miércoles, 28 de mayo de 2025

«Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió»(Lc 10).

 

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LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL 

Plaza de San Pedro
Miércoles, 28 de mayo de 2025

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Ciclo de catequesis - Jubileo 2025. Jesucristo, nuestra esperanza. II. La vida de Jesús. Las parábolas 7. El samaritano. «Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió»(Lc 10).

Queridos hermanos y hermanas:

Continuamos meditando sobre algunas parábolas del Evangelio que nos ofrecen la oportunidad de cambiar de perspectiva y abrirnos a la esperanza. La falta de esperanza, a veces, se debe a que nos quedamos atrapados en una cierta forma rígida y cerrada de ver las cosas, y las parábolas nos ayudan a mirarlas desde otro punto de vista.

Hoy me gustaría hablarles de una persona experta, preparada, un doctor en la Ley, que sin embargo necesita cambiar de perspectiva, porque está concentrado en sí mismo y no se da cuenta de los demás (cf. Lc 10,25-37). De hecho, le pregunta a Jesús cómo se «hereda» la vida eterna, utilizando una expresión que la considera como un derecho inequívoco. Pero detrás de esta pregunta, quizás se esconde precisamente una necesidad de atención: la única palabra sobre la que pide explicaciones a Jesús es el término «prójimo», que literalmente significa «el que está cerca».

Por eso, Jesús cuenta una parábola que es un camino para transformar esa pregunta, para pasar del «¿quién me quiere?» al «¿quién ha querido?». La primera es una pregunta inmadura, la segunda es la pregunta del adulto que ha comprendido el sentido de su vida. La primera pregunta es la que pronunciamos cuando nos situamos en un rincón y esperamos, la segunda es la que nos impulsa a ponernos en camino.

La parábola que cuenta Jesús tiene, de hecho, como escenario un camino, y es un camino difícil y áspero, como la vida. Es el camino que recorre un hombre que baja de Jerusalén, la ciudad en la montaña, a Jericó, la ciudad bajo el nivel del mar. Es una imagen que ya presagia lo que podría ocurrir: efectivamente, sucede que ese hombre es asaltado, golpeado, despojado y abandonado medio muerto. Es la experiencia que se vive cuando las situaciones, las personas, a veces incluso aquellos en quienes hemos confiado, nos quitan todo y nos dejan tirados.

Pero la vida está hecha de encuentros, y en estos encuentros nos revelamos tal y como somos. Nos encontramos frente al otro, frente a su fragilidad y su debilidad, y podemos decidir qué hacer: cuidar de él o hacer como si nada. Un sacerdote y un levita bajan por ese mismo camino. Son personas que prestan servicio en el Templo de Jerusalén, que viven en el espacio sagrado. Sin embargo, la práctica del culto no lleva automáticamente a ser compasivos. De hecho, antes que una cuestión religiosa, ¡la compasión es una cuestión de humanidad! Antes de ser creyentes, estamos llamados a ser humanos.

Podemos imaginar que, después de haber permanecido mucho tiempo en Jerusalén, aquel sacerdote y aquel levita tienen prisa por volver a casa. Es precisamente la prisa, tan presente en nuestra vida, la que muchas veces nos impide sentir compasión. Quien piensa que su viaje debe tener la prioridad, no está dispuesto a detenerse por otro.

Pero he aquí que llega alguien que sí es capaz de detenerse: es un samaritano, es decir, alguien que pertenece a un pueblo despreciado (cf. 2 Re 17). En su caso, el texto no precisa la dirección, sino que solo dice que estaba de viaje. La religiosidad aquí no tiene nada que ver. Este samaritano se detiene simplemente porque es un hombre ante otro hombre que necesita ayuda.

La compasión se expresa a través de gestos concretos. El evangelista Lucas se detiene en las acciones del samaritano, al que llamamos «bueno», pero que en el texto es simplemente una persona: el samaritano se acerca, porque si quieres ayudar a alguien, no puedes pensar en mantenerte a distancia, tienes que implicarte, ensuciarte, quizás contaminarte; le venda las heridas después de limpiarlas con aceite y vino; lo carga en su montura, es decir, se hace cargo de él, porque solo se ayuda de verdad si se está dispuesto a sentir el peso del dolor del otro; lo lleva a una posada donde gasta su dinero, «dos denarios», más o menos dos días de trabajo; y se compromete a volver y, si es necesario, a pagar más, porque el otro no es un paquete que hay que entregar, sino alguien que hay que cuidar.

Queridos hermanos y hermanas, ¿cuándo seremos capaces nosotros también de interrumpir nuestro viaje y tener compasión? Cuando hayamos comprendido que ese hombre herido en el camino nos representa a cada uno de nosotros. Y entonces, el recuerdo de todas las veces que Jesús se detuvo para cuidar de nosotros nos hará más capaces de compasión.

Recemos, pues, para que podamos crecer en humanidad, de modo que nuestras relaciones sean más verdaderas y más ricas en compasión. Pidamos al Corazón de Cristo la gracia de tener cada vez más sus mismos sentimientos.
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Saludos 

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España, México, Argentina, República Dominicana, Puerto Rico, Colombia, Guatemala y Chile. Los animo a contemplar con esperanza todas las veces que Jesús se detuvo ante nosotros cuando nos encontrábamos caídos al borde del camino, pidiéndole que nos dé entrañas de misericordia para tener la misma compasión con los demás que Él tuvo con nosotros. Muchas gracias.
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Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

En esta catequesis releemos la parábola del buen samaritano. El Señor la dirige a un hombre que, a pesar de conocer las Escrituras, considera la salvación como un derecho que le es debido, algo que se puede adquirir. La parábola le ayuda a cambiar de perspectiva, y a pasar de centrarse en sí mismo a ser capaz de acoger a los otros, sintiéndose llamado a hacerse prójimo de los demás, sin importar quienes sean, y no sólo juzgar cercanas a las personas que lo aprecian.

La parábola gira en torno al camino que hace cada personaje, al modo de aproximarse a los demás y a cómo se comporta cada uno cuando ve al prójimo en dificultad. En definitiva, la parábola nos habla de compasión, de comprender que antes de ser creyentes debemos ser humanos. El texto nos pide reflexionar sobre nuestra capacidad de detenernos en el camino de la vida, de poner al otro por encima de nuestra prisa, de nuestro proyecto de viaje. Nos pide estar dispuestos a reducir las distancias, a implicarnos, a ensuciarnos si es necesario, a hacernos cargo del dolor del otro y gastar de lo nuestro, volviendo a su encuentro, porque el prójimo es para nosotros alguien cercano.



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Octavo Coloquio Cristiano-Budista para reflexionar y dialogar.

 

Budistas y cristianos juntos por la reconciliación y la paz

  • 28 de mayo, 2025
  • Nom Pen (Camboya) (AICA)
Del 26 al 29 de mayo, líderes religiosos y académicos de todo el mundo se reúnen en Nom Pen (Camboya) en el octavo Coloquio Cristiano-Budista para reflexionar y dialogar.

"Diálogo y fraternidad son las palabras clave para avanzar en el camino de la paz. Con el papa León XIV queremos seguir dialogando y construyendo puentes", expresó el vicario apostólico de Nom Pen (Camboya), monseñor Olivier Schmitthaeusler, en su discurso de bienvenida al octavo Coloquio Cristiano-Budista, que reúne a 50 delegados budistas y católicos internacionales de 20 países.

"El Coloquio -en curso del 26 al 29 de mayo en la capital camboyana, centrado en el tema "Juntos trabajamos para construir la paz a través de la reconciliación y la resiliencia"-, representa un acontecimiento histórico para nuestra pequeña Iglesia católica en Camboya, y reforzará el trabajo de diálogo y paz que llevamos a cabo aquí y en nuestros respectivos países", subrayó el obispo.

Al inaugurar los trabajos, monseñor Schmitthaeusler expresó la calurosa acogida de parte de la Iglesia católica de Camboya, "una pequeña comunidad de unos 20.000 fieles, con 80 sacerdotes -14 de ellos locales- y 200 religiosos y religiosas, entre los cuales 15 son religiosas camboyanas". Además, agradeció la presencia y el apoyo de las máximas autoridades religiosas del país, incluido el Ministro de Religiones y Cultos. 

"En la realidad camboyana convivimos en paz y armonía", afirmó el vicario apostólico, "y es precisamente esta paz la que nos permite construir una sociedad orientada al futuro con confianza".

"La justicia -concluyó el prelado- asegura el bien común y la dignidad de cada persona, y de ella brota la paz. Una paz que no es simplemente la ausencia de guerra, sino la convivencia fraterna y armónica. Que este Coloquio sea un signo visible de esta armonía que, en este Año Jubilar para la Iglesia, nos conduzca a todos hacia la esperanza".

Organizado por el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso en colaboración con las universidades y monasterios budistas de Camboya y la Conferencia Episcopal local, el encuentro cuenta con la participación de representantes de ambas religiones, entre ellos delegados de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia.

Un "poderoso signo de esperanza"
"Esta sesión ofrece un espacio sagrado en el que budistas y cristianos se reúnen no sólo como representantes de dos tradiciones venerables, sino unidos por un compromiso común en favor de la concordia", expresó por su parte el cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, al inicio del encuentro.

"En un mundo fragmentado por la violencia marcado por los conflictos y oprimido por la injusticia, la pobreza y la degradación del medio ambiente, nuestra asamblea de líderes espirituales y practicantes representa un poderoso signo de esperanza", observó el prefecto

El cardenal Koowakad explicó que "en el centro de nuestro encuentro hay dos tesoros espirituales: la reconciliación y la resiliencia, que están profundamente arraigadas en nuestras respectivas creencias y son capaces de construir y sostener una paz duradera".

Contra toda desigualdad
El cardenal subrayó también lo fundamental que es, en un contexto histórico dominado por enormes desigualdades, dar testimonio del poder curativo de la religión en beneficio de un mundo que describe como cada vez más inquieto: "No puedo evitar pensar en los más afectados por la guerra y la injusticia, los que sufren directamente y los que, cansados de los titulares saturados de tragedia, se han alejado con desesperación. La realidad del sufrimiento causado por la violencia, los prejuicios y la desigualdad es innegable".

De ahí que, concluyó, "nuestras tradiciones espirituales ofrecen tanto una visión como una misión: nos instan a rechazar la apatía y a asumir la difícil tarea de la construcción de la paz. Nos desafían a elegir la reconciliación en lugar de la venganza, la resiliencia en lugar de la resignación".

Desde su primera edición en 1995 en Taiwán, el Coloquio se celebró en países como India, Japón, Italia y Tailandia. La edición de este año aborda cuestiones urgentes como la violencia, la fragmentación social y las crisis ecológicas, subrayando cómo los valores comunes del budismo y el cristianismo -como la compasión, la justicia y el amor- pueden contribuir a construir comunidades resilientes y restaurar la dignidad humana.

domingo, 25 de mayo de 2025

«El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él»

 

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PAPA LEÓN XIV

REGINA CAELI

Plaza de San Pedro
Domingo, 25 de mayo de 2025

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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Estoy todavía en los inicios de mi ministerio entre ustedes y deseo agradecerles ante todo el afecto que me están manifestando, al mismo tiempo les pido que me sostengan con su oración y cercanía.

En todo aquello a lo que el Señor nos llama, tanto en el camino de la vida como en el de la fe, nos sentimos a veces insuficientes. Sin embargo, el Evangelio de este domingo (cf. Jn 14,23-29) justamente nos dice que no debemos fijarnos en nuestras fuerzas, sino en la misericordia del Señor que nos ha elegido, seguros de que el Espíritu Santo nos guía y nos enseña todo.

A los Apóstoles que, en la víspera de la muerte del Maestro, se encontraban turbados desconcertados y afligidos, preguntándose cómo podrían ser continuadores y testigos del Reino de Dios, Jesús les anuncia el don del Espíritu Santo, con esta promesa maravillosa: «El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él» (v. 23).

De este modo, Jesús libera a los discípulos de toda angustia y preocupación y puede decirles: «¡No se inquieten ni teman!» (v. 27). Si permanecemos en su amor, en efecto, Él mismo hace morada en nosotros, nuestra vida se convierte en templo de Dios, y ese amor nos ilumina, y va entrando en nuestra forma de pensar y en nuestras decisiones, hasta alcanzar también a los demás, iluminando todos los ámbitos de nuestra existencia.

Sí, hermanos y hermanas, este morar de Dios en nosotros es precisamente el don del Espíritu Santo, que quien nos toma de la mano y nos hace experimentar, incluso en la vida cotidiana, la presencia y la cercanía de Dios, convirtiéndonos en morada suya.

Es hermoso que cuando al mirar a nuestro llamado, a las realidades y personas que nos han sido confiadas, a los compromisos que llevamos adelante y a nuestro servicio en la Iglesia, cada uno de nosotros pueda decir con confianza: aunque soy frágil, el Señor no se avergüenza de mi humanidad, al contrario, viene a habitar dentro de mí. Él me acompaña con su Espíritu, me ilumina y me transforma en instrumento de su amor para los demás, para la sociedad y para el mundo.

Queridos amigos, sobre el fundamento de esta promesa, caminemos en la alegría de la fe, para ser templo santo del Señor. Comprometámonos a llevar su amor a todas partes, recordando que cada hermana y cada hermano es morada de Dios; y que su presencia se revela especialmente en los pequeños, en los pobres y en quienes sufren, y nos pide ser cristianos atentos y compasivos.

Encomendémonos todos a la intercesión de María Santísima. Por obra del Espíritu, ella se convirtió en la “Morada consagrada a Dios”. Junto con ella, también nosotros podemos experimentar la alegría de acoger al Señor y ser signo e instrumento de su amor.

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Después del Regina Caeli

Queridos hermanos y hermanas:

Ayer en Poznan (Polonia) fue beatificado Stanislaus Kostka Streich, sacerdote diocesano asesinado por odio a la fe en 1938, porque su labor en favor de los pobres y de los trabajadores irritaba a los seguidores de la ideología comunista. Que su ejemplo anime especialmente a los sacerdotes a gastarse generosamente por el Evangelio y por los hermanos.

También ayer se celebró la memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen María, Auxilio de los cristianos, Jornada de oración por la Iglesia en China, instituida por el Papa Benedicto XVI. En las iglesias y santuarios de China y de todo el mundo se han elevado oraciones a Dios como signo de preocupación y afecto por los católicos chinos y su comunión con la Iglesia universal. Que la intercesión de María Santísima obtenga para ellos y para nosotros la gracia de ser testigos fuertes y alegres del Evangelio, incluso en medio de las pruebas, para promover siempre la paz y la concordia.

Con estos sentimientos, nuestra oración abraza a todos los pueblos que sufren a causa de la guerra; y suplicamos al Señor que conceda valentía y perseverancia a cuantos están comprometidos en el diálogo y en la búsqueda sincera de la paz.

Hace diez años, el Papa Francisco firmó la Encíclica Laudato si’, dedicada al cuidado de nuestra casa común, y que ha tenido una difusión extraordinaria, inspirando innumerables iniciativas y enseñando a todos a escuchar el doble grito de la Tierra y de los pobres. Saludo y animo al Movimiento Laudato si’ y a todos aquellos que llevan adelante este compromiso.

Saludo a todos los peregrinos que llegan desde Italia y de muchas otras partes del mundo, especialmente a los peregrinos de Valencia y de Polonia, envío una particular bendición a cuantos participan en la gran peregrinación al Santuario mariano de Piekary Śląskie en Polonia. Saludo a los fieles de Pescara, Sortino, Paternò, Caltagirone, Massarosa Nord, Malnate, Palagonia y Cerello, y a los de la parroquia de los Sagrados Corazones de Jesús y María en Roma. Saludo con afecto a los niños de la Confirmación de la Arquidiócesis de Génova, a los confirmandos de San Teodoro, en la diócesis de Tempio-Ampurias, a los ciclistas de Paderno Dugnano y a los Bersaglieri de Palermo.

¡Les deseo a todos un feliz domingo!



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La misericordia del Señor que nos ha donado el Espíritu Santo y nos convierte en su morada.

 

León XIV: Caminemos en la alegría de la fe, para ser templo santo del Señor

A la hora del Regina Coeli, el Papa recordó que aunque “a veces nos sentimos insuficientes” en el camino de la vida, tenemos que confiar en “la misericordia del Señor que nos ha donado el Espíritu Santo que nos guía y nos enseña todo” y nos convierte en su morada. "Comprometámonos a llevar su amor a todas partes" recordando que "cada hermano es morada de Dios, y que su presencia se revela especialmente en los pequeños, en los pobres y en quienes sufren".

Cecilia Mutual - Vatican News

El don del Espíritu Santo, nos hace experimentar, incluso en la vida cotidiana, la presencia y la cercanía de Dios, haciéndonos morada suya. Lo recordó el Papa León XIV en su reflexión previa a la oración del Regina Coeli, este último domingo de mayo.

Asomado desde la ventana del Palacio Apostólico, por primera vez desde su elección como Pontífice, el Santo Padre reflexionó sobre la lectura propuesta por la liturgia del día, que describe la despedida de Jesús de sus discípulos el día antes de su muerte y el anuncio del don del Espíritu Santo.

Después de saludar a los numerosos fieles congregados en una soleada plaza de San Pedro, el Papa, al inicio de su alocución, les agradeció por el afecto que le han demostrado en estos primeros días de pontificado, pidiéndoles que continúen apoyándole con la oración y la cercanía

Confiar en la misericordia del Señor

“En todo aquello a lo que el Señor nos llama, tanto en el camino de la vida como en el de la fe, a veces nos sentimos insuficientes”, afirmó el Papa León. “Sin embargo – notó – justamente el Evangelio de este domingo nos dice que no debemos fijarnos en nuestras fuerzas, sino en la misericordia del Señor que nos ha elegido, seguros de que el Espíritu Santo nos guía y nos enseña todo".

El Santo Padre recordó a continuación que los Apóstoles, en la víspera de la muerte del Maestro, se encontraban turbados y angustiados, y se preguntaban cómo podrían ser continuadores y testigos del Reino de Dios. Y Jesús, con el don del Espíritu Santo, los libera de toda angustia y preocupación.

“Si permanecemos en su amor, en efecto, Él mismo hace morada en nosotros, nuestra vida se convierte en templo de Dios y ese amor nos ilumina, va entrando en nuestra forma de pensar y en nuestras decisiones, hasta alcanzar también a los demás e iluminar todos los ámbitos de nuestra existencia”

“Este morar de Dios en nosotros – continuó el Papa – es precisamente el don del Espíritu Santo, que nos toma de la mano y nos hace experimentar, incluso en la vida cotidiana, la presencia y la cercanía de Dios, haciéndonos morada suya”

El Señor no se avergüenza de mi humanidad, habita en mí

Es hermoso – añadió – que, al mirar nuestro llamado, las realidades y personas que nos han sido confiadas, los compromisos que llevamos adelante y nuestro servicio en la Iglesia, cada uno de nosotros pueda decir con confianza: aunque soy frágil, el Señor no se avergüenza de mi humanidad, al contrario, viene a habitar dentro de mí.

“Él me acompaña con su Espíritu, me ilumina y me convierte en instrumento de su amor para los demás, para la sociedad y para el mundo”

Ser cristianos atentos y compasivos

Sobre el fundamento de esta promesa, León XIV invitó a caminar “en la alegría de la fe, para ser templo santo del Señor”.

“Comprometámonos a llevar su amor a todas partes, recordando que cada hermana y cada hermano es morada de Dios, y que su presencia se revela especialmente en los pequeños, en los pobres y en quienes sufren, pidiéndonos ser cristianos atentos y compasivos”

Finalmente, invitó a todos a encomendarse a la intercesión de María Santísima, que “por obra del Espíritu, se convirtió en la ‘Morada consagrada a Dios’. Junto con ella, también nosotros podemos experimentar la alegría de acoger al Señor y ser signo e instrumento de su amor”.

miércoles, 21 de mayo de 2025

«El sembrador. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas»(Mt 13).

 

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LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles, 21 de mayo de 2025

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Catequesis - Ciclo de catequesis - Jubileo 2025. Jesucristo, nuestra esperanza. I. La infancia de Jesús. 6.«El sembrador. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas»(Mt 13).

Queridos hermanos y hermanas:

Me alegra darles la bienvenida en mi primera audiencia general. Hoy retomo el ciclo de catequesis jubilares sobre el tema «Jesucristo, nuestra esperanza», iniciado por el Papa Francisco.

Hoy seguiremos meditando sobre las parábolas de Jesús, que nos ayudan a recuperar la esperanza, porque nos muestran cómo obra Dios en la historia. Hoy me gustaría detenerme en una parábola un poco particular, porque es una especie de introducción a todas las parábolas. Me refiero a la del sembrador (cf. Mt 13,1-17). En cierto sentido, en este relato podemos reconocer la forma de comunicarse de Jesús, que tiene mucho que enseñarnos para el anuncio del Evangelio hoy.

Cada parábola cuenta una historia tomada de la vida cotidiana, pero quiere decirnos algo más, nos remite a un significado más profundo. La parábola suscita en nosotros interrogantes, nos invita a no quedarnos en las apariencias. Ante la historia que se cuenta o la imagen que se me presenta, puedo preguntarme: ¿dónde estoy yo en esta historia? ¿Qué dice esta imagen a mi vida? El término parábola proviene, de hecho, del verbo griego paraballein, que significa lanzar delante. La parábola me lanza delante una palabra que me provoca y me empuja a interrogarme.

La parábola del sembrador habla precisamente de la dinámica de la palabra de Dios y de los efectos que produce. De hecho, cada palabra del Evangelio es como una semilla que se arroja al terreno de nuestra vida. Muchas veces Jesús utiliza la imagen de la semilla, con diferentes significados. En el capítulo 13 del Evangelio de Mateo, la parábola del sembrador introduce una serie de otras pequeñas parábolas, algunas de las cuales hablan precisamente de lo que ocurre en el terreno: el trigo y la cizaña, el grano de mostaza, el tesoro escondido en el campo. ¿Qué es, entonces, este terreno? Es nuestro corazón, pero también es el mundo, la comunidad, la Iglesia. La palabra de Dios, de hecho, fecunda y provoca toda realidad.

Al principio, vemos a Jesús que sale de su casa; una gran multitud se reúne a su alrededor (cf. Mt 13,1). Su palabra fascina y despierta la curiosidad. Entre la gente hay, evidentemente, muchas situaciones diferentes. La palabra de Jesús es para todos, pero actúa en cada uno de manera diferente. Este contexto nos permite comprender mejor el sentido de la parábola.

Un sembrador, bastante original, sale a sembrar, pero no se preocupa de dónde cae la semilla. La arroja incluso donde es improbable que dé fruto: en el camino, entre las piedras, entre los espinos. Esta actitud sorprende a los oyentes y los lleva a preguntarse: ¿por qué?

Estamos acostumbrados a calcular las cosas —y a veces es necesario—, ¡pero esto no vale en el amor! La forma en que este sembrador «derrochador» arroja la semilla es una imagen de la forma en que Dios nos ama. Es cierto que el destino de la semilla depende también de la forma en que la acoge el terreno y de la situación en que se encuentra, pero ante todo, con esta parábola, Jesús nos dice que Dios arroja la semilla de su palabra sobre todo tipo de terreno, es decir, en cualquier situación en la que nos encontremos: a veces somos más superficiales y distraídos, a veces nos dejamos llevar por el entusiasmo, a veces estamos agobiados por las preocupaciones de la vida, pero también hay momentos en los que estamos disponibles y acogedores. Dios confía y espera que tarde o temprano la semilla florezca. Él nos ama así: no espera a que seamos el mejor terreno, siempre nos da generosamente su palabra. Quizás precisamente al ver que Él confía en nosotros, nazca en nosotros el deseo de ser un terreno mejor. Esta es la esperanza, fundada sobre la roca de la generosidad y la misericordia de Dios.

Al contar cómo la semilla da fruto, Jesús también está hablando de su vida. Jesús es la Palabra, es la Semilla. Y la semilla, para dar fruto, debe morir. Entonces, esta parábola nos dice que Dios está dispuesto a «desperdiciarse» por nosotros y que Jesús está dispuesto a morir para transformar nuestra vida.

Tengo en mente ese hermoso cuadro de Van Gogh: El sembrador al atardecer. Esa imagen del sembrador bajo el sol abrasador me habla también del esfuerzo del campesino. Y me llama la atención que, detrás del sembrador, Van Gogh haya representado el trigo ya maduro. Me parece una imagen de esperanza: de una forma u otra, la semilla ha dado fruto. No sabemos muy bien cómo, pero es así. En el centro de la escena, sin embargo, no está el sembrador, que está a un lado, sino que todo el cuadro está dominado por la imagen del sol, tal vez para recordarnos que es Dios quien mueve la historia, aunque a veces nos parezca ausente o lejano. Es el sol que calienta la tierra y hace madurar la semilla.Queridos hermanos y hermanas, ¿en qué situación de la vida nos alcanza hoy la palabra de Dios? Pidamos al Señor la gracia de acoger siempre esta semilla que es su palabra. Y si nos damos cuenta de que no somos terreno fértil, no nos desanimemos, sino pidámosle que siga trabajando en nosotros para convertirnos en terreno mejor.

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Saludos 
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América Latina. Los animo a contemplar con esperanza esta maravillosa imagen del Señor derramando su amor en nuestro corazón. Pidámosle, sin desanimarnos, que sea Él quien lo transforme en tierra fecunda, que da fruto sin que nosotros sepamos cómo. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.  

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Resumen leído por el Santo Padre en español
Queridos hermanos y hermanas:

Me alegra recibirlos hoy en esta primera catequesis, en la que seguimos reflexionando sobre el tema de la esperanza, con ayuda de la parábola del sembrador. Las parábolas son un modo en el que el Señor nos comunica su Palabra para que esta nos cuestione e interpele, provocando en nosotros una respuesta al interrogante que subyace en la narración que nos cuenta: ¿Dónde me ubico yo en este relato? ¿Qué le dice a mi vida?

Con la imagen de la semilla, que el Señor usa muchas veces, la parábola del sembrador nos anima a reflexionar sobre esa disposición a acoger la Palabra de Dios en nuestra vida, sabiendo que a veces estaremos distraídos, otras, nos dejaremos llevar por el entusiasmo, o bien nos sentiremos agobiados por las preocupaciones, y esto nos impedirá ser ese terreno fértil que Jesús busca. Pero Dios es generoso en su amor, literalmente lo derrocha, sin cansarse jamás de sembrar, hasta que su semilla germine y dé fruto.  



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martes, 20 de mayo de 2025

 

León XIV confió el inicio de su pontificado a San Pablo

  • 20 de mayo, 2025
  • Roma (Italia) (AICA)
El Santo Padre visitó la tumba del apóstol, en la Basílica de San Pablo Extramuros. "En la raíz de toda vocación está Dios: su misericordia, su bondad", afirmó el pontífice.

El papa León XIV visitó la tumba del apóstol San Pablo, en la Basílica de San Pablo Extramuros de Roma, de la que tomó posesión este martes, y destacó el mensaje del apóstol sobre "la gracia, la fe y la justicia", confiando el inicio de su pontificado "a la intercesión del apóstol de los gentiles". 

El Santo Padre invitó a los presentes a "meditar juntos" en el mensaje del apóstol. Ante todo, dijo, que recibió de Dios la gracia de la vocación; reconoce que su encuentro con Cristo y su ministerio están vinculados al amor con el que Dios lo amó primero, llamándolo a una nueva existencia, cuando aún estaba alejado del Evangelio y perseguía a la Iglesia, explicó León XIV en su homilía.

Según el Papa, el pasaje bíblico escuchado, "inicio de una bella carta dirigida por San Pablo a los cristianos de Roma", tiene un mensaje que se desarrolla "en torno a tres grandes temas: la gracia, la fe y la justicia".

"El Señor, cuando se le apareció en el camino de Damasco, no le privó de su libertad, sino que le dejó la posibilidad de una elección, de una obediencia fruto del esfuerzo, de las luchas interiores y exteriores, que aceptó afrontar", destacó el nuevo Papa sobre San Pablo.

León XIV añadió que "la salvación no ocurre por arte de magia", sino por un misterio de gracia y de fe, "del amor previo de Dios y de la adhesión confiada y libre del hombre".

El Papa recordó que San Agustín, también convertido, habla de la misma experiencia que San Pablo, al decir, en el Sermón 34: '¿Pero qué podemos elegir si no somos elegidos primero? Porque no podemos amar si no somos amados primero'.

"En la raíz de toda vocación está Dios: su misericordia, su bondad, generosa como la de una madre, que naturalmente, a través de su propio cuerpo, alimenta a su hijo cuando éste aún no es capaz de alimentarse por sí mismo", añadió León XIV, quien inició la celebración venerando la tumba de San Pablo, después de la procesión de entrada.


En la Basílica papal romana de San Pablo Extramuros, confiada "desde hace siglos" a los benedictinos, León XIV recordó en su Regla "las insistentes llamadas" de san Benito "a la caridad fraterna en el monasterio y a la hospitalidad hacia todos".

En este contexto, el nuevo Papa citó la homilía de Benedicto XVI a los jóvenes en la Vigilia de Oración de la JMJ Madrid 2011, el 20 de agosto: 'Queridos amigos, Dios nos ama. Esta es la gran verdad de nuestra vida y da sentido a todo lo demás. En el origen de nuestra existencia, hay un designio del amor de Dios'.

"Esta es la raíz sencilla y única de toda misión, incluida la mía, como sucesor de Pedro y heredero del celo apostólico de Pablo. Que el Señor me conceda la gracia de responder fielmente a su llamado", concluyó el papa León XIV, quien, tras la homilía, se dirigió al altar para venerar las reliquias del apóstol.

Las celebraciones por el inicio del ministerio del Obispo de Roma incluyen también la inauguración de la cátedra en la Basílica de San Juan de Letrán, catedral de la diócesis romana, y la inauguración de la Basílica Papal de Santa María la Mayor, que tendrá lugar este domingo 25 de mayo.


lunes, 19 de mayo de 2025

 

León XIV a líderes religiosos: Ahora es el momento del diálogo y de construir puentes

  • 19 de mayo, 2025
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
El Papa se reunió con líderes religiosos que asistieron a la misa de inicio de su pontificado.
León XIV a líderes religiosos: Ahora es el momento del diálogo y de construir puentes El Papa León XIV se reuniócon representantes de diversas Iglesias y religiones (Vatican Media)

El papa León XIV convocó este lunes 19 de mayo a una audiencia especial con las delegaciones ecuménicas e interreligiosas que participaron en la misa solemne de inauguración de su ministerio petrino.

En su discurso, el Santo Padre destacó el énfasis del Papa Francisco en la fraternidad universal, continuando las iniciativas de los Papas anteriores, especialmente San Juan XXIII.

"El Papa Francisco, 'el Papa de Fratelli tutti', promovió tanto el camino ecuménico como el diálogo interreligioso -dijo el papa León-, sobre todo cultivando las relaciones interpersonales, de tal manera que, sin menoscabar los vínculos eclesiales, se valorara siempre el carácter humano del encuentro. ¡Que Dios nos ayude a atesorar su testimonio!"

La verdadera unidad es la unidad en la fe
Dirigiéndose en primer lugar a las demás Iglesias cristianas y comunidades eclesiales, el papa León XIV recordó el 1.700 aniversario del Concilio de Nicea, subrayando que la unidad entre los cristianos "sólo puede ser unidad en la fe".

Añadió que la búsqueda de la comunión plena y visible de todos los cristianos es una de sus prioridades como Obispo de Roma.

Al mismo tiempo, recordó los estrechos vínculos entre ecumenismo y sinodalidad, y aseguró a las delegaciones su compromiso de seguir al Papa Francisco en la "promoción del carácter sinodal de la Iglesia católica".

Un camino común en el espíritu de fraternidad humana
Dirigiéndose a los representantes de las tradiciones religiosas no cristianas, el papa León XIV dijo que nuestro "camino común" puede y debe entenderse como involucrando a todos, "en un espíritu de fraternidad humana".

Seguidamente les dijo, "es el momento del diálogo y de construir puentes".

El Santo Padre volvió la vista atrás hacia su predecesor inmediato, recordando "los notables esfuerzos realizados por el Papa Francisco en favor del diálogo interreligioso".

Citando el Documento sobre la Fraternidad Humana, León XIV dijo: "Con sus palabras y acciones, [el Papa Francisco] abrió nuevas vías de encuentro, para promover 'la cultura del diálogo como camino; la colaboración mutua como código de conducta; la comprensión recíproca como método y norma'".

Relaciones con el judaísmo, el islam y otras tradiciones religiosas
Siguiendo el camino trazado por el documento del Vaticano II sobre las relaciones interreligiosas (Nostra aetate), el papa León también destacó la "herencia espiritual compartida por cristianos y judíos" y enfatizó la importancia del diálogo teológico entre las comunidades, incluso en tiempos de "conflictos e incomprensiones".

El pontífice continuó destacando "el creciente compromiso con el diálogo y la fraternidad" que marca las relaciones entre la Iglesia católica y los musulmanes, diciendo que un enfoque basado en el "respeto mutuo y la libertad de conciencia" es "una base sólida para construir puentes entre nuestras comunidades".

Por último, dirigiéndose a los representantes de otras tradiciones, incluido el hinduismo, el budismo, el jainismo y otras, el Papa León expresó su gratitud por sus contribuciones a la paz "en un mundo herido por la violencia y el conflicto".

Al mismo tiempo, expresó su esperanza de que, trabajando juntos, los creyentes religiosos puedan ayudar a decir "no" a la guerra, a la carrera armamentista y a una economía injusta; y "sí" a la paz, al desarme y al desarrollo integral.

Construyendo un mundo más pacífico
El Santo Padre concluyó su discurso compartiendo su convicción de que "el testimonio de nuestra fraternidad contribuirá ciertamente a construir un mundo más pacífico, algo que todos los hombres y mujeres de buena voluntad desean en su corazón" e invitó a las delegaciones a "invocar las bendiciones de Dios en nuestros corazones", pidiendo que "su infinita bondad y sabiduría nos ayuden a vivir como sus hijos y como hermanos entre nosotros, para que la esperanza crezca en el mundo".León XIV a líderes religiosos: Ahora es el momento del diálogo y de construir puentes

domingo, 18 de mayo de 2025

PAPA LEÓN XIV. Santa Misa de Inicio del Ministerio Petrino . Regina Caeli al finalizar la Misa.

 

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PAPA LEÓN XIV

Santa Misa de Inicio del Ministerio Petrino

Regina Caeli al finalizar la Misa

Plaza de San Pedro
Domingo 18 de mayo de 2025

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________________________________________

 

Al final de esta celebración, los saludo y les doy las gracias a todos ustedes, romanos y fieles de tantas partes del mundo, que han querido participar.

Expreso mi gratitud en particular a las Delegaciones oficiales de numerosos países, así como a los representantes de las Iglesias y Comunidades eclesiales y de otras religiones.

Dirijo un cordial saludo a los miles de peregrinos que han acudido de todos los continentes con ocasión del Jubileo de las Cofradías. Queridos hermanos, les agradezco que mantengan vivo el gran patrimonio de la piedad popular.

Durante la Misa sentí fuertemente la presencia espiritual del Papa Francisco, que desde el cielo nos acompaña. En esta dimensión de comunión de los santos recuerdo que ayer en Chambéry, Francia, fue beatificado el sacerdote Camille Costa de Beauregard, que vivió entre finales del siglo XIX y principios del XX, testigo de una gran caridad pastoral.

En la alegría de la fe y de la comunión no podemos olvidarnos de los hermanos y hermanas que sufren a causa de las guerras. En Gaza, los niños, las familias y los ancianos supervivientes están pasando hambre. En Myanmar, nuevas hostilidades han destruido vidas inocentes. La atormentada Ucrania espera por fin negociaciones para una paz justa y duradera.

Por eso, mientras encomendamos a María el servicio del Obispo de Roma, Pastor de la Iglesia universal, desde la “barca de Pedro” contemplémosla a ella, Estrella del mar, Madre del Buen Consejo, como signo de esperanza. Imploremos por su intercesión el don de la paz, el auxilio y el consuelo para los que sufren y, para todos nosotros, la gracia de ser testigos del Señor Resucitado.



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sábado, 17 de mayo de 2025

León XIV a los católicos orientales

 

León XIV a los católicos orientales: 'Que callen las armas y prevalezca la paz'

  • 14 de mayo, 2025
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
El Santo Padre recibió a los fieles de las Iglesias orientales y puso a disposición la diplomacia de la Santa Sede para promover las negociaciones de paz.

El papa León XIV denunció hoy, en el Vaticano, las "masacres" de vidas jóvenes en zonas de guerra en Ucrania y Medio Oriente, al recibir a los fieles de las comunidades católicas de esas regiones.

"Por encima de todo este horror, por encima de las masacres de tantas vidas jóvenes, que deberían provocar indignación, porque en nombre de la conquista militar muere gente, destaca un llamamiento: no tanto el del Papa, sino el de Cristo, que repite: 'La paz esté con ustedes'", dijo en la audiencia que concedió a los participantes del Jubileo de las Iglesias Orientales.

En el Auditorio Pablo VI, León XIV citó a su predecesor para hablar de las comunidades de mártires, "desde Tierra Santa hasta Ucrania, desde Líbano hasta Siria, desde Oriente Medio hasta Tigray y el Cáucaso". "Tanta violencia", lamentó.

"Oremos por esta paz -dijo el Papa- que es reconciliación, perdón y valentía para pasar página y comenzar de nuevo".

El valor de las Iglesias Orientales
Dirigiéndose a los fieles de las 23 Iglesias sui iuris en plena comunión con Roma, el Santo Padre afirmó: "Son preciosos a los ojos de Dios" y expresó su felicidad por poder dedicar uno de los primeros encuentros de su pontificado a los fieles orientales.

"Al mirarlos -dijo- pienso en la diversidad de sus orígenes, en su gloriosa historia y en los amargos sufrimientos que muchas de sus comunidades han padecido o siguen padeciendo".

Al mismo tiempo, reafirmó "la convicción del papa Francisco de que las Iglesias orientales deben ser 'amadas y estimadas por las tradiciones espirituales y sapienciales únicas que preservan, y por todo lo que tienen que decirnos sobre la vida cristiana, la sinodalidad y la liturgia'".

Recordando las enseñanzas de los Papas anteriores, incluidos León XIII y San Juan Pablo II, el papa León XIV enfatizó la importancia de las tradiciones orientales, especialmente la liturgia.

También expresó su preocupación por "muchos de nuestros hermanos y hermanas orientales" que han sido exiliados de sus países de origen "y corren el riesgo de perder no sólo sus tierras nativas, sino también su identidad religiosa".


El papa León insistió en la importancia de preservar los ritos orientales y pidió al Dicasterio para las Iglesias Orientales "que ayude a definir principios, normas y directrices" para ayudar a los obispos latinos a apoyar a los católicos orientales en la diáspora para preservar su herencia.

La Iglesia necesita Oriente
"¡La Iglesia los necesita!", dijo el Papa León. "La contribución que el Oriente cristiano puede ofrecernos hoy es inmensa", continuó, señalando la necesidad de recuperar el sentido del misterio expresado en las liturgias orientales; la importancia de redescubrir el sentido de la primacía de Dios y de la mistagogia; y la necesidad de "penitencia, ayuno y llanto por los propios pecados y por los de toda la humanidad.

"Es vital entonces que preservemos nuestras tradiciones sin atenuarlas", afirmó.

El Santo Padre destacó además el valor "medicinal" de las tradiciones orientales de espiritualidad que combinan "el drama de la miseria humana con el asombro ante la misericordia de Dios".

"¿Quién mejor que ustedes puede cantar una canción de esperanza incluso en medio del abismo de la violencia?", preguntó.

Compromiso con la paz
El papa León XIV expresó con fuerza su compromiso de "hacer todos los esfuerzos para que la paz prevalezca", reafirmando la voluntad de la Santa Sede de hacer todo lo posible "para ayudar a reunir a los enemigos, cara a cara, a hablar entre ellos", a dialogar, "para que los pueblos de todas partes puedan encontrar esperanza y recuperar la dignidad de la paz".

Dirigiéndose directamente a los pueblos del mundo y a sus dirigentes, el papa León XIV hizo un sentido llamamiento: "¡Reunámonos, hablemos, negociemos!".

Insistió en que "la guerra nunca es inevitable" y pidió silenciar las armas, "que no resuelven los problemas, sino que los incrementan".

Continuó dando gracias a Dios por todos aquellos que están "sembrando la paz", a la vez que expresó su gratitud por los cristianos "que, sobre todo en Oriente Medio, perseveran y permanecen en sus patrias, resistiendo a la tentación de abandonarlas".

El pontífice afirmó la necesidad de que a los cristianos orientales se les dé "la posibilidad, y no sólo de palabra, de permanecer en sus tierras natales con todos los derechos necesarios para una existencia segura".

Recordando una vez más que en sus tierras amaneció "Jesús, Hijo de la Justicia", agradeció a los cristianos orientales "por ser 'luces en el mundo'" y los animó a "distinguirse por la fe, la esperanza y la caridad, y nada más".

Pidió a los pastores de las Iglesias orientales promover la "comunidad con integridad", para que sus comunidades sean "lugares de fraternidad y corresponsabilidad".

"Hoy más que nunca, el esplendor del Oriente cristiano exige liberarse de todos los apegos mundanos y de toda tendencia contraria a la comunión, para permanecer fieles en la obediencia y en el testimonio evangélico", concluyó el papa León XIV.