miércoles, 29 de octubre de 2025

El diálogo interreligioso y el mensaje del documento conciliar Nostra Aetate

 

El Papa: La Iglesia no tolera el antisemitismo y lo combate por el Evangelio

León XIV dedica la catequesis de la audiencia general en la plaza de San Pedro al diálogo interreligioso y al mensaje del documento conciliar Nostra Aetate. Recuerda las raíces judías del cristianismo y sugiere una serie de temas en los que todas las religiones pueden colaborar: la ecología, la lucha contra el extremismo religioso, la inteligencia artificial. Por último, hace un llamamiento para que "nada nos separe".

Daniele Piccini - Ciudad del Vaticano

“Todos mis predecesores han condenado el antisemitismo con palabras claras. Y así también yo confirmo que la Iglesia no tolera el antisemitismo y lo combate, por el mismo Evangelio”. Son palabras claras y directas las que pronuncia el Papa León XIV en la catequesis de la audiencia general de hoy, miércoles 29 de octubre, en la Plaza de San Pedro, reiterando la total incompatibilidad entre el Evangelio, el Magisterio de la Iglesia y el antisemitismo.

La audiencia, precedida de un largo paseo en papamóvil durante el cual León XIV saludó a varios niños, matrimonios y a la multitud de fieles que llegaba hasta la plaza de Pío XII, está dedicada -como él mismo anunció- al "diálogo interreligioso". La ocasión es la celebración del 60 aniversario de la Declaración Nostra Aetate, aprobada por el Concilio Vaticano II el 28 de octubre de 1965.

Como compañeros de viaje

Recordando el diálogo entre Jesús y la Samaritana, nacido de la sed de Dios y superando las barreras de la cultura, el género y la religión, el Papa recuerda que este momento capta el núcleo mismo del diálogo interreligioso. En esta estela, recuerda que el documento conciliar redefinió las relaciones entre la Iglesia católica y las religiones no cristianas, en particular el judaísmo, y "abrió -subraya el Pontífice- un nuevo horizonte de encuentro, respeto y hospitalidad espiritual". Miró a los seguidores de otras religiones de un modo enriquecedor.
“Como compañeros de viaje en el camino de la verdad; para honrar las diferencias afirmando nuestra común humanidad; y para discernir, en toda búsqueda religiosa sincera, un reflejo del único Misterio divino que abarca toda la creación”

La Iglesia deplora el odio, la persecución y el antisemitismo

Con este documento, continúa explicando el Pontífice, el Papa Juan XXIII pretendía restablecer la relación original con el mundo judío, dando forma, "por primera vez en la historia de la Iglesia", al tratado doctrinal sobre las raíces judías del cristianismo y que a nivel bíblico y teológico representaba "un punto de no retorno". Un reconocimiento, pues, del vínculo entre "el pueblo del Nuevo Testamento" y "el linaje de Abraham".

“La Iglesia, consciente de la herencia que tiene en común con los judíos, e impulsada no por motivos políticos sino por la caridad religiosa evangélica, deplora los odios, las persecuciones y todas las manifestaciones de antisemitismo dirigidas contra los judíos en todo tiempo y por cualquiera”

Una amistad sólida

"Hoy -añadió el Papa- podemos mirar con gratitud todo lo que se ha logrado en el diálogo judeo-católico en estas seis décadas. Esto se debe no sólo al esfuerzo humano, sino a la asistencia de nuestro Dios que, según la convicción cristiana, está en sí mismo diálogo".

“No podemos negar que durante este período también ha habido malentendidos, dificultades y conflictos, pero éstos nunca han impedido la continuación del diálogo. Incluso hoy, no debemos permitir que las circunstancias políticas y las injusticias de algunos nos distraigan de la amistad, sobre todo teniendo en cuenta lo mucho que hemos conseguido hasta ahora”

Arraigados en el amor

León XIV recuerda que el espíritu de Nostra Aetate sigue iluminando el camino de la Iglesia, reconociendo que todas las religiones pueden reflejar "un rayo de esa verdad que ilumina a todos los hombres", buscando respuestas a los misterios de la vida llevando el diálogo también al plano espiritual. De ahí la invitación a "comprometerse" reconociendo todo lo que hay de bueno, verdadero y santo en las distintas tradiciones, especialmente en el mundo de hoy "donde, a causa de la movilidad humana, nuestras diversidades y pertenencias espirituales están llamadas a encontrarse y convivir fraternalmente".

“Nostra Aetate recuerda que el verdadero diálogo tiene sus raíces en el amor, único fundamento de la paz, la justicia y la reconciliación, al tiempo que rechaza firmemente toda forma de discriminación o persecución, afirmando la igual dignidad de todo ser humano”

Actuar juntos contra el fanatismo religioso y el extremismo

La implicación de la que habla el Papa se convierte, según sus instrucciones, en actuar juntos en un mundo que "necesita nuestra unidad, nuestra amistad y nuestra colaboración". León XIV señala los ámbitos en los que podemos trabajar juntos para aliviar el sufrimiento humano y cuidar, por ejemplo, de la casa común y más allá.

“Nuestras respectivas tradiciones enseñan la verdad, la compasión, la reconciliación, la justicia y la paz. Debemos reafirmar el servicio a la humanidad, en todo momento. Juntos, debemos estar vigilantes contra el abuso del nombre de Dios, de la religión y del propio diálogo, y contra los peligros que plantean el fundamentalismo religioso y el extremismo”

Esperanza en el mundo de mañana

Las religiones, prosigue el Papa, enseñan que "la paz comienza en el corazón humano" y, por tanto, pueden aportar una importante contribución para hacer posible "un mundo nuevo". "Debemos restaurar la esperanza en nuestras vidas personales, en nuestras familias, en nuestros barrios, en nuestras escuelas, en nuestros pueblos, en nuestros países y en nuestro mundo". El Pontífice recordó que Nostra Aetate, hace sesenta años, trajo esperanza al mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial.

“Hoy estamos llamados a refundar esa esperanza en nuestro mundo devastado por la guerra y en nuestro entorno natural degradado. Trabajemos juntos, porque si estamos unidos todo es posible. Procuremos que nada nos divida”

La base del diálogo y la oración

Es en la amistad y la cooperación donde las generaciones futuras pueden mirar para continuar el diálogo.

“Y ahora, detengámonos un momento en oración silenciosa: la oración tiene el poder de transformar nuestras actitudes, nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones”

lunes, 27 de octubre de 2025

Una Iglesia “totalmente sinodal, totalmente ministerial, totalmente atraída por Cristo y dedicada al servicio del mundo”.

 

El Papa: Construyamos una Iglesia humilde y acogedora al servicio del mundo

León XIV presidió la Misa con motivo del Jubileo de los Equipos Sinodales y Organismos de participación e instó a construir una Iglesia que no juzga como hace el fariseo con el publicano, sino que se convierte en un lugar acogedor para todos, una Iglesia “totalmente sinodal, totalmente ministerial, totalmente atraída por Cristo y dedicada al servicio del mundo”.

Vatican News

“Redescubrir el misterio de la Iglesia, que no es una simple institución religiosa ni se identifica con las jerarquías o con sus estructuras”. Esta fue la invitación del Papa León XIV en la homilía de la misa que presidió en la Basílica de San Pedro, el domingo 26 de octubre, con motivo del Jubileo de los Equipos Sinodales y Organismos de participación.

“Estas estructuras expresan lo que ocurre en la Iglesia, donde las relaciones no responden a las lógicas del poder sino a las del amor”, señaló. Y citando a su predecesor, el Papa Francisco, que las definía como “lógicas mundanas”,  destacó que en la comunidad cristiana “el primado atañe a la vida espiritual”.

La regla suprema del amor

El Pontífice instó a los participantes en la celebración eucarística a recordar que en la Iglesia la regla suprema es el “amor” y que todos estamos llamados a servir y a buscar la verdad juntos:

Nadie está llamado a mandar, todos lo son a servir; nadie debe imponer las propias ideas, todos deben escucharse recíprocamente; sin excluir a nadie, todos estamos llamados a participar; ninguno posee la verdad toda entera, todos la debemos buscar con humildad, y juntos.

Caminar juntos para ser artesanos de unidad

Precisamente la palabra “juntos” expresa la llamada a la comunión en la Iglesia, recalcó el Papa. Y citando nuevamente al Papa Francisco en su último Mensaje de Cuaresma, recordó que “caminar juntos significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios”.


Basándose en el Evangelio del día, el Papa León meditó sobre la parábola del fariseo y el publicano. Aunque suben los dos al templo a orar, observó, “están divididos y entre ellos no hay ninguna comunicación”. “Ambos recorren el mismo camino, pero su caminar no es un caminar juntos; ambos rezan al Padre, pero sin ser hermanos y sin compartir nada”. León XIV explicó que esto depende sobre todo de la actitud del fariseo, que sintiéndose mejor que el otro, lo juzga con desprecio y lo mira con desdén.

Hermanos y hermanas, esto puede suceder también en la comunidad cristiana. Sucede cuando el yo prevalece sobre el nosotros, generando personalismos que impiden relaciones auténticas y fraternas; cuando la pretensión de ser mejor que los demás, como hace el fariseo con el publicano, crea división y transforma la comunidad en un lugar crítico y excluyente; cuando se aprovecha del propio cargo para ejercitar el poder y ocupar espacios.

Por el contrario, el publicano, enseña humildad y necesidad de Dios. “Con su misma humildad, también en la Iglesia nos debemos reconocer todos necesitados de Dios y necesitados los unos de los otros, ejercitándonos en el amor mutuo, en la escucha recíproca, en la alegría de caminar juntos”, exhortó León XIV, y citando a San Clemente de Roma, añadió: “Cristo está con los que son humildes de corazón y no con los que se exaltan a sí mismos por encima de la grey”.

Una Iglesia colegial y acogedora

Los equipos sinodales y los organismos de participación son imagen de esa Iglesia que vive en la comunión”, indicó el Papa. De ahí su invitación a que “nos ayuden a comprender que, en la Iglesia, antes de cualquier diferencia estamos llamados a caminar juntos en busca de Dios, para revestirnos de los sentimientos de Cristo; ayúdennos a ensanchar el espacio eclesial para que este sea colegial y acogedor”.

Esto – precisó el Papa – nos ayudará a afrontar con confianza y con espíritu renovado las tensiones que atraviesan la vida de la Iglesia - entre unidad y diversidad, tradición y novedad, autoridad y participación - dejando que el Espíritu las transforme, para que no se conviertan en contraposiciones ideológicas y polarizaciones dañinas. Y añadió:

Ser Iglesia sinodal significa reconocer que la verdad no se posee, sino que se busca juntos, dejándonos guiar por un corazón inquieto y enamorado del Amor.

Construir una Iglesia humilde y sinodal

León XIV concluyó su homilía con un apremiante llamamiento:

Queridos hermanos y hermanas, debemos soñar y construir una Iglesia humilde. Un Iglesia que no se mantiene erguida como el fariseo, triunfante y llena de sí misma, sino que se abaja para lavar los pies de la humanidad; una Iglesia que no juzga como hace el fariseo con el publicano, sino que se convierte en un lugar acogedor para todos y para cada uno; una Iglesia que no se cierra en sí misma, sino que permanece a la escucha de Dios para poder, al mismo tiempo, escuchar a todos. Comprometámonos a construir una Iglesia totalmente sinodal, totalmente ministerial, totalmente atraída por Cristo y por lo tanto dedicada al servicio del mundo.

Y citando las palabras del siervo de Dios don Tonino Bello (obispo de Molfetta, fallecido en 1993) el Santo Padre invocó sobre toda la Iglesia la intercesión de la Virgen María para que la ayude “a superar las divisiones internas” y a reconciliar “las disputas mutuas”.

Que el Señor nos conceda la gracia de permanecer enraizados en el amor de Dios para vivir en comunión entre nosotros. De ser, como Iglesia, testigos de unidad y de amor.

miércoles, 22 de octubre de 2025

La resurrección de Cristo puede curar una de las enfermedades de nuestro tiempo: la tristeza.

 

El Papa en la catequesis: El Resucitado infunde esperanza en el vacío de la tristeza

En la Audiencia general del 22 de octubre, el Santo Padre al continuar con su ciclo de catequesis sobre “Jesús nuestra esperanza”, reflexionó sobre cómo la resurrección de Cristo puede curar una de las enfermedades de nuestro tiempo: la tristeza. El Papa a peregrinos españoles: “Pidamos al Señor que sepamos reconocer su presencia en el camino de nuestra vida, especialmente en los momentos de tristeza y oscuridad, y que la alegría de la Pascua sea el distintivo de nuestro compromiso misionero”.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“La alegría inesperada de los discípulos de Emaús sea para nosotros un dulce recordatorio cuando el camino se hace difícil. Es el Resucitado quien cambia radicalmente la perspectiva, infundiendo la esperanza que llena el vacío de la tristeza”, lo dijo el Papa León XIV en la audiencia general de este miércoles, 22 de octubre, continuando con su ciclo de catequesis sobre la persona de Jesús nuestra esperanza, en esta ocasión reflexionando sobre una de las enfermedades de nuestro tiempo, la tristeza, a la luz de la resurrección de Jesucristo.

La resurrección de Jesucristo nunca termina de ser contemplado

A los miles de files y peregrinos que se congregaron en la Plaza de San Pedro para la Audiencia general, el Santo Padre les dijo que, “la resurrección de Jesucristo es un acontecimiento que nunca termina de ser contemplado y meditado, y cuanto más se profundiza en él, más nos quedamos llenos de asombro, atraídos como por una luz deslumbrante y al mismo tiempo fascinante”.

“Fue una explosión de vida y alegría que cambió el sentido de toda la realidad, de negativo a positivo; sin embargo, no ocurrió de manera espectacular, y mucho menos violenta, sino de forma suave, oculta, podríamos decir humilde”.

La tristeza una enfermedad invasiva y generalizada

Y es precisamente a la luz de la resurrección que el Obispo de Roma les propuso reflexionar sobre cómo la resurrección de Cristo puede curar una de las enfermedades de nuestro tiempo que acompaña los días de muchas personas, una enfermedad invasiva y generalizada: la tristeza.

“Se trata de un sentimiento de precariedad, a veces de profunda desesperación, que invade el espacio interior y parece prevalecer sobre cualquier impulso de alegría”

Los discípulos de Emaús, un paradigma de la tristeza humana

La tristeza, precisó el Pontífice, le quita sentido y vigor a la vida, que se convierte en un viaje sin dirección y sin significado. En este sentido, el Papa recordó el famoso relato del Evangelio de Lucas (24,13-29) sobre los dos discípulos de Emaús. Ellos, desilusionados y desanimados, se alejan de Jerusalén, dejando atrás las esperanzas puestas en Jesús, que ha sido crucificado y sepultado.

“En sus primeras frases, este episodio muestra como un paradigma de la tristeza humana: el fin de la meta en la que se han invertido tantas energías, la destrucción de lo que parecía esencial en la propia vida. La esperanza se ha desvanecido, la desolación se ha apoderado de su corazón. Todo ha implosionado en muy poco tiempo, entre el viernes y el sábado, en una dramática sucesión de acontecimientos”

En sus rostros se refleja la parálisis del alma

La paradoja es realmente emblemática, señaló el Papa León XIV, este triste viaje de derrota y retorno a la normalidad se realiza el mismo día de la victoria de la luz, de la Pascua que se ha consumado plenamente. Los dos hombres dan la espalda al Gólgota, todo parece perdido y es necesario volver a la vida anterior, manteniendo un perfil bajo. Pero, en cierto momento, un viandante se une a los dos discípulos, es Jesús resucitado, pero no lo reconocen.

“La tristeza les nubla la mirada, borra la promesa que el Maestro había hecho varias veces: que sería asesinado y que al tercer día resucitaría. El desconocido se acerca y se muestra interesado en lo que están diciendo. El texto dice que los dos «se detuvieron, con el semblante triste». El adjetivo griego utilizado describe una tristeza integral: en sus rostros se refleja la parálisis del alma”.

El gesto del pan partido reabre los ojos del corazón

Ante esta situación, el Santo Padre indicó que, Jesús los escucha, les deja desahogar su desilusión. Luego, los reprende por ser «duros de entendimiento para creer en todo lo que han dicho los profetas», y a través de las Escrituras les demuestra que Cristo debía sufrir, morir y resucitar. En los corazones de los dos discípulos se reaviva el calor de la esperanza, y cuando ya cae la tarde y llegan a su destino, lo invitan a quedarse con ellos. Jesús acepta, luego toma el pan, lo parte y lo ofrece. En ese momento, los dos discípulos lo reconocen... pero Él desaparece inmediatamente de su vista.

“El gesto del pan partido reabre los ojos del corazón, ilumina de nuevo la vista nublada por la desesperación. Y entonces todo se aclara: el camino compartido, la palabra tierna y fuerte, la luz de la verdad... De inmediato se reaviva la alegría, la energía vuelve a fluir en los miembros cansados, la memoria vuelve a ser agradecida. Y los dos regresan deprisa a Jerusalén, para contarlo todo a los demás”.

«Es verdad, ¡el Señor ha resucitado!»

Finalmente, el Santo Padre dijo que, en este adverbio, «verdaderamente», se cumple el destino seguro de nuestra historia como seres humanos. No por casualidad es el saludo que los cristianos se intercambian el día de Pascua. Jesús no resucitó con palabras, sino con hechos, con su cuerpo que conserva las marcas de la pasión, sello perenne de su amor por nosotros. La victoria de la vida no es una palabra vana, sino un hecho real, concreto.

“La alegría inesperada de los discípulos de Emaús sea para nosotros un dulce recordatorio cuando el camino se hace difícil. Es el Resucitado quien cambia radicalmente la perspectiva, infundiendo la esperanza que llena el vacío de la tristeza. En los senderos del corazón, el Resucitado camina con nosotros y por nosotros. Testimonia la derrota de la muerte, afirma la victoria de la vida, a pesar de las tinieblas del Calvario. La historia todavía tiene mucho que esperar en el bien”.


León XIV recuerda a Juan Pablo II

 

León XIV recuerda a Juan Pablo II: Hoy sigue siendo necesario abrirse a Cristo

En la memoria litúrgica de Karol Wojtyła, al saludar a los fieles polacos que participaron en la Audiencia general, el Papa instó a todos a seguir la invitación que el santo Pontífice expresó hace 47 años en su homilía de la Misa de inauguración de su pontificado: «Todos estamos llamados a hacerlo nuestro».

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“Hoy celebramos la memoria litúrgica de san Juan Pablo II. Hace exactamente 47 años, en esta plaza, instó al mundo a abrirse a Cristo. Este llamamiento sigue vigente hoy: todos estamos llamados a hacerlo nuestro”.

domingo, 19 de octubre de 2025

Jornada Mundial de las Misiones

 

Saludo del Papa a la Hermandad del Señor de los Milagros

En la Jornada Mundial de las Misiones y tras la misa de canonización, el Papa León XIV, antes de rezar el ángelus dominical, renovó su ferviente llamamiento a la paz manifestando su cercanía a quienes sufren a causa de la violencia, encomendando sus oraciones a la Virgen María y a los nuevos santos

Vatican News

“Queridos hermanos y hermanas, les envío un cordial saludo a todos los que han participado en esta celebración, ¡que ha sido una gran celebración de santidad!”

Con estas palabras, poco después de mediodía el Papa León XIV, a la hora del ángelus dominical, se dirigió a los miles de fieles presentes en la Plaza de San Pedro, que participaron en la misa con ceremonia de canonización de siete nuevos santos para la Iglesia Universal.

Agradecimiento del Papa León

Agradezco a los cardenales, patriarcas y obispos presentes; también saludo con gratitud al presidente de la República Italiana y al presidente del Líbano, así como a las distinguidas delegaciones oficiales, especialmente a las de Armenia y Venezuela.

Acojo con alegría a las hijas espirituales de las Fundadoras canonizadas hoy y a las diversas comunidades y asociaciones inspiradas en los carismas de las nuevas santas.

“¡Gracias a todos por su devota participación!”

A la Hermandad del Señor de los Milagros

“Saludo a los demás peregrinos presentes, especialmente a la Hermandad del Señor de los Milagros, que celebró la tradicional procesión”

Jornada Mundial de las Misiones

Al recordar que hoy se celebra la Jornada Mundial de las Misiones, el Santo Padre afirmó que “la Iglesia es enteramente misionera”, razón por la cual, dijo: Hoy rezamos especialmente por aquellos hombres y mujeres que lo dejaron todo para ir a llevar el Evangelio a quienes no lo conocen. Son misioneros de esperanza entre la gente. ¡Que el Señor los bendiga!

Llamamientos por la paz

Las noticias que llegan de Myanmar son tristemente alarmantes: se registran continuos enfrentamientos armados y bombardeos aéreos, que afectan incluso a civiles e infraestructuras. Estoy cerca de quienes sufren la violencia, la inseguridad y las numerosas dificultades. Renuevo mi ferviente llamamiento a un alto el fuego inmediato y efectivo.

“¡Que los instrumentos de la guerra den paso a los de la paz, mediante un diálogo inclusivo y constructivo!”

Por último, el Papa León dijo: Encomendemos nuestra continua oración por la paz en Tierra Santa, en Ucrania y en otros lugares de conflicto a la intercesión de la Virgen María y de los nuevos santos.

“Que Dios conceda a todos los responsables sabiduría y perseverancia para avanzar en la búsqueda de una paz justa y duradera”


miércoles, 15 de octubre de 2025

El Pontífice indicó que Jesús es el “compañero de viaje”

 

El Papa en la catequesis: Jesús es el punto de llegada de nuestro caminar

En la catequesis de la audiencia general en la Plaza de San Pedro, León XIV inició la última parte del ciclo jubilar "Jesucristo, nuestra esperanza" y abrió el capítulo "La resurrección de Cristo y los desafíos del mundo actual" con la reflexión "El Resucitado, fuente viva de la esperanza humana". El Pontífice indicó que Jesús es el “compañero de viaje” que nos sostiene en el camino no siempre fácil de nuestra vida. “Sin su amor, el viaje de la vida se convertiría en un vagar sin meta".

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Una plaza de San Pedro repleta de fieles acogió hoy al Papa León XIV para la audiencia general del este miércoles 15 de octubre. Como de costumbre, antes de iniciar su reflexión, el Papa saludó desde el papamóvil a los numerosos fieles allí reunidos. En esta ocasión, la presencia de unos 60 000 peregrinos condujo al Pontífice más allá del hemiciclo de Bernini, a lo largo de la Vía de la Conciliación, en medio de una animada multitud.

“En las catequesis del Año jubilar, hasta este momento, hemos recorrido la vida de Jesús siguiendo los Evangelios, desde el nacimiento a la muerte y resurrección. De este modo, nuestra peregrinación en la esperanza ha encontrado su fundamento firme, su camino seguro”, inició diciendo el Santo Padre en su reflexión, precisando que ahora, “en la última parte del camino, dejaremos que el misterio de Cristo, que culmina en la Resurrección, libere su luz de salvación en contacto con la realidad humana e histórica actual, con sus preguntas y sus desafíos”.

Creados para la plenitud

El Papa evidenció que en nuestra vida, llena de matices y de vivencias diferentes, experimentamos una “situación paradójica: quisiéramos ser felices, pero es muy difícil conseguirlo de forma continuada y sin sombras” y  “sentimos que siempre nos falta algo”. Pero, en verdad – aseguró – no hemos sido creados para la falta, sino para la plenitud, para disfrutar de la vida y de la vida en abundancia, según la expresión de Jesús en el Evangelio de Juan (cfr 10,10).

Este deseo grande de nuestro corazón puede encontrar su última respuesta no en los roles, no en el poder, no en el tener, sino en la certeza de que alguien se hace garante de este impulso constitutivo de nuestra humanidad; en la conciencia de que esta espera no será decepcionada o frustrada. Tal certeza coincide con la esperanza.

La esperanza cumple

El Pontífice recalcó que esto no quiere decir “pensar de forma optimista” sino que “a menudo el optimismo nos decepciona, al ver cómo nuestras expectativas implosionan, mientras la esperanza promete y cumple”.

Hermanas y hermanos, ¡Jesús Resucitado es la garantía de esta llegada! Él es la fuente que sacia nuestra sed ardiente, la sed infinita de plenitud que el Espíritu Santo infunde en nuestro corazón. La Resurrección de Cristo, de hecho, no es un simple acontecimiento de la historia humana, sino el evento que la transformó desde dentro.

El Obispo de Roma invitó además a pensar en una fuente de agua y sus características, evidenciando que sin ella “no se puede vivir”, para indicar:

El Resucitado es la fuente viva que no se seca y no sufre alteraciones. Permanece siempre pura y preparada para todo el que tenga sed. Y cuanto más saboreamos el misterio de Dios, más nos atrae, sin quedar nunca completamente saciados.

Jesús sacia nuestra vida

A continuación, aseguró que es “Jesús, con su Resurrección”, quien nos ha asegurado “una permanente fuente de vida”. Él “es capaz de ofrecernos alivio en el camino terreno y asegurarnos la quietud perfecta en la eternidad”.

Solo Jesús muerto y resucitado responde a las preguntas más profundas de nuestro corazón: ¿hay realmente un punto de llegada para nosotros? ¿Tiene sentido nuestra existencia? ¿Y el sufrimiento de tantos inocentes, cómo podrá ser redimido? Jesús Resucitado no deja caer una respuesta “desde arriba”, sino que se hace nuestro compañero en este viaje a menudo cansado, doloroso, misterioso. Solo Él puede llenar nuestra jarra vacía, cuando la sed se hace insoportable.

Sin Jesús, la vida es un vagar sin meta

Jesús es también “el punto de llegada de nuestro caminar, aseguró el Santo Padre. “Sin su amor, el viaje de la vida se convertiría en un vagar sin meta, un trágico error con un destino perdido”.

El Resucitado garantiza la llegada, nos conduce a casa, donde somos esperados, amados, salvados. Hacer el viaje con Él al lado significa experimentar ser sostenidos a pesar de todo, saciados y fortalecidos en las pruebas y en las fatigas que, como piedras pesadas, amenazan con bloquear o desviar nuestra historia.

La esperanza de Cristo

Finalmente, el Papa León dejó una síntesis que debemos atesorar: 

Queridos, de la Resurrección de Cristo brota la esperanza que nos hace gustar anticipadamente, no obstante las fatigas de la vida, una quietud profunda y gozosa: aquella paz que Él solo nos podrá dar al final, sin fin.

lunes, 13 de octubre de 2025

La espiritualidad mariana tiene a Jesús como su centro

 

León XIV: La humildad y la ternura son las virtudes de los más fuertes

  • 12 de octubre, 2025
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
Durante la Misa del Jubileo de la Espiritualidad Mariana, el Papa León XIV insta a los fieles a ver en la Santísima Madre un bello ejemplo de cómo recurrir y seguir a su Hijo, Jesucristo.

"La espiritualidad mariana, que nutre nuestra fe, tiene a Jesús como su centro", recordó el papa León XIV a los fieles durante la misa del Jubileo de la Espiritualidad Mariana, celebrada este domingo por la mañana en la Plaza de San Pedro, ante 50.000 peregrinos de unos 100 países.

Contemplando la estatua original de Nuestra Señora de Fátima, excepcionalmente expuesta en Roma, el Papa agustino instó a mantener viva la devoción mariana popular, pues "cada vez que contemplamos a María, queremos creer en el poder revolucionario de la ternura".

En su homilía, el Santo Padre reflexionó sobre esta espiritualidad, observando: "Es como el domingo, que abre cada nueva semana con el resplandor de su Resurrección. Acuérdate de Jesucristo: solo esto importa; esto es lo que distingue las espiritualidades humanas del camino de Dios".

El Papa explicó que la devoción mariana sirve al Evangelio y ayuda a los fieles a vivirlo más plenamente. "La espiritualidad mariana está al servicio del Evangelio: revela su sencillez", planteó.

"Nuestro afecto por María de Nazaret nos lleva a unirnos a ella para convertirnos en discípulos de Jesús", añadió. "Nos enseña a volver a él y a meditar y reflexionar sobre los acontecimientos de nuestra vida en los que el Resucitado sigue viniendo a nosotros y nos llama".

León XIV también sostuvo que esta espiritualidad atrae a los fieles a la obra salvadora de Dios: "La espiritualidad mariana nos sumerge en la historia sobre la cual se abrió el cielo".

"Nos ayuda", continuó, "a ver a los soberbios dispersarse en su vanidad, a los poderosos derribados de sus tronos y a los ricos despedidos con las manos vacías. Nos impulsa a colmar de bienes a los hambrientos, a levantar a los humildes, a recordar la misericordia de Dios y a confiar en el poder de su brazo".

Reflexionando sobre la aceptación de María a la voluntad de Dios, el papa León XIII afirmó que su "sí" no fue un acto puntual, sino un compromiso diario. "Jesús nos invita a ser parte de su Reino, tal como le pidió a María su 'sí', que, una vez dado, se renovaba cada día", afirmó.

El Papa reflexionó sobre el relato evangélico de los diez leprosos, nueve de los cuales no volvieron a dar gracias tras ser sanados. "Los leprosos del Evangelio que no vuelven a dar gracias nos recuerdan que la gracia de Dios puede tocarnos y no encontrar respuesta", sostuvo. "Puede sanarnos, pero aun así podemos no aceptarla. Cuidémonos, por tanto, de subir al templo de una manera que no nos lleve a seguir a Jesús".

sábado, 11 de octubre de 2025

'Teniendo la audacia de desarmarse'

 

León XIV pidió el fin de los conflictos armados 'teniendo la audacia de desarmarse'

  • 11 de octubre, 2025
  • Roma (Italia) (AICA)
Durante la vigilia de oración ante la imagen peregrina de la Virgen de Fátima, el Papa manifestó que "lo primero que hay que desarmar es el corazón, porque si no hay paz en nosotros, no daremos paz".

El papa León XIV encabezó este sábado 11 de octubre la vigilia de oración, que incluyó el rezo del rosario, para pedir por la paz en el mundo. "Todos unidos, perseverantes y con un mismo sentir, no nos cansamos de interceder por la paz, don de Dios que debe convertirse en nuestra conquista y nuestro compromiso", manifestó el Pontífice.

En el saludo introductorio, frente a la imagen original de la Virgen de Fátima que peregrina en Roma por el Jubileo de la Espiritualidad Mariana, el Santo Padre motivó la oración a la Virgen María diciendo: "A ella, madre amorosa, dirigimos nuestra oración para que conserve en nosotros la imagen de su Hijo y, bajo su protección, vivamos como hermanos y hermanas, llegando a ser así, en un mundo desgarrado por las luchas y las discordias, artesanos de paz". Seguidamente se rezaron los Misterios Gozosos del rosario.

Devoción mariana
En su reflexión León XIV invitó a contemplar en la Virgen María "sus virtudes humanas y evangélicas, cuya imitación constituye la más auténtica devoción mariana", como lo enseña el capítulo VIII de la constitución dogmática Lumen gentium, cuyos textos también fueron leídos como meditaciones durante el rosario.

 "Como ella -dijo el Papa-, la primera discípula, supliquemos el don de un corazón que escucha y se vuelve fragmento de un cosmos que acoge. A través de ella, mujer dolorosa, fuerte y fiel, pidamos que nos alcance el don de la compasión hacia todo hermano y hermana que sufre, y hacia todas las criaturas".

El obispo de Roma subrayó las palabras de la Virgen en el Evangelio, "Hagan todo lo que Él les diga", reflexionando que "María, como una señal indicadora, orienta más allá de sí misma, muestra que el punto de llegada es el Señor Jesús y su Palabra".

Y León XIV, en medio de su súplica por la paz, señaló que "entre las palabras de Jesús que no queremos dejar pasar, una resuena especialmente hoy, en esta vigilia de oración por la paz, la dirigida a Pedro en el Huerto de los Olivos, "Envaina tu espada".

La paz desarmada y desarmante

"Desarma la mano y, antes aún, el corazón -exhortó el Papa-. Como ya he mencionado en otras ocasiones, la paz es desarmada y desarmante. No es disuasión, sino fraternidad; no es ultimátum, sino diálogo. No llegará como fruto de victorias sobre el enemigo, sino como el resultado de sembrar justicia e intrépido perdón".

El papa León reiteró que las palabras de Jesús "Envaina la espada", hoy va dirigida a quienes guían los destinos de los pueblos: "¡tengan la audacia de desarmarse!"; y también a cada persona: "Para hacernos cada vez más conscientes de que no podemos matar por ninguna idea, fe o política. Lo primero que hay que desarmar es el corazón, porque si no hay paz en nosotros, no daremos paz".

Plegaria a la Virgen María por la paz
El Pontífice reiteró: "Nos hemos reunido esta noche en oración alrededor de María, Madre de Jesús y Madre nuestra, como los primeros discípulos en el cenáculo. A ella, mujer profundamente pacífica, reina de la paz, nos dirigimos". 

Luego el Papa recitó la siguiente plegaria:

"Ruega con nosotros, Mujer fiel, sagrado seno del Verbo. Enséñanos a escuchar el grito de los pobres y de la madre Tierra, atentos a las llamadas del Espíritu en el secreto del corazón, en la vida de los hermanos, en los acontecimientos de la historia, en el gemido y en el júbilo de la creación. Santa María, madre de los vivos, mujer fuerte, dolorosa, fiel, Virgen esposa junto a la Cruz, donde se consuma el amor y brota la vida, sé tú la guía de nuestro compromiso de servicio. Enséñanos a detenernos contigo junto a las infinitas cruces donde tu Hijo sigue crucificado, donde la vida está más amenazada; a vivir y dar testimonio del amor cristiano acogiendo en cada hombre a un hermano; a renunciar al oscuro egoísmo para seguir a Cristo, verdadera luz del hombre. Virgen de la paz, puerta de la esperanza segura, Acoge la oración de tus hijos!".

miércoles, 8 de octubre de 2025

El Señor resucitado camina junto a nosotros en el silencio de lo ordinario, transformando el dolor en esperanza y la vida diaria en lugar de encuentro con Dios.

 

El Papa: La Humildad de la Resurrección. Rostro discreto del Amor de Dios

En su catequesis de hoy, el Papa León XIV nos invita a descubrir que la Resurrección de Cristo no se manifiesta en gestos espectaculares, sino en la sencillez del amor cotidiano. El Señor resucitado camina junto a nosotros en el silencio de lo ordinario, transformando el dolor en esperanza y la vida diaria en lugar de encuentro con Dios.

Patricia Ynestroza - Ciudad del Vaticano

En su reciente catequesis, el Papa León XIV invitó a los fieles a contemplar un aspecto profundamente conmovedor del misterio pascual: la humildad de la Resurrección de Cristo. Lejos de los gestos espectaculares o de las manifestaciones de poder, el Señor resucitado se presenta ante sus discípulos con la sencillez del amor cotidiano.

“El Señor resucitado no hace nada espectacular para imponerse a la fe de sus discípulos. No aparece rodeado de huestes de ángeles, no hace gestos sensacionales, no pronuncia discursos solemnes para revelar los secretos del universo. Al contrario, se acerca discretamente, como un viandante cualquiera, como un hombre hambriento que pide compartir un poco de pan.”

El poder de lo ordinario

Los evangelios muestran a un Cristo que se deja reconocer en los gestos más comunes: María Magdalena lo confunde con un jardinero; los discípulos de Emaús lo toman por un forastero; los pescadores lo ven como un simple transeúnte. En cada escena, el Resucitado elige la normalidad como lenguaje de cercanía.

El Papa León XIV subraya que esta discreción no es un detalle menor, sino una clave de la fe cristiana. “La Resurrección no es un giro teatral”, afirma, “sino una transformación silenciosa que llena de sentido cada gesto humano”. Incluso cuando Jesús come un trozo de pescado ante los suyos, nos recuerda que nuestro cuerpo, nuestra historia y nuestras relaciones están llamados a la plenitud, no a ser descartados.

La gracia escondida en lo cotidiano

El Pontífice invita a descubrir que, en la Pascua de Cristo, todo puede convertirse en gracia: trabajar, cuidar del hogar, esperar, servir, acompañar. Nada de lo que forma parte de nuestra vida escapa a la mirada amorosa de Dios.

“La Resurrección no resta vida al tiempo y al esfuerzo, sino que cambia su sentido y su "sabor". Cada gesto realizado en gratitud y comunión anticipa el Reino de Dios.”

 Sin embargo, León XIV advierte de un obstáculo frecuente: la creencia de que la alegría cristiana debe ser una alegría sin heridas. Como los discípulos de Emaús, a menudo caminamos tristes porque esperamos un Mesías sin cruz. Pero el Papa nos recuerda que el dolor no niega la promesa, sino que revela la medida del amor de Dios.

Un fuego que arde bajo las cenizas

Cuando los discípulos reconocen al Señor al partir el pan, descubren que su corazón ya ardía sin saberlo. Esa es, para el Papa, “la gran sorpresa de la fe”: encontrar en medio del desencanto un rescoldo vivo, esperando ser reavivado por la esperanza.

La resurrección de Cristo, explica, proclama que ninguna caída es definitiva, ninguna herida está condenada a permanecer abierta para siempre. Incluso en la distancia o el desánimo, el amor de Dios sigue siendo una fuerza invencible que busca al ser humano allí donde esté.

lunes, 6 de octubre de 2025

Jubileo de los Migrantes y del Mundo Misionero.

 

El Papa León XIV llama a ser misioneros de la acogida

En una mañana lluviosa y llena de esperanza, miles de fieles y peregrinos de todo el mundo se congregaron en la Plaza de San Pedro para celebrar el Jubileo de los Migrantes y del Mundo Misionero. El Romano Pontífice exhortó a vivir la misión desde la compasión, la acogida y la solidaridad concreta.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

“Celebramos hoy el Jubileo del Mundo Misionero y de los Migrantes. Es una hermosa ocasión para reavivar en nosotros la conciencia de la vocación misionera”, proclamó el Papa León XIV al inicio de su homilía en la Santa Misa que presidió este domingo 5 de octubre en la Plaza de San Pedro.

Bajo una persistente llovizna otoñal, los paraguas multicolores se convirtieron en signos de comunión entre los más de 30.000 fieles y peregrinos llegados desde los cinco continentes, que participaron con emoción en esta celebración jubilar.

La fe que transforma y sostiene

En su reflexión, el Pontífice profundizó en el clamor del profeta Habacuc: “¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que tú escuches?”. A partir de esta súplica, el Papa abordó el misterio del silencio de Dios ante el sufrimiento humano, recordando las palabras de Benedicto XVI sobre la oración que brota en medio del desconsuelo.

“La respuesta del Señor nos abre a la esperanza”, explicó León XIV. “Si el profeta denuncia el mal que parece prevalecer, el Señor promete que la salvación vendrá y no tardará. El justo vivirá por su fidelidad”.

El Santo Padre subrayó que la fe —aunque sea del tamaño de un grano de mostaza— contiene una fuerza que no procede del poder, sino del amor: “La fe es una fuerza mansa que transforma el mundo silenciosamente, en los gestos y palabras cotidianas”

Misión y misericordia en camino

El Papa invitó a redescubrir el ardor misionero, citando las palabras de san Pablo VI sobre la responsabilidad de evangelizar en tiempos de “progreso y desesperación sin precedentes”.

“Hoy se abre en la historia de la Iglesia una época misionera nueva”, sostuvo. “Las fronteras de la misión ya no son geográficas: son el sufrimiento, la pobreza y el deseo de esperanza los que vienen hacia nosotros”.

Ante los rostros de tantos migrantes presentes, León XIV pidió acoger con ternura a quienes huyen de la violencia o de la miseria: “Esas barcas que esperan avistar un puerto seguro en el que detenerse y esos ojos llenos de angustia y esperanza que buscan una tierra firme a la que llegar, no pueden y no deben encontrar la frialdad de la indiferencia o el estigma de la discriminación”.

“Permanecer” para acoger

En un pasaje central de su homilía, el Papa invitó a cambiar la lógica del “partir” por la del “permanecer”

“La cuestión no es partir, sino permanecer para anunciar a Cristo mediante la acogida, la compasión y la solidaridad. Permanecer para mirar a los ojos a los que llegan, para abrirles los brazos y el corazón”.

El Santo Padre agradeció la entrega de misioneros, voluntarios y personas de buena voluntad que sirven a los migrantes y promueven una “cultura de la fraternidad más allá de los prejuicios”. A la vez, exhortó a toda la comunidad cristiana a vivir en un “estado permanente de misión”, como pedía el Papa Francisco en su exhortación apostólica Evangelii gaudium.

Llamado a la cooperación y a las vocaciones misioneras

En la última parte de su prédica, León XIV destacó dos compromisos prioritarios: la cooperación misionera entre Iglesias y la promoción de nuevas vocaciones.

“La presencia de hermanos y hermanas de distintas culturas es una oportunidad para renovar el rostro de la Iglesia y testimoniar un cristianismo más abierto y dinámico”, afirmó.

Dirigiéndose especialmente a Europa, el Sucesor de Pedro alentó a suscitar un nuevo impulso misionero en jóvenes, religiosos y laicos dispuestos a servir en las periferias del mundo.

Finalmente, confió a todos los misioneros y migrantes a la intercesión de la Virgen María, “primera misionera de su Hijo, que se pone en camino sin demora hacia los montes de Judea, llevando a Jesús en su seno y poniéndose al servicio de Isabel”.

Una bendición que

 cruza fronteras

Con un gesto de ternura, el Papa bendijo a la multitud que, bajo la lluvia, escuchaba en silencio y emoción. “A los migrantes les digo: son siempre bienvenidos. Los mares y los desiertos que han atravesado, en la Escritura, son ‘lugares de salvación’, en los que Dios se hizo presente para salvar a su pueblo”, expresó.

El Pontífice les deseó “encontrar este rostro de Dios en las misioneras y en los misioneros que encontrarán”.

El Pontífice les deseó “encontrar este rostro de Dios en las misioneras y en los misioneros que encontrarán”.