el origen de estas imponentes construcciones — como en el de cualquier otro proyecto que deja una huella positiva en este mundo—, no está en primer lugar, como muchos piensan, el dinero, ni la técnica, ni siquiera la ingeniería —todos medios útiles, muy útiles—, sino en definitiva está el amor, “el amor que construye”.

Quizás alguno pudiera pensar que se trata de una afirmación ingenua, pero si lo reflexionamos detenidamente, no es así. De hecho, no existe una obra buena detrás de la cual no haya, tal vez, personas brillantes, fuertes, ricas, creativas, aunque sean siempre mujeres y hombres frágiles, como nosotros, para los cuales sin el amor no hay vida, ni impulso, ni razón para actuar, ni fuerza para construir.

Queridos hermanos y hermanas, si algo bueno existe y permanece en este mundo, es sólo porque, en múltiples y variadas circunstancias, el amor ha prevalecido sobre el odio, la solidaridad sobre la indiferencia, la generosidad sobre el egoísmo. Si no fuera por eso, aquí nadie habría podido hacer crecer una metrópolis tan grande, los arquitectos no habrían hecho proyectos, los obreros no habrían trabajado y nada se habría podido realizar.

Así pues, lo que nosotros vemos es un signo, y detrás de cada una de las obras que tenemos ante nosotros hay muchas historias de amor por descubrir. Historias de hombres y mujeres unidos entre sí en una comunidad; de ciudadanos comprometidos con su país; de madres y padres preocupados por sus familias; de profesionales y trabajadores de todo tipo y grado, implicados sinceramente en sus diversos roles y tareas. Y es bueno que aprendamos a interpretar estas historias, escritas en las fachadas de nuestras casas y en los trazados de nuestras calles, y a transmitir su memoria, para recordarnos que nada que sea perdurable nace y crece sin amor.

A veces sucede que la grandeza y la imponencia de nuestros proyectos pueden hacernos olvidar esto, engañándonos al pensar que podemos ser los autores de nosotros mismos, de nuestra riqueza, de nuestro bienestar, de nuestra felicidad; sin embargo, al final la vida acaba siempre por devolvernos a la única realidad, la de que sin amor no somos nada.

La fe, pues, nos confirma y nos ilumina aún más sobre esta certeza, porque nos dice que en la raíz de nuestra capacidad de amar y de ser amados está Dios mismo, que con corazón de Padre nos deseó y nos llamó a la existencia de modo totalmente gratuito (cf. 1 Co 8,6) y que, de manera igualmente gratuita, nos ha redimido y liberado del pecado y de la muerte, mediante la muerte y resurrección de su Hijo Unigénito. En Él, en Jesús, está el origen y el cumplimiento de todo lo que somos y lo que podemos llegar a ser.

Así, en nuestro amor vemos un reflejo del amor de Dios, como afirmó san Juan Pablo II con ocasión de su visita a esta tierra, añadiendo una frase importante, a saber, que “por eso el amor se caracteriza por un profundo respeto a todos los hombres, independientemente de su raza, de su credo o de cualquier aspecto que les pudiera hacer diferentes de nosotros” (cf. Homilía de la Santa Misa en el Estadio Nacional de Singapur, 20 noviembre 1986).

Hermanos y hermanas, estas son unas palabras importantes para nosotros porque, más allá de lo maravillados que nos sentimos ante las obras creadas por el hombre, nos recuerda que hay una maravilla todavía más grande, que hay que abrazar con admiración y respeto aún mayores. Se trata de los hermanos y hermanas que encontramos cada día en nuestro camino, sin preferencias ni diferencias. Testimonio de ello lo dan la sociedad y la Iglesia de Singapur, étnicamente tan diversas y, sin embargo, tan unidas y solidarias.

¿Cuál es el edificio más hermoso, el tesoro más precioso, la inversión más rentable a los ojos de Dios? Somos nosotros, somos todos nosotros, hijos amados de un mismo Padre (cf. Lc 6,36), llamados a su vez a difundir el amor. De ello nos hablan las lecturas de esta Santa Misa que desde distintos puntos de vista describen la misma realidad, es decir, que la caridad es dulce al respetar la vulnerabilidad de los débiles (cf. 1 Co 8,13), es providente al conocer y acompañar a los que se sienten inseguros en el camino de la vida (cf. Sal 138), es magnánima y benevolente al perdonar más allá de todo cálculo y medida (cf. Lc 6,27-38).

El amor que Dios nos muestra, y que a su vez nos invita a practicar, actúa de este modo: “responde generosamente a las necesidades de los pobres, se caracteriza por la piedad hacia los que sufren, está dispuesto a ofrecer hospitalidad, es fiel en los momentos difíciles, está siempre dispuesto a perdonar, a esperar”, perdonar y esperar hasta el punto “de corresponder con una bendición a una blasfemia, esta es la esencia del Evangelio” (cf. S. Juan Pablo II, Homilía de la Santa Misa en el Estadio Nacional de Singapur, 20 noviembre 1986).

Esto lo podemos constatar en numerosos santos, hombres y mujeres conquistados por el Dios de la misericordia, hasta el punto de convertirse en su reflejo, en su eco, en su imagen viva. Y quisiera, para terminar, mencionar a dos de ellos.

La primera es María, cuyo Dulce Nombre celebramos hoy. ¡A cuántas personas su apoyo y su presencia han dado y siguen dando esperanza!, ¡en cuántos labios su nombre ha aparecido y aparece en momentos de alegría y también de dolor! Y esto sucede porque en ella, en María, vemos el amor del Padre manifestado en una de las formas más bellas y totales: la de la ternura ―¡no olvidemos la ternura!― la ternura de una madre, que todo lo comprende y lo perdona todo, y que nunca nos abandona. Por eso nos encomendamos a ella.

El segundo es un santo muy querido en esta tierra, que encontró aquí hospitalidad muchas veces durante sus viajes misioneros. Hablo de san Francisco Javier, que fue recibido en esta tierra en numerosas ocasiones, la última de ellas el 21 de julio de 1552.

De él nos ha quedado una hermosa carta dirigida a san Ignacio y a los primeros compañeros, en la que expresa su deseo de ir a todas las universidades de su tiempo «dando voces, como hombre que tiene perdido el juicio, […] a los que tienen más letras que voluntad», para que se sientan impulsados a hacerse misioneros por amor a sus hermanos, diciendo desde el fondo de su corazón: «“Señor, aquí estoy, ¿qué quieres que yo haga?”» (Carta desde Cochín, enero de 1544).

También nosotros podríamos hacer nuestras estas palabras, siguiendo su ejemplo y el de María: “Señor, aquí estoy, ¿qué quieres que haga?”. Que estas palabras nos acompañen no sólo en estos días, sino siempre, como un compromiso constante de escuchar y responder con prontitud a las invitaciones al amor y a la justicia, invitaciones que también hoy nos siguen llegando desde la infinita caridad de Dios.



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miércoles, 11 de septiembre de 2024

DISCURSO DEL SANTO PADRE “Centro de Convenções” (Dili, Timor Oriental)

 

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VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD FRANCISCO
A INDONESIA, PAPÚA NUEVA GUINEA,
TIMOR ORIENTAL, SINGAPUR
(2-13 de septiembre de 2024)

ENCUENTRO CON LOS JÓVENES

DISCURSO DEL SANTO PADRE

  “Centro de Convenções” (Dili, Timor Oriental)
Miércoles, 11 de septiembre de 2024

[Multimedia]

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Dadeer di'ak!  

Lo primero de todo, [les] hago una pregunta, a ver quién me la contesta. ¿Qué hacen los jóvenes? —¿Qué hacen los jóvenes?—. Tú [indica a una joven]. “Proclamar a Cristo” [responde la joven]. Muy bien.

¿Qué otra cosa hacen los jóvenes? —¿Qué otra cosa?—. “Proclamar la Palabra de Dios” [responde otro joven]. Muy bien.

¿Qué otra cosa hacen los jóvenes? “Amarse unos a otros” [responde otro joven]. Amar, los jóvenes tienen una gran capacidad de amar.

¿Qué otra cosa hacen los jóvenes? “Debemos cultivar la paz en nuestro país” [responde otro joven]. Esto no se lo olviden nunca. Muy bien, —muy bien—.

Pero hay una cosa que los jóvenes hacen siempre, los jóvenes de diversa nacionalidad, los jóvenes de diversas religiones. ¿Saben, qué cosa hacen los jóvenes siempre? Los jóvenes hacen lío, —los jóvenes hacen lío—. ¿Están de acuerdo?, ¿están de acuerdo con esto? [Los jóvenes responden].

Les agradezco los saludos, los testimonios y las preguntas, les agradezco los bailes. Porque ustedes saben que bailar es expresar con todo el cuerpo un sentimiento. ¿Ustedes conocen algún joven que no sepa bailar? [Los jóvenes responden]. La vida viene con el baile, y ustedes son un país de gente joven.

Hay una cosa que yo le decía esta mañana a un obispo, no me voy a olvidar más de la sonrisa de ustedes. No dejen de sonreír. Y ustedes, los jóvenes, son la mayor parte de la población de esta tierra, y su presencia llena de vida esta tierra, la llena de esperanza y la llena de futuro. No pierdan el entusiasmo de la fe. Imagínense un joven sin fe, con la cara “así”.

¿Pero saben ustedes qué es lo que a un joven —a una joven— lo tira abajo? Los vicios. Estén atentos, porque vienen aquellos que se llaman vendedores de felicidad y te venden la droga, te venden tantas cosas que te dan felicidad por media hora, nada más. Ustedes conocen esto mejor que yo. —Ustedes conocen mejor que yo esta situación—. ¿La conocen o no? [Los jóvenes responden]. No escucho [los jóvenes responden de nuevo]. Muy bien, gracias.

Yo les deseo que sigan adelante con la alegría de la juventud. Pero, no se olviden de una cosa, que ustedes son herederos de aquellos que los precedieron fundando esta nación. Por eso, no pierdan la memoria. La memoria de aquellos que los precedieron y con tanto sacrificio consolidaron esta nación.

Y hay dos cosas que a mí me tocaron el corazón cuando iba pasando por sus calles, me tocaron mucho el corazón: la juventud de este país y la sonrisa de su pueblo. Ustedes son un pueblo que sabe sonreír, sigan así, no se olviden de esto.

Un joven tiene que soñar. Y, ¿cómo se hace Padre para soñar? ¿se bebe alcohol? [Los jóvenes responden]. No, si haces eso vas a tener pesadillas. Los invito a soñar, a soñar cosas grandes. Un joven que no sueña es un jubilado de la vida. Y alguno de estos jóvenes, alguno de entre ustedes, ¿es un jubilado? [Los jóvenes responden]. Los jóvenes tienen que hacer lío, para mostrar la vida que tienen. Pero un joven normalmente se encuentra en medio del camino de la vida, está en la mitad —en medio del camino de la vida—. Entre los niños chicos y los mayores. Y ustedes, ¿saben cuál es una de las riquezas más lindas, más hermosas, que tiene una sociedad? ¿Lo saben? Son los ancianos, los abuelos. Ustedes jóvenes [son una riqueza] y la otra punta son los ancianos, pero son los abuelos —son los ancianos— los que les dan sabiduría a los jóvenes. Ustedes, ¿respetan a los ancianos? [Los jóvenes responden]. Los ancianos nos preceden siempre en la historia, a nosotros los jóvenes, ¿verdad? Los ancianos son un tesoro. Los dos tesoros de un pueblo son los niños y los ancianos. ¿Entendido? Haber repítanlo ustedes, ¿cuáles son los dos tesoros más grandes de un pueblo? [Los jóvenes responden]. Los niños y los ancianos. Por eso, una sociedad que tiene tantos niños, como la de ustedes, tiene que cuidarlos. Y [una sociedad] que tiene tantos ancianos, que son la memoria, tiene que respetarlos y cuidarlos.

Les voy a contar una historia. Resulta que en una familia comían juntos el papá, la mamá, los hijos y el abuelo muy anciano. Y el abuelo, pobrecito muy anciano, cuando comía se ensuciaba, se le caía la comida. Entonces, el papá decidió poner una mesa en la cocina para que el abuelo comiera solo ahí. Y le explicó a la familia que, teniendo al abuelo fuera, podrían invitar gente sin pasar vergüenza por el anciano. Piensen esto, pasaron unos días y el papá llegó y encontró a su hijo de cinco años jugando con unas maderas. Y el papá le preguntó, ¿qué estás haciendo con esas maderas? Estoy haciendo una mesa [le respondió el niño]. ¿Para qué? Para ti. Para cuando seas viejo y tengas que comer solo.

Los dos tesoros más grandes que tiene una sociedad son los niños y los abuelos. Repitamos juntos, ¿cuáles son los dos tesoros más grandes de la sociedad? [Los jóvenes responden]. Por favor, cuiden a los niños y cuiden a los abuelos, ¿de acuerdo? Y ahora un aplauso muy grande a nuestros abuelos.

Ustedes en este país tan sonriente tienen una historia maravillosa: de heroísmo, de fe, de martirio y, sobre todo, de perdón y de reconciliación. Les hago una pregunta, ¿quién es la persona, en toda la historia, que fue capaz de perdonar y querer reconciliar? Piensen bien. ¿Quién es esa persona? —¿quién es?— [Los jóvenes responden]. ¡Jesús! Jesús nuestro hermano es quien nos quiere a todos juntos, y [el tema de la] reconciliación me lleva a recomendarles a ustedes tres cosas —[lo digo] e֫n particular a los jóvenes—: libertad, compromiso, fraternidad.

En la lengua tetum hay un dicho que dice: “ukun rasik-an”, es decir, tener la capacidad de gobernarse a sí mismo. Un joven o una joven que no son capaces de gobernarse a sí mismos, que no son capaces de vivir el “ukun rasik-an” ¿Qué son?, ¿repitan? [Los jóvenes responden], son dependientes. Muy bien. Y un hombre, una mujer, un joven, una joven que no se gobierna a sí mismo es esclavo, es dependiente, no es libre. Y, ¿de qué puede ser esclavo un joven? A ver conteste alguno de ustedes. ¿de qué? Del pecado, del celular. Después les cuento una cosa relacionada con el celular. De qué otras cosas, ¿de qué puede ser esclavo? Se puede ser esclavo de su propio deseo, [del] creerse omnipotente. ¿De qué otra cosa un joven puede ser esclavo? [Los jóvenes responden]. Lindo. La arrogancia, un joven que es siempre así, es un joven arrogante. Por el contrario, un joven comprometido, un joven que trabaja, ¿cómo es? Díganme. ¿Cómo es? [Los jóvenes responden]. Es un joven que trabaja, que ama la simplicidad. ¿Qué más? Que tiene responsabilidad. Un joven que ama la compañía de los hermanos, de las hermanas, que tiene responsabilidad, es un joven que ama la patria. Eso es muy importante.

Y hay otra cosa [importante que dijeron] Rogéria y Cecilia Efranio, refiriéndose a la importancia de cuidar la casa común y de cultivar la unidad de la familia. Un joven tiene que entender que ser libre no es hacer lo que uno quiere, sino que un joven tiene responsabilidad. Y una de las responsabilidades que tiene es aprender a cuidar la casa común, y para eso el joven tiene que comprometerse. Hay un proverbio oriental que dice: los tiempos difíciles crean hombres fuertes. Y miren a sus padres, a sus abuelos, que tuvieron que enfrentar tiempos difíciles para construir la libertad del país. Y por eso ustedes tienen que aprender a manejar los tiempos difíciles.

Una última cosa antes de irme, se trata de un valor que tienen que aprender, la fraternidad. Ser hermanos, no ser enemigos. Sus mayores, sus padres y sus abuelos, quizás con ideas diversas, fueron hermanos. Les pregunto: ¿es bueno que los jóvenes tengan ideas diversas? [Los jóvenes responden], ¿para qué?, ¿para pelearnos con los otros?, ¿o para respetarnos? [Los jóvenes responden]. Yo creo que tú piensas esto: si yo soy de esta religión y tú eres de esta otra religión, nos vamos a pelear. Esto no es así, hay que respetarse. Repitamos esa palabra: respetarse.

Les hago una pregunta, ¿el odio es una buena actitud? [Los jóvenes responden]. El amor y el servicio, estas son las verdaderas actitudes. Ahora todos juntos vamos a repetir: odio no, amor y servicio sí. [Los jóvenes responden]. Otra vez, que no escuche bien. Y si un joven, una joven, se pelea con otro, ¿qué tiene que hacer? [Los jóvenes responden]. —No oigo, ¿qué cosa dijeron?—. Repitamos todos juntos: amor y reconciliación. No escuche bien. Amor y reconciliación.

Hay una cosita que yo no sé si en este país sucede, pero en otros países sí: el bullying. ¿Aquí hay bullying? El bullying es una actitud por medio de la cual se aprovechan del más débil. Porque es feo, porque es gordo, porque camina mal, pero siempre es una actitud fea porque usa la debilidad de los demás. Aquí, en Timor-Leste, ¿hay bullying? Por favor, de ahora en adelante no más bullying.

Queridos jóvenes, sean ustedes herederos de la historia tan linda que los precedió, —sea herederos de la historia tan hermosa que los precedió—. Y llévenla adelante. Tengan coraje —tengan coraje para llevar las cosas adelante—. Y si se pelean reconcíliense. Yo les agradezco todo lo que ustedes hacen por la patria, por el pueblo de Dios. Y recordemos lo que nos ha dicho Ilham, que habló recién, que tenemos que amarnos más allá de toda diferencia étnica o religiosa. ¿Entendieron esto? [Los jóvenes responden]. Reconciliación, convivencia con toda diferencia, esto es importante. ¿Estamos de acuerdo? [Los jóvenes responden].

Y antes de terminar, tengo que darles un consejo, hagan lío —hagan lío—. Mi segundo consejo, respeten y escuchen a los ancianos, ¿de acuerdo? Primer consejo ¿Cuál es? [Los jóvenes responden]. Muy bien. Y ¿el segundo consejo? [Los jóvenes responden].

Que Dios los bendiga mucho, gracias por esta presencia, gracias por el canto y el baile, muy lindos. ¿Y cómo dijimos? Perdón, ya me olvidé. ¿Cómo eran los dos consejos?, ¿el primero?, ¿el segundo? Hagan lío —hagan lío— y respeten a los ancianos. Que Dios les conserve esta alegría. Que Dios se la conserve siempre.
 

Palabras espontáneas al final del encuentro, antes de retirarse:

Gracias por vuestra alegría, gracias por vuestra sonrisa. Yo les di dos consejos a ustedes. El primero, ¿cuál es? [Los jóvenes responden]. Hagan lío. ¿Y el segundo? [Los jóvenes responden]. Los jóvenes tienen que hacer lío y los jóvenes tienen que respetar a los ancianos. ¿De acuerdo? Todos juntos: primero, hacer lío; segundo, respeto por los ancianos. 

Gracias por la presencia. Me voy de esta tierra, que es de sonrisas, con el rostro de ustedes y con las esperanzas de ustedes en el corazón. Que Dios me los bendiga a todos.

El primer consejo. [Los jóvenes responden].

El segundo. [Los jóvenes responden]. 



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