domingo, 31 de agosto de 2025

LA HUMILAD

 

Ángelus del Papa: Que la Iglesia sea para todos un taller de humildad

En el Ángelus en la Plaza de San Pedro, el Pontífice reflexiona sobre el Evangelio de Lucas, en el que Jesús almuerza con los fariseos y observa que hay "una carrera por ocupar los primeros lugares". Exhorta a la Iglesia a ser una “casa en la que siempre se es bienvenido, donde los puestos no se conquistan” y a reconocer nuestra dignidad de “hijas e hijos de Dios”.

Vatican News

La humildad es “ser libre de uno mismo” y nace “cuando el Reino de Dios y su justicia se han convertido verdaderamente en nuestro interés y podemos permitirnos mirar lejos: no la punta de nuestros pies, ¡sino lejos!”.

En su alocución previa a la oración del Ángelus del último domingo de agosto, el Papa León XIV anima a aprender a servir como Cristo y a mirar más allá de uno mismo. Asomado desde la ventana del Palacio Apostólico, el Pontífice centra su reflexión en un pasaje del Evangelio del día, tomado del evangelista Lucas, en el que Jesús almuerza en casa de uno de los jefes de los fariseos y observa “que hay una carrera por ocupar los primeros lugares” y “mediante una parábola, describe lo que ve e invita a pensar a quienes lo observan”. El Santo Padre se dirige, en particular, a la Iglesia, diciendo:

Pidamos hoy que la Iglesia sea para todos un taller de humildad, es decir, esa casa en la que siempre se es bienvenido, donde los puestos no se conquistan, donde Jesús puede tomar todavía la Palabra y educarnos en su humildad y en su libertad.

Jesús nos llama a la libertad

Dirigiéndose a los numerosos fieles llegados a la plaza de San Pedro, el Pontífice subraya que “sentarnos juntos en torno a la mesa eucarística, en el día del Señor, significa también para nosotros darle a Jesús la palabra” porque Él, “se hace nuestro huésped y puede describir cómo nos ve”. Y señala que es muy importante “vernos a través de su mirada, repensar cómo muchas veces reducimos la vida a una competición, cómo perdemos la compostura con tal de obtener algún reconocimiento, cómo nos comparamos inútilmente unos con otros”. Por ello, observa:

Detenernos a reflexionar, dejarnos sacudir por una Palabra que cuestiona las prioridades que ocupan nuestro corazón, es una experiencia de libertad. Jesús nos llama a la libertad.

La humildad, forma plena de libertad

De hecho, León XIV subraya que el Evangelio usa la palabra “humildad para describir la forma plena de la libertad”. “Quien se engrandece, en general – evidencia - parece no haber encontrado nada más interesante que sí mismo y, en el fondo, tiene poca seguridad en sí”.

Pero quien ha comprendido que es muy valioso a los ojos de Dios, quien se siente profundamente hijo o hija de Dios, tiene cosas más grandes de las que gloriarse y posee una dignidad que brilla por sí sola. Esa se coloca en primer plano, ocupa el primer lugar sin esfuerzo y sin estrategias, cuando en vez de servirnos de las situaciones, aprendemos a servir.

Ser huéspedes cercanos como Jesús

El Papa explica además que “los comensales ‘observaban’ a Jesús y, en general, Él era mirado con cierta desconfianza por los intérpretes más rigurosos de la tradición”. “Sin embargo – subraya - el encuentro es posible porque Jesús se hace realmente cercano, no permanece ajeno a la situación” sino que “se hace huésped de verdad, con respeto y autenticidad. Renuncia a esos buenos modales que son sólo formalidades que eluden comprometerse recíprocamente”.

Tener invitados ensancha el espacio del corazón, y hacerse huésped exige la humildad de entrar en el mundo del otro. Una cultura del encuentro se nutre de estos gestos que acercan.

https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2025-08/papa-leon-xiv-angelus-31-agosto-2025-humildad.html

miércoles, 27 de agosto de 2025

La Pascua de Jesús.

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 27 de agosto de 2025

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Ciclo de catequesis - Jubileo 2025. Jesucristo, nuestra esperanza. III. La Pascua de Jesús. 4.  La entrega. «¿A quién buscan?» (Jn 18,4)


Queridos hermanos y hermanas,

Hoy nos detenemos en una escena que marca el inicio de la pasión de Jesús: el momento de su detención en el huerto de los Olivos. El evangelista Juan, con su habitual profundidad, no nos presenta a un Jesús asustado, que huye o se esconde. Al contrario, nos muestra a un hombre libre, que se adelanta y toma la palabra, afrontando con valentía la hora en la que puede manifestarse la luz del amor más grande.

«Jesús, sabiendo todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les dijo: “¿A quién buscan?”» (Jn 18,4). Jesús lo sabe. Sin embargo, decide no retroceder. Se entrega. No por debilidad, sino por amor. Un amor tan pleno, tan maduro, que no teme el rechazo. Jesús no es capturado: se deja capturar. No es víctima de un arresto, sino autor de un don. En este gesto se encarna una esperanza de salvación para nuestra humanidad: saber que, incluso en la hora más oscura, se puede seguir siendo libre para amar hasta el final.

Cuando Jesús responde «Soy yo», los soldados caen al suelo. Se trata de un pasaje misterioso, ya que esta expresión, en la revelación bíblica, evoca el nombre mismo de Dios: «Yo soy». Jesús revela que la presencia de Dios se manifiesta precisamente allí donde la humanidad experimenta la injusticia, el miedo y la soledad. Precisamente allí, la luz verdadera está dispuesta a brillar sin temor a ser abrumada por el avance de las tinieblas.

En plena noche, cuando todo parece derrumbarse, Jesús muestra que la esperanza cristiana no es evasión, sino decisión. Esta actitud es fruto de una profunda oración en la que no se pide a Dios que nos libre del sufrimiento, sino que nos dé la fuerza para perseverar en el amor, conscientes de que la vida ofrecida libremente por amor nadie nos la puede quitar.

«Si me buscan a mí, dejen que estos se vayan» (Jn 18,8). En el momento de su detención, Jesús no se preocupa por salvarse a sí mismo: solo desea que sus amigos puedan irse libres. Esto demuestra que su sacrificio es un verdadero acto de amor. Jesús se deja capturar y encarcelar por los guardias solo para poder dejar en libertad a sus discípulos.

Jesús vivió cada día de su vida como preparación para este momento dramático y sublime. Por eso, cuando llega, tiene la fuerza de no buscar una vía de escape. Su corazón sabe bien que perder la vida por amor no es un fracaso, sino que posee una misteriosa fecundidad. Como el grano de trigo que, al caer en tierra, no permanece solo, sino que muere y da fruto.

También Jesús se siente turbado ante un camino que parece conducir solo a la muerte y al fin. Pero está igualmente convencido de que solo una vida perdida por amor, al final, se reencuentra. En esto consiste la verdadera esperanza: no en tratar de evitar el dolor, sino en creer que, incluso en el corazón de los sufrimientos más injustos, se esconde la semilla de una nueva vida.

¿Y nosotros? Cuántas veces defendemos nuestra vida, nuestros proyectos, nuestras seguridades, sin darnos cuenta de que, al hacerlo, nos quedamos solos. La lógica del Evangelio es diferente: solo lo que se da florece, solo el amor que se vuelve gratuito puede devolver la confianza incluso allí donde todo parece perdido.

El Evangelio de Marcos también nos habla de un joven que, cuando Jesús es arrestado, huye desnudo (Mc 14,51). Es una imagen enigmática, pero profundamente evocadora. También nosotros, en nuestro intento de seguir a Jesús, vivimos momentos en los que nos vemos sorprendidos y quedamos despojados de nuestras certezas. Son los momentos más difíciles, en los que nos sentimos tentados de abandonar el camino del Evangelio porque el amor nos parece un viaje imposible. Sin embargo, será precisamente un joven, al final del Evangelio, quien anunciará la resurrección a las mujeres, ya no desnudo, sino vestido con una túnica blanca.

Esta es la esperanza de nuestra fe: nuestros pecados y nuestras vacilaciones no impiden que Dios nos perdone y nos devuelva el deseo de retomar nuestro seguimiento, para hacernos capaces de dar la vida por los demás.

Queridos hermanos y hermanas, aprendamos también nosotros a entregarnos a la buena voluntad del Padre, dejando que nuestra vida sea una respuesta al bien recibido. En la vida no es necesario tenerlo todo bajo control. Basta con elegir cada día amar con libertad. Esta es la verdadera esperanza: saber que, incluso en la oscuridad de la prueba, el amor de Dios nos sostiene y hace madurar en nosotros el fruto de la vida eterna.

lunes, 25 de agosto de 2025

La “puerta estrecha” del Evangelio.

 

https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2025-08/angelus-papa-leon-xiv-la-puerta-estrecha-evangelio-autenticidad.html

Papa León XIV: La “puerta estrecha” del Evangelio. Fe auténtica y vida transformada

El Papa León XIV, en el rezo del Ángelus de este domingo, reflexionó sobre el pasaje evangélico de la “puerta estrecha” (Lc 13,22-30) y advirtió que la salvación no se alcanza con la simple práctica religiosa, sino con una fe auténtica que transforme la vida en amor, justicia y compromiso concreto por los demás.

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

En el Ángelus de este domingo, el Papa León XIV invitó a los fieles a reflexionar sobre un pasaje del Evangelio de san Lucas (13,22-30), en el que Jesús habla de la “puerta estrecha”. La enseñanza del Señor surge como respuesta a la pregunta de si son pocos los que se salvan.

“A primera vista, esta imagen hace surgir en nosotros algunas preguntas: Si Dios es el Padre del amor y de la misericordia, que siempre permanece con los brazos abiertos para acogernos, ¿por qué Jesús dice que la puerta de la salvación es estrecha?”

La transformación del corazón: gestos concretos 

El Pontífice explicó que esta imagen no busca desanimar, sino sacudir la falsa seguridad de quienes creen que basta con cumplir la práctica religiosa para garantizarse la salvación. Jesús advierte que no alcanza con participar en la Eucaristía o conocer bien la doctrina si la fe no transforma el corazón y no se expresa en gestos concretos de amor y justicia.

“El Señor no ... acepta sacrificios y oraciones que no nos conducen a vivir el amor a los hermanos y a practicar la justicia. Por eso, cuando estos se presenten ante el Señor enorgulleciéndose de haber comido y bebido con Él y de haber escuchado sus enseñanzas, oirán que les dice: «No sé de dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos los que hacen el mal!» (v. 27).”

Fe auténtica: arriesgarse por amor como hizo Jesús

El Papa subrayó que Cristo mismo es la puerta que conduce a la vida eterna, y que atravesarla significa asumir su camino de entrega y cruz. Él no eligió el éxito ni el poder, sino que nos amó hasta dar la vida por nosotros, recordó. Por ello, la fe auténtica es aquella que se convierte en criterio de vida diaria, capaz de inspirar decisiones difíciles, de vencer el egoísmo y de sostener el compromiso por el bien común, la paz y la justicia.

“... perseverar en el bien allí donde parecen prevalecer las lógicas del mal, y así sucesivamente. Pero, franqueando este umbral, descubriremos que la vida se abre de par en par ante nosotros como un mundo nuevo, y, desde ese momento, entraremos en el amplio corazón de Dios y en la alegría de la fiesta eterna que Él ha preparado para nosotros.”

Finalmente, el Pontífice encomendó a la Virgen María la misión de los cristianos, pidiendo que Ella ayude a recorrer con valentía el camino del Evangelio para abrirse plenamente al amor infinito del Padre.

sábado, 23 de agosto de 2025

'La política necesita esperanza y servir a las personas'

 

'La política necesita esperanza y servir a las personas', indicó el Papa a legisladores

  • 23 de agosto, 2025
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
León XIV se reunió con legisladores católicos a los que instó a construir un mundo arraigado en la justicia, la conciencia y el amor de Dios.

"El auténtico desarrollo humano se manifiesta cuando las personas viven virtuosamente y en comunidades sanas, regocijándose no solo de lo que poseen, sino también de quienes son: hijos de Dios", así lo señaló el papa León XIV en su discurso a los participantes de la XVI Reunión Anual de la Red Internacional de Parlamentarios Católicos, (ICLN), reunida en Roma durante el Jubileo de la Esperanza.

Al dar la bienvenida a legisladores y líderes políticos de todo el mundo, el Papa les agradeció su presencia y reflexionó sobre el tema elegido para la reunión: "El nuevo orden mundial: la política de las grandes potencias, los dominios corporativos y el futuro del florecimiento humano".

En estas palabras -dijo-, percibo una preocupación y un anhelo a la vez. Nos preocupa el rumbo que está tomando nuestro mundo, y sin embargo, anhelamos un auténtico florecimiento humano, un mundo donde cada persona pueda vivir en paz, libertad y plenitud según el plan de Dios.

Dos ciudades
Recurriendo a la sabiduría de San Agustín de Hipona, el Papa recordó cómo el gran Padre de la Iglesia, escribiendo en medio de los trastornos del último Imperio Romano, imaginó la historia como el desarrollo de dos "ciudades".

Este Padre de la Iglesia enseñó que, en la historia de la humanidad, dos ciudades se entrelazan: la Ciudad del Hombre y la Ciudad de Dios. Estas representan realidades espirituales: dos orientaciones del corazón humano y, por lo tanto, de la civilización humana. La Ciudad del Hombre, construida sobre el orgullo y el amor propio, se caracteriza por la búsqueda del poder, el prestigio y el placer; la Ciudad de Dios, construida sobre el amor a Dios hasta el altruismo, se caracteriza por la justicia, la caridad y la humildad.

Auténtico florecimiento humano
El Papa León enfatizó que la visión de una vida próspera a menudo se distorsiona en el mundo actual. "Hoy en día, una vida próspera se confunde a menudo con una vida de riqueza material o una vida de autonomía individual sin restricciones. El supuesto futuro ideal que se nos presenta suele ser el de la comodidad tecnológica y la satisfacción del consumidor. Sin embargo, sabemos que esto no es suficiente. Lo vemos en las sociedades ricas donde muchas personas luchan contra la soledad, la desesperación y una sensación de falta de sentido".

"El auténtico florecimiento humano -continuó- proviene de lo que la Iglesia llama desarrollo humano integral, o el pleno desarrollo de la persona en todas sus dimensiones: física, social, cultural, moral y espiritual. Esta visión de la persona humana tiene sus raíces en la ley natural, el orden moral que Dios ha inscrito en el corazón humano, cuyas verdades más profundas son iluminadas por el Evangelio de Cristo".

Garantiza la libertad de buscar la verdad, adorar a Dios y criar familias en paz. También incluye la armonía con la creación y un sentido de solidaridad entre clases sociales y naciones. De hecho, el Señor vino para que tengamos vida y la tengamos en abundancia.

Una política de esperanza
El Papa enfatizó que el futuro del desarrollo humano depende del "amor" con el que decidamos organizar nuestra sociedad: "el amor a uno mismo o el amor a Dios y al prójimo". Argumentó que todos ya conocemos la respuesta. Retando a los legisladores a ver su trabajo como una vocación, el Papa León les recordó su llamado a ser constructores de puentes entre las dos ciudades: la del Hombre y la de Dios. "Los insto a trabajar por un mundo donde el poder sea dominado por la conciencia y la ley esté al servicio de la dignidad humana. También los animo a rechazar la mentalidad peligrosa y contraproducente que dice que nada puede cambiar jamás".

Sin embargo, el Santo Padre reconoció que el llamado será difícil y que enfrentarán desafíos. Pero la gracia de Dios los ayudará a superarlos. "Mi venerable predecesor señaló la necesidad de una 'diplomacia de la esperanza'. Yo añadiría que también necesitamos una 'política de la esperanza' y una 'economía de la esperanza', cimentadas en la convicción de que incluso ahora, por la gracia de Cristo, podemos reflejar su luz en la ciudad terrena".

Bendición y aliento
Al concluir su discurso, el Papa León XIV expresó su gratitud por los esfuerzos de los legisladores por llevar el Evangelio a la vida pública. "Cuenten con mis oraciones por ustedes, sus seres queridos y aquellos a quienes sirven. Que el Señor Jesús, Príncipe de la Paz, bendiga y guíe sus esfuerzos por el verdadero florecimiento de la familia humana".+




viernes, 22 de agosto de 2025

22 de agosto. Día de oración y ayuno por la paz

 

León XIV convoca a un día de oración y ayuno por la paz el 22 de agosto

Al final de la audiencia general de este miércoles en el Aula Pablo VI, el Papa invitó específicamente a rezar a la Virgen María el próximo viernes, día en que se la venera como Reina: que el Señor "enjugue las lágrimas de quienes sufren a causa de los conflictos armados en curso".
https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2025-08/leon-xiv-convoca-el-22-de-agosto-para-un-dia-de-ayuno-y-oracion.html

miércoles, 20 de agosto de 2025

Jesús no permitió que el mal tuviera la última palabra

 

León XIV: el perdón es más fuerte que la traición

  • 20 de agosto, 2025
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
Perdonar no significa negar la existencia del mal, sino evitar que genere más mal. Significa hacer todo lo posible para que el resentimiento no determine el futuro, enfatizó el Papa en la catequesis.

Durante su audiencia general semanal, el papa León XIV ilustró a los fieles cómo el amor de Jesús, a pesar de ser traicionado, no permitió que el mal tuviera la última palabra, y "que siempre hay un camino para seguir amando, incluso cuando todo parece irremediablemente comprometido".

"Pidamos hoy la gracia de saber perdonar, incluso cuando no nos sentimos comprendidos, incluso cuando nos sentimos abandonados", animó el Santo Padre durante su audiencia general semanal, celebrada este miércoles 20 de agosto, en el auditorio Pablo VI, su primer acto público en el Vaticano desde que partió de Castel Gandolfo el martes por la noche.

Amor a pesar de la traición
Refiriéndose al relato evangélico de la traición de Judas, el Papa señaló que "el amor de Jesús tendrá que pasar por la herida más dolorosa de la traición. En lugar de retirarse, acusar, defenderse, sigue amando: lava los pies, sumerge el pan y lo ofrece".

El Santo Padre enfatizó que "la libertad de los demás, incluso cuando están perdidos en el mal, puede alcanzarse gracias a la luz de un gesto de dulzura". Jesús sabe que "el verdadero perdón no espera el arrepentimiento, sino que se ofrece como don incluso antes de ser aceptado". Añade que el amor "no se detiene ante el rechazo, la decepción o la ingratitud".

Dios es un ejemplo de amor y perdón. Él "hace todo -realmente todo- para alcanzarnos, incluso en la hora en que lo rechazamos", señaló León XIV.

lunes, 18 de agosto de 2025

“Signo de contradicción” (cf. Lc 2,34).

 

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PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de la Libertad (Castel Gandolfo)
Domingo, 17 de agosto de 2025

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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Hoy el Evangelio nos presenta un texto exigente (cf. Lc 12,49-53), en el que Jesús, con imágenes fuertes y gran sinceridad, dice a los discípulos que su misión, y también la de quienes lo siguen, no es toda “color de rosa”, sino que es “signo de contradicción” (cf. Lc 2,34).

Diciendo esto, el Señor anticipa lo que deberá afrontar cuando en Jerusalén sea agredido, arrestado, insultado, golpeado, crucificado; cuando su mensaje, aun hablando de amor y de justicia, sea rechazado; cuando los jefes del pueblo reaccionen con violencia a su predicación. Por otra parte, muchas de las comunidades a las que el evangelista Lucas se dirigía con sus escritos vivían la misma experiencia. Eran, como nos dicen los Hechos de los Apóstoles, comunidades pacíficas que, aun con sus límites, intentaban vivir de la mejor manera el mensaje de caridad del Maestro (cf. Hch 4,32-33). Y, sin embargo, sufrían persecuciones.

Todo esto nos recuerda que el bien no siempre encuentra una respuesta positiva en su entorno. Es más, en ocasiones, precisamente porque la belleza de ese bien molesta a quienes no lo acogen, aquel que lo pone en práctica termina encontrando duras oposiciones, hasta sufrir maltratos y abusos. Obrar en la verdad cuesta, porque en el mundo hay personas que eligen la mentira, y porque el diablo, aprovechándose de ello, a menudo busca obstaculizar el obrar de los buenos.

Pero Jesús, con su ayuda, nos invita a no rendirnos ni a equipararnos con esta mentalidad, sino a seguir obrando por nuestro bien y el de todos, incluso de quienes nos hacen sufrir. Nos invita a no responder a la prepotencia con la venganza, sino a permanecer fieles a la verdad en la caridad. Los mártires dan testimonio de ello derramando su sangre por la fe, pero también nosotros, en circunstancias y de modos diferentes, podemos imitarlos.

Pensemos, por ejemplo, en el precio que debe pagar un buen padre, si quiere educar bien a sus hijos, con sanos principios; antes o después deberá saber decir algún “no”, hacer alguna corrección, y esto le causará sufrimiento. Lo mismo vale para un maestro que desea formar correctamente a sus alumnos, para un profesional, un religioso, un político, que se propongan realizar su misión honestamente, y para quienes se esfuercen en ejercitar con coherencia, según las enseñanzas del Evangelio, sus propias responsabilidades.

A este respecto, san Ignacio de Antioquía, mientras viajaba hacia Roma, donde sufriría el martirio, escribía a los cristianos de esta ciudad: «No quisiera que procurarais agradar a los hombres, sino a Dios» (Carta a los Romanos, 2,1), y agregaba: «Es bueno para mí el morir por Jesucristo, más bien que reinar sobre los extremos más alejados de la tierra» (ibíd., 6,1).

Hermanos y hermanas, pidamos juntos a María, Reina de los mártires, que nos ayude a ser, en toda circunstancia, testigos fieles y valientes de su Hijo, y a sostener a los hermanos y hermanas que hoy sufren por la fe.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Quiero expresar mi cercanía a las poblaciones de Paquistán, India y Nepal que han visto afectadas por unos violentos aluviones. Rezo por las víctimas y sus familiares, y por todos aquellos que sufren a causa de estas calamidades.

Recemos para que lleguen a buen puerto los esfuerzos para hacer cesar las guerras y promover la paz; de modo que, en las tratativas, ocupe siempre el primer lugar el bien común de los pueblos.

Es este tiempo veraniego recibo noticias de muchas y variadas iniciativas de animación cultural y de evangelización, organizadas con frecuencia en los lugares de vacaciones. Es hermoso ver como la pasión por el Evangelio estimula la creatividad y el compromiso de grupos y asociaciones de todas las edades. Pienso, por ejemplo, a la misión juvenil que se ha desarrollado en estos días a Riccione. Agradezco a los promotores y a cuantos en distintos modos participan en estos eventos.

Saludo con afecto a cuantos están aquí presentes en Castel Gandolfo. En particular, me alegro de acoger al grupo AIDO de Coccaglio, que celebra los 50 años de compromiso por la vida, a los donantes de sangre AVIS que han venido en bicicleta desde Gavardo (Brescia) y a los jóvenes de Casarano y las religiosas franciscanas de San Antonio.

Bendigo además la gran peregrinación al Santuario mariano de Piekary, en Polonia.

Que tengan un feliz domingo.

sábado, 16 de agosto de 2025

ASUNCIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA _ 15/8/2025

 

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SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA 

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de la Libertad (Castel Gandolfo)
Viernes, 15 de agosto de 2025

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Queridos hermanos y hermanas, feliz fiesta.

Los Padres del Concilio Vaticano II nos han dejado un texto estupendo sobre la Virgen María, que hoy me gustaría releer con ustedes, mientras celebramos la fiesta de su asunción a la gloria del cielo. Al final del documento sobre la Iglesia, el Concilio dice así: «La Madre de Jesús, de la misma manera que, glorificada ya en los cielos en cuerpo y en alma, es imagen y principio de la Iglesia que habrá de tener su cumplimiento en la vida futura, así en la tierra precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo hasta que llegue el día del Señor (cf. 2 P 3,10)» (Lumen gentium, 68).

María, que Cristo resucitado ha llevado consigo a la gloria en cuerpo y alma, resplandece como icono de esperanza para sus hijos peregrinos en la historia.

¿Cómo no evocar los versos de Dante, en el último canto del Paraíso? En la oración que pone en boca de san Bernardo, que comienza diciendo: «Oh, Virgen Madre, hija de tu hijo» (XXXIII, 1), el poeta alaba a María porque aquí abajo, entre los mortales, es «de esperanza vivo manantial» (ibíd., 12), es decir, fuente de la que brota la esperanza.

Hermanas y hermanos, esta verdad de nuestra fe es perfectamente coherente con el tema del Jubileo que estamos viviendo: “Peregrinos de esperanza”. El peregrino necesita una meta que oriente su viaje. Una meta hermosa, atrayente, que guíe sus pasos y lo anime cuando esté cansado, que reavive siempre en su corazón el deseo y la esperanza. En el camino de la existencia esta meta es Dios, Amor infinito y eterno, plenitud de vida, de paz, de alegría, de todo bien. El corazón humano es atraído por esa belleza y no es feliz hasta que no la encuentra; y, en efecto, si se pierde en medio de la “selva oscura” del mal y del pecado corre el riesgo de no encontrarla.

Pero ahí está la gracia. Dios ha salido a nuestro encuentro, ha asumido nuestra carne, hecha de tierra, y la ha llevado consigo, simbólicamente decimos “al cielo”, es decir, con Dios. Es el misterio de Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado para nuestra salvación; e inseparable de Él está también el misterio de María, la mujer de la cual el Hijo de Dios ha tomado la carne, y de la Iglesia, cuerpo místico de Cristo. Se trata de un único misterio de amor y, por tanto, de libertad. Como Jesús ha dicho “sí”, también María ha dicho “sí”, ha creído en la palabra del Señor. Y toda su vida ha sido un peregrinaje de esperanza junto al Hijo de Dios y suyo, una peregrinación que, a través de la cruz y la resurrección, la hizo alcanzar la patria, el abrazo de Dios.

Por eso, mientras estamos en camino, como individuos, como familia, en comunidad, especialmente cuando aparecen las nubes oscuras y el camino se percibe incierto y difícil, levantemos la mirada, contemplémosla a ella, nuestra Madre, y volveremos a encontrar la esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5).