jueves, 11 de octubre de 2018

Jesús nos enseña a ser insistentes en la oración


Adriana Masotti – Ciudad del Vaticano
El Papa Francisco centró su homilía en el pasaje del Evangelio de hoy que afronta el tema de la oración, de cómo debemos rezar. En efecto, Jesús habla a sus discípulos de un hombre que, a medianoche, llama a la puerta de la casa de un amigo suyo para pedirle algo de comer. Y el amigo responde que no es el momento oportuno, que ya está en la cama, aunque después se levanta y le da lo que le pide.

Rezar con coraje y sin cansarse

El Pontífice subrayó tres elementos: un hombre con necesidades, un amigo y un poco de pan. Es una visita sorpresiva la del amigo necesitado y la suya es una petición insistente porque confía en su amigo que tiene lo que él necesita. Pide con insistencia y de este modo – dijo Francisco – el Señor quiere enseñarnos cómo se reza:
“Se reza con coraje, porque cuando rezamos tenemos una necesidad, normalmente, una necesidad. Un amigo es Dios: es un amigo rico que tiene pan, tiene eso de lo nosotros tenemos necesidad. Como si Jesús dijera: ‘En la oración sean insistentes. No se cansen’. Pero, ¿no se cansen de qué? De pedir. 'Pidan y se les dará’”.

La oración no es una varita mágica

Pero “la oración – continuó explicando el Papa – no es como una varita mágica”, no es que apenas pedimos, obtenemos. No se trata de decir dos “Padrenuestros” y después irse:
“La oración es un trabajo: un trabajo que nos pide voluntad, nos pide constancia, nos pide ser determinados, sin vergüenza. ¿Por qué? Porque yo estoy llamando a la puerta de mi amigo. Dios es amigo, y con un amigo yo puedo hacer esto. Una oración constante, insistente. Pensemos en Santa Mónica por ejemplo, cuántos años rezó así, incluso con las lágrimas, por la conversión de su hijo. El Señor, al final, abrió la puerta”.

Luchar con el Señor para obtener

Y Francisco ofreció otro ejemplo relatando un hecho acaecido en Buenos Aires: un hombre, un obrero, tenía una hija que estaba muriendo. Los médicos no le habían dado ninguna esperanza y él recorrió 70 kilómetros para ir hasta el Santuario de la Virgen de Luján. Llegó cuando era noche y el Santuario estaba cerrado, pero él rezó afuera durante toda la noche implorando a la Virgen: “Yo quiero a mi hija, yo quiero a mi hija. Tú puedes dármela”. Y cuando a la mañana siguiente volvió al hospital se encontró con la esposa que le dijo: “Sabes, los médicos la han llevado a hacer otro examen. No tenían explicación, porque se despertó y pidió de comer. Y no tiene nada, está bien, está fuera de peligro”. Aquel hombre – concluyó el Papa –  sabía cómo se reza.

Los gritos de los niños que al final se salen con la suya

El Santo Padre invitó a pensar también en los niños caprichosos, cando quieren algo y gritan y lloran diciendo: “¡Yo lo quiero! ¡Yo quiero!”. Y al final los padres ceden. Y alguien podría preguntarse: ¿Pero Dios no se enojará si hago así? Es el mismo Jesús – recordó el Papa – quien previendo esto nos ha dicho: “Si ustedes que son malos saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más su Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo piden”.
“Es un amigo: siempre ofrece el bien. Da más: yo te pido que resuelvas este problema y él lo resuelve y también te da el Espírito Santo. Es más. Pensemos un poco: ¿Cómo rezo? ¿Cómo un papagayo? ¿Rezo precisamente con la necesidad en el corazón? ¿Lucho con Dios en la oración para que me conceda eso de lo que tengo necesidad si es justo? Aprendamos de este pasaje del Evangelio cómo rezar”.

miércoles, 10 de octubre de 2018

“La catequesis de hoy está dedicada a la Quinta Palabra, es decir, no matar.


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. El Quinto mandamiento: no matar. Estamos ya en la segunda parte del Decálogo, la que se refiere a las relaciones con el prójimo; y este mandamiento, con su formulación concisa y categórica, se erige como un muro en defensa del valor fundamental de las relaciones humanas. ¿Y cuál es el valor fundamental de las relaciones humanas? El valor de la vida”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General del segundo miércoles de octubre de 2018, continuando con su ciclo de catequesis dedicadas a los Mandamientos.

El mal, desprecio por la vida
Se podría decir que todo el mal que se hace en el mundo, afirma el Santo Padre, se resume en esto: desprecio por la vida. “La vida es atacada por las guerras, por las organizaciones que explotan al hombre, por las especulaciones sobre la creación y la cultura del descarte, y por todos los sistemas que someten la existencia humana a cálculos de oportunidad, mientras que un número escandaloso de personas viven en un estado indigno del hombre. Esto es el desprecio por la vida, es decir: matar, de alguna forma”.

Un enfoque contradictorio
Un enfoque contradictorio también permite la supresión de la vida humana en el útero materno en nombre de la salvaguardia de otros derechos. Pero, ¿cómo puede ser terapéutico, civil o simplemente humano un acto que suprime la vida inocente e indefensa en su nacimiento? Y yo les pregunto – agrega el Pontífice – ¿Es justo quitar una vida humana para resolver un problema? ¿Qué cosa piensan ustedes? ¿Es justo? ¿Es justo pagar a un sicario para resolver un problema? No se puede, no es justo quitar la vida a un ser humano, incluso pequeño, para resolver un problema. Es como pagar a un sicario para resolver un problema.

La violencia y el rechazo de la vida nacen del miedo
Para el Papa Francisco, estos enfoques y este modo de actuar, la violencia y el rechazo de la vida nacen del miedo. “La aceptación del otro, de hecho, es un desafío al individualismo. Pensemos, por ejemplo – precisa el Papa – cuando se descubre que una vida que está por nacer, es portadora de una discapacidad, incluso de una discapacidad grave. Los padres, en estos casos dramáticos, necesitan una verdadera cercanía, una verdadera solidaridad, para afrontar la realidad superando temores comprensibles. En cambio, a menudo reciben consejos apresurados para interrumpir el embarazo, es decir, esto es un modo de decir: interrumpir el embarazo significa quitar la vida a uno, directamente”.

“Un niño enfermo es como toda persona necesitada en la tierra, como un anciano que necesita ayuda, como tantas personas pobres que tienen dificultades para vivir: él, ella que se presenta como un problema, es en realidad un don de Dios que puede sacarme del egoísmo y hacerme crecer en el amor”

Parámetros erróneos para valorar la vida
Lo que lleva al hombre a rechazar la vida, señala el Papa Francisco, son los ídolos de este mundo: el dinero, el poder, el éxito. Estos son parámetros erróneos para evaluar la vida. La única medida auténtica de la vida es el amor, el amor con el que Dios la ama, el amor con el cual Dios ama toda vida humana. “De hecho, el sentido positivo del mandamiento ‘No matar’, es que Dios es amante de la vida, como acabamos de escuchar en la lectura bíblica. El secreto de la vida se nos revela por la manera en que el Hijo de Dios la ha traído, que se hizo hombre hasta el punto de asumir, en la cruz, el rechazo, la debilidad, la pobreza y el dolor. En cada niño enfermo, en cada anciano débil, en cada emigrante desesperado, en cada vida frágil y amenazada, Cristo nos busca, busca nuestro corazón, para abrirnos la alegría del amor”.

¡No desprecien la vida!
Debemos decir a los hombres y mujeres del mundo, alentó el Santo Padre: ¡no desprecien la vida! La vida de los demás, pero también la suya propia, porque incluso para ella vale el mandamiento: “No matar”. Hay que decirles a tantos jóvenes: ¡No desprecien su existencia! ¡Deja de rechazar la obra de Dios! ¡Tú eres obra de Dios! “Que nadie mida la vida según los engaños de este mundo – advierte el Pontífice – sino que cada uno se acepte a sí mismo y a los demás en el nombre del Padre que nos creó. Él es amante de la vida y todos somos tan queridos por Él que envió a su Hijo por nosotros”.

Antes de concluir su catequesis, el Papa Francisco expresó sus saludos a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América Latina. “Los animo a que siguiendo el ejemplo de Jesús, que vino a dar su vida por nosotros, sepamos acoger y proteger la propia vida y la de los demás en el nombre de Dios Padre. Muchas gracias”.

martes, 9 de octubre de 2018

 “¿Estás abierto a las sorpresas de Dios?”
Pregunta de Francisco en la homilía
(ZENIT – 8 octubre 2018).- Jesús dijo a su Iglesia: “Si hay necesidad de más, usted paga y yo le pagaré cuando regrese”, dijo el Papa Francisco en la misa de la mañana en la Casa de Santa Marta, el 8 de octubre de 2018. En su homilía –ofrecida por ‘Vatican News’–, Francisco preguntó: “¿Estás abierto a las sorpresas de Dios o eres un funcionario cristiano? ”
Al comentar sobre la parábola del Buen Samaritano (Lc 10, 25-37), el Papa señaló que el sacerdote y el levita pasaron “al otro lado” al ver al hombre medio muerto en el camino. Estos dos “funcionarios” piensan que esto no les concierne, mientras que el samaritano, “un pecador, un excomulgado del pueblo de Israel”, “fue tomado de compasión”.
Él “no mira su reloj, no piensa en la sangre. Se acerca, se baja de su caballo, le limpia las heridas… se ensucia las manos, se ensucia la ropa. Luego lo cargó en su caballo… sucio, lleno de sangre… y lo cuidó. No dijo: “Lo dejo aquí, llamo a los médicos, me voy, hago mi parte”. No. “Él se cuidó”, como diciendo: “Ahora eres mío, no por posesión, sino para servirte”. No era un funcionario, era un hombre con un corazón, un hombre con el corazón abierto”.
El Papa también se detuvo en el personaje del posadero, que se compromete a mantener al hombre y esperar el regreso del samaritano por el resto del dinero. “Ambos no eran funcionarios públicos. “¿Eres cristiano? ¿Eres cristiano? “Sí, sí, voy a la misa del domingo y trato de hacer lo correcto… menos calumnias, porque me gusta meditar, pero el resto lo hago bien”. Pero estas abierto? ¿Estás abierto a las sorpresas de Dios o eres un funcionario cristiano, cerrado? “Hago eso, voy a misa el domingo, la comunión, la confesión una vez al año, esto, eso… estoy en buena posición”. Son los funcionarios cristianos, aquellos que no están abiertos a las sorpresas de Dios, aquellos que saben mucho acerca de Dios pero que no se encuentran con Dios. Los que nunca se maravillan ante un testimonio. O mejor : Ellos no pueden testificar”.
El Papa invitó a “laicos y pastores” a preguntarse si son cristianos abiertos a “las sorpresas de Dios que tan a menudo, como este samaritano, nos ponen en dificultades”.
“En este pasaje se encuentra todo el Evangelio”, concluyó el Papa: “Cada uno de nosotros es el hombre allí, herido, y el Samaritano es Jesús. Y sanó nuestras heridas. Estaba cerca. Él nos cuidó. Él pagó por nosotros. Y le dijo a su Iglesia: “Si necesitas más, pagas y te lo devolveré cuando regrese”.

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lunes, 8 de octubre de 2018

Laicos y pastores… ¡no tengan miedo de ensuciarse las manos!

2018.10.08 Misa del Papa Francisco en Santa Marta.2018.10.08 Misa del Papa Francisco en Santa Marta. 

Durante la homilía en la Misa celebrada en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco exhorta a laicos y pastores a reflexionar sobre el sentido de ser cristianos y los invita a ser “abiertos” a las sorpresas de Dios y “cercanos” con los necesitados.

Ciudad del Vaticano
Esta mañana el Pontífice ha invitado a "ser cristianos en serio" y no “funcionarios”. Cristianos que "no tienen miedo de ensuciarse las manos o la ropa cuando se acercan al prójimo", cristianos "abiertos a las sorpresas" y que, como Jesús, "pagan por los demás" .
Inspirándose en el Evangelio de Lucas de hoy, Francisco así mismo ha  reflexionado sobre los "seis personajes" de la parábola contada por Jesús al Doctor de la Ley que, para ponerlo a prueba, le pregunta: "¿Quién es mi prójimo?". Y así enumera a los ladrones, el herido, el sacerdote, el levita, el Samaritano y el tabernero.
Escucha el servicio con voz de Papa Francisco

No “pasar de largo” ante los necesitados, sino "tener compasión y auxiliar”

Los ladrones que golpearon al hombre, “dejándolo medio muerto”; el sacerdote que cuando vio al herido “pasó de largo” sin tener en cuenta su misión, pensando solo en la inminente "hora de la Misa". Así hizo el levita, “hombre de cultura de la Ley”.
Francisco exhorta a detenerse en ese “pasar de largo”, un concepto que – dice – “debe entrar hoy en nuestros corazones”. Se trata – puntualiza - de dos "funcionarios" que, "coherentes" de serlo, dijeron: “no me corresponde a mí ayudar al herido”. Por el contrario, quien "no pasó de largo" fue el Samaritano, "que era un pecador, un excomulgado por el pueblo de Israel". El "más pecador - subraya el Papa - tuvo compasión". Quizás – señala - era "un comerciante que viajaba por negocios", y sin embargo:
No miró su reloj, no pienso en la sangre. "Se acercó a él, se bajó de su burro, vendó sus heridas, vertiendo aceite y vino". Se ensució las manos, se ensució la ropa. "Luego lo cargó en su montura, lo llevó a un hotel", todo sucio... de sangre... Y así tuvo que llegar. "Y se hizo cargo de él". No dijo: "Yo lo dejo aquí, llamen a los médicos para que vengan. Yo me voy, ya he hecho mi parte". No. "Se encargó de él", como diciendo: "Ahora eres mío, no por posesión, sino para servirte". Este no era un funcionario, era un hombre con corazón, un hombre con el corazón abierto.

Seguir el ejemplo del Samaritano y no del funcionario

El Papa también ha hablado del tabernero que "se quedó atónito" al ver a un "extranjero", un “pagano – digamos así - porque no era del pueblo de Israel” que se detuvo para socorrer al hombre, pagando “dos monedas” y prometiendo pagar cualquier gasto a su regreso. La duda no recibir lo debido “se insinuó en el hotelero” ha dicho el Papa, "la duda de quien vive un testimonio, de uno abierto a las sorpresas de Dios", propio como el samaritano.
Ambos no eran funcionarios. "¿Tú eres cristiano? ¿Tú eres cristiana?”. "Sí, sí, sí, voy los domingos a Misa y trato de hacer lo correcto ... menos cotillear, porque cotillear me gusta hacerlo siempre, pero lo demás lo hago bien". ¿Pero tú estás abierto? ¿Estás abierto a las sorpresas de Dios o eres un funcionario cristiano, cerrado? "Yo hago esto, voy a Misa el domingo, hago la Comunión, la Confesión una vez al año, esto y aquello... yo estoy en regla". Estos son los cristianos funcionarios, aquellos que no están abiertos a las sorpresas de Dios, aquellos que saben mucho de Dios pero no se encuentran con Dios. Aquellos que nunca se asombran ante un testimonio. Al contrario: son incapaces de dar testimonio.

Pasaje que concentra todo el Evangelio

Por lo tanto, el Papa exhorta a todos, "laicos y pastores", a preguntarse si son cristianos abiertos a lo que el Señor les da "todos los días", "a las sorpresas de Dios que a menudo, como este Samaritano, les ponen en dificultad", o por el contrario son cristianos funcionarios, haciendo lo que se debe, sintiéndose en "regla" y permaneciendo entonces forzados “bajo las mismas reglas”. Algunos teólogos antiguos, recuerda finalmente Francisco, dijeron que en este pasaje está contenido "todo el Evangelio".
Cada uno de nosotros es el hombre “herido”, y el Samaritano es “Jesús”. Y nos ha curado las heridas. Se ha hecho cercano. Se ha ocupado de nosotros . Ha pagado por nosotros. Y ha dicho a su Iglesia: "Si hay necesidad de más, paga tú, que yo volveré y pagaré". Pensad bien: en este pasaje está todo el Evangelio.

domingo, 7 de octubre de 2018

El amor herido puede ser sanado por Dios con misericordia

Reflexionando sobre el Evangelio dominical en el que Jesús responde las provocativas cuestiones de los fariseos sobre el matrimonio, el Santo Padre recuerda que la intención original del Creador en cuanto a la unión de un hombre y una mujer es que sean "una sola carne"; y explica que ante los fracasos amorosos la Iglesia no debe condenar sino "redirigir los corazones heridos hacia Dios".
Sofía Lobos - Ciudad del Vaticano
El 7 de octubre, XXVII domingo del tiempo ordinario, el Papa Francisco rezó la oración mariana del Ángelus junto a miles de fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, y comentó la lectura del Evangelio (cf. Mc 10,2-16), que relata cómo Jesús responde con sabiduría y autoridad a los fariseos ante sus provocativas cuestiones sobre el matrimonio, interrogándolo sobre si es lícito que un marido repudie a su mujer, como lo dispone la ley de Moisés (cf. vv. 2-4).

No dividir lo que Dios ha unido

En este contexto, el Santo Padre explicó que Jesús, en primer lugar, "redimensiona la ley mosaica", afirmando que el antiguo legislador "escribió para el pueblo esta norma a causa de la dureza de su corazón". En otras palabras, es una concesión que sirve para tapar las lagunas producidas por nuestro egoísmo, pero no corresponde a la intención original del Creador.
Por ello, Jesús retoma el libro del Génesis: "Desde el principio de la creación, Dios, los hizo varón y mujer; por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne" (vv. 6-7). Y concluye: "Por tanto, el hombre no debe dividir lo que Dios ha unido" (v. 9).

Jesús defiende la dignidad del matrimonio

"En el proyecto original del Creador, no existe el hombre que se casa con una mujer y, si las cosas no van bien, la repudia. ¡No! En cambio, si hay un hombre y una mujer llamados a reconocerse, a completarse, a ayudarse mutuamente en el matrimonio", argumentó Francisco haciendo hincapié en que esta enseñanza de Jesús es muy clara y defiende la dignidad del matrimonio, como una unión de amor que implica fidelidad.
"Lo que permite a los esposos permanecer unidos en el matrimonio es un amor de donación recíproca sostenido por la gracia de Cristo. Si por el contrario prevalece en los cónyuges el interés individual, su propia satisfacción, entonces su unión no podrá resistir".

La belleza de las relaciones humanas

Asimismo, Jesús no admite el repudio ni todo lo que puede llevar al naufragio de la relación.
"Lo hace para confirmar el plan de Dios, en el que destaca la fuerza y la belleza de las relaciones humanas", subrayó el Pontífice destacando que la Iglesia, madre y maestra que comparte las alegrías y los esfuerzos de las personas, por un lado, "no se cansa de confirmar la belleza de la familia tal como nos ha sido transmitida por la Escritura y la Tradición; a la vez que se esfuerza por hacer sentir su cercanía materna de manera concreta a quienes viven la experiencia de relaciones rotas o llevadas a cabo de una manera dolorosa y cansada".

La Iglesia redirige hacia Dios los corazones heridos

"La manera en que Dios mismo actúa con su pueblo infiel -es decir, con nosotros - nos enseña que el amor herido puede ser sanado por Dios a través de la misericordia y el perdón", añade el Obispo de Roma asegurando que ante tantos fracasos matrimoniales dolorosos, la Iglesia está llamada a vivir su presencia de caridad y misericordia, para redirigir hacia Dios los corazones heridos y perdidos.
"Invoquemos a la Virgen María, para que ayude a los esposos a vivir y renovar siempre su unión a partir del don original de Dios", concluyó el Pontífice.

sábado, 6 de octubre de 2018

“La Iglesia sale con las nuevas generaciones”

Discurso del Papa Francisco durante el Encuentro con miles de Jóvenes y los Padres Sinodales con ocasión de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, dedicado al tema: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.
Renato Martinez – Ciudad del Vaticano
“La Iglesia, no sale hacia las nuevas generaciones, sino que sale con las nuevas generaciones, y el Sínodo es fruto de un trabajo en el que vosotros han sido y son protagonistas”, lo dijo el Papa Francisco en el Encuentro con los Jóvenes y los Padres Sinodales con ocasión de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, dedicado al tema: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, la tarde de este sábado 6 de octubre de 2018.

“Nosotros para. Únicos, solidarios y creativos”

El Evento organizado y promovido por la Secretaria General del Sínodo de los Obispos y la Congregación para la Educación Católica, bajo el lema “Nosotros para. Únicos, solidarios y creativos”, congregó a centeneras de jóvenes de diversos continentes en el Aula Pablo VI del Vaticano, quienes en medio de cantos y danzas presentaron diversos testimonios que hablan de las dificultades que atraviesan los jóvenes de nuestro tiempo, sus fragilidades y esperanzas, lo difícil que es encontrase a uno mismo y afirmar su identidad.
Después de presentar estas experiencias de diversas realidades del mundo juvenil, los jóvenes presentaron una serie de preguntas al Santo Padre y a los Padres Sinodales.

El don precioso de la juventud

El Papa Francisco agradeció de manera espontánea por haber compartido sus testimonios y aseguró, con respecto a las preguntas de los jóvenes, que "las respuestas se las darán los padres sinodales"; ya que "si yo respondiera anularía el Sínodo"- dijo Francisco- añadiendo que las respuestas "deben venir de parte de todos, de nuestra reflexión, de nuestra discusión, y sobre todo deben ser respuestas hechas sin miedo".
“Me impresionan sus historias personales – señaló el Pontífice -  llenas de pasión y de dolor, animadas por los deseos, estimuladas por las aspiraciones, marcadas por las caídas, pero también por el deseo de levantarse, para afrontar de manera positiva los desafíos de la vida y correr a los destinos más bellos”.

Otra vida es posible

Justamente, afirmó el Vicario de Cristo, ustedes piden a la Iglesia que conozca mejor el mundo de los jóvenes, para poder interpretar mejor sus necesidades y promover iniciativas eficaces en su favor. Los Padres Sinodales partirán ciertamente de vuestras aportaciones, que durante la fase de preparación del Sínodo y también hoy han dado con claridad y puntualidad. “Han descrito bien, y experimentado en vuestra piel – puntualizó el Pontífice – las ilusiones del hombre contemporáneo, que cree que puede dominar el mundo y a veces no se da cuenta de que a su vez está dominado por ídolos – dinero, poder, placer.... – y por esto siembra injusticias y corrupción. Pero lo más conmovedor de sus historias es el descubrimiento de que otra vida es posible: Jesús no nos deja solos en nuestra aventura, especialmente en los momentos que nos ponen a prueba”.

Jóvenes, presente del mundo y de la Iglesia

Estoy seguro de que, a través de vosotros, agregó el Papa Francisco, la Iglesia se encuentra con el mundo de hoy. No sólo son el futuro de la Iglesia, sino también su presente. Y no queremos posponer su participación al futuro, pidiéndoles que esperen su turno. “La Iglesia en salida – precisó el Papa – necesita un dinamismo misionero que sobre todo los jóvenes puedan aportar. Necesita personas que, animadas por la fe, sepan comprometer su vida en la evangelización en un mundo marcado por las transformaciones sociales, culturales, tecnológicas, en un mundo que se ha vuelto más pequeño a causa de la globalización, y más interconectado por el desarrollo de la comunicación”.

Protagonistas del cambio

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco señaló que, con sus preguntas los jóvenes expresan su deseo de ser protagonistas del cambio y de participar plenamente en la misión de la Iglesia. “Y la primera manera de ser protagonistas y de participar es precisamente ésta – agregó el Pontífice – hacer preguntas, porque provienen de esa actitud de investigación propia de las nuevas generaciones. Una investigación que no quiere detenerse en la teoría, sino llegar a la práctica, a las opciones de vida, a los comportamientos. En cierto modo, las preguntas son más importantes que las respuestas – o al menos tan importantes – porque nunca tendremos buenas respuestas si no hacemos buenas preguntas”.

jueves, 4 de octubre de 2018

 “Los jóvenes nos piden que no los dejemos solos”
Homilía del Papa Francisco
(ZENIT 

Homilía del Papa Francisco
«El Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho» (Jn 14,26). 
De esta forma tan sencilla, Jesús les ofrece a sus discípulos la garantía que acompañará toda la obra misionera que les será encomendada: el Espíritu Santo será el primero en custodiar y mantener siempre viva y actuante la memoria del Maestro en el corazón de los discípulos. Él es quien hace que la riqueza y hermosura del Evangelio sea fuente de constante alegría y novedad. 
Al iniciar este momento de gracia para toda la Iglesia, en sintonía con la Palabra de Dios, pedimos con insistencia al Paráclito que nos ayude a hacer memoria y reavivar esas palabras del Señor que hacían arder nuestro corazón (cf. Lc 24,32). Ardor y pasión evangélica que engendra el ardor y la pasión por Jesús. Memoria que despierte y renueve en nosotros la capacidad de soñar y esperar. Porque sabemos que nuestros jóvenes serán capaces de profecía y de visión en la medida que nosotros, ya mayores o ancianos, seamos capaces de soñar y así contagiar y compartir esos sueños y esperanzas que anidan en el corazón (cf. Jl 3,1). 
Que el Espíritu nos dé la gracia de ser Padres sinodales ungidos con el don de los sueños y de la esperanza para que podamos, a su vez, ungir a nuestros jóvenes con el don de la profecía y la visión; que nos dé la gracia de ser memoria operante, viva, eficaz, que de generación en generación no se deja asfixiar ni aplastar por los profetas de calamidades y desventuras ni por nuestros propios límites, errores y pecados, sino que es capaz de encontrar espacios para encender el corazón y discernir los caminos del Espíritu. Con esta actitud de dócil escucha de la voz del Espíritu, hemos venido de todas partes del mundo. Hoy, por primera vez, están también aquí con nosotros dos hermanos obispos de China Continental. Démosles nuestra afectuosa bienvenida: gracias a su presencia, la comunión de todo el Episcopado con el Sucesor de Pedro es aún más visible. 
Ungidos en la esperanza comenzamos un nuevo encuentro eclesial capaz de ensanchar horizontes, dilatar el corazón y transformar aquellas estructuras que hoy nos paralizan, nos apartan y alejan de nuestros jóvenes, dejándolos a la intemperie y huérfanos de una comunidad de fe que los sostenga, de un horizonte de sentido y de vida (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 49). 
La esperanza nos interpela, moviliza y rompe el conformismo del «siempre se hizo así» y nos pide levantarnos para mirar de frente el rostro de nuestros jóvenes y las situaciones en las que se encuentran. La misma esperanza nos pide trabajar para revertir las situaciones de precariedad, exclusión y violencia a las que están expuestos nuestros muchachos. 
Nuestros jóvenes, fruto de muchas de las decisiones que se han tomado en el pasado, nos invitan a asumir junto a ellos el presente con mayor compromiso y luchar contra todas las formas que obstaculizan sus vidas para que se desarrollen con dignidad. Ellos nos piden y reclaman una entrega creativa, una dinámica inteligente, entusiasta y esperanzadora, y que no los dejemos solos en manos de tantos mercaderes de muerte que oprimen sus vidas y oscurecen su visión. 
Esta capacidad de soñar juntos que el Señor hoy nos regala como Iglesia, reclama, como nos decía san Pablo en la primera lectura, desarrollar entre nosotros una actitud definida: «No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás» (Flp 2,4). E inclusive apunta más alto al pedir que con humildad consideremos estimar a los demás superiores a nosotros mismos (cf. v. 3). Con este espíritu intentaremos ponernos a la escucha los unos de los otros para discernir juntos lo que el Señor le está pidiendo a su Iglesia. Y esto nos exige estar alertas y velar para que no domine la lógica de autopreservación y autorreferencialidad que termina convirtiendo en importante lo superfluo y haciendo superfluo lo importante. El amor por el Evangelio y por el pueblo que nos fue confiado nos pide ampliar la mirada y no perder de vista la misión a la que nos convoca para apuntar a un bien mayor que nos beneficiará a todos. Sin esta actitud, vanos serán todos nuestros esfuerzos. 
El don de la escucha sincera, orante y con el menor número de prejuicios y presupuestos nos permitirá entrar en comunión con las diferentes situaciones que vive el Pueblo de Dios. Escuchar a Dios, hasta escuchar con él el clamor del pueblo; escuchar al pueblo, hasta respirar en él la voluntad a la que Dios nos llama (cf. Discurso durante el encuentro para la familia, 4 octubre 2014). 
Esta actitud nos defiende de la tentación de caer en posturas «eticistas» o elitistas, así como de la fascinación por ideologías abstractas que nunca coinciden con la realidad de nuestros pueblos (cf. J. M. BERGOGLIO, Meditaciones para religiosos, 45-46). 
Hermanos: Pongamos este tiempo bajo la materna protección de la Virgen María. Que ella, mujer de la escucha y la memoria, nos acompañe a reconocer las huellas del Espíritu para que, «sin demora» (cf. Lc 1,39), entre sueños y esperanzas, acompañemos y estimulemos a nuestros jóvenes para que no dejen de profetizar. 
Padres sinodales: 
Muchos de nosotros éramos jóvenes o comenzábamos los primeros pasos en la vida religiosa al finalizar el Concilio Vaticano II. A los jóvenes de aquellos años les fue dirigido el último mensaje de los padres conciliares. Lo que escuchamos de jóvenes nos hará bien volverlo repasar en el corazón recordando las palabras del poeta: «Que el hombre mantenga lo que de niño prometió» (F. HÖLDERLIN). 
Así nos hablaron los Padres conciliares: «La Iglesia, durante cuatro años, ha trabajado para rejuvenecer su rostro, para responder mejor a los designios de su fundador, el gran viviente, Cristo, eternamente joven. Al final de esa impresionante “reforma de vida” se vuelve a vosotros. Es para vosotros los jóvenes, sobre todo para vosotros, porque la Iglesia acaba de alumbrar en su Concilio una luz, luz que alumbrará el porvenir. La Iglesia está preocupada porque esa sociedad que vais a constituir respete la dignidad, la libertad, el derecho de las personas, y esas personas son las vuestras […] 
En el nombre de este Dios y de su hijo, Jesús, os exhortamos a ensanchar vuestros corazones a las dimensiones del mundo, a escuchar la llamada de vuestros hermanos y a poner ardorosamente a su servicio vuestras energías. Luchad contra todo egoísmo. Negaos a dar libre curso a los instintos de violencia y de odio, que engendran las guerras y su cortejo de males. Sed generosos, puros, respetuosos, sinceros. Y edificad con entusiasmo un mundo mejor que el de vuestros mayores» (PABLO VI, Mensaje a los jóvenes, con ocasión de la clausura del Concilio Vaticano II, 8 diciembre 1965). 
Padres sinodales: la Iglesia los mira con confianza y amor. 

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