sábado, 3 de junio de 2017

El Video del Papa: Francisco exhorta a poner fin al comercio de armas


Viernes 2 Jun 2017 | 08:08 am
Ciudad del Vaticano (AICA): Francisco exhortó a los responsables de las naciones a poner fin al comercio de armas, en la edición de junio 2017 de El Video del Papa, que promueve la Red Mundial de Oración del Papa. El lanzamiento llega días después de que el pontífice recibió al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y le pidió trabajar por la paz mundial. “Es una absurda contradicción hablar de paz, negociar la paz y, al mismo tiempo, promover o permitir el comercio de armas”, advirtió el pontífice.
Francisco exhortó a los responsables de las naciones a poner fin al comercio de armas, en la edición de junio 2017 de El Video del Papa, que promueve la Red Mundial de Oración del Papa.

“Es una absurda contradicción hablar de paz, negociar la paz y, al mismo tiempo, promover o permitir el comercio de armas”, advirtió el pontífice en alusión a la hipocresía de los gobiernos que parecen no terminar de comprometerse en solucionar este drama global.

En el video, que relata esta dualidad entre firmar acuerdos de paz y continuar vendiendo armas para sostener guerras innecesarias, el Papa se pregunta si las guerras existentes son incluso por problemas reales: “¿O son guerras comerciales para vender armas en el comercio ilegal y para que se enriquezcan los mercaderes de la muerte?”, interpeló.

Según un estudio del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (Sipri), el comercio global de armas se ha elevado a su máximo nivel desde el final de la Guerra Fría. El incremento fue ocasionado por los conflictos en Medio Oriente, las tensiones en el Mar del Sur de China y la percepción de la amenaza de Rusia a sus vecinos.

La mayoría de las ventas de armas proviene de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido. Entre los principales fabricantes también se encuentran Alemania, España e Italia, mientras que entre los principales compradores aparecen Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Turquía.

“El pedido del Papa este mes es contundente. Unión y compromiso, para pedirle a los responsables de las naciones que se comprometan, con firme decisión, a poner fin al comercio de las armas. ¡Tantos intereses industriales, estratégicos y políticos opacos que causan víctimas inocentes en todo el mundo! ¿Conocemos las industrias de nuestro país que se benefician del comercio de las armas?”, planteó el padre Frédéric Fornos SJ, director internacional de la Red Mundial de Oración del Papa y el Movimiento Eucarístico Juvenil.

Las intenciones son confiadas mensualmente a la Red Mundial de Oración del Papa y El Video del Papa es producido por La Machi Comunicación para Buenas Causas con el apoyo de la Compañía de Jesús, IndigoMusic y GettyImagesLatam, con la colaboración del Centro Televisivo Vaticano. Además, tiene como “medio colaborador” a Aleteia.

Desde su lanzamiento en enero de 2016, la producción registra más de 14 millones de visualizaciones en sus redes propias.

¿Dónde se puede ver el video?
Sitio web oficial de El Vídeo del Papa
Canal de YouTube de El Vídeo del Papa
Página de Facebook de El Vídeo del Papa.+

miércoles, 31 de mayo de 2017


La esperanza es como una vela que recoge el viento del Espíritu Santo que empuja la nave

Audiencia general, 31 de mayo de 2017
Audiencia general, 31 de mayo de 2017
(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 31 May. 2017).- El papa Francisco realizó este miércoles la audiencia general, retomando el tema de la esperanza cristiana y su relación con el Espíritu Santo. A continuación el texto completo.
«Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Ante la inminencia de la Solemnidad de Pentecostés no podemos dejar de hablar de la relación existente entre la esperanza cristiana y el Espíritu Santo. El Espíritu es el viento que nos impulsa adelante, que nos mantiene en camino, nos hace sentir peregrinos y forasteros, y no nos permite recostarnos y convertirnos en un pueblo “sedentario”.
La Carta a los Hebreos compara la esperanza con un ancla (Cfr. 6,18-19); y a esta imagen podemos agregar aquella de la vela. Si el ancla da seguridad a la barca y la tiene “anclada” entre el oleaje del mar, la vela en cambio, la hace caminar y avanzar sobre las aguas. La esperanza es de verdad como una vela; esa recoge el viento del Espíritu Santo y la transforma en fuerza motriz que empuja la nave, según sea el caso, al mar o a la orilla.
El apóstol Pablo concluye su Carta a los Romanos con este deseo, escuchen bien, escuchen bien qué bonito deseo: ‘Que el Dios de la esperanza los llene de alegría y de paz en la fe, para que la esperanza sobreabunde en ustedes por obra del Espíritu Santo’ (15,13). Reflexionemos un poco sobre el contenido de estas bellísimas palabras.
La expresión “Dios de la esperanza” no quiere decir solamente que Dios es el objeto de nuestra esperanza, es decir, de Quien tenemos la esperanza de alcanzar un día en la vida eterna; quiere decir también que Dios es Quien ya ahora nos da esperanza, es más, nos hace ‘alegres en la esperanza’ (Rom 12,12): alegres de en la esperanza, y no solo la esperanza de ser felices.
Es la alegría de esperar y no esperar de tener la alegría. Hoy. “Mientras haya vida, hay esperanza”, dice un dicho popular; y es verdad también lo contrario: mientras hay esperanza, hay vida. Los hombres tienen necesidad de la esperanza para vivir y tienen necesidad del Espíritu Santo para esperar.
San Pablo –hemos escuchado– atribuye al Espíritu Santo la capacidad de hacernos incluso ‘sobreabundar en la esperanza’. Abundar en la esperanza significa no desanimarse nunca; significa esperar ‘contra toda esperanza’ (Rom 4,18), es decir, esperar incluso cuando disminuye todo motivo humano para esperar, como fue para Abraham cuando Dios le pidió sacrificar a su único hijo, Isaac, y  aún más como fue para la Virgen María bajo la cruz de Jesús.
El Espíritu Santo hace posible esta esperanza invencible dándonos el testimonio interior de que somos hijos de Dios y sus herederos (Cfr. Rom 8,16). ¿Cómo podría Aquel que nos ha dado a su propio Hijo único no darnos todo con Él? (Cfr. Rom 8,32). ‘La esperanza –hermanos y hermanas– no defrauda: la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que nos ha sido dado’ (Rom 5,5). Por esto no defrauda, porque está el Espíritu Santo dentro que nos impulsa a ir adelante, siempre adelante. Y por esto la esperanza no defrauda.
Hay más: el Espíritu Santo no nos hace sólo capaces de tener esperanza, sino también de ser sembradores de esperanza, de ser también nosotros –como Él y gracias a Él– los ‘paráclitos’, es decir, consoladores y defensores de los hermanos. Sembradores de esperanza.
Un cristiano puede sembrar amargura, puede sembrar perplejidad y esto no es cristiano, y si tú haces esto no eres un buen cristiano. Siembra esperanza: siembra el bálsamo de esperanza, siembre el perfume de esperanza y no el vinagre de la amargura y de la falta de esperanza. El beato Cardenal Newman, en uno de sus discursos decía a los fieles: ‘Instruidos por nuestro mismo sufrimiento, por el mismo dolor, es más, por nuestros mismos pecados, tendremos la mente y el corazón ejercitados a toda obra de amor hacia aquellos que tienen necesidad. Seremos, según nuestra capacidad, consoladores a imagen del Paráclito –es decir, del Espíritu Santo– y en todos los sentidos que esta palabra comporta: abogados, asistentes, dispensadores de consolación. Nuestras palabras y nuestros consejos, nuestro modo de actuar, nuestra voz, nuestra mirada, serán gentiles y tranquilizantes’ (Parochial and plain Sermons, vol. V, Londra 1870, pp. 300s.).
Son sobre todo los pobres, los excluidos, los no amados los que necesitan de alguien que se haga para ellos “paráclito”, es decir, consoladores y defensores, como el Espíritu Santo se hace para cada uno de nosotros, que estamos aquí en la Plaza, consolador y defensor. Nosotros debemos hacer lo mismo por los más necesitados, por los descartados, por aquellos que tienen necesidad, aquellos que sufren más. Defensores y consoladores.
El Espíritu Santo alimenta la esperanza no sólo en el corazón de los hombres, sino también en la entera creación. Dice el Apóstol Pablo –esto parece un poco extraño, pero es verdad. Dice así: que también la creación ‘está proyectada con ardiente espera’ hacia la liberación y ‘gime y sufre’ con dolores de parto (Cfr. Rom 8,20-22). ‘La energía capaz de mover el mundo no es una fuerza anónima y ciega, sino es la acción del Espíritu de Dios que ‘aleteaba sobre las aguas’ (Gen 1,2) al inicio de la creación’ (Benedicto XVI, Homilía, 31 mayo 2009). También esto nos impulsa a respetar la creación: no se puede denigrar un cuadro sin ofender al artista que lo ha creado.
Hermanos y hermanas, la próxima fiesta de Pentecostés –que es el cumpleaños de la Iglesia: Pentecostés– esta próxima fiesta de Pentecostés nos encuentre concordes en la oración, con María, la Madre de Jesús y nuestra. Y el don del espíritu Santo nos haga sobreabundar en la esperanza. Les diré más: nos haga derrochar esperanza con todos aquellos que están más necesitados, los más descartados y por todos aquellos que tienen necesidad. Gracias».
(Traducción de ZENIT)

domingo, 28 de mayo de 2017

La fiesta de la Ascensión “revela el por qué la Iglesia existe” (traducción completa)


(ZENIT-Ciudad del Vaticano, 28 mayo 2016). – La fiesta de la Ascensión “revela el por qué la Iglesia existe”, explica el Papa Francisco: “La Iglesia existe para anunciar el Evangelio! Solamente por eso. Y también es la alegría de la Iglesia el anunciar el Evangelio. La Iglesia, somos nosotros, los bautizados!”
El Papa Francisco ha evocado la fiesta de la Ascensión antes de la oración mariana del Regina Coeli, a mediodía, en la plaza San Pedro, este 28 de mayo 2017.
He aquí la traducción de las palabras del Papa antes de la oración mariana.

Palabras del Papa antes del Regina Coeli
Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
Celebramos hoy en Italia y en otros países la fiesta de la Ascensión, sucedida 40 días después de Pascua.
La página evangélica (cf. Mt 28, 16-20), que concluye el evangelio de San Mateo, nos presenta el momento de la despedida definitiva del Resucitado a sus discípulos. La escena se sitúa en Galilea, el lugar donde Jesús les había llamado a seguirle y a formar el primer núcleo de su nueva comunidad. Ahora, estos discípulos son pasados por el “fuego” de la pasión y de la resurrección. A la vista del Señor resucitado, se prosternan delante de él, pero algunos tenían todavía dudas. En esta comunidad asustada, Jesús deja la inmensa tarea de evangelizar el mundo y concretiza esta misión con la orden de enseñar y de bautizar en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (cf. v. 19).
La Ascensión de Jesús al Cielo constituye así el término de la misión que el Hijo ha recibido del Padre y la puesta en marcha de la continuación de esta misión por parte de la Iglesia. A partir de este momento, la presencia de Cristo en el mundo tiene como medidores a sus discípulos, aquellos que creen en él y que lo anuncian.
Esta misión durará hasta el final de la historia y disfrutará cada día de la asistencia del Señor resucitado, que declara: ”Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (v. 20).
Su presencia aporta fuerza en la persecución, reconforte en las tribulaciones, apoyo en las situaciones de dificultad que se conocen en la misión y en el anuncio del Evangelio.
La Ascensión nos recuerda esta asistencia de Jesús y de su espíritu que da confianza, da seguridad a nuestro testimonio en el mundo. Nos revela por qué la Iglesia existe: La Iglesia existe para anunciar el Evangelio! Solo por eso. Y también es la alegría de la Iglesia anunciar el Evangelio. La Iglesia, somos todos nosotros, los bautizados!
Estamos todos invitados hoy a comprender mejor que Dios nos ha dado la gran dignidad y la gran responsabilidad de anunciarle al mundo, de hacerle accesible a la humanidad. He aquí nuestra dignidad, he aquí el mayor honor de cada uno de nosotros, de todos los bautizados!
En esta fiesta de la ascensión, cuando nosotros volvemos la mirada hacia el Cielo, donde subió Cristo y está sentado a la derecha del Padre, fortalecemos nuestros pasos sobre la tierra, para continuar con decisión y entusiasmo nuestro camino, nuestra misión de testimoniar y de vivir el Evangelio en todos los medios.
Pero somos conscientes que esto no depende ante todo de nuestras fuerzas, de la capacidad de organización o de recursos humanos. Es solamente con la luz y con la fuerza del Espíritu Santo que podemos cumplir eficazmente nuestra misión de dar a conocer siempre cada vez más y de hacer que los otros tengan la experiencia del amor y de la ternura de Jesús.
Pidamos a la Virgen María que nos ayude a contemplar los bienes celestes que el Señor nos promete y a convertirnos en los testigos siempre creibles de su Resurrección, de la verdadera Vida.
Regina Coeli laetare, alleluia…
©  Traducción de ZENIT, Raquel Anillo


Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2017

“Invito a todos a una comunicación constructiva”

Regina Caeli 28/05/2017, CTV
Regina Caeli 28/05/2017, CTV
«’No temas, que yo estoy contigo’ (Is 43,5). Comunicar esperanza y confianza en nuestros tiempos»: este es el tema elegido por el papa Francisco para la 51ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.
Publicamos a continuación el Mensaje del Papa para la Jornada que este año se celebra, en muchos países, este domingo 28 de mayo 2017, Solemnidad de la Ascensión del Señor.
En el tweet de hoy el Papa escribe @Pontifex_es : “Invito a todos a una comunicación constructiva que rechace los prejuicios hacia el otro y transmita esperanza y confianza en nuestro tiempo.”
He aquí el texto completo del Papa.
AB
Mensaje 2017 del Papa Francisco
Gracias al desarrollo tecnológico, el acceso a los medios de comunicación es tal que muchísimos individuos tienen la posibilidad de compartir inmediatamente noticias y de difundirlas de manera capilar. Estas noticias pueden ser bonitas o feas, verdaderas o falsas. Nuestros padres en la fe ya hablaban de la mente humana como de una piedra de molino que, movida por el agua, no se puede detener. Sin embargo, quien se encarga del molino tiene la posibilidad de decidir si moler trigo o cizaña. La mente del hombre está siempre en acción y no puede dejar de «moler» lo que recibe, pero está en nosotros decidir qué material le ofrecemos. (cf. Casiano el Romano, Carta a Leoncio Igumeno).
Me gustaría con este mensaje llegar y animar a todos los que, tanto en el ámbito profesional como en el de las relaciones personales, «muelen» cada día mucha información para ofrecer un pan tierno y bueno a todos los que se alimentan de los frutos de su comunicación. Quisiera exhortar a todos a una comunicación constructiva que, rechazando los prejuicios contra los demás, fomente una cultura del encuentro que ayude a mirar la realidad con auténtica confianza.
Creo que es necesario romper el círculo vicioso de la angustia y frenar la espiral del miedo, fruto de esa costumbre de centrarse en las «malas noticias» (guerras, terrorismo, escándalos y cualquier tipo de frustración en el acontecer humano). Ciertamente, no se trata de favorecer una desinformación en la que se ignore el drama del sufrimiento, ni de caer en un optimismo ingenuo que no se deja afectar por el escándalo del mal. Quisiera, por el contrario, que todos tratemos de superar ese sentimiento de disgusto y de resignación que con frecuencia se apodera de nosotros, arrojándonos en la apatía, generando miedos o dándonos la impresión de que no se puede frenar el mal. Además, en un sistema comunicativo donde reina la lógica según la cual para que una noticia sea buena ha de causar un impacto, y donde fácilmente se hace espectáculo del drama del dolor y del misterio del mal, se puede caer en la tentación de adormecer la propia conciencia o de caer en la desesperación.
Por lo tanto, quisiera contribuir a la búsqueda de un estilo comunicativo abierto y creativo, que no dé todo el protagonismo al mal, sino que trate de mostrar las posibles soluciones, favoreciendo una actitud activa y responsable en las personas a las cuales va dirigida la noticia. Invito a todos a ofrecer a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo narraciones marcadas por la lógica de la «buena noticia».
La buena noticia
La vida del hombre no es sólo una crónica aséptica de acontecimientos, sino que es historia, una historia que espera ser narrada mediante la elección de una clave interpretativa que sepa seleccionar y recoger los datos más importantes. La realidad, en sí misma, no tiene un significado unívoco. Todo depende de la mirada con la cual es percibida, del «cristal» con el que decidimos mirarla: cambiando las lentes, también la realidad se nos presenta distinta. Entonces, ¿qué hacer para leer la realidad con «las lentes» adecuadas?
Para los cristianos, las lentes que nos permiten descifrar la realidad no pueden ser otras que las de la buena noticia, partiendo de la «Buena Nueva» por excelencia: el «Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios» (Mc 1,1). Con estas palabras comienza el evangelista Marcos su narración, anunciando la «buena noticia» que se refiere a Jesús, pero más que una información sobre Jesús, se trata de la buena noticia que es Jesús mismo. En efecto, leyendo las páginas del Evangelio se descubre que el título de la obra corresponde a su contenido y, sobre todo, que ese contenido es la persona misma de Jesús.
Esta buena noticia, que es Jesús mismo, no es buena porque esté exenta de sufrimiento, sino porque contempla el sufrimiento en una perspectiva más amplia, como parte integrante de su amor por el Padre y por la humanidad. En Cristo, Dios se ha hecho solidario con cualquier situación humana, revelándonos que no estamos solos, porque tenemos un Padre que nunca olvida a sus hijos. «No temas, que yo estoy contigo» (Is 43,5): es la palabra consoladora de un Dios que se implica desde siempre en la historia de su pueblo. Con esta promesa: «estoy contigo», Dios asume, en su Hijo amado, toda nuestra debilidad hasta morir como nosotros. En Él también las tinieblas y la muerte se hacen lugar de comunión con la Luz y la Vida. Precisamente aquí, en el lugar donde la vida experimenta la amargura del fracaso, nace una esperanza al alcance de todos. Se trata de una esperanza que no defrauda ―porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones (cf. Rm 5,5)― y que hace que la vida nueva brote como la planta que crece de la semilla enterrada. Bajo esta luz, cada nuevo drama que sucede en la historia del mundo se convierte también en el escenario para una posible buena noticia, desde el momento en que el amor logra encontrar siempre el camino de la proximidad y suscita corazones capaces de conmoverse, rostros capaces de no desmoronarse, manos listas para construir.
La confianza en la semilla del Reino
Para iniciar a sus discípulos y a la multitud en esta mentalidad evangélica, y entregarles «las gafas» adecuadas con las que acercarse a la lógica del amor que muere y resucita, Jesús recurría a las parábolas, en las que el Reino de Dios se compara, a menudo, con la semilla que desata su fuerza vital justo cuando muere en la tierra (cf. Mc 4,1-34). Recurrir a imágenes y metáforas para comunicar la humilde potencia del Reino, no es un manera de restarle importancia y urgencia, sino una forma misericordiosa para dejar a quien escucha el «espacio» de libertad para acogerla y referirla incluso a sí mismo. Además, es el camino privilegiado para expresar la inmensa dignidad del misterio pascual, dejando que sean las imágenes ―más que los conceptos― las que comuniquen la paradójica belleza de la vida nueva en Cristo, donde las hostilidades y la cruz no impiden, sino que cumplen la salvación de Dios, donde la debilidad es más fuerte que toda potencia humana, donde el fracaso puede ser el preludio del cumplimiento más grande de todas las cosas en el amor. En efecto, así es como madura y se profundiza la esperanza del Reino de Dios: «Como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece» (Mc 4,26-27).
El Reino de Dios está ya entre nosotros, como una semilla oculta a una mirada superficial y cuyo crecimiento tiene lugar en el silencio. Quien tiene los ojos límpidos por la gracia del Espíritu Santo lo ve brotar y no deja que la cizaña, que siempre está presente, le robe la alegría del Reino.
Los horizontes del Espíritu
La esperanza fundada sobre la buena noticia que es Jesús nos hace elevar la mirada y nos impulsa a contemplarlo en el marco litúrgico de la fiesta de la Ascensión. Aunque parece que el Señor se aleja de nosotros, en realidad, se ensanchan los horizontes de la esperanza. En efecto, en Cristo, que eleva nuestra humanidad hasta el Cielo, cada hombre y cada mujer puede tener la plena libertad de «entrar en el santuario en virtud de la sangre de Jesús, por este camino nuevo y vivo, inaugurado por él para nosotros, a través del velo, es decir, de su propia carne» (Hb 10,19-20). Por medio de «la fuerza del Espíritu Santo» podemos ser «testigos» y comunicadores de una humanidad nueva, redimida, «hasta los confines de la tierra» (cf. Hb 1,7-8).
La confianza en la semilla del Reino de Dios y en la lógica de la Pascua configura también nuestra manera de comunicar. Esa confianza nos hace capaces de trabajar ―en las múltiples formas en que se lleva a cabo hoy la comunicación― con la convicción de que es posible descubrir e iluminar la buena noticia presente en la realidad de cada historia y en el rostro de cada persona.
Quien se deja guiar con fe por el Espíritu Santo es capaz de discernir en cada acontecimiento lo que ocurre entre Dios y la humanidad, reconociendo cómo él mismo, en el escenario dramático de este mundo, está tejiendo la trama de una historia de salvación. El hilo con el que se teje esta historia sacra es la esperanza y su tejedor no es otro que el Espíritu Consolador. La esperanza es la más humilde de las virtudes, porque permanece escondida en los pliegues de la vida, pero es similar a la levadura que hace fermentar toda la masa. Nosotros la alimentamos leyendo de nuevo la Buena Nueva, ese Evangelio que ha sido muchas veces «reeditado» en las vidas de los santos, hombres y mujeres convertidos en iconos del amor de Dios. También hoy el Espíritu siembra en nosotros el deseo del Reino, a través de muchos «canales» vivientes, a través de las personas que se dejan conducir por la Buena Nueva en medio del drama de la historia, y son como faros en la oscuridad de este mundo, que iluminan el camino y abren nuevos senderos de confianza y esperanza.
Vaticano, 24 de enero de 2017
© Libreria Editrice Vaticana


sábado, 27 de mayo de 2017

Génova: El Papa almuerza con pobres, refugiados y sin techo

Génova (Italia) (AICA): El papa Francisco visita esta sábado 27 de mayo la ciudad de Génova, en el Norte de Italia. En su intenso programa el Santo Padre quiso encontrarse con las diversas realidades que componen el tejido social. Se reunió con el mundo del trabajo, con los jóvenes, con los obispos y religiosos y también quiso mostrar su cercanía con los pobres, refugiados, sin techo y detenidos en Génova al compartir un almuerzo con unas 130 personas en la “Sala del Caminetto”, del Santuario de Nuestra Señora de la Guardia.
El papa Francisco visita esta sábado 27 de mayo la ciudad de Génova, en el Norte de Italia. En su intenso programa el Santo Padre quiso encontrarse con las diversas realidades que componen el tejido social. Se reunió con el mundo del trabajo, con los jóvenes, con los obispos y religiosos y también quiso mostrar su cercanía con los pobres, refugiados, sin techo y detenidos en Génova al compartir un almuerzo con unas 130 personas en la “Sala del Caminetto”, del Santuario de Nuestra Señora de la Guardia, entre ellos: 11 presos de dos cárceles de Génova, 5 provenientes de la cárcel de Marassi y 6 detenidos de la cárcel de Pontedecimo; también fueron invitadas personas pobres y sin hogar, que son asistidos por numerosas asociaciones eclesiales; además de migrantes y solicitantes de asilo alojados en las diversas estructuras de la diócesis.

El pontífice compartió con ellos las viandas típicas de la tradición genovesa, un plato de comida, sobrio pero esencial, hecho con las manos y con el corazón de las personas que trabajan allí, valorizando al más débil, alimentos preparados por las personas de la Cooperativa Social “San Jorge de la Guardia”.

“Un momento simbólico, un encuentro significativo en continuidad con la historia del Santuario, que desde sus orígenes distribuyó los alimentos a los pobres, porque las manos y el corazón de la Madre de Jesús – Nuestra Señora de la Guardia, patrona de Génova – están siempre abiertas a sus hijos más débiles, en el espíritu y en el cuerpo”, explica Radio Vaticana.

De este modo, en su visita a Génova, el papa Francisco vuelve a tocar los “temas candentes” y recurrentes de su pontificado: el anuncio de la alegría del Evangelio, la superación de la cultura del descarte, la falta de trabajo y oportunidades para los jóvenes, la denuncia de la mundanidad como un mal de nuestro tiempo, la propuesta de reforma de la Iglesia que muchas veces es auto-referencial y no misionera; y sobre todo, la acogida a los migrantes y los últimos de la sociedad. +

martes, 23 de mayo de 2017

“El mal espíritu prefiere una Iglesia sin riesgos y tibia” RADIO MARÍA (ARGENTINA)


23/05/2017 – En su misa matinal, el Papa Francisco dijo que tantas personas consagradas han sido perseguidas por haber denunciado actitudes de mundanidad: el mal espíritu prefiere una Iglesia sin riesgos y tibia.  El Pontífice también recordó el segundo aniversario de la beatificación de Monseñor Oscar Romero, Arzobispo de San Salvador, asesinado por los escuadrones de la muerte ligados al régimen militar por haber denunciado las violencias contra los pobres.
El Papa recorrió en su reflexión el capítulo 16 del libro de los Hechos de los Apóstoles, que narra acerca de Pablo y Silas en Filipos, donde una esclava que practicaba la adivinación comienza a seguirlos y, gritando, los señala como “siervos de Dios”. Se trataba de una alabanza, pero Pablo, sabiendo que esa mujer estaba poseída por un espíritu malo, un día lo echó. El Santo Padre puso de manifiesto que Pablo comprendió “que aquel no era el camino de la conversión de esa ciudad, porque todo permanecía tranquilo”. No era la Iglesia de Cristo. Todos aceptaban la doctrina. Pero no había conversiones.
Y de hecho – dijo el Papa – él entendió el engaño y expulsó a aquel espíritu que, aun diciendo la verdad, es decir que él y Silas eran hombres de Dios, era también “un espíritu de tibieza, que hacía  tibia a la Iglesia”. A la vez que afirmó que en “la Iglesia, cuando alguien denuncia los tantos modos de la mundanidad, se lo ve mal y es mejor que se aleje”:
“Yo recuerdo en mi tierra, a tantos, tantos hombres y mujeres consagrados buenos, no ideólogos, sino que decían: ‘No, la Iglesia de Jesús es así…’. ‘Este es comunista, ¡afuera!’, y lo expulsaban, lo perseguían. Pensemos en el beato Romero, ¿no? En lo que sucedió por decir la verdad. Y tantos, tantos en la historia de la Iglesia, también aquí en Europa. ¿Por qué? Porque el mal espíritu prefiere una Iglesia tranquila, sin riesgos, una Iglesia de los negocios, una Iglesia cómoda, en la comodidad de la tibieza, tibia”.
Además, el Papa recordó que en el capítulo 16 de los Hechos de los Apóstoles se narra que los patrones de la esclava se enojaron, porque habían perdido la esperanza de ganar dinero puesto que ella ya no podía seguir adivinando. Y subrayó que “el mal espíritu entra siempre por los bolsillos”. “Cuando la Iglesia es tibia y está tranquilla, totalmente organizada, no hay problemas, mira dónde hay negocios”, dijo Francisco.
Pero “además del dinero”, hay otra palabra sobre la que se detuvo el Papa en su homilía, y fue la palabra “alegría”. Pablo y Silas, en efecto, fueron llevados por los patrones de la esclava ante los magistrados que ordenaron que los apalearan y que después los pusieran en la cárcel. Y Pablo y Silas cantaban. Mientras cerca de la medianoche se produjo un temblor de tierra y se abrieron todas las puertas de la cárcel. A la vez que el carcelero estaba a punto de quitarse la vida, porque lo habrían matado si los prisioneros hubieran escapado. Pero Pablo lo exhorta a no matarse y le dice: “Estamos todos aquí”. Entonces el carcelero le pide explicaciones y se convierte. Les lava las heridas, se hace bautizar y – cuenta la Primera Lectura – “estuvo lleno de alegría”:
“Es éste el camino de nuestra conversión cotidiana: pasar de un estado de vida mundano, tranquilo, sin riesgos, católico, sí, sí, pero así, tibio, al estado de vida del verdadero anuncio de Jesucristo, a la alegría del anuncio de Cristo. Pasar de una religiosidad que mira demasiado a las ganancias, a la fe y a la proclamación: ‘Jesús es el Señor’”.
Éste es el milagro que hace el Espíritu Santo. El Papa exhortó además a leer el capítulo 16 de los Hechos de los Apóstoles para ver cómo el Señor  “con sus mártires” hace que la Iglesia vaya adelante:
“Una Iglesia sin mártires produce desconfianza; una Iglesia que no arriesga produce desconfianza; una Iglesia que tiene miedo de anunciar a Jesucristo y de expulsar a los demonios, a los ídolos, al otro señor, que es el dinero, no es la Iglesia de Jesús". 

 En la oración hemos pedido la gracia y también hemos agradecido al Señor la renovada juventud que nos da con Jesús, y hemos pedido la gracia de que Él conserve esta renovada juventud. Esta Iglesia de Filipos fue renovada y se convirtió en una Iglesia joven. Que todos nosotros tengamos esto: una renovada juventud, una conversión del modo de vivir tibio al anuncio gozoso que Jesús es el Señor”.
Fuente: Radio Vaticana

lunes, 22 de mayo de 2017





Papa Francisco en homilía en Santa Marta 22-5-17: «El Espíritu Santo no puede entrar en un corazón cerrado»




* «¿Pido al Señor la gracia de que mi corazón se abra? Segunda pregunta: ¿busco escuchar al Espíritu Santo, sus inspiraciones, lo que Él dice a mi corazón para que yo avance en mi vida de cristiano, y pueda dar testimonio de que Jesús es el Señor? Piensen en estas dos cosas» 

22 de mayo de 2017.- (Radio Vaticano Camino CatólicoSolo el Espíritu Santo nos enseña a decir: “Jesús es el Señor”. Lo ha dicho hoy el Papa Francisco en la homilía de la Misa celebrada en la Casa Santa Marta. El Pontífice ha subrayado que hay que abrir el corazón para escuchar al Espíritu Santo y poder dar así testimonio de Jesucristo.

“Estén tranquilos, no les dejaré huérfanos”,les enviaré un “abogado”, el Espíritu Santo, para defenderles ante el Padre. Francisco ha desarrollado su homilía a partir del largo discurso de Jesús a sus discípulos en la Última Cena. En particular, el Papa ha puesto el acento en el Paráclito, el Espíritu Santo, que – observa – nos acompaña y “nos da la seguridad de ser salvados por Jesús”.
El Espíritu Santo, dice, es “un don: el gran don de Jesús”, “el que hace que no nos equivoquemos

El Espíritu Santo, don de Jesús, compañero de camino de la Iglesia
Solo el Espíritu Santo, explica, “nos enseña a decir: ‘Jesús es el Señor’”. “Sin el Espíritu, ninguno de nosotros es capaz de decirlo, de sentirlo, de vivirlo. Jesús, en otros pasajes de este largo discurso, dice de Él: ‘Él les conducirá a la Verdad plena’, nos acompañará hasta la Verdad plena. ‘Él les hará recordar todas las cosas que yo les dije, les enseñará todo’. Es decir, el Espíritu Santo es el compañero de camino de todo cristiano, también el compañero de camino de la Iglesia. Y este es el don que Jesús nos da”.


domingo, 21 de mayo de 2017

Regina Coeli: “Cada día hay que aprender el arte de amar”



Palabras del Papa antes del Regina Coeli (traducción íntegra)

Regina Caeli - 21/05/2017 - CTV
Regina Caeli - 21/05/2017 - CTV
(ZENIT- Ciudad del Vaticano, 21 de mayo de 2017). – “Para un cristiano también, saber amar no se adquiere de una vez por todas: hay que comenzar cada día, … cada día hay que aprender el arte de amar, … cada día hay que perdonar”, ha subrayado el Papa Francisco en el Regina Coeli del 21 de mayo de 2017.
Presidiendo la oración mariana del tiempo pascual en la plaza San Pedro, desde una ventana del palacio apostólico, el Papa ha prevenido: “una comunidad de cristianos debería vivir en la caridad de Cristo, y … es justamente aquí donde el maligno se ”mete” y a veces nos dejamos engañar”.

Palabras del Papa antes del Regina Coeli
Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
El evangelio de hoy (cf. Jn 14,15-21), continuación de la del domingo pasado nos lleva a ese momento emocionante y dramático que es la Última Cena de Jesús con sus discípulos. El evangelista Juan, recoge de la boca y del corazón del Señor, sus últimas enseñanzas antes de su pasión y de su muerte. Jesús promete a sus amigos en ese momento triste, sombrío, que después de Él recibirían “otro Paráclito” (v.16) es decir otro “Abogado”, otro defensor, otro consolador, “el Espíritu de verdad” (v.17); y añade: “No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros” (v.18). Estas palabras transmiten la alegría de una nueva venida de Cristo: resucitado y glorificado, él permanece en el Padre y al mismo tiempo, viene a nosotros en el Espíritu Santo. Y en esta nueva venida se revela nuestra unión con Él y con el Padre: “Reconoceréis que estoy en mi Padre, y que vosotros estáis en mí, y yo en vosotros” (v.20).
Mediante estas palabras de Jesús, hoy percibimos con el sentido de la fe, que somos el pueblo de Dios en comunión con el Padre y con Jesús por el Espíritu Santo. En este misterio de comunión, la Iglesia encuentra la fuente inagotable de su misión, que se realiza por el amor. Jesús dice en el Evangelio de hoy: El que recibe mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ame será amado de mi Padre; yo también le amaré y me manifestaré a él” (v.21).
Es el amor el que nos introduce en el conocimiento de Jesús, gracias a la acción de este “abogado” que Jesús ha enviado, el Espíritu Santo. El amor hacia Dios y hacia el prójimo es el mayor mandamiento del Evangelio. El Señor hoy nos llama a corresponder generosamente a la llamada evangélica del amor, poniendo a Dios en el centro de nuestra vida y dedicándonos al servicio de los hermanos, y especialmente a aquellos que más necesidad tienen de apoyo y consuelo.
Si hay una actitud que nunca es fácil, que nunca se da por seguro, incluso para una comunidad cristiana, es la de saberse amar, de amarse al ejemplo del Señor y por su gracia. A veces, los conflictos, el orgullo, la envidia, divisiones, dejan una marca en el bello rostro de la Iglesia. Una comunidad de cristianos debería vivir en la caridad de Cristo, y por el contrario, es precisamente aquí donde el mal “se involucra” y, a veces nos dejamos engañar.
Son las personas espiritualmente débiles quienes están pagando el precio. Cuantas de entre ellas, – y vosotros conocéis a algunas – cuantas de entre ellas se han alejado porque no se han sentido acogidas, no se han sentido comprendidas, no se han sentido amadas. Cuantas personas se han alejado, por ejemplo de una parroquia o de una comunidad, a causa del ambiente de críticas, de celos y de envidias, que han encontrado.
Para un cristiano también, saber amar no se adquiere de una vez por todas; hay que recomenzar cada día, es necesario ejercitarse para que nuestro amor hacía los hermanos y hermanas que encontramos sea maduro y purificado de estas limitaciones o pecados que le hacen parcial, egoísta, estéril e infiel.
Escuchad bien esto, cada día hay que aprender el arte de amar, cada día hay que seguir con paciencia la escuela de Cristo, cada día hay que perdonar y mirar a Jesús, y esto con la ayuda de este “Abogado”, de este Consolador que Jesús nos ha enviado, que es el Espíritu Santo.
Que la Virgen María, perfecta discípula de su Hijo y señor, nos ayude a ser siempre más dóciles al Paráclito, el Espíritu de verdad, para aprender cada día a amarnos como Jesús nos ha amado.
Traducción de ZENIT, Raquel Anillo