miércoles, 21 de agosto de 2024

Espíritu Santo que descendió sobre Jesús en el bautismo

 

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[ AR  - DE  - EN  - ES  - FR  - HR  - IT  - PL  - PT ]

PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 21 de agosto de 2024

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Resumen en español

Queridas hermanas y hermanos:

Hoy reflexionamos sobre el Espíritu Santo que descendió sobre Jesús en el bautismo. Los cuatro evangelistas narran ese momento, que es fundamental en la Revelación, porque es una manifestación de la Santísima Trinidad: el Padre proclamó a su Hijo amado y el Espíritu Santo bajó sobre Jesús en forma de paloma. En el Jordán, Dios Padre consagró a Jesús como profeta, como sacerdote y como rey, ungiéndolo con el óleo espiritual —que es el Espíritu Santo— para llevar adelante su misión.

En el gesto de la unción con el crisma se simboliza la comunicación del Espíritu Santo a quien lo recibe. Cristo es el ungido del Padre, y los cristianos somos ungidos a imitación suya. Cristo es la cabeza, el Espíritu Santo es el óleo perfumado y la Iglesia es el cuerpo de Cristo donde esa fragancia se difunde. Cuando en la Misa del Jueves Santo se consagra el óleo llamado “crisma”, el obispo pide por quienes recibirán la unción en el bautismo y la confirmación, para que sean en el mundo testigos fieles de la redención y portadores del buen olor de Cristo.

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Saludos

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Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Veo banderas mexicanas, salvadoreñas, argentinas, uruguayas. ¡Cuántos hispanoparlantes! Los animo a difundir el perfume de Cristo por medio de los frutos del Espíritu Santo, es decir, dando testimonio del amor, la alegría, la paz, la afabilidad y la bondad, entre otros (cf. Ga 5,22). Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Muchas gracias.

 



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domingo, 18 de agosto de 2024

«Yo soy el pan vivo, bajado del cielo» (Jn 6,51).

 

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[ EN  - ES  - HR  - IT ]

PAPA FRANCISCO

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro
Domingo, 18 de agosto de 2024

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Queridos hermanos y hermanas, ¡Feliz domingo!

Hoy el Evangelio nos habla de Jesús, que afirma con sencillez: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo» (Jn 6,51). Ante la multitud, el Hijo de Dios se identifica con el alimento más común y cotidiano, el pan: «Yo soy el pan». Entre los que escuchan, algunos empiezan a discutir (cf. v. 52): ¿cómo puede Jesús darnos a comer su propia carne? También nosotros nos hacemos hoy esta pregunta, pero con asombro y gratitud. He aquí dos actitudes sobre las que reflexionar: asombro y gratitud, ante el milagro de la Eucaristía.

Primero: asombrarnos, porque las palabras de Jesús nos sorprenden. Pero Jesús siempre nos sorprende. Siempre. Incluso hoy, en su propia vida, Jesús siempre nos sorprende. El pan del cielo es un don que supera todas las expectativas. Quien no capta el estilo de Jesús sigue desconfiando: parece imposible, incluso inhumano, comer la carne de otro (cf. v. 54). La carne y la sangre, en cambio, son la humanidad del Salvador, su propia vida ofrecida como alimento para la nuestra. 

Y esto nos lleva a la segunda actitud: gratitud -primero, asombro; ahora, la gratitud-, porque reconocemos a Jesús allí donde está presente para nosotros y con nosotros. Él se hace pan para nosotros. «El que come mi carne permanece en mí y yo en él» (cf. v. 56). El Cristo, verdadero hombre, sabe bien que hay que comer para vivir. Pero también sabe que esto no basta. Después de haber multiplicado el pan terrenal (cf. Jn 6,1-14), prepara un don aún mayor: Él mismo se convierte en verdadera comida y verdadera bebida (cf. v. 55). ¡Gracias, Señor Jesús! Con el corazón podemos decir: 'Gracias, gracias'.

El pan celestial, que viene del Padre, es el mismo Hijo hecho carne por nosotros. Este alimento nos es más que necesario, porque sacia el hambre de esperanza, el hambre de verdad, el hambre de salvación que todos sentimos, no en el estómago, sino en el corazón. La Eucaristía nos es necesaria, a todos.

Jesús se ocupa de la mayor necesidad: nos salva, alimentando nuestra vida con la suya, y esto, para siempre. Y gracias a Él podemos vivir en comunión con Dios y entre nosotros. El pan vivo y verdadero no es algo mágico, no; no es una cosa que resuelve de repente todos los problemas, sino que es el Cuerpo mismo de Cristo, que da esperanza a los pobres y vence la arrogancia de los que se jactan en su detrimento.

Preguntémonos entonces, hermanos y hermanas: ¿tengo hambre y sed de salvación, no sólo para mí, sino para todos mis hermanos? Cuando recibo la Eucaristía, que es el milagro de la misericordia, ¿soy capaz de maravillarme ante el Cuerpo del Señor, muerto y resucitado por nosotros?

Oremos juntos a la Virgen María, para que nos ayude a recibir el don del cielo en el signo del pan.

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Palabras después del Ángelus

¡Queridos hermanos y hermanas!

Hoy, en Uvira, en la República Democrática del Congo, han sido beatificados Luigi Carrara, Giovanni Didoné y Vittorio Faccin, misioneros javerianos italianos, junto con Albert Joubert, sacerdote congoleño, asesinados en aquel país el 28 de noviembre de 1964. Su martirio fue la culminación de una vida dedicada al Señor y a los hermanos. Que su ejemplo y su intercesión favorezcan caminos de reconciliación y de paz para el bien del pueblo congoleño. ¡Aplaudamos a los nuevos Beatos!

Y seguimos rezando para que se abran caminos de paz en Oriente Medio, Palestina, Israel, así como en la martirizada Ucrania, en Myanmar y en todas las zonas en guerra, con un compromiso de diálogo y negociación y absteniéndose de acciones y reacciones violentas.

Los saludo a todos, queridos fieles de Roma y peregrinos venidos de Italia y de diversos países. Saludo en particular a los del Estado de São Paulo, en Brasil, y también a las Hermanas de Santa Isabel.

Envío mi saludo y mi bendición a las mujeres y a las jóvenes reunidas en el santuario mariano de Piekary Šląskie, en Polonia, y las animo a testimoniar con alegría el Evangelio en sus familias y en la sociedad. Y saludo a los jóvenes de la Inmaculada.

Les deseo a todos un buen domingo. Por favor, no olviden rezar por mí. Buen almuerzo y hasta luego.



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jueves, 15 de agosto de 2024

SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

 

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SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

PAPA FRANCISCO

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro
Jueves, 15 de agosto de 2024

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Estimados hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy celebramos la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María y, en el Evangelio de la Liturgia, contemplamos a la joven doncella de Nazaret que, al recibir el anuncio del Ángel, se pone en camino para visitar a su prima.

Es hermosa esta expresión del Evangelio: «se puso en camino» (Lc 1,39). Significa que María no considera un privilegio la noticia recibida del Ángel, sino que, por el contrario, deja su casa y se pone en camino, con la prisa de quien desea anunciar a los demás esa alegría y con el afán de ponerse al servicio de su prima. Este primer viaje, en realidad, es una metáfora de toda su vida, porque a partir de ese momento, María estará siempre en camino: siempre estará en el camino siguiendo a Jesús, como discípula del Reino. Y, al final, su peregrinación terrena termina con su Asunción al Cielo, donde, junto a su Hijo, goza para siempre de la alegría de la vida eterna.

Hermanos y hermanas, no debemos imaginar a María «como una inmóvil estatua de cera», sino que en ella podemos ver a una «hermana... con las sandalias gastadas... y con tanto cansancio» (C. CARRETTO, Beata te che hai creduto, Roma 1983, p. 13), por haber caminado tras el Señor y al encuentro de sus hermanos y hermanas, concluyendo su viaje en la gloria del Cielo. De este modo, la Santísima Virgen es Aquella que nos precede en el camino -nos precede, Ella-, nos precede en el camino recordándonos a todos que también nuestra vida es un viaje, un viaje continuo hacia el horizonte del encuentro definitivo. Pidamos a la Virgen que nos ayude en este camino hacia el encuentro con el Señor.

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Palabras después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas

A María Reina de la Paz, a quien hoy contemplamos en la gloria del Paraíso, quisiera confiar una vez más las angustias y los dolores de los pueblos que en tantas partes del mundo sufren tensiones sociales y guerras. Pienso en particular en la atormentada Ucrania, en Oriente Medio, en Palestina, en Israel, en Sudán y en Myanmar. Que la Madre celestial obtenga para todos consuelo y un futuro de serenidad y concordia.

Sigo con preocupación la gravísima situación humanitaria en Gaza y pido una vez más el alto el fuego en todos los frentes, la liberación de los rehenes y la ayuda a la población exhausta. Animo a todos a hacer todo lo posible para que el conflicto no se agrave y a seguir las vías de la negociación para que esta tragedia termine pronto. No lo olvidemos: la guerra es la derrota.

Mis pensamientos se dirigen ahora a Grecia, que en los últimos días ha estado luchando contra un gravísimo incendio, declarado en el noreste de Atenas. Decenas de miles de personas ya han sido evacuadas, muchas familias se han quedado sin hogar, miles de personas afrontan terribles penurias y, además de los inmensos daños materiales, se está creando una catástrofe medioambiental. Rezo por las víctimas y los heridos, aseguro mi cercanía a todos los que son probados por este grave suceso, confiando en que puedan ser sostenidos por la solidaridad común.

Y les saludo a todos ustedes, romanos y peregrinos de diversos países, en particular, a los Scouts AGESCI de Cornedo Vicentino, y a los jóvenes de la Immacolata. Les agradezco su presencia; les deseo una buena fiesta de Nuestra Señora de la Asunción y, por favor, hermanos y hermanas, no se olviden de rezar por mí. Buen provecho y ¡hasta luego!



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miércoles, 14 de agosto de 2024

Corrección fraterna (El Cronista)

 

La palabra del papa Francisco para el miércoles 14 de agosto

El papa Francisco interpreta el pasaje bíblico de la corrección fraterna como una expresión de amor hacia los demás. Destaca que corregir a los demás no es una tarea fácil, pero es importante hacerlo sin rencor y con el objetivo de ayudar. En lugar de difundir chismes sobre los errores de los demás, Jesús nos enseña a abordar el problema de manera directa y personal, hablando cara a cara con la persona involucrada.

La intención debe ser ayudar a la persona a comprender su error y encontrar el verdadero valor en la corrección. Si la persona no comprende la corrección, Jesús sugiere involucrar a la comunidad. Sin embargo, el papa Francisco enfatiza que esto no implica avergonzar públicamente a la persona, sino unir los esfuerzos de to dos para ayudarla a cambiar.

domingo, 11 de agosto de 2024

Jesús, que dice: «He bajado del cielo» (Jn 6,38).

 

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PAPA FRANCISCO

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro
Domingo, 11 de agosto de 2024

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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Hoy el Evangelio de la liturgia (Jn 6,41-51) nos habla de la reacción de los Judíos ante la afirmación de Jesús, que dice: «He bajado del cielo» (Jn 6,38). Se escandalizan.

Estos murmuran entre ellos: «¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?» (Jn 6,42). Y así murmuran. Prestemos atención a lo que dicen. Están convencidos de que Jesús no puede venir del cielo, porque es hijo de un carpintero y porque su madre y sus parientes son gente común, personas conocidas, normales, como tantos otros. ¿Cómo podría Dios manifestarse de manera tan ordinaria?, dicen. Están bloqueados en su fe por su idea preconcebida sobre sus orígenes humildes y también bloqueados por la presunción, por tanto, de que no tienen nada que aprender de Él. Las ideas preconcebidas y la presunción, ¡cuánto daño nos hacen! Impiden un diálogo sincero, un acercamiento entre hermanos: ¡cuidado con las ideas preconcebidas y la presunción! Tienen sus esquemas rígidos y no hay lugar en sus corazones para lo que no encaja en ellos, para lo que no pueden catalogar y archivar en las estanterías polvorientas de sus certezas. Y esto es cierto: muchas veces nuestras certezas están cerradas, polvorientas, como los libros viejos.

Y, sin embargo, son personas que cumplen la ley, dan limosnas, respetan los ayunos y los tiempos de la oración. Además, Cristo ya ha realizado varios milagros (cf. Jn 2,1-11; 4,43-54; 5,1-9; 6,1-25). ¿Cómo es que esto no les ayuda a reconocer en Él al Mesías? ¿Por qué no les ayuda? Porque realizan sus prácticas religiosas no tanto para escuchar al Señor, sino más bien para encontrar en estas una confirmación a lo que ellos piensan. Están cerrados a la Palabra del Señor y buscan una confirmación a sus propios pensamientos. Lo demuestra el hecho de que no se preocupan siquiera de pedir a Jesús una explicación: se limitan a murmurar entre ellos contra Él (cf. Jn 6,41), como para tranquilizarse mutuamente sobre lo que están convencidos, y se cierran, están cerrados como en una fortaleza impenetrable. Y así no son capaces de creer. La cerrazón del corazón, ¡cuánto daño hace, cuánto daño hace!

Prestemos atención a todo esto, porque a veces nos puede suceder lo mismo también a nosotros, en nuestra vida y en nuestra oración: es decir, puede suceder que en lugar de escuchar realmente lo que el Señor tiene que decirnos, busquemos en Él y en los demás solo una confirmación de lo que pensamos nosotros, una confirmación de nuestras convenciones, de nuestros juicios, que son prejuicios. Pero este modo de dirigirnos a Dios no nos ayuda a encontrar a Dios, a encontrarlo de verdad, ni a abrirnos al don de su luz y de su gracia, para crecer en el bien, para hacer su voluntad y para superar los cierres y las dificultades. Hermanos y hermanas, la fe y la oración cuando son verdaderas abren la mente y el corazón, no los cierran. Cuando encuentras a una persona que, en la mente, en la oración está cerrada, esa fe y esa oración no son verdaderas.

Preguntémonos, entonces: ¿En mi vida de fe soy capaz de callar realmente en mi interior y de escuchar a Dios? ¿Estoy dispuesto a acoger su voz más allá de mis esquemas y venciendo también, con su ayuda, mis miedos?

Que María nos ayude a escuchar con fe la voz del Señor y a cumplir con valentía su voluntad.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Hemos recordado estos días el aniversario del bombardeo atómico de las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. Mientras seguimos encomendando al Señor las víctimas de aquellos sucesos y de todas las guerras, renovemos nuestra intensa oración por la paz, especialmente para la martirizada Ucrania, para Oriente Medio, Palestina, Israel, Sudán y Myanmar.

Recuerdo hoy la fiesta de Santa Clara: dirijo un pensamiento afectuoso a todas las Clarisas y en particular a las de Vallegloria, a las que me une una hermosa amistad.

Recemos también por las víctimas del trágico accidente aéreo sucedido en Brasil.

Y os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos de Italia y de tantos países, en particular al grupo de alumnos del Seminario menor de Bérgamo, que han llegado a pie desde Asís, en un peregrinaje de algunos días de camino. ¿Os habéis cansado? ¿No? Muy bien. ¡Sois buenos!

Os deseo a todos un feliz domingo. Y también a vosotros, muchachos de la Inmaculada: ¡feliz domingo! Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí: también vosotros, brasileños, allí, que os veo bien. A todos, ¡gracias! Buen almuerzo y hasta pronto.

 

 



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miércoles, 7 de agosto de 2024

 

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[ AR  - DE  - EN  - ES  - FR  - HR  - IT  - PL  - PT ]

PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 7 de agosto de 2024

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[El siguiente texto también incorpora partes no leídas que se consideran pronunciadas]
 

Catequesis. El Espíritu y la Esposa. El Espíritu Santo guía al Pueblo de Dios al encuentro con Jesús, nuestra esperanza. 5. "Por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen". Cómo concebir y dar a luz a Jesús

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Con la catequesis de hoy entramos en la segunda fase de la historia de la salvación. Después de haber contemplado al Espíritu Santo en la obra de la Creación, lo contemplaremos durante algunas semanas en la obra de la Redención, es decir, en Jesucristo. Pasamos, pues, al Nuevo Testamento y vemos al Espíritu Santo en el Nuevo Testamento.

El tema de hoy es el Espíritu Santo en la Encarnación del Verbo. En el Evangelio de Lucas leemos: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti» - oh María- «la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra» (1,35). El evangelista Mateo confirma este dato fundamental que concierne a María y al Espíritu Santo, diciendo que María «se encontró encinta por obra del Espíritu Santo» (1,18).

La Iglesia ha recogido este dato revelado y pronto lo colocó en el corazón de su Símbolo de fe. En el Concilio Ecuménico de Constantinopla, del 381 –el que definió la divinidad del Espíritu Santo–, tal artículo entró en la fórmula del “Credo.

Se trata, por lo tanto, de un dato de fe ecuménico, porque todos los cristianos profesan juntos ese mismo Símbolo de fe. La piedad católica, desde tiempos inmemoriales, ha derivado de ello una de sus oraciones diarias, el Ángelus.

Este artículo de fe es el fundamento que permite hablar de María como de la Esposa por excelencia, que es figura de la Iglesia. En efecto, Jesús –escribe San León Magno– «así como nació por obra del Espíritu Santo de una madre virgen, así hace fecunda a la Iglesia, su Esposa inmaculada, con el soplo vital del mismo Espíritu» [1]. Este paralelismo es retomado en la Constitución dogmática Lumen gentium, que dice así:

«Creyendo y obedeciendo, engendró en la tierra al mismo Hijo del Padre, y sin conocer varón, cubierta con la sombra del Espíritu Santo […] La Iglesia, contemplando su profunda santidad e imitando su caridad y cumpliendo fielmente la voluntad del Padre, se hace también madre mediante la palabra aceptada con fidelidad, pues por la predicación y el bautismo engendra a una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por obra del Espíritu Santo y nacidos de Dios» (nn. 63, 64).

Concluimos con una reflexión práctica para nuestra vida, sugerida por la insistencia de la Escritura en los verbos “concebir” y “parir”. En la profecía de Isaías escuchamos: «He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo» (7,14); y el Ángel dice a María: «Concebirás un hijo, y lo darás a luz» (Lc 1,31). María primero concibió, luego dio a luz a Jesús: primero lo acogió en su interior, en el corazón y en la carne, luego lo dio a luz.

Así sucede con la Iglesia: primero acoge la Palabra de Dios, deja que “hable a su corazón” (cf. Os 2,16) y le “llene las entrañas” (cf. Ez 3,3), según dos expresiones bíblicas, para luego darla a luz con la vida y la predicación. La segunda operación es estéril sin la primera.

También a la Iglesia, frente a tareas superiores a sus fuerzas, le surge espontáneamente la misma pregunta: “¿Cómo es posible esto?”. ¿Cómo es posible anunciar a Jesucristo y su salvación a un mundo que parece buscar solo el bienestar? También la respuesta es la misma que entonces: «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo [...]». Sin el Espíritu Santo la Iglesia no puede avanzar, la Iglesia no crece, la Iglesia no puede predicar.

Lo que se dice de la Iglesia en general, vale también para nosotros,

para cada bautizado. Cada uno de nosotros se encuentra a veces, en la vida, en situaciones superiores a sus fuerzas y se pregunta: “¿Cómo puedo afrontar esta situación?”. Ayuda, en estos casos, repetirse a uno mismo lo que el ángel dijo a la Virgen: «Nada es imposible para Dios» (Lc 1,37).

Hermanos y hermanas, Retomemos entonces también nosotros, cada vez, nuestro camino con esta reconfortante certeza en el corazón: “Nada es imposible para Dios”. Y si nosotros creemos esto, haremos milagros. Nada es imposible para Dios.

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Resumen en español

Queridos hermanos y hermanas:

Después de haber reflexionado sobre el Espíritu Santo en la obra de la creación, con esta catequesis entramos en la segunda etapa de la historia de la salvación. Pasamos, por tanto, al Nuevo Testamento, y contemplamos al Espíritu Santo en la obra de la redención, es decir, en Jesucristo.

El tema de hoy es “el Espíritu Santo en la encarnación del Verbo”. Sabemos que la Virgen María, por su fe y su obediencia, engendró al mismo Hijo de Dios y, gracias a su “sí”, podemos llamarla “esposa del Espíritu Santo” y “figura de la Iglesia”.

Leemos en el evangelio de Lucas que María “concibió” y “dio a luz” a Jesús. Es decir, lo acogió en su corazón y en sus entrañas, y después dio testimonio de Él, con toda su vida. También nosotros estamos llamados, como María, a dejar espacio al Espíritu Santo para que actúe en nosotros. Cuando atravesemos situaciones difíciles, renovemos nuestra confianza en el Señor recordando las palabras del ángel a María: “Nada es imposible para Dios”. No olvidemos estas palabras que nos pueden ayudar mucho en la vida: “Nada es imposible para Dios”.

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Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Se ve que hay muchos hoy. Hay muchos de lengua española, y veo banderas de varios países. La semana próxima celebraremos la solemnidad de la Asunción de la Virgen María. Pidámosle a nuestra Madre del cielo que interceda por nosotros para que acojamos las palabras de su Hijo, las encarnemos en nuestro obrar y vivamos siempre orientados hacia Él. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Muchas gracias.

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LLAMAMIENTO

Sigo con gran preocupación la situación en Oriente Medio, y reitero mi llamamiento a todas las partes implicadas para que el conflicto no se amplíe y se produzca un cese inmediato del fuego en todos los frentes, empezando por Gaza, donde la situación humanitaria es muy grave e insostenible. Rezo para que la búsqueda sincera de la paz extinga los enfrentamientos, para que el amor venza al odio y para que la venganza sea desarmada por el perdón.

Os pido que os unáis a mi oración también por la atormentada Ucrania, Myanmar, Sudán: que estos pueblos desgarrados por la guerra encuentren pronto la tan deseada paz.

Unamos nuestros esfuerzos y nuestras oraciones para que se elimine la discriminación étnica en las regiones de Pakistán y Afganistán, especialmente la discriminación contra las mujeres.

 

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[1] Discurso 12° sobre la Pasión 3, 6: PL 54, 356



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domingo, 4 de agosto de 2024

Si uno entrega a los demás lo que tiene, con la ayuda de Dios, incluso con poco todos pueden tener algo.

 

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PAPA FRANCISCO

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro
Domingo, 4 de agosto de 2024

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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Hoy el Evangelio nos habla de Jesús que, después del milagro de los panes y de los peces invita a las multitudes, que lo buscan, a reflexionar sobre lo que ha sucedido, para comprender el sentido (cf. Jn 6,24-35).

Habían comido aquella comida compartida y habían podido ver cómo, aunque con pocos recursos, con la generosidad y la valentía de un muchacho, que había puesto a disposición de los demás lo que tenía, todos se habían alimentado hasta saciarse (cf. Jn 6, 1-13). La señal era clara: si alguien da a los demás lo que tiene, con la ayuda de Dios, incluso con poco, todos puede tener algo. No olvidemos esto: si uno entrega a los demás lo que tiene, con la ayuda de Dios, incluso con poco todos pueden tener algo. No olvidemos eso.

Y ellos no lo entendieron: confundieron a Jesús con una especie de prestidigitador, y volvieron a buscarlo, esperando que repitiera el prodigio como si fuera magia (cf. v. 26).

Fueron protagonistas de una experiencia para su camino, pero no captaron su importancia: su atención se concentró solo sobre los panes y sobre los peces, sobre la comida material, que se terminó enseguida. No se dieron cuenta de que aquello era solo un instrumento, a través del cual, el Padre, mientras saciaba su hambre, les revelaba algo mucho más importante, y, ¿qué revela el Padre? El camino de la vida que dura para siempre y el sabor del pan que sacia sin límites. El verdadero pan, en definitiva, era y es Jesús, su Hijo amado hecho hombre (cf. v.35), que vino para compartir nuestra pobreza para guiarnos, a través de ella, a la alegría de la comunión plena con Dios y con los hermanos (cf. Jn 3,16).

Las cosas materiales no llenan la vida, nos ayudan a avanzar y son importantes, pero no llenan la vida: solo el amor lo puede hacer (cf. Jn 6,35). Y para que eso suceda el camino a tomar es el de la caridad que no se guarda nada para sí, sino que lo comparte todo. La caridad comparte todo.

¿Y esto no sucede así también en nuestras familias? Lo vemos. Pensemos en esos padres que luchan toda la vida para educar bien a sus hijos y dejarles algo para el futuro. ¡Qué hermoso cuando este mensaje se entiende y los hijos se muestran agradecidos y a su vez se vuelven solidarios entre ellos como hermanos! Es cierto, es triste, en cambio, cuando pelean por la herencia – he visto tantos casos, es triste – y están peleados entre ellos y tal vez no se hablan por el dinero, no se hablan durante años. El mensaje del padre y de la madre, su legado más valioso no es el dinero: es el amor, es el amor con el que entregan a los hijos todo lo que tienen, precisamente como hace Dios con nosotros, y así nos enseñan a amar.

Preguntémonos, entonces: ¿Yo qué relación tengo con las cosas materiales? ¿Soy esclavo, o las uso con libertad, como instrumentos para dar y recibir amor? ¿Yo sé decir “gracias” , “gracias” a Dios y a los hermanos por los dones recibidos y sé compartirlos con los demás?

Que María, que entregó a Jesús toda su vida, nos enseñe a hacer de todo un instrumento de amor.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

El viernes pasado en Bkerke, en Líbano, fue beatificado el Patriarca Stefano Douayhy, que guio con sabiduría la Iglesia Maronita desde 1670 hasta 1704, una época difícil marcada también por las persecuciones. Maestro de fe y pastor solícito, fue testigo de esperanza siempre cerca de la gente. También hoy el pueblo libanés sufre tanto. En particular, pienso en las familias de las víctimas de la explosión del Puerto de Beirut. Deseo que haya pronto justicia y verdad. Que el nuevo Beato sostenga la fe y la esperanza de la Iglesia en Líbano, e interceda por este amado país. ¡Un aplauso para el nuevo Beato!

Sigo con gran preocupación lo que está sucediendo en Oriente Medio y deseo que el conflicto, que ya es terriblemente sangriento y violento, no se extienda todavía más. Rezo por todas las víctimas, en particular por los niños inocentes, y expreso mi cercanía a la comunidad drusa de Tierra Santa y a las poblaciones de Palestina, Israel y Líbano. No nos olvidemos de Myanmar. Que se tenga el valor de retomar el diálogo para que cese inmediatamente el fuego en Gaza y en todos los frentes, que se libere a los rehenes y se auxilie a la población con la ayuda humanitaria. Los ataques, también los ataques selectivos, y las matanzas no pueden ser nunca una solución. No ayudan a recorrer el camino de la justicia, el camino de la paz, sino que generan todavía más odio y venganza. ¡Basta, hermanos y hermanas! ¡Basta ya! ¡No ahoguéis la palabra del Dios de la paz y permitid que esta sea el futuro de Tierra Santa, de Oriente Medio y del mundo entero! ¡La guerra es una derrota!

Igualmente, expreso preocupación por Venezuela, que está viviendo una situación crítica. Dirijo un sentido llamamiento a todas las partes para que busquen la verdad, practiquen la moderación, eviten toda clase de violencia, resuelvan las disputas con el diálogo y se preocupen por el verdadero bien del pueblo y no por los intereses partidistas. Encomendemos este país a la intercesión de Nuestra Señora de Coromoto, tan amada y venerada por los venezolanos, y a la oración del Beato José Gregorio Hernández, cuya figura une a todos.

Expreso mi cercanía a las poblaciones indias, en particular, de Kerala, que se ha visto duramente afectada por las lluvias torrenciales, que han provocado numerosos deslizamientos de tierras, causando pérdidas de vidas humanas, numerosos desplazados y daños ingentes. Os invito a uniros a mi oración por quienes han perdido la vida y por todas las personas afectadas por una calamidad tan devastadora.

Hoy, memoria del Santo Cura de Ars, en algunos países se celebra la “fiesta del párroco”. Expreso mi cercanía y también mi gratitud a todos aquellos párrocos que, con celo y generosidad, a veces en medio de mucho sufrimiento, se consumen por Dios y el pueblo. Pensemos en nuestros párrocos: ¡un hermoso aplauso para nuestros párrocos!

Os saludo a vosotros, romanos y peregrinos de Italia y de tantos países, en particular al grupo de la República Checa, a la Compañía de Santa Úrsula, a los fieles de Chiusa Sclafani y Siderno, a los jóvenes de San Vito dei Normanni, a los muchachos de la parroquia Sagrado Corazón de Padua y a los ciclistas que han venido desde Sambuceto. Con alegría mando un saludo a los participantes del 1º Festival de los jóvenes de Portugal, que se está celebrando en Fátima. Queridos jóvenes, veo que la experiencia apasionante del año pasado en Lisboa sigue dando frutos. ¡Gracias a Dios! Rezo por vosotros y, por favor, rezad por mí en la Capilla de las Apariciones.

Os deseo a todos un feliz domingo. Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.



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