miércoles, 29 de marzo de 2017

“Cuando Dios promete, lleva a cumplimiento aquello que promete. Jamás falta a su palabra”

Texto completo de la catequesis del papa Francisco en la audiencia del 29 de marzo de 2017

(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 29 Mar. 2017).- El papa Francisco ha centrado la catequesis de este miércoles en la virtud de la esperanza, continuando con este tema y añadiendo el de la fe.
A continuación el texto completo:
“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
La frase de la Carta de San Pablo a los Romanos que hemos apenas escuchado nos ofrece un gran don. De hecho, estamos acostumbrados a reconocer en Abraham a nuestro padre en la fe; hoy el Apóstol nos hace comprender que Abraham es para nosotros padre de la esperanza; no solo padre en la fe, sino también padre en la esperanza. Y esto porque en su historia podemos ya adquirir un anuncio de la Resurrección, de la vida nueva que vence el mal y la misma muerte.
El texto dice que Abraham creyó en Dios “que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen”; y luego precisa: “Su fe no flaqueó, al considerar que su cuerpo estaba como muerto y que también lo estaba el seno de Sara”. Así, esta es la experiencia a la cual estamos llamados a vivir también nosotros. El Dios que se revela a Abraham es el Dios que salva, el Dios que hace salir de la desesperación y de la muerte, el Dios que llama a la vida. En la historia de Abraham todo se convierte en un himno al Dios que libera y regenera, todo se hace profecía.
Y lo hace para nosotros, para nosotros que ahora reconocemos y celebramos el cumplimiento de todo esto en el misterio de la Pascua. Dios de hecho, “resucitó a nuestro Señor Jesús de los muertos “, para que también nosotros podamos pasar en Él de la muerte a la vida. Y de verdad entonces Abraham puede bien llamarse ‘padre de muchos pueblos’, en cuanto resplandece como anuncio de una humanidad nueva – nosotros – rescatada por Cristo del pecado y de la muerte e introducida una vez para siempre en el abrazo del amor de Dios.
A este punto, Pablo nos ayuda a poner en evidencia el vínculo estrecho entre la fe y la esperanza. Él de hecho afirma que Abraham “creyó, esperando contra toda esperanza”. Nuestra esperanza no se apoya en razonamientos, previsiones o cálculos humanos; y se manifiesta ahí donde no hay más esperanza, donde no hay nada más en que esperar, justamente como sucedió con Abraham, ante su muerte inminente y la esterilidad de su mujer Sara. Era el final para ellos, no podían tener hijos y ahí, en esa situación, Abraham cree y tuvo esperanza contra toda esperanza. ¡Y esto es grande!
La gran esperanza hunde sus raíces en la fe, y justamente por esto es capaz de ir más allá de toda esperanza. Sí, porque no se funda en nuestra palabra, sino en la Palabra de Dios. También en este sentido, entonces, estamos llamados a seguir el ejemplo de Abraham, quien, a pesar de la evidencia de una realidad que parece destinada a la muerte, confía en Dios, “plenamente convencido de que Dios tiene poder para cumplir lo que promete”. Me gustaría hacerles una pregunta, ¿verdad?: ¿Nosotros, todos nosotros, estamos convencidos de esto? ¿Estamos convencidos que Dios nos quiere mucho y que todo aquello que nos ha prometido está dispuesto a llevarlo a cumplimiento? Pero Padre, ¿Cuánto debemos pagar por esto?. “Hay un precio: abrir el corazón”. Abran sus corazones y esta fuerza de Dios llevará adelante y hará cosas milagrosas y les enseñará que cosa es la esperanza. Este es el único precio: abrir el corazón a la fe y Él hará el resto.
¡Esta es la paradoja y al mismo tiempo el elemento más fuerte, más alto de nuestra esperanza! Una esperanza fundada en una promesa que del punto de vista humano parece incierta e impredecible, pero que no disminuye ni siquiera ante la muerte, cuando a prometer es el Dios de la Resurrección y de la vida. Esto no lo promete uno cualquiera, ¡no! Quien lo promete, es el Dios de la Resurrección y de la vida.
Queridos hermanos y hermanas, pidamos hoy al Señor la gracia de permanecer instaurados no tanto en nuestras seguridades, en nuestras capacidades, sino en la esperanza que surge de la promesa de Dios, como verdaderos hijos de Abraham. Cuando Dios promete, lleva a cumplimiento aquello que promete. Jamás falta a su palabra.
Y entonces nuestra vida asumirá una luz nueva, en la conciencia de que Quien ha resucitado a su Hijo, resucitará también a nosotros y nos hará de verdad una cosa sola con Él, junto a todos nuestros hermanos en la fe. Todos nosotros creemos.

Hoy estamos todos en la plaza, alabemos al Señor, cantaremos el Padre Nuestro, luego recibiremos la bendición… pero esto pasa. Pero esto, también, es una promesa de esperanza. Si nosotros hoy tenemos el corazón abierto, les aseguro que todos nosotros nos encontraremos en la plaza del Cielo para siempre, que no pasa nunca. Y esta es la promesa de Dios. Y esta es nuestra esperanza, si nosotros abrimos nuestros corazones. Gracias.

domingo, 26 de marzo de 2017

Papa Francisco en el Ángelus 26-3-2017: «Para caminar en la luz hay que abandonar las luces falsas del prejuicio contra los otros y acoger a Jesús»


 www.caminocatolico.org/.../papa-francisco/21292-papa-francisco-en-el-angelus-26-3...
 El texto completo de las palabras del Papa es el siguiente:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el centro del Evangelio de este cuarto domingo de Cuaresma se encuentran Jesús y un hombre ciego de nacimiento (cfr Jn 9,1-41).  Cristo le restituye la vista y obra este milagro con un tipo de rito simbólico: primero mezcló la tierra con la saliva y la untó en los ojos al ciego; luego le ordena ir a lavarse a la piscina de Siloé. Aquel hombre va, se lava, y readquiere la vista. Era un ciego de nacimiento.  Con este milagro Jesús se manifiesta y se manifiesta a nosotros como luz del mundo; y el ciego de nacimiento representa a cada uno de nosotros, que hemos sido creados para conocer a Dios, pero que por causa del pecado somos como ciegos, tenemos necesidad de una luz nueva; todos tenemos necesidad de una luz nueva: aquella de la fe, que Jesús nos ha donado.
De hecho aquel ciego del Evangelio adquiriendo la vista se abre al misterio de Cristo. Jesús le pregunta «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». «Y quien es, Señor, para que crea en él?», respondió el ciego sanado (v. 36). «Lo estás viendo: el que te está hablando» (v. 37). «¡Creo, Señor!» y se prostró ante él.
Este episodio nos induce a reflexionar sobre nuestra fe, nuestra fe en Cristo, el Hijo de Dios, y al mismo tiempo se refiere también al Bautismo, que es el primer Sacramento de la fe: el Sacramento que nos hace “venir hacia la luz”, mediante el renacer del agua y del Espíritu Santo; así como sucede al ciego de nacimiento, al cual se abrieron los ojos después de haberse lavado en el agua de la piscina de Siloé. El ciego de nacimiento sanado nos representa cuando no nos damos cuenta que Jesús es la luz, es «la luz del mundo», cuando miramos hacia otra parte, cuando preferimos fiarnos de pequeñas luces, cuando tambaleamos en la oscuridad.
El hecho de que aquel ciego no tenga un nombre nos ayuda a reflejarnos con nuestro rostro y nuestro nombre en su historia. También nosotros hemos sido “iluminados” por Cristo en el Bautismo, y por lo tanto estamos llamados a comportarnos como hijos de la luz. Y comportarnos como hijos de la luz exige un cambio radical de mentalidad, una capacidad de juzgar hombres y cosas según otra escala de valores, que viene de Dios. El sacramento del Bautismo, de hecho, exige una elección de vivir como hijos de la luz y caminar en la luz.  Si ahora les preguntase: “¿Creen que Jesús es el Hijo de Dios? ¿Creen que les puede cambiar el corazón? ¿Creen que puede hacer ver la realidad como la ve Él, y no como la vemos nosotros? ¿Creen que Él es luz, que nos da la verdadera luz?” ¿Qué cosa responderían? Cada uno responda en su corazón.
¿Qué cosa significa tener la verdadera luz? ¿Qué cosa significa caminar en la luz? Significa ante todo abandonar las luces falsas: la luz fría y fatua del prejuicio contra los otros, porque el prejuicio distorsiona la realidad y nos carga de animadversión contra aquellos que juzgamos sin misericordia y condenamos sin apelación. Eh… esto es pan de todos los días ¿eh? Cuando se habla mal de los otros, se camina no en la luz: se camina en las sombras.  Otra luz falsa, porque es seductora y ambigua, es aquella del interés personal: si evaluamos a hombres y cosas en base al criterio de nuestra conveniencia, de nuestra satisfacción, de nuestro prestigio, no actuamos con la verdad en las relaciones y en las situaciones. Si andamos por este camino del buscar sólo el interés personal, caminamos en las sombras.
Que la Virgen Santa, que fue la primera en acoger a Jesús, luz del mundo, nos obtenga la gracia de acoger de nuevo en esta Cuaresma la luz de la fe, redescubriendo el don inestimable del Bautismo, que todos hemos recibido. Y que esta nueva iluminación se transforme, nos transforme en las actitudes y en las acciones, para ser también nosotros, a partir de nuestra pobreza, de nuestras pequeñeces, portadores de un rayo de la luz de Cristo.


sábado, 25 de marzo de 2017

¿Cómo crecer en amistad con Jesús? El Papa propone 3 claves y un hilo conductor



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El Papa Francisco en su llegada al estadio San Siro en Milán. Captura Youtube CTV
El Papa Francisco en su llegada al estadio San Siro en Milán. Captura Youtube CTV
MILÁN, 25 Mar. 17 / 01:30 pm (ACI).- En medio de un gran ambiente de fiesta en el encuentro que sostuvo con unos 45 mil confirmandos, que estaban acompañados por sus padres, padrinos y catequistas, el Papa Francisco propuso este sábado en Milán tres claves para crecer en la amistad con Jesús, que están unidas por un hilo conductor que es la oración.
Las claves que propuso el Papa son las siguientes:

1.- Los abuelos
El Papa insistió una vez más en la necesidad de contar en la vida cotidiana con los abuelos, pues a pesar de que “son viejos” o “no saben usar la computadora ni el celular”, sí pueden ayudar a crecer en la amistad con Jesús.
“Los abuelos me han hablado normalmente de las cosas de la vida. Un abuelo me ha enseñado como con trabajo Jesús aprendió un oficio. Cuando yo veía a un abuelo, pensaba en Jesús. El otro abuelo me decía que nunca fuera a dormir sin decir una palabra a Jesús”.
“La abuela me enseñó a rezar, también mamá, también la otra abuela”, continuó el Santo Padre. “Los abuelos tienen la sabiduría de la vida. Con esa sabiduría nos enseñan a ir más cerca de Jesús. Un consejo, hablen con los abuelos, háganles todas las preguntas que quieren. Escúchenlos, hablen con ellos. Es importante en este tiempo hacerlo, ¿han entendido?

2.- Jugar con los amigos
“Me ayudó mucho jugar con los amigos porque jugar es bueno, jugar es sentir la alegría del juego con los amigos, sin insultarnos. Pensar que así jugaba Jesús. Les pregunto, ¿Jesús jugaba o no? Pero era Dios, ¿Dios podía jugar? Sí, Jesús jugaba”.
Francisco resaltó que “a nosotros nos hace bien jugar con los amigos porque cuando el juego es limpio se aprende a respetar a los otros, se aprende a hacer el equipo, a trabajar todos juntos y esto nos une a Jesús”.

3.- La parroquia 
“Una tercera cosa que me ayudó fue la parroquia, ir al oratorio. Esto es importante. ¿A ustedes les gusta ir a la parroquia? ¿Les gustar ir a misa?”, cuestionó el Papa, a lo que los muchachos respondieron algunos “sí” y otros “no”.
“Estas tres cosas les harán crecer en la amistad con Jesús: hablar con los abuelos, jugar con los amigos e ir a la parroquia, porque con estas tres cosas tú rezarás más”.

Y la oración, concluyó el Santo Padre, “es el hilo que une las tres cosas”.


viernes, 24 de marzo de 2017

70º aniversario del Centro católico de cooperación con la l’UNESCO: mensaje del papa Francisco

El Santo Padre elogia su contribución a la Unesco respetando la gran tradición cristiana
(ZENIT – Roma, 23 Mar. 2017).- El papa Francisco ha animado a rechazar el miedo, la violencia, el cierre y a elegir la “hermandad” en un mensaje por el 70 aniversario del Centro Internacional Católica para la Cooperación con la UNESCO (CCIC), fundada en 1947.
El ICAC ha organizado en esta ocasión un foro internacional con el título: “¿Qué mundo queremos construir juntos?” que se realizó en la Casa de la UNESCO en París (Francia), este jueves, 23 de de marzo de 2017, en cooperación con la Misión Permanente de la Santa Sede ante la UNESCO y con el patrocinio de la UNESCO y la Comisión nacional francesa para la UNESCO.
Allí monseñor Francesco Follo, Observador Permanente de la Santa Sede ante la UNESCO, leyó el mensaje del papa Francisco.
En el mensaje enviado por el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin a Christine Roche, presidente del ICAC, el papa Francisco felicita y agradece al ICAC que ha ofrecido durante 70 años, en fidelidad a la gran tradición cristiana, una gran contribución a la labor de la UNESCO en defensa de la dignidad humana, la paz en el mundo, y para estimular la renovación de la humanidad”.
“El tema elegido para este Foro se unió a una de las preocupaciones del Papa. Como escribe en su Mensaje para la Jornada Mundial de la paz el 1º de enero de 2017, “una ética de la fraternidad y la convivencia pacífica entre las personas y entre los pueblos no puede basarse en la lógica del miedo, la violencia y el cierre, pero en la responsabilidad, el respeto y el diálogo sincero “(n.5). ”
Francisco anima a una iniciativa que contribuye a la construcción de una “civilización del amor”: “El Papa, por tanto, da la bienvenida a la organización de este foro, que tiene como objetivo promover una reflexión sobre los valores universales de la libertad , la justicia y la paz.
“Confiando vuestra reflexión al Señor, que ha venido para juntar a la humanidad en una sola familia, el Papa hace un llamamiento a usted ya todos los participantes en este foro la bendición del Señor”, dice el mensaje firmado por el cardenal Parolin .
El cardenal Oscar Andrés Rodriguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa (Honduras) ha citado repetidamente la encíclica Populorum progressio, de Pablo VI, que sigue siendo siempre actual. Y centró su discurso la alfabetización y la educación.

jueves, 23 de marzo de 2017

Texto completo de la catequesis del papa Francisco en la audiencia general

La esperanza cristiana no es optimismo, no se funda en nuestras capacidades sino en Dios y en la fidelidad de su amor
Audiencia 22 marzo 2017 (Osservatore © Romano)
Audiencia 22 marzo 2017 (Osservatore © Romano)
(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco retomó en la audiencia de este miércoles el tema de la esperanza cristiana. A continuación el texto completo.
“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Desde hace algunas semanas el Apóstol Pablo nos está ayudando a comprender mejor en que cosa consiste la esperanza cristiana. Y hemos dicho que no era un optimismo, no: era otra cosa. Y el Apóstol nos ayuda a entender que cosa es esto. Hoy lo hace uniéndola a dos actitudes aún más importantes para nuestra vida y nuestra experiencia de fe: la ‘perseverancia’ y la ‘consolación’. En el pasaje de la Carta a los Romanos que hemos apenas escuchado son citados dos veces: la primera en relación a las Escrituras y luego a Dios mismo. ¿Cuál es su significado más profundo, más verdadero? Y ¿En qué modo iluminan la realidad de la esperanza? Estas dos actitudes: la perseverancia y la consolación.
La perseverancia podríamos definirla también como paciencia: es la capacidad de soportar, llevar sobre los hombros, soportar, de permanecer fieles, incluso cuando el peso parece hacerse demasiado grande, insostenible, y estamos tentados de juzgar negativamente y de abandonar todo y a todos. La consolación, en cambio, es la gracia de saber acoger y mostrar en toda situación, incluso en aquellas marcadas por la desilusión y el sufrimiento, la presencia y la acción compasiva de Dios. Ahora, San Pablo nos recuerda que la perseverancia y la consolación nos son transmitidas de modo particular por las Escrituras (v. 4), es decir, por la Biblia. De hecho, la Palabra de Dios, en primer lugar, nos lleva a dirigir la mirada a Jesús, a conocerlo mejor y a conformarnos a Él, a asemejarnos siempre más a Él. En segundo lugar, la Palabra nos revela que el Señor es de verdad ‘el Dios de la constancia y del consuelo’, que permanece siempre fiel a su amor por nosotros, es decir, que es perseverante en el amor con nosotros, no se cansa de amarnos, ¡no!, es perseverante: ¡siempre nos ama!, y también se preocupa por nosotros, curando nuestras heridas con la caricia de su bondad y de su misericordia, es decir, nos consuela. Tampoco, se cansa de consolarnos.
En esta perspectiva, se comprende también la afirmación inicial del Apóstol: ‘Nosotros, los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no complacernos a nosotros mismos’.’Esta expresión «nosotros, los que somos fuertes’ podría parecer arrogante, pero en la lógica del Evangelio sabemos que no es así, es más, es justamente lo contrario porque nuestra fuerza no viene de nosotros, sino del Señor.
Quien experimenta en su propia vida el amor fiel de Dios y su consolación está en grado, es más, en el deber de estar cerca de los hermanos más débiles y hacerse cargo de sus fragilidades. Si nosotros estamos cerca al Señor, tendremos esta fortaleza para estar cerca a los más débiles, a los más necesitados y consolarlos y darles fuerza. Esto es lo que significa.
Esto nosotros podemos hacerlo sin auto-complacencia, sino sintiéndose simplemente como un canal que transmite los dones del Señor; y así se convierte concretamente en un sembrador de esperanza. Es esto lo que el Señor nos pide a nosotros, con esa fortaleza y esa capacidad de consolar y ser sembradores de esperanza. Y hoy, se necesita sembrar esperanza, ¿Verdad? No es fácil.
El fruto de este estilo de vida no es una comunidad en la cual algunos son de ‘serie A’, es decir, los fuertes, y otros de ‘serie B’, es decir, los débiles. El fruto en cambio es, como dice Pablo, “tener los mismos sentimientos unos hacia otros a ejemplo de Cristo Jesús”. La Palabra de Dios alimenta una esperanza que se traduce concretamente en el compartir, en el servicio recíproco.
Porque incluso quien es ‘fuerte’ se encuentra antes o después con la experiencia de la fragilidad y de la necesidad de la consolación de los demás; y viceversa en la debilidad se puede siempre ofrecer una sonrisa o una mano al hermano en dificultad. Y así se vuelve una comunidad que “con un solo corazón y una sola voz, glorifica a Dios”.
Pero todo esto es posible si se pone al centro a Cristo, su Palabra, porque Él es el ‘fuerte’, Él es quien nos da la fortaleza, quien nos da la paciencia, quien nos da la esperanza, quien nos da la consolación. Él es el ‘hermano fuerte’ que cuida de cada uno de nosotros: todos de hecho tenemos necesidad de ser llevados en los hombros del Buen Pastor y de sentirnos acogidos en su mirada tierna y solícita.
Queridos amigos, jamás agradeceremos suficientemente a Dios por el don de su Palabra, que se hace presente en las Escrituras. Es allí que el Padre de nuestro Señor Jesucristo se revela como ‘Dios de la perseverancia y de la consolación’.
Y es ahí que nos hacemos conscientes de como nuestra esperanza no se funda en nuestras capacidades y en nuestras fuerzas, sino en el fundamento de Dios y en la fidelidad de su amor, es decir, en la fuerza de Dios y en la consolación de Dios. Gracias”.

lunes, 20 de marzo de 2017

Como la Samaritana, encontrarse con Jesús de corazón a corazón (traducción completa)

“Este Evangelio es para todos nosotros!”, ángelus 19 marzo 2017
Angelus, 19/03/2017, captura CTV
Angelus, 19/03/2017, captura CTV
(ZENIT- Ciudad del Vaticano, 19 de marzo del 2017).
Palabras del papa Francisco antes del ángelus
Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
El Evangelio del tercer domingo de cuaresma nos presenta el diálogo de Jesús con la Samaritana (cf. Jn 4,5-42). El encuentro tiene lugar cuando Jesús atraviesa Samaría, región entre Judea y Galilea, habitada por gente que los judíos despreciaban, porque los consideraban cismáticos y herejes. Sin embargo este pueblo será justamente uno de los primeros en adherirse a la predicación cristiana de los apóstoles.
Mientras que los discípulos van de pueblo en pueblo para proveerse de comida, Jesús se queda junto a un pozo y pide de beber a una mujer, que venía a sacar agua. Y comienzan un diálogo.
“Cómo un judío se digna pedir agua a una mujer samaritana?” Jesús responde: “ Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice dame de beber, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva”, un agua que apaga toda sed, y se convierte en fuente inagotable en el corazón de quien la bebe (vv. 10-14).
Ir al pozo a por agua es enojoso y fastidioso: Estaría bien tener a disposición una fuente de la brote agua! Pero Jesús habla de una fuente diferente. Cuando la mujer se da cuenta de que el hombre con quién habla es un profeta, ella le confiesa su vida  y le hace preguntas religiosas.
Su sed de cariño y de una vida plena que no ha tenido con sus cinco maridos, al contrario ha tenido experiencias decepcionantes y de engaños. Por eso la mujer está impactada por el respeto que Jesús tiene por ella cuando le habla de la verdadera fe como de una relación con Dios Padre “en espíritu y verdad”, entonces ella tienen la intuición de que este hombre podría ser el Mesías, y Jesús – cosa rarísima – le confirma: “ Yo soy, el que te está hablando” (v. 26 ). El dice ser el Mesías a una mujer que había tenido una vida desordenada.
Queridos hermanos, el agua que da la vida eterna ha sido derramada en nuestros corazones el día de nuestro bautismo: Dios nos ha transformado y colmado de su gracia.
Pero puede ser que este gran don lo hayamos olvidado o reducido a algo administrativo: y quizás estemos en busca de “pozos” cuyas aguas no quitan la sed. Cuando nosotros olvidamos la verdadera agua, vamos en busca de pozos cuyas aguas no están limpias. Entonces este Evangelio es justo para nosotros! No solamente para la Samaritana, para nosotros.
Algunos de nosotros ya le conocemos, pero puede ser que aún no lo hayamos encontrado personalmente. Sabemos quién es Jesús, pero puede ser que no lo hayamos encontrado personalmente hablando con él y no le hemos reconocido como nuestro Salvador.
Este tiempo de cuaresma es una buena ocasión para acercarnos a él encontrándole en la oración, en un diálogo de corazón a corazón: hablar con él, escucharle. Es una buena ocasión para ver su rostro, tanto en el rostro de un hermano o de una hermana que sufre. De esta manera, podemos renovar en nosotros la gracia del bautismo, refrescándonos en la fuente de la Palabra de Dios, y de su Espíritu Santo. Y así descubrir también la alegría de ser artesanos de reconciliación e instrumentos de paz en la vida cotidiana.
Que la Virgen María nos ayude a beber constantemente de la gracia, a ser esta agua que brota de la roca que es Cristo Salvador, para que podamos profesar nuestra fe con convicción y anunciar con alegría las maravillas del amor de Dios misericordioso y fuente de todo bien.
Ave María….
Traducción de ZENIT, Raquel Anillo Gonzalez

jueves, 16 de marzo de 2017

Papa Francisco: No cerremos nuestro corazón ante los pobres


El Santo Padre Francisco celebra la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta.
16/03/2017 13:20
 
(RV).-. Debemos estar atentos a no tomar el camino que del pecado lleva a la corrupción. Es la admonición que hizo el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Papa se inspiró en el Evangelio del día – de San Lucas – en el que el Señor relata la parábola del rico y el pobre Lázaro para subrayar que también hoy debemos estar atentos para no encerrarnos en nosotros mismos, ignorando a los pobres y a los sin techo de nuestras ciudades.
“Escruta, Dios, mi corazón. Mira si recorro el camino de la mentira y guíame por el camino de la vida”. El Papa desarrolló su homilía a partir de las palabras de la Antífona y del Salmo 1, para poner de manifiesto que “el  hombre que confía en el hombre, se apoya en la carne, es decir, en las cosas que él puede gestionar, en la vanidad,  en el orgullo, en las riquezas”, a partir de lo cual se produce un “alejamiento del Señor”. Francisco se refirió a “la fecundidad del hombre que confía en el Señor, y a la esterilidad del hombre que confía en sí mismo”, en el poder y en las riquezas. “Este camino  – dijo  – es un camino peligroso, es un camino resbaladizo, cuando sólo me fío de mi corazón: porque él es traidor, es peligroso”.
El que vive en las riquezas no ve al pobre, el pecado se vuelve corrupción
“Cuando una persona vive en un ambiente cerrado – añadió el Papa – respira el aire propio de sus bienes, de su satisfacción, de la vanidad, de sentirse seguro, confiando sólo en sí mismo, con lo cual pierde la orientación, pierde la brújula e ignora dónde están los límites”. Es precisamente lo que sucede al rico del que habla el Evangelio de Lucas, que transcurría su vida haciendo fiestas e ignorando al pobre que estaba en la puerta de su casa:
“Él sabía quién era aquel pobre. Lo sabía. Porque después, cuando habla con el Padre Abraham, dice: “Pero, envíame a Lázaro”. Incuso ¡sabía cómo se llamaba! Pero no le importaba. ¿Era un hombre pecador? Sí. Pero del pecado se puede ir hacia atrás: se pide perdón y el Señor perdona. Pero el corazón lo ha llevado por un camino de muerte hasta el punto de que no se puede volver atrás. Hay un punto, hay un momento, hay un límite del que difícilmente se vuelve atrás: es cuando el pecado se transforma en corrupción. Y éste no era un pecador, era un corrupto. Porque sabía de las tantas miserias, pero él se sentía feliz allí y no le importaba nada”.
¿Qué sentimos en el corazón cuando vemos a un sin techo por la calle?
“Maldito el hombre que confía en sí mismo, que confía en su corazón, subrayó el Pontífice aludiendo al Salmo 1.  Nada es más peligroso que el corazón, y difícilmente se cura. Cuando tú conoces aquel camino de enfermedad, difícilmente te curarás”. Y se preguntó:
“¿Qué sentimos en el corazón cuando vamos por el camino y vemos a un sin techo, veamos a niños solos que piden limosna? ‘No, pero estos son de aquella etnia que roba…’. ¿Sigo adelante, hago así? Los sin techo, los pobres, los abandonados, incluso los sin techo bien vestidos, porque no tienen dinero para pagar el alquiler, porque no tienen trabajo… ¿Qué cosa siento yo? Esto forma parte del panorama, del paisaje de una ciudad, como una estatua, la parada del autobús, la oficina del correo ¿Y también los sin techo son parte de la ciudad? ¿Esto es normal? Estén atentos. Estemos atentos. Cuando estas cosas resuenan en nuestro corazón como normales  – ‘pero sí, la vida es así… y yo como, bebo, y para quitarme un poco de sentido de culpa doy una oferta y voy adelante’ – el camino no va bien”.
Si el pecador se arrepiente vuelve para atrás, en cambio el corrupto está cerrado en sí mismo
El Obispo de Roma reafirmó la necesidad de darnos cuenta, cuando vamos por el camino “resbaladizo del pecado a la corrupción”. “¿Qué siento yo – se preguntó  – cuando en el telediario” veo que “cayó una bomba allá, sobre un hospital y murieron tantos niños”? ¿Rezo una oración y después sigo viviendo como si nada? “¿Entra en mi corazón esto”, o “soy como este rico para el cual el drama de Lázaro, del que tenían más piedad los perros, jamás entró en mi corazón?” Si así fuera, estaría en un camino que conduce “del pecado a la corrupción”:
“Por esta razón pidamos al Señor: ‘Escruta, oh Señor, mi corazón. Mira si mi camino está equivocado, si yo estoy en un camino resbaladizo del pecado a la corrupción, del que no se puede volver atrás’. Habitualmente, el pecador, si se arrepiente, vuelve hacia atrás; el corrupto, difícilmente, porque está encerrado en sí mismo. Que la oración sea hoy: ‘Escruta, Señor, mi corazón’. ‘Y hazme comprender en qué camino estoy, por cuál camino estoy yendo’”.

(María Fernanda Bernasconi - RV).