viernes, 3 de abril de 2026

Un gesto que interpela a la humanidad

 

León XIV carga la Cruz en el Coliseo, un gesto que interpela a la humanidad

En su primer Viernes Santo como Pontífice, Prevost recorre las catorce estaciones del Vía Crucis en el Coliseo llevando personalmente la Cruz, en un gesto de profunda fuerza espiritual que evoca el sufrimiento del mundo contemporáneo y la esperanza cristiana.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

“Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios, danos a nosotros, miserables, hacer por ti mismo lo que sabemos que tú quieres, y siempre querer lo que te place, para que, interiormente purificados, interiormente iluminados y abrasados por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y por sola tu gracia llegar a ti, Altísimo, que, en Trinidad perfecta y en Simple Unidad, vives y reinas y eres glorificado, Dios omnipotente, por todos los siglos de los siglos. Amén”

Con esta oración, que resume abandono, confianza y esperanza, se cerró una de las imágenes más intensas de este Viernes Santo, 3 de abril de 2026, en el Coliseo de Roma: el Pontífice recorriendo, paso a paso, las catorce estaciones del Vía Crucis, cargando personalmente la Cruz en el primer Vía Crucis de su pontificado. Inspirado en la plegaria de San Francisco de Asís, el Papa invitó a “vivir nuestra existencia como un camino de participación progresiva en la relación de amor que une al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”.

Le acompañaron el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, monseñor Diego Ravelli; el cardenal vicario de la Diócesis de Roma, Baldo Reina; y los obispos auxiliares de la diócesis.

jueves, 2 de abril de 2026

El amor de Cristo

 

León XIV: El amor de Cristo es gesto y alimento, purifica de las idolatrías y blasfemias


Alina Tufani Díaz- Ciudad del Vaticano
Como Jesús a sus Apóstoles, en este Jueves Santo, León XIV en un gesto de humildad y misericordia ha lavado los pies a 12 sacerdotes de su diócesis, en la Misa in Coena Domini celebrada, esta tarde, en la Basílica de San Juan de Letrán, Catedral de Roma. Cumpliendo la voluntad del Señor de dar un ejemplo de entrega, de servicio y de amor lavándonos los pies los unos a los otros, el Papa recuerda que al lavar nuestra carne, Cristo purifica nuestra alma, nos libera y nos da la vida.

El significado de la misión cristiana

 

León XIV, primera Misa Crismal: se evangeliza con humildad sin imponer

León XIV preside por primera vez la Misa Crismal y reflexiona sobre el significado de la misión cristiana y los tres secretos que brotan de ella. También propone una forma de evangelizar basada en la humildad y el respeto, alejándose de cualquier idea de imposición: “cuando se nos envía a un lugar debemos honrar la dimensión sagrada que cada persona y cada comunidad lleva consigo”.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

Hoy ha dado inicio el Triduo Pascual, donde un año más “el Señor nos llevará a la cumbre de su misión, para que su pasión, muerte y resurrección se conviertan en el corazón de nuestra misión”. Ante una Basílica de San Pedro repleta de fieles, el Papa León XIV ha presidido esta mañana su primera Misa Crismal como Obispo de Roma en la que ha reflexionado sobre la misión a la que Dios nos consagra como su pueblo: “Es la misión cristiana, la misma de Jesús, no otra. En ella participa cada uno según su propia vocación y en una obediencia muy personal a la voz del Espíritu, ¡pero nunca sin los demás, nunca descuidando o rompiendo la comunión!”

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA

Con esta descripción tan clara el Papa iniciaba su homilía en la que ha recordado a obispos y presbíteros que al renovar sus promesas “están llamados al servicio de un pueblo misionero”. Después, ha enumerado los tres secretos de la misión cristiana: desprendimiento, encuentro y rechazo.

Primer secreto de la misión cristiana

En primer lugar, el Papa explica que tener una misión en la vida implica salir de la zona de confort y aquí da a conocer el primer secreto de la misión cristiana: el desprendimiento. Para ilustrarlo, pone el ejemplo de Jesús. Después de recibir la fuerza del Espíritu tras su bautismo, Él vuelve a Nazaret, el lugar donde creció y que le resulta familiar. Sin embargo, ese mismo lugar, que representa seguridad y estabilidad, es el que debe abandonar para comenzar su misión.

La enseñanza principal es que “toda misión comienza con ese tipo de vaciamiento en el que todo renace. Nuestra dignidad de hijos e hijas de Dios no nos puede ser quitada, ni se puede perder, pero tampoco pueden borrarse los afectos, los lugares y las experiencias que están en el origen de nuestra vida. Somos herederos de tanto bien y, al mismo tiempo, de los límites de una historia en la que el Evangelio debe llevar luz y salvación, perdón y sanación” asegura el Papa.

El Pontífice insiste: “la misión comienza por la reconciliación con nuestros orígenes” porque “no hay paz sin el valor de partir, no hay conciencia sin la audacia del desprendimiento y no hay alegría sin arriesgar”. León XIV nos recuerda hoy que somos el Cuerpo de Cristo si nos ponemos en movimiento, saliendo de nosotros mismos, haciendo las paces con el pasado sin quedarnos prisioneros de él: “todo se recupera y se multiplica si primero se deja ir, sin miedo. Es un primer secreto de la misión. Y no se experimenta una sola vez, sino en cada nuevo comienzo”.

Segundo secreto de la misión cristiana

Tras el desprendimiento está la ley del encuentro. El Papa explica ahora que a lo largo de la historia “la misión ha sido no pocas veces trastocada por lógicas de dominio, totalmente ajenas al camino de Jesucristo”. Por eso recuerda que “ni en el ámbito pastoral, ni en el ámbito social y político, el bien puede provenir de la prepotencia”.

“Los grandes misioneros son testigos de acercamientos cuidadosos, cuyo método consiste en compartir la vida, el servicio desinteresado, la renuncia a cualquier estrategia calculadora, el diálogo y el respeto”.

Se evangeliza con respeto no con prepotencia

Después, detalla las pautas sobre cómo evangelizar, pero no en el sentido de “convencer” o “conquistar”, sino con humildad y respeto hacia las comunidades:

“Es necesario llegar con sencillez al lugar al que se nos envía, honrando el misterio que cada persona y cada comunidad lleva consigo: una sacralidad que nos trasciende por todas partes y que se vulnera cuando nos comportamos como dueños de los lugares y de la vida ajena”.

El Papa redefine también el papel de quienes evangelizan, afirmando con claridad: “Somos huéspedes” y especificando que lo son los obispos, los sacerdotes, las religiosas y religiosos, y todos los cristianos. De hecho, el segundo secreto de la misión el Papa lo define de manera muy sencilla: “para acoger debemos aprender a dejarnos acoger. Incluso los lugares donde la secularización parece más avanzada no son tierra de conquista, ni de reconquista, la misión no es una aventura heroica de alguien, sino el testimonio vivo de un Cuerpo con muchos miembros”.

Tercer secreto de la misión cristiana

La tercera dimensión de la misión cristiana es quizá “la más radical” asegura el Pontífice en su homilía. Se trata de la dramática posibilidad de la incomprensión y del rechazo: “lo que nos disponemos a celebrar a partir de esta tarde nos compromete a no huir, sino a “pasar en medio” de la prueba, como Jesús, quien, arrastrado por la gente hasta el borde del precipicio, «pasando en medio de ellos, continuó su camino»” explica el Papa.

Por último, el Papa León XIV habla de esperanza y de fortaleza en la misión cristiana, incluso frente al fracaso: Podemos atravesar en nuestra vida situaciones en las que parece que todo ha terminado. Entonces nos preguntamos si la misión ha sido inútil”. Pero frente a esta sensación, el Papa propone un ejemplo de quien confia plenamente en Dios hasta el final; así, cita a Óscar Arnulfo Romero, quien confiaba en que Dios acompañaba su vida y su muerte.

“En esta hora oscura de la historia, Dios ha querido enviarnos a difundir el perfume de Cristo donde reina el olor de la muerte. Renovemos nuestro “sí” a esta misión que nos pide unidad y que trae la paz. ¡Sí, aquí estamos! ¡Superemos el sentimiento de impotencia y de miedo! Nosotros anunciamos tu muerte, Señor, proclamamos tu resurrección, en la espera de tu venida” ha concluido el Santo Padre.

miércoles, 1 de abril de 2026

El papel de los laicos en la Iglesia

 

Catequesis del Papa: Que los laicos den testimonio de la fe en la sociedad

El Miércoles Santo, 1° de abril, el Papa continuó su ciclo de catequesis dedicado a la Constitución conciliar Lumen Gentium, centrando su reflexión en el cuarto capítulo sobre el papel de los laicos: “La Iglesia, está presente en todos los lugares donde sus hijos profesan y testimonian el Evangelio: en los ambientes de trabajo, en la sociedad civil y en todas las relaciones humanas, allá donde ellos, con sus elecciones, muestran la belleza de la vida cristiana”.

Vatican News

"Los laicos son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios. A su servicio está la minoría de los ministros ordenados". Citando el pasaje de la Exhortación apostólica Evangelii gaudium del Papa Francisco,  el Papa León XIV introdujo la reflexión de su catequesis del Miércoles Santo, 1° de abril, centrada en el cuarto capítulo de la Constitución dogmática Lumen Gentium, dedicado a los laicos. Ante unos 15 mil fieles, romanos y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro para escuchar su reflexión y recibir su bendición apostólica, el Pontífice se detuvo en esta sección del Documento conciliar que se preocupa de explicar “en positivo la naturaleza y la misión de los laicos, después de siglos en los que habían sido definidos simplemente como aquellos que no forman parte de los clérigos o de los consagrados”. A continuación, el Papa Prevost,  quiso releer “un pasaje muy hermoso, que habla de la grandeza de la condición cristiana”:

«Por tanto, el Pueblo de Dios, por Él elegido, es uno: ‘un Señor, una fe, un bautismo’ (Ef 4,5). Es común la dignidad de los miembros, que deriva de su regeneración en Cristo; común la gracia de la filiación; común la llamada a la perfección: una sola salvación, única la esperanza e indivisa la caridad» (LG, 32).

La dignidad y la libertad de los hijos de Dios

El Santo Padre evidenció que “antes que cualquier diferencia de ministerio o de estado de vida, el Concilio afirma la igualdad de todos los bautizados”. La Constitución – añadió –  no quiere que se olvide lo que ya había afirmado en el capítulo sobre el pueblo de Dios, es decir que la condición del pueblo mesiánico es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios (cfr LG, 9).

“Cuanto más grande es el don, más grande también es el compromiso”, puntualizó el Papa León y por esto el Concilio, junto con la dignidad, subraya también la misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo. Con el nombre de “laicos” - precisó - el Concilio designa “a todos los fieles cristianos que, en cuanto incorporados al Pueblo de Dios por el bautismo, son partícipes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, ejerciendo en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde”.

La misión de los laicos en la iglesia y el mundo

Junto con la dignidad, siguió explicando León, el Concilio subrayó también la “misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo”, que “son partícipes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, ejerciendo en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde”.

El pueblo santo de Dios, por tanto, nunca es una masa informe, sino el cuerpo de Cristo o, como decía Agustín, el Christus totus: es la comunidad orgánicamente estructurada, en virtud de la relación fecunda entre sus formas de participación al sacerdocio de Cristo: sacerdocio común de los fieles y sacerdocio ministerial (cfr LG, 10). En virtud del Bautismo, los fieles laicos participan al mismo sacerdocio de Cristo. De hecho, «Cristo Jesús, supremo y eterno Sacerdote, quiere continuar su testimonio y su servicio por medio de los laicos, los vivifica con su Espíritu y los impulsa sin cesar a toda obra buena y perfecta» (LG, 34).

En este sentido, León XIV recordó a su predecesor, Juan Pablo II y su exhortación apostólica Christifideles laici, en la subrayaba que el Concilio dedicó páginas espléndidas “sobre la naturaleza, dignidad, espiritualidad, misión y responsabilidad de los fieles laicos”.

los Padres conciliares, haciendo eco al llamamiento de Cristo, han convocado a todos los fieles laicos, hombres y mujeres, a trabajar en la viña.

Y explicó que de este modo, su "venerado predecesor relanzaba el apostolado de los laicos, a quienes el Concilio había dedicado un Documento específico, del que hablaremos más adelante”.

El apostolado laical

“El amplio campo del apostolado laical no se limita al espacio de la Iglesia, sino que se amplía al mundo”, dijo el Obispo de Roma, detallando que "la Iglesia, está presente en todos los lugares donde sus hijos profesan y testimonian el Evangelio: en los ambientes de trabajo, en la sociedad civil y en todas las relaciones humanas, allá donde ellos, con sus elecciones, muestran la belleza de la vida cristiana, que anticipa aquí y ahora la justicia y la paz que serán plenas en el Reino de Dios". Y citando nuevamente la Constitución Apostólica Lumen Gentium, afirmó:

El mundo necesita que «se impregne del espíritu de Cristo y alcance su fin con mayor eficacia en la justicia, en la caridad y en la paz». ¡Y esto es posible solamente con la contribución, el servicio y el testimonio de los laicos!

Una Iglesia “en salida” abierta a la misión

Es la invitación a ser esa Iglesia “en salida” de la que nos ha hablado el Papa Francisco, subrayó León XIV:

Una Iglesia encarnada en la historia, siempre abierta a la misión, en la que todos estamos llamados a ser discípulos-misioneros, apóstoles del Evangelio, testigos del Reino de Dios, ¡portadores de la alegría del Cristo que hemos encontrado!