domingo, 19 de agosto de 2018

Ángelus del PapaÁngelus del Papa  (Vatican Media)

Nutrirnos de Cristo para entrar en sintonía con Él. Ángelus del Papa


Griselda Mutual -Ciudad del Vaticano
Este domingo 19 de agosto el Papa Francisco, como todos los domingos, se asomó a la ventana del Palacio Apostólico Pontificio para rezar junto a los fieles presentes en la plaza de san Pedro la oración mariana del Ángelus. El Santo Padre reflexionó sobre el Evangelio del día, Juan 6, versículos 51 al 58, que nos introduce en la segunda parte del discurso que hizo Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm, tras haber alimentado a una gran multitud con cinco panes y dos peces. 
Jesús se presenta – dijo el Santo Padre –como el pan vivo bajado del cielo; el pan que da la vida eterna. 

“Comer” la humanidad de Jesús para compartir con Él, el don de la vida por el mundo

El Papa Francisco señaló en primer lugar, que este pasaje del Evangelio es “decisivo”, porque “provoca la reacción de quienes lo escuchan”, quienes se ponen a discutir entre ellos preguntándose «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?»(v.52)
De este modo explicó que cuando el signo del pan compartido lleva a su significado verdadero, es decir, el don de sí mismo hasta el sacrificio, surge la incomprensión, “e inclusive el rechazo” de Aquel que poco antes se quería llevar al triunfo. Y llamó a recordar que Jesús tuvo que marcharse, esconderse, porque querían hacerlo rey. Primero "el momento del triunfo, y luego la distancia poruqe no había gustado esta palabra de Jesús". 
Pero de ahí surge la respuesta asertiva de Jesús: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes»(v.53). Y Francisco subrayó que en este punto de la lectura “junto con la carne aparece también la sangre”:
“Carne y sangre en el lenguaje bíblico -explicó - expresan la humanidad concreta. La gente y los mismos discípulos intuyen que Jesús los invita a entrar en comunión con Él, a “comer” a Él, a su humanidad, para compartir con Él el don de la vida por el mundo. ¡Nada de triunfos y espejismos de éxito!” Es precisamente el sacrificio de Jesús que se dona a sí mismo por nosotros. 

Cuando participamos en la misa anticipamos el cielo en la tierra

El Obispo de Roma prosiguió afirmando que entorno al altar encontramos aquello que nos alimenta y apaga espiritualmente nuestra sed hoy y por la eternidad:
“Este pan de vida, sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, se nos dona gratuitamente en el banquete Eucarístico”.
Y añadió:“Cada vez que participamos en la Santa Misa, en un cierto sentido, anticipamos el cielo sobre la tierra, porque del alimento eucarístico, el Cuerpo y la Sangre de aprendemos lo que es la vida eterna. Es vivir para el Señor: «el que me come vivirá por mí »(v. 57). La Eucaristía nos plasma para que no vivamos sólo para nosotros mismos, sino para el Señor y para nuestros hermanos y hermanas. La felicidad y la eternidad de la vida dependen de nuestra capacidad de hacer fructífero el amor evangélico que recibimos en la Eucaristía”.

Jesús, pan vivo y vivificante, comunica la vida misma de Dios

Seguidamente Francisco recordó lo que repite Jesús a cada uno de nosotros y que podemos leer en el versículo 53: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes». Y se detuvo en este punto para aclarar que “no se trata de un alimento material, sino de un pan vivo y vivificante, que comunica la vida misma de Dios”, y que “para tener esta vida, es necesario nutrirse del Evangelio y del amor e los hermanos”.
Pero el Papa también puso en guardia sobre cuáles pueden ser nuestras reacciones a la invitación de Jesús a nutrirnos de su Cuerpo y de su Sangre: “Podemos sentir la necesidad de discutir y de resistir”, como lo hicieron quienes escuchaban a Jesús, en el Evangelio que leemos hoy. 

Nutriéndonos de Cristo entramos en sintonía con Él

Esta necesidad de discutir y resistir sucede – aseguró Francisco - cuando nos cuesta modelar nuestra existencia según la de Jesús, actuar según sus criterios y no según los criterios del mundo:
“Nutriéndonos de este alimento podemos entrar en plena sintonía con Cristo, con sus sentimientos, con sus comportamientos. Por ello es tan importante comunicarse; es tan importante ir a Misa y recibir la comunión, porque es recibir el Cuerpo de Cristo, es recibir a este Cristo que nos transforma desde dentro y recibir este Cristo Vivo que nos prepara para el cielo". 
En la conclusión de su catequesis y antes de  la oración mariana, el Pontífice oró para que “la Virgen María sostenga nuestra intención de hacer comunión con Jesucristo, nutriéndonos con su Eucaristía, para que a su vez nos convirtamos en pan partido para los hermanos”.

miércoles, 15 de agosto de 2018

El Papa en la solemnidad de la Asunción de María: servir a Dios en cuerpo y alma

Sofía Lobos - Ciudad del Vaticano
El miércoles 15 de agosto, en la solemnidad de la Asunción de la Virgen María al Cielo, el Papa Francisco rezó la oración mariana del Ángelus junto a miles de fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro.

Asunción al cielo: unión corporal y espiritual

"La asunción al cielo, en alma y cuerpo, es un privilegio divino concedido a la Santa Madre de Dios por su particular unión con Jesús. Es una unión corporal y espiritual, iniciada en la Anunciación y madurada a lo largo de la vida de María a través de su singular participación en el misterio del Hijo", explicó el Santo Padre destacando, que si bien María tuvo una vida humilde y sencilla, ya que "fue una mujer común de su tiempo"; cada acción diaria suya, "era realizaba siempre en total unión con Jesús, viviendo en el momento del Calvario su culmen en el amor, en la compasión y en el sufrimiento del corazón".

"Es por eso que Dios le ha dado una participación plena también en la Resurrección de Jesús", añadió el Obispo de Roma recordando que el cuerpo de la Madre "ha sido preservado de la corrupción, al igual que el cuerpo del Hijo".

Dios quiere salvar al "hombre entero"

Asimismo, el Pontífice señaló que con esta festividad la Iglesia invita a contemplar este misterio: "nos muestra que Dios quiere salvar al hombre entero, su alma y su cuerpo. Jesús resucitó con el cuerpo que había recibido de María; y ascendió al Padre con su humanidad transfigurada".
Por ello, -dijo Francisco- «la maravillosa realidad de la Asunción de María manifiesta y confirma la unidad de la persona humana y nos recuerda que estamos llamados a servir y glorificar a Dios con todo nuestro ser, alma y cuerpo. Esto - la "resurrección de la carne" - es un elemento propio de la revelación cristiana, una piedra angular de nuestra fe».

Glorificar a Dios con el cuerpo y el alma

Antes de concluir, el Papa hizo hincapié en que "servir a Dios sólo con el cuerpo sería una acción esclava"; mientras que "servirlo sólo con el alma estaría en contraste con nuestra naturaleza humana", por tanto como cristianos estamos llamados a glorificar a Dios a través de la unión de ambos: cuerpo y alma, trabajando unidos en búsqueda de la eternidad.
 "Si hemos vivido de esta manera, en el servicio jubiloso a Dios, que se expresa también en un servicio generoso a los hermanos; nuestro destino, el día de la resurrección, será similar al de nuestra Madre celestial", afirmó el Santo Padre invitando a todos a rezar a María, "para que por su intercesión maternal, nos ayude a vivir nuestro camino diario en la esperanza de poder alcanzarla algún día, con todos los Santos y nuestros seres queridos, en el paraíso". 

domingo, 12 de agosto de 2018

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Ángelus del Papa: La Virgen nos ayude a decir “no” al mal y “si” al bien

En el Ángelus del XIX Domingo del Tiempo Ordinario, el Papa Francisco invitó a vivir de manera coherente con las promesas del Bautismo, renovados en la Confirmación: renunciar al mal y adherir al bien.
Renato Martinez – Ciudad del Vaticano
“¡Hoy los exhorto a ser protagonistas del bien! No se sientan contentos cuando no hagan el mal; cada uno es culpable del bien que podía hacer y no lo ha hecho”, lo dijo el Papa Francisco en su alocución antes de rezar la oración mariana del Ángelus del XIX Domingo del Tiempo Ordinario, Domingo en el cual el Obispo de Roma encontró a los jóvenes peregrinos de las Diócesis de Italia.

No entristezcan al Espíritu Santo

Comentando la segunda lectura que la liturgia presenta este Domingo, el Santo Padre recordó la invitación del apóstol Pablo: “No entristezcan al Espíritu Santo de Dios, que los ha marcado con un sello para el día de la redención” (Ef 4,30). Pero, ¿Cómo se entristece al Espíritu Santo, se pregunta el Papa? Todos los hemos recibido en el Bautismo y en la Confirmación, por ello, para no entristecer al Espíritu Santo, es necesario vivir de manera coherente con las promesas del Bautismo, renovados en la Confirmación: tienen dos aspectos: renunciar al mal y adherir al bien.

Renunciar al mal

Renunciar al mal, explica el Sumo Pontífice, significa decir “no” a las tentaciones, al pecado, a satanás. De modo concreto significa decir “no” a una cultura de la muerte, que se manifiesta en la fuga de la realidad hacia una felicidad falsa que se expresa en la mentira, en el engaño, en la injusticia, en el desprecio del otro. “La vida nueva que nos ha sido dada en el Bautismo – precisa el Papa – y que tiene al Espíritu como fuente, rechaza una conducta dominada por sentimientos de división y de discordia”. Por ello, el apóstol Pablo exhorta a quitar del propio corazón ‘toda amargura, arrebatos, ira, gritos e insultos y toda clase de maldades’ (v. 31). Estos seis elementos o vicios que perturban la alegría del Espíritu, agrega el Pontífice, envenenan el corazón y conducen a imprecaciones contra Dios y contra el prójimo.

Adherir al bien

Pero, no basta no hacer el mal para ser un buen cristiano, afirma el Papa Francisco, es necesario adherir al bien y hacer el bien. Es por ello que San Pablo continua: “Sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo” (v. 32). Muchas veces escuchamos a algunos decir: “Yo no hago del mal a nadie”. De acuerdo, ¿pero hace el bien? Cuantas personas no hace el mal, pero ni siquiera hacen el bien, y sus vidas transcurren en la indiferencia, en la apatía, en el desinterés. “Esta actitud – afirma el Santo Padre – es contraria al Evangelio, y es contraria también al índole de ustedes jóvenes, que por naturaleza son dinámicos, apasionados y valientes”.

¡Sean protagonistas del bien!

Hoy los exhorto a ser protagonistas del bien, anima el Papa Francisco, no se sientan contentos cuando no hagan el mal; cada uno es culpable del bien que podía hacer y no lo ha hecho. “No basta no odiar, es necesario perdonar; no basta no tener rencor, es necesario orar por los enemigos; no basta no ser causa de división, es necesario llevar la paz donde no existe; no basta no hablar mal de los demás, es necesario interrumpir cuando escuchamos hablar mal de alguien”. Si no nos oponemos al mal, subraya el Papa, lo alimentamos de modo tácito. Es necesario intervenir donde el mal se difunde; porque el mal se difunde donde faltan cristianos audaces que se opongan con el bien, “caminando en la caridad, según la exhortación de San Pablo.
Queridos jóvenes, concluyó el Papa Francisco, en estos días han caminado mucho y puedo decirles: ¡Caminen en la caridad! Caminemos juntos hacia el Sínodo de los Obispos. La Virgen María nos sostenga con su materna intercesión, para que cada uno de nosotros, cada día, con los hechos, pueda decir “no” al mal y “si” al bien.

miércoles, 8 de agosto de 2018

“Salvemos las 2 vidas” en la audiencia del papa Francisco

Miércoles 8 Ago 2018 | 14:54 pm
 AICA-  Hoy miércoles 8 de agosto, día en que el Senado argentino votará a favor o en contra de la legalización del aborto, un grupo de argentinos participó de la Audiencia General del papa Francisco celebrada en el Aula Pablo VI y desplegó ante Su Santidad una bandera celeste con la inscripción “Salvemos las 2 vidas”.
Reiteradas veces el Santo Padre recordó el valor sagrado de la vida humana. Valor que viene del mismo amor que Dios tiene por cada creatura.

“Este amor por los demás no puede reservarse para momentos excepcionales”, sino que debe convertirse “en la constante de nuestra existencia”. Y es por eso que estamos llamados –recordaba el papa Francisco durante el Ángelus del 6 de mayo- a mantener a los ancianos “como un tesoro precioso y con amor”, incluso “si crean problemas económicos e inconvenientes”. Y es por eso que a los enfermos, “incluso en la última etapa, les debemos brindar toda la asistencia posible” y “esta es la razón por la que los niños por nacer son siempre bienvenidos”, porque “la vida siempre debe ser protegida y amada desde la concepción hasta su ocaso natural”. + 

domingo, 5 de agosto de 2018

Jesús va más allá de la satisfacción inmediata de las necesidades materiales

Palabras del Papa antes del Ángelus 5 agosto 2018 (Texto completo)

(ZENIT – 5 agosto 2018).-  “Jesús vino a traernos algo más para abrirnos a una nueva existencia, a un horizonte más amplio”, ha dicho el Papa Francisco en el Ángelus que presidió desde la ventana del despacho que da a la Plaza San Pedro este soleado domingo ante 20.000 personas.
Queridos hermanos y hermanas. Buenos días.
En estos últimos domingos la liturgia nos ha mostrado la imagen llena de ternura de Jesús que sale al encuentro de las multitudes y sus necesidades, en el pasaje del evangelio de hoy (Jn 6, 24-35) la perspectiva cambia es la multitud alimentada por Jesús la que va nuevamente en busca de Él, va al encuentro de Jesús. Pero para Jesús no es suficiente que la gente lo busque, Él quiere que la gente lo conozca, quiere que la búsqueda y el encuentro con Él vaya más allá de la satisfacción inmediata de las necesidades materiales.
Jesús vino a traernos algo más para abrir una nueva existencia a un horizonte más amplio que las preocupaciones diarias de nutrición, vestimenta y de la carrera y así sucesivamente.
Por tanto, volviéndose hacia la multitud exclama. Ustedes no me buscan porque han visto señales sino porque han comido de esos panes y se han saciado (v 26). Así Jesús anima a las personas a dar un paso adelante, a preguntarse sobre el significado del milagro, no solo aprovecharse de Él. De hecho, la multiplicación de los panes y los peces es un signo del gran regalo que el padre le ha dado a la humanidad y que es Jesús mismo.
Él es el verdadero “pan de vida” (v 30) que quiere satisfacer no solo a los cuerpos sino también a las almas, dando el alimento espiritual que puede satisfacer el hambre mas profunda. Es por eso por lo que nos invita e invita a las multitudes a procurarse no el alimento que no dura, sino aquel que permanece para la vida eterna (v 27).
Es un alimento que Jesús nos da todos los días: su Palabra, su Cuerpo, su Sangre. La multitud escucha la invitación del Señor, pero no entiende su significado como a menudo nos sucede a nosotros y le preguntan: “¿qué debemos hacer para cumplir con las obras de Dios?” (v 28). Los oyentes de Jesús piensan que Él les pide que cumplan con los preceptos para obtener otros milagros como la multiplicación de los panes.
Es una tentación común, esto de reducir la religión a la práctica de las leyes: proyectando en nuestra relación con Dios la imagen de la relación entre los sirvientes y su amo, los sirvientes deben realizar las tareas que el maestro ha asignado para poder obtener su benevolencia, eso lo sabemos todos. Por eso la gente quiere saber de Jesús que acciones deben hacer para agradar a Dios.
 Pero Jesús da una respuesta inesperada, esta es la obra de Dios, “creer en el que Él ha enviado” (v 29). Estas palabras están dirigidas hoy, también a nosotros, la obra de Dios no consiste en “hacer” cosas sino en “creer”, en creer en aquel a quien Él ha enviado, o mas bien, la fe en Jesús nos permite hacer las obras de Dios, si nos dejamos envolver en esta relación de amor y confianza con Jesús podremos hacer buenas obras que tengan el perfume del Evangelio, para el bien y las necesidades de los hermanos.
El Señor nos invita a no olvidar que, si bien es necesario preocuparse por el pan material, es aún más importante cultivar nuestra relación con Él, fortalecer nuestra fe en Él que es el Pan de Vida venido para saciar nuestra hambre de verdad, nuestra hambre de justicia, nuestra hambre de amor.

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jueves, 2 de agosto de 2018

El Papa reescribe en el Catecismo: “La pena de muerte es inadmisible”


El Papa Francisco en oración Captura CTV
El Papa Francisco En Oración Captura CTV

Rescrito del artículo 2267


(ZENIT – 2 agosto 2018).- La Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que “la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona”, y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo.
Es el rescrito que ha firmado el Papa Francisco sobre el artículo n. 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica, acerca de la pena de muerte. El cardenal Luis F. Ladaria, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo ha hecho público este jueves, 2 de agosto de 2018.
La citación se refiere al discurso del Papa Francisco a los participantes en el encuentro promovido por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, el 11 de octubre 2017, mientras la aprobación tuvo lugar en el curso de la audiencia al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Luis F. Ladaria, el 11 de mayo pasado, y la firma fechada 1° de agosto 2018, Memoria de San Alfonso María de Ligorio, señala ‘Vatican News’.
A continuación, reproducimos el nuevo artículo 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica sobre la pena de muerte.
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Pena de muerte 
2267. Durante mucho tiempo el recurso a la pena de muerte por parte de la autoridad legítima, después de un debido proceso, fue considerado una respuesta apropiada a la gravedad de algunos delitos y un medio admisible, aunque extremo, para la tutela del bien común. 
Hoy está cada vez más viva la conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves. Además, se ha extendido una nueva comprensión acerca del sentido de las sanciones penales por parte del Estado. En fin, se han implementado sistemas de detención más eficaces, que garantizan la necesaria defensa de los ciudadanos, pero que, al mismo tiempo, no le quitan al reo la posibilidad de redimirse definitivamente.
Por tanto la Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que «la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona», y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo. 

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4ª catequesis de los Mandamientos




El Papa en la audiencia general, 1 agosto 2018 © Vatican Media
El Papa En La Audiencia General, 1 Agosto 2018 © Vatican Media

AGOSTO 01, 2018 21:03AUDIENCIA GENERAL


(ZENIT – 1 agosto 2018).-
A continuación, ofrecemos la catequesis completa del Papa Francisco, traducida de manera rápida por la redacción.
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Hemos escuchado el primer mandamiento del Decálogo: “No tendrás otros dioses delante de mí” (Éx 20: 3). Es bueno detenerse en el tema de la idolatría, que es de gran importancia y actualidad.
El mandamiento prohíbe hacer ídolos o imágenes de cualquier tipo de realidad: todo, de hecho, puede usarse como un ídolo. Estamos hablando de una tendencia humana que no perdona ni a los creyentes ni a los ateos. Por ejemplo, nosotros los cristianos podemos preguntarnos: ¿cuál es realmente mi Dios? ¿Es Amor Uno y Trino o es mi imagen, mi éxito personal, tal vez dentro de la Iglesia?. “La idolatría no se trata solo de los falsos cultos del paganismo. Sigue habiendo una constante tentación de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2113)
¿Qué es un “dios” en el plano existencial? Es lo que está en el centro de la vida y de lo que uno depende y piensa. Uno puede crecer en una familia nominalmente cristiana, pero centrada, en realidad, en puntos de referencia ajenos al Evangelio. Los seres humanos no viven sin enfocarse en algo. Entonces aquí el mundo ofrece el “supermercado” de ídolos, que pueden ser objetos, imágenes, ideas, roles. Por ejemplo, incluso la oración. Debemos orar a Dios, nuestro Padre.
Recuerdo que una vez fui a una parroquia en la diócesis de Buenos Aires para celebrar una misa y luego tuve que hacer las confirmaciones en otra parroquia a una distancia de un kilómetro. Fui, caminando, y pasé por un parque, lindo. Pero en ese parque había más de 50 mesas cada una con dos sillas y personas sentadas una frente a la otra. ¿Qué hacían? Jugar al tarot. Fueron allí a “rezar” al ídolo. En lugar de orar a Dios por la providencia del futuro, fueron allí para que les lean las cartas para ver el futuro. Esto es una idolatría de nuestros tiempos. Os pregunto: ¿cuántos de ustedes han ido a que les lean las cartas para ver el futuro? ¿Cuántos de ustedes, por ejemplo, han ido a que les lean sus manos para ver el futuro, en lugar de orar al Señor? Esta es la diferencia: el Señor está vivo; los otros son ídolos, idolatrías que no sirven.
¿Cómo se desarrolla una idolatría? El mandamiento describe las fases: «No te convertirás en un ídolo o una imagen […]. / No te inclinarás a ellos / y no los servirás “(Éx 20: 4-5).
La palabra “ídolo” en griego deriva del verbo “ver”. Un ídolo es una “visión” que tiende a convertirse en una obsesión. El ídolo es en realidad una proyección de uno mismo en objetos o proyectos. Por ejemplo, esta dinámica usa publicidad: no veo el objeto en sí, pero percibo ese automóvil, el teléfono inteligente, ese rol u otras cosas como un medio para alcanzar y responder a mis necesidades esenciales. Y lo estoy buscando, estoy hablando de eso, pienso en eso; la idea de poseer ese objeto o realizar ese proyecto, llegar a esa posición, parece una forma maravillosa de alcanzar la felicidad, una torre para alcanzar el cielo (véase Gen11,1-9), y todo se vuelve funcional para ese objetivo.
Luego entras en la segunda fase: “No te inclinarás ante ellos”. Los ídolos exigen un culto, de rituales; a ellos nos postramos y sacrificamos todo. En la antigüedad, los sacrificios humanos se hacían a ídolos, pero también hoy: para hacer carrera, sacrifican a sus hijos, los descuidan o simplemente no los generan; la belleza llama al sacrificio humano. ¡Cuántas horas frente al espejo! Algunas personas, algunas mujeres, ¿cuánto gastan en el maquillaje? Esto también es una idolatría. No está mal usar maquillaje; pero de una manera normal, no convertirse en una diosa. La belleza llama al sacrificio humano. La fama exige la inmolación de uno mismo, la propia inocencia y autenticidad. Los ídolos piden sangre. El dinero roba la vida y el placer conduce a la soledad. Las estructuras económicas sacrifican vidas humanas por mayores ganancias.
Pensemos en tantas personas sin trabajo. ¿Por qué? Porque a veces sucede que los empresarios de esa compañía, esa empresa, han decidido despedir a las personas para ganar más dinero. El ídolo del dinero. Uno vive en hipocresía, haciendo y diciendo lo que otros esperan, porque el dios de su afirmación lo impone. Y las vidas se arruinan, las familias se destruyen y los jóvenes quedan en manos de modelos destructivos, solo para aumentar las ganancias.
La droga también es un ídolo. ¿Cuántos jóvenes arruinan la salud, incluso la vida, adorando a este ídolo de las drogas? Aquí viene la tercera y más trágica etapa: “Y no les servirás”, dice. Los ídolos esclavizan. Prometen la felicidad pero no la dan; y nos encontramos viviendo para esa cosa o esa visión, atrapados en un vórtice autodestructivo, esperando un resultado que nunca llega.
Queridos hermanos y hermanas, los ídolos prometen vida, pero en realidad la quitan. El verdadero Dios no pregunta por la vida sino que la da, la regala. El verdadero Dios no ofrece una proyección de nuestro éxito, pero nos enseña a amar. El verdadero Dios no pide hijos, pero él da a su Hijo por nosotros. Los ídolos proyectan hipótesis futuras y hacen que se desprecie el presente; el verdadero Dios nos enseña a vivir en la realidad de cada día, concretamente, no con ilusiones sobre el futuro: hoy y mañana y pasado mañana, caminando hacia el futuro.
La concreción del verdadero Dios contra la liquidez de los ídolos. Te invito a pensar hoy: ¿cuántos ídolos tengo o cuál es mi ídolo favorito? Porque el reconocimiento de las idolatrías es un comienzo de gracia y se pone en el camino del amor. De hecho, el amor es incompatible con la idolatría: si algo se vuelve absoluto e intocable, entonces es más importante que un cónyuge, un niño o una amistad. El apego a un objeto o una idea nos hace cegarnos al amor. Y así, para ir tras ídolos, a un ídolo, incluso podemos negar el padre, la madre, los hijos, la esposa, el cónyuge, la familia… las cosas más caras. El apego a un objeto o una idea nos hace cegarnos al amor. Llevad esto en vuestro corazón: Los ídolos roban nuestro amor, los ídolos nos ciegan al amor y, para amar verdaderamente, debemos ser libres de ídolos.
© Traducción de Zenit, Rosa Die Alcolea