jueves, 14 de noviembre de 2019

“Salir al encuentro del hermano con el corazón la mente y las manos”

“Sabiduría, pacto y salida”, tres palabras al centro de la reflexión del Santo Padre en la audiencia a los miembros de la Comunidad Académica del Instituto Universitario Sophia de Loppiano, Italia.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano
“Sin salir uno no encuentra la Sabiduría, sin salir el pacto no se extiende a todos, con centros concéntricos cada vez más amplios e inclusivos”, lo dijo el Papa Francisco a los miembros de la Comunidad Académica del Instituto Universitario Sophia de Loppiano, Italia, a quienes recibió en audiencia la mañana de este jueves, 14 de noviembre de 2019, en la Sala del Consistorio del Vaticano.

El camino apenas ha iniciado

En sus saludos a los miembros de esta Comunidad Académica, el Santo Padre felicitó a todos los profesores provenientes de diferentes países de América Latina y el Caribe, que forman parte del grupo de trabajo sobre “Antropología Trinitaria” del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), en colaboración con el Instituto Universitario “Sophia”. “Estoy contento por el camino que han realizado en estos doce años de vida. ¡Adelante! – alentó el Pontífice – el camino apenas ha iniciado”.

Hacia el Pacto Educativo Global

El Papa Francisco haciendo referencia al proyecto académico y formativo que este Instituto lleva adelante señaló que, la inspiración del carisma de unidad con el que nació esta Universidad, junto a las líneas que ha trazado en la Constitución Apostólica Veritatis gaudium, serán puntos de referencia importantes en la participación de la preparación y el desarrollo del Pacto Educativo Global. En este sentido, el Pontífice los exhortó a continuar con alegría, visión y decisión reflexionando sobre tres palabras: “sabiduría, pacto, salida”.

Sabiduría: Jesús crucificado y resucitado

El Obispo de Roma señaló que, la Universidad se llama “Sophia” porque su objetivo es ante todo comunicar y aprender la Sabiduría para impregnar todas sus ciencias. “En efecto, la Sabiduría es la luz del rostro de Dios que ilumina el rostro del hombre: su misterio, sus preguntas, sus sufrimientos, su destino. Para nosotros los cristianos, la Sabiduría es Jesús crucificado y resucitado, pero su luz ilumina a todos los hombres: todas las religiones, todas las culturas, todos los ejercicios auténticos de humanidad. Por esta razón – como ustedes hacen dijo el Papa – estamos llamados a caminar juntos con todos para construir una verdadera y armoniosa cultura del encuentro”.

Pacto: palabra clave de la creación y la historia

De esto deriva la segunda palabra, pacto. Esta palabra dijo el Papa Francisco, es la palabra clave de la creación y de la historia, como nos enseña la Palabra de Dios: la alianza entre Dios y los hombres, el pacto entre las generaciones, la alianza entre los pueblos y las culturas, el pacto – en la escuela precisó el Pontífice – entre los maestros y los alumnos, la alianza entre el hombre, los animales, las plantas e incluso las realidades inanimadas que hacen que nuestra casa común sea hermosa y colorida. “Todo está en relación con todo, ha sido creado para ser un icono vivo de Dios que es la Trinidad de Amor. Hoy, por tanto – puntualizó el Papa – es una tarea prioritaria educar a los hombres para que vivan esta alianza, o mejor dicho, para que sean esta alianza viva en todas estas dimensiones: abrir los caminos del futuro a una nueva civilización que abrace en la fraternidad universal a la humanidad y al cosmos”.

Salida: encontrar el rostro concreto del hombre

Finalmente la tercera palabra, señaló el Santo Padre es salida. “Sin salir uno no encuentra la Sabiduría, sin salir el pacto no se extiende a todos, con centros concéntricos cada vez más amplios e inclusivos. Sólo saliendo se encuentra el rostro concreto de los hermanos y hermanas, con sus heridas y aspiraciones, sus preguntas y sus dones. Debemos aprender con el corazón, la mente y las manos a salir del campamento – como dice la Carta a los Hebreos citó el Papa – para encontrar, justamente allá afuera, el rostro de Dios en el rostro de cada hermano y hermana”.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Los laicos son los responsables de hacer crecer la fe

Griselda Mutual - Ciudad del Vaticano
El Papa Francisco prosiguió con sus catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles, reflexionando hoy sobre la estadía de Pablo en la ciudad de Corinto, en su camino del anuncio de la Buena Noticia de Jesucristo por el mundo. Los hechos narran que Pablo, después de su estadía en Atenas, caracterizada por la hostilidad, pero también por frutos como la conversión de Dionisio y Damaris, pasó un año y medio en Corinto, ciudad comercial y cosmopolita.
Ahí encontró a Áquila y Priscila, pareja de esposos cristianos que había tenido que dejar Roma por la expulsión de los judíos decretada por el emperador Claudio. Ellos, con un corazón lleno de fe en Dios y de generosidad hacia el prójimo, le abrieron las puertas de su hogar a Pablo, testimoniando el valor cristiano de la hospitalidad. Acogieron al Evangelizador y también el anuncio que él llevaba: el Evangelio de Cristo. 

Persecución a los judíos está comenzando a renacer

El Santo Padre quiso hacer una paréntesis antes de seguir con su catequesis, para poner de relieve una situación que comienza a darse también en nuestros días: la de la persecución de los judíos. Recordando las brutalidades cometidas a este pueblo en el siglo pasado, constató que hoy ha "comenzado a renacer" el "hábito de perseguir a los judíos", y lanzó un llamamiento apremiante:
“Hermanos y hermanas, esto no es humano ni cristiano. ¡Los judíos son nuestros hermanos! Y no deben ser perseguidos”.

Descentrarse para practicar el arte cristiano de la hospitalidad

Prosiguiendo luego con la catequesis, se centró en la bondad de Áquila y Priscila, quienes demostraron tener “un corazón lleno de fe en Dios y generoso con los demás". Ellos, dijo, eran poseedores de “una sensibilidad que los llevó a descentrarse para practicar el arte cristiano de la hospitalidad”. Pablo apreciaba también el trabajo que los esposos realizaban - eran tejedores de lona para tiendas de uso doméstico - , puesto que Pablo consideraba el trabajo manual, no sólo "lugar privilegiado para dar testimonio cristiano, sino también medio de subsistencia" y un modo de "no ser un peso para los demás".

Hoy como ayer, familias “templo para la Eucaristía”

Esta pareja cristiana abrió también su casa a la comunidad local de cristianos, convirtiéndola en una “domus ecclesiae”, es decir, lugar de escucha de la Palabra de Dios y de la celebración de la Eucaristía.
El Apóstol que “tenía el corazón agradecido”, cuando más tarde escribe a los Corintios, habla de la “comunidad que se reúne en su casa”, de sus “colaboradores en Cristo Jesús”, que "para salvar su vida arriesgaron sus cabezas". El Papa hizo notar que esta situación se da todavía en nuestros días en algunos países donde no hay libertad religiosa, y en donde los cristianos se reúnen escondidos para rezar y celebrar la Eucaristía. Y dijo: 
“Aún hoy existen estas casas, estas familias que se convierten en un templo para la Eucaristía”. “¡Cuántas, cuántas familias en tiempos de persecución, arriesgan sus cabezas para mantener escondidos a los perseguidos! Este es el primer ejemplo: la acogida familiar, incluso en los malos tiempos”.

Los laicos dan el humus al crecimiento de la fe

De entre los numerosos colaboradores de san Pablo, Áquila y Priscila sobresalen como como modelos de una vida conyugal comprometida al servicio de toda la comunidad cristiana y nos recuerdan que gracias a la fe y al compromiso en la evangelización de muchos laicos como ellos, el cristianismo echó raíces y ha llegado hasta nosotros.
Los laicos, aseguró finalmente el Pontífice, son “responsables desde su Bautismo, de llevar adelante la fe”, puesto que, recordó citando a Benedicto XVI, "los laicos dan el humus al crecimiento de la fe". 
Pidamos a Dios nuestro Padre que infunda su Espíritu Santo en todas las parejas cristianas para que, a ejemplo de Áquila y Priscila, sepan abrir las puertas de su corazón a Cristo y a los hermanos, y sus hogares sean verdaderas iglesias domésticas donde se viva la comunión fraterna y se dé a Dios el culto de una vida de fe, esperanza y caridad.

Recién casados, sientan su vocación

En su catequesis en italiano el Papa concluyó recordando su Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, en el punto 11, en donde describe a los esposos como “verdadera escultura viviente”, y llamó a los recién casados a “sentir su vocación”:
“Deben ser la verdadera escultura viviente: derramar su Espíritu sobre todos los matrimonios cristianos para que, a ejemplo de Aquila y Priscila, abran las puertas de sus corazones a Cristo y a sus hermanos y hermanas y transformen sus casas en iglesias domésticas. Una palabra bella: una casa es una iglesia doméstica, donde vivir la comunión y ofrecer el culto de la vida vivida con fe, esperanza y caridad”.

domingo, 10 de noviembre de 2019

“La vida pertenece a Dios, que nos ama y se preocupa tanto por nosotros”


Ángelus 10 Noviembre 2019 © Vatican Media

Palabras del Papa antes del Ángelus


(ZENIT 10 noviembre 2019).- A las 12 de este 32 domingo del Tiempo Ordinario, el Santo Padre ha rezado el Ángelus desde la ventana del Palacio Apostólico, ante los peregrinos y fieles reunidos en la Plaza de San Pedro.
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Palabras del Papa antes del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
La página del Evangelio de hoy (cf. Lc 20,27-38) nos ofrece una enseñanza maravillosa de Jesús sobre la resurrección de los muertos. Jesús es cuestionado por algunos saduceos, que no creían en la resurrección y por lo tanto lo provocan con una pregunta insidiosa. Se refiere a un caso paradójico, basado en la ley de Moisés: de quién será esposa, en la resurrección, una mujer que tuvo siete maridos sucesivos, todos hermanos entre sí, que murieron uno tras otro?. Jesús no cae en la trampa y responde que los que han resucitado en el más allá “no toman ni mujer ni marido, porque de hecho, no pueden morir más…” porque son iguales a los ángeles y, porque son hijos de la resurrección, son hijos de Dios” (v.35-36). Así responde Jesús.
Con esta respuesta Jesús invita en primer lugar a sus interlocutores – y a nosotros también – a pensar que esta dimensión terrenal en la que vivimos ahora no es la única, sino que hay otra, que ya no está sujeta a la muerte, en la que se  manifestará plenamente que somos hijos de Dios. Da gran consuelo y esperanza escuchar esta palabra sencilla y clara de Jesús sobre la vida más allá de la muerte; la necesitamos tanto especialmente en nuestro tiempo, tan rico en conocimiento sobre el universo pero tan pobre en sabiduría sobre la vida eterna.
Esta clara certeza de Jesús sobre la Resurrección se basa enteramente en la fidelidad de Dios, que es el Dios de la vida. De hecho, detrás de la cuestión de los saduceos se esconde una más profunda: No sólo de quién será esposa la mujer viuda de siete maridos, sino de quién será su vida. Esta es una duda que toca al hombre de todos los tiempos y también a nosotros: después de esta peregrinación terrenal, ¿qué será de nuestras vidas? ¿ pertenecerá a la nada, a la muerte?.
Jesús responde que la vida pertenece a Dios, que nos ama y se preocupa tanto por nosotros, hasta el punto de vincular su nombre al nuestro: es “el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. Dios no es un dios de muertos, sino de vivos; porque todos viven por él”. (vv. 37-38).  La vida subsiste donde hay vinculo, comunión, fraternidad y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y vínculos de fidelidad.  Por el contrario, no hay vida si se tiene la presunción de pertenecer solo a uno mismo  y vivir como islas: en estas actitudes prevalece la muerte. El egoísmo, yo vivo para mi mismo y estoy sembrando muerte en mi corazón.
Que la Virgen María nos ayude a vivir cada día en la perspectiva de lo que afirmamos en la parte final del Credo: “Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo venidero”. Esperar el más allá.

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sábado, 9 de noviembre de 2019

Nadie es condenado en esta tierra a estar separado para siempre de Dios

2019.11.09 Santa Messa nella Basilica di San Giovanni in LateranoEl Papa celebra la Santa Misa en la Dedicación de la Catedral de Roma  (Vatican Media)

Que el Señor conceda experimentar todo lo bueno de la acción evangelizadora y crecer en la fe en el Misterio Pascual para ser asociados a su "celo" por nuestra casa. Es el deseo que manifestó el Papa Francisco en su homilía de la misa celebrada la tarde de este sábado en el aniversario de la Dedicación de la Catedral de Roma

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano
En su homilía de la Santa Misa celebrada con motivo de la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán el Obispo de Roma ofreció idealmente tres versículos de la Palabra de Dios para que los fieles de su diócesis puedan hacerlos objeto de meditación y oración.
El primero, dirigido a toda la comunidad diocesana corresponde a un versículo del Salmo Responsorial: "Un río y sus canales regocijan a la ciudad de Dios". Sí, porque como afirmó el Santo Padre, “los cristianos que viven en esta ciudad son como el río que brota del templo: llevan una Palabra de vida y de esperanza capaz de fecundar los desiertos de los corazones, como el torrente descrito en la visión de Ezequiel”.
“ Que el Señor se regocije al vernos en movimiento, dispuestos a escuchar con el corazón a sus pobres que le gritan. Que la Madre Iglesia de Roma experimente el consuelo de ver una vez más la obediencia y el coraje de sus hijos, llenos de entusiasmo por esta nueva estación de evangelización ”

Percibir la presencia y la acción de Dios en la ciudad

El Papa invitó a la feligresía a encontrar a los demás, entrar en diálogo con ellos y escucharlos con humildad, gratuidad y pobreza de corazón:
“ Los invito a vivir todo esto no como un gran esfuerzo, sino con una ligereza espiritual: en lugar de dejarse atrapar por ansiedades de prestación, es más importante ampliar la percepción para captar la presencia y la acción de Dios en la ciudad. Es una contemplación que nace del amor ”

Jesucristo como único fundamento

A los presbíteros, el Santo Padre les dedicó un versículo de la Primera Carta a los Corintios: "Nadie puede poner un fundamento diverso del que ya existe, que es Jesucristo". Y les dijo que “ésta es su tarea, el corazón de su ministerio: ayudar a la comunidad a estar siempre a los pies del Señor para escuchar su Palabra; mantenerla alejada de toda mundanidad, de los malos compromisos; custodiar el fundamento y la raíz santa del edificio espiritual; defenderla de los lobos rapaces, de quien querría hacer que se desvíe del camino del Evangelio”.
“ Como Pablo, también ustedes son 'arquitectos sabios', sabios porque saben bien que cualquier otra idea o realidad que quisiéramos poner como cimiento de la Iglesia en lugar del Evangelio, tal vez podría garantizarnos más éxito, quizás gratificaciones inmediatas, pero comportaría inevitablemente ¡el colapso de todo el edificio espiritual! ”

La alegría de la intimidad con el Señor como recompensa

Y les dijo que desde que es Obispo de Roma pudo conocer más de cerca a muchos de ellos de quienes admira su fe y su amor por el Señor, la cercanía a las personas y la generosidad en el cuidado de los pobres. A lo que añadió: Conocen los barrios de la ciudad como ningún otro y custodian en su corazón los rostros, las sonrisas y las lágrimas de tanta gente. Han dejado de lado los contrastes ideológicos y los protagonismos personales para dar cabida a lo que Dios les pide. El realismo de quien tiene los pies en la tierra y sabe “cómo van las cosas de este mundo” no les ha impedido volar alto con el Señor y soñar en grande.
“ Que Dios los bendiga. Que la alegría de la intimidad con Él sea la recompensa más verdadera por todo el bien que hacen diariamente ”
Por último a los miembros de los equipos pastorales, presentes en esta celebración para recibir un mandato especial de su Obispo, el Papa Francisco les dejó un versículo del Evangelio en el que Jesús se comporta de manera divinamente provocativa. “Para poder sacudir – dijo – la torpeza de los hombres e inducirlos a cambios radicales, a veces Dios opta por actuar de manera fuerte, para romper una situación”.
“ Jesús con su acción quiere producir un cambio de rumbo, una inversión de ruta. Muchos santos han tenido el mismo estilo: algunos de sus comportamientos, incomprensibles por una lógica humana, eran fruto de intuiciones suscitadas por el Espíritu y querían provocar a sus contemporáneos y ayudarlos a comprender que 'mis pensamientos no son sus pensamientos', dice Dios a través del profeta Isaías ”
El Obispo de Roma explicó el episodio evangélico en el que Jesús derriba las mesas de cambio de moneda y expulsa a los animales afirmando que “esta purificación del santuario era necesaria para que Israel redescubriera su vocación: ser una luz para todos los pueblos, un pequeño pueblo elegido para servir a la salvación que Dios quiere dar a todos”.
“ Jesús sabe que esta provocación le costará cara. Y cuando le preguntan: '¿Qué signo nos muestras para hacer estas cosas?', el Señor responde diciendo: 'Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré' ”
Y fue precisamente éste el versículo que Francisco quiso entregarles a los equipos pastorales, a quienes se “les ha confiado la tarea de ayudar a sus comunidades y a los agentes de la pastoral para llegar a todos los habitantes de la ciudad, individuando caminos nuevos para encontrar a los que están lejos de la fe y de la Iglesia”. A la vez que destacó que para realizar este servicio deben llevar consigo la certeza de que “no hay corazón humano en el que Cristo no quiera y no pueda renacer”.
“ En nuestras existencias de pecadores a menudo nos sucede que nos alejamos del Señor y apagamos el Espíritu. Destruimos el templo de Dios que es cada uno de nosotros. Y sin embargo ésta jamás es una situación definitiva: ¡al Señor le bastan tres días para reconstruir su templo dentro de nosotros! ”
“ Nadie, por más herido que se encuentre por el mal, es condenado en esta tierra a estar separado para siempre de Dios ”
“De manera a menudo misteriosa pero real – dijo Francisco – el Señor abre en los corazones, nuevos resquicios, deseos de verdad, de bondad y de belleza, que dan cabida a la evangelización”. Por esta razón, “no hay que dejarse bloquear, sino custodiar la convicción de que a Dios le bastan tres días para resucitar a su Hijo en el corazón del hombre”. Y concluyó con el deseo de que el Señor les conceda experimentar todo lo bueno de la acción evangelizadora a fin de que – dijo – “crezcamos en la fe en el Misterio Pascual y seamos asociados a su ‘celo’ por nuestra casa. ¡Buen camino!”.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Inculturar con delicadeza el mensaje de la fe


Aun cuando no lo esperamos, la semilla del Evangelio “arraiga”: por eso debemos pedir al Espíritu Santo “la capacidad de inculturar con delicadeza el mensaje de la fe”, porque “el fuego de su amor, es capaz de inflamar el corazón más endurecido"

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano
Prosiguiendo con el “viaje” por el libro de los Hechos de los Apóstoles, el Papa Francisco se detuvo este miércoles 6 de noviembre en la vivencia de Pablo en Atenas, “la gran ciudad de la cultura griega”. Al llegar a Atenas, dijo el Papa, el espíritu del Apóstol “se enardeció al ver que la ciudad estaba entregada a la idolatría”.  Sin embargo, eligió "familiarizarse”, con ella, comenzando a frecuentar "los lugares y las personas más significativas”.
El apóstol frecuenta la sinagoga, símbolo de la fe en Dios; la plaza, centro de la vida ciudadana, y el Areópago, corazón de la vida cultural y política. El contacto con el paganismo no le asusta, sino que lo empuja a crear un puente para dialogar con aquella cultura. Con mirada contemplativa, Pablo descubre que Dios habita en las casas de los atenienses, en sus calles, en sus plazas; no mira el paganismo con hostilidad, sino que, en un ejemplo extraordinario de inculturación, anuncia a Cristo partiendo de su fe en un “Dios desconocido”, al que han construido un ídolo.

El Apóstol Pablo, constructor de puentes

La mirada de Pablo, que observa la ciudad de Atenas “con los ojos de la fe”, nos hace interrogar sobre “nuestra forma de ver nuestras ciudades”, planteó Francisco. "¿Las observamos con indiferencia? ¿Con desprecio? ¿O con la fe que reconoce a los hijos de Dios en medio de las multitudes anónimas?, cuestionó. Y señaló la estela dejada por el Apóstol al elegir "la mirada que lo lleva a abrir una brecha entre el Evangelio y el mundo pagano”.
En el corazón de una de las instituciones más famosas del mundo antiguo, el Areópago, realiza un ejemplo extraordinario de inculturación del mensaje de la fe: proclama a Jesucristo a los adoradores de ídolos, y no los hace agrediéndolos, sino haciéndose "pontífice, constructor de puentes".

Dios no se esconde de los que lo buscan con corazón sincero

Después de captar su benevolencia desde este puente, prosiguió el Papa, Pablo "comienza a explicar paso a paso la revelación, desde la creación hasta la resurrección de Cristo". Comienza por el altar de la ciudad, dedicado a “un dios desconocido”. A partir de esa “devoción”, y para entrar en empatía con sus oyentes, proclama que Dios “vive entre los ciudadanos” y “no se esconde de los que lo buscan con corazón sincero, aunque lo hagan a tientas”:
Es precisamente esta presencia la que Pablo quiere revelar: “yo vengo a anunciarles a Aquel que ustedes adoran sin conocer”.

La semilla del Evangelio arraiga, aun cuando no lo esperamos

Francisco añadió que Pablo, “para revelar la identidad del dios” que adoraban los atenienses, muestra la desproporción “entre la grandeza del Creador y los templos construidos por el hombre”. Anuncia a Cristo, a “aquel a quien los hombres ignoran, pero que sin embargo conocen”. Y alude a Cristo, definiéndolo como “el hombre a quien Dios ha designado, dando a todos una prueba segura al resucitarlo de entre los muertos”. Es allí cuando se presenta "el problema", dijo el Pontífice:
Aparentemente este camino no dio el resultado esperado, por un tiempo escucharon con simpatía, pero la muerte y resurrección de Cristo se reveló como un escándalo para los judíos y necedad para los paganos, suscitando desprecio y burlas. Pero no es así, algunos se convirtieron y quedaron como semilla de la fe también en Atenas.
“ Incluso en Atenas el Evangelio arraiga y puede correr a dos voces: ¡la del hombre y la de la mujer! ”

Construyamos puentes con quienes no creen, sin agresividad

El Papa Francisco concluyó su catequesis llamando a “construir puentes”, tanto con la cultura, con los que no creen o con quienes tienen un credo distinto al nuestro, y a hacerlo “sin agresividad”:
Pidamos hoy al Espíritu Santo de enseñarnos a construir puentes con quienes no creen o tienen otra fe distinta a la nuestra. Pidamos la capacidad de inculturar con delicadeza el mensaje de la fe. Que el fuego de su amor que es capaz de inflamar el corazón más endurecido abra los ojos de los que todavía no conocen a Cristo.

domingo, 3 de noviembre de 2019

“Zaqueo descubre de Jesús que es posible amar gratuitamente”

Ángelus 7 julio 2019 © Vatican Media
Ángelus 3 Noviembre 2019 © Vatican Media

NOVIEMBRE 03, 2019 13:12ANGELUS Y REGINA COELI

(ZENIT – 3 noviembre 2019) .- A las 12 del mediodía de hoy 3 noviembre 2019, en el 31 domingo del Tiempo Ordinario, el Papa Francisco se asoma a la ventana del estudio del Palacio Apostólico para recitar el Ángelus con los fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro para la cita habitual de cada domingo.
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Palabras del Papa antes del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de hoy (cf. Lc 19, 1-10) nos pone en las huellas de Jesús que, en su camino hacia Jerusalén, se detiene en Jericó. Había una gran multitud para darle recibirlo, entre las cuales un hombre llamado Zaqueo, jefe de los “publicanos”, es decir, de los judíos que recaudaban los impuestos en nombre del Imperio Romano. Él era rico no por sus ganancias honestas, sino porque pedía el “soborno”, y esto aumentaba el desprecio por él. Zaqueo “trataba de ver quién era Jesús” (v. 3); no quería encontrarse con él, pero era curioso: quería ver a aquel personaje del que había oído decir cosas extraordinarias, era curioso. Y siendo de baja estatura, para lograr verlo (ver 4) sube a un árbol. Cuando Jesús llega cerca, levanta la mirada y lo ve (cf. v. 5). Esto es importante: la primera mirada no es la de Zaqueo, sino la de Jesús, que entre tantos rostros que lo rodeaban, la muchedumbre, busca precisamente ese. La mirada misericordiosa del Señor nos alcanza antes de que nosotros mismos nos demos cuenta de que necesitamos ser salvados. Y con esta mirada del divino Maestro comienza el milagro de la conversión del pecador. De hecho, Jesús lo llama, y lo llama por su nombre: “Zaqueo, baja inmediatamente, porque hoy tengo que quedarme en tu casa”  dice Jesús (v. 5). No le reprocha, no le da un “sermón”; le dice que debe ir a él: “debe”, porque es la voluntad del Padre. A pesar de los murmullos de la gente, Jesús escoge quedarse en la casa de ese pecador público.
También nosotros nos habríamos escandalizado por este comportamiento de Jesús. Pero el desprecio y la cerrazón hacia el pecador sólo lo aísla y lo endurece en el mal que hace contra sí mismo y contra la comunidad. En cambio, Dios condena el pecado, pero trata de salvar al pecador, va a buscarlo para traerlo de nuevo al camino correcto. Quien nunca se ha sentido buscado por la misericordia de Dios, tiene dificultades para comprender la extraordinaria grandeza de los gestos y de las palabras con las que Jesús se acerca a Zaqueo.
La aceptación y la atención de Jesús llevan a ese hombre a una claro cambio de mentalidad: en un momento se da cuenta de lo mezquina que es una vida totalmente apegada al dinero a costa de robar a los demás y de recibir su desprecio. Tener al Señor allí, en su casa, le hace ver todo con otros ojos, incluso con un poco de la ternura con la que Jesús lo ha mirado.  Y también cambia su forma de ver y usar el dinero: el gesto de agarrar es reemplazado por el de dar. De hecho, decide dar la mitad de lo que posee a los pobres y devolver el cuádruple de lo que ha robado (v 8). Zaqueo descubre de Jesús que es posible amar gratuitamente: hasta ese momento era avaro, ahora se vuelve generoso; tenía el gusto de amontonar, ahora se regocija al distribuir. Al encontrar el amor, descubriendo que es amado a pesar de sus pecados, se vuelve capaz de amar a los demás, haciendo de del dinero un signo de solidaridad y comunión.
Que la Virgen María nos obtenga la gracia de sentir siempre sobre nosotros la mirada misericordiosa de Jesús, para salir al encuentro con misericordia de los que se han equivocado, para que ellos también puedan recibir a Jesús, que “ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido” (v. 10).

About Raquel Anillo

viernes, 1 de noviembre de 2019

El Papa Francisco asomado desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano. El Papa Francisco asomado desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano.   (Vatican Media)

El Papa en el día de Todos los Santos: “Ellos son el reflejo de la presencia de Dios”

En el Ángelus de este primero de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos, el Papa Francisco recuerda que la santidad es un Don y una llamada e invita a seguir el ejemplo de los Santos y las Santas: “esas personas que han encontrado en el Señor la fuerza para levantarse una y otra vez”.
Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano
En el día en el que la Iglesia Católica celebra la Fiesta de Todos los Santos, el Papa Francisco recuerda que los Santos y las Santas que hoy se celebran “no son simplemente símbolos, seres humanos lejanos e inalcanzables” sino “personas que han vivido con los pies en la tierra y han experimentado el trabajo diario de la existencia con sus éxitos y fracasos, encontrando en el Señor la fuerza para levantarse una y otra vez y continuar el camino”. En este sentido, el Pontífice además explicó que si se entiende esto, “se comprende que la santidad es una meta que no se puede alcanzar solo con las propias fuerzas, sino que es fruto de la gracia de Dios y de nuestra libre respuesta a ella”.

La santidad es Don y llamada

Antes de rezar a la Madre del cielo, Francisco también aseguró que “todos estamos llamados a la santidad” y que ésta es “un Don y una llamada”: Es Don – explica – porque es algo “que no podemos comprar ni intercambiar” sino “acoger”, participando así en la misma vida divina a través del Espíritu Santo que vive en nosotros desde el día de nuestro Bautismo. Esto significa – dice el Papa – “ser cada vez más conscientes de que estamos injertados en Cristo, cómo la rama está unida a la vid, y por lo tanto podemos y debemos vivir con Él y en Él como hijos de Dios”.
Pero la santidad, además de ser un don, “también es una vocación común de los discípulos de Cristo” señaló el Papa, “es el camino de plenitud que cada cristiano está llamado a seguir en la fe, avanzando hacia la meta final: la comunión definitiva con Dios en la vida eterna”. En este sentido, el Santo Padre puntualizó que la santidad es, por tanto, “una respuesta al Don de Dios” y se manifiesta “como una asunción de responsabilidad”, por ello es importante que todos asumamos un compromiso serio y diario de santificación “tratando de vivir todo con amor y con caridad”.

El ejemplo de los Santos nos ayuda a enfrentar los problemas de la vida

Durante su alocución, Francisco también explicó que los Santos que celebramos hoy “son hermanos y hermanas que han admitido en sus vidas que necesitan esta luz divina, abandonándose a ella con confianza y ahora, ante el trono de Dios, cantan su gloria eternamente”. Además, “mirando sus vidas – continúa – estamos estimulados a imitarlos” pues entre ellos “hay muchos testigos de una santidad de la puerta de al lado, de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios”. En sus palabras finales, el Papa señaló que al recordar a los Santos levantamos la mirada al cielo “no para olvidar las realidades de la tierra, sino para enfrentarlas con más coraje y esperanza”.